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ANALISIS MUNDIAL

III. Cuestiones escogidas

LOS BOSQUES EN EL CONTEXTO MUNDIAL9

A nivel mundial, la actividad forestal se enfrenta con difíciles desafíos al entrar en el próximo bienio. El crecimiento demográfico, las variaciones en la distribución de la población, las presiones económicas y los esfuerzos para aliviar la pobreza y garantizar la seguridad alimentaria obligan a analizar intensamente la contribución actual y potencial de los bosques al desarrollo y los beneficios respectivos de la conservación de las tierras forestales, en contraposición a su dedicación a otros usos. El desafío más evidente dentro del sector es el de satisfacer la demanda creciente de productos forestales salvaguardando, al mismo tiempo, la capacidad de los bosques de prestar una serie de servicios ecológicos, como el mantenimiento de los recursos de suelos y aguas, la protección contra la desertificación, la conservación de la diversidad biológica y la reducción del cambio climático mundial. Habrá que conciliar las exigencias contrastantes y las discrepancias de opinión sobre la importancia relativa de los distintos bienes y servicios que proporcionan los bosques. Los beneficios económicos de los bosques que pueden cuantificarse fácilmente, como la obtención de productos madereros y productos forestales no alimentarios y la creación de empleo, deben compararse con los beneficios ambientales y sociales que tienen también un valor pero no todos ellos pueden expresarse fácilmente en términos monetarios. Las exigencias de conseguir una distribución más equitativa de los beneficios obtenidos de los bosques, de salvaguardar los derechos de sus habitantes y poblaciones indígenas, y de asegurar una participación general en la toma de decisiones relativas a los bosques incrementarán la complejidad y el desafío de la ordenación y adopción de políticas forestales en los años venideros.

Entre las principales tendencias actuales que han influido en los bosques es preciso señalar el crecimiento demográfico y la urbanización constantes, unos índices mayores de crecimiento económico mundial tras los tres primeros años de depresión del decenio, y el avance continuo de muchas de las antiguas economías de planificación centralizada hacia una economía de mercado y liberalización del comercio. En los últimos años, la estructura y las funciones de las instituciones públicas, sobre todo de los departamentos de montes y afines, han seguido registrando cambios importantes. Se han hecho más patentes las tendencias a la descentralización, a la privatización de funciones antes encomendadas al sector público y a la transición a un entorno institucional más pluralista y con más interlocutores. Las reducciones presupuestarias han afectado por igual a los departamentos de montes de los países desarrollados y en desarrollo. Las preocupaciones ambientales influyen cada vez más en las políticas y prácticas relativas a los recursos naturales e incluso, hasta cierto punto, en el comercio internacional. Por último, prosigue la «internacionalización» de los problemas y, en los niveles más altos de adopción de políticas, se ha prestado atención a las interacciones entre las cuestiones de desarrollo y las ambientales y sociales, a través de cuatro cumbres internacionales que se han celebrado en los dos últimos años: la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social (Copenhague, marzo de 1995); la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, septiembre de 1995); Hábitat II - Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Estambul, junio de 1996) y la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, noviembre de 1996). La importancia asignada internacionalmente al sector forestal se refleja en la creación, en abril de 1995, del Grupo Intergubernamental sobre los Bosques por la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (CSD), con el fin de fomentar un consenso internacional sobre cuestiones fundamentales relacionadas con los bosques. La CSD que fue constituida para el seguimiento de la aplicación de los acuerdos concertados en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD, Rio de Janeiro, junio de 1992), informó a la Asamblea General, en su período extraordinario de sesiones de junio de 1997, sobre los progresos realizados en los últimos cinco años. Asistieron a esta reunión muchos jefes de estado y en ella se mantuvo en examen la prioridad del desarrollo sostenible en los programas de los responsables de las políticas.

Las tendencias del consumo registradas hasta el momento muestran claramente los efectos del crecimiento demográfico y económico en la demanda de alimentos y productos forestales. Entre 1960 y 1995, se duplicó casi el tamaño de la población mundial y la economía mundial (a juzgar por el PIB en términos reales) se triplicó. Durante ese mismo período, la producción mundial de cereales se duplicó con creces mientras que se duplicó la de leña y se triplicó con creces la de papel. Mirando al futuro, se prevé que la población actual de 5 700 millones de personas aumentará a 7 000 millones en el año 2010. Casi todo ese aumento se verificará en el mundo en desarrollo, donde es preciso superar las limitaciones a la producción agrícola y forestal y donde los imperativos económicos nacionales y la disparidades en la distribución de los ingresos ejercen ya una presión intensa sobre los recursos naturales. Estos factores influirán ciertamente en la capacidad de los países para conseguir una seguridad alimentaria a largo plazo y mantener la productividad de su base de recursos naturales, incluidos los forestales.

En 1997 el Programa de la FAO para la Evaluación de los Recursos Forestales ha aportado nueva información mundial sobre temas como la superficie de bosques en 1995; los cambios en la superficie forestal entre 1990 y 1995; y estimaciones revisadas de los cambios en la superficie forestal entre 1980 y 199010. Se estima que los bosques (naturales y de plantación) cubrían 3 454 millones de hectáreas (el 26 por ciento de la superficie total de tierras del mundo) en 1995, de las que un 57 por ciento se hallaba en países en desarrollo. La distribución de la superficie forestal por principales regiones aparece en la Figura 4.

Entre 1990 y 1995 se registró una pérdida neta de 56 millones de hectáreas de tierras forestales en todo el mundo. Dicha pérdida se debió a la reducción de 65 millones de hectáreas en los países en desarrollo que contrarrestó con creces el incremento de 9 millones de hectáreas logrado en los desarrollados a lo largo de ese quinquenio. Analizando únicamente los bosques naturales de los países en desarrollo, ya que en ellos se produce la mayor parte de la deforestación, las estimaciones indican que:

Aunque la deforestación sigue siendo notable en los países en desarrollo, parece que se está reduciendo la tasa de pérdida de bosques naturales. Si bien se trata de una señal positiva, será difícil saber si está comenzando una nueva tendencia hasta que se disponga de los datos de la Evaluación de los Recursos Forestales 2000 que la FAO está realizando ahora.

La información facilitada recientemente11 sobre las causas de la deforestación entre 1980 y 1990 indica que los factores fundamentales del cambio en la cubierta forestal son el crecimiento de la población rural, unido a la expansión de la agricultura (especialmente en Africa y Asia) y a amplios programas de desarrollo económico que implican el reasentamiento de poblaciones, la expansión de la agricultura y el desarrollo de infraestructura (América Latina y Asia). Aunque la explotación maderera no es generalmente una causa directa de deforestación, se sabe que es un factor que la facilita en algunas zonas, en especial mediante la construcción de carreteras que hacen accesibles a los colonos agrícolas zonas anteriormente remotas.

La necesidad de obtener alimentos para una población mundial cada vez mayor sigue ejerciendo una fuerte presión sobre las tierras forestales. La FAO calcula que el aumento de la producción alimentaria mundial necesario para satisfacer la demanda creciente, principalmente en los países en desarrollo, podría ser del orden del 1,8 por ciento al año desde ahora hasta el año 2010. En algunos países, se incrementarán los suministros mediante la importación de alimentos o la intensificación de la producción en las tierras agrícolas existentes. En los países donde no existe ninguna de estas dos posibilidades, pero se pueden roturar nuevas tierras (principalmente en el Africa subsahariana y América Latina), se incrementará también el suministro alimentario dedicando más tierras a la agricultura. La necesidad de incrementar la producción y mejorar el acceso a los alimentos en los países en desarrollo hace también que se preste más atención a las formas en que los bosques y los árboles pueden contribuir a la seguridad alimentaria nacional y en los hogares, especialmente mediante su función de proteger la base de recursos naturales de la que depende la agricultura.

Por otra parte, en algunos países desarrollados el estancamiento de la demanda de productos agrícolas, unido a la continua intensificación de la producción, hace que se detraigan de la producción agrícola tierras marginales que pueden dedicarse a bosques.

Pese al rendimiento económico en general positivo logrado en gran parte del mundo en desarrollo durante los últimos años (véase El entorno económico general y la agricultura, pág. 37), persisten la pobreza, el hambre y la malnutrición en partes del mundo y entre distintos sectores de la población, debido a la distribución desigual de la riqueza y del acceso a los recursos. Gran parte de la población pobre del mundo vive cerca de bosques y utiliza las tierras y recursos forestales para su subsistencia. Los bosques son decisivos para proporcionar productos e ingresos a estas poblaciones. Es posible que se intensifique la competencia entre la utilización de las tierras forestales para seguir satisfaciendo las necesidades de la población local y la necesidad nacional de obtener productos forestales industriales, competencia que se acentuará con el aumento del nivel general de ingresos.

Es probable que sea notable el efecto combinado del crecimiento económico y demográfico en la demanda de productos forestales, especialmente teniendo en cuenta que el consumo per cápita de productos forestales industriales es especialmente sensible a los cambios en los ingresos de bajo nivel. Entre 1970 y 1994 el consumo de productos madereros aumentó un 36 por ciento. Más de la mitad de la madera extraída cada año se consume como leña, mientras que el resto se utiliza para productos madereros industriales. Hoy en día, la demanda de madera para leña sigue creciendo a razón del 1,2 por ciento aproximadamente al año (tasa anual media de incremento en 1992-94). La demanda de productos madereros industriales parece haberse estancado en los países desarrollados, pero sigue creciendo constantemente en los países en desarrollo. Según cifras preliminares que aparecerán próximamente en la publicación de la FAO, Estudios de las perspectivas mundiales sobre producción, consumo y comercio de productos forestales (EPM 96), el crecimiento de la demanda de productos madereros (leña y madera industrial) entre 1990 y 2010 será del orden del 20 por ciento, y estará impulsado principalmente por el crecimiento demográfico y económico de los países en desarrollo.

