Categorías de productos forestales no madereros y productos principales


Los PFNM de Venezuela pueden clasificarse como sigue:

- Combustibles

- Forrajes

- Artesanías

- Frutos

- Alimentos y Aditivos Alimentarios

- Látex y Resinas

- Fibras

- Taninos

- Medicinas

- Fauna Silvestre

- Semillas y Nueces


A continuación se presentan las descripciones de los PFNM, con información relativa a su uso, origen, productos principales, ocurrencia, disponibilidad, volumen de producción, importancia comercial, entre otros. Estas últimas informaciones están sujetas a los casos en que se dispone de cifras.

Combustibles

A diferencia de otros países de la región, donde la leña y el carbón vegetal son la principal fuente de energía, Venezuela no es un consumidor masivo de tales productos; ya que dispone de otros recursos como fuente de energía.

Los Cuadros I y 2 del Anexo 1, muestran las series históricas de la producción registrada de leña y carbón vegetal en los períodos 70-78 y .36-91. En ellos se puede apreciar la poca importancia de estos productos en la economía nacional.

En Venezuela se clasifica el carbón vegetal como comercial e industrial. El de tipo comercial está dirigido al consumo en restaurantes, mercados y otros establecimientos, y el de tipo industrial es consumido por el sector de ferroaleaciones.

El carbón vegetal industrial se comenzó a producir en el país a partir de 1985. Hasta ese año el producto consumido era el carbón mineral o coque que provenía de la importación. La coyuntura cambiaria que ha experimentado el país con la devaluación de la moneda nacional y en consecuencia la reducción drástica de las importaciones, obligó a la industria de ferroaleaciones a recurrir al carbón vegetal, como sustituto del coque (Cuadro 2, Anexo 1) (MARNR-SEFORVEN, 1994).

La materia prima para la producción del carbón industrial se obtiene de áreas de inundación (construcción de represas) y deforestaciones. En la actualidad se cuenta con 17 industrias productoras de carbón vegetal, localizadas en el Estado Bolívar. La producción anual promedio es de 3 000 t.

Teniendo en cuenta las ventajas del uso del carbón vegetal en los procesos de ferroaleaciones (disponibilidad de materia prima y costos relativamente bajos), se han presentado inconvenientes, tales como incremento en las deforestaciones, talas indiscriminadas y contaminación atmosférica.

El hecho presente estriba en que la demanda de este producto se ha incrementado notablemente y según datos aportados por el Ministerio el Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (MARNR), coloca la producción actual en más de 30 000 t, que representan una intervención al bosque natural de aproximadamente 5 300 ha de vegetación mediana y alta, por consiguiente se estima que para los próximos años continúe esta demanda y ocasionando daños irreversibles al bosque. Aunado a lo anterior, no se llevan registros de las especies utilizadas, ya que se autoriza talas de vegetación alta y mediana (Cuadro 3, Anexo 1).

En tal sentido el Servicio Forestal Venezolano (SEFORVEN), ha iniciado acciones para reglamentar y ordenar este tipo de industria y por ende, minimizar el daño que se está ocasionando al bosque.

Entre las acciones tomadas están el registro de empresas carboníferas y el establecimiento de plantaciones forestales con fines bioenergéticos, acciones éstas que conducen a la formulación del Plan Carbonero Nacional, con la finalidad de planificar esta actividad en el país en el corto, mediano y largo plazo. Este Plan contiene la definición de áreas potenciales para la ejecución de proyectos de plantaciones forestales y el establecimiento de una normativa que contempla medidas de protección ambiental y la disminución paulatina del aprovechamiento de los bosques naturales (Fernández, 1991).

En cuanto a la leña, este producto tiene poca o ninguna. importancia dentro de la economía nacional. Se puede apreciar en los Cuadros 1 y 2 del Anexo 1, que las estadísticas de leña perdieron continuidad para el periodo 78-89 y se reinician a partir de 1990 (MARNR - SEFORVEN, 1994).

