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ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA AGRICULTURA Y LA ALIMENTACIÓN, ROMA
PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTOS, ROMA |
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Una Misión conjunta FAO/PMA de evaluación de los cultivos y suministro de alimentos visitó Bolivia del 4 al 18 de abril de 2008 a fin de evaluar la producción de cereales y tubérculos de 2008, que fue severamente afectada por una serie de eventos climáticos adversos tales como sequías, heladas e inundaciones, y estimar las necesidades de importación para la campaña comercial 2008/09 (julio/junio).
La Misión mantuvo estrecha colaboración con el ejercicio de evaluación y valoración de las pérdidas en los diversos sectores económicos de la Comisión Económica para la América Latina y el Caribe (CEPAL). Además dos expertos del Servicio de Operaciones de Emergencia del Departamento de Cooperación Técnica de la FAO (TCEO) colaboraron con la Misión a fin de preparar un listado preliminar de proyectos de urgencia y de rehabilitación del sector agropecuario boliviano. Anteriormente, el PMA llevó adelante una Evaluación de la Seguridad Alimentaria en Emergencias (ESAE), realizando una detallada encuesta de hogares en zonas afectadas por inundaciones en los departamentos de Beni, Santa Cruz, Chuquisaca y Cochabamba. La información obtenida en la ESAE fue utilizada como insumo para la elaboración del presente informe. La Misión se benefició de la participación activa de funcionarios del Ministerio de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio Ambiente (MDRAyMA) y de las Prefecturas de los departamentos visitados.
Antes de empezar las visitas de campo, la Misión hizo una atenta revisión de la información disponible sobre la situación socio-económica, comercio internacional y políticas agrícolas y coleccionó datos meteorológicos, estimaciones de áreas sembradas, previsiones de producción y precios de los principales productos. Además, aproximadamente 30 funcionarios del MDRAyMA fueron capacitados en metodologías de evaluación rápida, especialmente en la utilización de una lista de variables claves durante las entrevistas semi-estructuradas con productores agrícolas y el método de los transectos para registrar el estado de los cultivos y del ganado durante el recorrido.
Durante 8 días de visitas de campo y organizada en seis equipos, la Misión entrevistó funcionarios de Gobierno a nivel departamental, líderes de comunidades rurales, funcionarios de ONGs y otros informantes claves así como agricultores y comerciantes. Asimismo, la Misión realizó inspecciones de los cultivos en el terreno o que habían ya sido recientemente cosechados. Por otro lado, recogió información sobre aspectos de la seguridad alimentaria de las familias, así como de sus medios de vida. De esta forma, se indagó sobre temas relacionados con precios locales de los principales alimentos, posibilidades de producción y de generación de ingresos, afectación de los fenómenos climáticos en las actividades agropecuarias y pesqueras, activos e infraestructura, así como su incidencia en las enfermedades y el acceso a servicios.
La Misión visitó ocho de los nueve departamentos del país (sólo el departamento de Pando no pudo ser visitado), abarcando alrededor de 119 municipios y realizando un total de 235 entrevistas con distintos informantes. En los departamentos, la Misión recibió un fuerte apoyo de parte de los gobiernos locales que proporcionaron apoyo logístico y personal técnico adicional, lo que permitió cubrir una mayor área de análisis. De hecho, la Misión viajó aproximadamente 14 000 kilómetros, con continuas observaciones de los cultivos a través de los transectos, y realizó sobrevuelos sobre algunas áreas del departamento del Beni que todavía estaban inundadas e inaccesibles por carreteras. Además se visitó varios mercados agrícolas y ganaderos a fin de observar la disponibilidad de los productos alimentarios y los precios prevalentes.
Después de un inicio incierto en los meses de octubre y noviembre, con retrasos generalizados en las actividades de siembra, las precipitaciones acumuladas entre diciembre y marzo han sido más abundantes en comparación a las del año anterior que fue caracterizado por el fenómeno meteorológico de El Niño. Solamente el departamento de El Chaco ha registrado un descenso de precipitación respecto al 2006/07 que pero aun sigue siendo superior a la media de los últimos cinco años. Especialmente en las tierras bajas de Oriente, la crecida y el desborde de los principales ríos ha afectado la superficie plantada y los rendimientos de cultivos alimenticios como arroz, maíz, papa y yuca y de cultivos industriales como la soya. En comparación al año anterior, un mejorado sistema de alerta ha logrado que los ganaderos hayan tomado medidas adecuadas y tempestivas para reducir las pérdidas de animales. La Misión ha verificado una sensible reducción en el empleo de semillas mejoradas, fertilizantes y pesticidas debido al significativo aumento de los precios.
Según las estimaciones de la Misión, a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la superficie plantada con cereales y tubérculos en 2007/08 se estima en un nivel ligeramente superior a un millón de hectáreas, muy similar al nivel de la temporada anterior. La producción de cereales (que incluye la cosecha secundaria de trigo y sorgo de invierno del 2007) y de tubérculos de 2008 se estima en 1,68 millones de toneladas y 996 000 toneladas respectivamente. Esos valore son inferiores a los bajos niveles de producción alcanzados el año anterior, con una reducción del 1,75 por ciento para los cereales y del 5,30 por ciento para los tubérculos. El trigo de invierno, sembrado en abril 2007 y cosechado en agosto/setiembre 2007, se ha beneficiado de la abundante humedad residual causada por las intensas lluvias del fenómeno de El Niño, con aumentos en rendimientos y producción. La producción maíz y quinoa se prevé que pueda aumente ligeramente en comparación al año anterior. Ese resultado se debe al aumento de superficie y al efecto positivo de las abundantes lluvias que han beneficiado los cultivos en algunas áreas, compensando en parte las pérdidas ocurridas en otras. El arroz ha sido el cultivo que ha resultado más afectado, con una sensible reducción de superficie cosechada (-9,1 por ciento en comparación al 2007 y -25 por ciento en comparación al promedio de los últimos cinco años) y de rendimientos (-4,8 por ciento en comparación al 2007).
En base a sus estimaciones, la Misión estima que las importaciones de trigo en el año comercial 2008/09 se situarán en un nivel normal de aproximadamente 450 000 toneladas, un tercio de las cuales son importaciones informales de los países vecinos. Además, las necesidades de importación de arroz y de papas se prevén en un nivel alto como el año pasado con un déficit de unas 74 000 y 230 000 toneladas respectivamente. En total, el déficit de cereales y tubérculos en el 2008/09, en equivalente en cereales, se estima en 600 000 toneladas, prácticamente igual al año anterior. Se prevé que esas cantidades se cubrirán en parte a través de importaciones formales y en parte a través de importaciones informales con los países fronterizos.
Como consecuencia de los fenómenos climáticos, se encontró que aproximadamente 28 000 familias estarían en situación de inseguridad alimentaria y con necesidad de ayuda inmediata. De estas familias, unas 17 000 necesitarán asistencia alimentaria hasta octubre de 2008, pues no tienen en el corto plazo posibilidades de restablecer sus medios de vida para obtener la alimentación necesaria.
Según el Informe sobre Desarrollo Humano del 2007/08 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (basado en datos del 2005), Bolivia ocupa el puesto 117 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano. En el 2005, el PIB per capita ajustado con la paridad del poder adquisitivo era de 2 819 dólares de EE.UU., el más bajo de América de Sur y un 50 y 35 por ciento menos del PIB per capita de otros países andinos como Perú y Ecuador. En el 2002, se estimó que cerca del 63 por ciento de la población boliviana vivía por debajo de la línea nacional de la pobreza y casi el 40 por ciento estaba en condiciones de pobreza extrema. Además el país se caracteriza por tener una de las distribuciones del ingreso más desiguales de la región, con un coeficiente de Gini de aproximadamente 0,60, reflejando diferencias significativas en la disponibilidad de capital y tierra y la existencia de grandes diferencias en la capacidad de generar ingresos por género, grupos étnicos y localización geográfica. Los principales indicadores de salud y nutrición han mejorado en los últimos 30 años, pero siguen siendo los más bajos en América del Sur. En particular, la esperanza de vida al nacimiento es de sólo 64 años (comparada con el promedio de 72 años en América del Sur) y casi el 23 por ciento de la población es subnutrida (cuya ingestión diaria de alimentos es crónicamente insuficiente para cubrir los requerimientos mínimos energéticos).
Desde los años Sesenta y Setenta, la cuota agrícola del PIB se ha progresivamente reducido y en el 2007 se estimaba alrededor del 15 por ciento. Al contrario, los servicios han incrementado gradualmente su importancia, llegando a representar el 55 por ciento del PIB, en particular por la fuerte demanda en los sectores de las telecomunicaciones y de los servicios financieros. El sector energético, la principal fuente de divisas con aproximadamente 2 300 millones de dólares de EE.UU. en exportaciones de gas natural y petróleo, representa el 6.5 por ciento del PIB. A pesar de haber sufrido una fuerte reducción de las inversiones en los últimos diez años, los sectores mineros y de los metales siguen siendo económicamente significativos con un 5.8 por ciento del PIB, con una significativa presencia de empresas de extracción de pequeñas dimensiones y frecuentemente de propiedad de cooperativas.
