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Los bosques, los árboles y las necesidades de la población en las comunidades del Pacífico

Suliana Siwatibau 1


Resumen

Los pobladores de las islas del Pacífico produjeron una diversidad cultural durante su adaptación a la gran variedad de bosques que cubría las islas. Estos bosques desempeñan importantes funciones comerciales y no comerciales. Numerosas comunidades locales siguen satisfaciendo sus necesidades de subsistencia y conservan su cultura gracias a los bosques y los árboles. Las instituciones oficiales reconocen la importancia de los bosques y de los árboles autóctonos, pero no consiguen tomar medidas eficaces para promover su explotación sostenible. La demanda de territorio forestal para explotación agrícola y para satisfacer otras necesidades de una población en crecimiento acelera la deforestación, que constituye un peligro para las culturas asociadas a los bosques. Conforme disminuye la diversidad forestal, también menguan las culturas, cada vez más absorbidas por la economía mundial, con la pérdida de su identidad distintiva. Es urgente conservar los bosques y los árboles para satisfacer las necesidades humanas y enriquecer las culturas en el futuro.


Introducción

Los pobladores originarios de las islas se establecieron en esta región del océano desde 20 000 años a.C. A lo largo de generaciones, han acumulado conocimientos y se han adaptado bien a los ciclos y las peculiaridades de su entorno natural, que han explotado para satisfacer sus necesidades de supervivencia. Han sido en gran medida autosuficientes y han practicado limitadamente el comercio. Muchas especies útiles para las comunidades isleñas son autóctonas, pero las distintas oleadas de asentamientos humanos han introducido especies foráneas que se han convertido en parte importante de los actuales sistemas forestales y agroforestales de las comunidades indígenas. La modernización ha producido acelerados cambios, comprendidos la deforestación y la pérdida gradual de los conocimientos de la población sobre la naturaleza, así como del respeto en las relaciones con ésta.

Este trabajo describe las diversas e importantes funciones de los bosques y los árboles para las comunidades isleñas, y analiza los cambios que se han dado a lo largo del tiempo y a través del espacio en las relaciones de las culturas y los bosques. Se sostiene que la pérdida de ciertos tipos de bosques produce importantes repercusiones en las culturas asociadas. El trabajo concluye con la proposición de una perspectiva por la cual trabajar en los próximos decenios.

Explotación comercial

Bosques autóctonos

Los países de gran densidad forestal de Melanesia (Papua Nueva Guinea [PNG], las islas Salomón, Fiji y Vanuatu) son exportadores netos de troncos y madera, y el sector forestal contribuye considerablemente a la economía del país. Los países con densidad forestal media (Nueva Caledonia, Samoa, Tona, la Polinesia Francesas, Niue) son importadores netos. La tentación de los propietarios de las tierras y el gobierno de obtener ganancias rápidas, el predominio de precios de transferencia que rinden a los explotadores forestales grandes márgenes de ganancia, y la mala dotación de los centros de gestión forestal, todo esto en conjunto se ha traducido en prácticas de explotación insostenibles y destructivas. En reacción, las autoridades forestales de los gobiernos de la región comenzaron a estudiar las políticas forestales, y a elaborar un código de prácticas de explotación forestal para su adopción en los países. Dado lo arraigado de las malas prácticas y la corrupción generalizada, tanto la política como el código pueden necesitar muchos años para ejecutarse con buenos resultados.

En proporción mundial, los recursos de las islas son minúsculos. PNG, que tiene los recursos forestales más abundantes, apenas posee el 1,5 por ciento de los bosques tropicales del mundo (Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth, CSIRO, 1992). Con todo, la gran biodiversidad y las elevadas tasas de endemismo agudizan la preocupación por la acelerada tasa de deforestación, que oscila entre el 0,7 por ciento (Fiji) y el 3,5 por ciento (Samoa). Estas cifras se comparan con el 0,6 por ciento del Brasil, el 1,0 por ciento de Indonesia, y el 2,0 por ciento de Malasia (Banco Mundial, 1995).

