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Mesa 5. Conclusiones:
Discusión Grupal

Moderador: Dr. Leobardo Jiménez Sánchez

Relatores: Dr. Esteban Valtierra Pacheco
M.C. Benito Ramírez Valverde

EL POSIBLE PAPEL DE LAS ORGANIZACIONES DE TERCER PISO ANTE EL CAMBIO

Dr. Esteban Valtierra Pacheco
Profesor-Investigador Adjunto del Programa de Desarrollo Rural
Instituto de Socioeconomía, Estadística e Informática del Colegio de Postgraduados

INTRODUCCIÓN

El Taller sobre Las Organizaciones de Productores de Tercer Piso ante el Cambio adoptó el lema “Unir para Servir” porque ese es el propósito fundamental de este tipo de organizaciones. Cabe destacar que tanto título como lema son sugerentes de la convocatoria hecha para el taller, tanto de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) quien fue la entidad auspiciadora del taller y del Colegio de Postgraduados (COLPOS) quien fungió como organizador y anfitrión del taller.

La mesa 5 de conclusiones fue organizada para realizar una reflexión colectiva sobre el posible papel de las organizaciones de productores rurales de tercer piso (OPRTP) ante el cambio. Para dar pie a la discusión, primero se presentaron las relatorías que resumieron las principales ideas presentadas en las cuatro mesas. Posteriormente, se pasó a una discusión abierta que retomara esas ideas y se plantearan temas soslayados en la discusión previa.

Este capítulo busca ser un resumen ordenado de las ideas vertidas en las ponencias, recogidas en las relatorías y las propuestas de la discusión colectiva. Sin embargo, se consideró conveniente que un simple resumen no era suficiente para concluir sobre un tema tan relevante, se busco elaborar un resumen sistematizado que permitiera identificar el papel actual y futuro de las OPRTP. Los participantes (ponentes y asistentes) señalaron los retos actuales que enfrentan las Organizaciones de Productores Rurales de Tercer Piso (OPRTP) en México y las acciones que han emprendido para superar esos retos. Estas ideas se han ordenado y en algunos casos complementado para presentar un discurso coherente de ideas que a veces coinciden, pero que también, frecuentemente, son contradictorias resultado de las distintas experiencias que fueron presentadas en el taller.

A pesar de ser un lugar común, es importante señalar que en las últimas dos décadas se han producido cambios con tal magnitud y trascendencia en el ámbito nacional e internacional que han transformado los entornos económicos, sociales e institucionales en los que se habían movido durante varias décadas las organizaciones de productores rurales. El disyuntiva actual más importante de las OPRTP es participar como entes activas de los procesos de cambio en el medio rural que afectan a la gran mayoría de población rural o simplemente ser espectadores pasivos de los que otros sectores sociales y políticos hagan y decidan. A lo largo de las ponencias y del resumen se presentan una serie de ideas y propuestas de varios dirigentes de OPRTP que denotan una posición clara frente a los cambios y una actuación fundada en los principios de las organizaciones.

ENTORNO ACTUAL

La globalización de la economía mundial ha propiciado que los cambios ocurridos en un determinado país tengan repercusiones directas e indirectas en otros países. En el pasado las economías nacionales eran identificadas por las fronteras que separaban a un determinado país con otro, ahora los intercambios comerciales y de otros tipos, han borrado prácticamente las fronteras económicas entre los países. Este embate de la economía mundial ha sido lidereado por las empresas transnacionales que no reconocen fronteras ni regímenes políticos y tienen como principio fundamental el de las ganancias económicas. La vulneración de las economías nacionales se observa claramente con el desempeño de los llamados “capitales golondrinos” que se mueven de un lado a otro del planeta, apoyando o desestabilizando países.

Esta acometida del capital internacional ha enfrentado resistencias en los muchos países por parte de la sociedad civil o los gobiernos que han visto vulnerada su estructura como Estado-Nación. Algunos países se han estado preparando para su incorporación a una economía globalizada pero existen muchos otros países y también regiones que no tienen capacidad real de sumarse a esta economía globalizada. Es otro mapa de países que no están siendo llamados a participar en esta globalización y que están marginados, pero que tienen millones de habitantes, problemas muy serios y tensiones sociales en este momento.

Esta situación ha puesto en predicamento las funciones y los roles de los gobiernos nacionales y de las instituciones multilaterales que fueron creadas con la expectativa común de retomar el proceso de crecimiento y revertir las desigualdades y el deterioro social. El combate a la pobreza ha sido el principal objetivo de su acción pero este propósito frecuentemente se contraviene con los principios que rigen el mercado. La disyuntiva planteada a estas economías nacionales se sitúa entre impulsar la intervención directa del Estado en la economía o dejar que la “mano invisible” del mercado actúe sobre la distribución de la riqueza social. Este dilema se esta resolviendo en tiempos recientes a favor de las leyes del libre mercado. Durante mucho tiempo la intervención del Estado fue impulsada y también cuestionada como un mecanismo de distribución de la riqueza social, principalmente en los países del Tercer Mundo. Se argumentaba que la intervención estatal distorsionaba los mercados y fomentaba relaciones económicas que no permitían el desarrollo de muchos grupos sociales, especialmente los más pobres.

EL ESTADO Y LAS ORGANIZACIONES DE PRODUCTORES RURALES

La caída del socialismo real y la globalización han reforzado las ideas capitalistas neoliberales en todo el mundo. Una de las mayores consecuencias de esta situación es un cambio radical de las relaciones entre el Estado y la sociedad civil. Después de haber sido un agente económico directo en el sector agropecuario, el Estado mexicano fue reduciendo drásticamente su participación en la economía a partir de privatizar las empresas paraestatales (p.e. FERTIMEX), liquidarlas (INMECAFE), transferir la infraestructura social al capital privado o a los productores sociales (p.e. infraestructura de riego), reducir o eliminar los subsidios, reducir los créditos a través de la banca de desarrollo, y otras acciones.

Este proceso que se recomendaba fuera gradual, en el caso mexicano fue demasiado rápido y drástico debido a las presiones de los organismos internacionales y a la profunda crisis económica que México ha sufrido desde 1982. El abandono del Estado de las esferas de producción en las que intervenía dejo grandes vacíos que no han terminado de llenarse por otros actores económicos. Esto trastornó dramáticamente el desarrollo de la sociedad mexicana en general en particular de los pobladores rurales.

La posición actual del Estado mexicano señala que se esta buscando promover la participación de otros agentes de la sociedad, procurando apoyar directamente el cambio hacia el retiro sistemático del Estado de muchas operaciones que antes le eran sustantivas. Pero trata hoy de hacer las cosas de una manera diferente; no con la operación directa, única y exclusiva por parte de la burocracia, sino a través de una nueva participación de las organizaciones de los productores, de los gobiernos locales y de los tres poderes del gobierno.

Por muchos años, la promoción de la organización de productores de todos los niveles en México fue una responsabilidad directa del Estado. Hoy por hoy, surgen de manera espontánea y legítima, organizaciones nuevas en el espacio rural, que con una visión mucho más participativa, con una mayor conciencia de sus derechos, hacen valer sus verdades y logran lo que por mucho tiempo han demandado.

Existe la necesidad urgente de que las organizaciones campesinas se organicen y principalmente involucren a la sociedad civil. El Estado cada vez más está afuera de la organización de productores, y está fuera porque no tiene condiciones y no existen recursos para mantener aquella situación. Por ejemplo, una de las obligaciones del Estado es generar empleos, se supone que ahora la sociedad civil debe de ocupar el espacio del Estado para generar esos empleos a partir de las relaciones que establezcan los actores sociales en el mercado.

Un reto difícil de superar es que el neoliberalismo se fundamenta en el individualismo del productor que se tiene que desenvolver en el mercado con sus propios recursos, mientras que las organizaciones de productores se basan en la solidaridad y apoyo mutuo entre productores para alcanzar objetivos comunes (económicos, sociales, culturales, etc.). De ahí que frecuentemente, la posición de las organizaciones de productores rurales sea contradictoriamente irreductible con la política económica neoliberal.

VIEJAS Y NUEVAS DEMANDAS DE LAS ORGANIZACIONES

En México las organizaciones de campesinas surgieron alrededor de la lucha por la tierra, en algunos casos se demandaba la restitución de las tierras a las comunidades, por ejemplo con el movimiento encabezado por Emiliano Zapata, o por reparto agrario como el que se dio durante el régimen del Presidente Lázaro Cárdenas. En ocasiones las demandas de la población rural giraban en torno a demandas de sindicalización pero el Estado respondió repartiendo tierras. De una u otra manera, el eje de las organizaciones campesinas y la respuesta del Estado giro en torno a la tierra. De hecho, las organizaciones campesinas sufren muy pocos cambios en la concepción de su proceso de organización, de creación, de liderazgo, de su sustento social y de su legitimidad, sin despegarse estrictamente del problema de la tierra a lo largo de varias décadas

La reforma agraria mexicana nunca cumplió cabalmente sus objetivos. El reparto agrario significó solo pobreza para millones de pobladores del medio rural. El reparto en lo general hubiese sido bueno para el país y para quien recibía el beneficio, si en principio se hubiera realizado en porciones de tierra suficiente para lograr una verdadera emancipación de quienes además de la necesidad, tuvieran vocación de agricultores y se les hubiera proporcionado en propiedad para que sintieran seguridad para invertir en el predio al verlo y sentirlo como propio.

Durante siete décadas, los campesinos fueron usados y manipulados políticamente, a partir de su corporativización dentro de las centrales campesinas oficiales y, frecuentemente, también las no oficiales. Las centrales campesinas eran las organizaciones de productores rurales de tercer piso (OPRTP) que canalizaban todas las relaciones entre el Estado y los productores directos. Por muchos años no existieron organizaciones que ahora conocemos como de segundo piso (Uniones de ejidos, cooperativas regionales, uniones de crédito y otras), solo estaban los ejidos y comunidades que eran agrupados por las estructuras regionales de las centrales campesinas. Las OPRTP casi nunca jugaron un papel organizativo directo, solo sancionaban los procesos organizativos que se daban en el ámbito comunitario. Esta función de sanción era ejercida en coordinación con los organismos gubernamentales. Por ejemplo, al final de cada ciclo, los ejidos hacían sus asambleas de balance y programación en las cuales necesariamente debía de haber un representante de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, que era parte de la estructura organizativa regional de la CNC, y un representante del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, que después se convirtió en la Secretaría de la Reforma Agraria. Entonces, cualquier intento organizativo era invalido si no tenía la sanción de las centrales oficiales y del organismo agrario gubernamental. Esto generó una estructura ejidal y comunal siempre débil y dependiente de la política a otros niveles.

