MS15

Corredor Biológico Mesoamericano: iniciativa de integración regional para promover la conservación del bosque

Juan Carlos Godoy Herrera 1


Resumen

El propósito de esta memoria es compartir la experiencia centroamericana de un proceso innovador y promisorio, que a partir de la definición de una propuesta política, no solo se pretende armonizar las prioridades territoriales de la conservación en Centroamérica sino balancear la protección de la biodiversidad con el manejo forestal y la restauración productiva del paisaje.


Antecedentes

Centroamérica es una región conformada por siete países (Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), con una extensión superficial que se aproxima a los 533,000 km2, entre dos masas continentales y dos grandes cuerpos de agua. Su orografía incluye rangos altitudinales entre 0 y los 4,000 metros snm. Recibe precipitaciones entre 350 y 7,500 milímetros anuales, siendo la vertiente del Pacífico la más seca y la del Mar Caribe la más húmeda. Se han descrito en Centroamérica 3 biomas, 22 ecoregiones; así, la región posee más de 300 formas del paisaje.

Tiene 6,600 kilómetros de costas riquísimas en manglares, arrecifes de coral y otros tipos de ecosistemas costero-marinos. Posee aproximadamente 20,000 especies de flora (siendo Costa Rica el país con más especies), de las cuales muchas son endémicas (siendo Guatemala y Panamá los países con mayor índice). En cuanto a fauna, Centroamérica posee una riqueza importante en vertebrados y una riqueza extraordinaria en invertebrados que aun no se conocen en su totalidad (Vega, 1994).

La región tiene actualmente más de 30 millones de habitantes con tasas de crecimiento mayores del 2% anual. Las tasas de deforestación se mantienen altas a pesar de que decayeron con respecto a las de la década de los años sesentas y setentas. Entre 1990 y 1995 la tasa de perdida de cobertura boscosa en la región se estimó en 450,000 hectáreas anuales (Rodríguez, 2002).

Centroamérica ha declarado áreas protegidas desde 1870. Sin embargo, fue hasta la última parte de la década de los años cincuentas que se inició el movimiento de conservación. Años más tarde se dan los cambios más significativos tendientes al fortalecimiento de las áreas protegidas en la región; en 1981 Belice pasa su Ley de Areas Protegidas, y entre 1983 y 1985 Costa Rica fortalece su sistema declarando El Parque Internacional de la Amistad y varios Refugios de Fauna Silvestre. Para 1989 Guatemala promulga también su Ley de Areas Protegidas, y tal estímulo logra crear en 1990 las dos Reservas de la Biosfera más grandes del país. Entre 1980 y 1988 en Panamá, se declaran 14 de las 20 Areas Protegidas más importantes del país, equivalentes al 95% de la tierra dedicada a conservación (Ygalde & Godoy, 1992).

Para el 2002, los últimos datos accesibles muestran 568 áreas declaradas legalmente. Esta cifra varia dado que algunos especialistas utilizan datos que incluyen aquellas áreas que son manejadas de facto (inclusive con arreglos administrativos avalados por las autoridades nacionales de áreas protegidas). La superficie bajo protección alcanza los 13 millones de hectáreas, equivalentes al 25-26% del territorio centroamericano (Zuñiga, 2002). Actualmente, el Sistema Centroamericano de Areas Protegidas (SICAP) tiene 200 unidades dentro de las categorías I, II y III de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) sumando 4.34 millones de hectáreas (36% de las áreas y 37.1 % de superficie del SICAP). En otras palabras, la mayoría de las áreas protegidas en la región poseen categorías menos restrictivas, llamadas de "uso múltiple". Casi el 63% de la superficie del SICAP se encuentran bajo categorías IV, V, y VI de la UICN.

De acuerdo con los datos, de 368 AP declaradas hasta 1998, un 29% de ellas tienen una extensión menor a las 1,000 hectáreas, estando el 67% de las AP del SICAP por debajo de las 10,000 hectáreas. Tan sólo 22 unidades son mayores de 100,000 hectáreas y solamente cuatro de ellas tienen una superficie mayor a las 500,000 hectáreas.