El motivo de la intensa explotación es el deseo del gobierno de lograr la máxima tasa posible de empleo, incrementar el producto interno bruto, los ingresos y las divisas, así como la corrupción de los acuerdos entre algunos dirigentes de los propietarios rurales y las enérgicas empresas forestales. Convencen a las comunidades propietarias de las tierras con promesas de desarrollo. Por lo general, estas comunidades terminan en condiciones mucho peores que al inicio. Las ganancias de los propietarios de las tierras obtenidas de la explotación forestal oscilan entre el 10 por ciento y el 16 por ciento. Las ganancias de los gobiernos van de menos del 10 por ciento a cerca del 30 por ciento. Los beneficios extraordinarios que obtienen las empresas son de alrededor del 30 por ciento. (Banco Mundial, 1995).

Las comunidades del Pacífico siguen siendo casi todas rurales, con economías mixtas de subsistencia y monetaria. Gran parte de la destrucción de bosques es por desmonte para establecer huertos de subsistencia. Cuando los propietarios rurales autóctonos tienen recursos forestales, la explotación del bosque es una fuente fácil de efectivo. La explotación selectiva de los bosques autóctonos produce degradación en vez de destrucción. Se considera que si el ciclo de explotación es suficientemente largo, la explotación puede ser sostenible. Desafortunadamente, los países isleños están explotando más allá de los niveles de sostenibilidad, o han concedido licencias para tasas insostenibles de explotación (Reunión de Jefes del Sector Forestal, 2003). La repoblación de los bosques es muy débil.

Debido al interés en la sostenibilidad se ha logrado algún resultado en la producción ecológica de leña y el comercio justo, que rinde a los propietarios de los bosques mejores ganancias. Las autoridades forestales, de nivel nacional y regional, afrontan la competencia de las demandas de los limitados recursos de tierras o forestales para distintos usos. El crecimiento demográfico incrementa el suministro de servicios de los bosques, que están disminuyendo y tienen que mantenerse en buen estado a fin de propiciar la coexistencia sostenible entre la población y los bosques.

Plantaciones forestales

Dada la poca recuperación forestal y que la mayor parte de la superficie boscosa está en regimen de pequeña propiedad tradicional, las autoridades forestales se han orientado a establecer plantaciones forestales, principalmente de árboles exóticos, para producción de maderas comerciales. Las comunidades que viven en estos bosques o alrededor de los mismos han creado una cultura asociada que varía de conformidad con las especies dominantes. En las islas más pequeñas, las grandes plantaciones de cocoteros han sustituido los bosques costeros originales. Donde las plantaciones forestales han sustituido praderas, las comunidades locales obtienen más beneficios en virtud del incremento de la productividad del suelo, la multiplicación de la vida silvestre y el desarrollo de plantas autóctonas y exóticas de sotobosque.

La intercalación de especies exóticas en los bosques autóctonos perjudica a éstos por la disminución de la biodiversidad, que repercute en su función decisiva en la economía no estructurada de las comunidades locales. Los bosques autóctonos pueden proveer muchos más ingresos mediante la producción de productos forestales no madereros.

Productos forestales no madereros

Las autoridades le están prestando más atención, aunque insuficiente, a los productos forestales no madereros. Los recientes acontecimientos en el ámbito de la producción de nueces comestibles, medicamentos de herboristería, cría de mariposas y artesanías locales en algunas ocasiones han sido producto de proyectos de conservación realizados por organizaciones no gubernamentales, y reflejan una preocupación cada vez mayor por el agotamiento acelerado de los bosques originales. Algunos frutos silvestres y nueces actualmente son objeto de comercio y su comercialización puede mejorar. El análisis nutricional de estas nueces da resultados favorables (McGregor, 2000).

Usos no comerciales

Alimentos y forrajes

Los animales silvestres de cacería y la piscicultura de agua dulce proporcionan las proteínas de los bosques. Las plantas del bosque brindan una gran variedad de alimentos, de especial utilidad durante las hambrunas.