Desde el 2004, después de algunos años de bajo crecimiento económico, el crecimiento real de PIB ha estado por arriba del 4 por ciento, con una estimación oficial del 4,56 por ciento para el 2007. Sin los daños y las pérdidas ocasionados por el fenómeno meteorológico de El Niño, que han determinado una sensible contracción del PIB agrícola, ese valor hubiera fácilmente superado el nivel del 5 por ciento. El crecimiento fue impulsado por la industria manufacturera (especialmente la fabricación de cemento, la refinación de petróleo y la producción de bebidas), la construcción y los servicios (transporte y servicio financieros).
En el 2007 la cuenta corriente de la balanza de pago registró un excedente record de 1 758 millones de dólares de EE.UU., casi un 36 por ciento más que en el año anterior y equivalente al 13,3 por ciento del PIB. Ese resultado se debe al aumento de las exportaciones (+16 por ciento), las crecientes remesas desde el exterior (+65 por ciento) y los menores egresos por renta de la inversión (-49 por ciento). En particular, el incremento en el valor de las exportaciones se explica principalmente por el aumento de los precios de los productos mineros, como plomo (+130 por ciento), estaño (+72 por ciento) y plata (+17 por ciento), y de algunos productos agrícolas como los derivados de la soya (entre +9 y +13 por ciento), el azúcar (+72 por ciento) y las castañas (+8 por ciento).
Entre enero y diciembre 2008 las reservas netas consolidadas en divisas extranjeras (Banco Central de Bolivia y bancos comerciales) han aumentado de manera significativa, pasando desde 4 078 a 6 079 millones de dólares de EE.UU., equivalentes a la cobertura de casi 16 meses de importaciones de bienes y servicios.
A finales de diciembre de 2007, la deuda externa pública total era de 2 183 millones de dólares de EE.UU., lo que significa una reducción del 33 por ciento en comparación con el nivel ya bajo de diciembre de 2006 y equivalente al 42,5 por ciento del nivel record de 5 142 millones de dólares de EE.UU. alcanzado en el 2003. En los últimos anos, esta drástica reducción se ha obtenido gracias a la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral (IADM), que ha permitido la total cancelación de la deuda con el FMI y el Banco Mundial, el alivio de la deuda con el Japón y el Banco Interamericano de Desarrollo bajo la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (PPME) y la recién condonación de España de 8 millones de dólares de EE.UU. El principal acreedor de Bolivia es actualmente la Corporación Andina de Fomento (CAF), con un saldo por desembolsar de unos 856 millones de dólares de EE.UU. que representa aproximadamente el 40 por ciento de la deuda externa pública total.
En cuanto a la política fiscal, los ingresos corrientes del sector público no financiero del 2007 han aumentado del 17,3 por ciento en comparación al 2006, gracias al efecto combinado del incremento en la venta y en la recaudación de impuestos sobre hidrocarburos. En particular, los ingresos debido a los impuestos han aumentado considerablemente y de manera continuada desde mayo de 2005 con la introducción del Impuesto Directo a los Hidrocarburos que ha elevado hasta al 82 por ciento la cuota del Estado en la distribución del valor de la producción de gas natural.
A finales de 2007, la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) alcanzó el nivel de 11,73 por ciento, superior en 6,78 puntos porcentuales respecto al año anterior. Ese fuerte aumento es principalmente la consecuencia del crecimiento de los precios de los alimentos y bebidas (que representan casi la mitad de la canasta básica del IPC) que experimentaron en su agregado una variación anual cercana al 20 por ciento. En particular, los eventos climáticos adversos del fenómeno de El Niño se reflejaron en una contracción de la producción agropecuaria, con efectos inmediatos especialmente en los precios del arroz y de la carne. Además, en relación a todos los sectores económicos, los costos de producción han subido considerablemente a causa del aumento del precio de los insumos importados y del salario mínimo nacional. Asimismo, del lado de la demanda, mientras el consumo público presentó un crecimiento moderado, el consumo privado mantuvo un fuerte ritmo de expansión en el 2007 a causa del mayor ingreso disponible, como resultado de las transferencias desde el exterior, el incremento del salario mínimo y el mayor nivel de empleo.
En Bolivia los planos altitudinales marcan diferencias no solo de relieves, sino de clima, vegetación, flora y fauna, el país se divide en dos unidades morfológicas: el bloque andino y los llanos orientales. El primero es elevado y frió, de relieve montañoso con altitudes entre 500 y 6.542 msnm que incluyen dos vertientes diferenciadas, la occidental fría y seca que termina en el altiplano, y la oriental cálida, húmeda y boscosa que desciende a las sierras andinas y a la llanura amazónica en su límite norte, y al Chaco en su parte septentrional. Este bloque abarca el 38 por ciento del territorio nacional y comprende las cordilleras occidental y oriental en el altiplano, todos los valles interandinos y mesotérmicos, los yungas, y el sub andino intermedio entre la cordillera oriental y los llanos orientales. Los llanos abarcan el 62 por ciento del territorio nacional.
Las actividades agropecuarias en las áreas más elevadas y frías se concentran en punas y altiplanicies repartidas en los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí principalmente, aunque en Cochabamba, Tarija y Chuquisaca también existen extensas áreas frías y altas, aunque de topografía más irregular que plana. La baja precipitación anual en estas zonas acondiciona un ecosistema propicio para el cultivo de gramíneas (cebada, avena, trigo), pseudo cereales (quinua y amaranto), y gran variedad de tubérculos (papa, oca, papalisas). La ganadería esta mayormente constituida por los camélidos sudamericanos (llamas y alpacas), los rumiantes menores (ovinos y caprinos) y bovinos con aptitud productora de leche y carne. Las únicas regiones aptas para el desarrollo de sistemas agrícolas intensivos son los alrededores del lago Titicaca, algunos valles y las márgenes laterales de los ríos.
Las áreas intermedias correspondientes a los valles interandinos, tanto templados como sub tropicales y mesotérmicos se extienden en los departamentos de Cochabamba, Chuquisaca y Tarija, aunque este tipo de ecosistemas productivos también se presentan en La Paz, Potosí y Santa Cruz. Los valles son propicios para el desarrollo de cultivos como el maíz, trigo, papa, avena, cebada, hortalizas y frutales en zonas templadas; y yuca, arroz, maíz, bananos, cítricos, café, piñas y coca en zonas sub tropicales y yungas. En estos ecosistemas la ganadería se caracteriza mayormente por la semi estabulación de ganado bovino lechero, la producción de porcinos y la avicultura a nivel industrial.
Las llanuras orientales incluyen la zona árida del Chaco, la zona central boscosa de Santa Cruz, y los bosques y llanuras amazónicas de Beni y Pando. Estos ecosistemas bajos y con mayor precipitación con respecto al resto del territorio boliviano, representan la mayoría de la producción nacional agrícola y ganadera de tipo comercial y de exportación. Particularmente, en el departamento de Santa Cruz se concentra la totalidad de la producción de soya y sorgo, alrededor del 70-75 por ciento de la producción de arroz y maíz y aproximadamente el 80 por ciento de la caña de azúcar. En Pando y en algunas provincias septentrionales de los departamentos de La Paz y Beni se produce goma, cacao y castaña amazónicas, importantes productos de exportación.
Según el último Censo de Población y Vivienda del 2001, alrededor del 30 por ciento de la población ocupada total trabaja en el sector agropecuario. En el 2007, el resultado económico del sector agropecuario ha sido favorable por tercer año consecutivo con un crecimiento del PIB real sectorial de un 5,22 por ciento (datos preliminares al 2007), levemente mayor al crecimiento del año anterior que fue del 4,2 por ciento. No obstante, esta cifra podría ser inferior después de conocer la contabilidad nacional de pérdidas y daños agropecuarios a nivel nacional, que hasta marzo del 2008, se estiman de manera preliminar en 164.963 hectáreas afectadas que perjudicaron alrededor de 51.000 familias de agricultores; constituye un agravante el efecto acumulativo de los eventos climáticos de los dos últimos años consecutivos.
La tenencia de la tierra en el país todavía exhibe una considerable polarización, pero podría modificarse según las nuevas políticas re-estructurales del gobierno. Aproximadamente el 75 por ciento de los agricultores poseen superficies menores a 5 hectáreas, (promedio de 1,5 hectáreas por familia). Este tamaño tiende a reducirse aun más, especialmente en el altiplano y los valles, debido al crecimiento de miembros de la familia (promedio de 4,8 miembros por familia), quienes en algún momento heredarán una determinada superficie de tierra. Esta situación, repercute en el creciente fenómeno de migraciones, principalmente de jóvenes campesinos hacía las ciudades y hacia otros países como España, Estados Unidos, Argentina e Israel. En contraposición, apenas el 4 por ciento de los propietarios posee el 90 por ciento de la superficie cultivable en unidades de producción mayores a las 100 hectáreas.
