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PARTE II

ANALISIS POR REGIONES


ANALISIS POR REGIONES

AFRICA

RESUMEN REGIONAL

La comunidad mundial ha llegado al convencimiento de que el desarrollo de Africa, en particular del Africa subsahariana, constituye el más grave problema mundial de desarrollo. Este reconocimiento se hizo particularmente patente en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, en la que se hizo especial hincapié en el Africa subsahariana. Otra manifestación reciente de la atención cada vez mayor a los problemas de esta región fue la Iniciativa Especial para Africa, puesta en marcha en marzo de 1996 por las Naciones Unidas. Esta iniciativa constituye la mayor empresa coordinada de las Naciones Unidas y su más importante movilización de apoyo en favor de Africa. Estos acontecimientos internacionales, junto con varias novedades favorables registradas recientemente en la economía y la agricultura de muchos países de la región, han hecho concebir nuevas expectativas de que se inicie una tendencia más favorable de la evolución económica y la seguridad alimentaria en los años próximos.

Figura 7A

Figura 7B

Evolución económica general

La economía de Africa mejoró notablemente en 1996, y se estima que el PNB aumentó en un 5 por ciento, en comparación con el 2,9 por ciento de 1995 y un promedio de sólo el 1,7 por ciento en el período 1990-94. En el Africa subsahariana, en particular, el crecimiento durante los dos últimos años fue alentador y contrasta con una profunda recesión que había durado más de un decenio1. Se estima que en 1996 el PNB creció un 4,4 por ciento2 (5,6 por ciento si se excluyen Nigeria y Sudáfrica), lo que supone un aumento del 4 por ciento respecto al año anterior, y constituye la tasa de crecimiento más fuerte de los 20 últimos años. Se registraron tasas de crecimiento del PIB del 5 por ciento o más en aproximadamente 20 de los países del Africa subsahariana, lo que significa un aumento significativamente superior al crecimiento demográfico, que fue del 3 por ciento. Se registraron tasas de crecimiento negativo únicamente en Burundi, Djibouti y la República Centroafricana. Si bien continúa siendo todavía muy elevada, la inflación de los precios de consumo del conjunto de la región bajó desde el 39,6 por ciento en 1995 al 31,5 por ciento en 1996.

Gran parte del progreso económico de la región se puede atribuir a la exportación de productos primarios, que fue especialmente fuerte en 1996 debido a las favorables condiciones atmosféricas y a una campaña agrícola productiva. Esta vinculación tan fuerte entre los resultados de la economía en general y de la agricultura pone de manifiesto la necesidad de prestar atención prioritaria a la producción agrícola de la región. Otros factores que contribuyeron a mejorar la situación económica son el notable progreso conseguido en el camino hacia la estabilidad macroeconómica en varios países, y el éxito de la devaluación del franco CFA en varios países de la zona del franco en esta región.

En 1996 se intensificaron los esfuerzos de estabilización y de reforma en un número cada vez mayor de países. Ghana, Uganda, Malawi, Senegal, Benin y Côte d’Ivoire, por ejemplo, reforzaron las políticas que favorecen la participación del sector privado en la economía así como la liberalización del comercio. Varios de estos países han logrado resultados económicos positivos y mantenidos, acompañados de un descenso de la inflación, lo que ha llevado a algunos especialistas a pensar que podrían estar a punto de conseguirse las esperadas recompensas de la reforma. Por ejemplo, el crecimiento del 7 por ciento del PIB real registrado en Uganda en 1996, uno de los más elevados de la región, se ha producido tras dos años de un crecimiento muy fuerte (11,5 y 9,8 por ciento en 1994 y 1995, respectivamente), lo que refuerza la credibilidad de las políticas macroeconómicas del país. Además, la inflación no pasó del 5 por ciento, la moneda libremente convertible se mantuvo constante, las reservas de divisas ascendieron hasta alcanzar un volumen que permitía cubrir casi cinco meses de importaciones y la inversión se mostró pujante, impulsada por el apoyo de los donantes, que ascendió a más de 500 millones de dólares EE.UU. al año.

La mayor parte de los países de la zona del franco CFA, en particular Côte d’Ivoire, Senegal, Togo y Benin, han presenciado un notable cambio de signo de sus economías desde la devaluación de enero de 1994. La tasa de crecimiento real del PIB de la zona del franco CFA en 1996 fue de aproximadamente el 5,2 por ciento, frente al 2,6 por ciento de 1994 y el 4,6 por ciento de 1995. La inflación al principio se disparó en esos países a raíz de la devaluación, castigando especialmente a las zonas urbanas, pero se contuvo en un plazo relativamente breve mediante políticas de austeridad fiscal y monetaria, controles de precios, limitación de las subidas salariales en el sector público y reducción de algunas tasas impositivas. En el conjunto de la región de la zona del franco, por ejemplo, la inflación de los precios de consumo descendió desde el 15,3 por ciento en 1995 al 6 por ciento en 1996; no obstante, la inflación se mantuvo todavía por encima del 10 ciento en algunos países, como Chad y el Congo.