Los países han integrado a diferentes organizaciones sociales en la administración y el manejo de las áreas protegidas. Para el 2002 existen por lo menos 94 experiencias de manejo participativo, las cuales incluyen diferentes actores: organizaciones no gubernamentales (ONG), Universidades, Gobiernos locales (Municipios), grupos de base (indígenas y campesinos), y empresas de la iniciativa privada.

La gestión por medio de reservas privadas ha colaborado en la conservación de recursos con diferente intensidad entre los países. En Costa Rica, existen más de 75 reservas privadas, algunas de las cuales están reconocidas en el sistema nacional (SINAC) como Refugios de Fauna Silvestre. Por otro lado, en Guatemala la figura de Reserva Privada si es reconocida por la ley de áreas protegidas del país, donde están registrabas oficialmente 51 reservas como parte de su sistema nacional.

El SICAP cuenta en la actualidad con 161 AP´s que protegen recursos costeros, sobresaliendo Panamá, donde el 49% de su SINAP, está constituido por dichos ecosistemas. En cuanto a los bosques nubosos, el SICAP incluye 95 AP, sin considerar los existentes en Costa Rica. En Honduras, estos bosques representan el 63% de sus áreas declaradas.

La década de los noventa se caracterizó por una leve mejoría en los niveles de desarrollo humano; además, por una nueva ronda de integración institucional en Centroamérica. En primer lugar, cabe mencionar la creación de nuevas instituciones en el área ambiental, como la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), que dió origen a los Convenios Centroamericanos de Bosques y de Áreas Protegidas, y el Centro para la Prevención de Desastres Naturales de Centroamérica (CEPREDENAC) (USAID, 1995).

Durante los 90´s, se constituyó la estrategia regional de desarrollo (ALIDES), cuyo objetivo fundamental se centra en el mejoramiento de la calidad de vida de los centroamericanos, en un marco integral para lograr la sostenibilidad política, económica, social y ambiental de la región. Algunas de las características fundamentales de esta estrategia que constituye un mandato son:

Este mandato promovió años después el establecimiento, por los Presidentes de Centroamérica en 1992, el Convenio regional de conservación de la biodiversidad y protección de las áreas de vida silvestre prioritarias. Así, se creó el Consejo Centroamericanos de Áreas Protegidas (CCAP), integrado por los Directores de los Servicios de Áreas Protegidas de cada país (CCAD, 1992).

Para finales de 1993, se constituyó el convenio regional de conservación de los bosques, y para 1998 la Dirección General de Medio Ambiente del Sistema de Integración Centroamericano (DGMA-SICA) preparó el Plan Ambiental para Centroamérica (PARCA). Las áreas temáticas claves para su gestión internacional son: Cambio Climático y Desarrollo de Mecanismos Limpios; Convenio sobre la Diversidad Biológica, Convenciones RAMSAR y CITES; Comercio Internacional, Medio Ambiente y Competitividad Regional; Cooperación Política, Financiera y Técnica en Materia Ambiental; y el Convenio de Basilea (DGMA, 2000).

El CBM como planteamiento para la conservación

El Corredor Biológico Mesoamericano (CBM) es una agenda política, determinada por la visión de bien común de los diferentes países que conforman la iniciativa (los siete países de Centroamérica más México que se sumó posteriormente). La agenda fue firmada como una iniciativa oficial en 1997, durante una Cumbre de Presidentes.

Dicha declaración define que "el CBM es un sistema de ordenación territorial compuesta por áreas naturales protegidas de diferentes categorías de manejo más sus interconexiones, organizado y consolidado para brindar un conjunto de bienes y servicios ambientales, tanto a la sociedad centroamericana como mundial, proporcionando los espacios de concertación social para promover la inversión en la conservación y el uso sostenido de los recursos que posee".

Posteriormente a la declaratoria, en cada país de la región se dió un proceso de diseño del CBM y la sumatoria de estos dió como resultado la propuesta regional. El CBM esta estructurado tomando como base las áreas protegidas existentes y propuestas en cada uno de los países. La mayoría de estas fueron seleccionadas y declaradas en las últimas cuatro décadas, por contener especies de flora y fauna endémicos o en peligro de extinción, muestras de ecosistemas naturales únicos, paisajes de atractivo público o, productoras de bienes y servicios de uso social, como el agua (Miller et al., 2001).