En Bolivia la agricultura aun se desarrolla a secano, excepto en pocos sectores productivos y ecosistemas más favorecidos que no exceden las 220.000 hectáreas (menor al 10 por ciento de la superficie cultivada en Bolivia), ubicadas principalmente en el Altiplano y los Valles Interandinos en los departamentos de Cochabamba, Tarija y Potosí. El riego se utiliza principalmente para la producción de tubérculos, cereales y hortalizas. Inversamente, la agricultura comercial del oriente carece casi totalmente de sistemas de riego por asentarse en zonas con regímenes pluviales más intensos.
Los cambios climáticos atribuidos a los efectos de “La Niña”, ocurridos sobre el territorio nacional durante la gestión 2007/08, adoptaron similares características meteorológicas ocurridas en la pasada gestión (efectos de “El Niño”), ello podría generar importantes modificaciones del calendario agrícola “guía” para la ejecución de labores de cultivo. Durante algunas décadas, inclusive el 2007, el calendario agrícola regional era considerado como la mejor herramienta guía del agricultor y salvo raras excepciones para diferentes regiones, la temporada de siembra estaba planificada para los meses de octubre/noviembre (verano) y se preveía cosechar entre abril y mayo. Ahora, en virtud a la sequía prolongada por el retraso de las primeras lluvias (a mediados de diciembre), no es posible sembrar en suelos con insuficiente humedad porque perjudicarían la germinación y los primeros estados de desarrollo del cultivo.
Las regiones altiplánicas y la mayoría de los valles aun mantienen niveles muy bajos de tecnología, pese al incremento de las prácticas mecanizadas para la preparación del suelo, el potencial productivo permanece deficiente. La tecnología mecanizada está restringida a la producción agroindustrial del oriente y a los cultivos más rentables en el altiplano y valles interandinos. Las actitudes migratorias del campo a la ciudad, y en menor proporción a países extranjeros, constituyen un factor que influye cada año en diferente magnitud sobre los niveles productivos que registra la agricultura nacional.
El empleo de fertilizantes químicos y abonos orgánicos es una práctica que difiere mucho entre una región y otra y también entre los diferentes tipos de cultivos; generalmente la papa, la caña de azúcar y las hortalizas reciben fertilizantes inorgánicos, mientras que la quinua es el cultivo preferido para proporcionarle abono orgánico provisto por las ganaderías regionales; contrariamente en el oriente, el sorgo, la soya y el girasol no reciben ningún fertilizante.
La ganadería representa alrededor del 14 por ciento del PIB agropecuario nacional. Existen alrededor de 6,5 millones de cabezas de ganado bovino y cerca de 75.000 bufalinos. Alrededor del 52 por ciento de los bovinos se hallan en las sabanas inundables del Beni. El 35 por ciento de la población bovina se encuentra en el departamento de Santa Cruz, habiéndose incrementado este año de manera temporal, debido al traslado de animales desde las áreas más inundadas del Beni, se asume que estos hatos retornarán al Beni cuando las condiciones pastoriles allí mejoren. La producción bovina, principalmente en el Beni se caracteriza por un sistema extensivo y tradicional, los pastizales naturales constituyen la principal fuente de alimentación para los animales.
Tradicionalmente las zonas áridas y semiáridas del altiplano y punas de los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba son áreas productoras de camélidos (llamas y alpacas), aunque esta actividad cobra creciente interés en Chuquisaca y Tarija donde se ambiciona sustituir gradualmente las ovejas por las llamas. Esta gestión marco un record en el incremento de las tasas de nacimiento de llamas a nivel nacional, pudiendo estimarse que la población ahora sobrepasa los 2,8 millones de cabezas, pese a que también se incrementaron en un 17,5 por ciento las tasas de extracción. Las alpacas, anteriormente relegadas al Norte de La Paz y otras zonas de humedales alto andinos (Ulla Ulla, Sajama), ahora fueron introducidas (3.500 hembras) y se reproducen en el occidente de Cochabamba con enormes expectativas para la producción de fibra de alta demanda en el mercado internacional. Los ovinos (8,2 millones aprox.) se crían en sistemas extensivos con rotación de pastoreo entre zonas altas montañosas y zonas bajas dependiendo la disponibilidad de cobertura vegetal, mientras que las cabras (1,3 millones aprox.), acceden al mejor aprovechamiento de la masa foliar arbustiva que este año fue grandemente favorecida por el incremento del régimen hídrico en los valles y los chacos secos.
La avicultura industrial sigue en franco crecimiento, principalmente en Santa Cruz y Cochabamba, se constituye como el principal rubro que absorbe y permite el crecimiento constante de los volúmenes producidos de sorgo y otros insumos requeridos para la preparación de las dietas.
3.1.1 Los factores climáticos
El periodo agrícola 2007/08 ha recibido un considerable incremento de precipitación pluvial equivalente a 828 mm adicionales (28,8 por ciento mayor que lo registrado en el periodo julio a marzo de la gestión pasada) en la mayor parte del territorio nacional, excepto en la zona del Chaco, donde se registro un descenso equivalente al 21,7 por ciento menor que en 2006/07, pero que todas maneras sigue siendo superior a las medias registradas hasta el 2005. La temporada se caracterizó por una distribución irregular de las lluvias, muy concentrada en algunos días y muy escasa en algunas semanas, lo cual resulto bastante perjudicial y no adecuado al habitual y rutinario ciclo de actividades laborales agrícolas en los diferentes departamentos, con consecuentes cambios de las superficies sembradas y los volúmenes cosechados de los principales cultivos.
Fuente: SENAMHI, 2008
La Misión percibió que los agricultores del altiplano, punas y valles subrayan negativamente la muy baja e insuficiente precipitación pluvial durante los meses de octubre y noviembre, porque imposibilitó la humedad mínima requerida en el suelo para iniciar la siembra; aquellos que se arriesgaron a sembrar esperando las primeras lluvias perdieron la mayor parte de la semilla utilizada, especialmente de los cereales y granos. La mayor intensidad de lluvia llego desde la segunda quincena de diciembre 2007 hasta fines de febrero 2008, trayendo consigo inundaciones y desborde de ríos en los llanos del trópico y gran parte de los valles. A partir de fines de enero, se iniciaron de manera inesperada las granizadas y las heladas tempranas que empezaron a destrozar y quemar la parte foliar de los cultivos en sus estados muy jóvenes de formación, los mayores destrozos ocurrieron en los cultivos de papa y trigo de toda la zona alto Andina. En general, todos esos eventos meteorológicos han sido considerados por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI) como la consecuencia directa del fenómeno de La Niña que se presentó en su forma moderada en la región. Las gráficas siguientes, de la 1 a la 5, ilustran el comportamiento pluvial en los diferentes ecosistemas del país, comparando las dos últimas gestiones agrícolas.
Como consecuencia de la variación en la ocurrencia de los eventos climáticos, la postergación de la temporada de siembra también pospusieron la cosecha en espera de la maduración del cultivo, pero de manera agravante, estos cultivos fueron severamente castigados por las primeras heladas y granizadas que se presentaron también de manera anticipada (mediados de enero/ febrero en vez de mayo/junio), obligando al agricultor a cosechar anticipadamente a fin de salvar parte del cultivo aunque no haya alcanzado a completar su desarrollo; este fue otro condicionante que redujo los volúmenes de producción a nivel nacional.
Acotaciones de técnicos de campo indican que algunas regiones del altiplano mantuvieron relativa humedad en el suelo a partir de las incrementadas precipitaciones del 2006/07, lo cual permitió sembrar la papa a tiempo, pero de todas maneras, esa ventaja parcial fue contrarestada por el embate de las anticipadas granizadas y heladas.
Sólo en los Llanos Orientales permanece la tradicional “segunda temporada” (de invierno) para los cultivos de trigo, sorgo, soya y papa, con siembra en febrero/abril y cosecha en julio/septiembre. En las últimas dos décadas la superficie cultivada con productos tradicionales (tubérculos, cereales, forrajes y hortalizas) han sufrido cambios imperceptibles, mientras que la superficie de los cultivos industriales como la caña de azúcar ha aumentado significativamente. La superficie cultivada con coca ha registrado también una tendencia ascendente.
En líneas generales, mediante las visitas de campo, la Misión ha verificado reducción de la superficie sembrada, especialmente de papa; sin embargo, también se verificó que los agricultores intensificaron la práctica de siembra en pequeñas superficies distribuidas en diferentes localizaciones, tanto en planicies como en laderas, estrategia aplicada para prever mayores pérdidas por heladas, lo cual contrarresta levemente la pérdida del área total sembrada para el ciclo 2007/08, pero no logra equiparar a las superficies utilizadas en cultivos durante la gestión 2006/07. En zonas de transición hacia las tierras bajas, como en el caso del Chapare en Cochabamba y Monteagudo en Chuquisaca, la mayor concentración de lluvias ocasionó la crecida y desborde de los ríos que inundaron las parcelas de cultivo de las riberas, ocasionando fuertes pérdidas, especialmente de arroz, banano y ganado que fue arrastrado por sorpresivas riadas (principalmente bovinos y porcinos).