Son varios los factores que explican el cambio de signo de la economía en los países de la zona del franco CFA. Además del aumento de las exportaciones, contribuyeron también la condonación de la deuda y el aumento de las entradas oficiales y privadas de recursos financieros. Otros acontecimientos coincidentes pero que no estaban directamente relacionados con la devaluación influyeron también en el progreso de la situación económica: por ejemplo, comenzó la producción de nuevos yacimientos de petróleo en Côte d’Ivoire y Guinea Ecuatorial, mientras que la situación sociopolítica mejoró en Chad y el Togo.

De todos los países de la zona, el Níger fue el que menos se benefició de la devaluación, en parte por las malas condiciones atmosféricas y los bajos ingresos de exportación del uranio, que continúa cotizándose a precios bajos en el mercado. Tampoco Camerún ha participado en el despegue registrado por otros países después de la devaluación.

En otros lugares de la región los resultados presentan signos diversos. La economía de Sudáfrica continuó creciendo de forma gradual, como consecuencia de su reinserción en el mercado mundial. No obstante, la tasa de crecimiento del 3 por ciento en 1996 fue algo menor de lo previsto, habida cuenta de la vigorosa expansión de la inversión privada, las exportaciones (debido en particular a una productiva campaña agrícola) y la producción manufacturera. No obstante, una elevada tasa de desempleo, de aproximadamente el 40 por ciento, constituye un grave problema económico, así como un factor de inestabilidad sociopolítica.

La economía nigeriana, todavía más bien inestable, creció un 2,1 por ciento en 1996, frente al 2,5 por ciento del año anterior. Tras haber subido nada menos que hasta el 70 por ciento en 1995, la inflación bajó al 29,3 por ciento en 1996, el crecimiento más bajo desde 1991. Un aumento considerable de la producción y exportación de petróleo, que coincidió con unos precios mundiales del petróleo mayores de lo previsto, han mejorado las perspectivas a corto plazo.

La situación económica continuó siendo difícil en el Sudán, la República Democrática del Congo y Zambia. La República Democrática del Congo tuvo una inflación superior al 100 por ciento, y la subida total de los precios de consumo fue de más del 600 por ciento. Zambia tuvo que hacer frente al fuerte descenso de los precios del cobre y, en la primera mitad del año, hubo de importar considerables cantidades de maíz debido a la sequía de 1995. Tuvo que soportar la depreciación del kwacha, una inflación persistentemente elevada, altas tasas de interés y, en consecuencia, la falta de entusiasmo por parte de los inversores internacionales.

Los países africanos continúan sufriendo todavía los efectos de su fuerte endeudamiento externo. A pesar de las pujantes exportaciones de productos básicos de algunos países y de las mejoras registradas en la balanza por cuenta corriente en 1996, el aumento de las exportaciones no consiguió seguir el mismo ritmo que el crecimiento de la deuda externa en muchos países. No obstante, el total del coeficiente del servicio de la deuda en el conjunto de la región bajó desde el 14,9 por ciento en 1995 al 12,1 por ciento en 1996. La carga de la deuda en el Africa subsahariana continúa ejerciendo una presión significativa sobre las finanzas públicas; según el Fondo Monetario Internacional (FMI), 33 de los 41 países fuertemente endeudados se encuentran en el Africa subsahariana. No obstante, en septiembre de 1996 se produjo una importante novedad en este frente, cuando algunos acreedores bilaterales (el Grupo de los Siete países industriales) y representantes del FMI aprobaron un plan por un mínimo de 5 000 millones de dólares para ofrecer condiciones más generosas a nada menos que 20 de los países deudores más pobres.

Resultados del sector agrícola

La agricultura ha continuado ocupando un lugar decisivo como medio de vida y factor determinante de la situación económica en los países africanos, y las condiciones atmosféricas son todavía el principal factor de los resultados agrícolas. Tras las sequías de 1995, volvió a haber precipitaciones abundantes en el Africa subsahariana, y en la mayor parte de los países de la región, con la notable excepción de los afectados por disturbios civiles, la campaña agrícola fue favorable. Las mejores condiciones atmosféricas y otros factores, como la respuesta de los agricultores a las favorables condiciones del mercado para los cultivos de exportación en 1994/95, hicieron posible que la producción agrícola de la región creciera un 4,2 por ciento en 1996, frente al 3 por ciento de 1995 y el 2,3 por ciento de 1994. Mientras que en 1995 el aumento de la producción total correspondió sobre todo a los cultivos no alimentarios, el crecimiento de 1996 se debió a un crecimiento más equilibrado de los cultivos alimentarios y no alimentarios.