EL CBM se complementa con una serie de zonas de interconexión entre las áreas protegidas, la mayoría de las cuales fueron seleccionadas a partir de su vocación forestal (zonas de bosques protectores fuera de áreas protegidas, zonas de alta pendiente y pedregocidad, ríos y cuerpos de agua que requieren medidas de conservación, sitios de anidaje y refugio de vertebrados mayores, etc.), o de su cobertura arbórea actual (bosques bajo aprovechamiento, cafetales con sombra, etc.).

Un análisis hecho en el año 2000 demuestra que la propuesta integral del CBM abarca 321,103 km2, donde el 48.7% son áreas protegidas declaradas con respaldo legal, el 3.9% del territorio lo representan áreas protegidas propuestas y el 47.4% son áreas de interconexión (donde además de desarrollarse actividades agropecuarias y forestales, ya se están desarrollando servidumbres ecológicas u otras formas de conservación en tierras privadas). Este mismo análisis plantea que la propuesta actual del CBM podría conservar 10 ecoregiones en estado critico que representan el 7% de la superficie del cual mucho esta en la vertiente del Pacifico, 8 ecoregiones en peligro con el 28% de la superficie (Osa en Costa Rica y el Peten en Guatemala), 4 en estado vulnerable que representa el 53% de la superficie, mucha de la cual esta en la vertiente del Caribe y, 8 ecoregiones en estado relativamente estable con el 12% (que básicamente representan algunas zonas en La Amistad y el Darién) (Corrales & Zuñiga, 2001).

En términos generales el conjunto de áreas protegidas de la región, ha hecho énfasis en proteger ecosistemas de montaña como los picos y volcanes con bosques nublados, y selvas bajas tropicales lluviosas. Sin embargo, muchas zonas de endemismo, o ecosistemas únicos, no están bien representados en el Sistema de Areas Protegidas de Centroamérica.

La estrategia regional para el desarrollo forestal y la consolidación del CBM en Centroamérica requiere:

Para llegar a estas metas, la región enfrenta una serie de circunstancias que la limitan. Dentro de las áreas protegidas de uso múltiple, el manejo forestal sigue teniendo cortapisas. Las zonas de interconexión que han sido definidas entre las diferentes áreas protegidas, país por país o entre países en la región, son regiones donde predomina el agropaisaje y cada vez más, por zonas urbanas y periurbanas, caracterizadas por la disminución casi total de cobertura arbórea.

El manejo forestal que se desarrolla dentro de algunas áreas protegidas de uso múltiple, esta adoptando prácticas mejoradas tendientes a la certificación forestal (FSC). Estas concesiones forestales de tipo comunitarias están extrayendo madera (caoba y cedro) y otros productos forestales no maderables (plantas ornamentales o de uso culinario). Algunos bosques en las zonas de interconexión están siendo manejados también con esos criterios. Quizá los primeros tienen ahora mejores sistemas de monitoreo de la salud del ecosistema que los segundos.

En la mayoría de las zonas de interconexión propuestas en el CBM, estas son tierras de propiedad privada (individual o colectiva), que sustentan la economía de los millones de centroamericanos, incluyendo aquellos pertenecientes a los docenas de pueblos indígenas. La propuesta del CBM es en estas zonas, la propuesta más concreta para frenar la expansión de la frontera agrícola. Aquí juegan un rol esencial las prácticas agroforestales incorporando componentes arbóreos más densamente, llegando hasta las plantaciones de arboles de rápido crecimiento (leña). Las plantaciones forestales de carácter industrial han contribuido menos a la formación del CBM en estos últimos cinco años.

Aunque existen algunos estudios, no se tiene aun una evaluación regional del mejoramiento del estado de la fragmentación de los bosques. La construcción del CBM se enfrenta a favorecer el mantenimiento de la diversidad biológica manteniendo la conectividad a través de mecanismos de conservación en tierras privadas (reservas privadas y servidumbres ecológicas), a promover alternativas productivas que sean amigables con la salud de los ecosistemas (manejo forestal certificado), a facilitar el desarrollo de actividades de restauración productiva del paisaje (entre ellas el desarrollo de plantaciones forestales y el uso de arboles en estructuras de finca), y a crear incentivos para hacer viable social y económicamente las principales herramientas de construcción del CBM (incluyendo mecanismos de pago por servicios ambientales).