Un estudio de caso de cinco aldeas realizado en Fiji sobre la explotación comunitaria de los bosques (Siwatibau, 1992) indica que la población depende mucho de los éstos para la satisfacción de sus necesidades alimentarias. Alrededor del 66 por ciento de los hombres mayores de 15 años van regularmente de cacería para obtener cerdos salvajes, ganado silvestre, murciélagos, patos y pichones, para satisfacer sus necesidades de nutrición. Alrededor del 40 por ciento de los hombres y el 92 por ciento de las mujeres pescan con regularidad en los arroyos y ríos del bosque, y todos recogen partes de plantas para alimentarse y para otros usos. Desde 1992, los niveles de desempleo han aumentado aceleradamente y los niveles de pobreza se han duplicado. El sector de subsistencia ha tenido que absorber a muchos de los desempleados, lo que ha incrementado la demanda de recursos forestales alimentarios.

Esta función de los bosques se reproduce en muchos otros países, en diversos grados. En los bosques internos hay animales salvajes de cacería y peces de agua dulce, los bosques costeros y los manglares proporcionan hábitat a los cangrejos, las langostas de tierra, mariscos y otros peces pequeños de gran importancia para las comunidades costeras y de los atolones. La pesca en los manglares a menudo tiene valor comercial, lo que conduce a un exceso de explotación. La preocupación por esta situación ha dado lugar a que la comunidad lleve a cabo actividades de conservación, por ejemplo para proteger el cangrejo del cocotero, una especialidad gastronómica de Vanuatu (Whyte et al., 1998). Si bien las comunidades locales saben que los bosques desempeñan una función vital por el suministro de proteína animal, no existe un registro oficial adecuado de esta importante función ni se ha cuantificado.

La documentación proporcionada por las autoridades forestales (Taller Subregional del Pacífico, 1999) reveló que algunas especies de árboles madereros muy importantes a menudo tienen otros usos, incluso de suministro de alimentos y forrajes. El cuadro 1 muestra que estos usos oscilan del 8 por ciento al 46 por ciento de esas especies. Los sistemas agroforestales tradicionales cultivan muchas plantas forestales alimentarias importantes, que a veces han sido objeto de una intensa selección. Algunas de estas especies se comercian en los mercados locales.

Cuadro 1 Resumen de los usos de las especies arbóreas autóctonas más importantes de cada país

País

alimento forraje

medicina

construcción

artesanías

leña

servicios

otros usos

total de las especies registradas*

Samoa

Americana

10

10

31

45

17

76

5

42

Islas Cook

29

57

64

57

64

43

7

14

EFM**

11

5

5

58

11

32

11

19

Polinesia Francesa

22

20

42

42

6

-

2

50

Guam

44

6

50

44

31

100

-

16

PNG

28

2

96

34

90

96

-

50

Samoa

8

8

96

16

24

24

-

25

Islas Salomón

46

48

86

68

78

82

12

50

Tonga

26

50

78

88

66

74

20

50

Vanuatu

44

4

98

52

74

70

8

50

* Hasta 50.
** Estados Federados de Micronesia
Fuente: Datos tomados de diversos informes de los países presentados en el Taller Subregional del Pacífico, sobre los recursos forestales y genéticos de los árboles, Apia, 12 al 16 de abril de 1999.

Medicamentos

A pesar de la gran influencia actual del moderno sistema sanitario, los medicamentos siguen siendo una importante necesidad que satisfacen los bosques. Los pueblos del Pacífico consultan tanto los sistemas modernos como los autóctonos, que utilizan la medicina tradicional para complementar las recetas modernas. Está poco documentada la frecuencia de uso de cada sistema. Los curanderos tradicionales utilizan los bosques como una farmacia viva, y elaboran preparados con partes de plantas frescas.

Otros usos

Los bosques proporcionan postes redondos para construcción y otros usos madereros, como la construcción de canoas y otras embarcaciones, y como combustible. Una gran mayoría de la población rural cocina sus alimentos con leña. El cuadro 1 muestra que del 6 por ciento al 90 por ciento de las especies autóctonas muy importantes de árboles también son buenas fuentes de combustible. Los usos no madereros comprenden la fabricación de techos de paja, cuerdas, insecticidas, conservadores y decoración. El cuadro indica que una variedad del cinco por ciento al 98 por ciento de las especies más importantes de árboles autóctonos en diversos países se utiliza para construcción, mientras que otros usos madereros van del 16 por ciento al 88 por ciento.