Tras muchos años de condiciones desfavorables para la producción, todos los miembros de la Comunidad para el Desarrollo del Africa Meridional (SADC) conocieron niveles de precipitaciones excepcionales en 1996, con excepción de Namibia, que tuvo que soportar todavía los efectos de una persistente sequía. En consecuencia, la producción de cereales secundarios de la subregión fue un 88 por ciento superior al nivel de 1995, mermado por la sequía, y un 39 por ciento por encima de lo normal. La producción de trigo fue un 32 por ciento mayor que el año anterior.

La producción de maíz creció en toda el Africa austral. Sudáfrica, por ejemplo, consiguió una producción sin precedentes de maíz, que según las estimaciones sería un 112 mayor que en 1995, y una cosecha de trigo un 32 por ciento superior. La producción de maíz de Lesotho se duplicó, mientras que la producción de cereales de Zimbabwe creció también de forma significativa, lo que contribuyó a que el país recuperara la autosuficiencia. De la misma manera, la cosecha de maíz de Malawi de 1996, de 2 millones de toneladas (frente a 1,5 millones de toneladas en 1995), permitió atender con creces las necesidades internas del país y, por lo tanto, hizo posible la acumulación de existencias.

En el Africa occidental, en 1996 se registraron cosechas sin precedentes en Benin, Côte d’Ivoire, Ghana, Camerún y Nigeria. Esta subregión (en particular, Côte d’Ivoire, Senegal y Liberia) consiguieron una producción récord de arroz de 7,1 millones de toneladas, es decir, un 27 por ciento más que el año anterior. No obstante, según las estimaciones, la producción agrícola de Nigeria creció sólo un 1,7 por ciento, frente al 3,3 por ciento de 1995. Aunque Nigeria mantuvo su primer puesto en la producción mundial de yuca, la producción de maíz y de arroz sufrió los efectos de la escasez endémica de fertilizantes.

Gracias a una cosecha de trigo sin precedentes, la producción total de cereales de Etiopía casi permitió atender las necesidades internas y, según algunas informaciones, es posible que no sea necesario importar alimentos. Kenya alcanzó también niveles récord de producción de trigo.

A pesar de que los niveles de producción alimentaria de 1996 alcanzaron un máximo histórico en países del Africa subsahariana, varios de los cuales redujeron significativamente sus necesidades de importación de alimentos, los problemas de suministro alimentario continuaron siendo agudos o incluso se agravaron en algunas partes de la región.

Burkina Faso y el Níger acusaron importantes déficit de cereales. Por segundo año consecutivo, la escasez de lluvias y las invasiones de langostas han provocado situaciones de escasez de cereales en más de 2 700 aldeas del Níger. Namibia padeció una de las peores estaciones de lluvia registradas: la mayoría de las zonas del país no recibió ni siquiera la mitad de las precipitaciones normales, lo que dejó a aproximadamente 180 000 personas a expensas de la ayuda alimentaria de socorro para casos de sequía. Si bien en 1995/96 la cosecha de maíz de la República Unida de Tanzanía aumentó con respecto a la del año anterior, las cosechas de arroz y de trigo descendieron, y unas 280 000 personas necesitaron asistencia alimentaria. En Mauritania un año caracterizado por la escasez de las precipitaciones ha dejado al país con un déficit estimado de alimentos de 115 000 toneladas de cereales en 19973. Aunque el sector agrícola de Kenya creció modestamente el pasado año, la situación general de la seguridad alimentaria se ha deteriorado. La producción de los alimentos más importantes del país (maíz, trigo y azúcar) no ha conseguido crecer al mismo ritmo que la demanda de su población, en rápido aumento.

