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Las plantas medicinales

Edward S. Ayensu

EDWARD S. AYENSU, de Ghana, es Director de la Oficina de Conservación Biológica de la Smithsonian Institution, Wáshington, D.C. Este artículo es una versión abreviada de «A worldwide role for the healing power of plants» (Aplicación del poder curativo de las plantas en el mundo) artículo que apareció originalmente en el Smithsonian Magazine, publicado por la Smithsonian Institution, Wáshington, D.C.

Muchos países en desarrollo exportan sus plantas medicinales a los países del mundo desarrollado, donde se las selecciona, analiza y emplea para preparar fármacos que vuelven a ser exportados a precios exorbitantes.

El valor terapéutico y los poderes curativos de las plantas me fueron demostrados cuando yo era un muchacho de unos diez años. Sufría de un dolor abdominal agudo y persistente; la medicación que se me había administrado en el hospital central, al cual mi madre me condujo, no surtía efecto. Desesperada, me llevó donde Egya Mensa, un herbolario muy conocido de mi ciudad natal en la provincia occidental de Ghana. Incluso los médicos del hospital lo conocían, y se había ganado la reputación de ofrecer ayuda eficaz a enfermos que la medicina occidental no lograba curar.

Después de una breve entrevista, no muy diferente de las que se hacen a diario en muchos consultorios de medicina general de los Estados Unidos, nos dejó esperando en su consulta mientras iba al campo. Volvió con varias hojas y la corteza de un árbol, y uno de sus ayudantes preparó inmediatamente una cocción. Me dieron un vaso de este preparado; sabia muy amargo, pero al cabo de una hora comencé a sentirme aliviado. El resto de la cocción lo pusieron en dos grandes botellas para que pudiera tomar dosis periódicamente. A los tres días cesaron los dolores abdominales y recuerdo que recuperé un buen apetito. Desde entonces he apreciado los poderes curativos de las plantas medicinales.

Mi experiencia puede parecer extraña a los que proceden de zonas urbanas del mundo desarrollado, pero casos como el mío son frecuentes en los países menos prósperos. De hecho, los estudios demográficos de diversos gobiernos y de organizaciones intergubernamentales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), indican que para un 75% a un 90% de la población rural del mundo, el herbolario es la única persona que trata sus problemas médicos.

En la cultura africana siempre se considera a los médicos tradicionales como dirigentes espirituales influyentes, que emplean la magia y la religión junto con las medicinas. La enfermedad se trata con los poderes espirituales ocultos del hombre, y con la aplicación de ciertas plantas a las que se han descubierto poderes curativos especiales.

El Jefe Joseph Olusola Lambo, de Nigeria, en una entrevista reciente para la Voz de América, describió cómo fue introducido a la medicina herbolaria a la edad de 15 años. Presidente actual de la Asociación Nigeriana de Herbolarios Médicos, el Jefe Lambo se interesó por la medicina tradicional desde muy joven. A raíz de un fuerte dolor de cabeza, Lambo fue acompañado por un pariente a un pueblo donde un médico tradicional le lavó la cabeza en una alberca con un jabón de fabricación local que contenía una medicina natural; poco después, desapareció el dolor de cabeza. Lambo quedó tan impresionado que comenzó su propia investigación sobre el uso de las plantas medicinales. Para él se trataba de una manifestación de la ciencia en acción.

El Dr. Thomas Lambo, hermano menor del Jefe Lambo, es Director General Adjunto de la Organización Mundial de la Salud y psiquiatra reconocido internacionalmente. Ambos están muy interesados en las relaciones existentes entre la medicina tradicional y la medicina moderna. El Jefe Lambo explica que «antes, dichas relaciones eran muy tensas, porque los doctores modernos no creían en la medicina tradicional y ni siquiera querían ver a los curanderos tradicionales. Sin embargo, últimamente han descubierto que la contribución de la medicina tradicional puede ser importante». La situación ha mejorado tanto que el Centro de Investigación Farmacéutica de la Universidad de Ife, en Nigeria, emplea a un herbolario como consultor con plena dedicación en el programa de química vegetal del Dr. Abayomi Sofowora. Este y sus colegas, muy versados en investigación científica moderna, reconocen sin embargo la importancia de la medicina herbolaria, y creen que hay mucho que aprender de los herbolarios acreditados.