Sin embargo, en las zonas rurales e indígenas de Venezuela la utilización de la leña se ha incrementado debido al aumento de los precios del combustible derivado del petróleo (gas natural y kerosén), para la preparación de alimentos. fundamentalmente.

Artesanías

En el país este rubro de PFNM en el país ha sido siempre marginal, ya que ellas han estado ligadas a la cultura de los pueblos desde tiempos antiguos. No obstante, en los últimos años en varias zonas de Venezuela se ha observado un marcado desarrollo en la elaboración de artesanías con productos del bosque, tal es el caso de utilización de madera de pequeñas dimensiones y productos forestales no madereros como hojas frutos, semillas, lianas y bejucos, fibras, hierbas, entre otros.

Lo anterior está constituyendo una fuente de ingresos de importancia local, as' como también una fuente generadora de empleos.

El origen de los productos es diverso, pero la tendencia fuerte se dirige a recolectarlos de bosques naturales, matorrales, árboles y arbustos aislados, vegetación aledaña a cauces de ríos y lagunas y en menor grado de plantaciones y otras áreas dedicadas a la producción.

La información sobre especies usadas en la elaboración de las artesanías es bastante escasa, pero se han realizado trabajos con respecto a estos productos en donde se evidencia que las formas de vida vegetales utilizadas comprenden árboles, arbustos, gramíneas, bejucos y lianas, palmas, etc. El Cuadro 4 del Anexo I muestra las especies principales y datos relacionados a su ocurrencia y fuentes de recolección.

Los productos elaborados son diversos pero se distinguen la cestería' tejidos, figuras religiosas e históricas, bateas, tazas, platos, arreglos florales, tallas en madera, útiles de trabajo, juguetes e instrumentos musicales, principalmente. (Rondón, 1994).

En el Estado Mérida, zona andina del país, la mayoría de las especies son empleadas en la confección de adornos y tallas (13 y 12 especies), elaboración de muebles rústicos (9 especies), construcción de juguetes ( 8 especies), flores secas (7 especies), y la fabricación de cestas y canastas, enseres de cocina, esterillas y cuerdas con un número menor de especies ( Rondón, 1994).

Alimentos y aditivos alimentarios

En la categoría de alimentos se pueden distinguir una gama variada de tipos y productos que incluyen las semillas y nueces, frutos, condimentos, aceites, bebidas, hongos, miel, entre otros.

El producto principal alimenticio del cual se tienen registros es el palmito, producto derivado de la palma manaca (Euterpe oleracea), extraído de los lotes boscosos situados en el Delta del Orinoco, que constituyen selvas de pantano con especies propias de este tipo de comunidad, en donde se entremezclan bosques de manglar y los palmares, dominados por la palma manaca.

En Venezuela la industria del palmito se ha consolidado en los últimos años y también ha desempeñado un papel fundamental en el crecimiento económico y social de la Región Deltaica, constituida por el Estado Delta Amacuro. Asimismo ha contribuido a desarrollar en las comunidades indígenas de la etnia Warao, el sentido de cumplimiento de jornadas de trabajo, el valor monetario de ésta y a la formación de una conciencia sobre la importancia de los recursos forestales. También este tipo de agroindustria ha generado asisten-cia técnica y económica para el desarrollo de la infraestructura primaria en cuanto a la prestación de servicios médicos, educación, alumbrado eléctrico en las comunidades locales (Montilla, 1990).

En el Estado Delta Amacuro se han instalado cinco empresas que procesan la palma manaca. Las superficies bajo manejo varían de 20 000 a 44 000 ha.

En cuanto a la producción nacional se reportan 1 900 000 unidades de palma Manaca, en terrenos baldíos. Este producto se exporta, principalmente a los países de la Comunidad Económica Europea. los volúmenes de producción de exportación se estiman en un 90% de la producción nacional.