En algunos países del Africa subsahariana el año 1996 fue especialmente productivo en lo que se refiere a los cultivos comerciales, en particular el cacao, café y algodón. Además de unos niveles de producción superiores a lo normal en Camerún y Nigeria, Côte d’Ivoire, principal productor mundial de cacao, obtuvo una cosecha récord de cacao, mientras que Ghana consiguió la cosecha más abundante de los 30 últimos años. También el algodón alcanzó cifras récord en Camerún, así como en Sudáfrica, Zimbabwe y Malí, que pudieron aumentar las exportaciones de algodón como consecuencia del notable aumento de la superficie destinada a ese cultivo. En Etiopía, a pesar de un volumen sin precedentes de exportaciones, los ingresos totales derivados del café en 1995/96 fueron ligeramente más bajos con respecto del año anterior, debido a la disminución de los precios mundiales de ese producto. De hecho, se registraron excedentes de producción en todos los grandes países productores de café, como Côte d’Ivoire, Uganda y Kenya. La producción y las exportaciones de maní, girasol, soja, azúcar y frijoles secos crecieron también en Sudáfrica, favorecidas por la devaluación del rand.

Mientras que la devaluación monetaria ha estimulado las exportaciones y el crecimiento económico en varios países, a corto plazo ha repercutido también negativamente en los consumidores de alimentos. Así ha ocurrido después de la devaluación del franco CFA4 y, más recientemente, en países como Nigeria y Sudáfrica. En el caso de Nigeria, el índice alimentario (que representaba casi el 70 por ciento del total de gasto de los hogares) creció en 1996 un 71,8 por ciento frente al 46,8 por ciento del año anterior, sin que se produjera un aumento correspondiente del nivel de ingresos. La fuerte depreciación del rand sudafricano dio lugar también a subidas de los precios alimentarios de consumo, lo que agravó la inseguridad alimentaria, en particular entre el 20 por ciento de la población urbana y el 60 por ciento de la población rural que viven todavía en niveles mínimos de subsistencia.


RECUADRO 5

ESTABILIDAD POLITICA, DEMOCRACIA Y SEGURIDAD ALIMENTARIA

A pesar del proceso de democratización registrado en muchos países de Africa (1996 fue un año decisivo, con un récord de 18 elecciones abiertas a varios partidos), la región continuó siendo víctima de la inestabilidad política y de prolongadas guerras civiles en muchas áreas. El pasado año la inestabilidad política reapareció en algunos países, como Sierra Leona, mientras que en otros, por ejemplo Liberia, la guerra civil se intensificó y tuvo efectos devastadores para la producción de cereales y el suministro de alimentos. Las operaciones de ayuda alimentaria se recortaron de hecho, debido a repetidos actos de saqueo e intimidación por parte de las milicias, y el arroz y otros alimentos básicos quedaron fuera del alcance de la mayor parte de los liberianos, pues la escasez disparó los precios en la capital. Los enfrentamientos y los consiguientes desplazamientos de la población continúan perturbando la producción y el suministro de alimentos en Burundi, República Democrática del Congo (ex Zaire), Somalia, Uganda y Sudán, donde persistieron las insurrecciones. La producción total de cereales en Somalia, por ejemplo, fue un 37 por ciento inferior a la media de antes de la guerra. En la República Centroafricana, la estimación de un crecimiento del 7 por ciento del PIB para 1996 se redujo a un 2 por ciento, y el descenso del ingreso fiscal superó el 50 por ciento, debido a la rebelión militar que tuvo lugar en abril.

Los evidentes efectos de la guerra en la producción se agravaron todavía más como consecuencia del embargo impuesto a Burundi por sus países vecinos, que no sólo sofocó la producción agrícola haciendo inaccesibles los insumos agrícolas sino que además, debido a la incapacidad del país de exportar té y café (fuente del 90 por ciento de sus divisas), provocó un colapso devastador de los ingresos. En julio de 1996, en una cumbre celebrada en la ciudad tanzaniana de Arusha, Kenya, la República Unida de Tanzanía, Rwanda, Uganda, el ex Zaire, Etiopía y Camerún decidieron imponer sanciones a Burundi, país sin litoral, hasta que se restauró el gobierno civil. Un elemento más positivo es que, con la resolución de los prolongados conflictos de Angola, Etiopía y Mozambique, países azotados por la guerra civil durante casi dos decenios, el año pasado se produjeron recuperaciones espectaculares de la producción de cereales, cuando los agricultores regresaron a sus casas y tierras. No obstante, en Angola, a pesar del fuerte aumento de la producción, el entorno económico general continúa siendo frágil y la situación del suministro de alimentos es problemática, habiendo varios centenares de miles de personas que necesitan todavía asistencia externa. Lo mismo ocurre en Rwanda, donde la llegada de centenares de miles de refugiados que regresaban de los países limítrofes sometió a nueva presión la ya delicada e inestable situación alimentaria, y donde más de medio millón de personas necesitaban todavía ayuda alimentaria. Aunque el sector agrícola se está recuperando y la producción agrícola aumentó un 15 por ciento con respecto del año anterior, las cosechas son todavía un 23 por ciento inferior al nivel anterior a la guerra. A pesar de las abundantes cosechas recogidas en Eritrea, 750 000 personas necesitaban todavía asistencia alimentaria.

