¿Por qué se padece hambre?
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Manual de detección a distancia
Estudio de los grandes mamíferos
Poverty and famines: an essay on entitlement and deprivation. Amartya Sen. Oxford University Press, 257 págs. 17,95 $EE.UU.
A menudo se considera que la hambruna se padece cuando las cosechas fracasan y sus efectos no se contrarrestan importando alimentos; algo semejante a lo que sucedió en la región del Sahel a fines del decenio de 1960. Además, muchas veces se culpa a un crecimiento demográfico excesivo en los países en que prevalece la hambruna. La simple relación maltusiana entre oferta alimentaria y población se exacerba hasta considerar la superpoblación como única causa de la miseria, y hasta hay quienes propugnan la llamada ética del «sálvese quien pueda», según la cual se debe abandonar a esos países a su destino.
Sen refuta enérgicamente semejantes puntos de vista, y tiene autoridad para hacerlo: es un estudioso de vastos intereses, en una esfera de la economía en que prevalece la especialización. Es profesor de la cátedra Drummond de economía política de la Universidad de Oxford, la más antigua del Reino Unido. Sen se ha dedicado al estudio del desarrollo económico desde que apareció su primera obra de gran difusión, la monografía Choice of techniques, en la cual insistía en atinados principios económicos y se pronunciaba contra las soluciones y las doctrinas políticas simplistas en la India. También es conocido entre los filósofos por sus ideas sobre la ética y la base de la acción social positiva.
Sen aduce, en resumen, que la hambruna es el resultado del funcionamiento del sistema económico que determina la capacidad de las personas para adquirir bienes. La hambruna no puede explicarse mediante una simple relación entre oferta alimentaria y población. Sen fundamenta esta afirmación con un estudio detallado de cuatro hambrunas históricas: la gran hambruna de Bengala de 1943 y 1944, en la que murieron tres millones de personas, sobre todo por la poca resistencia a las enfermedades, la hambruna en varias provincias de Etiopía entre 1972 y 1974; la bien conocida sequía y hambruna del Sahel entre 1968 y 1973; y la hambruna de Bangladesh de 1974 (la misma región de la hambruna de 1943 y 1944, pero después de la independencia).
Las más impresionantes son las estadísticas de las dos hambrunas de Bangladesh; Sen analiza la primera en todos sus pormenores. La cosecha de arroz y otros productos alimentarios de 1943 no fue muy buena, si se la compara en especial con la cosecha extraordinaria de 1942, aunque fue bastante mayor que la de 1941 (que no fue un año de hambruna). Sen ha determinado que la disponibilidad de alimentos per cápita en 1943 fue 9% superior a la de 1941, y sólo 10% inferior al promedio de los cinco años precedentes.
Por ende, Sen concluye que la mera falta de alimentos no explica la hambruna; cambios relativamente insignificantes en la oferta alimentaria pueden traer aparejados aumentos bruscos de muertes por inanición. ¿Por qué? Sen señala el simple hecho de que, con arreglo al sistema socioeconómico, las mercancías llegan a la población según su capacidad de a ordenarlas». Cada agente económico tiene una «asignación», o sea una gama de bienes que puede adquirir. Este concepto se aplica más fácilmente a una economía de mercado con poca intervención gubernamental aunque, como recalca Sen, la noción es mucho más amplia.
En una economía de mercado todo bien o servicio tiene un precio, y cada agente económico posee desde el comienzo algunos bienes o servicios: el cultivador de arroz es propietario de un terreno que emplea para producir arroz, que después puede vender en el mercado al precio corriente, o reservar para uso suyo y de su familia. Los ingresos de las ventas se invierten en otros bienes: alimentos, especias, ropa, etc. El trabajador agrícola tiene sólo su mano de obra para vender, después puede gastar sus ingresos en arroz u otros bienes. También en las ciudades hay trabajadores que venden su mano de obra a cambio de dinero para adquirir alimentos, vivienda y ropa, y hay empresarios que compran bienes y mano de obra, producen otros bienes, los venden, y usan los ingresos para su consumo personal y para invertir en la expansión de sus negocios.
Las personas morirán de hambre cuando su asignación sea insuficiente para comprar los alimentos que necesitan para vivir; por consiguiente, su acceso a los alimentos es una función de la distribución de los ingresos y, lo que es más importante, de su capacidad de ofrecer servicios por los cuales otros agentes económicos estén dispuestos a pagar.
