I. Guèye, A. Kané y O.N. Koné
Ibrahima Guèye es el Director Adjunto de la Dirección de Aguas, Bosques, Caza y Conservación del Suelo (DEFCCS) y el coordinador del Proyecto de Desarrollo de Silvicultura Rural en el Senegal.
Abdoulaye Kané fue el coordinador nacional del Plan de Acción Forestal del Senegal hasta noviembre de 1993, fecha a partir de la cual pasó a ser el Director de la DEFCCS.
Oumy Ndiaye Koné es la Jefa de la Oficina de Información, Capacitación y Sensibilización (BIFS) de la DEFCCS.
Los problemas forestales, y, en particular, el control de la desertificación, se encuentran en el centro del debate ambiental en el Senegal. Por tanto, este es el momento oportuno para hacer un balance del empeño del Estado en favor de la participación de la población en la gestión racional de los recursos forestales, puesto que -se reconoce siempre más- la participación de la población tiene importantes implicaciones en la producción y la protección de los recursos forestales en el futuro.
A lo largo de los tres últimos decenios, las instituciones forestales del Senegal han sufrido cambios importantes, similares a los de la situación del medio ambiente en el país. La administración forestal heredada del sistema colonial adoptó, después de la independencia, una política conservadora con respecto a los recursos forestales nacionales. La situación de calma relativa, desde el punto de vista ecológico, que existía en aquel momento no inducía a llevar a cabo actividades de regeneración de gran envergadura, ni por parte del servicio forestal, que parecía interesado únicamente en el ejercicio de sus funciones de guardián del patrimonio forestal, ni por parte de la población, que consideraba esos recursos como un regalo gratuito e inagotable de la naturaleza. Todo ello dio como resultado una estrategia de actuación basada en métodos típicamente policíaco-militares. Así, el técnico forestal era considerado a veces como un «guardia» apostado en el lindero de los bosques para impedir cualquier intento de utilización de los recursos, otras voces como un «oficial del ejército» que daba órdenes a sus obreros para realizar actividades de plantación y de restauración, o como un «agente de aduanas» que levantaba acta de todas las infracciones y percibía impuestos y derechos en beneficio del Estado.
Al comienzo del decenio de 1970, los fenómenos de la sequía y de la desertificación determinaron el abandono de esas actitudes habituales ante la necesidad de realizar una intervención decidida para hacer frente, con más posibilidades de éxito, a esa enfermedad ecológica que acababa de abatirse sobre el Senegal y sobre sus ecosistemas y recursos naturales. El servicio forestal reforzó sus concepciones militares, convirtiendo al personal en soldados comprometidos en la batalla contra la desertificación, iniciando actividades de rehabilitación de gran envergadura, y consolidando, al mismo tiempo, las medidas de conservación. Pero todas estas iniciativas eran insuficientes para hacer frente a un problema cada vez más grave y que amenazaba ya a todo el territorio nacional, tanto por lo que respecta a sus componentes biofísicos como a la población rural y urbana. Por consiguiente, en el decenio de 1980 el frente de batalla exigía, no sólo la presencia del personal del servicio forestal, sino una participación popular lo más amplia posible, para llevar a cabo una intervención radical y decisiva. El servicio forestal adquirió así una dimensión más conforme a las exigencias del momento, que podría resumirse en una acción duradera de reconstrucción, conservación y ordenación del patrimonio forestal nacional. De esta forma, la represión de antaño fue dando paso a una protección más eficaz de las colectividades que vivían en armonía con el bosque, y a una relación amistosa y constructiva con dichas colectividades para conseguir una ordenación de los recursos que tuviera efectos beneficiosos para las generaciones presentes y futuras. Esa transformación positiva de las relaciones entre el personal forestal y la población fue acompañada de importantes cambios institucionales que, de forma gradual, llevaron a la administración forestal a fomentar:
· un enfoque participativo en lugar de un planteamiento autoritario;
· una actitud educativa para apoyar el enfoque participativo;
· una gestión integrada en lugar de una gestión sectorial.