A consecuencia del incremento a la vulnerabilidad climática y social, existen en la región una docena de proyectos apoyando la restauración de cuencas estratégicas, sobre todo en aquellas que sufrieron una perdida de cobertura en los últimos tiempos a consecuencia de los múltiples fenómenos naturales que padece la región.

Para que la iniciativa del CBM sea exitosa, se requiere desarrollar una serie de acciones que aumenten la participación y multipliquen la inversión en manejo forestal. En los diferentes países de Centroamérica, se han establecido en los últimos años mecanismos de participación ciudadana: a nivel de consejos consultivos de áreas de conservación, o de comités de dirección de áreas individuales. En todos los casos donde la educación previa no se ha dado, existe aun resistencia de los funcionarios gubernamentales a abrir esos espacios de participación, en muchos casos justificados por los movimientos de invasión de tierras y expansión de la frontera agrícola.

A partir de los estímulos dados por los proyectos regionales, se han venido institucionalizando los comités bi o trinacionales de áreas protegidas. Alianzas con cierta tradición se encuentran en Selva Maya, en el Golfo de Honduras (TRIGOH), y en la zona de La Amistad.

A finales de los años 90´s, se fundó la Sociedad Mesoamericana de Biología de la Conservación (SMBC), y a partir del año 2001, se trabaja para formar la Asociación Centroamericana de Guardaparques y, la Red de Reservas Privadas de Centroamérica.

Un factor importante que ha contribuido con la gestión de las áreas protegidas en Centroamérica, es la presencia de al menos 33 organismos internacionales que han contribuido por muchos años con asistencia técnica y financiera a los países. En los años 90´s se consideró que dichos organismos generaron aproximadamente 70 proyectos en la región y que favorecieron aproximadamente a 145 áreas protegidas. Una cifra conservadora perfila una inversión de la cooperación en proyectos de conservación de recursos naturales de alrededor de los 400 millones de dólares en el periodo 1999-2004 (Miller et al., 2001).

Reflexiones y desafíos

La propuesta del Corredor Biológico Mesoamericano pretende proteger y manejar sosteniblemente más de la mitad del territorio centroamericano, y aunque ha recibido la atención de algunas instituciones gubernamentales y de parte de la cooperación internacional desde su lanzamiento, aun faltan un par de décadas de acciones concretas para observar cambios significativos.

Aunque no se ha medido la percepción social sobre el valor de las áreas protegidas, la diversidad biológica o el acceso a bienes sociales como el agua o el paisaje, la movilización del tema ambiental y forestal en los medios de comunicación es cuantitativamente mayor hoy que hace diez años.

Las áreas protegidas parecieran suficientemente eficientes para preservar la mayor parte de la biodiversidad de la región (con significativos vacíos en bosques secos tropicales y subtropicales); sin embargo, existe un agotamiento del modelo de gestión que prevaleció en el pasado; los Estados no son capaces más de administrar todas las áreas protegidas, de diferentes categorías de manejo, como lo han venido haciendo hasta ahora. El CBM es una agenda que propicia la desconcentracion de la conservación y estimula la producción amigable en las zonas de interconexión. Existe alguna evidencia de que las comunidades aledañas a las áreas protegidas, incluyendo pueblos indígenas, no están dispuestas a seguir desempeñado un papel marginal en dicha gestión. En esa medida, se impone un nuevo arreglo entre el conjunto de actores que gravitan en torno a las áreas protegidas, entendida ésta como responsabilidades y beneficios compartidos entre los actores.

Existe una tendencia creciente a la creación de unidades de conservación con categorías de manejo mas ligadas al uso múltiple, o el reformulamiento administrativo de conjuntos de áreas protegidas en "Areas de Conservación" (como política de regionalización y desconcentración del manejo de áreas protegidas). Así, se esta visualizando a las áreas protegidas como muy relacionadas a la producción de recursos estratégicos como lo son agua, la madera, y la energía. Por otro lado, se ha identificado a las mismas áreas protegidas como soporte del ecoturismo, visualizado como actividad económica importante para la generación de empleo y divisas en toda la región.

