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La adaptación a los efectos del cambio climático en los bosques nacionales de los Estados Unidos de América

G.M. Blate, L.A. Joyce, J.S. Littell, S.G. McNulty, C.I. Millar, S.C. Moser, R.P. Neilson, K. O’Halloran y D.L. Peterson

Geoffrey M. Blate was American Association for the Advancement of Science (AAAS) Fellow at the United States Environmental Protection Agency (USEPA) when he carried out the work reported in this article and is currently with the World Wide Fund for Nature (WWF) Greater Mekong Program, Chulalongkorn University, Bankgok, Thailand.
L.A. Joyce, S.G. McNulty, C.I. Millar, R.P. Neilson, K. O’Halloran
and D.L. Peterson are with the United States Forest Service in Fort Collins, Colorado; Raleigh, North Carolina; Albany, California; Corvallis, Oregon; Olympia, Washington; and Seattle, Washington, respectively.
J.S. Littell
is with the Climate Impacts Group of the Center for Science in the Earth System (CSES), Joint Institute for the Study of the Atmosphere and Ocean (JISAO), University of Washington, Seattle, Washington, United States.
Susanne C. Moser
has a research and consulting company in Santa Cruz, California, and is a Research Associate at University of California, Santa Cruz, United States.

Una reseña de las opciones de adaptación al cambio climático en los Estados Unidos de América ofrece un conjunto de informaciones prácticas destinadas a los gestores de recursos, y facilita a éstos la adaptación de sus objetivos y prácticas de ordenación forestal a los impactos esperados del cambio climático.

El cambio climático está afectando ya a los bosques y a otros ecosistemas; además, nuevos impactos, potencialmente todavía más graves, son aún de esperar (IPCC, 2007; CCSP, 2008a, 2008b). En consecuencia, los gestores forestales están buscando orientaciones prácticas para adaptar sus proyectos actuales y, en caso necesario, también sus objetivos. Las actuaciones para la adaptación de los sistemas forestales –que, en el contexto de este estudio, son ajustes en materia de gestión (que es preciso diferenciar de la adaptación «natural»)– facilitarían, en condiciones ideales, la reducción de los impactos negativos del cambio climático y permitirían a los gestores sacar provecho de todo impacto positivo.

Este artículo resume los puntos principales de un estudio de opciones de adaptación al cambio climático para los bosques nacionales en los Estados Unidos de América (Joyce et al., 2008) producido bajo los auspicios del Programa de ciencia del cambio climático de los Estados Unidos (CCSP, por su sigla en inglés) (véase el recuadro). El propósito del estudio era ofrecer información práctica sobre opciones potenciales de adaptación destinadas a los gestores de recursos; con este fin se formularon las siguientes preguntas:

IMPACTOS ESPERADOS DEL CAMBO CLIMÁTICO EN LOS OBJETIVOS DE ORDENACIÓN FORESTAL EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

Los servicios del ecosistema proporcionados por los bosques nacionales se verán directamente afectados por el cambio climático, que agravará las repercusiones actuales de los factores de estrés de origen natural o humano. Dentro del ámbito de los bosques nacionales, el cambio climático amplificará los factores de estrés más críticos: incendios de bosque, especies invasivas nativas y no nativas, acontecimientos climatológicos extremos. En los estados del oeste, en particular, la gestión hídrica se hará más complicada debido a la reducción de la cubierta de nieve, el deshielo precoz y una situación hidrológica alterada que se asocia con temperaturas más altas y unas pautas de precipitación cambiantes, y repercutirá en otros servicios del ecosistema brindados por los bosques nacionales (por ejemplo, las oportunidades de esparcimiento durante el invierno). La sequía será más difícil de manejar en todo el país. Aunque la productividad de los bosques –estimulada por unas concentraciones atmosféricas mayores de dióxido de carbono y temperaturas más elevadas– pueda a breve término aumentar en los lugares donde el agua y el nitrógeno no constituyen factores restrictivos, el ozono y otras sustancias contaminantes de origen industrial, en combinación con los múltiples factores climáticos estresantes, harán disminuir muy probablemente la tasa de crecimiento de los árboles y dañarán gravemente las cuencas hidrográficas.

Para lograr los objetivos relativos al mantenimiento de la salud, diversidad y productividad del ecosistema, y satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras, el Servicio Forestal de los Estados Unidos ha fijado siete objetivos estratégicos para el período 2007-2012. A causa de los impactos del cambio climático, el logro de estos objetivos tropezará con dificultades más agudas (véase el cuadro); y como, además, todos ellos están de alguna manera relacionados con la condición actual o ideal del ecosistema, será tarea ardua o quizá imposible mantener dicha condición bajo el futuro régimen del clima. El grado de sensibilidad de cada uno de los objetivos a los efectos del cambio climático dependerá de diversos factores, por ejemplo las características temporales y espaciales del cambio, sus impactos específicos en determinados ecosistemas forestales nacionales, las repercusiones de las actividades del hombre en estos ecosistemas y la posibilidad de que los enfoques de ordenación forestal actuales descansan en unas suposiciones más o menos superadas acerca del clima.