... entra ahora progresivamente en contacto con la población rural
HACIA LA IMPLANTACION DEL ENFOQUE PARTICIPATIVO
Después de la independencia, el Servicio de Aguas y Bosques continuó las principales iniciativas que había adoptado la administración colonial en materia de gestión de los recursos forestales. Basándose en un decreto de julio de 1935, que era la base fundamental de la reglamentación en vigor, el Servicio dedicó mayor atención a la vigilancia de las tierras forestales, y se iniciaron, más o menos tímidamente, algunas tareas de repoblación: casuarinas en las dunas del sector de los niayes, anacardos en los suelos arenosos del Cayor meridional y de Cabo Verde, tecas en algunas zonas forestales de Casamance, margosas (Azadirachta indica) en algunas carreteras, etc. La administración forestal realizaba directamente estas actividades, con una mano de obra que recibía instrucciones de los técnicos. Las intervenciones a nivel local se limitaban a la distribución de un número reducido de plantas, la iniciativa popular era casi inexistente, y la administración no tenía suficientemente en cuenta las necesidades -expresadas o no- de la población.
Dicha situación se mantuvo hasta comienzos del decenio de 1970, confirmándose y consolidándose a continuación, con la aparición de datos nuevos y negativos sobre el ambiente biofísico del país. De esta forma, una situación de grave fragilidad comenzó a ser la nota predominante en relación con el patrimonio celosamente guardado por la administración forestal y el personal adscrito a ella. La mortalidad alcanzaba tasas alarmantes en un número elevado de masas forestales, dando origen a una deforestación que se aceleró como consecuencia de una serie de factores antrópicos. Los suelos quedaban, así, desnudos, con una pérdida cada vez más importante de su fertilidad y de su estabilidad estructural. La desertificación fue extendiéndose para convertirse, con el pasar de los años, en un rasgo destacado y fundamental en el contexto de la degradación ambiental del Senegal.
Para intentar solucionar ese problema, el Estado inició grandes proyectos de plantación de árboles, como el Proyecto de reforestación y ordenación de la zona norte, el Proyecto de plantación de gomeros y de reforestación silvopastoral de Mbiddi (norte del país), los proyectos de fijación de dunas en el litoral del noroeste (sector de los niayes), etc. Sin embargo, debido al costo prohibitivo de las inversiones y al carácter recurrente de operaciones que exigían desembolsos que superaban la capacidad de las finanzas públicas, pronto se descubrieron los limites de una intervención de tales características, en la que el Estado era el único protagonista. No tardó, pues, en manifestarse la necesidad de hacer participar a otras partes interesadas para que los planes de acción estuvieran a la altura de la gravedad del problema, y se enmarcaran en una perspectiva de continuidad.
En esa óptica, la participación de la población comenzó a considerarse como un elemento insoslayable a comienzos del decenio de 1980. La primera manifestación de este punto de vista fue la inclusión en algunos de los proyectos anteriormente mencionados, en especial en el Proyecto de reforestación y ordenación de la zona norte, de un componente de intervención comunitaria. A partir de ese momento, se adoptó progresivamente un planteamiento comunitario, que se convirtió en una opción política prioritaria con la formulación del Plan Director de Desarrollo Forestal. En ese contexto, se estableció en 1982 el Proyecto de reforestación comunitaria de la cuenca manisera (PRECOBA), con la misión fundamental de definir una metodología de intervención forestal en el medio rural, con la plena participación de la población campesina. Nacía así una forma nueva de relación entre la administración forestal y la población, que entrañaba la participación plena de la población en la reconstrucción y ordenación de los recursos forestales.
El planteamiento de entonces era «dirigiste» con respecto a la participación de la población, y consistía en la elaboración unilateral de los programas (por parte de los servicios técnicos) y la posterior invitación a la población a participar. Ésta era como una especie de mano de obra voluntaria que aplicaba un programa que -desde su punto de vista- correspondía al servicio forestal, el cual, por su parte, concedía a la población la propiedad de las tierras forestales que trabajaban, que pasaban a denominarse «bosques de aldea» o «bosques comunitarios». Esta confusión se producía por la existencia de una legislación forestal, la Ley 74-046 de julio de 1974, que era una modificación de la Ley 65-25 de febrero de 1965. Ninguna de las dos leyes mencionaba claramente los derechos de propiedad de las personas que trabajaban en la plantación forestal. Sin embargo, las criticas que tuvo que soportar el servicio forestal y, sobre todo, la autocrítica que ejerció el personal de los servicios forestales a medida que se iban celebrando reuniones, seminarios y otro tipo de encuentros, permitieron llevar a cabo una serie de cambios con la finalidad de mejorar la gestión.