Esto, desde luego, no significa que la oferta alimentaria no sea importante. La disminución de la oferta alimentaria aumenta los precios, dada la competencia entre la población para adquirir productos que comienzan a escasear; esto, a su vez, reduce su asignación para comprar alimentos, y si ya la población estaba bastante cerca del nivel de la hambruna, puede sobrevenir la muerte por inanición. El enfoque de la asignación, pese a su sencillez, permite al experto sacar conclusiones acerca de la distribución de la muerte por inanición. Los dueños de fincas, y en menor grado los aparceros, serán menos afectados ya que el alza de los precios compensará, al menos parcialmente, la reducción de sus ventas. Si la disminución de la oferta resulta de algún factor, como una inundación, que reduce la cosecha, es muy probable que los trabajadores agrícolas y forestales sean más gravemente afectados.
Campo de refugiados en Etiopía - el hambre no tiene fronteras
El estudio de las diversas asignaciones y del efecto de las variaciones de la oferta alimentaria - por sí sola o conjuntamente con otros cambios en la economía - pueden facilitar una comprensión más profunda de las causas de la hambruna, que no la simple medición de la cantidad de alimentos disponibles. Pero el objetivo fundamental del análisis de Sen es demostrar cómo cambios relativamente pequeños de la oferta alimentaria pueden acarrear hambrunas. De hecho, su teoría económica es que pueden ocurrir hambrunas a causa de otros factores económicos, sin que medie cambio alguno en la oferta alimentaria.
Sen señala precisamente esos factores en su análisis de la hambruna de 1943 y 1944 de Bengala; en su opinión, el hecho principal que produjo el aumento en la demanda fue la guerra contra el Japón. (Sen ha reconocido que las pruebas disponibles no bastan para demostrar la validez de una secuencia de causas respecto de otras.) Las inversiones públicas aumentaron bruscamente, en especial en la construcción. Como es lógico, esto aumentó la asignación de los trabajadores urbanos empleados en esa esfera, y como la oferta total de alimentos no varió, la asignación de los grupos rurales tuvo que disminuir. Los precios del arroz aumentaron vertiginosamente, aun antes de que hubiera indicio alguno del fracaso de las cosechas.
Cuando las condiciones son desesperadas, la población de Bengala invierte todos sus ingresos en alimentos. Incluso muchos de los que no sufren el temor de morir de hambre suelen estar lo suficientemente hambrientos como para gastar en alimentos una gran parte de cualquier aumento en sus ingresos. En los países más pobres y menos desarrollados se invierten en alimentos aproximadamente dos tercios del ingreso total1. Al aumentar la asignación de los trabajadores urbanos empleados en trabajos relacionados con la guerra, aumenta su disposición a comprar más alimentos; los precios se elevan, y la asignación de los otros grupos disminuirá necesariamente, a menos que aumente la oferta alimentaria. Si estos otros grupos ya se hallan al límite de la subsistencia, es evidente que puede ocurrir una hambruna aunque no disminuya la oferta alimentaria.
1 T.T. Poleman, Quantifying the nutrition situation in developing countries, Food Research Institute Studies, XVIII (1981), p. 25.
Sen ofrece ulteriores explicaciones. Quizás la más controvertida sea la del acaparamiento, bien para el consumo propio o para la especulación. A menudo es difícil probar la amplitud y los efectos del acaparamiento, pero aparte de esta cuestión empírica, existe un importante problema teórico respecto de sus repercusiones. Si la hambruna se prolonga, el acaparamiento inicial hará que las existencias sean mayores más adelante. Si las expectativas del acaparador fueron acertadas, es decir, si el agricultor no necesita consumir más tarde su propio cereal o si el especulador gana dinero vendiendo a precios más altos, el acaparamiento habrá asegurado una mayor disponibilidad de alimentos más adelante, a costa de haber empeorado la situación al inicio.
Tal vez se lograría un resultado mejor si el gobierno incautara una parte de las existencias acaparadas y la distribuyera a los necesitados, pero lo mismo tendría que retirar una parte del uso inmediato. Semejante política equivaldría a un cambio en las asignaciones. Frente a una hambruna, sería inhumano preferir los derechos de propiedad a las necesidades humanas, y oponerse a redistribuir el poder adquisitivo y las otras formas de asignación. Pero esto no cambia la cuestión fundamental del acaparamiento: si consideramos el período de hambruna en su conjunto, el acaparamiento sólo la empeorará si se prolonga demasiado, es decir, si se mantiene lo acaparado hasta después de terminada aquélla.