Las casas autóctonas utilizan postes redondos y techos de paja. Donde escasean los recursos forestales, se plantan árboles para obtener estos elementos o se protegen (Thistlewaite, 1990; Siwatibau et al., 1998) y a veces son fuentes importantes de ingresos. Al paso de las generaciones, los constructores locales han seleccionado una gran variedad de plantas para los elementos específicos de las casas, herramientas, canoas u otros elementos de construcción. Conforme se reduce la superficie forestal, disminuye la diversidad y las fuentes para satisfacer necesidades específicas escasean o desaparecen. Es vital conservar la diversidad para asegurar un suministro que satisfaga las distintas necesidades. Un estudio de las especies útiles de plantas forestales en Vanuatu mostró que 136 especies distintas se utilizan sólo para la construcción de casas, mientras que otras 52 especies aproximadamente se emplean en la fabricación de canoas, 37 especies para hacer herramientas y 47 especies para producir armas y trampas (Curry, 1995). La construcción moderna de casas está sustituyendo las tradicionales en muchas comunidades, a menudo por necesidad conforme desaparecen los suministros forestales.

Valor espiritual

Se ha escrito poco sobre el importante valor espiritual de los bosques para muchas comunidades del Pacífico. Algunas zonas especiales de los bosques se consideran sagradas por su ubicación y uso, o por asociarlas con algún animal tótem o con espíritus especiales. Mientras se reconozca la inviolabilidad de un lugar o de una especie, hay una fuerte garantía de su conservación.

Los bosques y la cultura humana

La incorporación en la economía mundial ha ensanchado la brecha entre las comunidades urbanas en acelerado crecimiento y las poblaciones rurales que crecen más lentamente en los países del Pacífico. En los dos últimos decenios ha aumentado el desempleo a consecuencia de la desaceleración de las economías. El sector rural de subsistencia ha absorbido a muchos de los desempleados, de modo que la demanda de recursos naturales para satisfacer las necesidades de subsistencia es más intensa. El comercio mundial impone disponer de circulante. La explotación de los recursos naturales para obtener ingresos es más grave cuando hay migración urbana al medio rural.

El presente trabajo ha desglosado la utilización que hacen de los bosques las comunidades locales, a fin de satisfacer una amplia variedad de necesidades de subsistencia. Esas comunidades han creado culturas características que se distinguen por:

El presente trabajo dirige su atención a la gama de relaciones de algunas culturas del Pacífico con distintos tipos de bosques. En un extremo, la cultura depende mucho de la existencia de un tipo de bosque, que a su vez es independiente de esa cultura. Aquí, la comunidad interesada sufre pasivamente un cambio cuando el bosque del que depende es destruido por explotación o por desmonte en gran escala por agentes externos. Más adelante en esa gama, hay diferentes grados de interdependencia entre los tipos de bosques y los grupos culturales. Estos grupos humanos se adaptan activamente y le dan forma al cambio. En el otro extremo, la existencia de un tipo de bosque o complejo de tipos de bosques depende por completo de determinada cultura. Esta gama refleja diferentes grados de exposición o adaptación al mundo en general. A continuación se presentan algunos ejemplos de estos diversos grados de dependencia entre la población y los bosques.

Algunas comunidades forestales, con poco contacto con el mundo exterior, siguen siendo cazadores y recolectores y su cultura está bien adaptada a los bosques, de los que depende su supervivencia. Los responsables de tomar las decisiones a menudo no entienden esta dependencia o no la toman en cuenta, por ejemplo, las autoridades del gobierno y las actividades comerciales, como las empresas forestales, de modo que la cultura interesada se convierte en víctima igual que el bosque que se está degradando o destruyendo. Un estudio de una concesión en PNG (Brunois, 1998) ilustra este proceso. Muestra que en cada 10 000 metros cuadrados de bosque explotado se destruyeron unos 119 árboles de 65 especies no comerciales. De estas especies, cerca del 98 por ciento se utilizaba para forrajes, el 89 por ciento para construcción, el 42 por ciento para alimentos, el 15 por ciento para medicamentos, el 25 por ciento para instrumentos de caza, el 22 por ciento para rituales y el 55 por ciento para hacer artesanías. Un miembro de la tribu pidió que se hiciera el estudio porque la tribu consideraba que:

Las comunidades humanas que están en bosques primarios sometidos a un intenso desmonte o explotación, o a otras intervenciones, son víctimas pasivas. Tienen poca oportunidad de determinar la dirección del cambio que ha de sufrir su cultura y se desploman al verse expuestas de pronto a la economía monetaria de un mundo globalizado.