Comenzó a aplicarse entonces un enfoque de carácter incentivado por, caracterizado por la aplicación de incentivos diversos con el objetivo de estimular a la población, cuya participación se consideraba cada vez más necesaria. Pero esos incentivos, que podían adoptar la forma de primas (en el caso del Proyecto de reforestación y ordenación de la zona norte), de construcción de cercas para garantizar la protección de los árboles jóvenes plantados, de alimentos, etc., tenían un carácter puntual y limitado en el tiempo. Así, cuando se reducían o se suprimían esos incentivos, se afectaban en igual medida el inicio y la continuación de las actividades; además, no se había conseguido todavía la responsabilización de la población en la concepción de los proyectos. Todo ello dificultaba la posibilidad de dar a las operaciones una dimensión de continuidad.
Comenzó entonces a adoptarse un enfoque más participativo, basado en los principios de la motivación, la responsabilización y la autonomía de la población en relación con la concepción, aplicación, seguimiento y apropiación de las actividades realizadas. Ese nuevo planteamiento se aplicó por primera vez en el Proyecto de reforestación comunitaria (PROBOVIL) que se inició en 1982 en la región de Longa, entre la zona ecogeográfica del Ferio y la cuenca manisera, en la que se observan los efectos más graves de la desertificación, tanto por lo que respecta a los aspectos biofísicos como a la población.
En ese medio tan difícil, el PROBOVIL logró con éxito poner en práctica una gestión basada en la sensibilización de la población, según un plan que suponía una ruptura total con el enfoque incentivador. Dicho plan, elaborado durante la primera fase del Proyecto, fue adoptado y consolidado posteriormente por el Proyecto de reforestación comunitaria en el noroeste de la cuenca manisera (PREVINOBA), que se inició en 1986. Se daba así un paso decisivo hacia la liberación de la energía y la capacidad de la población rural para la realización de actividades forestales. Los tres proyectos (PRECOBA, PROBOVIL y PREVINOBA) se esforzaron por profundizar esa opción, aunque con métodos distintos, y se iniciaron otros proyectos que avanzaban, con mayor o menor decisión, en la misma dirección. Sin embargo, en las actividades de todos esos proyectos era perceptible todavía un cierto desorden.
Era necesario, por lo tanto, que la administración forestal, que ejercía la supervisión técnica de dichos proyectos, realizara una labor de armonización de los planteamientos e intervenciones que facilitara esa nueva relación que se estaba estableciendo con la población local.
Este proceso tuvo dos consecuencias de carácter institucional: por una parte la revisión de la ley forestal y, por otra, la creación, en la Dirección de Aguas, Bosques, Caza y Conservación del Suelo (DEFCCS), de la Oficina de Información, Capacitación y Sensibilización (BIFS). esta forma, la administración forestal y su personal iniciaron una nueva dinámica que tenía una dimensión democrática y, sobre todo, educativa.
En relación con la legislación forestal, sus antiguos postulados, elaborados en el marco de la Ley 74-046 de 1974, no reconocían de manera explícita el derecho sobre las plantaciones a las personas que las habían realizado. No se tardó en observar que ése era un obstáculo importante para poder implantar el enfoque participativo. La reforma de la ley era una necesidad imperiosa en esa dinámica de participación de la población. La nueva ley, Ley 93-06 de febrero de 1993, establece condiciones que estimulan la gestión racional de los recursos forestales, al reconocer la propiedad de las personas privadas -físicas o jurídicas- sobre las plantaciones que realicen, y al reajustar las modalidades de explotación de los productos de dichas plantaciones. Concretamente, las innovaciones se refieren, entre otras cosas, a:
· el reconocimiento a los particulares de la propiedad sobre sus plantaciones, y del derecho a disponer de ellas (art. L I);· la adjudicación de una parte del Fondo Forestal Nacional, alimentado por los cánones y adjudicaciones de la corta de madera, a las colectividades locales según modalidades que se deberán determinar por medio de un decreto (art. L4);
· el reconocimiento a las colectividades locales de los derechos de explotación sobre los bosques y terrenos forestales del patrimonio nacional (art. L5).