El Estado siempre alentó relaciones paternalistas con el movimiento a cambio de apoyo político, quien aceptaba las reglas obtenía dádivas de los programas gubernamentales, quien rechazaba las reglas era reprimido, aislado o por lo menos satanizado. A pesar de esta situación a lo largo de la historia del presente siglo, se observaron todo tipo de manifestaciones campesinas que pretendían fincar un proyecto político que recogiera las expectativas y anhelos de las masas de pobladores del medio rural.

La intervención estatal generó organizaciones dependientes y peticionistas. En aras de obtener algún beneficio, estas organizaciones aceptaban como mal necesario la intervención o que se ajustaban en las diferentes etapas a los proyectos y programas de Estado, aún estando conscientes del papel regulador del Estado. En forma permanente hubo movimientos oficiales o independientes para buscar rescatar un rol de actores y no simplemente seguidores de la política de Estado.

El movimiento campesino y sus organizaciones se caracterizaron por su dispersión y falta de unidad programática. Aquí es importante señalar, que si bien en el fondo todos o la mayoría de las organizaciones campesinas perseguían los mismos fines, frecuentemente, la lucha entre las mismas organizaciones por lograr afiliados hacía que los peores enemigos de una organización campesina estuvieran en las filas de las otras organizaciones campesinas. El movimiento campesino siempre tuvo un desfase entre lo que decía y lo que hacía, y generalmente lo que hacía era mas sustantivo de lo que decía. Sin embargo, lo que decía una y otra organización causo serías limitaciones a las acciones que pudieron haber desarrollado el conjunto del movimiento campesino.

En 1997 el Estado Mexicano da por concluida la reforma agraria, sin cumplir con los anhelos campesinos por una reforma agraria integral que pasara del reparto al apoyo efectivo a la producción y la organización de productores para producir y alcanzar mejores niveles de bienestar para el productor y su familia. El Estado Mexicano perdía un importante mecanismo de control que había tenido a los campesinos políticamente atados a sus designios.

En las últimas tres décadas, el centro de las demandas se ha desplazado del reparto de tierras a una mayor apoyo a la producción en dos rubros básicos: comercialización y crédito. Una demanda que había sido dominantemente agraria, pasaba a cerrar un ciclo de la vida rural y se desarrollaban una serie de organizaciones campesinas independientes. A finales de los ochenta y en los noventa, estas organizaciones primero lucharon por los precios, después por los insumos y más adelante lucharon por el financiamiento y fueron adquiriendo un rol importante en la transformación del movimiento campesino.

Una gran parte de las organizaciones han ido entendiendo y adaptando las nuevas condiciones a las que se han enfrentado con la globalización y la reducción del aparato de Estado. Las organizaciones campesinas han tenido poco que hacer o que decir en ambos procesos. Las organizaciones han sido testigos mudos de cómo de un día para otro las reglas del juego económico les fueron cambiadas y solo les han dejado dos caminos: resistir o morir.

La experiencia de las últimas décadas de las organizaciones campesinas ha mostrado que las organizaciones que han sobrevivido y fortalecido son aquellas que han podido adaptarse a las nuevas circunstancias del entorno económico. Aquellas que han mantenido ideales románticos de un mayor reparto y han seguido esperando el regreso al paternalismo estatal para lograr algo para sus afiliados están desaparecido o por lo menos están sucumbiendo. Estas organizaciones, lejos de plantearse una alternativa sustantiva en tiempo real del movimiento campesino, se plantean un programa bastante ideal, que no tiene ninguna posibilidad de revertir el fin del reparto agrario, pero que lo siguen planteando, más como una aspiración que como una lucha concreta, lo que le impide al movimiento campesino avanzar realmente hacia las soluciones de los problemas.

Las organizaciones que han tomado como inevitable la globalización, la falta de apoyo del Estado, la nueva ruralidad, la pluralidad política, etc. han podido moverse hacia condiciones reales de solución a los problemas de los pobladores rurales. Algunas organizaciones han obtenido mas apoyo del Estado en estas épocas de austeridad y serias restricciones presupuestales que en el pasado cuando la abundancia le permitía al gobierno dilapidar y comprar al movimiento campesino. En lugar de soñar con regresar a la época en que se podía repartir tierras, es preferible entrar al tiempo real de la negociación agraria y avanzar sistemáticamente en esta perspectiva.

ESTADO Y LAS ORGANIZACIONES CAMPESINAS

En las tres últimas décadas, el Estado ha ofrecido tres políticas a las organizaciones campesinas. La primer oferta fue llevada al extremo por el régimen del Presidente Luis Echeverría y que planteaba básicamente la corporativización político, la inclusión de los campesinos en organizaciones corporativas, de conducción y control político en el campo. Es un modelo donde el Estado asume la posibilidad del movimiento campesino, negocia con ese movimiento campesino y en algunos casos promueve al propio movimiento campesino para su desarrollo, en otros casos con fines políticos, pero en otros buscando dar una respuesta al anquilosamiento de las viejas estructuras del campo.

La segunda oferta política que hace el Estado surge a partir de la crisis económica y de la critica del modelo paternalista-corporativista, y proponía que los sectores sociales se hicieran cargo de las responsabilidades que hasta ese momento tenía el Estado. Este modelo inicia en el régimen del Presidente De la Madrid y tiene su perfeccionamiento con el Presidente Salinas de Gortari. Este modelo plantea sustituir la vieja demanda agraria, por una negociación terminal de los problemas del campo alrededor de la reforma del 27 en la que si bien se dice, se da por terminado el reparto agrario, el Estado no abandona los compromisos previamente establecidos con los expedientes agrarios.

El Estado ofrece a las organizaciones campesinas apoyo para que asuman ciertas funciones y responsabilidades que tenía el Estado. Los productores rurales toman la palabra del Estado como válida y, entonces, se generalizan los fondos de aseguramiento, las uniones de crédito, se generalizan las empresas agropecuarias del movimiento, las comercializadoras, los centros de capacitación y la acción concertada del movimiento campesino. Surgen organizaciones de primero, segundo y tercer piso que tienen como propósito una organización real de productores sin intervención del Estado o de las centrales campesinas oficiales.

La tercera oferta surge en 1992 cuando la propuesta organizativa del Estado es desbordada por la organización efectiva de los productores rurales en todos los niveles y se genera un proceso de generalización y acción concertada del nuevo movimiento campesino, lo que llamamos el Nuevo Movimiento Campesino Mexicano. La convergencia nacional campesina choca con el desarrollo de las políticas institucionales de financiamiento y comercialización en el campo, y las pone en cuestión. Al ponerlas en cuestión, el Estado se enfrenta al mismo dilema que ya se enfrentó en los 40s, 50s y en los 60s, que es, qué hacer con un movimiento campesino organizado, con un movimiento campesino demandante y con un movimiento que no se contenta con la oferta que se le hace, sino que busca introducir cambios y acelerar transformaciones fundamentales.

Ahora, el movimiento campesino y las organizaciones de productores rurales demandan tutela del Estado como organismo rector de la economía, pero no quieren intervención. Las organizaciones están demandando mas que dádivas, la creación de un marco estructural donde puedan desenvolverse y desarrollarse.

En la última década se ha hecho más evidente la carencia de un marco legal adecuado para el desarrollo de las organizaciones. Con la reforma al artículo 27 constitucional y la promulgación de la Ley Agraria, se han abierto espacios jurídicos bajo los cuales han podido desarrollarse mejor las organizaciones, pero aun son insuficientes y en muchos casos son inadecuados para cierto tipo de organizaciones. La realidad les ha demandado a las organizaciones que cambien pero el marco legal no ha cambiado al mismo ritmo. Hace falta la creación de mas figuras jurídicas que se adecuen a los tiempos actuales y al papel que las organizaciones tienen para contribuir al desarrollo de sus afiliados y al desarrollo general del país.

Las organizaciones de productores rurales de tercer piso (OPRTP) han contribuido de manera sustantiva a generar propuestas de cambio a las normas legales. Estas organizaciones han sido interlocutores entre su base social y el legislativo, a partir del momento en que el poder legislativo ha dejado de ser un comparsa del poder ejecutivo. Sin embargo, aun falta mucho por hacer y se torna importante que las organizaciones de tercer piso fortalezcan alianzas con legisladores federales y locales para buscar una mayor trascendencia sobre las políticas hacia el campo.

En este sentido, las organizaciones de tercer piso empiezan a trascender su función eminentemente política hacia una doble función. Por una parte, estas organizaciones tienen un una función organizativa real de sus afiliados a partir de asesorías, gestiones y creación de propuestas que se levan al interior de las organizaciones de primer y segundo piso. Por otra parte, su función política se sigue desarrollando pero no solo al nivel de conseguir escaños en el congreso para sus dirigentes o respaldar la política del poder ejecutivo, sino de cabildeo y la influencia en las políticas públicas. Esta es una faceta que solo puede ser ejercida a partir de que los productores están organizados en OPRTPs. A las organizaciones de primer piso (ejidos, comunidades, UAIMs, SPRs y otras) les está vedada la posibilidad de acceder a los niveles del poder ejecutivo y legislativo si no es por la interlocución de las organizaciones de productores de tercer piso.

Las OPRTP se han convertido en mecanismo de ejercicio de la democracia social y dialogo entre la sociedad rural y los tres poderes de gobierno (ejecutivo, legislativo y judicial). Ahora se demanda una mayor participación en la definición de las políticas gubernamentales hacia el campo para que sean incluidas las demandas de las organizaciones y sus agremiados en la planeación local, regional, estatal y nacional. Esta posición no es uniforme ni generalizada, todavía en las organizaciones están presentes tres visiones contradictorias que defienden estadios históricos donde surgieron. Una visión de operadores protagónicos, autoritarios y centralizadores que no aceptan que en este proceso de liberalización pasara a manos de las organizaciones sociales, parte del rol de la actividad campesina y de los planteamientos de política. La segunda visión de aquellos nuevos operadores de la tecnocracia institucional, que planteaban dejar al libre juego de las relaciones buscando una retirada absoluta y la desaparición de la tutela. Y, finalmente, otros están luchando porque las organizaciones campesinas fueran actores en la búsqueda de ese proceso de apertura, transferencia, cambio y liberalización. Esto coincidió además en un doble sentido no solamente de que el Estado cambiaba, sino también se modificaba el peso específico de la demanda campesina en estos últimos años.