Hacia el futuro quedan desafíos como el de mejorar la capacidad de propuesta, precisar la definición de prioridades, y optimizar los sistemas de información sobre fuentes, mecanismos y formas de negociación para la captación de recursos financieros para la conservación. Así mismo, se deben establecer instrumentos para monitorear y garantizar el impacto del financiamiento en el ámbito local; para ello hay que contar con personal idóneo en gestión y administración eficiente de recursos, capacitados en el análisis de oportunidades para la inversión estratégica.

Otro cambio de enfoque necesario tiene que ver con la generación de recursos propios de las áreas, de lo cual depende en última instancia la sostenibilidad de las acciones de protección. De la visión de manejo tradicional se debe evolucionar hacia una administración gerencial de las áreas, que considere de manera integral, el valor de los bienes y servicios que ofrecen las áreas protegidas, y a partir de ahí, elevar la calidad de prestación de estos y en la misma medida una retribución equitativa por dichos bienes y servicios.

Habrá que desarrollar capacidad de gestión de proyectos en el ámbito subregional, haciendo énfasis en el apoyo a proyectos fronterizos; generar programas de más largo plazo, mediante fideicomisos y otros mecanismos financieros de largo plazo, logrando el compromiso de las agencias de cooperación hacia la sostenibilidad. La región esta necesitada de enfocarse en proyectos demostrativos que permitan generar experiencias exitosas de campo en el manejo de los recursos naturales y áreas protegidas. Frecuentemente, los proyectos son de ciclo corto, llenos de consultores extraregionales, que no dejan la capacidad instalada requerida.

Es importante reconocer que el trabajo de recuperar ecosistemas es nuevo para la región, pues es muy poco lo que se ha hecho al respecto en los últimos cinco años. Habrá que iniciar las discusiones conceptuales acerca de lo que entendemos por recuperación, restauración y rehabilitación.

Centroamérica tiene actualmente un nivel de desarrollo de proyectos aun insuficiente para la magnitud del trabajo que hay que hacer para salvar la biodiversidad y los bosques naturales. Un reto a futuro implica promover la comunicación y la coordinación de acciones entre grupos con interés común que viven y accesan recursos fronterizos o compartidos. Para mejorar la implementación del CBM es necesario hacer conciencia dentro de las autoridades nacionales del medio ambiente que deben invertir mucho más recursos en coordinar las iniciativas nacionales relacionadas con las convenciones internacionales y que debe aumentarse la coordinación entre los diferentes países de la región.

Nunca antes Centroamérica había tenido una propuesta compartida en estos temas. Habrá que esperar aun algunos años para evaluar su impacto. Por ahora podemos compartir los sueños y los procesos para generarlos.

Referencias

CCAD. 1992. Convenio para la Conservación de la Biodiversidad y Protección de Areas Silvestres Prioritarias de América Central. UICN-CCAD. 13p.

Corrales, L. & T. Zuñiga. 2001. Análisis de Representatividad Ecológica del Corredor Biológico Mesoamericano. CBM. Managua, Nicaragua. 10p.

DGMA. 2000. Plan Ambiental de la Región Centroamericana; PARCA. DGMA-SICA. San José, Costa Rica. 33p.

Miller, K. et al. 2001. En busca de un enfoque común para el Corredor Biológico Mesoamericano. WRI-WWF-CATIE. Washington, USA. 49p.

Rodríguez, J. 2002. Estrategia Forestal Centroamericana. CCAD. San José, Costa Rica. 26p.

Ugalde, A. & J.C. Godoy. 1992. Areas Protegidas de Centroamérica; Informe al IV Congreso Mundial de Parques Nacionales y Areas Protegidas. Guatemala. UICN. 101p.

USAID. 1995. Documentos relacionados con la Alianza Centroamericana para el Desarrollo Sostenible. USAID-AED. Guatemala. 33p.

Vega, A. ed. 1994. Corredores Conservacionistas en la Región Centroamericana. TR&D- Paseo Pantera -WCS. Gainesville, USA. 431p.

Zuñiga, T. 2002. El CBM; una plataforma para el desarrollo sostenible regional. CCAD/PNUD/GEF. Managua, Nicaragua. 24p.


1 Vicepresidente para Centroamérica de la Comisión Mundial de Areas Protegidas (WCPA), Ciudad de Guatemala, Guatemala. jcgodoy@proarca.org