En las tierras bajas de Santa Cruz y Beni se combinaron los efectos negativos de las precipitaciones locales, concentradas de diciembre a marzo, con las fuertes lluvias caídas en el mismo periodo en las zonas medias de las cuencas de los ríos de la Cordillera Oriental y que escurrieron hasta las tierras bajas. Por segundo año consecutivo se incrementó la cantidad llovida con respecto al año anterior, llegando en esta gestión a un promedio de 1.066 mm registrados entre los meses de noviembre a marzo frente a 909,5 mm del mismo periodo del año anterior. El resultado fue la crecida y desborde de los principales ríos, como el río Grande, el Ichilo, el Chané, el Piraí, el Mamoré y el Beni ocasionando inundaciones que afectaron los cultivos de arroz, maíz, sorgo, yuca y soya. Enormes extensiones de bosques naturales y praderas nativas se inundaron, permaneciendo estas últimas aun hasta fines de marzo, totalmente bajo el nivel de las aguas.
Sin embargo, cabe destacar que algunas áreas al norte de Santa Cruz, Chacos y Valles Mesotérmicos e interandinos, fueron favorecidos por la creciente precipitación que mejoró los rendimientos de algunos cultivos como el arroz, el maíz y la mayoría de los frutales y las praderas nativas.
Los insumos agrícolas
Debido al significativo aumento en los precios de los fertilizantes minerales, agroquímicos y semillas, los hábitos de uso se han modificado, disminuyendo ligeramente su empleo en la gestión agrícola 2007/08. Las semillas también duplicaron su valor en relación al año anterior, principalmente en el maíz y la papa, ésta última bajó extremadamente en disponibilidad. La mayoría de los pequeños productores de papa, trigo, cebada y quinua en las zonas altas utilizan semillas provenientes de la cosecha del año anterior sin acudir a los mercados, pero este año numerosas familias reportan haber perdido toda la semilla de reserva, especialmente de papa. Estos productores presagian una considerable escasez de semilla en las próximas ferias regionales. La Misión observa este aspecto como el más delicado para asegurar la siembra del próximo año.
En los llanos del Trópico, prácticamente todos los productores han comprado semilla de papa (principalmente de las variedades holandesas), maíz, arroz y trigo y descartan problemas de abastecimiento en los mercados locales. Existen centros especializados en producción de semilla mejorada en Cochabamba, Santa Cruz y en el Gran Chaco; estos centros se encargan de producir semillas cada año, pero hasta fines de marzo 2008 aun existe incertidumbre con relación a las cantidades de semilla que podrían haber producido para prever el oportuno suministro para la siguiente gestión, porque en algunos lugares aun no culminaron las labores de cosecha; de todas modos, durante el primer trimestre del 2008, solamente Cochabamba y Santa Cruz produjeron un total de 3.771,70 toneladas de semillas mejorada de acuerdo al detalle ilustrado en la Tabla 1. La cantidad de semilla mejorada de papa va a alcanzar solamente para cubrir alrededor de unas 152 hectáreas (menor al 0,1 por ciento de la superficie nacional destinada a este cultivo).
El volumen total producido de semillas certificadas de soya en el país para su empleo en las siembras del 2006/07 fue de 35.155 TM (95,3 por ciento producidas en Santa Cruz y 4,7 por ciento producidas en el Chaco), monto que resulto insuficiente para cubrir la extensión nacional sembrada, por cuyo motivo se tuvieron que importar 1.345,84 TM adicionales.
| Especie | Santa Cruz (TM) | Cochabamba (TM) |
| Papa | 15,55 | 173,65 |
| Maíz híbrido | 444,57 | - |
| Maíz variedad | 14,60 | - |
| Trigo | 2.024,40 | - |
| Sorgo | 42,58 | - |
| Sorgo forrajero | 479,81 | - |
| Arroz | 45,88 | - |
| Girasol | 260,92 | - |
| Fríjol | 148,92 | - |
| Soya | 117,45 | - |
| Cebolla | - | 1,67 |
| Tembe | - | 1,7 |
| TOTAL | 3.594,68 | 177,02 |
La disponibilidad de fertilizantes minerales se mantiene estable pero los precios subieron exageradamente en todo el país, entre 160 a 180 por ciento por quintal (principalmente urea y 18-46-0), como repercusión del incremento al precio del petróleo, convirtiéndose en objeto de especulación de los intermediarios. El empleo de fertilizantes en proporciones de 3 ó 4 quintales de fosfato de amonio por uno de urea es más común en el cultivo de papa, de la caña de azúcar y eventualmente de las hortalizas. Los cultivos de cebada, avena y trigo generalmente no reciben fertilización, salvo el uso de estiércol de ovinos y camélidos donde existe mayor disponibilidad, pero solo si no existen cultivos de quinua alrededor, o se disponen de algunos excedentes después de abonar la quinua, esta preferencia está dada por el mayor estatus lucrativo de este cultivo. La actual tendencia, por efectos de precio, es reducir las cantidades de fertilizantes orgánicos normalmente empleadas. Durante el 2007, el país importó alrededor de 19 500 toneladas de agroquímicos (fungicidas, insecticidas y herbicidas), parte a través de importaciones legales y parte con importaciones informales, que representa alrededor del 22 por ciento más que en la gestión pasada.
Mano de obra
La emigración desde áreas rurales hacia las ciudades es un proceso que esta gestión se mantiene constante debido a la necesidad de diversificar las fuentes de ingreso de las familias con trabajos temporales e informales. El descenso productivo ocasionado por los frecuentes eventos climáticos adversos y el creciente fraccionamiento de la propiedad de la tierra son las principales causas que incrementan los índices de emigración. En las visitas de campo, la Misión pudo evidenciar dos tipos de emigración: las migraciones prolongadas al exterior, que ocurren generalmente en el grupo etareo juvenil, y las temporales con destino a las zonas urbanas o a las regiones agrícolas del trópico en época de la cosecha de caña, soya o algodón; inician este viaje temporal después de realizar la siembra en sus parcelas, para retornar en la época de cosecha. Consecuentemente, al igual que en años anteriores, la disponibilidad de mano de obra asalariada es declinante, principalmente en el occidente del país, porque se registraron mayores tasas migratorias, especialmente.
En el altiplano, punas y cabeceras de valles el 85 por ciento de los productores ejecutan las labores agrícolas familiarmente, mientras que alrededor del 15 por ciento recurre al sistema organizativo del “ayni”. En el sub trópico, chaco y valles centrales, la demanda por mano de obra es creciente y la actual disponibilidad de jornaleros es baja, el precio del jornal subió entre un 30 a 40 por ciento. En el Beni creció aun más la demanda por mano de obra debido a la necesidad de trasladar el ganado a las zonas altas y para otras labores de salvataje que se prolongó por más de cuatro meses consecutivos. En el oriente es donde se concentra la mayor cantidad de mano de obra emigrante de las zonas alto andinas.
En las zonas altas, aproximadamente el 75 por ciento de los productores agrícolas continúa ejecutando sus labores de siembra con la utilización de bueyes y yuntas, ellos también realizan las diferentes labores agrícolas a mano, mientras que un 25 por ciento tiene acceso y disponibilidad de emplear los sistemas mecanizados, generalmente alquilándolos.
Plagas y enfermedades
En general, la Misión encontró niveles muy bajos de incidencia de plagas y enfermedades. A partir de las influencias climáticas 2007/08 se pueden incluir algunos eventos nuevos de carácter estrictamente regional. En las áreas donde las lluvias se concentraron con mayor frecuencia, los cultivos mayormente afectados fueron la papa (tizones temprano y tardío, marchites bacteriana y pudrición del tubérculo, polilla y gorgojo de los andes), el maíz (gusano cogollero en la mazorca) y la yuca (pudrición bacteriana de la porción radicular). La cigatoka negra del banano se proyecta como una seria amenaza en las zonas más inundadas. En casos muy aislados, la Misión encontró incidencia de roya en el trigo.
Exclusivamente en la zona chaqueña de Villa Montes, en el departamento de Chuquisaca, persiste desde septiembre del 2007 hasta fines de marzo 2008, un severo ataque de loros y otro tipo de aves locales (tarajchi) que llegaron a afectar más del 40 por ciento de la producción de granos de maíz y trigo en la región. Otros cultivos como habas, arvejas y otras hortalizas sufrieron menores pérdidas de volumen cosechado, no mayores al 15 por ciento, principalmente debido al incremento de algunas plagas favorecidas por la humedad.