La organización campesina en su resistencia ha aprendido a hacer política, a hacer organización política, a hacer organización productiva y a hacer organización social. Hay una maduración de las organizaciones de todos los niveles donde lo mismo están discutiendo cambios legislativos, que están proponiendo cambios en las políticas o nuevos programas de apoyo. Hace años, esto no era parte del programa de la organización campesina. Ahora, esto ya es parte de la cultura política de las organizaciones y no se está esperando la aceptación del Estado como interlocutor dominante.

La convergencia entre las diferentes organizaciones campesinas que hace 20 años se encontraban en todos los escenarios y la tarea principal era destruir a la organización de al lado y la secundaria era ver en qué estaban de acuerdo. Hoy se ha creado un ambiente de mayor convergencia con respeto a la autonomía de cada organización. Termina también un viejo fetiche y es que las organizaciones institucionales no podían coexistir con las organizaciones independientes. Hoy en el horizonte, tenemos organizaciones autónomas, independientes, independientes de los independientes, institucionales, no tan institucionales, pero todas con una característica común que es que el conjunto de las organizaciones han rescatado el derecho a dar su opinión, el derecho a debatir y discutir sus puntos de vista y el derecho a proponer. Las organizaciones están discutiendo como acotar el neoliberalismo y han encontrado en intersticios liberales la posibilidad de tener mucho más peso que el que se tenía en el Estado de presencia absoluta de la práctica del ejercicio gubernamental.

CONSTRUYENDO LAS ORGANIZACIONES

La experiencia señala que en cualquier circunstancia la organización de los productores rurales es un elemento fundamental para que los campesinos puedan aspirar a mejores condiciones de producción, transferencia tecnológica, comercialización, aplicaciones de los programas de fomento del gobierno, integración vertical y horizontal, tales como rastros, empacadoras, fábricas de alimentos, etc.

Un avance significativo de las organizaciones campesinas es que están reconociendo que la construcción de una organización empieza desde dentro, con el trabajo de los afiliados y no en la esperanza de que Estado benefactor les permita y les ayude a organizarse. La autogestión se ha convertido de una demanda hacia el exterior, en un proceso organizativo propio hacia el interior. Esto fue entendido desde hace muchos años pero solo unas cuantas organizaciones lograron desarrollar un proceso realmente autogestivo. Fue solo hasta que se inició el proceso de reducción del aparato de Estado cuando se generalizó la posición de fincar los proceso organizativo en la autogestión. Esta situación fue especialmente importante en el desarrollo de las organizaciones de tercer piso que pocas veces experimentaron procesos reales de autogestión, aun cuando sus organizaciones afiliadas de primer y segundo piso hayan logrado procesos autogestivos.

Los procesos organizativos participativos fueron poco frecuentes aun en el caso de las organizaciones independientes. Los cacicazgos y liderazgos mesiánicos impidieron que las bases de las organizaciones fueran quienes determinaran el rumbo de las organizaciones. Un cambio profundo en el liderazgo de las organizaciones ha sido propiciado por una profesionalización cada vez mayor de lideres y asesores. Los lideres improvisados basados en su ascendencia moral han perdido legitimidad ante los procesos sociales y económicos tan complejos a los que ahora se enfrentan las organizaciones. El discurso político de los dirigentes ya no basta para agrupar a las organizaciones, incluso en ocasiones lo político es rechazado por las bases cuando no va acompañado de un proceso real de transformación de las condiciones de vida de los productores organizados. Los líderes ahora necesitan saber lo mismo de mercadotecnia que de tecnología, de contabilidad lo mismo que de políticas gubernamentales. Lo político y lo económico son elementos que van unidos pero los productores está aprendiendo a separarlos y a abordar los problemas en su propia esfera.

Otro elemento que ha caracterizado la evolución reciente de las organizaciones, especialmente las del tercer piso, es que se esta generalizando su apertura y pluralidad. Ahora encontramos en una misma organización lo mismo a los pequeños que a los grandes productores, a miembros y simpatizantes del partido oficial como a militantes de partidos de oposición, a católicos junto a productores rurales con características muy diversas, pero con el objetivo común de mejorar sus condiciones de vida y producción.

La pluralidad social de las organizaciones de productores ha permitido el reconocimiento de los derechos de las mujeres rurales no solo como esposas sino como elementos productores que pueden contribuir sustancialmente al fortalecimiento de la organización. Lo menos que se puede hacer es repartir equitativamente la tierra entre hombres y mujeres y no crear pequeños proyectos de agricultura de traspatio para las mujeres y grandes proyectos elefánticos para los hombres. Considerar que las organizaciones deben estar compuestas por las familias rurales no solo por productores hombres adultos ayudaría a superar marginación social que surge en ocasiones en la célula básica de la sociedad, la familia.

Algunas organizaciones están tratando de impulsar modelos organizativos propios que surjan desde dentro de las organizaciones basados en cuatro prácticas fundamentales. Una es la democracia interna. Es importantísimo se dé un proceso de apropiación por parte de todos los productores, tanto de la organización como de todos los aparatos económicos. Desde luego que puedan escoger a su dirigente y los puedan revocar en cualquier momento. Otro principio es el de la pluralidad de todo tipo (política y religiosa) pero con banderas que los unifique como es el bienestar de los socios. Otro principio es la transparencia en el uso de los recursos. Haciendo un recuento de los fracasos de las organizaciones campesinas en la historia, se puede uno dar cuenta que muchos de estos fracasos se debían a una falta de claridad en el uso de los recursos. Muchas veces estos problemas se generaban solo por problemas de administración, ni siquiera de corrupción. Por estas circunstancias, las organizaciones tanto comunitarias como regionales o nacionales deben estar obligadas a rendir cuentas periódicamente a sus miembros, y estos a su vez deben de participar en procesos de fiscalización continua. La cuarta práctica es la autonomía de las organizaciones locales y regionales. Las organizaciones locales forman parte de las regionales y éstas a su vez de las nacionales pero cada nivel organizativo debe cumplir funciones distintas para que puedan tener autonomía en la toma decisiones dentro de un plan común.

La diversificación económica es un aspecto que empieza a ser entendido y fomentado por las organizaciones. La integración de los procesos productivos de forma vertical y horizontal le han posibilitado a los productores obtener beneficios de la agregación de valor por la transformación industrial y reducir costos por pagos de intereses por los créditos obtenidos en sus propios organismos de financiamiento. La diversificación no se ha dado exclusivamente en el ámbito de la producción agropecuaria. En el medio rural también se explotan minas, hay pequeña industria, hay comercio y otra infinidad de actividades a las cuales los originalmente campesinos han accedido. Por ello, el término de organizaciones campesinas se ha ampliado a la de productores rurales.

El reconocimiento de una nueva ruralidad significa comprender que la población rural no incluye exclusivamente a los campesinos y sus tierras como eje de la organización. En la actualidad, no debemos reducirnos, a la organización puramente ejidal, sino que debemos introducir la dimensión del poblado rural, como una dimensión fundamental para el quehacer de la propia organización. En el poblado rural coexisten ejidatarios, pequeños propietarios, arrendatarios, avecindados, hijos de ejidatarios que trabajan parte en la parcela y parte en la industria, comerciantes y otra gama muy amplia de población que tiene necesidades diversas y similares a las de los ejidatarios. Esto implica que las organizaciones de productores rurales de tercer piso una política de servicios, una política de educación, una política de salud, una política de desarrollo, de la plaza pública, de los centros de recreación, de cultura, etc., más relacionada con la vida real del medio rural, que con una existencia idílica del puro ejido mexicano, para ir hacia las poblaciones rurales en cuanto tales.

Un aspecto que refuerza esta diversificación de objetivos es que ahora se cuestiona la famosa Ley del Derrame o el Efecto Multiplicador que limito mucho a las organizaciones en el pasado. Se pensaba que impulsando la producción primaria, los productores podrían tener mas dinero y ello le ayudaría a acceder a mejores niveles de bienestar (salud, vivienda, educación, etc.). Hasta ahora, no hay un claro ejemplo que una organización haya mejorado las condiciones generales de vida solo produciendo mas cultivos o ganado. Las organizaciones comunitarias y nacionales deben tener una política deliberada y propositiva de mejoramiento directo de la salud, la educación, de rescate cultural y de otros aspectos que hacen mejor la vida de la población rural. Por ejemplo, si quieren mejorar la educación de sus hijos deben realizar acciones que mejoren la escuela, los maestros, las condiciones de los niños en edad escolar, etc.

La diversificación significa un desafío que las organizaciones no pueden superar sin el apoyo del Estado. Todas las organizaciones de primero, segundo y tercer piso requieren del apoyo de las instituciones del gobierno para que logren contar con medios para darles servicios a sus afiliados, para crearles cajas de ahorro, fondos de autoaseguramiento, comercializadoras; no tan sólo para que les ayuden a colocar sus productos, sino para tener insumos a mejor precio, buscar producir más con menos costos, al mismo tiempo que logren apoyos para dar servicios de generación de tecnología y extensión, etc. Al mismo tiempo las organizaciones requieren que los poblados donde viven sus afiliados tengan centros de salud, escuelas, agua potable, comercios y otros servicios básicos.

Un aspecto que es de especial relevancia para las Organizaciones de productores Rurales de Tercer Piso es que, aun cuando representen a un contingente muy grande de campesinos y otros productores rurales, su gestión nacional debe fincarse en la construcción de capacidades locales. Se debe reconocer que existen muchas capacidades individuales y grupales en los poblados y organizaciones comunitarias que deben ser aprovechadas para fincar los vínculos organizativos al nivel regional y nacional.

Una OPRTP debe tener objetivos de corto, mediano y largo plazo. En ocasiones los productores en su ámbito local están mas preocupados por lo que tienen que hacer al día siguiente para sobrevivir y no están pensando que va a pasar con ellos y sus familias dentro de 3, 5 o 20 años adelante. La visión de largo plazo permitirá que las organizaciones finquen las bases para la sustentabilidad de la producción y de su proceso organizativo. En obvio señalar, que esa visión es especialmente importante en la conservación y desarrollo de los recursos naturales y del capital humano de la organización. En los retos que se presentan, las organizaciones van a jugar un papel predominante con su buen desempeño en el eficaz uso de los recursos naturales del país.