flores del tulipán africano - Spathodea campanulata que cura las úlceras de la piel

pimientos: base de muchos remedios herbarios

parra africana Strophanthus hispidus es a la vez un veneno para flechas y un tónico cardíaco

CEREMONIA DE GRADUACIÓN DE HERBOLARIOS EN GHANA - muchos doctores formados en Occidente prescriben medicinas tradicionales

LABORATORIO DE UN HERBOLARIO EN GHANA - las medicinas locales son a menudo más sanas que las costosas medicinas sintéticas importadas

Durante un viaje reciente a Nueva Delhi, visité varias farmacias que vendían únicamente productos a base de plantas medicinales elaborados localmente. Uno de los tenderos me dio una lata de medicina con la etiqueta Baidyanath Chyawanprash Avaleha y me dijo: «Tenga y úselo; aumenta la vitalidad y la memoria; también puede curar enfermedades bronquiales y respiratorias; puede emplear de 6 a 12 g dos veces al día con leche o miel. Le hará bien.»

Cogí algunas cortezas y raíces bien envasadas de Rauwolfia serpentina, una planta muy conocida en la antigua medicina de Asia que contiene el alcaloide reserpina. Antes de que pudiera hacer alguna pregunta, el tendero me dijo: «Esta es una planta muy importante; contiene muchos productos químicos muy poderosos. ¿Sabe usted que la planta tiene la virtud de hacer bajar la presión arterial y el pulso? ¿Conoce usted alguien que tenga hipertensión? Esta es la mejor medicina. Nosotros la empleamos también para tranquilizar a los locos, porque los alcaloides de la planta ejercen una influencia sobre la mente.» El tendero, según supe después, era graduado en medicina de una de las universidades de la India, pero eligió aplicar la medicina herbolaria porque creía que a su pueblo le iban mejor los remedios locales que las costosas medicinas sintéticas importadas que no tenían significado tradicional, social o psicológico.

Continuó explicándome que la India había sido uno de los países precursores en el desarrollo y práctica de los sistemas indígenas de medicina, bien documentados posteriormente, siendo los más notables el Ayurveda (indostano) y el Unani (griego e islámico). Destacó que la materia médica de estos dos sistemas encierra una rica herencia de la medicina herbolaria indígena que ha ayudado a mantener durante siglos la salud de los pueblos de la India. «Me complace muchísimo y estoy muy satisfecho de haber vuelto, después de formarme como médico moderno, a nuestro tipo de medicina que es más conveniente para nosotros», me dijo.

En el Nepal, en el Laboratorio Real de Investigación Farmacéutica, donde se está realizando un importante programa de investigación sobre plantas medicinales, conocí al Director General, Dr. S.S. Malla, quien expresó también su gran satisfacción por la atención creciente que se está dando a la medicina herbolaria en su país y en el extranjero. Luego me recordó que las plantas medicinales han desempeñado un papel importante en la cultura hindú, como se muestra en el Rig Veda, escrito, según se supone, entre los años 4500 y 1600 a. de C. Añadió que «es muy poco probable que la cultura hindú abandone tan rica herencia, sobre todo ante la escalada de los precios de las medicinas occidentales».

Mientras visitaba las instalaciones de investigación, se me ocurrió hacer algunas preguntas sobre la aceptación de la medicina herbolaria, especialmente entre los nepaleses de formación occidental. «En el fondo todos confían en las medicinas locales. Algunos medicamentos sin elaborar de especies de Rauwolfia, Ephedra, Aconitum y Nardostachys aún se utilizan comúnmente para curar la hipertensión y muchas enfermedades cardiacas», me informó uno de los miembros del personal.

En los últimos años, se ha reconocido que las plantas medicinales son «fábricas de productos químicos». Por ejemplo, el aroide euroasiático Acorus calamos es muy buscado, y se lo utiliza actualmente en 51 específicos farmacéuticos diferentes, debido a que los rizomas contienen un aceite esencial de propiedades insecticidas y sedantes.