Dada la carencia de información detallada acerca de las hambrunas, se comprende que Sen no logre explicar en su análisis todos los aspectos de la cuestión. Su punto de vista parece indicar que si la disponibilidad de alimentos cambiara sólo ligeramente, las pérdidas terribles que sufrirían algunas personas redundarían en un consumo mayor de alimentos por parte de otras. Sin embargo, en el cuadro 6.7 (p. 71) relativo a la hambruna de Bengala de 1943 y 1944, el aumento proporcional de la pobreza es casi igual entre los propietarios que no cultivan la tierra (un grupo pobre incluso en las mejores épocas), que entre los campesinos agricultores y los que trabajan parte del tiempo por cuenta propia y parte para otros. Si el fracaso de la cosecha de arroz no fue grande, los propietarios de tierras deberían haberse beneficiado, y cualquier reducción en la cantidad de productos se habría visto más que compensada con el aumento del precio del arroz en comparación con otros precios. Sin embargo, el cuadro sólo abarca algunas regiones rurales; es posible que la oferta de cereales en las regiones urbanas haya sido mayor. En Calcula, al parecer, sólo padecieron la hambruna los emigrados de las zonas rurales.
Sen insiste en el concepto de las asignaciones, del que deriva muchas conclusiones, especialmente con referencia a la sutil interacción entre pastores y agricultores, tema que aborda en los capítulos dedicados a las hambrunas del Sahel y de Etiopía.
¿Qué políticas sugiere el enfoque de la asignación? Sen se muestra sumamente cauto frente a esta pregunta. El breve capítulo dedicado al tema tiende en gran medida a destacar la complejidad del análisis planteado por el enfoque de la asignación. Señala, acertadamente, que no se puede confiar en el mecanismo del mercado, puesto que es precisamente la falta de poder adquisitivo lo que determina las víctimas de la hambruna. Sen se refiere a ciertos tipos de seguro, es decir, arreglos mediante los cuales la asignación de algunos grupos - los agricultores, por ejemplo - pueda aumentarse automáticamente en caso de hambruna. Sin embargo, destaca más las dificultades de este recurso que sus ventajas.
Señala, por ejemplo, que las hambrunas afectan a nivel individual, y que un programa de seguros basado en la oferta alimentaria total no llegaría a sus presuntos beneficiarios. Si los seguros fueran individuales, afectarían, en mi opinión, el incentivo de la gente para trabajar y hacer planes para el futuro, sin embargo, no me parece excesivo establecer a ciertos niveles un programa de seguros (o lo que es igual, un programa de socorros alimentarios) basado en la capacidad de ciertos sectores de la población para adquirir alimentos; tampoco me parece difícil dirigir la ayuda directa hacia los grupos más susceptibles de ser afectados. Con esto no se logrará alimentar a todos los hambrientos, puesto que recibirán ayuda algunos que no la necesitan, y otros que sí la necesitan no la recibirán, pero ningún sistema está exento de este tipo de problema.
Lo que resulta claro es que el hambre, y en última instancia las hambrunas, están fundamentalmente relacionadas con la distribución de los ingresos y la asignación de alimentos. La oferta alimentaria es importante, pero está lejos de determinar quienes padecerán hambre.
Si bien las hambrunas son relativamente poco frecuentes, y los adelantos del transporte y las comunicaciones las vuelven cada vez menos probables, no por ello deja de ser urgente dar respuesta a determinadas hambrunas. Las tres hambrunas del decenio de 1970 que analiza Sen, aunque mucho menos graves que la de 1943 y 1944 de Bengala, fueron terribles. El mismo hecho de que las hambrunas sean siempre menos frecuentes y menos intensas debería facilitar la prestación de una rápida ayuda. A escala mundial, el hambre y la desnutrición son problemas mayores y, por supuesto, estrechamente relacionados. La hambruna, como se desprende del análisis de Sen, ocurre cuando una población ya hambrienta traspasa el umbral relativamente bajo que la separa de la verdadera muerte por inanición.