Existen también otras especies de palmas productoras de palmito, pero a diferencia de la anterior no se industrializan. Delascio (1992), en un estudio sobre Palmas Utiles de la Orinoquia-Amazonia Venezolana, cataloga como palmas comestibles (palmito) a las siguientes: Sabal mauritiiformis (carata, palma redonda), Mauritia flexuosa (moriche), Jessenia bataua (palma saje), Attalea ferruginea (coquito, cocurito), Oenocarpus bacaba (sejito) y Bactris gasipaes (pijiguao).

De las anteriores mencionadas se distinguen dos especies consideradas altamente nutritivas y parte esencial de la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas, ellas son el moriche y el pijiguao.

El moriche constituye para las poblaciones indígenas del Delta del Orinoco el "árbol de la vida" o "árbol paraíso", es la planta más apreciada y útil de la etnia Warao, ya que de ella extraen aparte de fibras y materiales de construcción, ricos alimentos tal como el "yuruma" una harina para hacer pan, derribando los troncos viejos, extraen la suave pulpa interior que luego secan y tuestan resultando una harina comestible; también los viejos troncos de esta palma les proporciona un exquisito vino; para ello perforan los troncos y los cubren con hojas y al cabo de cierto tiempo de estos agujeros mana un liquido cristalino azucarado que llaman "nojobo" y el cual es consumido de inmediato, pues de lo contrario se avinagra (Hoyos. 1992).

Como producto secundario, los Waraos extraen de los tallos viejos del moriche una larva gruesa de coleóptero (Ryncophorus palmatum). que constituye un gran manjar y las comen crudas o cocidas (Delascio, 1992).

Los frutos del moriche son consumidos frescos o los sumergen en agua para obtener una bebida llamada "carato de moriche", que pronto fermenta y se convierte en alcohol, la cual beben y se embriagan (Hoyos, 1992).

Cuando los frutos están bien maduros, los machacan y forman una pasta que conservan para comer durante varios días. A esto lo llaman "ojiguari" o queso de moriche (Hoyos, 1992; Delascio, 1992).

El valor nutricional de los frutos de esta especie es muy alto, con una razón nutritiva de 1: 10,47. No obstante este es un recurso que no se aprovecha. si no en forma localizada.

La etnia Waika del Alto Orinoco celebra los festivales más importantes de la tribu en la época de frutescencia del pijiguao o pichiguao y comen los frutos de esta palma que es el punto central de la celebración. Para colectarlos usan un andamio móvil, y en la noche de luna llena cocinan los frutos en aguasal, los comen todos de una vez y muchas veces enferman. También producen una especie de harina usada para condimentar sopas y otros platos (Braun, 1970).

Por otra parte, existen una serie de frutos, semillas y nueces que se consumen como alimento, tanto de árboles nativos como introducidos. Algunos de ellos son cultivados en plantaciones, tal es el caso del mango (Mangifera indica), el merey (Anacardium occidentale) y la Macadamia (Macadamia integrifolia).

La Nuez del Brasil (Bertholettia excelsa), es una especie presente en los bosques del Amazonas Venezolano, pero no se tienen referencias de su utilización e industrialización. Se reporta que algunas comunidades indígenas la cosumen.

En cuanto a aditivos alimentarios, la especie más conocida en todo el país es el onoto o achiote (Bixa orellana) que se usa como colorante en la mayoría de las comidas, tal es el caso de la preparación de sopas, arroz y carne. A lo largo de la tierra caliente venezolana se cultiva en los huertos caseros, y se cultiva también en plantaciones y por supuesto se industrializa.

Una palma de la Amazonia Venezolana es utilizada por las comunidades indígenas como condimento en sus comidas. Se trata del morichito (Leopoldinia major) del cual queman sus frutos y las cenizas producidas se emplean como sustituto de la sal.

Algunos aceites extraídos de las palmas de la zona Amazónica de Venezuela, que en principio se utilizan por sus propiedades curativas, también se emplean como condimento para freír alimentos. Por ejemplo el aceite extraído de los frutos de la palma saje, que física y químicamente es similar al aceite de oliva, se utiliza para condimentar los alimentos de los indígenas del Estado Amazonas.