En la ganadería de las zonas altas se evidenciaron casos de alta incidencia endo y ecto parasitaria, principalmente bronquitis verminosa y Oestrus ovis o mosca de la nariz en ovinos, piojos y garrapatas en todo tipo de ganado incluyendo a los caprinos; mientras que en las zonas más bajas a partir de Chuquisaca Centro y Sur hasta los chacos y Tarija, la mayoría de las comunidades reportan el incremento de casos asociados con rabia paresiante y furiosa, principalmente en ganado bovino y caballar. Es de carácter endémico y excepcional la repentina aparición masiva de gusanos pilosos (rupha-rupha o quema-quema) en los pastizales de la zona chaqueña, lo cual esta provocando muertes mayores al 6 por ciento del ganado, cuando son ingeridos durante el pastoreo. A nivel de todo el país, la humedad constante ha favorecido de manera muy significativa la proliferación de las garrapatas, cuyo ataque deriva en anaplasmosis y piroplasmosis con subsecuentes cuadros anémicos en el ganado.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) sigue siendo la institución que emite la información oficial empleada por la FAO, sobre superficies cultivadas, producción y rendimientos. Para cereales y tubérculos, se trata de proyecciones basadas en los datos del último censo agropecuario del 1985, que además cubrió solamente una parte del país. Lamentablemente, desde 1992 la superficie plantada y los rendimientos no han sido verificados en campo a través de encuestas agropecuarias. Para los cultivos de uso industrial como soya, girasol y sorgo, el INE utiliza datos provistos por las asociaciones de productores. La Tabla 2 expresa cifras de superficies sembradas basadas en estimaciones de la Misión para este año comparadas con los datos del INE para el 2007 y para el periodo 2002-2006.
En base a las estimaciones del INE y a las observaciones de la Misión, la superficie plantada con cereales en 2007/08 ha sido estimada en un nivel minimamente superior al año anterior (+ 1,1 por ciento), mientras que los tubérculos abarcaron una menor superficie (-1,1 por ciento); no obstante, la superficie total destinada a ambos tipos de cultivo se mantiene ligeramente superior a un millón de hectáreas a nivel nacional. Las informaciones de las visitas de campo de la Misión reflejan que la reducción de la superficie destinada a la papa a nivel nacional se debió a la falta de humedad suficiente en el suelo durante la acostumbrada época de siembra, y por lo tanto esa superficie no fue sustituida con ningún otro cultivo y se mantiene en descanso para el próximo año agrícola; mientras que en el caso de la yuca, estos espacio de terreno sí fueron sustituidos por el cultivo de la caña, debido a que la visión empírica del agricultor atribuye mayor tolerancia de la caña azucarera a las persistentes inundaciones recibidas durante las últimas dos gestiones; no obstante, podría ser que esta sustitución sea solamente de carácter temporal o momentánea mientras duren los ciclos más lluviosos.
| 2008 (a) | 2007 (b) | (a)/(b) % | Promedio 2002-2006 (c) | (a)/(c) % | |
| Cereales | 896 | 886 | +1,1 | 797 | +11,0 |
| Arroz | 120 | 132 | -9,1 | 160 | -25,0 |
| Cebada en grano | 94 | 93 | +1,1 | 91 | +3,2 |
| Maíz en grano | 377 | 364 | +3,44 | 320 | +15,1 |
| Quínoa | 47 | 45 | +4,2 | 39 | +17 |
| Sorgo 1/ | 109 | 108 | +0,9 | 69 | +36,7 |
| Trigo 1/ | 148 | 143 | +3,3 | 118 | +20,2 |
| Tubérculos | 171 | 173 | -1,1 | 168 | +1,7 |
| Papa | 133 | 137 | -2,9 | 132 | +0.75 |
| Yuca | 37 | 36 | +2,7 | 36 | +2,7 |
Cabe destacar que en la zona alto andina la superficie del cultivo de la quinua se extendió aproximadamente en 4,2 por ciento con respecto a la pasada gestión, posiblemente debido al creciente incentivo del mercado internacional que demanda mayores cantidades de grano orgánico certificado. Estudios nacionales relacionados a la cadena agro-alimentaria de la quinua destacan que solamente los Estados Unidos estaría en condiciones de importar hasta un millón de toneladas métricas de quinua anuales, equivalente al 97,3 por ciento más del total producido actualmente en todo el país.
Inversamente, la superficie de arroz se ha reducido aproximadamente un 9 por ciento en relación a la superficie sembrada en el 2007/08. Al respecto, los productores reportaron a la Misión que la estrategia de sustitución del cultivo constituye una medida económica de seguridad para evitar mayores pérdidas, por que aseguran que las inundaciones se extienden cada año en una mayor superficie y además traen niveles más altos de agua que terminan cubriendo toda la planta, situación que puede ser mejor tolerada por la caña de azúcar. Con referencia a este aspecto, la Misión puede inferir que los mayores volúmenes de caña producida en próximas gestiones, fácilmente podrían exceder las actuales capacidades receptoras de los ingenios azucareros en el país.
La mayor parte del aumento de superficie en los últimos cinco años ha sido concentrada en los cultivos de sorgo (+36,7 por ciento), trigo (+20,2 por ciento), y maíz en grano (+15,1 por ciento), mientras que el arroz disminuyo considerablemente en un 25 por ciento. Preliminarmente se estima que los cultivos de soya y caña de azúcar incrementaron las superficies en 9,9 y 3,3 por ciento, respectivamente, confirmando una tendencia que empezó desde la mitad de los años Noventa.
Las producciones totales de cereales y tubérculos en 2007/08 se estiman en 1,68 millones de toneladas y 996.000 toneladas respectivamente, con reducciones de 1,7 y 5,3 por ciento respectivamente en comparación a lo estimado por el INE el año anterior. En particular, la producción de arroz ha bajado de 332.000 toneladas en 2007 a 290.000 toneladas, con una reducción del 12,7 por ciento, que refleja también una considerable pérdida de superficie cultivada en el Oriente, además de una reducción del rendimiento de 2,52 a 2,4 TM/ha, especialmente en los departamentos de Santa Cruz y Beni, y secundariamente en los valles mesotérmicos.
La producción de sorgo en Santa Cruz declinó en un 6,8 por ciento por efecto de la inundación de unas 13.000 hectáreas del cultivo de la temporada de verano, mientras que los cultivos de maíz y quinua reflejan ligeros incrementos productivos entre el 2 y 3,7 por ciento respectivamente; el trigo no fue afectado por que es un cultivo de invierno y en los volúmenes de cosecha registrados se incluye la producción obtenida a finales de 2007, antes de las lluvias. Además se puede imaginar que el aumento de superficie cultivada es debido al aumento de humedad en el suelo al tiempo de la siembra (mayo/junio 2007) a causa de El Niño 2007. A su vez, el mayor incremento de rendimiento por unidad de superficie, a nivel nacional, entre la pasada y la presente gestión, alcanza hasta el 8,4 por ciento, posiblemente debido también a su mayor dominio de cobertura en zonas de ligera pendiente con mayor capacidad de escurrimiento y drenaje.
| Producción ('000 toneladas) | Rendimientos (toneladas/ha) | |||||
| 2008 (a) | 2007 (b) | (a)/(b) % | 2008 (c) | 2007 (d) | (c)/(d) % | |
| Cereales | 1 683 | 1 713 | -1,75 | |||
| Arroz en cáscara | 289 | 332 | -12,9 | 2,40 | 2,52 | -4,8 |
| Cebada en grano | 71 | 73 | -2,8 | 0,75 | 0,78 | -3,8 |
| Maíz en grano | 793 | 776 | +2,1 | 2,10 | 2,13 | -1,4 |
| Quínoa | 27 | 26 | +3,7 | 0,58 | 0,58 | 0 |
| Sorgo 1/ | 326 | 350 | -6,8 | 2,99 | 3,24 | -7,7 |
| Trigo 1/ | 174 | 155 | +10,9 | 1,18 | 1,08 | +8,4 |
| Tubérculos | 996 | 1 052 | -5,3 | |||
| Papa | 642 | 673 | -4,6 | 4,79 | 4,92 | -2,6 |
| Yuca | 354 | 378 | -6,3 | 9,49 | 10,33 | -8,1 |
1/ Incluye la campaña de invierno anterior.
Fuente: Estimaciones de la Misión en base a datos del INE para el 2008; datos INE para el 2007.
Tanto la papa como la yuca fueron los cultivos más castigados por que registraron producciones con promedios nacionales descendentes entre 4 y 7 por ciento, lo cual se relaciona directamente con la disminución en su rendimiento por unidad de superficie. La Tabla 3 ilustra las diferencias comparativas de producción y rendimientos de cereales y tubérculos estimados por la misión para la gestión 2007/08, incluyendo la campaña de invierno anterior, y la información del INE para el 2007.
