June Taboroff
JUNE TABOROFF, de los Estados Unidos, se dedica a problemas de historia de la arquitectura relacionados con la conservación de monumentos y sitios históricos.
Las casas de madera semidestruidas de Estambul van siendo reemplazadas por edificios de hormigón. Se está perdiendo un valioso aspecto del patrimonio arquitectónico turco que se debería renovar y preservar.
Las últimas casas de madera de Estambul se están hundiendo, y con ellas está desapareciendo un tipo de arquitectura y de cultura. Estas construcciones son ejemplos de ingenio y de gusto, forman parte integrante de la estructura de la ciudad histórica y son elementos fundamentales para la preservación de su perfil urbano. La vista tradicional de la ciudad - calles estrechas bordeadas de casas de madera con miradores, dominando el festón de aguas que circundan la ciudad - será pronto un recuerdo.
Estambul, la única ciudad del mundo situada en dos continentes, se extiende desde la llanura de Tracia, al oeste, a Asia, al este. Más de cinco millones de personas viven en la ciudad. Su antiguo centro, Stamboul, que data por lo menos del siglo VII a. de C., está situado en el extremo sudeste de Europa.
Aunque se pueda alegar que la energía dedicada a salvar las casas de madera de Estambul es desperdiciada, teniendo en cuenta todos los males urbanos con que se enfrenta la ciudad, estas estructuras tienen una importancia innegable. Son los únicos ejemplos que quedan de la arquitectura nativa de Estambul, y representan formas de edificación conocidas por lo menos desde el siglo XVI. Son, pues, vínculos directos con el pasado turco. Además, el número de casas de madera que deben preservarse es sólo un porcentaje muy pequeño del número original de construcciones de madera, y requiere una inversión relativamente modesta.
Hay una tendencia comprensible en los países del Tercer Mundo a descuidar la preservación de su propio pasado físico porque, con frecuencia, para los ojos contemporáneos es modesto, o quizás ruinoso. Conviene señalar que en el Cuarto Simposio del Comité Internacional para la Conservación de Edificios y Estructuras de Madera, celebrado en junio de 1982 en Ottawa y Quebec (Canadá) esta materia fue incluida entre las recomendaciones.
Las casas de madera de Estambul, construidas en gran parte en la segunda mitad del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, son de dos tipos principales: la konak, y la que forma parte de una hilera. La konak, que es la forma más antigua de edificación, es una casa urbana unifamiliar rodeada de un jardín. Tiene habitaciones de recepción en la planta baja y la vivienda privada en los pisos superiores. Hay un piso ático, construido a modo de pabellón, encima de los espaciosos vanos habitables.
La casa construida en hilera se desarrolló a fines del siglo XIX, cuando los solares de los edificios konak, de mayor tamaño, fueron reparcelados. Por ser de construcción más reciente, tiende a estar mejor conservada que las konak. Hay tres planos de planta básicos, todos ellos con un hueco de escalera flanqueado por una o dos habitaciones. Casi todas las casas en hilera tienen un pequeño jardín adosado, disimulado detrás de altos muros, con árboles y flores, y a menudo con un pozo. Las primeras fotografías y vistas de la ciudad de Estambul muestran una urbe con muchos espacios verdes.
Técnicas de construcción. La mayoría de las casas de madera se construyen sobre cimientos de piedra. Un armazón de madera de dos o tres pisos, coronado por una cubierta en forma de terraza, es característico tanto de las casas konak como de la casa en hilera. En Estambul se clavan tablas estrechas a los moros externos, mientras que las paredes internas se recubren con enlucido de cal. Este es un método de construcción particularmente rápido y económico, que permite edificar las casas en poco tiempo con pequeñas cuadrillas.
En otras partes de Turquía y en los Balcanes, las superficies intermedias del armazón se pueden llenar mediante obra de cascote, piedra o ladrillo. En Bursa se emplea ladrillo y mortero con armazón de madera, aproximándose a los edificios de madera y mampostería, similares a la casa alemana denominada Fachwerk. El sistema turco es también muy similar al entramado de pequeñas piezas o entramado de cesto, que apareció por primera vez en Chicago, Estados Unidos, en 1833, y que durante 20 años estuvo en boga en las zonas urbanas del oeste de los EE.UU.
El método de construcción posibilitado por los avances en la fabricación de clavos y creado como respuesta a la necesidad de una edificación rápida, consistía en un entramado ligero unido mediante clavos, en vez del sistema antiguo de vigas pesadas, ensambladuras de caja y espiga y pasadores. En este nuevo sistema de construcción, las vigas de apoyo, los pies derechos, las viguetas de piso y los cabrios de tejado, eran de piezas aserradas delgadas, clavadas entre si de tal modo que todos los esfuerzos seguían la dirección de la fibra de la madera. Los maderos formaban una estructura a la que se añadían después los tableros o tablas solapadas.