Una de las cuestiones más acuciantes con respecto a las perspectivas futuras del sector forestal es si habrá en el futuro madera suficiente para satisfacer la demanda en expansión y si podrá suministrarse sin unos costos sociales y ambientales inaceptables. Son varios los factores que han influido en el suministro de productos forestales, tales como el establecimiento de más plantaciones y las mejoras en la elaboración (los cuales contribuyen a aliviar la situación), así como una evidente y profunda reducción de la extracción maderera en la Federación de Rusia durante este decenio (que ha repercutido sensiblemente en la producción maderera mundial). Además, las restricciones impuestas a la extracción maderera en bosques naturales, respondiendo a preocupaciones ambientales, están reduciendo los suministros de rolliza industrial en algunos países.

La superficie de plantaciones se ha duplicado en los países en desarrollo entre 1980 y 1995 (de 40 a 81 millones de hectáreas), mientras que la producción de madera industrial procedente del cultivo forestal y sistemas agroforestales está cobrando una importancia cada vez mayor en varios países. Es probable que el crecimiento de la demanda de productos forestales refuerce estas tendencias.

La mejora de las industrias forestales ha provocado notables incrementos en la producción de artículos acabados por unidad de materia prima. Entre tales mejoras cabe señalar la diversificación de las materias primas (por ejemplo, la mayor utilización de madera de coco y caucho en la industria maderera), el aprovechamiento mejor de residuos de la madera, el aumento de reciclaje de papel y cartón y el desarrollo de tecnologías de elaboración más eficientes. Se espera que el comercio mundial, cuyo volumen y valor (véase la Figura 6) han aumentado constantemente en los últimos decenios, cobre una importancia creciente debido a la necesidad de muchos países de colmar su déficit de productos madereros. Aunque los países desarrollados siguen predominando en el comercio mundial de productos forestales tanto por lo que respecta a la exportación como a la importación, está creciendo la importancia de los países en desarrollo, sobre todo de Asia y América Latina. Se prevé que cobren aún mayor importancia los países asiáticos como importadores de productos madereros para colmar el importante déficit que se prevé en su producción interna.

La disolución de la ex URSS y los esfuerzos realizados posteriormente por los países que recientemente han alcanzado la independencia para trasformar su economía de planificación centralizada en economía de mercado están repercutiendo notablemente en el sector forestal. En primer lugar, ha habido en estos países graves alteraciones en los sistemas de ordenación y producción forestales y en la transformación, elaboración y comercialización de los productos. Son especialmente importantes los cambios registrados en la Federación de Rusia, que cuenta con más de la quinta parte de los bosques del mundo y es un gran productor de madera industrial en rollo. El fuerte descenso de la extracción de rolliza industrial en la CEI y los Estados del Báltico (en 1994 se extrajo sólo la mitad que en 1990) contribuyó a la reducción de un 15 por ciento aproximadamente de la producción mundial de rolliza industrial en ese mismo período. En segundo lugar, se están introduciendo importantes reestructuraciones en los sectores forestales de los países en transición de Europa Central y Oriental y la CEI, tales como la reorientación de las políticas e instituciones forestales, la privatización de las operaciones y empresas de propiedad estatal y la restitución de tierras forestales nacionalizadas a sus antiguos propietarios o los herederos de éstos.

La repercusión del rápido desarrollo de la infraestructura y la organización en la utilización de las tierras, en la cubierta terrestre y en la situación ecológica de las zonas urbanas y periféricas es evidente en muchas partes del mundo, pero sobre todo en Africa y Asia, donde son más elevadas las tasas de urbanización. Sin embargo, los efectos de la urbanización en la demanda general de productos forestales y en el aprovechamiento de las tierras agrícolas no han sido objeto de un estudio detallado y no son tan bien conocidos como las relaciones entre los recursos forestales y la población o el crecimiento económico; no está claro que las pautas que se han manifestado en los países desarrollados en su proceso de urbanización vayan a seguir siendo válidas para los países en desarrollo, que se están urbanizando mucho más rápidamente y tienen poblaciones con niveles de ingresos mucho menores. En cambio, lo que si está claro es que hay grandes posibilidades de que la actividad forestal mejore la situación medioambiental y los medios de vida de los habitantes de las ciudades y de que, en algunos lugares, las plantaciones periurbanas suministren productos madereros a las poblaciones urbanas. Aunque una urbanización rápida no constituye ya un problema en la mayoría de los países desarrollados, la mayor sensibilización adquirida en los últimos años respecto de los beneficios ecológicos y sociales de los bosques y arboledas de las zonas urbanas ha inducido a elaborar programas intensos de silvicultura urbana, en muchas partes, como en los Estados Unidos y Europa.

La sensibilización ecológica y la presión pública han seguido teniendo efectos en todos los aspectos del sector forestal: en la ordenación forestal, en las actividades de explotación y subsiguientes, y en los mercados y comercio de productos forestales. La preocupación por conseguir una ordenación de los bosques que garantice el sostenimiento a largo plazo de sus funciones productivas, sus servicios medioambientales y sus beneficios sociales ha hecho que se desplieguen esfuerzos por formular criterios e indicadores para una ordenación forestal sostenible12. Existe ya la tendencia a ordenar los bosques como sistemas ecológicos con múltiples beneficios económicos y valores medioambientales, mientras que en los objetivos de la ordenación, se da más importancia a la protección del medio ambiente y la conservación de la diversidad biológica. Se ha prestado mayor atención a los beneficios ambientales y sociales que pueden derivarse del desarrollo de productos forestales no madereros. Se han impuesto restricciones a la extracción en bosques nacionales de América del Norte y de algunos países tropicales de Asia y Pacífico sur. Se están propugnando sistemas de explotación maderera de menor impacto para reducir al mínimo los efectos perjudiciales de la explotación forestal. Se están poniendo en práctica algunas iniciativas, como los planes de certificación y la lista de especies de maderas incluidas en los apéndices de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, con el fin de supeditar el comercio a las preocupaciones ambientales relacionadas con los bosques.

En el Capítulo 11 del Programa 21 (Lucha contra la deforestación) y en los «Principios Forestales» aprobados en la CNUMAD, se resalta la importancia de las funciones ecológicas de los bosques y la necesidad de integrarlas en la ordenación forestal sostenible. Se subrayan también estas funciones en varios convenios internacionales concluidos recientemente, tales como la Convención Internacional de Lucha contra la Desertificación, el Convenio sobre la Diversidad Biológica y el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático Mundial. Se espera que estos convenios fortalezcan las actividades nacionales, regionales e internacionales que se están realizando en relación con los bosques.

Los beneficios socioculturales de los bosques y las repercusiones sociales de la distribución de esos beneficios siguen siendo objeto de la atención internacional y de la adopción de medidas a nivel nacional. Las cuestiones que se plantean varían desde la forma de satisfacer las necesidades y respetar los derechos de los grupos indígenas, los habitantes de los bosques y las poblaciones que dependen de ellos, hasta el problema más universal de cómo tener en cuenta la amplia gama de demandas de bienes y servicios forestales procedentes de los distintos grupos de interés. Estas inquietudes han determinado el desarrollo y la institucionalización ulteriores de varios sistemas de ordenación forestal en régimen participativo, la restitución de la propiedad sobre los recursos forestales y el reconocimiento de los derechos de acceso de las comunidades locales y de colectivos de usuarios. En muchos países en desarrollo, sobre todo, las comunidades locales desempeñan una función cada vez más importante en la ordenación y protección cotidiana de los recursos forestales y, en el caso de las poblaciones indígenas, se están desplegando esfuerzos para reducir al mínimo la interferencia exterior con las prácticas tradicionales de gestión de los recursos. Tanto en los países desarrollados como en desarrollo se despliegan cada vez más esfuerzos para crear los medios de tener en cuenta las opiniones de toda una serie de grupos de intereses, al adoptar las decisiones en materia de política y prácticas de ordenación forestal.

El sector forestal está registrando una evolución dinámica en un mundo que cambia rápidamente. La configuración de los bosques y los sectores forestales del mundo depende no sólo de tendencias económica, políticas, demográficas y sociales externas, sino también de las fuerzas operativas dentro del mismo sector. La situación actual y futura de los bosques debe considerarse en el contexto más amplio del desarrollo, cuya finalidad última es la mejora del bienestar de las generaciones presentes y futuras de seres humanos.

ELEVAR LA PRODUCTIVIDAD DE LA MUJER EN LA AGRICULTURA

Introducción

Las mujeres representan el 40 por ciento de la mano de obra agrícola en América Latina y el Caribe y entre el 60 y el 80 por ciento en Asia y el Pacífico y en Africa13. No obstante, unas investigaciones insuficientes han continuado ignorando o infravalorando la aportación de la mujer a las actividades agrícolas. Además, la baja participación de la mujer en la adopción de políticas nacionales y regionales, su invisibilidad en las estadísticas nacionales y su falta de participación en los servicios de extensión (si se exceptúan los programas sobre economía doméstica) han dado lugar al abandono de los problemas más importantes para la mujer en la planificación, evaluación previa, ejecución, gestión y evaluación a posteriori de muchos programas y políticas de desarrollo rural. Otras razones que explican por qué las iniciativas de desarrollo no han llegado a reorientarse hacia la mujer son la falta de liderazgo femenino y la escasez de recursos en los gobiernos destinatarios así como la discriminación de la mujer dentro de los organismos donantes14. Este abandono de la mujer ha representado el desaprovechamiento de las posibilidades de aumentar la productividad y de impulsar el crecimiento económico.

El reto de incluir a la mujer en las iniciativas de desarrollo fue abordado en primer lugar en la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en México en 1975 y de nuevo en Copenhague en 1980. A raíz del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-85), muchas iniciativas internacionales han contribuido a un mayor reconocimiento de la participación fundamental de la mujer en el desarrollo rural y en otras esferas. La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing, en 1995, confirma de nuevo el compromiso mundial por promover el adelanto de la mujer.