Mortalidad del bosque subalpino en la Sierra Nevada de California: una de las «sorpresas» que depara el cambio climático y que es ahora necesario anticipar (pino blanco americano, Pinus albicaulis)
C. Millar

OPCIONES DE ADAPTACIÓN

Para hacer frente a los impactos climáticos que afectarán a los bosques nacionales se pueden adoptar tanto enfoques de reacción como enfoques orientados a la acción. Un enfoque de reacción se podría justificar si la incertidumbre o los costos se consideran muy altos en relación con los impactos o riesgos esperados; o si se obtuvieran ahorros y beneficios significativos cuando se interviene solo después de que ocurra algún fenómeno perturbador (por ejemplo, replantando una zona con especies de árboles más resistentes al fuego o a la sequía tras un incendio o una plaga de insectos causada por sequía).

Los enfoques orientados a la acción –es decir, la incorporación inmediata de opciones de adaptación en los procesos de ordenación y planificación, antes de que los acontecimientos climáticos lleguen a ocasionar alteraciones importantes en el ecosistema– podrían, sin embargo, resultar en muchos casos menos costosos y más rentables cuando se trata de conseguir los objetivos de ordenación forestal presentes. Los elementos esenciales de un enfoque orientado a la acción para la adaptación al cambio climático comprenden:

Debido sobre todo a que en los Estados Unidos de América y en sus cercanías las pautas de propiedad de los bosques son poco uniformes (véase la figura), el paisaje está muy fragmentado y el 25 por ciento de todas las tierras forestales nacionales han sido asignadas legalmente para otros usos de la tierra con un objetivo limitado de manejo de la vida silvestre o el manejo del patrimonio silvestre y paisajístico-fluvial, este tipo de enfoque precisa de aportaciones numerosas y de una coordinación reforzada entre instituciones y partes interesadas. Conforme el clima continúe registrando cambios y los sistemas ecológicos respondan a tales cambios, será menester evaluar constantemente los nuevos enfoques orientados a la acción; los cambios continuos podrían también hacer indispensable que los objetivos de ordenación forestal se modificasen.

Es oportuno disponer de una cartera de estrategias de ordenación forestal para utilizar el instrumento más apropiado en un determinado contexto de ordenación. No es de esperar que un enfoque de adaptación único pueda funcionar en todos los diversos ecosistemas que encierran los bosques nacionales. La cartera deberá contener opciones de adaptación tanto a corto como a largo plazo, muchas de las cuales consistirán en modificaciones de prácticas de ordenación e instrumentos que el Servicio Forestal ya está utilizando.

La irregularidad de las pautas de propiedad de la tierra (semejantes a un tablero de ajedrez), hace necesario intensificar la coordinación entre las partes interesadas a la hora de adoptar enfoques orientados a la acción respecto a la adaptación al cambio climático; por ejemplo, para asegurar la continuidad del paisaje y facilitar la migración de las especies
Servicio Forestal de los Estados Unidos

Una capa de nieve reducida, asociada con el aumento de la temperatura y unas pautas de precipitación cambiantes, complicará la gestión hídrica; en la cuenca de captación del Tuolumne superior en California –fuente de las aguas municipales de San Francisco–, se observan, ya a principios de junio de 2007 (un año extremadamente seco), unas condiciones climáticas típicas de finales de julio o principios de agosto
C. Millar

Adaptación a corto plazo: creación de capacidad de resistencia y resiliencia ante el cambio climático

Mediante la adaptación a corto plazo se persigue crear capacidad de resistencia y resiliencia con el objeto de que los recursos naturales puedan soportar más fácilmente los efectos del cambio climático. La intensificación de la resistencia puede ser la única o la mejor opción en el caso de recursos valiosos tales como las plantaciones forestales que han alcanzado casi el término de su período de rotación, o recursos raros tales como los hábitats de especies sensibles (es decir aquellas con un índice de vulnerabilidad de población preocupante) que viven en zonas aún no sujetas a planes de ordenación (Millar, Stephenson y Stephens, 2007). La intensificación de la resistencia de las especies valiosas consiste en limitar su exposición a impactos derivados del cambio climático como la sequía, el fuego y los insectos. Por ejemplo, para minimizar el riesgo de fuegos de copas anómalos, la susceptibilidad a la sequía y los brotes de insectos se suele practicar el raleo a escala de todo el paisaje y los tratamientos de reducción de materias combustibles. Será importante instalar cortafuegos en lugares estratégicos y adoptar otras medidas locales análogas destinadas a interrumpir la continuidad de la masa de desechos forestales en el suelo. La adopción de estas precauciones es especialmente importante en las cercanías de zonas residenciales, cuencas municipales y hábitats críticos para la supervivencia y recuperación de las especies amenazadas o en peligro.