También el residuo lechoso que resulta de la extracción del aceite de Palma Seje constituye una bebida alimenticia lamada "yucuta" (Delascio, 1992).

De otras palmas como del fruto del corozo (Acrocomia aculeata) se extrae un aceite empleado para cocinar. Por otra parte, los frutos y semillas de esta especie son comestibles tanto por el hombre como por los animales.

El Cuadro 4 del Anexo 1, recoge la información sobre especies utilizadas como alimentos, frutas, aceites, semillas y nueces y aditivos alimentarios.

Medicinas

Como en el resto del Mundo, en Venezuela hay una marcada tendencia al uso de la medicina natural, hecho que está presente desde épocas antiguas y se ha transmitido de generación en generación. Se puede considerar que el uso de plantas medicinales es parte de la tradición y cultura de los pueblos, y en los actuales momentos de coyuntura económica, el uso de las medicinas naturales está aumentando rápidamente.

La gama de especies utilizadas como medicinales es bastante amplia, por lo que se han redactado libros y folletos que contienen vasta información sobre las propiedades y usos, inclusive existen ya laboratorios farmacéuticos que elaboran medicamentos a partir de plantas. La comercialización de este tipo de medicinas está ocupando el mercado aceleradamente.

En la zona del Amazonas venezolano, una de las plantas de mayor importancia medicinal es la palma saje, del cual se extrae un aceite que posee propiedades curativas contra la tos, afecciones alimentarias, bronquitis, asma, tuberculosis y dolores corporales. El aceite se extrae hirviendo los frutos en agua (Delascio, 1992).

El Cuadro 4 del Anexo 1, resume algunas de las especies utilizadas como medicinales. En este cuadro se muestran las especies más usadas por las comunidades indígenas, que las recolectan del bosque natural.

Fibras

Entre los países americanos, Venezuela es uno de los roas ricos en palmas. Según Braun (1970) unas 180 especies de la familia Palmae ocurren en el país en la variada gama de zonas de vida, y es posible afirmar que pueden hallarse palmas en todos los Estados de Venezuela.

En las comunidades indígenas y rurales, las palmas desempeñan un papel muy importante en las actividades cotidianas, ya que proporcionan madera para construir sus casas, hojas para techarlas, frutos para comer y entre otros muchos usos la fibra para hacer cuerdas, redes, cestas, hamacas y otros artículos.

El Estado Amazonas, es una región de extensa geografía, situada al sur de Venezuela, que tiene innumerables recursos forestales tanto madereros como no madereros, entre estos últimos se encuentra la palma chiquichiqui (Leopoldinia piassaba), que proporciona la materia prima para una variedad de usos industriales y artesanales.

Su distribución generalmente es en grandes manchas sobre terrenos arenosos y húmedos, bordeando las márgenes de los cursos de agua (ríos, caños y quebradas). La fibra se obtiene de los peciolos de las hojas, que alcanzan hasta 6 m de longitud, son fibras muy duraderas, flexibles y resistentes al agua (Delascio, 1992; Montilla, 1991).

Esta fibra es explotada básicamente por los indígenas del Estado Amazonas, en la región comprendida entre San Carlos de Río Negro y San Fernando de Atabapo, a las orillas del Orinoco medio, Casiquiare, Atabapo, Río Negro y Guainia (Delascio, 1992).

Esta especie se consigue abundantemente, por lo que urge planificar su ordenación y aprovechamiento industrial nacional, con miras a la exportación. Datos obtenidos del MARNR, muestran la producción de fibra de Chiquichiqui entre 1985 y 1990, siendo los sectores Atabapo y Casiquiare los de mayor producción.