En respuesta a ello, la mayor parte de los gobiernos han firmado diversos acuerdos, tratados y convenios internacionales en los que se comprometen a prestar mayor atención a las necesidades de la mujer, en particular de las campesinas, y a dedicar más esfuerzos y recursos a aumentar su productividad. En las reflexiones sobre el desarrollo se observa cada vez con más frecuencia una mayor comprensión de los problemas relacionados con la discriminación sexual y de la función de la mujer en la agricultura y la seguridad alimentaria. Por ejemplo, muchos gobiernos y organismos cuentan ahora con dependencias que se ocupan del tema de la mujer en el desarrollo así como con especialistas y políticas sobre los problemas de la diferencia entre el hombre y la mujer. Se han logrado también mejoras en la recopilación de datos desglosados por sexo, en la investigación sobre los hogares encabezados por una mujer y sobre la función de ésta en la agricultura y en los métodos disponibles para incluir las actividades de la mujer en las cuentas nacionales. Por otro lado, algunas organizaciones de mujeres están contribuyendo eficazmente a ayudar a las campesinas a obtener mejor acceso al crédito y los recursos.

A pesar de estas demostraciones públicas de compromiso, el cambio ha sido lento y muchas iniciativas de desarrollo no están beneficiando todavía a un número significativo de mujeres. Cuando se ha seleccionado a éstas como beneficiarias, generalmente se las ha considerado en su capacidad reproductora o como destinatarias de las medidas de bienestar social. Hasta hace poco, las iniciativas orientadas específicamente a la mujer eran proyectos pequeños y dispersos, o simples componentes de proyectos más amplios, cuyo centro de atención era la función productiva de la mujer en la agricultura, y que quedaban aislados del conjunto general de las políticas y las actividades nacionales de planificación agrícola. Dado el papel decisivo que desempeñan en la producción y el suministro de alimentos, los esfuerzos por aumentar la productividad de la mujer son fundamentales para la seguridad alimentaria mundial. Un aspecto esencial dentro de esos esfuerzos es facilitar el acceso de la mujer a la educación, extensión y capacitación agrícola, ya que se ha comprobado que el desarrollo del capital humano es requisito imprescindible para aumentar la productividad agrícola. Se ha de garantizar la plena participación de las mujeres en los proyectos piloto de demostración del Programa Especial de Seguridad Alimentaria y en los análisis de problemas para conseguir beneficios a corto plazo.

Función de la mujer en el desarrollo agrícola

Aunque existen grandes diferencias en las distintas pautas de producción de los hogares, las mujeres de todas las regiones del mundo desempeñan un papel predominante en la seguridad alimentaria del hogar a través de la producción alimentaria y agrícola. Se estima que las mujeres de los países en desarrollo dedican dos tercios de su tiempo a actividades tradicionales de agricultura y comercialización, y el número de horas que trabajan suele ser superior al de los hombres. La mujeres de las zonas rurales cultivan al menos el 50 por ciento de los alimentos de todo el mundo. Trabajan en todos los aspectos del cultivo, en particular la siembra, entresaca, escarda, aplicación de fertilizantes y recolección así como en las actividades posteriores a la cosecha, como el almacenamiento, manipulación, constitución de reservas, comercialización y elaboración. Intervienen también en la producción avícola y ganadera. En Asia sudoriental y el Pacífico, así como en América Latina, los huertos familiares de las mujeres representan uno de los sistemas agrícolas conocidos más complejos. Si bien casi todas las tareas asociadas con la producción alimentaria de subsistencia son realizadas por mujeres, su parte en la agricultura comercial es también significativa.

En un proyecto del PNUD y el Banco Mundial realizado en Burkina Faso, Kenya, Nigeria y Zambia con el fin de aumentar la productividad de las mujeres campesinas en el Africa subsahariana se pudo comprobar que las mujeres son tan importantes para la agricultura africana que las iniciativas encaminadas a aumentar la productividad del sector no pueden permitirse hacer caso omiso de ellas. Las campesinas de esta región producen más de tres cuartas partes de su suministro alimentario básico. Además, ahora cultivan productos como el café y otros cultivos comerciales, realizan tareas (como el desbroce de tierras) tradicionalmente reservadas a los hombres y, cada vez más, adoptan decisiones sobre la gestión cotidiana de las explotaciones y los hogares15. Ello se debe en parte a que los varones emigran de las explotaciones en búsqueda de actividades más remuneradoras.

Si bien las mujeres producen gran parte del suministro alimentario del mundo en desarrollo y son la columna vertebral de los sistemas de producción y suministro de alimentos para el consumo familiar, su productividad es por lo general baja y tienen que transcurrir largas horas en sus pequeñas explotaciones. Cuentan también con escaso acceso a las actividades de capacitación, la tecnología, el crédito y los insumos y, en la mayor parte de los casos, utilizan métodos agrícolas tradicionales y no mejorados. Para saldar el abismo existente entre los niveles actuales y potenciales de productividad quizá el medio más eficaz sea promover el desarrollo agrícola. Esta oportunidad la brinda, en los países de bajos ingresos con déficit de alimentos, la fase piloto del Programa Especial de Seguridad Alimentaria.

Invertir en educación: efectos sobre la productividad

La inversión en capital humano es uno de los medios más eficaces de reducir la pobreza y de conseguir un crecimiento económico sostenible. Las investigaciones demuestran que si se consigue aumentar un año el nivel de instrucción de la mano de obra el PIB aumenta el 9 por ciento. Así ocurre en los tres primeros años adicionales de educación, lo que significa que al final de ellos cabría esperar un aumento del 27 por ciento del PIB16.

Prácticamente todos los estudios sobre la productividad agrícola revelan que una población agrícola mejor instruida consigue una mayor rentabilidad de su tierra. Con cuatro años de educación primaria la productividad de los agricultores aumentó un 8,7 por ciento en términos generales, y un 10 por ciento en los casos en que había un entorno más moderno, particularmente en Asia (por entorno moderno se entiende la disponibilidad de nuevas variedades de cultivos, métodos innovadores de plantación, medidas de lucha contra la erosión y disponibilidad de insumos de capital, como insecticidas, fertilizantes y tractores o maquinaria17. Otros indicadores eran la producción orientada al mercado y la disponibilidad de servicios de extensión). En un análisis de Malasia, Tailandia y la República de Corea, Jamison y Lau18 estimaban que un año de escolarización está asociado por término medio con un incremento neto de la producción agrícola del 5,1, 2,8 y 2,3 por ciento, respectivamente.

En un estudio del Banco Mundial se estima que la rentabilidad de las inversiones en la educación de la mujer es del orden del 12 por ciento en lo que respecta al crecimiento de la productividad, la tasa más elevada de rentabilidad de todas las inversiones posibles en las naciones en desarrollo. Los investigadores estimaron que si las mujeres y los hombres recibieran la misma educación, los rendimientos específicos de la agricultura subirían desde el 7 hasta el 22 por ciento. Un mayor nivel de escolarización primaria de la mujer bastaría por sí solo para aumentar la producción agrícola un 24 por ciento19.

La educación contribuye también en forma importante a mejorar la condición de la mujer, la nutrición de sus familias y la producción alimentaria nacional. La educación femenina produce notables beneficios sociales, ya que está asociada a mejoras en la salud y nutrición familiar, una menor morbilidad y mortalidad de los lactantes y niños y un crecimiento demográfico más lento20. La educación de la mujer suele también ser productiva en forma de aumentos salariales, con el consiguiente crecimiento de los ingresos familiares. En un estudio reciente de la OIT se señala que cada año adicional de escolarización eleva los ingresos de la mujer aproximadamente un 15 por ciento, frente al 11 por ciento registrado en el caso de los hombres21.

En el caso de la agricultura, la educación femenina es decisiva para aumentar la productividad y la aplicación de medidas de protección ambiental. La educación es un medio especialmente eficaz para incrementar la productividad y la producción agregada cuando hay facilidad de acceso a los insumos tecnológicos, capacitación e información. Por ello, el crecimiento de la producción agrícola depende no sólo de la educación sino también de que las mujeres dispongan de igualdad de acceso a las actividades de extensión, el crédito agrícola y otros insumos y servicios de apoyo.

Extensión agraria: situación actual

Los programas de extensión agraria permiten salvar la diferencia existente entre los conocimientos técnicos y las prácticas utilizadas por los agricultores. En general, se trata de servicios públicos gratuitos, pero en algunos casos se cobran tarifas a los usuarios o se utilizan servicios privados de extensión. La extensión es por lo general eficaz en función de los costos y tiene efectos significativos y favorables sobre los conocimientos y adopción de nuevas tecnologías por parte de los agricultores y por lo tanto sobre la productividad agrícola y los ingresos rurales. Sin asistencia técnica, información y capacitación, los agricultores se ven limitados en su capacidad de adoptar nuevas tecnologías y variedades vegetales. A veces se ven obligados a utilizar técnicas de cultivos de bajos insumos/baja producción, lo que reduce la intensidad de los cultivos. Ello da lugar a una reducción de los rendimientos agrícolas y puede ser causa de degradación ambiental.

Dado el papel desempeñado por la mujer en la agricultura, la inclusión de las campesinas en los servicios de extensión está justificada por varias razones. En primer lugar, los programas de extensión agraria que no tienen en cuenta el papel de la mujer en la agricultura están expuestos a riesgos de baja rentabilidad, ineficiencia y, a la larga, incapacidad de alcanzar los objetivos de desarrollo. En segundo lugar, las actividades de extensión realizadas sin participación de las campesinas corren el peligro de influir negativamente en la mujer y en sus familiares. Por ello, la productividad y bienestar de los hogares rurales pueden aumentar cuando se consigue que la mujer participe junto con el hombre en las actividades de extensión relacionadas con su función en la producción agrícola.