En esta gama de dependencia entre los bosques y la población figuran más adelante las comunidades que viven de la agricultura de subsistencia. La tecnología de la agricultura de subsistencia es un componente integral de la cultura local que se ha desarrollado a través de generaciones. Esto supone trasladar los huertos cada cinco a diez años. Los árboles forestales secundarios de acelerado crecimiento dominan la zona en barbecho, que durante algunos años se convierte en suministro de medicamentos, combustible, postes, alimentos y otras necesidades humanas (Thistlewaite, 1990). Se puede imprimir conscientemente a esta vegetación secundaria una forma determinada mediante el cuidado selectivo de los principales árboles útiles, que incluyen especies autóctonas y foráneas.

En esos sistemas las personas son agentes activos del cambio al escoger deliberadamente los elementos arbóreos de sus sistemas agroforestales y los arbolitos silvestres a los que permitirían desarrollarse en las zonas en barbecho para satisfacer determinadas necesidades (Siwatibau et al., 1998). Las necesidades de subsistencia no sólo se satisfacen con los huertos, sino también con los bosques secundarios, los primarios y los recursos acuáticos. Se mantiene un equilibrio entre el conjunto de los sistemas ecológicos y la cultura, utilizando los conocimientos acumulados a través de generaciones y transmitidos mediante la aplicación práctica y la tradición oral. Toda perturbación grande produce destrucción de uno o más de estos elementos. Esto ya ha ocurrido cuando las poblaciones humanas crecieron aceleradamente y la presión sobre las tierras exigió que los periodos de barbecho fueran más cortos. Esa reducción del ciclo agrícola tradicional empobreció los pastizales y causó la pérdida total de bosques, porque los barbechos tan reducidos impedían que los bosques secundarios se desarrollaran y los bosques primarios, que tenían suelos más fértiles, se talaban agresivamente para establecer huertos. Las culturas que dependían de ambos tipos de bosques perdieron gran parte del conocimiento y de los usos de los elementos de los bosques de que se tratara. Las culturas y los bosques asociados con este tipo de sistema agrícola hoy corren peligro, conforme las prácticas agrícolas de subsistencia se modifican por la adopción de una cultura de cultivos comerciales con su propia tecnología.

En las comunidades con un sistema mixto de subsistencia y cultivos comerciales, éstos interfieren con la práctica tradicional de dejar los huertos en barbecho. El ciclo de desmonte, cultivo y barbecho de la misma zona se sustituye por un nuevo desmonte de bosques primarios todos los años, conforme los cultivos comerciales invaden los anteriores huertos. Los cultivos comerciales también transforman las costumbres cotidianas de las personas que comienzan a satisfacer algunas de sus necesidades de subsistencia en la tienda en vez del bosque o el mar. Este cambio gradualmente transforma la cultura de las poblaciones locales, se pierden conocimientos sobre las especies silvestres y desaparecen los sistemas de los bosques secundarios. A través de los ingresos monetarios y la participación en las exportaciones, esas comunidades se incorporan cada vez más en el mundo más amplio y dependen más de éste.

Muy pocas comunidades isleñas existen en el polo del espectro que representan las plantaciones. Estas comunidades suelen ser emigrantes que obtienen pocos ingresos y subsisten en gran parte gracias a los productos que comercian para subsistir. Ellos y los bosques a los que están asociados son los elementos de la moderna cultura de cultivo de árboles que sustenta las plantaciones forestales para el comercio internacional.

En estos cambios graduales de las culturas, que dependen cada vez menos de los bosques, los valores se van transformando, desafortunadamente en detrimento de la supervivencia de los bosques y de las sociedades humanas a la larga. La tribu seminómada de PNG que estaba preocupada por la explotación forestal destructiva tenía un profundo respeto por el bosque, incorporado en un sistema de creencias que afirma la función espiritual y ecológica de los bosques que satisfacen si no todas, la mayor parte de las necesidades de subsistencia. Las comunidades agrícolas más sedentarias que establecen bosques secundarios, que satisfacen gran parte de sus necesidades de orden forestal, habían dejado de depender de los bosques primarios y habían perdido parte del respeto y del nexo espiritual que tienen los pobladores con los bosques. Con la llegada de los bienes y los servicios modernos, la aspiración a una vida moderna requiere ingresos monetarios para el comercio. Los valores monetarios de los bosques y los recursos de tierras dominan en las decisiones de explotación, y la dependencia de los recursos naturales para satisfacer las necesidades humanas fundamentales disminuye.