COMERCIALIZACIÓN DE PRODUCTOS Y ABASTO DE INSUMOS

La comercialización de productos ha sido históricamente el principal cuello de botella de la producción agropecuaria en México. La comercialización de productos agropecuarios ha sido dominada por monopolios, monopsonios y los intermediarios, llamados coyotes, que en conjunto han reducido la posibilidad de que los productores rurales se beneficien de la venta de sus productos al quedarse con la mayor parte de las ganancias del sector. Esta situación ha inducido frecuentemente a los productores rurales a agruparse en organizaciones que les permitan colocar sus productos en el mercado en mejores condiciones para captar un mayor valor por la venta de sus productos.

El mercado interno fue por muchas décadas el destino principal de la mayor parte de los productos agropecuarios, aun cuando en algunas regiones las actividades agropecuarias estaban especializadas en productos para la exportación. El mercado interno dictaba las normas que eran dominadas por los principales centros urbanos y la necesidad de suministrar alimentos baratos a una población crecientemente urbana.

En los años 90s, la globalización y la apertura comercial indiscriminada que se ha practicado en nuestro país han transformado radicalmente las reglas del juego de la comercialización de productos agropecuarios. Los principales ejes de dichas transformaciones son los siguientes:

  1. Mercado abierto en sustitución del mercado cerrado.

  2. Orientación hacia la exportación en lugar del mercado interno.

  3. Preeminencia del principio de las ventajas comparativas sobre el de soberanía alimentaria.

  4. Libre mercado en lugar de mercado administrado.

  5. Agentes privados del mercado, eliminando la participación de agentes gubernamentales.

  6. Precios de mercado en lugar de precios de garantía y de concertación.

  7. Precios de mercado alineados con los precios internacionales.

  8. Subsidios directos y transitorios al ingreso (“desacoplados”) en sustitución de los subsidios indirectos, generalizados, regresivos y distorsionantes del mercado.

  9. Mercados regionales en lugar de un mercado nacional.

  10. Libre competencia en lugar de regulación de los mercados.

La principal justificación de las medidas fue que la apertura comercial plena y la liberalización del mercado agropecuario constituyen el medio más eficiente y racional de asignación de recursos y de la distribución de la riqueza social. También se dijo que el crecimiento de los intercambios comerciales que genera bienestar general y la eliminación total de aranceles y barreras no arancelarias es el medio principal para propiciar dicho crecimiento.

Una de las medidas más trascendentes que impulso el Estado para acceder a la nueva situación del mercado internacional es el desmantelamiento del viejo aparato comercializador sin permitir se construya uno nuevo. El desmantelamiento de dichas políticas y la desaparición de su principal institución e instrumento -el Sistema CONASUPO-, obedeció más a la lógica del reordenamiento de los mercados financieros y agrícolas internacionales, que a las necesidades económicas y sociales del país en el marco de un proyecto de nación a largo plazo.

Se desmanteló el Sistema CONASUPO y no se creó una nueva arquitectura institucional, económica y social para sustituir sus funciones en una economía global, altamente excluyente, concentradora, inequitativa, incierta y volátil. El Estado renunció a su rectoría y responsabilidad en materia de seguridad alimentaria y trasladó al mercado la función de garante principal de la seguridad alimentaria de los mexicanos.

Las organizaciones manifiestan que resulta ingenuo e irresponsable pretender que un mercado “libre”, sin ningún contrapeso del Estado, pueda garantizar la seguridad alimentaria de todos los mexicanos, cuando los hechos muestran todo lo contrario. Los mercados agroalimentarios internacionales están crecientemente dominados por unas cuantas corporaciones multinacionales, que limitan la libre competencia, especulan sistemáticamente sin ninguna regulación ni contrapeso de los gobiernos, conspiran contra las agriculturas nacionales, influyen y dominan los organismos multilaterales (OMC, Codex Alimentario, OCDE, TLC, etc.), imponen modelos de producción agrícola tipo revolución verde de nueva generación y de consumo agroalimentario tipo “american way of life” y se apropian y patentan la biodiversidad del planeta.

En la actualidad las organizaciones se tienen que enfrentar a un mercado internacional donde la competencia desleal es la norma, donde los productores de otros países reciben subsidios enormes mientras que los productores mexicanos no tienen ningún incentivo para exportar y, a veces, ni para vender en el mercado nacional. El Estado tampoco tiene programas adecuados para apoyar la comercialización de los productores rurales, esto es particularmente importante en un mercado internacional donde la información es un elemento clave para mejorar las ganancias.

Después de que inició la apertura comercial, los productores del medio rural dieron una respuesta un poco incierta, se han opuesto a la apertura y han aprovechado poco las nuevas oportunidades que la apertura ofrece. Poco a poco los productores han respondido a las condiciones del mercado internacional incursionando en los nichos de mercado donde pueden ser realmente competitivos.

Uno de los nichos que les han dado mas oportunidades a los pequeños productores es el nicho de la calidad en vez del nicho de precios bajos. Debido a que los pequeños productores pueden tener un mayor control del proceso productivo pueden elevar la calidad y competir favorablemente. También han aprendido a identificar las necesidades de los clientes lo que ha ayudado a incursionar en el mercado de calidades.

Otro nicho importante ha sido el de los productos orgánicos, que de cierta manera es un submercado de la calidad. La agricultura orgánica necesita una gran intensidad de mano de obra y no depende enteramente del mercado para los insumos. Hay muchos productores que están obteniendo mayores ganancias con los cultivos orgánicos que tienen gran aceptación en el mercado norteamericano y europeo, por lo que seguramente en el futuro tendremos que incrementar la superficie destinada a estos cultivos orgánicos, máxime que con la modificación de la semilla basándose en ingeniería genética, podemos obtener buenos rendimientos sin utilizar fertilizantes ni agroquímicos.

Se le tiene que ir dando forma a una Bolsa Agropecuaria, entidad que en otros países sin duda es la que determina el mercado no solamente de físicos, sino de futuros. Este renglón es donde las organizaciones del tercer piso deben de concentrar su actividad. Se trata no solamente de buscar incrementos a los subsidios de la comercialización, sino quitarle esa incertidumbre permanente del productor agropecuario.

Un aspecto que concierne particularmente a las organizaciones de tercer de tercer piso es el análisis sistemático del comercio exterior agropecuario y de las formas particulares de funcionamiento de los sectores pecuarios de los países desarrollados, con el objeto de evaluar el impacto que tienen en la producción agropecuaria nacional. También, las OPRTP pueden realizar análisis y identificación de prácticas desleales de comercio en los productos pecuarios y, en su caso, la realización de los estudios y trámites necesarios para la defensa legal ante dichas prácticas.

Los productores rurales enfrentan problemas de mercado no solo en la comercialización de sus productos sino también en la compra de los insumos para la producción. Es recomendable que la comercialización de productos vaya ligada con la compra y distribución de insumos. Los beneficios de los productores rurales se ven seriamente afectados en ocasiones por la venta de sus productos y en otras ocasiones por la adquisición de insumos. La integración de la venta de productos y la compra de insumos es una proceso difícil para las organizaciones de nivel comunitario, sin embargo, esto es una labor de mas fácilmente asumida por las OPRTP.

La compactación de la demanda de insumos es una labor que también es más propia de organizaciones de tercer piso en la medida en que pueden reducir costos a partir del desplazamiento de grandes volúmenes de insumos.

La creación de nuevos agentes comerciales del sector social (p.e. empresas integradoras) es sin duda el punto de mayor responsabilidad de las OPRTP. Implica un conjunto de actividades complejas, especializadas y con un alto grado de articulación. Dichas tareas, a manera de un listado no exhaustivo, son: reflexión colectiva, identificación y selección de alternativas, procesamiento de las decisiones y consensos en el grupo, selección y constitución de la figura asociativa; formación de dirigentes, gerentes y técnicos; formulación y evaluación de proyectos de financiamiento, definición de la estrategia y programa de comercialización, establecimiento de la logística de acopio y almacenamiento, información y estudios de mercados; gestión y negociación con fuentes de financiamientos, con compradores y con instancias gubernamentales relacionadas; constitución de fincas, contratación de coberturas agrícolas, acopio, almacenamiento y conservación de cosechas; operación del programa de embarques; pago a proveedores y cobranza; etc.

La única alternativa global viable para los productores rurales, especialmente los pequeños productores, es fincar el compromiso del Estado-Sociedad Civil en la reformulación de un nuevo pacto social, en la transición hacia una nueva arquitectura institucional para el ordenamiento de los mercados agropecuarios así como para el impulso y garantía de la seguridad alimentaria de los mexicanos de hoy y los de mañana.

Construir una nueva arquitectura institucional no es una tarea exclusiva del gobierno federal ni mucho menos de una secretaría de estado. Supone un esfuerzo interinstitucional (gobierno federal), intergubernamental (tres niveles de gobierno), intersectorial (los diversos y plurales sectores productivos y sociales involucrados). También supone una participación activa y co-responsable de los poderes legislativos federal y locales.

FINANCIAMIENTO Y ASEGURAMIENTO

El financiamiento rural enfrenta la crisis mas profunda de su historia en México. A partir de 1992 se da un proceso dramático de reducción del financiamiento de la banca de desarrollo y de la banca privada, especialmente para los productores del sector social. El crédito rural en términos reales representa solo un 10% del crédito otorgado antes de 1992. Sin embargo, hay disponibilidad de crédito rural, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda el 60% del crédito se concentra en el 10% de las transacciones crediticias.

La carencia de crédito orilló a los productores rurales a buscar alternativas para el financiamiento de su producción. El propio Estado llamó a los campesinos a organizarse. Los productores respondieron al llamado en una proporción mayor a la que el Estado esperaba. Florecieron las Uniones de Crédito con la aportación directa de los productores rurales que deseaban créditos y, posteriormente, las cajas solidarias que buscaron aprovechar los créditos a la palabra y revertirlos en las propias comunidades en forma de financiamiento productivo.

