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ANALISIS MUNDIAL

II. El entorno económico general y la agricultura

ENTORNO ECONOMICO MUNDIAL

El crecimiento económico mundial, tras la pronunciada desaceleración de 1995, volvió a incrementarse en 1996 tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados. Según las proyecciones, la actividad económica mundial se fortalecerá en 1997 y se mantendrá vigorosa en 1998 (Figura 1)3. Al mismo tiempo, las tasas de inflación se mantuvieron moderadas durante todo 1996 y comienzos de 1997, disminuyendo en muchos casos a sus niveles más bajos desde hace varios decenios, mientras que se intensifican los esfuerzos encaminados a reducir los desequilibrios fiscales y externos, lográndose resultados positivos en muchos países. La tasa de expansión del comercio mundial, tras haber crecido a ritmo espectacular durante los dos años anteriores, se redujo sensiblemente en 1996, debido principalmente a la caída de la demanda de importación en algunos países industriales y al crecimiento moderado de varias economías de Asia. Se indican a continuación algunos de los hechos más importantes registrados en las distintas regiones4.

En la mayoría de los países industriales, persistió la tendencia al descenso de los tipos de interés a largo plazo hasta el período comprendido entre comienzos de diciembre de 1996 y mediados de febrero de 1997, los cuales, sin embargo, volvieron a aumentar sensiblemente durante el primer trimestre de 1997, a causa de las preocupaciones por los riesgos de inflación y signos de fortalecimiento de la actividad económica en varios países. En marzo de 1997, los tipos de interés nominal a largo plazo eran entre el 6 y 8 por ciento en los principales países industriales, salvo en Japón (donde eran aproximadamente del 2,3 por ciento), frente al margen mayor del 8 al 12 por ciento registrado a comienzos de 1990. Este descenso general de los tipos de interés reviste una importancia considerable, no sólo por sus efectos directos en la inversión y la actividad económica, sino también, para los países en desarrollo, por sus repercusiones en el flujo de capital y el servicio de la deuda.

Otro factor de notable importancia para muchos países en desarrollo es la trayectoria de los precios de los productos básicos. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), tales precios, en dólares EE.UU., aumentaron en general un 5 por ciento en 1996, pero esto se debió a que el precio del petróleo crudo subió un 20 por ciento, mientras que el de los productos básicos primarios no combustibles bajó el 1 por ciento. El índice mundial de los precios de los productos agrícolas primarios5 bajó de 110 en 1995 a 100 en 1996 (1990 = 100) en valor nominal. Dicho índice –que refleja los diferentes pesos de las exportaciones totales– bajó un 5 por ciento para los países desarrollados y un 16 por ciento para los países en desarrollo. La mayor parte de esta última reducción de produjo en el café (-25 por ciento) y el azúcar (-8 por ciento). También bajaron considerablemente los precios del caucho natural, las pieles y las hortalizas. Pese a estas reducciones de los precios de los principales productos básicos exportados por los países en desarrollo, el índice general de estos países en 1996 se mantuvo un 20 por ciento más alto en valor real que los niveles de depresión de 1990-93. Además, los precios de varios productos, como las bebidas refrescantes tropicales, tendieron a fortalecerse durante el primer trimestre de 1997. En cuanto a los cereales, subieron los precios a niveles muy altos durante 1995 y 1996, pero tendieron a debilitarse en la primera mitad de 1997 (véase Ilustración 6, pág. 25).

Figura 2

Figura 3


RECUADRO 1

LA DEUDA EXTERIOR Y LAS CORRIENTES FINANCIERAS DE LOS PAISES EN DESARROLLO

El total de la deuda externa pendiente de todos los países en desarrollo alcanzó al final de 1996 un total estimado de 2,177 billones de dólares EE.UU. Ello representa un aumento de 111 000 millones de dólares, es decir, más del 5 por ciento en cifras nominales, con respecto del total de la deuda al final de 1995 (2,066 billones de dólares EE.UU.).