En cuanto a la BIFS, su creación quedó sancionada gracias a un proyecto de apoyo institucional de la FAO al programa de desarrollo de la actividad forestal rural en el Senegal. Concebida como una estructura permanente en el organigrama de la DEFCCS, su función fundamental es la de diseñar, coordinar y administrar las actividades de extensión del servicio forestal. Más concretamente, sus funciones son:
· definir una estrategia nacional de relación con la población para la realización de actividades agroforestales en consonancia con los principios de ordenación y utilización integradas de la tierra;· definir el sistema de organización adecuado para la aplicación de esa estrategia;
· preparar la aplicación de dicha estrategia mediante la formulación de una metodología basada en técnicas idóneas de animación y sensibilización de la población;
· adaptar esa metodología a los contextos específicos de las seis zonas ecogeográficas del país;
· facilitar la producción y difusión de soportes de comunicación adecuados a las necesidades de los programas de animación y sensibilización, de capacitación de los agentes sobre el terreno y de divulgación de aspectos técnicos prioritarios;
· garantizar la coordinación de la capacitación y el cambio de funciones de los funcionarios del servicio forestal, para que adquieran progresivamente el perfil adecuado para aplicar la estrategia de relación con la población, perfil que entraña añadir a la dimensión represiva de su misión una dimensión educativa necesaria.
HACIA LA CONSECUCION DE UNA ACTITUD EDUCATIVA
Los oficiales forestales han tenido durante mucho tiempo la reputación de agentes represivos, reputación que ha contribuido a que entre ellos y la población, sobre todo la población rural, exista una relación teñida de desconfianza. Esta es una de las razones que explican el escaso interés y entusiasmo manifestado por la población ante los llamamientos repetidos y urgentes de los servicios forestales para poner en marcha iniciativas dirigidas a conseguir la rehabilitación del medio ambiente, tan gravemente afectado por una desertificación galopante. El mensaje probablemente fue percibido como una invitación a realizar acciones que no redundaban en beneficio de la población o, más exactamente, acciones cuyos beneficios les estaban prohibidos.
Tuvo que pasar mucho tiempo para que se desarrollara el proceso que ha desembocado en el enfoque participativo que impera en la actualidad, para que esas relaciones, más o menos tensas, fueran cada vez más afables. El funcionario del servicio forestal ha sabido añadir a su condición de técnico, administrador y guardián del patrimonio forestal, una dimensión de educador y comunicador, para obtener la confianza y luego la simpatía e incluso la complicidad de la población rural con miras a la gestión racional y a la protección eficaz de los recursos forestales, a los que aquélla tiene pleno derecho. En esta nueva orientación, la acción represiva se ejerce sobre elementos externos que son considerados como un peligro para los recursos, porque se preocupan mucho menos de su conservación y de la necesaria armonía que debe existir entre las formaciones forestales y la población que vive en sus alrededores. De esta forma, el funcionario forestal está participando plenamente en el proceso de consolidación de un sistema en el que el Estado debe ser el garante de los recursos forestales y la población su gestor.
Figuras utilizadas como parte del método del GRAAP de comunicación
Para adaptarse a dicho proceso, la administración forestal ha iniciado una estrategia de capacitación cuyo hilo conductor es el desarrollo del enfoque participativo y de cuya ejecución es responsable el nuevo instrumento institucional, la BIFS. La labor de capacitación se dirige tanto a los funcionarios del servicio forestal (e incluso a otros funcionarios que trabajan en el medio rural, como las capacitadoras rurales) como a la población. La formación de los funcionarios incluye la profundización de su clásico programa de estudios y el enriquecimiento de dicho programa añadiendo otros aspectos cuya necesidad está determinada por el nuevo perfil que debe tener el funcionario forestal (el perfil de agente del desarrollo).