El interés de organizarse por parte de los productores ha sido frenado por los requerimientos que el Estado les a pedido cubrir a las instituciones parafinancieras del sector social. Mientras que el Estado les pide a las Uniones de Crédito del sector social que sobrevivan con los 3 o 4 puntos que cobran de intermediación, por otro lado crea mecanismos como el FOBAPROA para salvar a la banca comercial y a los grandes deudores.

Antes de 1995, las Uniones de Crédito podían descontar recursos de BANRURAL, NAFIN y de la banca comercial, sin embargo, la crisis de finales de 1994 cortó esa posibilidad y las parafinancieras han tenido que funcionar con sus propios recursos y, ocasionalmente, con algunos programas especiales de algún fideicomiso gubernamental.

El gobierno se ha presentado con una doble cara frente a las instituciones parafinancieras, por un lado las parafinancieras han tenido que operar bajo un esquema de inflación constante y altísimas tasas de interés, pero por el otro lado el gobierno a seducido a los productores pobres con subsidios directos que han erosionado el alcance de las parafinancieras del sector social. Se tiene crédito que no es crédito sino subsidio. Las uniones de crédito tienen al lado el Crédito a la Palabra, que no se paga, que es manejado políticamente y que distorsiona obviamente la cultura de pago en el ámbito local.

Casi todas las instituciones financieras enfocan sus esfuerzos al crédito y no han reconocido la necesidad y la importancia que tienen los servicios de ahorro, no solamente como un mecanismo de captación de recursos financieros, sino como un servicio importante para las familias campesinas. Aun en las regiones mas pobres se puede captar el microahorro de las familias que unido puede llegar a constituir una fuente de financiamiento adicional a nivel regional. En México, no existe todavía una autonomía y una base acumulativa de ahorro movilizado que le permita al sistema financiero sostenerse sin el financiamiento público y el subsidio.

Otro aspecto que el sistema financiero se ha negado a considerar es el de los prestamos que consideren el consumo. Aquí se despierta una gran discrepancia entre las organizaciones de productores, mientras que unas consideran que el crédito el consumo es una carga financiera que distorsiona la función del crédito, otras señalan que múltiples estudios que se han hecho en el ámbito mundial han mostrado que justamente en las agriculturas campesinas, el elemento de mayor productividad es la fuerza de trabajo y la fuerza de trabajo se reproduce con alimentos; por lo tanto, el crédito al consumo es un elemento productivo, altamente productivo en las agriculturas campesinas pobres.

La incursión de los pequeños productores en el sistema financiero ha sido una aventura difícil, debido a que en el medio rural existen todavía muchas operaciones productivas no monetarias y las consideraciones económicas no están presentes en todos y cada uno de los aspectos de la vida de las familias. Las organizaciones de todos los niveles han tenido que aprender sobre la marcha lo necesario para operar créditos, el acierto y el error ha sido el método de aprendizaje que ha resultado frecuentemente un proceso muy caro en términos económicos. La profesionalización campesina todavía está en estados embrionarios, pero se está empezando a reconocer que es la única alternativa para sortear los problemas. Se necesita reeducar a dirigentes y socios en una cultura crediticia alejada del subsidio y con una cultura estricta del pago.

El marco legal para las instituciones financieras del sector social es muy restringido. La unión de crédito es el único instrumento financiero rural reconocido, todos los demás, incluyendo los fondos de autoaseguramiento, no tienen un marco legal y no hay figuras jurídicas adecuadas para construir desde lo rural-social. Se torna muy importante la existencia de un nuevo marco legal que facilite la emergencia de instituciones locales.

Tenemos todavía sistemas centralizados, mientras las tendencias internacionales son hacia sistemas descentralizados de unidades, instituciones locales de ahorro-crédito. Tenemos todavía una predominancia de la banca de desarrollo y un incipiente desarrollo de lo local en México, mientras que en los lugares en que se han logrado encontrar alternativas más equitativas, ha estado muy presente el desarrollo de pequeñas instituciones que manejan ahorro, crédito y seguros en el ámbito local.

Los sistemas de crédito agropecuario, como los que tenemos todavía predominantemente en México, tienden a excluir a los pobres. El problema más importante del financiamiento rural en este momento, es la cobertura. No son los montos de financiamiento, ni siquiera los montos de cartera vencida, con lo grave que sea para los agricultores, es el capital humano. Los recursos que llegan al campo a través de PROCAMPO, PROGRESA, Solidaridad o por las remesas de los inmigrantes, son inmensos, pero eso no crea alternativas. Lo que crea alternativas, es lograr que esos flujos monetarios pasen por instituciones locales de ahorro y crédito; es crear servicios adaptados de ahorro y crédito, pero por eso, el factor crítico es el capital humano; la creación de institucionalidad y una estrategia de desarrollo rural. Las instituciones locales son las mas adecuadas para aumentar la posibilidad de éxito de las iniciativas locales.

Reforzar la autonomía de las iniciativas locales, es lo que han venido haciendo las organizaciones de productores rurales de tercer piso. Son interlocutores con intereses sustentados en lo local, sin embargo todavía viven una dicotomía entre la membresía política de tipo corporativo por tradición y las otras que tienen un arraigo muy fuerte en las necesidades locales que los productores. Ante la imposibilidad legal de integrar una gran organización de uniones de crédito para operar servicios financieros, las organizaciones de tercer piso han estado es creando organizaciones locales como un bien de interés público, fomentar alternativas locales, la interlocución con el Estado, darles visibilidad a los pequeños productores y proponer nuevas leyes que favorezcan a los productores rurales. No sería posible la existencia de las uniones de crédito, si a lo largo de 10 años no se hubiera logrado impactar la elaboración de política pública por parte de las organizaciones de tercer piso.

ASISTENCIA TECNICA

La década de los 90s ha significó el final de toda una época, la del servicio público de extensión agrícola que fue el bastión más importante del Estado para modernizar al campo mexicano durante cuatro décadas. Para mediados de los noventa la SAGAR había desmantelado a este servicio que siempre fue considerado un bien público. Fueron despedidos prácticamente todos los extensionistas que daban asistencia técnica a los productores agropecuarios, quedando solo los empleados necesarios para administrar los programas relacionados con el campo y generar la información necesaria sobre el sector.

La administración del Presidente Ernesto Zedillo lanzó un conjunto de programas denominados la Alianza para el Campo. El Sistema de Capacitación y Extensión Rural (SINDER) y el Programa Elemental de Asistencia Técnica (PEAT) son dos programas que intentan reanimar el sistema de extensión a partir de un mecanismo de transición donde los extensionistas son pagados inicialmente por el Estado para que posteriormente los mismos extensionistas busquen ser contratados por los propios campesinos. Entre tanto, los técnicos de SINDER Y PEAT son responsables de operar varios de los programas de la Alianza para el Campo.

Después del desmantelamiento del sistema de extensión, el Estado propuso como única alternativa la privatización del servicio de extensión. Las organizaciones de tercer piso se han enfrentado a diversos problemas al otorgar este servicio. La disyuntiva mayor se sitúa en derredor del pago de la asistencia técnica. Algunas organizaciones se han declarado a favor de que los productores paguen su propia asistencia técnica para que sean ellos quienes dictaminen que los aspectos sobre los cuales los técnicos deben trabajar. Otras organizaciones siguen sosteniendo que la asistencia técnica rural debe ser un servicio que el Estado debe otorgar de forma gratuita. Unos manifiestan que aun los productores más pobres tienen cierta posibilidad de pagar una parte de la asistencia técnica. Los otros dicen que las actividades agropecuarias son actividades con un alto riesgo e incertidumbre, no solo por las cuestiones climáticas sino también por las cuestiones económicas, que no es posible que los productores puedan pagar la asistencia técnica, que debe ser subsidiada necesariamente. Mientras que unos ponen como condición la creación de empresas y proyectos rentables para poder contratar su propia asistencia técnica, los otros plantean que necesitan asistencia técnica para crear esas empresas y proyectos productivos rentables.

A pesar de estas dos posiciones, las organizaciones han usado los recursos disponibles del Estado para hacerles llegar la asistencia técnica a sus agremiados. Algunas organizaciones han reclamado el derecho que les corresponde a contratar a los técnicos SINDER, ellas dice “si nos van a servir a nosotros, nosotros tenemos que contratarlos”. Los técnicos no son elegidos por los productores, ni tampoco definen sus actividades, lo que en muchas ocasiones, sobre todo cuando los productores están bien organizados, los técnicos no realizan actividades que realmente la organización demanda y necesita. De manera que hay un aparente divorcio entre los productores, los promotores comunitarios, los líderes y los prestadores de servicios profesionales. Solo algunas organizaciones han conseguido concesiones del Estado para contratar a los técnicos SINDER o PEAT.

La asistencia técnica demandada en la actualidad por las organizaciones no se reduce a los aspectos de mejorar la tecnología agrícola o pecuaria. Las organizaciones de tercer piso se han planteado la asistencia técnica como un elemento estratégico de capacitación de los agremiados en aspectos de organización, producción, transformación, agroindustria, comercialización, planeación y manejo sustentable de recursos naturales. Esto tiene como primer consecuencia que el técnico que proporciona asistencia técnica a una organización debe tener una formación más amplia que el simple conocimiento tecnológico. Obviamente la formación educativa de los profesionistas que van a servir al campo tiene que cambiar. Debe de cambiar la mentalidad de que los agrónomos van a convertirse en burócratas contratados por el Estado con una formación limitada a los aspectos tecnológicos. Ahora debe formarse a un agrónomo que debe servir a organizaciones y productores que le van a dictar los aspectos en los que debe dar asistencia técnica.

Obviamente, las organizaciones no pueden esperar a que cambie el sistema de educación agropecuaria. Las organizaciones deben generar mecanismos para tener la asistencia técnica que necesitan. Al parecer a dado buenos resultados el concepto de capacitación en el trabajo y para el trabajo. Se plantea que la asistencia técnica y la capacitación auspiciada por las organizaciones debe otorgarse en varios niveles. El primero, debe ser de campesino a campesino, el segundo de técnico comunitario a los campesinos de una comunidad, el tercero de extensionista a organización, a técnico comunitario y a productor y, finalmente, la asistencia técnica especializada. De esta manera se crea una red de asistencia técnica que tiene las posibilidades reales de llegar a todos los productores y cubrir sus necesidades de conocimiento.

La generación de tecnología siempre ha sido un elemento ligado a la asistencia técnica. La generación y transferencia de tecnología son actividades estratégicas para la productividad, competitividad, rentabilidad, sostenibilidad y revalorización del sector rural. Los esfuerzos comunitarios y recursos que se le dediquen, tendrán una alta rentabilidad.