No obstante, el coeficiente entre el monto de la deuda y los ingresos derivados de la exportación fue del 146 por ciento, frente a más del 151 por ciento en 1995. El descenso se registró en todas las regiones, con excepción de Asia oriental y el Pacífico, donde dicho coeficiente aumentó como consecuencia del fuerte crecimiento de la deuda privada no garantizada. En el Africa subsahariana, el coeficiente bajó al 237 por ciento, frente al 242 por ciento de 1995, como resultado de las medidas de mitigación de la deuda en favor de esta región. Los coeficientes del servicio de la deuda, que expresan el total de los pagos en concepto de servicio de la deuda en porcentaje del total de los ingresos de exportación, disminuyeron también en todas las regiones, con excepción de América Latina, debido al pago anticipado de la deuda de México a raíz del conjunto de medidas de rescate en favor de dicho país. En 1996 el coeficiente agregado de servicio de la deuda de todos los países fue del 16 por ciento, casi un punto por debajo del año anterior. En el Africa subsahariana dicho coeficiente fue del 12 por ciento, mientras que en 1995 había sido ligeramente superior al 14 por ciento. En América Latina y el Caribe el coeficiente se mantuvo en 1996 en el 30 por ciento, frente al 26 por ciento del año anterior. Para el servicio del total de las deudas pendientes los países en desarrollo pagaron en 1996 un total de 245 000 millones de dólares EE.UU., de los que 101 000 millones de dólares correspondieron al pago de intereses.

Las negociaciones entre los países deudores y los acreedores bilaterales y multilaterales continuaron activamente en 1996, lo que dio lugar a varias medidas alentadoras de alivio y reducción de la deuda. La Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados, establecida en septiembre de 1995, fue ratificada en 1996 por el Banco Mundial, el FMI, el Club de París y varios acreedores bilaterales. En virtud de esta iniciativa, los acreedores bilaterales y multilaterales de países pobres fuertemente endeudados ofrecen medidas de mitigación de la deuda para reducir la carga de ésta a niveles sostenibles a medio plazo. Para acogerse a esta medida los países deben reunir las condiciones establecidas para recibir asistencia de la AIF y presentar un historial satisfactorio de reforma de las políticas económicas y sociales, en particular mejoras en los sistemas de educación y atención de salud. El Banco Mundial ha establecido el Fondo fiduciario para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados, que será administrado por la AIF, y ha asignado 500 millones de dólares para cubrir su contribución inicial. El FMI participa en esta iniciativa a través de su Servicio reforzado de ajuste estructural (ESAF), servicio de financiamiento en condiciones concesionarias que apoya la reforma macroeconómica y estructural de los países de bajos ingresos. La primera medida de mitigación de la deuda en virtud de la citada Iniciativa se aprobó en abril de 1997 y favorecerá a Uganda, que, gracias a esta operación, reducirá su deuda multilateral y bilateral aproximadamente un 20 por ciento (es decir, 700 millones de dólares). Se han concertado también acuerdos preliminares con Bolivia, Côte d’Ivoire y Burkina Faso.

Los acreedores del Club de París, por cuyo conducto se negocia la mayor parte de las operaciones de mitigación de la deuda oficial bilateral, han continuado desempeñando un papel muy importante. Entre mediados de 1995 y finales de 1996, se efectuaron cinco operaciones relacionadas con el monto de la deuda, que permiten reprogramar, en condiciones concesionarias, el total de la deuda, y nueve operaciones de reprogramación del servicio de la misma (que reprograman el servicio de la deuda pagadera en una fecha indicada) de acuerdo con las condiciones de Nápoles, que permiten reducir en dos tercios el valor presente de ciertas categorías de deuda oficial de los países más pobres. Desde la aprobación de las condiciones de Nápoles en 1994, los acreedores han efectuado seis operaciones de reducción del monto de la deuda u opciones de salida, que suman más de 2 000 millones de dólares EE.UU., y 19 reprogramaciones del servicio de la deuda, por un total aproximado de 7 000 millones de dólares EE.UU. Además, se concertaron siete acuerdos en condiciones no concesionarias. La Federación de Rusia pudo acogerse al conjunto de medidas de reestructuración más ambicioso entre los aprobados hasta el momento por el Club de París, en el que se contemplaba un total de más de 40 millones de dólares EE.UU. de deuda.