Conclusiones

Las relaciones de las comunidades del Pacífico con sus bosques han evolucionado desde una actitud pasiva ante las transformaciones que sufren los bosques, pasando por diversos grados de influencia activa. Ante cada cambio importante, las necesidades humanas se satisfacen de otra forma y surgen características culturales especiales para adaptarse a las nuevas condiciones. Este proceso podría trazarse activamente, no sólo en las islas del Pacífico sino en todas partes, para dar forma a futuras asociaciones de la población con los bosques, que permitan obtener mayores beneficios de bosques que mantengan su diversidad a través de una explotación sostenible. Estos usos comprenderían la producción de madera y de productos forestales no madereros para la obtención de efectivo. Se requiere una intervención eficaz para asegurar que los vulnerables bosques de las islas se conserven en el futuro, tomando en cuenta las necesidades de subsistencia y culturales de las comunidades locales, y sus relaciones especiales con la tierra y con los bosques. Cuando se pierde esta relación especial también se pierden importantes aspectos de la cultura y la identidad. Los países del Pacífico, y otros que están en condiciones parecidas, deberían intervenir enseguida para establecer zonas representativas de conservación forestal en todo el país, cuyo mantenimiento y gestión sostenible estuviera a cargo de las comunidades locales. Estas zonas en el futuro podrían convertirse en centros educativos y de investigación sobre las culturales locales, así como sobre la explotación y conservación forestales. Deberían recibir apoyo internacional. Como la biodiversidad nutre la evolución natural, así la diversidad cultural nutre la evolución cultural, necesaria para la supervivencia humana en un mundo en transformación.

Bibliografía

Brunois, F. 1998. Examen y nueva visita a una concesión forestal. APFT News, Sept. 1998, pp. 13-15.

CSIRO. 1992. Plan para la explotación sostenible de los bosques de PNG. Canberra, Australia.

Curry, P. 1995. Base de Datos Genéticos del Departamento Forestal. Gobierno de Vanuatu.

Reunión de Jefes del Sector Forestal. 2003. Nadi Fiji, Mayo de 2003, Programa Regional de Silvicultura de la Comisión del Pacífico Sur (CPS).

McGregor, A. 2000. Perfil de usos de la tierra: nueces de árbol. Proyecto de planificación de uso de la tierra de Vanuatu, Oficina de Planifiación del Uso de la Tierra, Gobierno de Vanuatu.

Taller Subregional del Pacífico sobre bosques y recursos géneticos arbóreos. Del 12 al 16 de abril de 1999. FAO, CPS, AusAID.

Siwatibau, S. 1992. Otros productos forestales en Fiji.Informe técnico del proyecto alemán de silvicultura en Fiji, Núm.14. GTZ.

Siwatibau, S., C. Bani y J. Kalotap, 1998. Estudio forestal comunitario de más de 20 comunidades rurales de Vanuatu, sobre 19 especies seleccionadas de árboles. Vanuatu, Informe presentado al Proyecto de la SPRIG.

Thistlewaite, R. J. 1990, Estudio de los recursos forestales nacionales de Vanuatu, fase 1 de una actividad sobre silvicultura colectiva. Informe preparado para el Servicio Forestal de Queensland. Sin publicar..

World Bank. Junio de 1995. Economías de las islas del Pacífico: desarrollo forestal sostenible.

Whyte, J., S. Siwatibau, A. Tapisuwe, J. Kalotap y T. Fraser, Noviembre de 1998. Gestión participativa de los recursos en Vanuatu: Informe de investigación. Proyecto de la FSPI para el CAIAI.


1 Consultora sobre desarrollo comunitario, Apartado postal 4641, Samabula, Suva, Fiji. siwatibau@connect.com.fj