Han existido múltiples intentos de integrar los sistemas de investigación agrícola a los de extensión. En el pasado a pesar de que ambos eran servicios que otorgaba el Estado nunca se creo una estructura integradora. La principal crítica a la generación de tecnología y la extensión agrícola ha sido que ambos servicios no han respondido a las necesidades de los productores. Ahora mas que nunca se vuelve importante fomentar el enlace entre los productores y las instituciones de investigación y educación agrícola superior; Inducir y patrocinar proyectos de generación y validación de tecnología, acordes con las necesidades, oportunidades y circunstancias de los productores. Uno de los esfuerzos más recientes es la creación de las Fundaciones Produce, que busca vincular esfuerzos y recursos estatales y sociales. También, se hace necesario fomentar proyectos de transferencia de tecnología, capacitación y desarrollo organizacional y empresarial en apoyo a una estrategia de desarrollo de proyectos productivos o agronegocios

Hay una coincidencia general de que la generación y transferencia de tecnología debe dar un giro total y debe basarse en las necesidades de los productores. Sin embargo, existen posiciones encontradas sobre que tipo de tecnología que se necesita para mejorar las condiciones de los productores del campo mexicano.

Por un lado se plantea que la globalización obliga a que los esfuerzos en materia tecnológica deben estar puestos en la tecnología de punta para reconvertir y modificar prácticas culturales tradicionalistas y adentrarnos a nuevas tecnologías. Que debemos familiarizarnos con el conocimiento y utilización de los organismos genéticamente modificados, buscar variedades de semilla propias para cada región, de acuerdo con variables como su altura y su humedad; semillas resistentes a las sequías que deben de utilizarse según las diversas regiones.

Bajo esta posición se plantea que los proyectos económicos y productivos deben inscribirse en un proyecto de modernización económica y social del campo, de las economías regionales y de la inserción de la economía en la globalidad, como una realidad inevitable. Plantearse hoy una alternativa que vaya hacia atrás, que pretenda generar modelos de autosubsistencia, que no tiene ningún referente efectivo con la realidad, o que planteen aislar la economía campesina, choca contra la propia realidad. No se trata desde luego de plantearse una inserción artificial de tecnologías en el campo, pero tampoco se trata de simplemente retomar y tratar de preservar y hacer una malla de protección de supuestas tecnologías tradicionales y que son productos en realidad de la colonización y no-producto de una supuesta edición autónoma de la tecnología. En ese sentido hay que proponer un proyecto que plantee claramente la sustentabilidad, con un proyecto de largo plazo. Que plantee consistentemente trabajos con un sector campesino que tiene muchas décadas o siglos y milenios de estar en el campo y que va a permanecer en el campo.

Otra posición plantea que los productores pequeños, aun aquellos campesinos de temporal, minifundio y subsistencia; tienen posibilidades de desarrollo si se les apoyaba con una estrategia adecuada a sus condiciones, que incluyera aspectos como generación de tecnología, divulgación o asistencia técnica, organización, crédito, comercialización, infraestructura, evaluación y coordinación institucional. Una estrategia que rescata los elementos tecnológicos, económicos y culturales tradicionales que son adecuados para las condiciones concretas de los productores pero que con el mejoramiento de ciertas prácticas y la inserción de nuevos elementos pueden mejorar sustancialmente las condiciones de los productores y sus familias sin deteriorar el medio ambiente y su dotación de recursos. Esta posición reclama una tecnología adecuada para pequeños productores que viven y seguirán viviendo en el campo porque no pueden ser absorbidos por otros sectores productivos pero tampoco tienen los recursos para adquirir tecnología de punta.

LA NUEVA RURALIDAD Y LAS ALTERNATIVAS DE PRODUCCION RURAL

En el pasado cuando se hablaba de lo rural se pensaba en lo agropecuario porque la mayor parte de la población estaba dedicada a la agricultura y la ganadería, de las cuales derivaba la mayor parte de su sustento. Reconocer la nueva ruralidad significa identificar que una gran parte de las familias que viven en el medio rural tienen un mosaico muy amplio de actividades productivas y fuentes de ingreso que no necesariamente están ligadas a lo agropecuario. En las regiones más marginadas del medio rural el ingreso de las familias proviene de actividades fuera de la finca agropecuaria familiar. En los poblados rurales fundados en derredor de los ejidos, es frecuente encontrar que el núcleo de ejidatarios es una proporción cada vez más pequeña de la población total.

La nueva ruralidad ha llevado a las organizaciones, que originalmente fueron formadas por campesinos dedicados exclusivamente a las actividades agropecuarias, a ampliar el espectro de sus bases sociales, para incluir a hijos de ejidatarios, avecindados, comerciantes, jornaleros, mujeres, arrendatarios, profesionistas y una gama muy grande de gente que ha encontrado en el medio rural el asiento para sus actividades productivas o simplemente su hogar. De la misma manera las organizaciones rurales han tenido que ampliar sus objetivos. Ya no se reducen a trabajar para incrementar la producción agropecuaria, ahora deben preocuparse por fomentar otras actividades económicas (minería, actividades asalariadas, agroindustrias y otras), mejorar directamente la educación, la salud, los servicios en la casa, la incorporación de las mujeres a las actividades remuneradas, etc.

Las propias actividades agropecuarias ahora son vistas de manera diferente. La producción primaria de alimentos ahora es vista solo como un eslabón de la cadena productiva que incluye a la red de distribución y comercialización, a industria de transformación y el consumo. Siempre ha existido la integración de los llamados sistemas-producto, pero ahora son reconocidos por las organizaciones. Esto ha implicado que las organizaciones han buscado alternativas para influir en los sistemas-producto ya existentes, crear nuevos eslabones o, por lo menos, incorporar a los productores a la cadena productiva en mejores condiciones.

Las OPRTP han incursionado en la integración vertical y horizontal de los procesos productivos. Como parte de la integración vertical, son cada vez mas las organizaciones que industrializan sus productos agropecuarios para darle mas valor agregado (p.e. elaboración quesos, mermeladas, jugos y otros), aprovechan productos antes desperdiciados (p.e. transformación pulpa de café, sumos, canteras y otros), hacen los mismos procesos productivos de manera diferente (p.e. despulpado ecológico de café, agricultura orgánica y otros), producen sus propios insumos (p.e. lombricultura para producir fertilizantes) y otras actividades productivas.

La diversificación productiva les ha permitido integrar varias actividades productivas bajo una misma estructura productiva y organizativa. Las organizaciones de productores rurales de segundo y tercer piso han tendido a revertir la tendencia a la especialización para generar empleo e ingresos, manejar el riesgo natural de las actividades agropecuarias y el riesgo económico de la inestabilidad de la economía mexicana. No es raro encontrar que las organizaciones rurales producen cultivos, administran una gasolinera, explotan una cantera, producen fertilizante orgánico, tienen una maquiladora de ropa y otras actividades que no tienen una conexión productiva directa.

La nueva ruralidad ha impuesto a las organizaciones que trabajan en el campo mexicano jugar un papel relevante en la conservación de los recursos naturales porque se requiere de una acción colectiva. Las organizaciones empiezan a entender que el crecimiento de la agricultura debe ser alcanzado mediante métodos e innovaciones tecnológicas apropiadas, practicas, económicamente viables, rentables y socialmente aceptables, que preserven los recursos naturales, sin deteriorar el medio ambiente, que es base de la vida actual y herencia para las futuras generaciones de mexicanos.

La reconversión tecnológica de las agroindustrias campesinas ha ayudado a generar ingresos a partir de empleos permanentes y al mismo tiempo reducir la contaminación del medio ambiente. Por ejemplo, la reconversión de beneficios húmedos a beneficios ecológicos ha permitido reducir el consumo de agua en el beneficio, contaminar menos los causes de agua y generar mas empleos.

ELEMENTOS PARA UN PLAN ESTRATÉGICO DE REESTRUCTURACIÓN DE LAS ORGANIZACIONES DE PRODUCTORES DE TERCER PISO ANTE EL CAMBIO

Tomás Lindemann
División de Desarrollo Rural, FAO. Roma

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo inicia ubicando el contexto de desarrollo de las Organizaciones de Productores Rural de Tercer Piso (OPRTP) en algunos países de América Latina para, posteriormente, dar pie a describir el trabajo que la Dirección de Desarrollo Rural de la FAO viene desempeñando desde inicios de la presente década en esos mismos países. Posteriormente, se hace una propuesta de reestructuración de las OPRTP ante los cambios ocurridos en las dos últimas décadas.

Este trabajo refleja el gran interés de la FAO en las OPRTP por el papel estratégico que ocupan en la transformación de las sociedades latinoamericanas. En este trabajo se observa la gran diversidad y heterogeneidad de culturas asociativas de las cooperativas y organizaciones de productores de los diferentes países.

ORIGEN DIVERSO DE LAS OPRTP

Un primer nivel de diferenciación muy significativo tiene que ver con la naturaleza de las cooperativas y su establecimiento. Así, por ejemplo:

Este primer nivel de diferenciación de naturaleza, sirve para dar una idea de la diversidad de universos cooperativos que existen dentro de la región que reflejaba adecuadamente la diversidad de sistemas políticos sociales y étnicos.

DESARROLLO COMPARTIDO DE LAS OPRTP

Pese a estos rasgos de heterogeneidad estructural entre los movimientos de los diferentes países, había un elemento que mancomunaba los diferentes movimientos: los miembros veían a sus cooperativas como instrumentos para obtener preventas y mejores condiciones en la negociación con el Estado.

Las Organizaciones de Productores Rurales de Tercer Piso (OPRTP) en los países en vías de desarrollo, como México, han sido instrumentos tradicionales para la integración de organizaciones regionales y comunitarias de productores rurales con objetivos similares y complementarios. Sin embargo, después de una larga experiencia histórica de movilización social, estas organizaciones ahora han tenido que enfrentar un entorno más cambiante que nunca antes. El nuevo entorno de un mundo globalizado donde las políticas liberales del mercado se han estado imponiendo a las viejas estructuras populistas y proteccionistas que sostenían economías mixtas donde las organizaciones cupulares de tercer piso tuvieron su auge y fueron uno de los pilares principales de estos regímenes, donde las organizaciones tenían un lugar privilegiado a cambio de un compromiso político con el régimen.