En 1996, se concertaron siete acuerdos entre países deudores y bancos comerciales acreedores, en virtud de los cuales se reestructuraron 17 000 millones de dólares EE.UU. de deuda y se redujo la deuda pendiente en más de 5 000 millones de dólares. Otros programas de conversión de la deuda, como los de conversión de la deuda en capital o en medidas en favor del desarrollo o de protección de la naturaleza, se han multiplicado rápidamente. Entre 1985, año en que se institucionalizaron estos mecanismos, y 1995 estas operaciones de conversión de la deuda han sumado un total de 141 000 millones de dólares EE.UU.

CORRIENTES FINANCIERAS

Las corrientes financieras con destino a los países en desarrollo, en particular las corrientes privadas, alcanzaron en 1996 un volumen sin precedentes, debido a las tasas de interés relativamente bajas vigentes en los países industriales, al constante desarrollo de los mercados de capital en muchas economías de mercado incipientes, a las oportunidades de inversión creadas por la privatización y, en términos más generales, al clima de confianza suscitado por las medidas de estabilización y de ajuste aplicadas con acierto en muchos países.

El total de las corrientes netas de capital externo a largo plazo con destino a los países en desarrollo alcanzó en 1996 un total estimado de 285 000 millones de dólares EE.UU., lo que representa un aumento del 20 por ciento (47 000 millones de dólares EE.UU.) con respecto a 1995. Las corrientes netas de capital privado, que representan el 86 por ciento del total agregado de las corrientes netas a largo plazo, continuaron aumentando y alcanzaron una cifra récord de 244 000 millones de dólares EE.UU., 60 000 millones de dólares por encima del total de 1995. No obstante, muchos de los países en desarrollo no se benefician todavía, en medida significativa, de este crecimiento de las corrientes de capital privado. Asia oriental y el Pacífico, junto con América Latina y el Caribe, fueron las regiones que más se beneficiaron de estas corrientes privadas netas, habiendo recibido 109 000 millones y 74 000 millones de dólares EE.UU., respectivamente. Las corrientes netas de capital privado al Africa subsahariana, cuyo monto fue de 11 000 millones de dólares EE.UU. en 1996, si bien modestas, fueron diez veces mayores que a comienzos del presente decenio. China fue el principal país destinatario, seguido de México. Las corrientes privadas netas registraron aumentos en el caso de todos los instrumentos financieros, como bonos, inversiones en capital accio-nario, inversión extranjera directa (IED) y préstamos de bancos comerciales. Estos últimos, estancados desde hacía muchos años, aumentaron 8 000 millones de dólares EE.UU. en 1996. Casi la mitad de los nuevos préstamos bancarios se destinaron al financiamiento de proyectos, especialmente para iniciativas de desarrollo de la infraestructura.

Las corrientes de IED con destino a los países en desarrollo alcanzaron un total estimado de 110 000 millones de dólares EE.UU. en 1996, es decir, 14 000 millones de dólares más que en 1995, lo que significa que la cifra se multiplicó por cuatro desde 1990. En 1996, Asia oriental y el Pacífico y América Latina fueron las regiones que recibieron mayores corrientes netas de IED, a saber, 61 000 millones y 26 000 millones de dólares EE.UU., respectivamente, seguidas de Europa oriental, con 15 000 millones de dólares EE.UU. Las corrientes de IED al Africa subsahariana, dirigidas en general a los sectores basados en la explotación de los recursos naturales de un número más bien limitado de países, se mantuvieron en general en niveles bajos, sumando en 1996 un total de 2 600 millones de dólares EE.UU. China continuó siendo el mayor destinatario de las corrientes de IED; en 1996 atrajo más de 42 000 millones de dólares EE.UU., lo que representa un aumento notable si se compara con los 3 500 millones de dólares de 1990.