Mucho se ha debatido el alcance del hambre en el mundo, expresada como desnutrición proteico-calórica. Se estima que haya de 100 millones a 2500 millones de personas afectadas. Sea cual fuere, la cifra es indudablemente muy alta. Dado que los diversos programas de ayuda que las naciones y las organizaciones internacionales están dispuestas a apoyar son insuficientes para enfrentar incluso las estimaciones más bajas, la cifra exacta tiene poca importancia práctica.
Existe una tendencia creciente entre los expertos a considerar el hambre como un problema de distribución de ingresos, de poder adquisitivo. En este sentido, el libro de Sen se puede considerar como parte de un esfuerzo general por renovar el análisis del hambre: su noción de las asignaciones refuerza el concepto de distribución de ingresos, al insistir en sus causas en lugar de aceptarlo simplemente como una premisa. Pero como el análisis causal es necesariamente complejo y aleatorio, ambos enfoques son análogos. El primer trabajo que vinculó la distribución de ingresos con el hambre fue el de Shlomo Reutlinger y Marcelo Selowsky para el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Banco Mundial)2, Los autores establecieron (de modo impreciso) una relación entre el consumo de calorías y los ingresos, seguidamente, con la información fragmentaria disponible acerca de la distribución de ingresos, estimaron el consumo calórico para diversas categorías de ingresos. Sobre esta base pudieron calcular la cantidad de personas cuyo consumo calórico era inferior a cierto nivel crítico. Dado que disponían de pocos datos, el margen de error es enorme, pero este enfoque apunta a las causas subyacentes del hambre.
2 Malnutrition and poverty: magnitude and policy options, Banco Mundial, Monografía N° 23 (1976).
Lo que ha quedado claro es que el hambre, y en última instancia las hambrunas, están fundamentalmente relacionadas con la distribución de los ingresos y la asignación de alimentos. Esto no significa que la oferta alimentaria no sea importante, sino que está lejos de determinar quiénes padecerán hambre. A niveles superiores de consumo el hambre deja de ser un problema fundamental, desplazada por otras necesidades como los medicamentos, la vivienda, etc. En resumen, los promedios no bastan para determinar los logros económicos, aunque no pueden pasarse por alto.
Para cambiar la distribución de los ingresos y los alimentos, las medidas adecuadas - especialmente las que mitigan la hambruna, el hambre y la pobreza - dependen en parte de la información disponible, pero también requieren definiciones conceptuales estrechamente vinculadas con los criterios de valor y las políticas de bienestar. Como contrapunto a su análisis de las hambrunas, Sen estudia algunos problemas de la medición de la pobreza. Demuestra la insuficiencia de la medida que suele usarse en los Estados Unidos, es decir, el número de personas cuyos ingresos están por debajo del llamado «límite de pobreza». Sen rechazaría igualmente un cálculo del hambre basado en el número de personas cuyo consumo alimentario fuera inferior a un nivel fijo definido como a adecuado». La distribución de ingresos por debajo del límite de pobreza, o de consumo calórico por debajo del nivel crítico, puede dar lugar a marcadas diferencias incluso entre los pobres: en el caso del consumo calórico, la diferencia puede ser entre un hambre generalizada y una hambruna pavorosa.
El libro de Sen y otras obras recientes sobre el problema del hambre en el mundo, deberían servir de estímulo para profundizar el estudio de la distribución de ingresos y el modo de mejorar la situación de los más pobres para mitigar las peores consecuencias del sistema económico. Las repercusiones políticas de este cambio de enfoque pueden ser considerables, porque destacan la responsabilidad de los gobiernos de los países menos desarrollados: por muy pobres que sean, estos países generalmente tienen mayor control sobre la distribución de los ingresos internos que los países avanzados con los que comercian.
KENNETH J. ARROW en The New York Review of Books 15 de julio de 1982
Pasta lavada - fose inicial de la fabricación del papel
Rollos de papel fino - cortados para entrar en prensa
Paper and paperboard-manufacturing and converting fundamentals, por James E. Kline, Miller Freeman Publications, Inc., San Francisco, California, 1982. 232 págs., 149 cuadros, figuras y fotografías, en rústica. 39,50 $EE.UU.
Paper and paperboard-manufacturing and converting fundamentals es una guía general de los procesos de fabricación y conversión del papel. Explica toda la gama de operaciones, desde la recolección de la madera hasta el embalaje del producto, y examina las interrelaciones entre las materias primas, los procesos de fabricación y los productos terminados.