Por décadas, el Estado en América Latina tuvo el poder para determinar los mercados (de insumos y de productos) para el sector agrícola. Es evidente que el uso que hacían de ese poder los Estados fuertes que rigieron la América Latina a lo largo de casi todo el siglo fue frecuentemente desleal o cuando menos hipócrita en su relación con los pequeños productores y veía a las zonas rurales como proveedoras de mano de obra y alimentos baratos que subsidiaran la industrialización de los países.

Para esta tarea reguladora, el estado intervenía en el mercado en favor de industrias concentradas en las zonas urbanas de los países pero que sin embargo aseguraban a los campesinos ingresos precarios que a duras penas les permitían sobrevivir sin que estuvieran forzados a emigrar.

En ese contexto, la cooperativa era considerada por sus miembros como un instrumento para negociar los precios de garantía y la calidad de los subsidios otorgada por los estados nacionales como dávidas y no como una instancia empresarial que debía competir en el mercado.

RETOS Y OPORTUNIDADES ACTUALES DE LAS OPRTP

Los ajustes estructurales de los años 80 y la paralela liberalización y globalización de la economía cambiaron las reglas del juego dejando como resultado un estado que - esclavizado por compromisos adoptados en la Ronda de Uruguay para liberalizar la agricultura y el comercio de productos agrícolas - no esta en condiciones ni siquiera de procurar los precios de garantía que otrora, aunque precariamente permitían la sobrevivencia de los pequeños agricultores.

La supresión de las restricciones a la importación de los productos básicos que ahora llegan desde países donde los mismos se producen a escala masiva como los Estados Unidos, Canada, Australia y la propia Argentina fuerza a un replanteamiento de las estrategias de sobrevivencia de los pequeños productores que por generaciones veían en la producción de granos básicos una garantía de seguridad alimentaria y una fuente ingresos -frecuentemente escasos- cuando se lograba producir excedentes.

Esto ha dejado tras de sí la secuela de que los pequeños agricultores y las organizaciones a que pertenecen se encuentren seriamente desorientados. Sin embargo, el movimiento organizativo de productores rurales sobrevive, sus estructuras funcionan y, de una manera u otra, ayuda aunque precariamente a viabilizar la sobrevivencia de miles de pequeño productores. En todo caso, la única posibilidad de sobrevivencia para los pequeños productores radica en incrementar su escala de producción a través de la integración en organizaciones cada vez más empresariales y con escalas de producción cada vez mayores.

El gran desafío que enfrenta el movimiento es el de operar la transición de las cooperativas desde una mentalidad trade-unionista hacia una mentalidad empresarial que pemita a las cooperativas de pequeños productores agrícolas competir en una economía crecientemente orientada por el mercado.

La tarea no es simple. No hay juez más severo que el mercado. Y es ante ese juez implacable que se mide la eficacia de la transformación cooperativa.

En este contexto la FAO, lo ha intentado apoyar diversas iniciativas con mas o menos éxito en diferentes contextos.

LA ESTRATEGIA APOYADA POR FAO

El cambio de mentalidades no solamente debe ser operado al interior de las Organizaciones de Productores Rurales de Tercer Piso. Es también necesario un cambio en la mentalidad de los pequeños productores mismos que deben cambiar hábitos formados a lo largo de varias generaciones.

Las OPRTP deben acompañar al pequeño productor en alcanzar ese cambio. De la misma manera, las federaciones u organizaciones de segundo y de tercer piso deben acompañar a las cooperativas y/u organizaciones de base o transitar ese cambio.

La FAO ha apoyado a tales organizaciones de productores en este ejercicio en varios países de América Latina. Convendrá indicar a estas alturas que no siempre fue fácil obtener aprobación para implementar estos proyectos en la medida en que los clientes oficiales de la FAO son los gobiernos y, en principio, solo a ellos puede la organización prestar sus servicios. Esta restricción ha sido apenas derogada y desde junio de este año es posible establecer convenios oficialmente con organizaciones de la sociedad civil.

Resaltaremos los casos de Argentina, de Honduras y de México para reflejar el universo diversificado al que se hacía referencia anteriormente.

ARGENTINA.

En Argentina, la FAO apoyó a la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO) en dos maneras complementarias donde una había de retroalimentar a la otra. El objetivo ultimo del proyecto era el de montar una unidad para la formulación participativa de proyectos de inversión orientados a la reconversión empresarial de cooperativas miembro.

La tarea de montar esta estructura dentro de la confederación consistió básicamente en montar una oficina en la sede de la CONINAGRO con dos técnicos para apoyar la elaboración de proyectos.

Este ejercicio tuvo todo el apoyo del Ministerio de Agricultura, que en 1994 vaticinaba la desaparición de mas de 250,000 pequeños productores en el curso de los próximos años si no conseguían cambiar radicalmente sus estrategias de producción.

Este ejercicio se desarrolló trabajando conjuntamente en el diseño de metodologías para la preparación de tales proyectos. Se diseñaron los siguiente proyectos:

Proyecto para Reconversión de una Cooperativa de Productores de Tabaco.

La cooperativa opera en la ciudad de Goya, Provincia de Corrientes en la frontera con Brasil. Este proyecto tenia por objeto ayudar a los productores de tabaco a diversificar su producción hacia otros rubros debido al hecho de que para 1997 el Fondo Especial del Tabaco (FET) debía retirar un subsidio que otorgaba a los productores desde hacia décadas, única manera de que podían competir con la producción mucho más barata de Brasil. Diversificar desde el tabaco no es tarea fácil ya que este producto genera ganancias mas altas que cualquier otro cultivo.

La ventaja con que contaban estos productores es que, dada la ubicación estratégica de Goya en el eje que une a Sao Paulo y Buenos Aires, hay un buen mercado para frutas y verduras. Sin embargo, la mayor parte de estos pequeños productores eran arrendatarios de la tierra que trabajaban por lo que carecía de sentido para ellos efectuar las inversiones necesarias para incorporar las mejoras e inversiones necesarias en sus tierras para iniciar la producción de frutas y verduras. Por esa razón, el primer paso fue establecer un banco de tierras con fondos aportados por el FET administrado por la cooperativa. Simultáneamente, se capacito capacitadores de la cooperativa para que estos proporcionaran la asistencia técnica para la reconversión. Los productores ahora están comercializando sus frutas y verduras en Brasil.

Proyecto para Reconversión de la Federación de Cooperativas Vitivinícolas Argentina (FECOVITA);

Aprovechando la privatización de empresas paraestatales, FECOVITA pudo comprar a inicios de los anos 90, una bodega paraestatal que operaba con un fuerte déficit. En 5 años de gestión adecuada, la gerencia logró sacar a la bodega de los números rojos y, a partir de 1996, opera con importantes superávits. Sin embargo, la empresa aun afronta los desafíos.

El consumo del vino de mesa en el mundo ha venido cediendo terreno ante el avance inexorable de gaseosas y cervezas. Simultáneamente, ha aumentado exponencialmente la demanda por vinos finos de alta calidad. Los vitivinicultores Argentinos de la provincia de Mendoza, como también los de países desarrollados de Europa enfrentan el desafío de sustituir sus cepas tradicionales por cepas de mayor calidad. Estas cepas fueron plantadas hace a veces dos o tres generaciones por un abuelo venido de Italia que había construido el bienestar de su familia sobre la base de esas cepas con el consiguiente apego afectivo a las mismas.

MÉXICO.

En el caso de México, se trabajo con la Confederación Nacional Campesina (CNC). Aquí se trato de un ejercicio piloto para el establecimiento de 3 Centros de Gestión en Papantla en el Estado de Veracruz; Ciudad Obregón en el Estado de Sinaloa y Huamantla en el Estado de Tlaxcala.

La CNC de México aglutina a unos 3 millones de ejidatarios, campesinos beneficiarios de la reforma agraria impulsada por la revolución mexicana de inicios de siglo, como se comprenderá una clientela muy diferente de la que integra CONINAGRO en el caso Argentino. La CNC constituyo por décadas uno de los bastiones sociales del Partido Revolucionario Institucional, pero ante los grandes cambios operados en el país en las últimas dos décadas, elementos de su dirigencia han decidido transformarla en un instrumento que sirva en la transición hacia el nuevo papel que deben adoptar las organizaciones de productores para ayudar a los pequeños productores rurales a enfrentar los retos y aprovechar las oportunidades que abre la globalización.

Estos Centros de Gestión (CG) tienen por función asistir técnicamente a las organizaciones de productores integrantes de la CNC en acceder al mercado en condiciones favorables. Están integrados por equipos técnicos de hasta 4 profesionistas y una o dos secretarias procedentes de la propia región a que pertenecen. Durante el primer año de operación estos CG recibían un subsidio desde la CNC, pero ya a partir del segundo año la CNC retiro esos subsididios y los CG debieron comenzar a operar cobrando sus servicios.

Dos de los tres han logrado sobrevivir a esta cruel transición desde el subsidio hacia el mercado. Paralelamente, siguiendo el ejemplo de estos 3 han surgido otros autofinanciados. Si bien los CG están demostrando ya la capacidad de operar en forma autosuficiente permitiendo a los pequeños productores capturar porciones cada vez mas significativas de las ganancia que se verifican en la esfera de la comercialización, su mayor potencial esta aun por materializarse y radica en las economías de escala que podrán generarse en la medida en que su existencia se multiplique y se integren en forma horizontal y vertical constituyendo en verdaderas empresas de comercialización capaces de acceder directamente a los paneles de los supermercados o de establecer ellos mismos sus propio supermercados. Idealmente, la FAO en América Latina, en mi opinión muy personal, debería dedicarse en forma prevalente a impulsar la consolidación de una verdadera empresa transnacional en el sector agroalimentario controlada por organizaciones de pequeños productores articuladas en torno a CG de este tipo integrados en organizaciones de cúpula.

HONDURAS.

La FAO trabajó con Instituto Nacional Agrario (INA) que, como su nombre lo indica, trabaja con cooperativas establecidas en el período de la reforma agraria.

Estas son cooperativas muy pequeñas. Todas ellas requieren procesos de reconversión estructural. El problema es que los formuladores de proyectos, por deformación profesional y por la presión ejercida sobre ellos para desembolsar el presupuesto asignado, formulan proyectos demasiado grandes que las pequeñas cooperativas en cuestión no están en condiciones de absorber sin antes haber hecho inversiones pequeñas en su capacidad de gestión.