No obstante, en la actualidad la información agrícola no llega ni beneficia eficazmente a la mujer. La FAO estima que el acceso de las campesinas a la extensión agraria en todo el mundo es 20 veces inferior al del hombre22. Todavía son muchos lo que opinan que la información se filtrará poco a poco a las mujeres a través de los contactos en el hogar y en la comunidad. Algunos estudios realizados en Asia y el Pacífico, Africa y América Latina y el Caribe demuestran, sin embargo, que en muchos casos esa transmisión es muy escasa23.

Según datos de encuestas de la FAO (1989), aproximadamente el 5 por ciento de todos los recursos de extensión agraria están orientados hacia la mujer y el 15 por ciento de los extensionistas de todo el mundo son mujeres, lo que está en claro contraste con la proporción de las labores agrícolas que realizan (Cuadro 2). Sea por libre decisión o por inadvertencia, el hecho es que el sistema actual para transferir capacitación agrícola, tecnologías e información tiene como destinatarios a los hombres.

La falta de agentes de extensión femeninos es uno de los mayores obstáculos para que la mujer africana consiga información y capacitación. La FAO ha comprobado que la mujer representaba menos del 11 por ciento del personal de extensión en Africa. Muy pocos de los agentes femeninos encuestados habían recibido capacitación agrícola; la mayor parte se especializaban en economía del hogar. Sólo el 7 por ciento de todos los servicios de extensión agraria estaban asignados a campesinas, y los servicios de extensión tradicionalmente confiados a la mujer –economía del hogar– recibían sólo el 1 por ciento del total de los recursos de extensión24.

CUADRO 2

Porcentaje del trabajo agrícola realizado por mujeres frente al porcentaje de personal de extensión femenino

País

Trabajo agrícola realizado por mujeres

Personal de extensión femenino


(Porcentaje)

Benin

60-80

8

Congo

60

10

Marruecos

50

9

Namibia

59

9

Filipinas

26

44

Sudán

49-57

22

Tanzanía, Rep.Unida de

54

16

Túnez

24

4

Zimbabwe

70

8

Fuente: FAO. Hojas de datos sobre la mujer, la agricultura y el desarrollo rural (sobre los respectivos países).

Según un informe reciente de la FAO sobre la región del Cercano Oriente, donde la mujer representa una fuente importante de mano de obra agrícola, la mayor parte de los oficiales de extensión de dicha región son varones y la mayoría de los beneficiarios de sus servicios son también varones25. En Egipto, las mujeres realizan el 53 por ciento de las labores agrícolas, mientras que las mujeres que realizan actividades de extensión constituyen menos del 1 por ciento del total. Las actividades de extensión en beneficio de las campesinas se limitan muchas veces a las actividades domesticas tradicionales, como la salud, la higiene y la administración del hogar. En la India, los servicios de extensión agraria dejan de lado en gran parte al 40 por ciento de los trabajadores agrícolas del país, que son mujeres. Algunos estudios sobre los servicios de extensión en América Latina y el Caribe han llegado a conclusiones semejantes.

El problema de la discriminación sexual en las actividades de extensión y capacitación

En las actividades de extensión, los mensajes que no tienen en cuenta la singular función, responsabilidad y volumen de trabajo de las mujeres campesinas no son válidos para ellas. Según un informe de la FAO sobre la mujer, la agricultura y el desarrollo en Africa, el objetivo fundamental de la extensión son los cultivos comerciales, tradicionalmente competencia de los varones, y no los cultivos alimentarios y de subsistencia, que son competencia fundamental de la mujer y la clave para la seguridad alimentaria. Las mujeres que trabajan en la agricultura realizan por lo general actividades sumamente diversas y, por lo mismo, necesitan mayor diversidad de información y capacitación que los hombres. La mayor parte de los programas de extensión carecen de la amplitud de contenido necesaria para interesar o beneficiar a un gran número de mujeres.

Otro resultado de unos servicios de extensión dominados por los hombres es el olvido de los obstáculos prácticos con que tropiezan las mujeres. Los extensionistas varones de muchos de países no tienen en cuenta la doble función de la mujer en la agricultura y la familia, y por consiguiente, programan las reuniones y las demostraciones en horas y lugares que no son los más indicados para las campesinas. La falta de servicios de guardería y la necesidad de realizar las labores domésticas impiden en muchos casos la presencia femenina. Las reuniones de extensión a veces son también incompatibles con las actividades de generación de ingresos. En el este de Nigeria, por ejemplo, los mercados locales se organizan de acuerdo con un ciclo de cinco días, y son pocas las mujeres que pueden permitirse renunciar a los ingresos de un día de mercado con el fin de poder reunirse con un agente de extensión.

La distancia de los lugares donde se realizan las actividades de extensión puede plantear graves problemas a la mujer debido a los costos de transporte y a los obstáculos culturales a su movilidad. Por ejemplo, en el Nepal oriental, eran pocas las mujeres que asistían a los cursos de capacitación, ya que carecían de experiencia de interacción social; en sus comunidades son los hombres quienes se relacionan fundamentalmente con el mundo exterior26. En otros casos, las mujeres no pueden cambiar sus horarios de trabajo sin permiso de los ancianos de la aldea.

En el fondo de estos problemas se encuentra la falta de reconocimiento de que los hombres y mujeres se encargan muchas veces de diferentes cultivos, animales, tareas y actividades de generación de ingresos, por lo que tienen diferentes necesidades de extensión. Como ejemplo de concepciones erróneas sobre las funciones de uno y otro sexo baste recordar el caso de Zambia, donde los agentes de extensión entregaban a los agricultores varones recipientes especiales para medir los fertilizantes, a pesar de que eran las mujeres quienes se ocupaban realmente de la aplicación de éstos. Por ello, las mujeres continuaban aplicando los fertilizantes sin dicho recipiente, lo que prolongaba el problema de los errores de medición27.

La falta de extensionistas femeninos dificulta gravemente la difusión de informaciones imprescindibles para las campesinas, ya que, en muchas sociedades, está desaconsejado que hablen individualmente con extensionistas varones. Incluso en los casos en que no hay problema de relación entre uno y otro sexo en las actividades de extensión, los agentes varones pueden tener dificultades para tratar con las mujeres, lo que da lugar a que los servicios releguen a éstas a un segundo lugar, como ha ocurrido en un proyecto forestal de Honduras28. Por otro lado, cuando se contrata a mujeres como extensionistas, deben aceptar una remuneración inferior y sufrir otras formas de discriminación. Las restricciones socioculturales pueden plantear también dificultades para las mujeres extensionistas, por ejemplo, porque no pueden viajar en motocicleta ni solicitar puestos en lugares alejados de sus familias y comunidades.

La falta de personal femenino puede atribuirse en parte a la existencia de organizaciones de extensión y de investigación que están dominadas por varones y que no llegan a entender la necesidad de orientar los servicios directamente a las campesinas. La barrera invisible que limita los ascensos de las mujeres en estos organismos puede agravar la situación. En un estudio se señalan ejemplos del Departamento de Extensión Agraria de Bangladesh, en que las mujeres representan sólo el 5 por ciento del personal con títulos universitarios, y del Instituto de Investigación y Desarrollo Agrícola del Caribe, en que el 22 por ciento del personal son mujeres. Además, las oportunidades de contratar mujeres están disminuyendo, ya que dichos organismos ven limitados sus presupuestos y tienen que recortar el personal29.

Quizá el mayor problema sea la contratación de mujeres preparadas en instituciones de enseñanza agrícola para que ocupen cargos en servicios de extensión. Aunque la matriculación de mujeres en programas de ese tipo suele ser inferior a la de los hombres, su proporción es notablemente mayor de lo que podría indicar el número de mujeres contratadas para esos servicios. Por ejemplo, en Líbano el 47 por ciento de los títulos de bachiller universitario en agricultura y veterinaria y el 59 por ciento de los licenciados en esas materias son mujeres. En el Perú, éstas representan casi el 30 por ciento de los licenciados universitarios en agricultura. En Zimbabwe, constituyen el 22 por ciento de los matriculados en agricultura y el 18 por ciento de los alumnos de centros universitarios de ciencias veterinarias. En Túnez, el 12 por ciento de quienes reciben capacitación agraria son mujeres. En Honduras, éstas mujeres representan el 12-42 por ciento de los alumnos universitarios en varias materias relacionadas con la agricultura. En el Sudán, si bien son pocos los alumnos matriculados en centros universitarios de agricultura o veterinaria, un tercio de ellos son mujeres.

Los actuales servicios de extensión orientados a la mujer suelen concentrarse casi exclusivamente en las funciones reproductoras de la mujer. Por ello, ofrecen a la mujer capacitación en actividades domésticas tradicionales, como la atención de los niños y la administración del hogar, con poca o ninguna preparación para actividades generadoras de ingresos, como la producción agrícola y ganadera, las agroindustrias o la agricultura sostenible. En los planes de colonización de Sri Lanka y Malasia, por ejemplo, las campesinas recibían capacitación para hacer tartas y encajes, a pesar del elevado grado de participación en las actividades agrícolas.

No obstante, la necesidad de servicios de extensión agraria orientados a la mujer aumenta cada día. En un estudio del Banco Mundial sobre Burkina Faso, Gambia, Malí, Mauritania y Senegal se observa que las mujeres del Sahel representan una proporción creciente de la mano de obra destinada a la producción agrícola debido a la migración masculina, los cambios en las responsabilidad de uno y otro sexo, la intensificación de la agricultura y el deterioro del medio ambiente. A pesar de este aumento de responsabilidad, estas mujeres no han visto que haya aumentado en forma proporcional su capacidad de acceso a los recursos y servicios30. Una de las razones de este hecho es que las encuestas sobre zonas rurales se conciben y aplican con la finalidad de identificar a los hombres como jefes del hogar. Por ello, los hogares encabezados por una mujer no se tienen en cuenta y quedan excluidos de los proyectos y fondos. Ello resulta especialmente sorprendente si se tiene en cuenta que, en algunas regiones de Africa, el 60 por ciento de los hogares están encabezados por una mujer.