En Estambul la madera preferida es el pino, y el haya para la carpintería interior. En las casas más refinadas y lujosas, los interiores estaban esmeradamente equipados de armarios, estanterías de pared y techos y suelos decorativos. La madera aserrada de las casas de Estambul procedía de bosques próximos, del lado asiático o del europeo. La costa del Mar Caspio es especialmente rica en bosques. La madera aserrada se embarcaba hasta el puerto de Estambul para su descarga y distribución.
Los métodos relativamente sencillos de construcción del entramado de pequeñas piezas contrastan con las características decorativas caprichosas de las casas. Las fachadas están adornadas con trabajos en madera tallada y recortada que les dan un aire alegre y caprichoso. Una profusión de motivos decora las puertas y los marcos de las ventanas, las cornisas, las ménsulas bajo los miradores y en las esquinas. Tales características expresaban las propias fantasías y gustos del propietario.
Frente de una casa de madera bien conservada; hay pocas en condiciones similares
La tradición de la talla de madera y la carpintería en Turquía es complicada y rica. Una serie de puertas de madera bellamente talladas e incrustadas, que datan del siglo XIII en adelante, marcaban la entrada de las mezquitas y los palacios. Durante el último período otomano, esta forma artística originalmente regia, pasó a la arquitectura doméstica de los ciudadanos ricos de Estambul, y se empleó también, más atenuada, en las casas modestas.
El emplazamiento y la forma de las ventanas son otras características distintivas de las casas de Estambul. Las ventanas son numerosas y amplias, generalmente concentradas en los dos pisos superiores. Su colocación refleja el deseo de tener hermosas vistas de las aguas que bañan la ciudad y combinar las condiciones de aislamiento y sociabilidad.
El entorno urbano. Los problemas con que se enfrenta la histórica ciudad de Estambul son crónicos: la necesidad de preservar un gran número de monumentos bizantinos y otomanos, una migración rural incontrolada y la falta de fondos para rehabilitación.
Aunque los principales monumentos históricos no están en peligro inminente, sí lo están las áreas circundantes. Este es especialmente el caso de los barrios en donde existen todavía las tradicionales casas de madera. En Estambul queda muy poca arquitectura doméstica anterior al siglo XX. Se estima que sólo sigue en pie el 1% de las 150000 casas de madera originales.
Suleymaniye y Zeyrek. La mayor concentración de casas de madera se encuentra en dos distritos, Suleymaniye y Zeyrek. El distrito de Suleymaniye, superpoblado y en proceso de desmoronamiento - bordeado por el bulevar Ataturk, el complejo de la mezquita de Suleymaniye y la Universidad de Estambul - incluye el mercado de comerciantes de textiles, el mercado al por mayor de frutas y verduras, y pequeñas industrias y almacenes, con casas en hilera de fines del siglo XIX. La mayoría de éstas se están viniendo abajo; no tienen cocina ni instalaciones sanitarias, aunque sí electricidad y agua corriente. El sistema de alcantarillado data aproximadamente de 1910. Los inquilinos suelen ser cuatro o cinco por habitación.
Zeyrek es el primer punto de desembarco en Estambul para los inmigrantes de Anatolia. Situado en las faldas del Cuerno de Oro, al oeste y por encima del bulevar Ataturk, cerca del complejo del monasterio bizantino de Pantocrátor, es donde los inmigrantes encuentran sus primeros alojamientos, a menudo con parientes procedentes de su aldea natal. Su estancia en estas casas de madera mal equipadas, en hileras o konak, es temporal, después de encontrar un empleo se trasladan a zonas residenciales más nuevas que han brotado en la periferia de Estambul, denominadas gecekendus. Las oleadas de inmigrantes que pasan por Zeyrek crean una situación de descuido y abandono. No se hacen las reparaciones más necesarias, mientras la casa es alquilada sucesivamente a nuevos inquilinos por propietarios despreocupados. Pronto aparecen agujeros en el techo, la estructura sufre graves daños por la humedad, y la casa se derrumba. A posar de existir una conciencia pública creciente sobre el valor artístico e histórico de estas casas, su desaparición continúa a un ritmo acelerado.
Accidentes y planes han contribuido a la construcción de las casas de madera de Estambul. Los incendios devastadores que arrasaron barrios enteros dejando incontables habitantes heridos y sin vivienda, han marcado la historia de Estambul. Estos incendios obligaban a una continua reconstrucción. Para combatirlos, se promulgó una ley decisiva en los años veinte, prohibiendo nuevas construcciones de madera sin espacios libres adecuados entre las casas. Ello puso fin a las construcciones de madera en el centro de la ciudad, densamente poblado.