Entre los organismos institucionales que intervienen activamente en esa estrategia de formación dirigida a elevar de manera permanente el nivel técnico de los funcionarios forestales, se debe mencionar, a nivel nacional, el Centro Forestal de Reciclaje de Thiès, que depende de la DEFCCS, y el proyecto suizo-senegalés de enseñanza superior del Ministerio de Trabajo y Formación Profesional. Al mismo tiempo, se ha visto la necesidad de realizar un esfuerzo para incluir en la formación diversos aspectos relacionados con la responsabilización de la población. De esta manera, el funcionario del servicio forestal se ha integrado en una dinámica de conocimiento de los instrumentos pedagógicos que pueden permitirle desarrollar mejor sus nuevas funciones de educador, o, en otros términos, sus nuevas relaciones de colaboración con la población. Entre esos instrumentos cabe mencionar el método del Grupo de Investigación y Apoyo a la Autopromoción Campesina (GRAAP), el Método Acelerado de Investigación Participativa (MARP), el Método de Diagnosis y Diseño (MDD), etc. No se puede dejar de mencionar la función de la radio en el medio rural, sobre todo en su nueva forma interactiva.
Por medio de estos instrumentos, los funcionarios del servicio forestal pueden establecer un diálogo con la población, lo que los lleva a plantear los problemas que los afectan, identificar las soluciones adecuadas e intentar aplicarlas luego por medio de las técnicas adquiridas durante los cursillos de capacitación que se les ha impartido. La capacitación de la población es responsabilidad directa de los proyectos forestales, que actúan sobre el terreno, y en ella colaboran también otras instituciones, en especial las organizaciones no gubernamentales (ONG), que participan en las actividades agroforestales. El método del GRAAP se está convirtiendo en el Senegal en un instrumento cada vez más útil del que se sirven los funcionarios forestales que participan en programas de desarrollo forestal rural. A raíz de la experiencia adquirida por el PREVINOBA, los servicios regionales de inspección de aguas y bosques (oficinas provinciales de la DEFCCS) organizan periódicamente, bajo la supervisión de la BIFS, cursillos de capacitación descentralizados para poner ese instrumento de trabajo al alcance de los funcionarios forestales del país. Son ya muchos los funcionarios forestales que han integrado plenamente ese instrumento en el arsenal de técnicas que poseen para el ejercicio de su profesión sobre el terreno, lo que demuestra su importancia. Un técnico de un servicio regional de inspección de aguas y bosques, que trabajó en el PREVINOBA y que luego fue destinado a otra región, dejó un testimonio edificante cuando, en el momento de incorporarse a su nuevo puesto, en 1990, afirmó que «el PREVINOBA ha sido como una escuela donde he adquirido los conocimientos que a partir de ahora voy a poner en práctica en las tareas que debo realizar».
Lo mismo cabe decir respecto a los otros instrumentos de comunicación utilizados en la dinámica del enfoque participativo por el personal del servicio forestal, por ejemplo la radio rural, que se utiliza de una forma mucho más interactiva que antes y que organiza, en numerosas localidades del país, programas que son retransmitidos por la compañía de Radio y Televisión del Senegal (RTS), y que permiten un intercambio inédito de experiencias entre técnicos forestales, animadores de radio y la población en general. El resultado es, entre otras cosas, un importante progreso, en cuanto a las técnicas de animación, del personal forestal que interviene en el proceso. Ello permite que en la actualidad exista un grupo de 11 oficiales forestales senegaleses proclives a adoptar un comportamiento de animador-comunicador-educador. Cooperan regularmente con personal de la RTS para la producción de transmisiones radiales para las emisoras regionales, que se ocupan de temas relacionados con el sector forestal.