El proyecto apoyado por FAO elaboró por tanto una metodología para facilitar la formulación de proyectos en dos etapas, una primera para resolver problemas estructurales de carácter gerencial y una segunda de inversión propiamente dicha.

PROPUESTA PARA UN PLAN DE REESTRUCTURACIÓN DE LAS OPRTP

Los nuevos tiempos también han traído nuevos vientos democratizadores en todos niveles. La sociedad, especialmente la rural, ha exigido que el compromiso político no sea simplemente el trueque de una dádiva por el compromiso del voto, ahora los campesinos exigen nuevas condiciones de vida y participación en la sociedad. Las organizaciones de tercer piso ante esta situación no pueden ni deben seguir actuando como comparsas de los grupos en el poder, ni reducir su papel al aspecto político. Las tradicionales Organizaciones de Productores Rurales de Tercer Piso deben emprender una reestructuración a fondo si no quieren ser rebasadas por sus bases, porque corren el riesgo de que sus bases sociales se desarticulen y queden simplemente como estructuras vacías.

En México, se vislumbran indicios de una reestructuración de algunas OPRTP, que inicialmente las ha obligado a retomar los principios que les dieron origen para responder mas claramente a las demandas de sus asociados e incluir nuevas estructuras de participación hacia el interior.

OBJETIVOS Y PRINCIPIOS RECTORES DE LA PROPUESTA DE REESTRUCTURACIÓN.

El objetivo central de esta aproximación a la reestructuración de las Organizaciones de Productores Rurales del Tercer Piso es transformar las estructuras anquilosadas actuales que ya no responden a las necesidades de sus bases sociales de organizaciones locales y productores agremiados. Se busca crear estructuras flexibles que vayan respondiendo a un entorno cambiante teniendo como el centro de su atención la respuesta eficiente a las demandas y necesidades de las organizaciones y los productores del sector agropecuario y adaptadas a las realidades locales físicas y humanas.

La aproximación se basa en los siguientes principios:

FUNDAMENTOS.

Estas organizaciones deben reflejar las necesidades y gozar de la adhesión de las organizaciones que las integran para que estas organizaciones sean efectivamente instrumentos útiles de acción social. Deben ser, por lo tanto, la expresión de sus demandas, y tener en cuenta sus problemas y restricciones reales situándolas en el medio en que operan, con toda la diversidad que lo caracteriza y teniendo en cuenta su evolución en el tiempo. Las OPRTP deben ser concebidas y operar en función de necesidades específicas de cada región, y deben tener la capacidad de evolucionar en función de los cambios socio-económicos del medio en que operan, especialmente a partir de un entorno económico globalizado. Partiendo de ese principio, se pone en cuestión las concepciones tradicionales que ven a las organizaciones como instrumentos estáticos, a la vez como un dato de la realidad y como una realidad que se impone al mundo al que debe servir.

En la perspectiva propuesta aquí, las organizaciones de productores rurales de tercer piso (OPRTP) deberían poseer poder real y capacidades suficientes para llevar a cabo la misión para la que fue creada y que otorgue el espacio a las iniciativas y misiones de cada organización de productores que la integra, en un espíritu y con relaciones que favorezcan la de concertación entre ellas.

Esta perspectiva debe conducir a la preparación de organizaciones de tercer piso para que sean capaces de aportar un servicio de apoyo eficaz, como lo requieren los productores rurales agremiados a las mismas, equipados con estructuras flexibles adecuadas al trabajo en el campo y a las condiciones locales y que puedan evolucionar simultáneamente con el medio en que funcionan. No es fácil la tarea de dotar de una estructura flexible a las organizaciones si no se empieza la reestructuración desde la base comunitaria de estas organizaciones. Existen muchas resistencias para el cambio en todos los niveles. Pero lo importante es saber reconocer esas estructuras anquilosadas al mismo tiempo que se identifican los elementos favorables al cambio para responder mas efectivamente a las aspiraciones de los productores organizados.

No se trata pues, de crear y reestructurar organizaciones concebidas desde la cúspide hacia la base que, por sus métodos autoritarios y sus fuertes tendencias intervencionistas, han repetidamente entorpecido la iniciativa privada y local. Se trata, sobre todo, de facilitar el establecimiento de organizaciones cuya estructura y funcionamiento se concibe desde la base hacia la cúspide, a partir del conocimiento y del análisis de realidades locales, en función de necesidades de la población en cuestión que ellas deben responsabilizar y con costos que justifican las actividades y los resultados.

La propuesta delineada aquí, se inscribe en el contexto de una reestructuración más amplia de la institucionalidad de las organizaciones en su conjunto. En ese contexto, la definición de un nuevo papel para las OPRTP tiene que ver, en parte, con la necesidad de cubrir vacíos que se han creado como resultado del proceso de desvinculación que ha iniciado el Estado de actividades relativas a la producción y comercialización tanto de insumos como de productos del sector agropecuario. Mas aun, las OPRTP deben rescatar ese espacio que siempre les debió corresponder pero que cedieron al Estado a cambio de preventas.

En ese contexto, es importante que las OPRTP puedan ajustar sus estructuras en modo tal de permitir que el Estado transfiera paulatina y progresivamente hacia ellas responsabilidades a pari-passu para ir reforzando simultáneamente las capacidades de las mismas para desempeñar tales funciones. Se realizará pues un proceso en el curso del cual el Estado deberá proporcionar apoyo de manera intensiva, favoreciendo el surgimiento y el reforzamiento de las capacidades de las OPRTP, debiendo asegurarse de la pertinencia de las mismas para satisfacer las demandas nacionales de productos agropecuarios, pero en especial, para proporcionar a los productores agrícolas los bienes y servicios que requieren en condiciones de precio y calidad superior a las del pasado. En este proceso es importante que la OPRTP cuiden no volver a establecer una relación de dependencia con el Estado. Esto no quiere decir que las organizaciones no deban establecer vínculos con el Estado, sino cuidar los ámbitos de competencia de las organizaciones y de las dependencias gubernamentales.

La participación efectiva de los productores en la elección y la realización de acciones de desarrollo y, de manera general, en la solución de los asuntos que les afectan sobre todo en el ámbito local. Esta participación pasa por el fortalecimiento de las organizaciones de productores en todos los niveles comenzando por la base.

Se requiere la puesta en marcha de instancias de concertación en todos los niveles entre el poder público y los productores agrícolas. Esta situación reclama dirigentes más capacitados para llevar a cabo sus funciones en el ámbito interno de las organizaciones y en su relación con el poder público. Se requiere superar los procesos de improvisación para pasar a procesos profesionalizados de administración y operación en todos los niveles.

La descentralización de poderes y de responsabilidades deben transferir más libertades para la decisión y los medios necesarios para la acción a los eslabones organizativos más cercanos al productor que con las organizaciones locales.

Esta descentralización, entendida en el sentido de una transferencia real de poder de toma de decisión desde el nivel central a los niveles locales, facilitaría y viabilizaría la participación de la población local en la elección de las acciones de desarrollo y su movilización para alcanzar su realización.

La descentralización permitiría, además, la identificación y elección de soluciones que de esa manera serán más apropiadas a las particularidades locales y mejor preparadas para responder a las necesidades de los productores en cuestión.

Presenta, finalmente, la ventaja de acortar las demoras en la toma de decisiones que no debe ya ser esperada del nivel central y requiere responsabilizar y motivar a los agentes que operan en favor del desarrollo en el ámbito local.

PLANEACIÓN ESTRATÉGICA.

La propuesta de reestructuración se debe materializar a través de un Plan Estratégico a Mediano y Largo Plazo que supere la improvisación y las presiones coyunturales externas. Se propone un método en tres etapas para la instrumentación del Plan.

Primera etapa: Diagnóstico de las organización y su entorno.

Esta etapa debe consagrarse al análisis-diagnóstico de las organizaciones existentes y a la elaboración del esquema general de las grandes líneas de la reestructuración, presentando las principales implicaciones que ella pueda tener para el funcionamiento de las OPRTP. En esta etapa del Plan Estratégico se propone:

Segunda Etapa: Elaboración del esquema general de la reestructuración.

Antes de entrar en la elaboración de propuestas detalladas para la reorganización de las OPRTP, conviene hacer una amplia consulta entre la dirigencia de la OPRTP y sus organizaciones afiliadas con el objetivo de recabar sus comentarios y conocer su decisión acerca del tipo de organización a la que se aspira y para retroalimentar las decisiones definitivas que serán adoptadas.

La elaboración del esquema general de reestructuración se basa sobre:

  1. Los principios enunciados anteriormente, entre los cuales conviene señalar los de la descentralización, de la participación de los productores agrícolas y de sus organizaciones y la gestión racional de los recursos humanos.

  2. Las conclusiones del diagnóstico efectuado sobre las estructuras existentes y el análisis del potencial de las organizaciones en términos de recursos humanos y materiales.

Concebido bajo esta perspectiva, el esquema general deberá contener en forma sucinta los siguientes elementos:

Tercer Etapa: Elaboración del Plan Estratégico para la reestructuración de la OPRTP.

Hasta antes de este punto, la tarea de reestructuración puede estar desarrollada por un grupo de miembros de la OPRTP y de sus organizaciones afiliadas. Sin embargo, la elaboración del plan debe ser resultado de un esfuerzo de concertación y negociación entre las dirigencias nacionales, regionales y locales y recoger lo mas ampliamente posible las propuestas emanadas de las bases. El plan debe responder a las preguntas siguientes:

  1. ¿Qué es lo que se quiere reestructurar?

  2. ¿Cómo y hacia qué situación se pretende reestructurar la organización?

  3. ¿Con qué medios se procederá a la reestructuración?

  4. ¿Cuál va a ser el rol que van a jugar cada uno de los elementos involucrados en la organización?

Se debe tener claro que la reestructuración empieza por los aspectos internos. La experiencia ha mostrado que en tanto no exista una clara estructura y definición de funciones hacia el interior de la organización, el medio exterior va a dictar los vaivenes de la organización.

La elaboración del plan exige la participación amplia de los sectores involucrados porque el plan debe establecer los compromisos que cada quien quiere y debe asumir, lo cual solo puede hacerse cuando cada quien reconozca los derechos y las responsabilidades que tendrá en la organización reestructurada.


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