Un sistema dotado de resiliencia es capaz no solo ajustarse a los cambios graduales sino también de volver a su estado anterior tras un fenómeno perturbador (Holling, 1973, 2001). Además de las acciones de adaptación creadoras de resistencia, las acciones de refuerzo de la resiliencia buscan manejar los procesos de regeneración. Con éstas se persigue incrementar el tamaño de las poblaciones, aumentar el número (o la diversidad) de los sitios dedicados al manejo de poblaciones, especies y hábitats y restaurar las condiciones y procesos esenciales de un ecosistema tras un fenómeno perturbador.

La opción más importante y efectiva de creación de resiliencia en el seno del ecosistema es quizá reducir las fuentes de estrés a las que éste se ve sometido en el momento presente (por ejemplo, la contaminación, las especies no nativas invasivas, la fragmentación del hábitat y las repercusiones debidas a actividades extractivas actuales y pasadas). La intensificación de estas acciones y una mejor coordinación entre órganos de ordenación territorial y propietarios privados de tierras, con el objeto de reducir los focos de estrés, resultaría ya hoy beneficiosa para los ecosistemas y podría, en el futuro, reducir los impactos debidos al cambio climático. Un sistema de respuesta temprana y de detección rápida destinado a las especies invasivas ayudaría por ejemplo al Servicio Forestal a actuar rápidamente ante un problema de dimensiones modestas. Este mismo enfoque se podría aplicar en el caso de otras perturbaciones derivadas del cambio climático que tienen impactos negativos en el ecosistema, tales como las grandes inundaciones o las tempestades de viento, que aceleran la erosión.

Otra opción de adaptación inmediata consiste en examinar los planes de ordenación para encontrar carencias en las medidas encaminadas a hacer frente a los acontecimientos climatológicos extremos (por ejemplo, la sequía, el fuego y las inundaciones) y en gestionar, antes, durante y después de estos fenómenos perturbadores, el uso de aguas, las actividades de esparcimiento y la extracción de madera, forraje y otros recursos naturales. El examen también podría desvelar cuáles serán los impactos futuros de acontecimientos climáticos más intensos. Los planes de ordenación forestal podrían entonces modificarse en función de las variaciones pronosticadas en los patrones de pluviosidad, el regimen de incendios, la fenología (los tiempos de fenómenos ecológicos como la apertura de las yemas y la llegada de especies migratorias) y las alteraciones en la composición, estructura y procesos del ecosistema. El conocimiento obtenido gracias a este examen podría ayudar a los gestores a diseñar planes para alterar la trayectoria de sucesiones del ecosistema tras un fuego o vientos catastróficos y preparar condiciones biológicas más adecuadas a las condiciones futuras del clima.

El raleo a escala de todo el paisaje y los tratamientos de reducción de las materias combustibles representan formas de adaptación a corto plazo que aumentan la resistencia al fuego: un incendio arrasó 70 000 ha en el bosque nacional de Okanogan-Wenatchee en el estado de Washington en 2006, causando una mortalidad del 100 por ciento en un rodal mixto de alta densidad de coníferas (izquierda), mientras que un rodal que había sido raleado y en el que se habían eliminado las materias combustibles mediante fuegos prescritos solo sufrió un chamuscado leve; la mortalidad de la masa principal de este rodal fue mínima (derecha)
D. Peterson

Adaptación a largo plazo: gestión del azar cuando el umbral de resiliencia se traspasa

A menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de forma abrupta y rápida (en menos de 20 años), existe la probabilidad de que, a largo plazo (en más de 50 años), el umbral de resiliencia de muchos ecosistemas pueda ser traspasado (IPCC, 2007). Por consiguiente, se necesita disponer de opciones de adaptación para permitir a los ecosistemas y especies responder, en el tiempo, a los efectos del cambio climático y evitar que tengan lugar transiciones bruscas y espectaculares de una condición del ecosistema a otra (por ejemplo, del bosque a formaciones arbustivas). Se considera fundamental para ello que los paisajes estén conectados unos con otros a fin de no impedir la migración y dispersión de las especies (Halpin, 1997; Holling, 2001; Noss, 2001). Análogamente, cuando el tamaño de las poblaciones se incrementa, se protegen o restauran unas muestras variadas de ecosistema y se promueve el desarrollo de rodales forestales heterogéneos y de edades múltiples, la diversidad biológica registra aumentos en diferentes niveles de organización (desde los genes hasta el paisaje), y por consiguiente también el potencial de adaptación natural aumenta.