Montilla (1991), refiere que para el año 1991 el precio por tonelada oscilaba entre Bs. 15 000 y

18 000 ($EE.UU. 88 y 106), con una producción promedio anual de 308 t/año, lo que muestra una disminución con respecto a los años anteriores. En la actualidad esta tendencia sigue, y según las últimas estadísticas forestales la producción para 1992 se sitúa en el orden de 128 t/año.

El sistema de producción y comercialización de la fibra de chiquichiqui se realiza sobre patrones obsoletos. Por un lado, los indígenas comercian mediante trueque con los países fronterizos y por el otro, los fibreros (trabajadores criollos) negocian en desventaja con comerciantes venezolanos y extranjeros, que se llevan aproximadamente el 80% de la producción.

Otras especies de palmas también son productoras de fibra, las cuales se listan en el Cuadro 4 del Anexo 1. También algunos árboles como el guácimo (Guazuma ulmifolia) y la majagua (Heliocarpus popayanensis) son productores de fibra a nivel artesanal, y en las zonas áridas y semiáridas la cocuiza (Furcracea humboldtiana) aporta fibra para elaborar esteras, esterillas y canastos.

Látex y resinas

La obtención de látex y resinas en Venezuela, ha perdido mucho su importancia económica general y sólo tiene relevancia local, en algunas comunidades.

El caucho (Hevea brasiliensis) y la balatá (Manilkaria bidentata) ya no se explotan comercialmente, y sólo tuvieron su auge en períodos económicos anormales, como fue el caso de la Primera y Segunda Guerra

Mundial (MAC, 1961). La sarrapia (Coumarouma punctata), que tuvo importancia en la Venezuela del siglo pasado y la que constituyó uno de los principales productos de exportación junto con el balatá y el chicle, ya desapareció de la esfera económica debido a la disminución de la demanda. Existen en el país pocas plantaciones de esta especie, y el aprovechamiento se realiza del bosque natural, en los llamados sarrapiales. En los bosques del Estado Bolívar esta especie es muy abundante (Lugo, 1992).

Actualmente estas especies forestales, continuan explotándose localmente, pero lamentablemente no se tienen informaciones acerca de su producción. El listado de especies productoras de látex y resinas se incluye en el Cuadro 4 del Anexo 1.

Forrajes

Al igual que en el resto de América Latina, la alimentación de los rebaños es un problema cotidiano, mucho más ahora que la situación económica de nuestros países, no permite continuar la importación de alimentos concentrados como suplemento alimentario para el ganado.

Como se sabe, los pastos tropicales presentan bajos niveles de proteínas digeribles y altas tasas de fibra, por lo cual los ganaderos han recurrido a la alimentación suplementaria, pero debido a los precios prohibitivos de los alimentos concentrados, han mostrado interés en la producción de forraje de árboles y arbustos.

Venezuela no escapa a la situación planteada anteriormente, por lo que instituciones de investigación agropecuaria en conjunto con los ganaderos, están en la búsqueda de fuentes alternativas de alimentación para los rebaños, una de ellas es la producción de forraje de árboles y arbustos.

Tradicionalmente en las zonas rurales del país, los ganaderos han utilizado las especies forrajeras, tal es el caso que en las tierras que se deforestan para potreros, siempre se dejan árboles de especies leguminosas. Entre éstas se encuentra el samán (Pithecellobium saman) del cual el ganado consume sus frutos (legumbres) con avidez y los buscan constantemente durante la época en que están disponibles (Petit, 1994).

También en las zonas áridas y semiáridas la alimentación de los caprinos y bovinos está en gran parte suplementada con árboles y arbustos forrajeros. En estas zonas los rebaños consumen los frutos del cují (Prosopis juliflora) y de muchas especies del género Acacia, además consumen las pencas de tuna (Opuntia sp.), que los campesinos preparan para sus animales desespinándolas y cortándolas, previamente. (Petit, 1994).

Actualmente en el país se está trabajando en bancos de proteínas con leucaena (Leucaena leucocephala), especie introducida de alta producción forrajera.

