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Resumen

El sorgo es el quinto cereal más importante del mundo, por el volumen de producción y la superficie cultivada. El mijo, denominación genérica que abarca varias especies de cereales de grano pequeño, es el séptimo cereal más importante del mundo. Aproximadamente el 90 por ciento de la superficie dedicada al cultivo del sorgo y el 95 por ciento de la superficie sembrada de mijo en el mundo se encuentra en países en desarrollo, principalmente en Africa y Asia. Ambos productos se cultivan básicamente en zonas agroecológicas caracterizadas por la escasez de precipitaciones y por la sequía, zonas en su mayor parte inadecuadas para la producción de otros cereales si no es posible recurrir al riego. Mientras que el sorgo se destina tanto a la alimentación humana como animal, la producción de mijo se utiliza casi exclusivamente como alimento.

En la economía mundial del sorgo se pueden distinguir dos grandes sistemas de producción y utilización. En el mundo desarrollado y en partes de América Latina y el Caribe predomina la producción intensiva, objeto de comercialización, destinada principalmente a la alimentación del ganado. En este sistema se utilizan abundantemente las semillas híbridas, los fertilizantes y tecnologías mejoradas de aprovechamiento del agua y los rendimientos oscilan entre las 3 y las 5 toneladas por hectárea. Estos sistemas de producción comercializada abarcan menos del 15 por ciento de la superficie mundial de sorgo pero de ellos procede más del 40 por ciento de la producción total. Alrededor del 40 por ciento de ese cereal es objeto de comercio en los mercados internacionales de pienso. Existe un marcado contraste entre estos sistemas y los que predominan en la mayor parte del mundo en desarrollo (excepto en algunos lugares de América Latina y el Caribe), donde el sorgo se cultiva principalmente para la alimentación humana. Aunque en esos sistemas se están introduciendo variedades mejoradas, particularmente en Asia, por lo general el cultivo es menos intensivo que en los sistemas cuya producción se comercializa. El uso de fertilizantes es escaso y la aplicación de tecnologías mejoradas de conservación de la humedad limitada. Por ello, el rendimiento medio oscila en muchas zonas entre 0, 5 y 1, 0 toneladas por hectárea.

En Africa y Asia, en la producción de mijo predominan las prácticas extensivas y la utilización limitada de variedades mejoradas, y los rendimientos medios oscilan todavía entre 0, 3 y 1, 0 toneladas por hectárea solamente. Aunque se están introduciendo variedades híbridas en algunas partes de Asia, en la mayor parte de las zonas del mundo en las que se cultiva el mijo se siguen utilizando variedades tradicionales. Además, pocos cultivadores aplican fertilizantes o prácticas mejoradas de conservación de la humedad.

El sorgo y el mijo tienen una extraordinaria importancia para la economía alimentaria mundial porque contribuyen a la seguridad alimentaria familiar en muchas de las regiones más pobres del mundo y que sufren una mayor inseguridad alimentaria. En las principales regiones productoras de Africa y Asia, más del 70 por ciento de la producción de sorgo y más del 95 por ciento de la de mijo se consumen como alimento. Un gran porcentaje de los hogares rurales sólo aspira a producir lo suficiente para satisfacer su propias necesidades y muchos no consiguen ni siquiera alcanzar ese objetivo limitado. Sólo se comercializa una pequeña parte de la cosecha, por norma general en los mercados locales de alimentos.

En Africa, los factores agroclimáticos que más inciden en la inseguridad alimentaria dificultan también la introducción de tecnologías mejoradas. A los campesinos que se encuentran en los límites de la subsistencia les resulta arriesgado invertir en nueva tecnología. Una proporción creciente de agricultores están empezando a cultivar nuevas variedades porque cambiar las semillas sólo exige una reducida inversión. En cambio, se muestran menos decididos a dedicar sus escasos recursos de efectivo a la compra de fertilizantes químicos o estiércol. La asignación de capital y de mano de obra familiar necesarios para mejorar la disponibilidad de agua y de nutrientes para los cultivos son limitadas porque se piensa que otras actividades agrícolas y no agrícolas permiten conseguir mayores rendimientos. Por ejemplo, las inversiones en actividades educativas compiten directamente con las inversiones en el sistema de cultivo.

En los últimos años, la producción de sorgo y mijo ha aumentado en Africa gracias, sobre todo, al incremento de la superficie cultivada. Los rendimientos no han aumentado, o incluso han disminuido porque se cultivan zonas cada vez más marginales y de suelos más pobres, incluso en lugares que ya son propensos a la sequía. Es previsible, pese a todo, que los agricultores comiencen a aplicar sistemas de cultivo más intensivos, a medida que la falta de tierra se haga más apremiante y aumente el costo de los déficit de la producción de alimentos.

En Asia, existe un mercado relativamente desarrollado, especialmente en las zonas de gran densidad de población. Ello ha permitido adoptar una tecnología mejorada antes y de forma más generalizada que en Africa, lo cual se ha traducido en un incremento importante de los rendimientos durante los tres últimos decenios. En las regiones más áridas y menos pobladas, los sistemas de producción, análogos a los que imperan en Africa, se caracterizan por un sistema tradicional de producción y gestión, por la escasa introducción de tecnologías mejoradas y por la inseguridad alimentaria.

En conjunto, la superficie dedicada en Asia al cultivo del sorgo y el mijo ha disminuido. El lento incremento de la productividad y los bajos precios al productor han reducido la competitividad de estos cereales y en no pocos lugares ha determinado su sustitución por otros cultivos. En algunos casos, el cultivo del sorgo y el mijo se ha desplazado a tierras más marginales, donde su adaptación a unas condiciones de mayor aridez y menor feracidad les otorga una ventaja comparativa sobre otros cereales.

En su casi totalidad, el sorgo que es objeto de comercio en los mercados internacionales se destina a la alimentación del ganado. Esta es la razón por la que los sistemas de producción del mundo desarrollado y de algunas partes de América Latina y el Caribe destinan al mercado una proporción mayor de la producción. Aunque el consumo mundial de sorgo ha disminuido en los diez últimos años, principalmente a causa de los cambios que se han registrado en las políticas de subvención a la agricultura, se prevé que las perspectivas de crecimiento de la demanda de sorgo para pienso, especialmente en Asia y América Latina y el Caribe, fortalecerán la economía del sorgo en esas regiones.

Las industrias alimentarias comerciales utilizan pequeñas cantidades de sorgo para fabricar harina, bebidas a base de malta y cerveza. Las perspectivas de expansión de ese mercado son favorables, siempre que los rendimientos del sorgo puedan aproximarse a los de otros cereales y los costos de comercialización sigan siendo bajos.

El mijo se comercializa en los mercados internacionales en pequeñas cantidades como semillas para los pájaros, sobre todo en los países desarrollados. Sin embargo, éste es un mercado reducido, con pocas posibilidades de crecimiento. La comercialización del mijo para la alimentación humana se limita prácticamente a las transacciones transfronterizas. En el futuro, el posible incremento de la producción se destinará básicamente a compensar déficit localizados de alimentos.

La seguridad alimentaria sigue siendo el objetivo principal de los esfuerzos desplegados para mejorar la economía mundial del sorgo y el mijo. Para la mayoría de los agricultores, un aumento de la producción repercutirá directamente en un incremento del consumo y una mejora de la nutrición. A medida que se cubran las necesidades del consumo familiar, se podrá comercializar un porcentaje más elevado de la producción. Por lo tanto, el aumento de la producción y de la productividad se traducirá en mayores ingresos, especialmente en las principales zonas productoras, en las que viven grupos de población que figuran entre los más pobres del mundo.


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