DEL ENFOQUE SECTORIAL AL ENFOQUE INTEGRADO
Durante mucho tiempo, el desarrollo rural ha sufrido las consecuencias negativas que entraña la definición clara y precisa de los principales sectores que en él intervienen, e incluso de la separación entre ellos, cuando el campesino, principal beneficiario del desarrollo rural, es ya polivalente. El sector forestal ha sufrido también las consecuencias de esa separación, al ser portador de un mensaje que ha tenido grandes dificultades para abrirse paso en el medio rural e influir en él de forma decisiva.
En efecto, el campesino senegalés establece ya de forma natural una escala de prioridades, puesto que vive en un contexto cuya dureza le induce a satisfacer primero sus necesidades apremiantes e inmediatas, casi de supervivencia.
En consecuencia, los árboles y los bosques, núcleo central del mensaje del personal forestal en el medio rural, quedaban relegados a una posición de ínfima importancia en el orden de prioridades, porque dicho mensaje hablaba de obtener bienes y servicios después de un cierto tiempo. No se perciben del mismo modo que los cultivos anuales, que ofrecen la perspectiva de recoger una cosecha al cabo de unos pocos meses, o que los animales, que generalmente proporcionan productos cárnicos o lácteos durante el primer año. Como consecuencia de todo ello, el espacio reservado en las comunidades aldeanas a las tareas de reforestación en la época en que nació la fórmula de la reforestación comunitaria, era un lugar más o menos abandonado y marginal y, además, difícilmente ampliable en los años siguientes. Por otra parte, se dedicaba muy poco tiempo a las labores de plantación y mantenimiento de los árboles y los bosques, porque el periodo adecuado para hacerlo coincidía, lamentablemente, con el de las actividades campesinas más remunerativas desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades inmediatas y vitales de la población.
A ello hay que añadir que los miembros del servicio forestal, prisioneros de un enfoque excesivamente sectorial, centrado en los árboles y los bosques, y preocupados tan sólo de su administración, no se adaptaron suficientemente a la realidad profunda de la población rural, en cuyo territorio habían irrumpido para promover el desarrollo del sector forestal. A los restantes agentes e instituciones que intervenían en tareas de desarrollo en el medio rural, algo más afortunados porque eran portadores de un mensaje más atractivo, no se les asoció (o ellos no creyeron tener que asociarse) a ese proceso de silvicultura rural.
La dinámica de la reflexión y del cuestionamiento que surgió durante este proceso llevó a los oficiales forestales, cada vez más comprometidos con la población y con su realidad, a probar y aplicar con éxito modelos más o menos adecuados para superar esos obstáculos. El aspecto central de dichos modelos era el de reservar a los árboles un lugar más adecuado en el seno de la comunidad aldeana, en lugar de concentrarlos en un lugar perdido, totalmente apartado del escenario de las actividades campesinas, en forma de un pequeño bosque con escasas posibilidades de ampliación. En otras palabras, se trataba de combinar la plantación de árboles con los sistemas de producción rural y con las realizaciones especificas de orden social, cultural etc., llevándola a cabo en lugares adecuados (campos, tierras de pasto, caminos, plazas públicas, concesiones, etc.).
El objetivo, por lo tanto, es integrar la silvicultura en la ordenación de las tierras de la aldea rural. Es el planteamiento que aplica activamente la administración forestal en las actividades de silvicultura rural. Los proyectos forestales que se están ejecutando en la cuenca manisera, en especial los proyectos PRECOBA, PROBOVIL y PREVINOBA, constituyen la piedra angular de este enfoque de integración. Los primeros resultados, muy prometedores, comienzan a revelar el carácter positivo de esa orientación. Son perceptibles, por ejemplo, en las aldeas de Ndoff, Thiékène y Keur Maguèye, situadas respectivamente en los departamentos de Fatick, Lona y Tivaouana, en los que se llevan a cabo los tres proyectos citados. Por ejemplo, en la aldea de Keur Maguèye (una de las 127 aldeas de las que se ocupa directamente el proyecto PREVINOBA), la población, que desde 1987 lleva a cabo actividades de plantación de árboles y de regeneración con especies leñosas útiles para los campos (Acacia albida y Borassus aethiopum principalmente), ha comenzado a realizar, junto con el equipo técnico del proyecto y del Centro de Expansión Rural Polivalente que actúa en la localidad, una reflexión mas general sobre los diferentes problemas que se plantean en la aldea.
