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APENDICE A

DECLARACION DEL DIRECTOR GENERAL

Señor Presidente,
Señoras y Señores Ministros,
Señoras y Señores Delegados,
Señoras y Señores:

Es par mí una gran satisfacción poder dirigirme a la 28ª Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe que se celebra en la hermosa ciudad de Guatemala. Quisiera expresar, en nombre de la Organización y en el de ustedes todos, mi profunda gratitud al Gobierno y al pueblo de Guatemala por haber permitido la celebración de esta Conferencia y por la calurosa acogida que se nos ha reservado.

Durante la primera mitad de los años 90, el número de personas subnutridas en el mundo ha disminuido en 37 millones. Por el contrario, durante la segunda mitad del mismo período, se ha incrementado en 18 millones. Los progresos en muchos países contrastan con un retroceso en muchos otros. En 1999-2001, había 842 millones de personas subnutridas en el mundo, de los que 798 millones estaban en los países en desarrollo, 34 millones en los países en transición y 10 millones en los países industrializados. A este ritmo, el objetivo fijado por la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de disminuir a la mitad el número de personas hambrientas antes del año 2015 no se alcanzará hasta el año 2150.

En 2003, la utilización mundial de cereales se acercó a los 1 970 millones de toneladas, superando la producción en 100 millones de toneladas.

Los precios de numerosos productos de exportación de los países en desarrollo son más bajos que nunca. El café y el algodón son los ejemplos más espectaculares, pero ocurre otro tanto para el azúcar y el banano. Además, 43 países extraen de un solo producto agrícola más del 20 por ciento de sus ingresos por exportación totales y más de un 50 por ciento de sus ingresos procedentes de productos agrícolas.

Tras el fracaso de la Conferencia Ministerial de Cancún, se reanudaron las negociaciones al término de la reunión del Consejo General de la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2003. El compromiso de realizar el Programa de Doha a favor del desarrollo en el sector agrícola fue confirmado en la mesa redonda organizada sobre este tema durante la 32ª Conferencia de la FAO, ya que una política de equidad comercial es indispensable para el desarrollo rural y la seguridad alimentaria. A este respecto, el papel del Comité de Problemas de Productos Básicos es más importante que nunca. En este contexto, deseo invitar a los representantes de los ministerios de comercio a la próxima reunión de dicho Comité en febrero de 2005.

A precios constantes de 1995, la ayuda exterior al desarrollo del sector agrícola pasó de 27 000 millones de dólares EE.UU. a 10 000 o 15 000 millones durante los años noventa, cuando sería preciso duplicar esta cantidad e incrementar la parte de la agricultura en los presupuestos nacionales para acelerar sensiblemente los avances en la reducción de la subnutrición.

Con el fin de movilizar tales recursos financieros, la FAO decidió, en particular, organizar, conjuntamente con los bancos regionales de desarrollo, unas mesas redondas sobre la financiación de la agricultura, al margen de cada una de las Conferencias Regionales de 2004 que se iban a celebrar en las Regiones en desarrollo.

Durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después de junio de 2002 en Roma, los Jefes de Estado y de Gobierno decidieron acelerar la aplicación del Plan de Acción de la Cumbre y llamaron a la constitución de una Alianza Internacional contra el Hambre.

Así pues, se están creando unas alianzas nacionales en los Estados Miembros para movilizar a los gobiernos, los parlamentos, las ONG, la sociedad civil, el sector privado y las organizaciones profesionales agrícolas.

Los países en desarrollo han de responder al reto de la productividad agrícola y de la competitividad de los mercados con el fin de mejorar su seguridad alimentaria.

Actualmente, los suelos experimentan un deterioro acelerado, que afecta a 21 millones de hectáreas de tierras cultivables. En las zonas áridas y semiáridas que abarcan un 45 por ciento de la superficie del planeta, la ordenación integrada de las tierras, de las aguas y de los fertilizantes puede disminuir sensiblemente este fenómeno.

La agricultura urbana y periurbana, así como los microhuertos escolares y familiares, permitirían mejorar rápidamente la situación nutricional de los grupos pobres de la población con unas inversiones relativamente modestas. La FAO ha emprendido proyectos de este tipo en todas las regiones del mundo, especialmente con los recursos del Programa de Cooperación Técnica y de los fondos de TeleFood.

Por su parte, la ganadería es el medio de vida de unos 800 millones de campesinos pobres y permite satisfacer de un 30 a un 40 por ciento de las necesidades alimentarias totales.

Las enfermedades transfronterizas de los animales, como las fiebres aftosa, hemorrágica y del valle del Rift, la peste porcina, la pleuroneumonía contagiosa bovina y la gripe aviar, son motivos de preocupación para el comercio y la salud pública. Sin embargo, hay avances claros en este campo. La lucha contra las antiguas y las nuevas epidemias es un desafío importante al que la FAO y sus asociados se esfuerzan en responder en el marco de un Sistema de prevención de emergencia de plagas y enfermedades transfronterizas de los animales y las plantas (EMPRES).

El Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura ya ha sido ratificado por 48 países y entrará en vigor el 29 de junio de 2004.

Se organizará en Roma en 2005 una reunión ministerial sobre bosques para estudiar las recomendaciones de las Comisiones Regionales y tomar decisiones estratégicas sobre el porvenir del sector, especialmente con el fin de reforzar la lucha contra los incendios forestales.

En el sector pesquero, casi un 10 por ciento de las poblaciones mundiales de peces está agotado y un 18 por ciento sobreexplotado, especialmente en razón de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, de nuevas tecnologías más eficaces y del exceso de capacidad de las flotas pesqueras. Esta situación se ve agravada por la falta de seguimiento y de vigilancia de los buques, especialmente por satélite mediante radiobalizas.

La FAO convocará, por tanto, una reunión de ministros de pesca en la sede de la Organización, en 2005, para reemprender las medidas necesarias en este terreno.

En el campo de la agricultura y del desarrollo rural sostenible, la FAO está elaborando un proyecto de cuatro años para las regiones montañosas.

La Conferencia Internacional de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo se celebrará en Mauricio en agosto de 2004. La FAO participa activamente en esta iniciativa y organizará una conferencia ministerial sobre el desarrollo de la agricultura de los pequeños Estados insulares en Roma en 2005.

Las mujeres que, a pesar de todo, contribuyen en un 60 por ciento a la producción agrícola en los países en desarrollo, tienen un acceso desigual a los recursos productivos. La FAO procura afrontar este problema elaborando indicadores específicos para políticas apropiadas.

Al final de 2003, 38 países pasaban por privaciones de alimentos graves que precisaban una asistencia internacional. La ayuda alimentaria en cereales se redujo a 7,4 millones de toneladas en 2001-2002, es decir, un 23 por ciento menos que en 2000-2001.

Ocho millones de pequeños agricultores y trabajadores agrícolas fallecieron de VIH/SIDA entre 1985 y 2000 en los 25 países más afectados. La FAO participa en la lucha contra esta pandemia realizando estudios de impacto sobre la seguridad alimentaria y desarrollando técnicas de producción agrícola que requieren una utilización menos intensiva de mano de obra.

Durante los últimos veinte años, numerosos países de América Latina y el Caribe han emprendido reformas con el fin de mejorar el acceso a los mercados para sus productos, pero algunos también han padecido un estancamiento económico y las desigualdades en la distribución de la renta entre la población se han incrementado. Tales desigualdades son las más elevadas del mundo, con un 5 por ciento de los más ricos que perciben un 25 por ciento de la renta, frente al 13 por ciento en los países desarrollados. Por el contrario, el 30 por ciento de la población más pobres de la Región recibe un 7,5 por ciento de la renta total, frente a un 14 por ciento de la renta en los países desarrollados.

No obstante, resulta alentador observar que la proporción de población subnutrida ha pasado del 13 por ciento en 1990-1992 al 10 por ciento en 1999-2001. Si los esfuerzos realizados por los países para luchar contra la inseguridad alimentaria prosiguen, tal proporción podría caer hasta el 6 por ciento en el año 2015. Las iniciativas de ciertos países, especialmente el programa «Hambre Cero» emprendido por el Gobierno del Brasil y el «Frente contra el Hambre» que acaba de poner en marcha el Gobierno de Guatemala, resultan muy alentadoras a este respecto. Sin embargo, cinco países de la Región se han visto afectados por crisis alimentarias en 2002, principalmente debidas a acontecimientos climáticos y a la crisis en el sector del café.

La agricultura representa el 7 por ciento del Producto Interior Bruto, que ha crecido un 2,3 por ciento anual durante los años noventa y al comienzo del nuevo milenio. Proporciona un 19 por ciento de los empleos, pero solo supone el 3 por ciento de los presupuestos nacionales. Considerando su importancia, sería preciso que recibiese un 5 por ciento de los presupuestos nacionales de funcionamiento e inversiones en los próximos cinco años.

El crecimiento de la producción agrícola en la Región ha sido del 2,3 por ciento anual entre 1990 y 2001, en comparación con un 1,6 por ciento para la población. El proceso de liberalización emprendido por la mayor parte de los países ha reducido considerablemente las ayudas estatales, la asistencia técnica y el acceso de los agricultores a los créditos. El sector privado no ha podido colmar totalmente el vacío así creado en un contexto de competencia internacional más intensa.

Los programas de investigación y de formación en el sector agrícola en América Latina y el Caribe, indispensables para fomentar la adopción de nuevas tecnologías favorables al desarrollo sostenible, también han padecido por el retraimiento del Estado. Las financiaciones privadas han favorecido los programas a corto plazo en detrimento de la investigación de base.

Solo un 13 por ciento de las tierras cultivables de la Región está irrigado.

En la Región se utilizan unos 85 kg de abonos por hectárea de tierra cultivable, frente a 144 kg en Asia.

Además, las pérdidas anuales de vegetación forestal han ascendido al 0,41 por ciento entre 1990 y 2000, es decir, el doble de la media mundial.