El incremento del régimen pluvial durante la gestión agrícola 2007/08, en comparación con 2006/07, cubrió más del 90 por ciento de la superficie territorial de las áreas de pastoreo en Bolivia, ocasionando algunas modificaciones en el comportamiento productivo del sector ganadero a nivel nacional. La mayor precipitación pluvial registrada en las zonas altas de altiplano, punas y cabeceras de valles interandinos fue directamente proporcional a la creciente disponibilidad de biomasa forrajera para el ganado por un periodo no mayor a dos meses (enero y febrero); sin embargo, la ocurrencia de heladas tempranas y granizadas a fines de febrero ocasionaron el necrosamiento foliar de la mayoría de las especies forrajeras, tanto nativas como cultivadas, inclinado ligeramente la balanza hacia una pérdida de volúmenes de forraje disponible en relación a la pasada gestión, sobre todo en las áreas planas, extensas y descubiertas.
Basados en estimaciones en campo y entrevistas con ganaderos, la Misión prevé una mayor carga animal sobre los pastos disponibles, pudiendo producirse un déficit forrajero a partir del mes de septiembre, lo cual acrecentaría las prácticas de trashumancia pastoril hacia zonas montañosas de mayor elevación o el incremento de las tasas de extracción hacia los mercados de carne. En el caso del ganado bovino, principalmente de aptitud lechera criados en semi-estabulación, la falta de pasto obligará a que los productores compren forraje henificado de regiones como Challapata y Huari en Oruro, ocasionando la elevación de costos de producción de leche y generando mayor demanda de la ya existente de ese recurso local. Temporalmente, debido a la considerable mejoría de las praderas que pudieron retener una mayor humedad por el efecto de “el niño” de la gestión pasada, sumadas a los efectos del incremento hídrico atribuido a los eventos climáticos de “la niña” de la última gestión agrícola, se registraron notables incrementos en la cantidad de leche producida en la cuenca central del altiplano y en la mayoría de los ecosistemas de las cabeceras de valles del país.
En altitudes mayores a los 2,600 metros, tanto en puna como en altiplano, los camélidos domésticos y las vicuñas silvestres se encuentran en buen estado, resaltando el hecho que en las llamas se han registrado mayores tasas de parición y sobre vivencia de crías después del destete (83 y 90 por ciento respectivamente hasta marzo del 2008, frente a 73 y 81 por ciento respectivamente en el 2007). Los ovinos y los bovinos también se hallan en buenas condiciones pero ambas especies se mantienen en número relativamente inalterable. La sequía desde agosto hasta diciembre obligo a los animales a recorrer distancias mayores a las habituales para obtener agua, perdiendo energía y peso. En los valles mesotérmicos donde se concentra más el ganado caprino, se advierte claramente que el incremento pluvial en esta gestión ha tenido un impacto favorable sobre un rebrote abundante de las especies arbustivas y arbóreas bajas, especialmente xerofíticas que constituyen la principal oferta ramoneable para las cabras, motivo por el cual esta especie se encuentra en buenas condiciones fisiológicas de desarrollo y reproducción.
Los ganaderos de los valles cruceños (Comarapa y alrededores) y en parte del Chaco Tarijeño reportan que las lluvias incrementadas han favorecido a la ganadería, habiendo obtenido una mayor oferta forrajera y también mayor recurso hídrico acumulado en sus atajados localizados en las zonas altas, eso les permitirá agua de reserva para la próxima época seca pronosticada para inicios de agosto 2008.
Las pérdidas de maíz y sorgo, con respecto a la anterior gestión, podría propiciar el aumento de los costos de producción, especialmente del ganado lechero. La producción de carne en 2007 superó ligeramente las 66 000 toneladas métricas en un total de aproximadamente 356 000 cabezas faenadas, estas cifras develaron un regular performance productivo del ganado ya que representan un peso vivo máximo de 370 kilogramos al momento del sacrificio; después del periodo de inundaciones en la época lluviosa 2007/08, difícilmente el ganado adulto llega a un peso vivo superior a los 290 kilogramos. En Santa Cruz, el fenómeno de La Niña generó considerables perdidas en la producción de leche, la producción diaria de leche en los hatos lecheros declinó constantemente desde el mes e enero, siendo muy significativas las pérdidas de litros producidos durante el mes de febrero (de 143.000 litros producidos en enero a 130 000 litros producidos en febrero 2008, o sea el 14.5 por ciento menos en sólo un lapso mensual). En el Beni la producción lechera registro disminuciones de un 40 por ciento que equivalen a alrededor de 270.000 litros menos desde enero hasta mediados de abril 2008.
En las tierras bajas de Santa Cruz y el Beni la ganadería bovina permanece como la más representativa; por segundo año consecutivo el ganado sufrió los efectos de los desbordes de los ríos e inundaciones que causaron debilitamiento y pérdida de condiciones al igual que en los equinos, visitas a las regiones más afectadas del departamento evidenciaron que a fines de marzo, el estado general del ganado sigue malo, esta situación es diferente en las zonas Benianas de Santa Ana de Yacuma y otras zonas poco más altas donde el ganado se encuentra en mejores condiciones, por que allí existen más áreas libres de inundación aptas para el pastoreo, pese a que el pasto es un poco más lignificado que en las zonas más bajas.
Los llanos Benianos nuevamente recibieron el mayor impacto negativo durante esta última gestión, el ahogamiento, las septicemias generalizadas inducidas por la desnutrición, la neumonía como causa de la hipotermia cuando ocurren frentes fríos provenientes del sur, los eventuales ataques de predadores (reptiles en el agua), intoxicaciones y las enfermedades infecto contagiosas provocaron, desde principios de enero hasta mediados de abril 2008, la muerte de algo mas de 35 000 bovinos (5,8 por ciento de la población local) y cerca de 3 200 equinos (de un total aproximado de 62 000). Según estimaciones de la CEPAL, en el caso de los bovinos, esta cifra representa tan solo el 25,6 por ciento del total de animales muertos durante la gestión pasada; se cree que la reducción de mortalidad por efecto de las inundaciones es debida al oportuno aviso del sistema de alerta temprana implementado por el ministerio de Agricultura.
El efecto acumulativo del daño recibido por las praderas del Beni desde el año pasado no ha permitido una completa recuperación de alrededor de ocho millones de hectáreas de pasturas afectadas que reportaba la Federación de Ganaderos local, y por el contrario, la extensión afectada se incremento en un 20 por ciento más que el año pasado, llegando a inundarse en 2007/08 cerca de 10,64 millones de hectáreas de un total departamental estimado en 11,40 hectáreas de superficie total destinada al pastoreo. Los pequeños ganaderos (64 por ciento del total, con tenencia inferior a 10 animales por familia) fueron los más afectados debido a la falta de recursos para salvar los animales, ya sean estos, facilidad de acceso a zonas altas o presupuesto para trasladar temporalmente los animales a lugares más secos, recursos que si estuvieron al alcance de los medianos y grandes ganaderos (de 500 a más de 2,500 cabezas). En estas extensas áreas se prevé que la escasez de forrajes afectará su disponibilidad hasta finales del 2008 debido a que más del 80 por ciento de los pastizales siguen inundados hasta mediados de abril. Se estima que las aguas hayan bajado recién a fines de julio o agosto y los efectos de recuperación de las especies puedan iniciarse en noviembre.
El efecto de las inundaciones no permitirá la pronta recuperación productiva de la ganadería y condicionará niveles de explotación inferiores a nivel nacional durante los siguientes años, pues las proclives ocasiones de abortos, muertes de terneros, stress y malas condiciones reproductivas del ganado reducirán el crecimiento del hato departamental. Considerando que el nuevo ciclo reproductivo (ciclo estral) pueda reiniciarse alrededor de septiembre 2008, dependiendo de la mejor oferta de la pradera y el clima, se va a producir una brecha de disponibilidad de animales listos para consumo de casi 30 meses, lo cual predice que solo en el caso de no presentarse situaciones adversas similares en los próximos años, podrán existir poblaciones ganaderas listas para el faeneo y consumo recién en el primer trimestre del 2011.
A nivel sanitario, los principales factores negativos que afectan actualmente la ganadería nacional son: en las zonas altas las ecto y endo parasitosis en todas las especies domésticas, además de la sarna sarcoptica en los camélidos silvestres (vicuñas), la bronquitis verminosa y la mosca de la nariz en los ovinos: en las áreas circundantes al lago Titicaca se incremento la incidencia de la fasciola hepática principalmente en bovinos y ovinos, siendo mucho menor el ataque a los camélidos. Constituye una característica territorial a nivel nacional que las enfermedades nutricionales carenciales, principalmente referidas a minerales y vitaminas se agudiza considerablemente desde los meses correspondientes a las épocas de sequía (junio a noviembre).
En las zonas vallunas intermedias, desde cabeceras de valle hasta los chacos del sur del país, el principal ataque parasitario al ganado es causado por las garrapatas que mediante la piroplasmosis y la anaplasmosis provocan cuadros de debilidad y anemia aguda en el ganado. En estas mismas zonas, principalmente en el sur de Chuquisaca y Tarija, la Misión pudo advertir rebrotes considerables del mal de rabia, tanto paresiante como rabiosa. En las llanuras y zonas bajas del trópico, en esta gestión resaltan gran variedad de afecciones provocadas por las severas inundaciones, siendo principalmente enfermedades neumónicas por hipotermia, parasitarias, carenciales y mordeduras mortales de reptiles, principalmente en las áreas más inundadas del Beni.