Los doce capítulos del libro se organizan en tres secciones: la primera ofrece un panorama general de la industria, y a continuación de una reseña histórica trata del desarrollo económico y las estructuras de las calidades, conjuntamente con las propiedades de los productos y las relaciones entre propiedades, operaciones y calidades. La segunda sección describe el conjunto de operaciones para la fabricación de papel, e incluye capítulos sobre la obtención de pasta para papel, la preparación de materiales, las operaciones de fabricación, y la modificación de la trama. La tercera sección, dedicada a las operaciones de conversión, estudia los métodos y calidades de impresión, las operaciones de corrugado y las materias primas, el papel de embalaje, de seda y comercial. Un glosario y un índice completan el libro.
Climatic variations and variability: facts and theories. A. Berger, ed. D. Reidel Publishing Co., Dordrecht, Boston y Londres, 1981, xxvi + 795 págs., numerosos gráficos, cuadros. 175 florines holandeses (87,50 $EE.UU.).
Este libro es una excelente y actualizada reseña de los problemas que entraña la búsqueda de un perfeccionamiento de las técnicas de comprensión y predicción de los cambios climáticos. Se basa en los resultados de un curso didáctico de dos semanas organizado en 1980 en el Centro para la Cultura Científica Ettore Majorana en Erice, Trapani, Italia, e impartido por 45 conferenciantes, entre ellos algunos de los principales investigadores que se dedican al análisis de los datos climatológicos históricos y a desarrollar modelos de clima para las computadoras. Este libro servirá como fuente de consulta tanto a fines didácticos como de investigación.
Se publica como respuesta a las necesidades de un número creciente de científicos, de obtener información actualizada sobre los hechos conocidos y las últimas teorías acerca del cambio climático. Estas necesidades apremian cada vez más debido a la demanda siempre creciente de energía y alimentos, y a los riesgos de que se malogren las cosechas con las consiguientes dificultades sociales y políticas.
Los temas que requieren investigación urgente son: las interacciones en el albedo de la superficie (por ejemplo, en las regiones con variaciones estacionales de hielo polar, el Sahara-Sahel, o las zonas con cubierta vegetal y humedad variables); las interacciones océano-atmósfera; los posibles efectos de las actividades humanas, especialmente el quemar combustibles fósiles.
En el libro se analizan los resultados de los estudios de los climas históricos, cuyos principales cambios se manifiestan a través de una amplia variedad de propiedades químicas, biológicas y geológicas sensibles al clima, y preservadas en depósitos naturales estratificados que ilustran las variaciones climáticas durante un millón de años. Por último, algunos destacados exponentes de los modelos computadorizados de la circulación general, ofrecen una excelente relación de la gama completa de los modelos elaborados, que van desde sistemas de balance de energía relativamente sencillos hasta sistemas complejos como los que se utilizan en el pronóstico del tiempo.
Tomado de una reseña de D.R. DAVIES en el World Meteorological Organization Bulletin, Vol. 31, N° 2.
Resource conservation glossary, publicado por la Soil Conservation Society of America, Ankeny, Iowa 200 págs, 7 $EE.UU. (6 $EE.UU. para los miembros de la SCSA), porte pagado.
La Soil Conservation Society of America (SCSA) ha publicado una edición ampliada del Resource conservation glossary.
En esta tercera edición figuran más de 4000 términos utilizados en las ciencias de la conservación del suelo y el agua, y en otras 32 disciplinas y tecnologías relativas a los recursos naturales. Las disciplinas y tecnologías de que trata la obra comprenden, entre otras, agricultura, biología ictícola y de la fauna, cartografía, educación en materia de conservación, computadorización, ecología, economía, ingeniería, geología, silvicultura, horticultura, hidrología, riego, planificación del uso de la tierra, recreación al aire libre, materiales para plantas, minería, telemetría, detección a distancia, aprovechamiento de los desechos, y modificación del clima.
Este libro de 200 páginas, de 15 × 23 cm, encuadernado en rústica, es apropiado para el trabajo en el terreno.
Resource conservation glossary puede adquirirse en la SCSA, 7515 N.E. Ankeny Road, Ankeny, Iowa 50021, EE.UU.
The Oxford encyciopedia of trees of the world, Bayard Hora (Asesor de edición). Oxford University Press, 1981, 288 págs., 12,50 libras esterlinas, ISBN 0-19-217712-5.