En Asia y el Pacífico, si bien muchas iniciativas de extensión han llegado realmente a la mujer a lo largo de los 20 últimos años, existen todavía graves obstáculos que limitan el acceso de la mujer a la información y la asistencia técnica. Por ejemplo, las mujeres que participan en la ganadería en pequeña escala –actividad importante en casi todos los países asiáticos– se lamentan de la falta de servicios de extensión relacionados con la agricultura y de acceso a veterinarios31.

Aun en los casos en que se establecen contactos con las mujeres, éstas no pueden utilizar plenamente las recomendaciones recibidas en la extensión debido a la falta de acceso a tierras, crédito, insumos, tecnologías y mercados. Por ejemplo, son muy pocos los mecanismos de financiamiento y crédito establecidos en el Cercano Oriente para atender especialmente a las campesinas, y muy pocas de éstas solicitan crédito. Ello puede atribuirse sobre todo a la debilidad de las estructuras institucionales, creencias tradicionales y prácticas culturales, un alto nivel de analfabetismo y falta de instrucción, así como a los problemas de las mujeres para presentar garantías. En muchos países en desarrollo las campesinas carecen con frecuencia de la educación o capacitación necesaria –por ejemplo, alfabetismo funcional y experiencia en gestión– para comprender las publicaciones ofrecidas por los servicios de extensión o para participar plenamente en esas actividades.

La incapacidad de los gobiernos y donantes para ofrecer a estas mujeres insumos agrícolas y servicios de apoyo tiene como resultado pérdidas considerables de la producción y la productividad agrícola. Si bien en los últimos años se han introducido algunos cambios que han facilitado el acceso de la mujer a los servicios de extensión, esos contactos no han influido todavía en la producción de forma tan positiva como en el caso de los hombres. Estos resultados decepcionantes demuestran la necesidad de estrategias para mejorar no sólo la cantidad sino también la calidad de los programas de extensión en favor de las campesinas.

Mejorar los servicios de extensión en favor de la mujer

Varias orientaciones pueden mejorar mucho la calidad de los servicios de extensión en favor de la mujer y aumentar el número de participantes femeninas. En muchos casos, para conseguir mejoras bastaría con introducir en los servicios de extensión y mecanismos de aplicación ajustes relativamente sencillos y eficaces en función de los costos. En el Recuadro 3 se recogen algunos de ellos.

Algunos países han adoptado iniciativas que han dado buenos resultados. En Egipto, por ejemplo, el establecimiento reciente de una Dependencia de Coordinación y Políticas en favor de la Mujer en la Agricultura, dentro del Ministerio de Agricultura, ha comenzado a eliminar algunos de los obstáculos antes mencionados. Los esfuerzos por aumentar el número y competencia técnica de las mujeres extensionistas han logrado ciertos resultados en Burkina Faso, Kenya y Marruecos. La proporción de mujeres participantes en los servicios de extensión subió del 5 por ciento en 1989 al 60-70 por ciento en 1994. En Zimbabwe, la preparación de un conjunto de medidas de extensión mejor concebidas en favor de las campesinas y la inclusión de las mujeres como candidatas para la recepción de certificados agrícolas unificados consiguieron que su participación pasara del 44 por ciento en 1990 a más del 60 por ciento en 1993.

En Asia y el Pacífico, la selección explícita de las mujeres en los servicios de extensión agraria ha coincidido con un proceso de crecimiento del número de campesinas. Durante los últimos años ochenta, casi todos los países de Asia y el Pacífico prepararon publicaciones de extensión dirigidas a la mujer, entre las que cabe señalar una amplia serie elaborada por el Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI), en Filipinas.


RECUADRO 3

RECOMENDACIONES PARA MEJORAR LOS SERVICIOS DE EXTENSION EN FAVOR DE LA MUJER

Aumentar el número de mujeres extensionistas contratando más mujeres y ofreciéndoles acceso a servicios de capacitación, recursos y apoyo logístico en condiciones de igualdad con los agentes masculinos.

Aumentar la reserva de mujeres calificadas para ofrecer servicios de extensión promoviendo la enseñanza de temas científicos y técnicos a las niñas, la selección de éstas para su posible matriculación en centros universitarios agrícolas y el establecimiento de mayores servicios para las alumnas en dichos centros.

Readiestramiento y redistribución de las mujeres extensionistas, por ejemplo, especialistas en economía del hogar o desarrollo rural, para que puedan ofrecer servicios de extensión agraria. En Nigeria, se consiguió transferir agentes especializadas en economía del hogar (que tenían un profundo conocimiento de las campesinas, además de practicar la agricultura en su tiempo libre) a servicios de extensión. Para ello no hubo que incurrir en grandes costos adicionales, pues los sueldos de las agentes eran ya sufragados por el Gobierno.

Aumentar el número de mujeres con-tactadas especificando objetivos concretos. En Burkina Faso, las medidas adoptadas para seleccionar a las campesinas hicieron posible un aumento del número de mujeres directamente contactadas por los agentes de extensión, que pasó de 15 000 a 299 000.

Adaptar los procedimientos o criterios de selección de las personas de contacto de manera que aumente el número de mujeres que puedan recibir servicios de extensión. En Kenya, por ejemplo, se alentó a los extensionistas a que aceptaran contactos con las esposas de los hombres que se habían identificado como contactos pero que trabajaban lejos de la explotación agraria o practicaban la agricultura sólo a tiempo parcial.

Ofrecer servicios de extensión a grupos de mujeres en los casos en que ello resulte más eficiente que el contacto individual o cuando las mujeres indican su preferencia por esta forma de extensión colectiva. En Kenya, la extensión colectiva puede llegar a un número de personas dos veces mayor y con el mismo costo que la extensión individual.

Utilizar en forma más eficiente las escasas mujeres extensionistas haciendo que éstas presenten a grupos de mujeres el sistema y los servicios de extensión, además del extensionista masculino destinado a la zona.

Mejorar el contenido de los servicios de extensión destinados a las mujeres campesinas velando por que éstas reciban información sobre las actividades agrícolas y que los mensajes y recomendaciones sean pertinentes para las actividades productivas de la mujer. Mejorar la tecnología agrícola para hacerla más compatible con las actividades de la mujer.

Adaptar el calendario y ubicación de las reuniones de extensión y sesiones de capacitación de manera que sean cómodos y accesibles para las mujeres (por ejemplo celebrarlos al caer la tarde y en lugares próximos a los mercados o molinos). Puede ser también útil introducir módulos más breves y visitar las aldeas con unidades móviles de capacitación.

Capacitar y sensibilizar a los extensionistas masculinos para que trabajen con las campesinas. Los agentes varones deberán conocer suficientemente las actividades y cultivos de la mujer, y estar debidamente preparados para poder trabajar con ellas. Por ejemplo, en Nigeria los agentes varones se reunían periódicamente con mujeres especializadas en distintas materias con el fin de examinar los mensajes de extensión desde la perspectiva de las mujeres campesinas.

Ofrecer incentivos para alentar a los extensionistas para reunirse con las campesinas. En Nigeria, el apoyo de los donantes para poder conocer la opinión de las mujeres y recibir sus aportaciones consiguió que los extensionistas sintieran que, al ofrecer sus servicios a las campesinas, se integraban en una estrategia innovadora y eficaz.

Diagnosticar e identificar las necesidades de las mujeres en el campo de la extensión recopilando y analizando datos desglosados por sexo y utilizar esta información para planificar y aplicar las políticas e intervenciones.

Supervisar y evaluar los programas de extensión recabando la opinión de los participantes y de los extensionistas sensibles a los problemas de la discriminación sexual para conseguir que los programas ayuden a las campesinas en la forma deseada.

Fuente: K. Saito, op. cit., nota 15, pág. 61.


Conclusión

Las campesinas no constituyen en absoluto un grupo homogéneo. Representan diferentes situaciones socioeconómicas, con diferentes necesidades de extensión. La naturaleza y el alcance de su participación en agricultura varían enormemente de unas regiones a otras. No obstante, con independencia de esas divergencias, no hay prácticamente ninguna actividad de producción agrícola en la que la mujer no participe activamente.

Dentro del sector agrícola, no cabe la menor duda de que la rentabilidad de la inversión en la mujer es muy elevada. Como la educación, extensión y capacitación son factores de productividad agrícola que se apoyan y refuerzan mutuamente, los intentos de ayudar a las campesinas a mejorar sus oportunidades deberán concentrarse simultáneamente en todos esos ámbitos. Una mujer instruida cuenta con una base para recibir mayor capacitación técnica y está mejor equipada para solicitar y obtener crédito y otros recursos. Las mujeres que tienen acceso a los servicios de extensión son más abiertas a las nuevas tecnologías y es más probable que adopten técnicas agrícolas ecológicamente sostenibles. Las mujeres capacitadas se encuentran en mejores condiciones para transmitir información útil a otras mujeres, convirtiéndose así en factores de difusión de información técnica pertinente.

La vinculación entre educación y capacitación y extensión de las campesinas y una mayor producción y productividad económica subraya el valor de la inversión en la mujer. Durante el pasado decenio, los programas de reforma estructural han promovido acertadamente la eliminación de las subvenciones públicas, impuestos, reglamentos y empresas estatales ineficientes que distorsionan el funcionamiento de los mercados. No obstante, se requiere cierta intervención para mejorar el funcionamiento de los mercados y lograr un mayor bienestar social, en los casos en que la inversión es insuficiente debido al mal funcionamiento o a las distorsiones de los mercados.

Para que subsistan los servicios de extensión subvencionados, éstos deben estar orientados a los agricultores que pueden influir en mayor manera en la seguridad alimentaria mundial y de los hogares, es decir, las mujeres campesinas. Para conseguirlo, el contacto con ellos debe ser más amplio y de mayor calidad. Ambos objetivos se pueden conseguir aumentando la proporción de agentes femeninos, sensibilizando y capacitando a los agentes varones y haciendo tanto que unas como otros faciliten información pertinente a las mujeres campesinas. Además, el acceso a insumos complementarios, crédito y tecnología es trascendental para hacer realidad esas posibilidades de aumentar la producción.