Otros cultivos
Los recientes eventos climáticos adversos también tuvieron efectos en otros cultivos que son importantes en las dietas locales. En la zona alto Andina de La Paz, Cochabamba, Potosí y Chuquisaca las habas fueron sembradas en una superficie inferior del 10 por ciento que en la gestión pasada, cuando se utilizaron 33 066 hectáreas, debido principalmente a la falta de humedad al momento de la siembra. Pese a su gran tolerancia a las heladas, durante el 2007/08 este cultivo sufrió severos ataques de granizo que mermo su rendimiento en aproximadamente un 5 por ciento a nivel nacional (3038 TM menos), con respecto al año anterior. En los llanos tropicales de Santa Cruz, Beni, Cochabamba y La Paz los cultivos más afectados este año fueron los plátanos y los bananos que por efecto de las inundaciones actualmente se encuentran en alto riesgo de disminución productiva por ataques fungosos. Las superficies afectadas y dañadas de estos cultivos son estimadas en 2 860 y 1.276 hectáreas, respectivamente a nivel nacional, lo cual disminuye la producción con relación al año pasado en un aproximado del 6 por ciento.
La soya sigue manteniendo su nivel de importancia económica por ser el principal rubro de exportación agrícola, los daños ocasionados por las inundaciones son considerables. La superficie sembrada en la temporada 2007/08 según estimaciones de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO, 2008) son aproximadamente 770 000 hectáreas, de las cuales 270 000 hectáreas corresponden a la siembra de invierno (siembra en mayo/junio de 2007 y cosecha en septiembre/octubre de 2007) y 500 000 hectáreas corresponden a la siembra de verano (siembra en octubre/noviembre de 2007 y cosecha en abril/mayo de 2008). Alrededor de unas 61 000 hectáreas de la siembra de verano se han perdido completamente por las fuertes lluvias e inundaciones que ocurrieron cuando el cultivo estaba con granos maduros adecuados para ser cosechados. Según la percepción de la Misión, la caña azucarera esta desplazando paulatinamente al cultivo del arroz, principalmente en Tarija, Chuquisaca y el Beni. En Santa Cruz, los agricultores manifiestan que esta sustitución puede ser temporal; sin embargo, la CAO reporta que las diferencias de superficies utilizadas entre las gestiones agrícolas 2006/07 y 2007/08, para caña de azúcar son de 30 000 hectáreas incrementadas y para el cultivo de arroz son 20 000 hectáreas reducidas.
Entre los cultivos forrajeros principales esta la alfalfa que debido a los efectos negativos acumulados por la sequía de Agosto/Octubre del 2007, la insuficiente precipitación pluvial en Nov/Dic, las heladas tempranas y las granizadas de febrero ocurridas en el altiplano del departamento de Oruro, causaron una disminución de biomasa promedio a nivel nacional, aproximada al 17.5 por ciento que probablemente incidirá en el alza del precio de la leche durante los próximos meses. En Cliza y Mizque (Cochabamba), este cultivo sufrió casi la pérdida total por inundaciones y riadas.
En general, la oferta de productos agrícolas tradicionales que abastece los mercados internos se caracteriza por los pequeños volúmenes comercializados por cada productor y por el gran número de intermediarios (acopiadores, transportistas, mayoristas y detallistas) que, dependiendo del tipo de producto y de la distancia entre zona de producción y mercados, participan en la cadena. Las ventas se realizan en las ferias locales o directamente en los mercados, donde el precio se define por regateo. La comercialización de productos que son objeto de trasformación industrial, como soya, azúcar, trigo para molienda y maíz para la preparación de alimentos balanceados, sigue canales relativamente bien organizados e integrados. Además, las asociaciones de productores juegan un rol importante en la negociación con la industria de transformación de asuntos como la determinación de los precios, las superficies cultivadas y las cuotas de producción.
Con Decreto Supremo del 15 de agosto de 2007, bajo la tuición del MDRAyMA, se ha establecido la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMAPA). Objetivo de la EMAPA es reducir el número de intermediarios y estabilizar los precios en los mercados locales a través de la compra directa de productos agropecuarios básicos, su acopio, transformación y comercialización. Además la EMAPA provee crédito para insumos y asistencia técnica a pequeños y medianos productores. Los productos de intervención en la campaña de verano 2007/08 han sido el trigo y el arroz, con el objetivo de apoyar la producción de 56 000 y 11 000 toneladas respectivamente.
Los principales mercados nacionales de productos agrícolas tradicionales para el consumo directo de las familias están concentrados en las capitales de los departamentos, donde vive aproximadamente el 60 por ciento de la población boliviana. Esos mercados se benefician de su cercanía a la red vial principal que pasa de norte a sur por las ciudades de La Paz, Oruro, Potosí y Tarija y permite el enlace internacional con Perú y Argentina y de oeste a este, a través de los Valles mesotérmicos, uniendo los departamentos de Cochabamba, Santa Cruz y Sucre. Al contrario, una red de carreteras secundarias y caminos vecinales muy poco desarrollada y con un bajo nivel de mantenimiento limita fuertemente el acceso a los mercados a los productores que viven en las áreas más remotas, con un aumento de los costos de transacción y consiguiente reducción de la rentabilidad de sus productos. Al mismo tiempo, la existencia de una importante red fluvial (con aproximadamente 14 000 kilómetros) representa en algunos casos una alternativa viable, especialmente entre los departamentos de Cochabamba y del Beni, para movilizar los productos agrícolas, lo que ha determinado el progresivo asentamiento de muchas comunidades en las riberas de los ríos, con el consecuente aumento de riesgo para los poblados y los cultivos en caso de inundaciones. En el caso de la carne bovina, aunque la utilización de los caminos es cada vez mayor, la importante producción de los departamentos del Beni y Santa Cruz es transportada al occidente generalmente por vía aérea.
Además de una muy baja densidad de carreteras (con sólo 55 kilómetros cada mil kilómetros cuadrados y que menos del 10 por ciento de las carreteras están pavimentadas) la falta de rutas alternativas hace que el sistema vial boliviano sea muy vulnerable en las épocas de lluvia y en caso de bloqueos de carreteras por convulsiones sociales, aumentando el coste del transporte y determinando a menudo pérdidas en el producto transportado, especialmente si es perecedero.
Más allá de los vínculos infraestructurales, el acceso a los mercados es también determinado por la disponibilidad de informaciones confiables y oportunas. Desde mayo 2002 opera en Bolivia el Servicio Informativo de Mercados Agropecuarios (SIMA), establecido por la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario de los Valles. El SIMA recopila, procesa y difunde información diaria de los precios mayoristas de productos agropecuarios en los principales mercados del país (La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Sucre y Tarija) así como los de Salta en Argentina y de Arequipa en Perú. Desde enero 2008, el MDRAyMA ha establecido el Sistema de Seguimiento y de Información a la Producción el Abastecimiento y Mercados (SISPAM) con el objetivo de monitorear directamente los mercados de los principales productos agropecuarios.
En general, cada año, los precios de cereales y tubérculos alcanzan su nivel más alto en enero-febrero y van bajando gradualmente a medida que la producción de la nueva cosecha llega a los mercados, aumentando la oferta disponible. Los niveles más bajos se registran entre abril y junio, cuando la mayoría de los productores ha vendido parte de la cosecha al fin de obtener dinero para hacer frente a gastos de diferente naturaleza.
En los gráficos 1 y 2 se muestra la tendencia de los precios semanales nominales mayoristas para dos importantes productos alimenticios, el arroz (variedad Grano de Oro) y la papa (variedad Huaycha o harinosa), en los principales mercados nacionales durante las últimas tres campañas comerciales.

Se nota que, desde mayo-junio de 2007, el precio del arroz ha crecido en manera prácticamente continua, alcanzando en marzo 2008 un nivel sin precedentes de 370 bolivianos por quintal (100 libras) en áreas tradicionalmente deficitarias, como los mercados de La Paz y Cochabamba, un 85 por ciento más del precio de alrededor de 200 bolivianos por quintal del año anterior. En el departamento de Santa Cruz, área productora de arroz, aun los precios se hayan mantenido en niveles superiores a los años anteriores, no han superado los 340 bolivianos por quintal y, desde mediado de febrero de 2008, registran una tendencia a la baja debido al inicio de la comercialización de la producción de la cosecha de verano 2007/08.
Los precios de varias hortalizas han también subido de manera considerable en los últimos meses. Cabe destacar el caso del tomate que, en la mitad de marzo de 2008, ha alcanzado niveles record entre 6 y 7 bolivianos por kilo, en comparación a los 1,5-2,5 bolivianos por kilo de 12 meses antes.