La ejecución de algunas de las medidas de adaptación dependerá, en parte, del grado de certidumbre respecto a la trayectoria del cambio climático. En los casos en los que la certeza sea mínima, será oportuno garantizar que, al plantar árboles nuevos, el material reproductivo contenga una gran diversidad genética. En los casos de certeza mayor respecto a los cambios climáticos pronosticados, conviene secundar los procesos específicos de transición y translocación de gamas de especies adoptando medidas de gestión decididas.

Cuando se llegara a traspasar el umbral de resiliencia y la restauración de las condiciones históricas antecedentes al fenómeno de disturbio resulte ambientalmente problemática, excesivamente costosa o jurídicamente impracticable, la opción preferible será reajustar los graves trastornos del ecosistema a las condiciones climáticas imperantes y a las condiciones pronosticadas. Este es el tipo de acción de adaptación que se eligió en el caso del lago Mono en California; después de que el tribunal hubiese ordenado un procedimiento de mediación entre las partes interesadas, los objetivos de restauración se revisaron para tomar en cuenta los factores de incertidumbre climática presentes y futuros y determinar el nivel más apropiado de las aguas para las condiciones presentes y las pronosticadas (Millar, Stephenson y Stephens, 2007).

Se necesitan opciones de adaptación a largo plazo para ayudar al ecosistema y a las especies a responder en el tiempo a los efectos del cambio climático; por ejemplo, habida cuenta de los cambios climáticos recientes registrados en el bosque nacional Tahoe en California, se efectúan ahora quemas prescritas durante los meses invernales; esta nueva práctica contribuirá a reducir el riesgo de que se produzcan incendios catastróficos
G. Fildes

CONCLUSIONES

No será tarea fácil hacer frente a cada uno de los impactos ante un clima continuamente cambiante que afecta a la estructura, composición y procesos del ecosistema. Los gestores forestales deberán pues tratar de conseguir resultados realistas. Al respecto, unas relaciones estrechadas entre la investigación y la ordenación forestal ayudarán a:

Las opciones de adaptación y mitigación se consideran cada vez más como un conjunto de estrategias necesarias con las que se consigue minimizar los impactos negativos potenciales y sacar provecho de los eventuales impactos positivos del cambio climático. Sin embargo, las opciones de mitigación pueden tener consecuencias ecológicas desastrosas a nivel local o regional, y las opciones de adaptación pueden causar el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Corresponderá, por consiguiente, a los gestores ponderar los compromisos que será menester hacer y encontrar las estrategias con las que es posible conseguir beneficios equilibrados entre la mitigación y la adaptación.

Los gestores deberán asimismo evaluar lo que es posible llevar a cabo y lo que no, cuando los recursos financieros y humanos son limitados. Cualesquiera sean las prioridades, será importante establecer criterios de participación y de adopción de decisiones a través de un proceso de debate y consulta que asegure que todas las preocupaciones de las partes interesadas han sido tomadas debidamente en consideración.

Bibliografía

Climate Change Science Program (CCSP). 2008a. The effects of climate change on agriculture, land resources, water resources, and biodiversity. Synthesis and Assessment Product 4.3. Washington, DC, EE.UU., Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (USEPA).

CCSP. 2008b. Preliminary review of adaptation options for climate-sensitive ecosystems and resources. Assessment Product 4.4. Washington, DC, EE.UU., USEPA.

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). 2007. Climate change 2007: impacts, adaptation and vulnerability. Contribution of Working

Group II to the Fourth Assessment Report of the IPCC. Cambridge, Reino Unido, Cambridge University Press.

Halpin, P.N. 1997. Global climate change and natural-area protection: management responses and research directions. Ecological Applications, 7: 828–843.

Holling, C.S. 1973. Resilience and stability of ecological systems. Annual Review of Ecology and Systematics, 4: 1–23.

Holling, C.S. 2001. Understanding the complexity of economic, ecological, and social systems. Ecosystems, 4: 390–405.

Joyce, L.A., Blate, G.M., Littell, J.S., McNulty, S.G., Millar, C.I., Moser, S.C., Neilson, R.P., O’Halloran, K. y Peterson, D.L. 2008. National forests. En CCSP, ed. Preliminary review of adaptation options for climate-sensitive ecosystems and resources, pp. 3-1 to 3-127. Washington, DC, EE.UU., USEPA.

Millar, C.I., Stephenson, N.L. y Stephens, S.L. 2007. Climate change and forests of the future: managing in the face of uncertainty. Ecological Applications, 17(8): 2145–2151.

Noss, R.F. 2001. Beyond Kyoto: forest management in a time of rapid climate change. Conservation Biology, 15(3): 578–590.

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