La suerte política y económica de Estambul ha determinado también el destino de las casas de madera. En el curso del siglo XIX Estambul se convirtió en el centro fabril de Turquía. Las construcciones industriales ocuparon la parte superior del Cuerno de Oro, de Suleymaniye y del bazar. Una afluencia de trabajadores de bajos ingresos produjo un rápido crecimiento de la población. Los viejos distritos residenciales otomanos cambiaron extraordinariamente. La modernización de Estambul, iniciada en la segunda mitad del siglo XX bajo la dirección de planificadores urbanistas franceses, fue un golpe devastador a la situación ya difícil del centro histórico. Sólo ha sido cuestión de suerte el que se hayan conservado algunas concentraciones de casas de madera.
Causas del deterioro. Como suele suceder, múltiples factores contribuyen a poner en peligro la continuación de la existencia de un conjunto de edificios tradicionales. En Estambul muchas de las casas de madera están atacadas por las termitas que deterioran la estructura. El daño de la humedad es también un problema grave para la conservación de estas casas. Pero quizás el más importante factor de desintegración es la falta de mantenimiento.
Las peculiares condiciones sociales y económicas crean un clima especialmente desfavorable que dificulta la conservación de esta arquitectura indígena. Los emigrantes procedentes del este de Turquía encuentran puestos de trabajo como cargadores, vendedores de frutas y hortalizas y trabajadores estacionales en la proximidad de los mercados de la península histórica. Un grupo siempre cambiante de trabajadores solteros alquila habitaciones en las casas antiguas. Estas casas de huéspedes se deterioran y comienzan a degradarse debido a la falta de cuidados y al hacinamiento. Las familias tienden a trasladarse a otra zona, y se pone en marcha todo un ciclo descendente. Para algunos propietarios que desean desembarazarse de sus viejas casas de madera a fin de poder construir modernos edificios de apartamentos, el alquiler a trabajadores sin familia se convierte en un método deliberado de demolición.
Un aspecto fundamental del problema de la conservación de las casas de madera es la discontinuidad cultural, que hace al público en gran parte indiferente a su propio pasado y a un patrimonio relativamente abstracto que consiste, a los ojos de la población, en monumentos y sitios de interés histórico.
Como dice Dogan Kuban, uno de los arquitectos turcos más respetados, si se tienen en cuenta la actitud ambivalente hacia el pasado y las exigencias prácticas de la vida diaria, no es sorprendente la rápida desaparición de todos los barrios antiguos de Estambul y de sus casas de madera. Lo que hace a veces imposible la conservación en Estambul - sostiene Kuban - es el sentimiento de alienación hacia la cultura material del pasado reciente. Por ello es necesario persuadir a la población de que estas viviendas no deben considerarse como tugurios, sino como ejemplares de un patrimonio insustituible que merece preservarse.
Esta situación implica también otro obstáculo: la falta de continuidad de las técnicas de edificación. En Estambul, hasta el decenio de 1920, la madera era el material básico de construcción para la arquitectura doméstica. Este material cayó después en desuso no sólo en un sentido práctico, sino también por razones basadas en el sistema cultural de valores. Aunque se puede alegar que el mantenimiento de los edificios de madera y la sustitución de los elementos deteriorados son costosos, es sobre todo una actitud cultural la que decide la supervivencia de estas casas de madera; la sustitución de la madera por el hormigón en Estambul no se debe sólo a razones de seguridad o economía, sino también a que el hormigón es símbolo de un nivel de prosperidad y solidez social.
Programas de conservación. La Unesco, las universidades de Zurich y Darmstadt y el Instituto Arqueológico Alemán de Estambul, han realizado estudios para la conservación de la península histórica. Se han completado estudios actualizados sobre las casas de madera de los distritos de Suleymaniye y Zeyrek. Esos estudios contienen planos detallados de cada casa, incluyendo plantas y alzados. Se han obtenido de la Oficina Nacional de Registro los nombres de los propietarios, y se han realizado entrevistas sociológicas con los habitantes. Se han formulado propuestas para espacios peatonales y vías públicas cerradas al tráfico. Aunque el primero de estos proyectos de investigación comenzó en 1977, todavía no han producido resultados prácticos.
A pesar de los incansables esfuerzos que vienen realizando la comisión de la Unesco y el Instituto Arqueológico Alemán, el destino de las casas de madera de Estambul es incierto. Se han realizado debidamente los estudios e inventarios necesarios pero no se han emprendido, y ni siquiera programado, las medidas prácticas de conservación y rehabilitación.
La decisión definitiva es esencialmente de carácter económico, ya que los medios legales y administrativos para detener el proceso de demolición son todavía limitados. La declaración de Suleymaniye y Zeyrek como zonas protegidas, de acuerdo con la nueva ley de preservación histórica, implica ya un avance legal, pero no se ha completado con un apoyo financiero o una planificación adecuadas.
Las casas de madera de Estambul, preciosos restos de la vida de la antigua ciudad, pronto se extinguirán, si no se ponen en marcha iniciativas eficaces para su preservación.