A nivel mundial, la mayoría de las materias primas empleadas en la preparación de medicamentos se recoge en las zonas silvestres. La intensa recolección de ciertas plantas para los mercados farmacéuticos locales y extranjeros se ha convertido en un gran problema. Un ejemplo sorprendente es el agotamiento de una especie muy buscada de ñame (Dioscorea), cuyo compuesto químico, la diosgenina, se utiliza como material básico en la fabricación de píldoras anticonceptivas.

La vincristina, producto químico derivado de la pervinca de Madagascar (Catharanthus roseus) se vende a más de 200000 dólares el kilo. Este producto ha permitido una disminución notable de la mortalidad entre los pacientes jóvenes de leucemia. En la República Popular China se cultiva actualmente todo el suelo disponible adecuado para la producción de esta planta. Debido al bajo rendimiento de vincristina a partir de Catharanthus roseus, los chinos necesitan tratar por lo menos 100000 kg de una vez para poder obtener una producción razonable de alcaloide. Las hojas representan alrededor del 10% del peso seco total de la planta, por lo que se suelen tratar de una vez unos 900000 kg de plantas secas.

China es quizás el país en que más sistemáticamente se integra la medicina herbolaria en los sistemas corrientes de asistencia sanitaria. En varias visitas a este país he tenido oportunidad de observar la práctica de la farmacología herbolaria en gran escala.

En las cercanías de Beijing existe una plantación experimental del Instituto de Materia Médica. En este establecimiento, que ocupa unas 26 ha, se cultivan alrededor de 1500 especies de plantas medicinales bien cuidadas. Un funcionario del instituto me explicó: «Aquí se preparan cada año alrededor de 10000 "médicos descalzos" que adquieren experiencia en el cultivo de plantas medicinales. Nuestra población es grande, y por ello necesitamos más médicos de este tipo para que trabajen tanto en las ciudades como en las zonas remotas.» Esta plantación cuenta con la confianza de los laboratorios de investigación farmacéutica, que obtienen de ella suficientes plantas garantizadas para evaluaciones biológicas o estudios químicos.

Viajando por el mundo en desarrollo, he descubierto con agradable sorpresa el creciente interés por la medicina tradicional entre la población más instruida. Esta observación es particularmente aplicable al subcontinente indio. La población instruida de Africa y América Latina tiene todavía un cierto camino que recorrer hasta lograr su propia reeducación. Me preocupan especialmente los médicos del Tercer Mundo de formación occidental que manifiestan una falta de atención y un desdén totales por la importancia de la medicina herbolaria en la situación sanitaria del mundo. Algunos de esos médicos sienten incluso vergüenza de admitir que sus padres utilizaban los antiguos remedios populares para tratarles y salvar su vida durante la infancia.

Muchos de los médicos de formación occidental parecen haber sufrido un lavado de cerebro hasta llegar a creer que sólo tienen poderes curativos los medicamentos procedentes de los países desarrollados. Parecen ignorar que las principales firmas farmacéuticas buscan constantemente nuevos compuestos activos procedentes de las plantas medicinales de los países en desarrollo.

Ante los precios crecientes de las medicinas, especialmente de las medicinas sintéticas derivadas de los productos petroquímicos, los químicos están dirigiendo su interés hacia las hierbas, en busca de nuevas sustancias medicinales aún no descubiertas. Además, muchos países en desarrollo saben que sus plantas medicinales indígenas se importan en los países desarrollados donde se seleccionan, analizan y utilizan en preparaciones farmacéuticas, para exportarlas luego a precios exorbitantes. Esta situación ha sido descrita por el doctor Halfdan Mahler, Director General de la Organización Mundial de la Salud, como «una colonización farmacéutica».

una amplia gama de plantas medicinales

UN PUESTO BIEN APROVISIONADO DE UN MERCADO AL AIRE LIBRE - el típico «almacén» de Africa occidental

UNA FARMACIA Y HERBORISTERÍA MODERNA DE LA INDIA - una nueva ola de medicina tradicional

BOTIQUÍN CHINO - un tesoro de hierbas medicinales

EMBALAJE MODERNO - nueva imagen para viejos medicinas

Por razones sanitarias, sociales y económicas, es evidente que los países en desarrollo deben comenzar un amplio programa dedicado al estudio de las plantas medicinales más importantes. Actualmente, la información sobre esas plantas está dispersa y desorganizada en la mayoría de los países; gran parte es de conocimiento de herbolarios de edad avanzada que representan una categoría en vías de extinción.