POLITICAS PARA REDUCIR EL CAMBIO CLIMATICO MUNDIAL: CONSECUENCIAS PARA LOS PAISES EN DESARROLLO

Introducción

En los últimos años se ha llegado a un consenso sobre la probabilidad de que la acumulación creciente de gases de efecto invernadero en el medio ambiente provoque cambios indeseados en el clima mundial. Los firmantes del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático32 reconocen la necesidad de reducir las emisiones de gases de invernadero y han acordado que los países desarrollados, en primer término, deben tratar de reducir tales emisiones a los niveles de 1990 en el año 2000 y más adelante, si bien se prevén excepciones para algunos países. Resulta cada vez más claro que los países en desarrollo deberán desempeñar también en algún momento una función activa para reducir las emisiones mundiales de gases de invernadero. Teniendo en cuenta la importancia que la agricultura tiene en estos países, su dependencia del clima y su función como sector que emite gases de invernadero, es preciso dedicar una atención especial a este problema.

El Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático distingue entre los países desarrollados y en desarrollo. Los miembros del grupo del Anexo I (37 países desarrollados y economías europeas en transición) se comprometen a elaborar políticas «con el fin de volver individual o conjuntamente a los niveles de 1990 de las emisiones antropógenas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero...». Además, las partes que son países desarrollados se comprometen a proporcionar «recursos financieros nuevos y adicionales para cubrir la totalidad de los gastos convenidos que efectúen las partes que son países en desarrollo para cumplir sus obligaciones...». Además, se reconocen las prioridades del «desarrollo económico y social y la erradicación de la pobreza» en los países en desarrollo.

Se dedica atención especial a la función del sector agrícola en el marco del Convenio, en cuyo preámbulo se establece que «las zonas áridas y semiáridas o zonas expuestas a inundaciones, sequía y desertificación [...] son particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático», y se exige a los países desarrollados que contribuyan a la «protección y rehabilitación» (Artículo 4) de tales zonas, muchas de las cuales se hallan en países en desarrollo, particularmente en Africa33.

No obstante, pese a que se insiste a los países desarrollados para que reduzcan sus emisiones y ayuden a los países en desarrollo, estos últimos tendrán que afrontar el problema en los próximos años. La mayor parte del aumento de las emisiones de carbono procede de países en desarrollo34. Además, si los países de la OCDE llegaran a reducir sus emisiones a cero, pero no cambiaran las políticas, las emisiones mundiales de dióxido de carbono seguirían siendo superiores a los niveles de 1990 (22 000 millones de toneladas) en el 2010, debido al rápido crecimiento de las emisiones de algunos países en desarrollo. Por lo tanto, estos países tienen ciertamente una importante función que desempeñar en la reducción de las emisiones para poder resolver debidamente el problema del calentamiento mundial. Como la utilización de energía es general, todos los sectores de la economía resultarán afectados positiva o negativamente. Los sectores agrícolas y forestal resultarán afectados de forma compleja ya que emiten carbono, metano y óxido nitroso, pero constituyen también sumideros que absorben o secuestran el carbono, a la vez que se benefician del efecto de fertilización adicional del CO2.

Otra función de los países en desarrollo es la relacionada con la llamada aplicación conjunta. El Convenio Marco permite a los países cumplir sus obligaciones conjuntamente, lo que significa que dos o más países pueden cooperar para reducir el total de sus emisiones o fortalecer los sumideros, por ejemplo, mediante reforestación, para absorber los gases de invernadero en la medida necesaria. Estimaciones empíricas indican que los costos de la reducción de las emisiones tienden a ser más bajos en los países en desarrollo, por ejemplo, en China e India. Por esta razón, estos países podrían ser asociados potenciales en la realización conjunta de proyectos de reducción de las emisiones.

Además de la reducción de las emisiones y la aplicación conjunta del Convenio, un tercer problema para los países en desarrollo es el del impacto en ellos de los cambios de política realizados en otros países. Las opiniones varían sobre los costos de la reducción de las emisiones a los niveles de 1990 para el año 2000 y más adelante en los países del Anexo I (el llamado enfoque de estabilización y una interpretación común de las exigencias del Convenio Marco), pero algunos observadores sugieren que las reducciones en la demanda de exportaciones de países en desarrollo, así como en el crecimiento de las mismas, pueden perjudicar a estos últimos, incluso aunque no se apliquen en ellos políticas de reducción de las emisiones y se produzca una redistribución geográfica de las industrias como consecuencia de cambios en la competitividad internacional. Por todas estas razones, las políticas para reducir el cambio climático mundial son una cuestión importante tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo.

Cambio climático y agricultura

Es diferente el grado de incertidumbre con respecto a los distintos aspectos técnicos del cambio climático (véase el Recuadro 4). Aunque la mayoría está de acuerdo en que las emisiones antropógenas de dióxido de carbono (CO2), metano (NH4), oxido nitroso (N2O), clorofluorocarbonos y otras substancias provocan el calentamiento del planeta, es todavía muy incierta la magnitud probable del impacto de dicho calentamiento en el clima. Son inciertos los cambios en las precipitaciones y el nivel del mar, lo mismo que la distribución regional y temporal de dichos cambios y sus repercusiones. Algunas regiones del mundo podrían beneficiarse de un calentamiento del clima y del efecto positivo de fertilización debido a niveles más altos de dióxido de carbono que mejorarían el crecimiento y los rendimientos de las plantas. Algunas regiones podrían padecer también inundaciones a causa de la subida del nivel del mar, el aumento de la frecuencia y magnitud de catástrofes naturales como tormentas, inundaciones y sequías, la propagación de enfermedades humanas y animales como la malaria y la reducción de la biodiversidad. A causa de estas incertidumbres, no se ve con claridad la magnitud y la distribución de los beneficios que se obtendrían de la reducción de las emisiones. A pesar de ello, los responsables de las políticas están suficientemente convencidos de la necesidad de realizar esfuerzos considerables para reducir el crecimiento de las emisiones.


RECUADRO 4

CALENTAMIENTO MUNDIAL: CAUSAS, FACTORES MODULADORES Y RESPUESTAS FISICAS EN EL CALENTAMIENTO DEL PLANETA

MECANISMOS CAUSALES

Utilización de combustibles fósiles

Producción de CFC

Cambios en la utilización de las tierras

Crecimiento demográfico

FACTORES MODULADORES

Concentración y persistencia de gases

Función de las nubes

Función de los océanos

Función del hielo

Función de la cubierta vegetal

RESPUESTAS FISICAS

Cambios en la temperatura

Cambios en las precipitaciones

Cambios en el nivel del mar

Distribución regional y temporal

de los cambios de vegetación


El impacto potencial del cambio climático en la agricultura y la actividad forestal es notable debido a que afecta directamente a la producción. Además, la fase de producción de los cultivos y bosques actúa como sumidero absorbiendo el carbono que contribuiría a incrementar las concentraciones de CO2 atmosférico y a intensificar el efecto de invernadero35.

Los modelos de circulación general del cambio climático indican la probabilidad de que los aumentos previstos en las temperaturas medias de la superficie del globo de 1o a 3,5 oC ocurran en los próximos 10 años, lo que provocaría un desplazamiento de las zonas climáticas lejos del ecuador, la elevación del nivel del mar (probablemente menos de 1 metro para el 2100) y una mayor probabilidad de tormentas, inundaciones y sequías. Aunque los cambios en la temperatura y las precipitaciones son importantes desde un punto de vista agrícola, hay otros factores que influyen en los rendimientos, como la reducción de la humedad del suelo y el aumento en la transpiración de las plantas. Además, niveles mayores de CO2 atmosférico elevarían las tasas de fotosíntesis, lo que provocaría un incremento de los rendimientos en condiciones favorables.

Se prevé que las temperaturas medias aumentarán más cerca de los polos que del ecuador. En zonas templadas, un calentamiento de un grado provocará un desplazamiento de la zona climática del orden de 200 a 300 kilómetros. Los cambios climáticos regionales implican que la producción de cultivos para los cuales la temperatura es un factor limitante podría aumentar en latitudes más altas. En efecto, es posible que la producción de trigo se extienda a Canadá, Escandinavia, la Federación de Rusia y Argentina, al prolongarse la duración de la temporada de cultivo.

Para muchos cultivos, en particular los de la agricultura tropical, el factor limitante son las precipitaciones. Aunque es probable que se extienda la zona afectada por lluvias monzónicas, los modelos climáticos no pueden predecir con certeza la distribución general de las precipitaciones. Si aumentara la pluviosidad en zonas marginales con suelos frágiles o en las montañas o sobre el mar, los aumentos de producción no compensarían las reducciones padecidas en otros lugares a causa de la disminución de las precipitaciones o de la humedad del suelo.

El calentamiento del clima reduciría la humedad del suelo. En latitudes medias las tasas de evaporación aumentan un 5 por ciento con cada grado de subida de la temperatura. Es probable que los cultivos de zonas áridas sean sensibles a este factor. Algunas estimaciones indican que los rendimientos podrían disminuir considerablemente en algunos casos. Sin embargo, muchas veces no se tiene en cuenta la adaptación a variedades o cultivos más adecuados, así como el hecho de que la productividad por unidad de agua de cultivos del tipo C4, como maíz o caña de azúcar, crece con el aumento del CO2 mediante la reducción de la evapotraspiración.

El aumento de las concentraciones de CO2 produce también un efecto de fertilización en la productividad. Un nivel doble de CO2 podría incrementar la fotosíntesis en un 100 por ciento en algunos casos, haciendo que las plantas crezcan más rápidamente y alcancen tamaños mayores36. Esto vale en particular para el trigo, el arroz, y la soja y, en menor medida, para cultivos de baja latitud como maíz, sorgo, mijo, caña de azúcar y gramíneas de pasto.