El financiamiento oficial neto para el desarrollo disminuyó 12 000 millones de dólares , situándose en un cifra aproximada de 41 000 millones de dólares en 1996, el nivel más bajo desde hace más de un decenio. Las corrientes oficiales netas oficiales en condiciones concesionarias, integradas por la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) con destino a los países de ingreso bajo y medio, sumaron 44 000 millones de dólares EE.UU. en 1996, es decir, 800 millones de dólares menos que el año anterior. El descenso se debió sobre todo a la merma de 1 300 millones de dólares en el total de las donaciones. En 1996, las corrientes en condiciones concesionarias se concentraron de nuevo en el Africa subsahariana, que recibió el 34 por ciento del total. No obstante, la parte de esas corrientes con destino a Europa central y Asia subió de cero en 1990 a un 20 por ciento en 1996. El descenso de la asistencia al desarrollo a largo plazo ha ido acompañado de un fuerte desplazamiento en la asignación de fondos. Un monto creciente de éstos se está orientando hacia situaciones de emergencia, como el socorro a los refugiados y otras formas de ayuda de urgencia. En conjunto un 12 por ciento de toda la asistencia oficial para el desarrollo se destina ahora a la ayuda de emergencia, mientras que en 1990 la proporción era del 2 por ciento.


Perspectivas económicas y repercusiones en la agricultura

Según las previsiones, si no hay trastornos imprevistos, la economía mundial seguirá en expansión a plazo medio. Muchos países en desarrollo, si consiguen reducir la inflación, liberalizar sus economías y abrirse al comercio internacional, tendrán mejores perspectivas de continuar o incluso acelerar su crecimiento. Deberían beneficiarse también de la continuación prevista de la expansión económica, acompañada de una moderada inflación en los países industriales, de la notable disminución de los tipos reales de interés con respecto a los años ochenta, de la liberalización continua del comercio y del fuerte incremento del flujo de capitales privados. Sin embargo, estas perspectivas generales optimistas encubren amplias diferencias en las perspectivas para los distintos países y regiones. Gran parte del mejoramiento económico de los países en desarrollo se conseguirá en las regiones de Asia oriental y meridional que tienen ya un rápido crecimiento, así como en otros países de Asia y América Latina y el Caribe que están mejor integrados en las corrientes financieras y comerciales mundiales. En cuanto a los países menos adelantados de Africa, incluso una tasa de crecimiento anual del 4,5 por ciento6 sería insuficiente para elevar sus ingresos per cápita en medida significativa, y tampoco colmará la diferencia con respecto a otras regiones. Las perspectivas se presentan especialmente sombrías para muchas economías basadas en la agricultura, donde los problemas sociales interponen obstáculos a la aplicación de políticas de reforma en la medida necesaria para crear un impulso de crecimiento y fomentar la confianza de los inversionistas, por lo que tales economías son incapaces de movilizar corrientes de financiación para la diversificación económica. Tienen que enfrentarse también con la perspectiva de una disminución de la ayuda y una competencia más intensa en los mercados internacionales.

Para los países que dependen de las exportaciones de productos primarios, un factor determinante de sus resultados económicos será la evolución de los precios de los productos básicos. Según pronósticos del Banco Mundial, la reducción de los precios de los productos básicos distintos del petróleo en 1996-97 hará que se pierdan alrededor de los dos tercios de las subidas de precios conseguidas en 1994-95, pero después se estancarán dichos precios en contraposición a lo que ocurrió en los últimos 15 años en que bajaron considerablemente. Las expectativas moderadamente optimistas en relación con los precios de los productos básicos constituyen en general una de las hipótesis fundamentales de las proyecciones agrícolas que se examinan a continuación.