Como en los casos anteriores, no se tienen datos de producción y comercialización de este producto.

En el Cuadro 4 del Anexo 1, puede apreciarse el listado de especies forrajeras que se utilizan en los sistemas pecuarios y silvopastoriles de Venezuela.

Taninos

Es conocido que los manglares venezolanos fueron fuente importante de taninos hasta la década de los años cuarenta, y que la extracción de este producto se hacia de manera artesanal; a partir de ese momento esa industria no pudo competir con los taninos importados, los cuales la sustituyeron por completo. En aquel tiempo, para curtir se utilizaba la corteza, en lugar del ácido tánico en extracto seco.

En el presente, la obtención de tanino de las especies de manglar no está consolidada, quizás la corteza de estos árboles sea utilizada por comunidades locales en forma artesanal (Cuadro 4, Anexo 1).

Por otra parte, se han realizado investigaciones sobre las potencialidades de este recurso que indican la factibilidad de obtención de tanino de la corteza de mangle rojo (Rhizophora mangle) (Arroyo, 1970).

Materiales de construcción

Las comunidades rurales e indígenas de Venezuela recurren a los productos forestales tanto madereros como no madereros, para utilizarlos como materiales de construcción de sus viviendas, cercas y corrales, canoas, curiaras, puentes, utensilios y herramientas y muebles entre otras muchas aplicaciones.

De los PFNM preferidos como materiales de construcción están las palmas, cuya producción nacional para 1992 se situó en más de 8 millones de unidades; otras plantas que se utilizan también son las especies de Bambú, nombre que agrupa las especies de los géneros Guadua, Bambusa, Arthrostydium y Chasquea.

De las palmas se utilizan sus hojas, tallos y corteza. Las hojas sirven para techar las viviendas. Los tallos son usados como vigas y columnas, canoas, curiaras, puentes, corrales; cuando son delgados los utilizan para cañas de pescar, cerbatanas e instrumentos musicales, y la corteza para levantar vallas divisorias.

La vivienda tradicional hecha de hojas de palma sigue en uso entre las tribus que habitan el bosque. Así por ejemplo los indios Motilones del Estado Zulia, techan sus bohíos casi exclusivamente con hojas de Geonoma (palma trepadora) y los indígenas del Alto Orinoco utilizan las hojas de chiquichiqui (Leopoldinia piassaba) para el mismo fin ya que tienen una larga duración.

Se estima la duración del techo de palma de las viviendas entre 10 y 15 años. Entre otras palmas utilizadas para techar están: la yagua (Scheelea butyracea) y el temiche (Mannicaria saccifera), esta última ocurre abundantemente en el Estado Delta Amacuro y sus hojas pinadas son las más grandes y anchas de todas las palmas de la América Tropical (Braun, 1970).

Las palmas que tienen las hojas en forma de abanico, también son usadas para techar. Las especies con mayor son: la palma llanera (Copernicia tectorum), la Carata (Sabal mauritiiformis) y el Moriche (Mauritia flexuosa).

Los fustes de la palma llanera y de la macanilla (Socratea exorrhiza) se utiliza para la construcción de viviendas. Se dice que su madera es tan dura como el quiebra hacha, y por lo tanto muy apreciada (Braun, 1970).

En Venezuela el uso del Bambú y el de especies similares, es poco difundido, pero en los últimos años el encarecimiento de los costos de fabricación de muebles con maderas tradicionales, ha popularizado el uso de ellos (Borges, 1990).

A nivel de producción nacional, la utilización de la guasdua (Guasdua sp.) y guata está en el orden de 564 940 unidades y 124 550 unidades por año, respectivamente.

El bejuco mimare es utilizado en el Estado Amazonas para la confección de muebles de singular belleza, pues se asemeja al mimbre.

El Cuadro 4 del Anexo 1, muestra la lista de especies utilizadas como materiales de construcción. Se puede apreciar que la mayoría de las especies petenecen a la familia de las palmas.