Este libro maravillosamente ilustrado (más de 280 fotografías) con prólogo del Director del Jardín Botánico Real de Kew, aborda el tema con un análisis inicial de la naturaleza de los árboles; después delinea una perspectiva general de los bosques del mundo, y bosqueja la dependencia del hombre de los árboles y los bosques. Este último tema se analiza en los capítulos de silvicultura, productos forestales, silvicultura de recreo y urbana, y enfermedades y plagas de los árboles.
Los capítulos introductorios, muy bien escritos, constan de 53 páginas y van seguidos de la parte principal del libro, que es la descripción de una muestra representativa de los árboles del mundo (p. 54-267). Cada género tiene su clave de identificación. Se ha insistido más en una buena selección de ilustraciones y de información general, que en la técnica. El capitulo final contiene indicaciones clave sobre las familias y géneros de coníferas y frondosas de que trata el libro. Ese capitulo va seguido de una bibliografía, un glosario, e índices de los nombres comunes y científicos.
Es evidente que un libro de este formato no puede abarcar todos los árboles del mundo, y ni siquiera un número demasiado grande; de acuerdo con los resultados alcanzados, resultaría más apropiado titularlo «El mundo de los árboles». No obstante, el libro logra ilustrar de forma sucinta y clara la extraordinaria diversidad y grandiosidad de los árboles y los bosques. Indudablemente, el libro es una excelente oportunidad, al precio de 12,50 libras esterlinas, y es ideal como regalo instructivo, bello y de fácil comprensión para los profanos.
LAURENCE ROCHE de Forest ecology and management
Remote sensing: optics and optical systems por Philip N. Slater. Addison-Wesley Pub. Co., Reading, Mass., EE.UU., 1980. Numerosas figuras y cuadros. xvi + 575 págs. 34,50 $EE.UU.
Este libro trata principalmente de las ondas ópticas de 0,4 a 16 m m de longitud, y contiene informaciones detalladas sobre los instrumentos y técnicas para las mediciones espectrorradiométricas. En las primeras secciones del libro se analizan los métodos fundamentales de la detección a distancia y la naturaleza de la información obtenido, junto con algunos problemas teóricos relacionados con la propagación de las ondas electromagnéticas y su interacción con la atmósfera y la superficie. Se dedican varios capítulos a la teoría de los sistemas ópticos y de los instrumentos, y a los problemas de la formación de las imágenes.
Otros temas del libro son: un análisis detallado de las ventajas e inconvenientes de los principales tipos de instrumentos espectrorradiométricos utilizados en sondeos a distancia; los instrumentos calorimétricos y las ventajas de la colorimetría; los sensores de la radiación; las características técnicas básicas y los rasgos estructurales de los satélites de detección a distancia más conocidos, como el Tiros, el Nimbus y el Landsat.
La exposición del material es sencilla y completa con un mínimo de expresiones matemáticas. Contiene múltiples referencias, y los numerosos cuadros, monogramas, gráficos y figuras permiten encontrar rápidamente un sistema óptico adecuado para solucionar cada problema especifico. Un tratamiento de este tipo no puede ser exhaustivo, y es de lamentar la escasa información respecto de la espectrometría correlación.
Esta monografía será, sin duda, muy útil para graduados y posgraduados que se estén especializando en campos relacionados con los estudios ópticos de la atmósfera o con las características naturales de la tierra.
Tomado de una reseña de K. KONDRATYEV publicada en el World Meteorological Organization Bulletin, Vol. 31, N° 2.
Study and management of large mammals, por T. Riney. J. Wiley and Sons Ltd, 1982. 552 págs.
Tanto el autor como el editor merecen una felicitación por este libro útil para el personal de ordenación de tierras que se ocupa de los ecosistemas naturales de los cuales los grandes mamíferos son un componente importante. El autor combina la sencillez de un trabajador práctico y experimentado con el pragmatismo de un administrador avezado, en la descripción de un método para resolver los problemas de la vida real, especialmente adecuado para los países del Tercer Mundo.
De manera directa y sencilla, el autor recalca la necesidad de recopilar información acerca de los animales y de su ambiente, cuando se trata de determinar y resolver los problemas. Describe muchas técnicas útiles para comprender mejor las relaciones complejas y dinámicas entre los animales y el ambiente, pero no es esclavo de sus propios métodos, y con frecuencia aconseja a sus lectores la creación de métodos propios, siempre que respondan mejor a la incógnita de que se trate. Riney pone en guardia contra la tendencia a aplicar técnicas como mero ejercicio intelectual.