Sin embargo, hay entre los especialistas una sensación general de que la superstición mágica y el dogma que rodean a las plantas medicinales están cediendo paso gradualmente al conocimiento de la base real de los poderes curativos de estas plantas. La proliferación de la información sobre «alimentos naturales» ha influido en el gran interés reciente por las hierbas como medicamentos.

Cada vez más gente se da cuenta de que un número considerable de recetas despachadas en las farmacias contienen distintos productos vegetales en su estado natural. En 1973, último año para el que se dispone de datos fidedignos sobre recetas médicas en los Estados Unidos, se demostró que de los 1532 millones de recetas despachadas en las farmacias de todo el país, el 41,2% indicaban productos naturales y, de éstos, el 25,2% eran productos procedentes de plantas con flores. Si se consideran solamente las recetas de los hospitales estatales y federales de los Estados Unidos, se estima que las que indican plantas con flores o sus productos ascienden a 4000 millones de dólares anuales.

Para quienes viven en países prósperos puede parecer inconcebible que los habitantes de los países pobres - alrededor del 85% de la población mundial - nunca consulten a un médico o acudan a un hospital. Pero tales estadísticas han impulsado a la OMS, después de muchos años de descuido, a iniciar un programa para promover y desarrollar la medicina tradicional, que se aplicará en todo el mundo en desarrollo.

Según los informes de la OMS, la medicina tradicional «debe evaluarse, dándole el reconocimiento debido, y desarrollarse de modo que se aumente su eficacia, seguridad, disponibilidad y difusión al menor costo». «Es ya el propio sistema sanitario de la población, y es bien aceptado por ella. Tiene siempre ciertas ventajas respecto a los sistemas importados de medicina porque, como parte integrante de la cultura del pueblo, es especialmente eficaz para resolver ciertos problemas sanitarios con connotaciones culturales. Puede contribuir y contribuye sin duda a la medicina científica y universal. Su reconocimiento, promoción y desarrollo aseguran el debido respeto a la cultura y el patrimonio de un pueblo.»

El Dr. R.H. Bannerman, hasta hace poco Director del Programa de Medicina Tradicional de la OMS, resumió el sentimiento actual sobre la medicina tradicional en la forma siguiente: «Hay algunos que adoptan una actitud hostil hacia la medicina tradicional y otros que, sin reservas, aceptan todas las cosas transmitidas por la tradición. Ambas actitudes son indudablemente equivocadas. Está surgiendo una tendencia más realista que distingue y descarta las prácticas toscas y perjudiciales, reteniendo al propio tiempo los métodos más depurados y útiles para un posterior desarrollo y aplicación.»

Todos los países que pertenecen a la OMS se han comprometido a proporcionar asistencia sanitaria primaria a toda su población para el año 2000. Como es lógico, no podemos continuar dependiendo exclusivamente de la aplicación de la medicina occidental. Esto es evidente, sobre todo cuando comprobamos, por ejemplo, que hay actualmente más médicos en la zona metropolitana de Wáshington, D.C. que en toda el Africa negra. Mientras la medicina tradicional pana el respeto de las sociedades modernas, existe la posibilidad de que surja una nueva generación de médicos. Puedo anticipar una transformación: el aumento del número de herbolarios muy bien formados que puedan escribir sus diagnósticos, seguir sus observaciones clínicas y registrar la eficacia y seguridad de las hierbas administradas. Por último, es de esperar que el curandero tradicional conserve los atributos de su práctica médica y mantenga su posición psicológica en la comunidad.


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