Actualmente hay 221 millones de pobres en la Región y el número de pobres que viven en zonas rurales se ha incrementado en 21 millones desde 1990. La pobreza afecta al 44 por ciento de los habitantes, pero llega al 64 por ciento en el ámbito rural.

Las importaciones agrícolas en la Región han ascendido a 22 900 millones de dólares EE.UU. en 2002.

Los pequeños y medianos productores tienen graves dificultades de acceso al crédito, especialmente porque no pueden aportar las garantías exigidas por el sector privado. A este respecto, la creación de organizaciones de productores y de canales propios de la agricultura es especialmente importante para poner en común los recursos y coordinar los esfuerzos.

Por último, la Región ha de hacer frente a la competencia de los productos agrícolas de los países de la OCDE por un importe de 318 000 millones de dólares EE.UU. en 2002.

En el documento sobre la Seguridad alimentaria como estrategia de desarrollo rural que se somete al examen de ustedes se hace hincapié en la experiencia adquirida con la aplicación del Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA) en la Región. El PESA representa un marco flexible de las metodologías para alcanzar los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, basadas en las experiencias y situaciones concretas de los países beneficiarios. A este respecto, se insiste en la apropiación nacional y en la participación activa de las comunidades rurales.

La Conferencia examinará especialmente las condiciones institucionales y sociales para la integración de los proyectos de desarrollo rural en una política nacional capaz de asegurar el desarrollo económico y social.

Algunas fuentes de información considerables siguen resultando inaccesibles para la Región aunque desempeñen un papel esencial para la competitividad en los mercados pobres. Por tanto, resulta oportuno colmar la brecha informativa, especialmente la digital, entre países desarrollados y países en desarrollo. El acceso a la información puede contribuir al establecimiento de redes de productores y favorecer la comercialización, permitiendo de esta manera el aumento de los ingresos y la lucha contra la inseguridad alimentaria.

El año 2004 ha sido declarado Año Internacional del Arroz. Esta planta reviste una importancia estratégica para la alimentación de millones de personas en América Latina y el Caribe y para la mejora de la renta de los pequeños agricultores de la Región. Las actividades realizadas para celebrar este acontecimiento permitirán abordar los retos y determinar las oportunidades para el cultivo sostenible del arroz, su consumo y su comercialización.

El documento acerca del Seguimiento de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación resume las principales iniciativas adoptadas a escala regional y subregional para aplicar el Plan de Acción de la Cumbre. En 2006, todos los países deberían encontrarse a medio camino del objetivo de reducir a la mitad del número de personas subnutridas de aquí al año 2015. Esta Conferencia permitirá una reflexión sobre los avances realizados y los esfuerzos necesarios para alcanzar el objetivo.

Más de 74 millones de pobres viven en las zonas rurales de América Latina y el Caribe. Con el fin de incrementar las inversiones en el sector agrícola, se ha organizado una mesa redonda al margen de la Conferencia, en cooperación con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sobre la financiación de la agricultura. Dicha mesa redonda permitirá discutir la importancia de los recursos destinados a los proyectos de desarrollo agrícola y las medidas indispensables para incrementar la parte de la agricultura en los presupuestos nacionales, así como en las financiaciones bilaterales y multilaterales. El acceso de los diferentes grupos de la sociedad a los mercados financieros y las condiciones de préstamo del sector informal son aspectos esenciales que se tratarán.

Espero que la mesa redonda anime a los países de la Región, a las instituciones financieras, como el BID, el Banco Mundial y las organizaciones regionales y subregionales, a cooperar para apoyar los distintos programas de seguridad alimentaria y de desarrollo rural.

En el contexto actual de mundialización, la competitividad es esencial para el crecimiento y el desarrollo. Pero la productividad no debe ocultar las desigualdades de acceso a los factores económicos y de renta de las que padecen millones de habitantes de América Latina y del Caribe, especialmente en el ámbito rural.

A este respecto, es fundamental reforzar la formación y realizar programas integrados de nutrición, de salud y de educación, especialmente en beneficio de las mujeres, los niños y los grupos más desfavorecidos, como los indígenas. Estas iniciativas han de dirigirse a incrementar su participación como actores plenos del desarrollo económico y social.

Las inversiones en las infraestructuras y en la protección de los recursos naturales deben reforzarse para contribuir al desarrollo rural y, por ello mismo, al crecimiento económico general. Estas intervenciones diversas deben integrarse en un marco político que englobe los aspectos humanos, institucionales, estructurales y territoriales.

Estoy convencido de que, con la dirección adecuada y la voluntad política apropiada, los países de América Latina y del Caribe pueden hacer frente a los retos del hambre, de la malnutrición, de las desigualdades y del estancamiento económico.

La Organización seguirá prestando su apoyo a los gobiernos y a los asociados regionales para la realización de programas coherentes y eficaces, pero también para la movilización de financiaciones internas y externas.

Les deseo pleno éxito en sus trabajos y les agradezco por su amable atención.

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