Perspectivas agrícolas de los países en desarrollo

Los pronósticos a plazo medio del crecimiento económico y de la producción agrícola en los países en desarrollo, elaborados por el Proyecto LINK, incluyen los siguientes conceptos:


RECUADRO 2

PERSPECTIVAS DE LAS ECONOMIAS QUE DEPENDEN FUERTEMENTE DE LAS EXPORTACIONES AGRICOLAS

Las perspectivas a plazo medio de las economías que dependen fuertemente de las exportaciones agrícolas1 son en general favorables en relación con las tendencias del pasado. El crecimiento previsto del valor de sus exportaciones agrícolas (5-6 por ciento al año durante 1998-2001) compensaría con creces el empeoramiento de su relación de intercambio agrícola indicado por las proyecciones, lo que mejoraría ligeramente el poder adquisitivo de sus exportaciones agrícolas. Las perspectivas parecen más prometedoras para los países de América Latina y el Caribe que para los de Africa pertenecientes a este grupo, debido a la especial composición de productos de las exportaciones de estas regiones. En realidad, las perspectivas del mercado son más favorables para una serie de productos exportados por América Latina y el Caribe –en particular cereales, productos pecuarios, soja y frutas– que para la gama menos diversificada de productos que constituyen la mayor parte de las exportaciones agrícolas africanas: principalmente café, algodón y cacao.

Se espera que las perspectivas en general favorables para las exportaciones agrícolas de las economías que dependen fuertemente de las exportaciones agrícolas contribuyan a mejorar sus perspectivas económicas. El FMI ha preparado para la FAO pronósticos a corto plazo (1997-98) de los resultados económicos de estos países:

1 Componen este grupo 47 países (24 en el Africa subsahariana, 18 en América Latina y el Caribe y 5 en el Cercano Oriente y Africa del Norte) cuyas exportaciones agrícolas, pesqueras y forestales equivalen al 20 por ciento, al menos, de sus exportaciones totales, o al 20 por ciento de sus importaciones totales.


3 A menos que se indique otra cosa, las estimaciones económicas y previsiones a corto plazo que figuran en esta sección proceden de FMI. 1997. Perspectivas de la economía mundial. Washington, D.C.

4 En la Parte II, Análisis por regiones, podrá encontrarse una relación más detallada de la trayectoria económica en las regiones de países en desarrollo y economías en transición.

5 Calculado utilizando ponderaciones de 1980, como se hace en el United States Monthly Bulletin of Statistics, y sobre la base de los precios del mercado mundial compilados por la FAO.

6 Se ha calculado esta tasa en el Proyecto LINK para el período 1997-2001 (véase Perspectivas agrícolas de los países en desarrollo).

7 En los países en desarrollo el PIB aumentó más del 6 por ciento al año durante 1992-96. Las proyecciones del FMI indican tasas de crecimiento del PIB del 6,6 y 6,7 por ciento para estos países en 1997 y 1998, respectivamente, en consonancia con los pronósticos del proyecto LINK para este período. En los países en desarrollo la producción agropecuaria aumentó un 4 por ciento en 1993, un 5 por ciento en 1994, un 5,2 por ciento en 1995 y un 2,9 por ciento en 1996,

8 Se han hecho muchos análisis y proyecciones sobre las necesidades alimentarias futuras de China y las consecuencias para el comercio. Tales estudios varían ampliamente tanto por el lado de la producción como por el de la demanda internas. Un examen reciente (realizado por Ke Bingsheng, Vicepresidente y Profesor de la Universidad Agrícola de China) pone de manifiesto que la diferencia entre las estimaciones más pesimistas y más optimistas de las futuras necesidades de importación de cereales de China en los distintos estudios es de casi 80 millones de toneladas para el año 2000, 111 millones para el 2010 y más de 300 millones para el 2030.

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