Otro problema relacionado específicamente con la agricultura es el del metano. Hasta ahora se ha prestado poca atención a esta cuestión por falta de datos, a causa de la importancia predominante del carbono para el crecimiento económico (vinculado a la energía) y debido al aumento relativamente lento de las emisiones de metano. No obstante, el Convenio Marco especifica que es preciso reducir las emisiones de metano. Las políticas relacionadas con este tema pueden ser especialmente importantes para muchos países en desarrollo donde son fundamentales la producción arrocera y ganadera.

El metano es el segundo gas de invernadero más importante, y contribuye a más del 15 por ciento de la intensificación del efecto invernadero. Según estimaciones recientes, las emisiones anuales ascienden a unos 380 millones de toneladas, frente a 80 millones en épocas preindustriales37. Sin embargo, el metano permanece en la atmósfera durante un tiempo mucho más breve que el carbono. Las principales fuentes antropógenas de emisiones de metano son la cría de ganado, la producción de petróleo y gas natural, las minas de carbón, el cultivo del arroz, la quema de biomasa, los vertederos y las aguas residuales. Los animales ungulados, principalmente las vacas, aportan tal vez 100 millones de toneladas o el 25 por ciento de las emisiones inducidas por el hombre38. Las emisiones por animal varían muchísimo según la dieta, la especie, la edad, el peso y la salud. Normalmente, las vacas de los países en desarrollo, cuya alimentación es menos concentrada, producen quizás más metano y óxido nitroso por unidad de carne o leche que los animales de producción intensiva.

El cultivo del arroz de tierras húmedas produce unos 60 millones de toneladas de metano al año, si bien es preciso considerar estas estimaciones con notable incertidumbre. La mayor parte del arroz se cultiva en países en desarrollo, siendo China e India los principales productores.

Es probable que las políticas encaminadas a reducir las emisiones de metano afecten más a los países en desarrollo, en los que los sectores agropecuarios suelen ser grandes e incluyen frecuentemente una considerable producción arrocera y ganadera. El aumento del consumo de carne en los países en desarrollo puede provocar un incremento de la producción ganadera, lo que supondría mayores emisiones de metano, a menos que el consumo adicional se base en parte en un crecimiento de las importaciones procedentes de países desarrollados.

También son limitados los medios por los que se pueden reducir las emisiones de metano. Ofrece alguna posibilidad la complementación de la dieta del ganado, lo que puede ser importante especialmente para los productores intensivos. Parece haber menos posibilidades en el cultivo del arroz, si bien podrían conseguirse algunos efectos obteniendo variedades que necesitan menos tiempo debajo del agua o si se sustituyera el consumo de arroz por el de trigo.

El óxido nitroso es otro gas de invernadero que procede principalmente de la agricultura. Lo emiten naturalmente los bosques, las tierras húmedas y los termiteros, mientras que son de origen humano las emisiones de fuentes como la quema de biomasa, el desbroce de tierras, los pastos y cultivos fertilizados con nitrógeno, los cultivos de leguminosas, el ganado en sistemas de producción intensiva, los desechos animales y los combustibles fósiles. Aunque el óxido nitroso tiene una larga persistencia en la atmósfera, semejante a la del carbono y mucho mayor que el metano, los niveles actuales son ligeramente superiores a los preindustriales y el crecimiento anual es relativamente bajo. Aproximadamente el 90 por ciento de las emisiones mundiales puede atribuirse a la agricultura.

Políticas para reducir la emisión: fugas de carbono, relación

de intercambio y efectos de bienestar

Los esfuerzos actuales para reducir las emisiones se concentran sobre todo en los países desarrollados, lo que refleja la contribución histórica de estos países al total de gases de invernadero en la atmósfera. Tienen interés los efectos probables que estas políticas pueden provocar en los países en desarrollo y sus sectores agrícolas. Para los países en desarrollo que no aplican medidas de reducción, las políticas de reducción aplicadas por los países desarrollados tienen sobre todo dos efectos principales: fugas de carbono y cambios en la relación de intercambio.

En primer lugar, por «fugas de carbono» se entiende el hecho de que la reducción de las emisiones en un país puede contrarrestarse parcial o totalmente con el aumento de las de otro que no aplica tales medidas y sigue recurriendo a técnicas de utilización intensiva de combustibles fósiles para elevar su competitividad relativa. Es evidente que una tasa elevada de fugas de carbono reducirá la eficacia de las políticas de reducción de emisiones en general, pero los países en desarrollo que no apliquen tales medidas podrían beneficiarse de este efecto. Según estimaciones empíricas, en caso de que se generalizara en los países desarrollados la aplicación de políticas de reducción de las emisiones, la magnitud de las fugas de carbono variaría de casi nada a un 100 por ciento o más, si bien parecen más probables las estimaciones situadas en el extremo inferior de esta escala, es decir, del 10 al 35 por ciento aproximadamente39.

El segundo efecto de las políticas de reducción de emisiones se refiere a los cambios en la relación de intercambio, es decir, la relación entre los precios de exportación e importación. Un empeoramiento de dicha relación implica que se necesitan más exportaciones para pagar una cantidad determinada de importaciones. Cabe prever que las políticas de reducción de emisiones influirán en los precios de importación y exportación en todos los países, incluso en los que no las apliquen. Es posible que aumenten los precios de los productos con alta utilización de combustibles fósiles (como productos químicos, goma y plásticos, hierro y acero, metales no ferrosos y artículos manufacturados), si se aplica un impuesto implícito o explícito al empleo de combustibles. Sin embargo, el descenso de la demanda de combustibles fósiles que inducirían tales impuestos haría que bajaran sus precios. Por último, la desaceleración del crecimiento económico en los países que aplican medidas contra las emisiones haría bajar su demanda de importación, lo que perjudicaría a las exportaciones de todos los países, incluidas las exportaciones agrícolas de los países en desarrollo. El efecto global depende la composición de las importaciones y las exportaciones. Países que exportan grandes cantidades de combustibles fósiles (como los miembros de OPEP) o productos que exigen un uso intensivo de combustibles fósiles, experimentarán probablemente un empeoramiento de su relación de intercambio, mientras que esta mejorará para los países que importan dichos productos (por ejemplo, Japón).

Los cambios en la relación de intercambio pueden compensar los que la fuga de carbono induzca en la producción. En otras palabras, el descenso de la demanda de los países desarrollados y de exportaciones procedentes de países en desarrollo puede compensar con creces los beneficios que las fugas de carbono aporten a los países en desarrollo.

Otro factor importante es la posibilidad de sustitución de insumos agrícolas y su utilización en otras industrias, tanto en el propio país como en otros. En los países en desarrollo, es posible retirar recursos de capital y mano de obra del sector agrícola para destinarlos a industrias de empleo intensivo de combustibles fósiles que son más rentables y competitivas internacionalmente, como la producción de hierro y acero. La composición de la industria a través de toda la economía determinará la medida en que el sector agrícola resulte afectado.

Resultados eficientes reducen la pérdida de bienestar tanto para los que aplican las políticas como para los que no lo hacen

Más pertinente que la pregunta sobre si los países en desarrollo ganan o pierden con las políticas de reducción del cambio climático es plantearse si existen políticas alternativas que puedan beneficiar a todos los países. Recientemente las negociaciones internacionales entre las partes en el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se han centrado en que los países reduzcan sus emisiones de gas de invernadero en proporción al crecimiento de sus emisiones desde el año base 1990. Planteando la cuestión del crecimiento del efecto invernadero en términos de la llamada estabilización de las emisiones en los niveles de 1990 para el 2000, se ignora una característica fundamental del problema, es decir, que el cambio climático es de ámbito realmente mundial. Los analistas están de acuerdo en que la intensificación del efecto invernadero es un problema planetario en el sentido de que el impacto ambiental de las emisiones de los gases de invernadero no depende del lugar en que se producen. Los gases de invernadero son una contaminación depositada: es la concentración atmosférica de gases lo que determina la intensificación del efecto invernadero, no el flujo de las emisiones. Por ello, se supone que las emisiones procedentes de los trópicos tienen los mismos efectos que las producidas en climas templados.

El lugar donde se reduzcan las emisiones no influye en su impacto ambiental. Sin embargo, el costo de la reducción varía considerablemente de un país a otro, debido a las diferencias en la utilización de tecnologías, en la disponibilidad de métodos alternativos de producción de energía, en la composición de la industria, en la distribución de los recursos energéticos y sus mercados, en la dependencia de las exportaciones y en otros factores. Los costos pueden diferir considerablemente incluso a nivel marginal.

Tal vez tenga mayor importancia desde el punto de vista mundial el hecho de que los costos de la reducción de las emisiones tienden a ser inferiores en los países en desarrollo que en los desarrollados, debido a que hay muchas más posibilidades de mejorar la utilización eficiente de la energía mediante la aplicación de tecnologías más modernas40. Por ejemplo, China tiene muchas centrales pequeñas de producción de energía con carbón y su sector del hierro y acero es relativamente ineficiente y anticuado. Los costos marginales de la reducción de las emisiones en China podrían ser inferiores al 20 por ciento de los costos marginales totales en la OCDE41.

El mismo argumento sirve para los sumideros. Los costos de creación de sumideros, como los bosques, variarán según la disponibilidad de tierras y de usos alternativos de las mismas. El valor de la tierra y el costo de la creación de sumideros varían enormemente, pero es probable que sean más altos donde más intenso es el uso de la tierra. Países como Australia, Nueva Zelandia, Brasil y Argentina parecen ofrecer las mayores posibilidades para un incremento de los sumideros.