En el gráfico 3 se compara los precios de la harina de trigo y del pollo con menudo en principales mercados y se puede apreciar como ellos sean bastante integrados, siendo las tendencias muy similares. Desde el inicio del 2008 los precios de la harina de trigo han subido en manera generalizada en el país a causa del aumento del precio internacional del trigo y de los costos de producción. En el caso del precio del pollo, las diferencias son debidas principalmente a los costos de transporte entre las áreas de producción (los departamentos de Santa Cruz y Cochabamba) y las áreas deficitarias (los departamentos de Tarija y Chuquisaca). Además, entre la última semana de febrero y la mitad de marzo del año en curso, el precio mayorista ha bajado de un 20-30 por ciento en coincidencia de la entrada en vigor del Decreto Supremo que ha prohibido las importaciones con el fin de aumentar la oferta local y contrarrestar la subida del precio.

El aumento de los precios de los alimentos básicos se justifica con una serie de factores. Del lado de la oferta, las pérdidas de producción ocasionadas por el fenómeno de El Niño en el 2007 han reducido la disponibilidad de productos como arroz, soya y carne de res. La reducción de la oferta agropecuaria causada por el recién fenómeno de La Niña podría conseguir el mismo efecto. Del lado de la demanda, el consumo privado mantuvo un buen ritmo de expansión como resultado de la disponibilidad de liquidez debida a las crecientes remesas desde el exterior, el incremento del salario mínimo nacional y los satisfactorios resultados del mercado laboral en términos de empleo. Al mismo tiempo, los altos precios internacionales de importantes materias primas agrícolas (como el trigo para la producción de pan y el maíz para la producción de pollos), fertilizantes y petróleo han determinado un aumento considerable de los costos de producción de los productos de consumo final. La presencia y la importancia relativa de fenómenos de especulación llevados a cabo por intermediarios (acopiadores y transportistas) necesitarían un análisis más detallado.
El 27 de febrero de 2008, dos semanas después de haber declarado situación de desastre nacional a causa de los eventos climáticos adversos por el fenómeno de La Niña, el Gobierno ha emanado un decreto donde se difiere a cero por ciento el gravamen arancelario a la importación de los principales productos alimenticios como carne de res, carne de pollo, trigo, harina de trigo, maíz, arroz, aceites y grasas vegetales y se prohíbe su exportación. Como respuesta a la reducción del precio nacional, las exportaciones de carne de pollo han sido autorizadas a finales de marzo, mientras que las de aceite han sido autorizadas desde el 18 de abril, previa verificación de abastecimiento en el mercado interno a “precio justo”. Ese precio debe estar en una banda de precios mínimo y máximo, definida por el SISPAM en base a parámetros de calidad del producto final y periódicamente actualizada.
Cada año, un intenso comercio no registrado de productos agrícolas se desarrolla entre Bolivia y todos los países fronterizos. Aunque no sea fácil estimar con exactitud los volúmenes comercializados, hay evidencia de flujos de importaciones informales de harina de trigo, arroz, maíz y papas desde Argentina, de papas y camélidos desde Perú y de arroz desde Brasil. Al mismo tiempo, existen flujos de exportaciones ilegales de camélidos, cueros y pieles hacia Perú y Chile y de quínoa hacia Perú.

El Grafico 4 muestra los diferenciales de precio al por mayor (en dólares de EE.UU por kilo) de algunos productos alimenticios estratégicos, como arroz, trigo y papa, entre Bolivia (precio pro medio nacional), Argentina (ciudad de Salta) y Perú (ciudad de Arequipa). Las diferencias, que se explican también por la menor apreciación nominal del boliviano frente al dólar de EE.UU en comparación a la apreciación del Nuevo Sol peruano, podrían justificar unos importantes flujos de importación hacia Bolivia. De todas maneras, estudios específicos y el establecimiento de un sistema de monitoreo serían muy necesarios para conocer en detalle direcciones y cantidades de esos flujos comerciales y para estimar sus efectos en los mercados nacionales.
El balance nacional de cereales y tubérculos para el año comercial 2008/09 (julio/junio) es resumido en la Tabla 4 y está basado en estimaciones de producción para los cultivos del 2008 realizadas por la Misión y en la más recién información sobre comercio.
La producción total de cereales y tubérculos es estimada en 1,68 millones y 996 500 toneladas respectivamente. Esas estimaciones incluyen la cosecha de la producción de trigo y sorgo la temporada del invierno 2007.
El consumo humano es estimado en aproximadamente 1,2 millones de toneladas de cereales y 780 000 toneladas de tubérculos, utilizando una estimación de la población a finales de 2008 levemente superior a 10 millones de personas y un consumo medio per capita de 121 kg de cereales y 75 kg de tubérculos por año. El consumo anual per capita incluye 58 kg de trigo y harina de trigo, 30 kg de arroz, 28 kg de maíz en granos, 3,5 kg de cebada en granos, 1,2 kg de quínoa, 55 kg de papas y 23 kg de yuca. Con esos consumos per capita, los cereales y los tubérculos representan aproximadamente el 50 por ciento de las necesidades energéticas, con unas 1 100 - 1 200 calorías por persona al día, mientras que las restantes calorías son proporcionadas por otros productos como los alimentos de origen animal, el azúcar, los aceites, las frutas (especialmente plátanos) y las hortalizas.
Las necesidades para semillas se estiman en 65 000 toneladas de cereales y 198 000 toneladas de tubérculos y el cálculo se basa en valores promedios de las densidades de siembra recomendados en el país y en un área sembrada levemente superior a un millón de hectáreas en 2007/08. Específicamente, se han utilizado las siguientes densidades de siembra: 85 kg/ha para trigo, 45 kg/ha para cebada en grano, 40 kg/ha para maíz, 140 kg/ha para arroz, 60 kg/ha para sorgo, 10 kg/ha para quinoa, 1 200 kg/ha para papas y 1 000 kg/ha para yuca.
El uso para alimentación animal es estimado en 575 000 toneladas de cereales, principalmente maíz y sorgo, en gran parte para la industria avícola y, en menor medida, para el ganado porcino y vacuno en sistemas de producción intensivos.
Las pérdidas poscosecha y los otros usos están estimados en aproximadamente 378 000 toneladas de cereales y 260 000 toneladas de tubérculos. Las tasas de pérdidas poscosecha van desde el 30 por ciento para la quínoa hasta el 25 por ciento para maíz, sorgo y los tubérculos y el 16 por ciento para arroz y trigo. En promedio, las pérdidas poscosecha han representado aproximadamente el 22 por ciento de la producción total de cereales y el 25 por ciento de la producción de tubérculos. Los “Otros usos” incluyen la cantidad de arroz y cebada utilizadas en la producción industrial de cerveza.
Dada las dificultades en conseguir información confiable sobre las existencias de cereales y tubérculos, la Misión decidió hacer la hipótesis que su variación entre el inicio y el fin de la temporada analizada sea nula.
El país es estructuralmente deficitario en trigo e importa tres cuartos de sus necesidades de consumo. Similarmente al año anterior, se estima que las importaciones de trigo y harina de trigo en el año comercial 2008/09 se situarán en un nivel de 450 000 toneladas. En el caso del maíz se prevé importar unas 20 000 toneladas, un nivel similar al del año comercial anterior. Por el contrario, se prevé que las necesidades de importación de arroz puedan alcanzar el nivel de 76 000 toneladas y las de papa se sitúen en 230 000 toneladas. Parte de las necesidades de importaciones de arroz y papa serán cubiertas a través de comercio informal desde los países vecinos, especialmente desde Argentina y Perú. En total, el déficit de cereales y tubérculos en el 2008/09 se estima en 600 000 toneladas en equivalente en cereales, ligeramente superior al del año anterior.
| Arroz | Cebada | Maiz | Quinua | Sorgo | Trigo | Total cereales | Papa | Yuca | Total tuberculos | |
| Disponibilidad | 289.8 | 71.1 | 793.9 | 27.2 | 326.6 | 174.7 | 642.1 | 354.4 | ||
| Producción | 289.8 | 71.1 | 793.9 | 27.2 | 326.6 | 174.7 | 1683.3 | 642.1 | 354.4 | 996.5 |
| Utilización | 364.1 | 71.4 | 814.3 | 27.7 | 326.2 | 622.1 | 872.8 | 354.5 | ||
| Consumo | 300.8 | 35.1 | 280.8 | 12.0 | 581.6 | 1210.3 | 551.5 | 228.6 | 780.2 | |
| Para semillas | 16.9 | 4.2 | 15.1 | 0.5 | 6.5 | 12.6 | 55.9 | 160.8 | 37.3 | 198.1 |
| Uso animal | 25.0 | 312.0 | 238.0 | 575.0 | ||||||
| Perdidas y otros usos | 46.4 | 7.1 | 206.4 | 8.2 | 81.7 | 28.0 | 377.7 | 160.5 | 88.6 | 249.1 |
| Exportaciones | 7.0 | < |