Programa de aprovechamiento de tierras de la aldea de Keur Maguèye
Ello los llevó a hacer, en 1991, un análisis-diagnóstico metódico, en cooperación con dichos técnicos (y por medio del MARP) de las tierras de su aldea y a iniciar un programa realista en el que las actividades forestales se llevan a cabo simultáneamente con las de ganadería (engorde, estercoleros, etc.) y agricultura (lucha contra los depredadores, cultivos hortícolas, agricultura de subsistencia, cultivos comerciales, etc.), así como con otras actividades de índole socioeconómica y sociocultural (mejora de las pistas y senderos, programas de promoción de la mujer, etc.). Este programa global de Keur Maguèye tiene como finalidad mejorar, de forma duradera, el equilibrio socioecológico de las tierras de la aldea.
Este proceso de integración, desarrollado en el marco de las tierras de la aldea, ha inducido a la administración forestal a establecer una coordinación con numerosos organismos, tanto gubernamentales como no gubernamentales, que desarrollan su labor entre la población rural. Para ello, la administración ha creado una estructura, el Centro de ordenación de las tierras de aldea y de cartografía, que depende del Departamento de conservación y restauración de suelos, en el que existen técnicos en ordenación y cartógrafos calificados que refuerzan la labor de los especialistas forestales. Como la BIFS, este nuevo organismo está llamado a tener una presencia permanente en la administración forestal.
Ello constituye un enriquecimiento institucional innovativo, que puede facilitar en gran medida el desarrollo de las actividades agroforestales, no sólo las madereras, para considerar el conjunto de los recursos naturales que pueden contribuir a la promoción duradera de la población rural.
Por otra parte, se están creando mecanismos de concertación en las regiones administrativas del país, por iniciativa del servicio forestal, a fin de que este último pueda integrar mejor su estrategia de intervención participativa en el conjunto de las actividades de desarrollo rural. Dichos mecanismos de concertación existen ya en las regiones de Thiès Saint-Louis y Fatick, a raíz de los seminarios organizados en cada una de ellas por iniciativa del servicio forestal y bajo la presidencia de los gobernadores. Sus funciones esenciales son, por el momento, asegurar el conocimiento mutuo de los diferentes organismos que tienen contacto con la población y estudiar la posibilidad de realizar una acción complementaria que permita armonizar las actividades. Por ejemplo, en la región de Thiès 29 estructuras, entre ellas cuatro proyectos forestales y el servicio regional de inspección de aguas y bosques, se han puesto de acuerdo para hablar un mismo lenguaje a las poblaciones rurales y adoptar una actitud común en materia de sensibilización, capacitación, programación, seguimiento y evaluación, para los diferentes ámbitos de actuación identificados. De esta manera, han formado un organismo regional de coordinación de las actividades de desarrollo, cuya presidencia corresponde al gobernador y cuya secretaria ejecutiva está integrada por dos representantes de las ONG, dos representantes de los proyectos y dos representantes de la administración. De dicho organismo forman parte los tres prefectos de Mbour, Thiès y Tivaouane, así como el conjunto de proyectos y ONG que actúan en la región.
Las regiones de Tambacounda y Kolda están siguiendo los pasos de las tres regiones citadas anteriormente, de manera que, al cabo de un cierto tiempo, las diez regiones administrativas del país podrán contar con ese tipo de mecanismos de concertación.
CONCLUSION
Puede decirse que esta ®evolución de tres dimensiones (participativa, educativa e integradora) está transformando en el Senegal la relación entre las instituciones forestales y la población, tal como estaba establecida hasta hace tres decenios. Esa nueva relación se traduce progresivamente en una colaboración al servicio del desarrollo forestal sostenible, que debe permitir a los senegaleses de las generaciones actuales y futuras, no sólo satisfacer sus necesidades de productos y servicios de los bosques, sino, también, establecer y mantener una base sólida de desarrollo para sus diferentes formas de producción.
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