Teniendo en cuenta el carácter planetario de la intensificación del efecto invernadero, las notables diferencias en los costos, así como en las tasas de crecimiento económico y de las emisiones en los distintos países, tiene sentido desde el punto de vista económico que los países cuya contribución potencial al calentamiento sea mayor traten de reducir o contener las emisiones. Desde una perspectiva mundial, cualquier objetivo puede conseguirse con un costo mínimo sólo si se utilizan en primer lugar las posibilidades más baratas de reducir las emisiones. Para conseguir resultados eficaces sería necesario realizar en los países en desarrollo una parte importante de dicha reducción.

Según estimaciones, si se consiguieran resultados eficientes, en el año 2020 las pérdidas de bienestar equivaldrían a 47 000 millones de dólares (dólares constantes de 1998), exactamente el 40 por ciento de las pérdidas que se sufrirían si se exigiera a los países desarrollados realizar las actividades de reducción de emisiones dentro de sus propios territorios42. En un estudio anterior de la OCDE se calculaba esta cifra en el 20 por ciento43.

Sin embargo, esto no significa que los países en desarrollo deban sufragar total o principalmente los costos de reducción de las emisiones. El hecho de que tales costos sean relativamente inferiores en los países en desarrollo no impide que estos países tengan también relativamente menos posibilidades de soportarlos, en términos de competitividad y pérdidas de ingresos. No obstante, sigue siendo cierto que el problema es de ámbito mundial y todos los países son responsables de su solución.

Repercusiones y conclusiones

La intensificación del efecto invernadero es un desafío ambiental probablemente único en sus dimensiones. Sus causas y efectos son de ámbito planetario y su reducción exige una amplia cooperación. No obstante, el problema de la reducción de las emisiones mundiales de gases de invernadero parece inabordable. La mayoría de los países desarrollados consideran necesario hacerlo y las realidades políticas y económicas hacen que estos países constituyan un ejemplo. Sin embargo, dichos países tienen que demostrar todavía su voluntad política de realizar efectivamente tales reducciones. Muchos países en desarrollo, por su parte, ven el problema como una herencia del desarrollo industrial. A su juicio, los países adelantados aprovecharon la oportunidad para desarrollarse en un período en que las emisiones de gases de invernadero no eran una limitación. Por ello, consideran más acuciantes otras prioridades, pese a que en el futuro la mayor parte del aumento de las emisiones se producirá en países considerados actualmente como países en desarrollo. Ahora bien, para incrementar el esfuerzo internacional encaminado a la reducción de las emisiones será necesario que en algún momento participen en él los países que actualmente no lo hacen.

Aunque persiste la incertidumbre con respecto a la naturaleza e importancia del problema, no cabe duda de que las políticas de reducción de las emisiones tendrán consecuencias para los países en desarrollo. En algunos casos tales consecuencias serán positivas, gracias a la redistribución de las industrias de emisión intensiva de carbono y metano, pero en otros, podrán ser negativas si se reduce la demanda de las exportaciones procedentes de países en desarrollo. Podrían reducirse estas consecuencias negativas alentando la consecución de resultados eficaces y equitativos. Es probable que los países en desarrollo, individual y colectivamente, se beneficien de una voluntad de participación activa en el proceso de negociación y en la realización de proyectos conjuntos. Pueden considerarse medidas prudentes la realización de un largo proceso de negociación y la aplicación de mejoras en la utilización mejor y más eficiente de tecnologías que ahorren energía. También sería conveniente eliminar las subvenciones al consumo de energía.

La agricultura y la actividad forestal seguirán constituyendo sectores importantes en el debate sobre el cambio climático debido a que sus efectos físicos son más evidentes. Hasta la fecha resulta difícil evaluar el efecto del cambio climático en la productividad agrícola mundial neta, ya que, en algunos casos, aumentan los rendimientos gracias a la adaptación y al efecto de fertilización de CO2, mientras que, en otros, los rendimientos pueden ser menores a causa de la disminución de las precipitaciones y de la humedad del suelo. También es probable que los efectos en el sector agrícola causados por las políticas mundiales de reducción de emisiones varíen según las regiones y los países, si bien las limitaciones en las emisiones de metano y óxido nitroso podrían repercutir negativamente en el crecimiento de la agricultura.

Entre tanto, en el sector agrícola deberá prestarse atención a las repercusiones en las emisiones de carbono, metano y óxido nitroso a la hora de evaluar las perspectivas de la silvicultura, la ganadería y el desarrollo agrícola. Las prácticas apropiadas de ordenación agropecuaria, además del efecto que causen sobre las emisiones, beneficiarán a los países en desarrollo mejorando la utilización del agua, los fertilizantes y el combustible y mediante la conservación de la materia orgánica.

9 El material de esta sección ha sido tomado de FAO. 1997. Situación de los bosques del mundo 1997. Roma. Este informe bienal ofrece un panorama completo de la actividad forestal mundial, con información pertinente para las políticas acerca de la situación de los bosques mundiales en la actualidad y sobre las novedades registradas recientemente en el sector.

10 Se han publicado estos datos en FAO, op. cit., nota 9, pág. 50. Se analizan también estas cifras y se ofrecen datos por países sobre la cubierta forestal.

11 FAO. 1996. Forest resources assessment 1990: Survey of tropical forest cover and study of change processes. FAO Forestry Paper No. 130. Roma.

12 En una sección especial de Situación de los bosques del mundo 1996, se expone un examen completo de los esfuerzos realizados recientemente a nivel mundial, regional y nacional para elaborar criterios e indicadores de la ordenación forestal sostenible.

13 Datos basados en estimaciones de las comisiones económicas regionales de las Naciones Unidas: Comisión Económica para Africa (CEPA), Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (CESPAP) y Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Las estimaciones representan valores agregados tomados de estudios pormenorizados en los que se examinó la totalidad del sistema agrario, en vez de limitarse a cuantificar la mano de obra agrícola. Datos citados en R.L. Blumberg. 1989. Making the case for the gender variable: women and the wealth and well-being of nations. Washington, D.C., USAID.

14 M. Snyder, F. Berry y P. Mavima. 1996. Gender policy in development assistance: improving implementation results. World Development, 24(9).

15 K. Saito. 1994. Raising the produtivity of women farmers in sub-Saharan Africa. World Bank Discussion Paper No. 230. Africa Technical Department Series. Wash-ington, D.C., Banco Mundial.

16 La rentabilidad posterior de cada año adicional de educación disminuye hasta, aproximadamente, el 4 por ciento del PIB o un total del 12 por ciento durante tres años (Banco Mundial. 1991. Informe sobre el desarrollo mundial 1991. Wash-ington, D.C., Banco Mundial).

17 Lockheed, D. Jamison y L. Lau. 1980. Farmer education and farm efficiency: a survey. Economic Development Cultural Change, 29(1): 37-76.

18 D. Jamison y L. Lau. 1982. Farmer education and farm efficiency. Baltimore, Estados Unidos, The Johns Hopkins University Press para el Banco Mundial.

19 K. Saito, op. cit., nota 15.

20 K. Subbarao y L. Raney. 1995. Social gains from female education: a cross-national study. Economic Development and Cultural Change, 44(1).

21 L. Lim. 1996. Women swell ranks of working poor. World of Work, Vol. 17. Ginebra, OIT.

22 FAO. 1996. Farmers’ rights in the conservation and use of plant genetic resources: who are the farmers? Por S. Bunning y C. Hill. Roma.

23 B. Hertz. 1989. Bringing women into the mainstream. Finance and Development, (diciembre): 22-25.

24 FAO. 1995. Women, agriculture and rural development a synthesis report of the Africa region. Roma.

25 FAO. 1995. Women, agriculture and rural development a synthesis report of the Near East region. Roma.

26 P.P. Bhattarai. 1989. Women’s roles a case study of Tankhuwa Panchayat. PAC Occasional Paper No. 1. Katmandu, Pakhnibas Agricultural Centre.

27 V. Nayak-Mukeherjee. 1991. Women in the economy a select annotated bibliography of Asia and the Pacific. Kuala Lumpur, Asian and Pacific Development Centre.

28 Ibid.

29 V. Nayak-Mukeherjee, op. cit., nota 27.

30 Banco Mundial. 1995. Rural women in the Sahel and their access to agricultural extension sector study. Informe No 13532. Washington, D.C.

31 V. Nayak-Mukeherjee, op. cit., nota 27, pág. 66.

32 Naciones Unidas. 1992. Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Nueva York.

33 Naciones Unidas, op. cit., nota 32.

34 Banco Mundial. 1995. Informe sobre el Desarrollo Mundial 1995. Washington, D.C.; BAsD. 1993. Electricity Utilities Databook. Manila.

35 En El estado mundial de la agricultura y la alimentación 1994, págs. 56-62, se ofrece una perspectiva inicial de los posibles efectos del cambio climático en la agricultura, la actividad forestal y la pesca.

36 PNMA. 1996. http://www.unep.ch/ipcc/fs101.html

37 D. Stern y R. Kaufman. 1995. Estimates of global anthropogenic methane emissions, 1860-1993. Working Paper No. 4. Boston, Estados Unidos, Center for Energy and Environmental Studies.

38 UNEP. 1996. http://www.unep.ch/ipcc/fs032.html

39 ABARE/Government of Australia. 1995. Global climate change: economic dimensions of a cooperative international policy response beyond 2000. Canberra; A. Manne y J. Oliveira-Martins. OECD Model Comparison Project (II) on the Costs of Cutting Carbon Emissions. Economics Department Working Paper No. 146. París, OCDE.

40 AIE. 1994. World Energy Outlook. París. OCDE.

41 Z.X. Zhang. 1996. Macroeconomic effects of CO2 emission limits: a computable general equilibrium analysis for China. Wageningen Economic Papers 1996-1. Países Bajos, Wageningen Agricultural University.

42 ABARE/Government of Australia, pág. 112 en op. cit., nota 39, pág. 77.

43 J.M. Berniaux, J. Martin, G. Nicoletti y J. Martins. 1991. The cost of policies to reduce CO2 emissions: initial simulation results with GREEN. Working Paper No. 103. París, OCDE.

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