El método de Riney subraya la necesidad de obtener de manera sistemática conjuntos de datos integrados pertinentes entre los que se pueda establecer relaciones acerca de la incidencia, utilización (o relación) y respuesta de los componentes animal y ambiental del ecosistema. En otras palabras, esto significa determinar los animales y las plantas fundamentales de un sistema, sus relaciones mutuas más importantes y la forma en que responden a esas relaciones. Se destaca la importante distinción entre la situación actual de una población animal o vegetal determinada, o de un conjunto de características del suelo, y su tendencia hacia un cambio, lo que resulta fundamental para comprender la dinámica del sistema y es, por ende, esencial para ordenarlo inteligentemente.
Botswana: especialista en fauna - el manejo adecuado se vale de datos exactos
Con harta frecuencia, los estudios más complejos sobre los grandes mamíferos o su ambiente son de valor limitado para la ordenación, a menos que la información procedente de los tres niveles y de los dos componentes del sistema sea verdaderamente comparable. Resulta difícil interpretar los diversos conjuntos de datos, aun cuando estén disponibles. Con absoluto rigor científico, el enfoque de Riney recurre a toda fuente de información pertinente (aun si alguna puede ser más bien imprecisa) para elaborar un síndrome que tenga sólo una interpretación específica para definir correctamente un problema y hallar posibles soluciones. Así puede obviarse la necesidad de emprender prolongados proyectos de investigación, a la vez que se obtienen los antecedentes básicos para adoptar medidas de ordenación adecuadas y oportunas.
Asimismo se realzan dos aspectos de la ecología de los mamíferos, importantes para su ordenación, pero cuya investigación se ha descuidado porque son difíciles de estudiar. Se trata de la comprensión de los requisitos esenciales del hábitat de las diversas especies de animales y plantas, y del modo de dispersión de los grandes mamíferos lejos de sus lugares de origen. Un análisis somero pondrá de manifiesto la importancia fundamental de este conocimiento para una amplia gama de situaciones relacionadas con la ordenación, que pueden ir desde la protección de las comunidades bióticas hasta el control de los animales problemáticos, pasando por la conservación de las especies convenientes y cultivables.
Además de propugnar un enfoque integral del estudio y la ordenación de los grandes mamíferos (en particular de las especies de apacentamiento y pastoreo) en determinadas zonas, y de sugerir métodos adecuados para hacerlo, el libro es una fuente útil de información. Ofrece indicaciones para la planificación de investigaciones, la recopilación de datos, la determinación de los hábitat, la ordenación de zonas especiales y la determinación de los problemas de los animales; señala también problemas comunes de la fauna silvestre de los países en desarrollo, y contiene un capítulo sobre la recolección, identificación y conservación de especímenes biológicos. El libro incluye ocho eficaces apéndices con directrices fáciles para determinar la edad de los animales según la dentición, y para clasificar en el campo a los búfalos y a los elefantes africanos por grupos de sexo y edad; para recopilar datos para muestras representativas polivalentes; para establecer una legislación nacional sobre la fauna silvestre y los parques; para secar las carnes destinadas a la venta; para recabar ayuda externa, y para planificar y administrar los parques nacionales. En el sexto apéndice figura un resumen de las categorías contenidas en el libro rojo.
Hay algunas erratas lamentables, y en la página 102 se lee que julio es el mes más húmedo en la zona del Africa meridional (el Parque Nacional Kruger) donde trabajó Stevenson-Hamilton; en realidad, julio cae dentro del apogeo de la temporada de frío y sequía.
Estos errores no restan mérito a un excelente libro de agradable lectura, que resultará de especial utilidad para la capacitación de los trabajadores en el terreno, y como guía para las investigaciones de laboratorio emprendidas por las instituciones de conservación que enfrentan problemas cotidianos y carecen de recursos suficientes para comprenderlos y resolverlos. Asimismo, debería ser una lectura obligatoria para todos los biólogos y agrónomos jóvenes que inician una carrera de investigación u ordenación en regiones con poblaciones importantes de grandes mamíferos. Los científicos de experiencia disfrutarían su simplicidad y pragmatismo, cuando sostiene que la naturaleza debe formular las preguntas y dar las respuestas.
GRAHAM CHILD
Director de Parques Nacionales y Ordenación de la Fauna Silvestre de Zimbabwe