Los progresos hacia la democratización y la resolución de las guerras civiles y tensiones étnicas repercutirán, sin duda, favorablemente en los resultados económicos y en el desarrollo de la región. La aparición de un nuevo régimen en la República Democrática del Congo ha provocado nuevas incertidumbres pero también nuevas esperanzas en este contexto. Entre otras cosas, una paz continuada deberá aportar beneficios en forma de aumento de la inversión y del comercio, como se ha observado recientemente en el crecimiento del Cuerno de Africa y en el Africa austral.


Evolución de las políticas

La tendencia general de fortalecimiento de la reforma macroeconómica ha alcanzado también al sector agrícola. La privatización continuó siendo uno de los grandes objetivos estratégicos como medio de aumentar la productividad y reducir las subvenciones públicas a las empresas estatales con pérdidas. No obstante, el grado general de intervención gubernamental en la economía y en el mercado agrícola continó siendo significativo dentro de la región.

Buen ejemplo de ello es Kenya, donde, a pesar del fuerte impulso en favor de la total liberalización del sector agrícola desde finales de 1992, el Gobierno continuó controlando el comercio de productos de primera necesidad como el maíz, trigo y productos lácteos. Los precios internos se mantuvieron bajos, lo que ha reducido los incentivos de los agricultores a ampliar la producción. La molienda del café se abrió a la competencia, pero la comercialización y clasificación se mantuvieron de hecho en manos de la Junta del Café de Kenya. En un acuerdo de marzo de 1996) entre la comunidad de donantes y el Gobierno de Kenya se preveía la privatización de las empresas agrícolas paraestatales y la reducción de la intervención gubernamental en los mercados agrícolas.

Son muchos los ejemplos que pueden citarse sobre los avances de la privatización en la región. La Junta de Comercialización del Café de Uganda, anteriormente monopolio estatal, se privatizó en 1996. Para revitalizar su sector del algodón, el Gobierno de Uganda vendió otras 11 desmotadoras para-estatales al sector privado; dentro de ese proceso, antes de 1996 se habían privatizado ya otras nueve.

En noviembre de 1996 se aplicó finalmente la Ley de comercialización de los productos agrícolas de Sudáfrica. En ella se preveía un calendario de 13 meses para desmantelar todas las juntas estatales de comercialización de una gran variedad de productos agrícolas, como frutas, algodón, maíz, carne, alfalfa, trigo, semillas oleaginosas y lana5.

Sudáfrica tiene intención de introducir un mercado libre de productos agrícolas con la menor intervención gubernamental posible. Dentro de esta iniciativa, el Gobierno avanzó hacia la liberalización permitiendo al sector privado exportar maíz. Los precios del mercado interno de maíz se desreglamentaron y las importaciones se liberalizaron en mayo de 1995, mientras que en el 1996 la Junta Sudafricana del Maíz, que sólo dos años antes se encargaba de comprar y vender maíz en el mercado interno e internacional así como de fijar los precios de producción y de consumo, concedió permisos de exportación.


RECUADRO 6

ACONTECIMIENTOS RECIENTES EN EL SECTOR DE LA COOPERACION REGIONAL

En 1996 se produjeron acontecimientos positivos en lo tocante al establecimiento de alianzas comerciales intrarregionales. En su cumbre anual, celebrada en Lesotho en agosto, los 12 países miembros de la SADC adoptaron un protocolo de libre comercio en el que se prevé la reducción gradual y la futura eliminación de los obstáculos al comercio durante los próximos ocho a diez años, con el fin de construir un mercado común semejante a la Unión Europea (UE). Este compromiso constituye una parte fundamental de la estrategia de la SADC de reducir su dependencia de la ayuda y de alentar la inversión privada regional y extranjera. Para mejor orientar sus energías hacia la SADC, Lesotho, Mozambique y Namibia han decidido retirarse del Mercado Común para Africa Oriental y Meridional (COMESA) 1 .

El acuerdo de la SADC se produce en un momento en que Zimbabwe y Sudáfrica han llegado también a un entendimiento de principio de renovar un convenio de comercio bilateral en el que se prevé trato preferencial a las exportaciones de Zimbabwe, pero que había expirado en 1992. Sudáfrica es el mayor interlocutor comercial de Zimbabwe. Continúan las deliberaciones entre Sudáfrica y la UE sobre un acuerdo de comercio preferencial, pero la UE se resiste a introducir muchos productos agrícolas en el acuerdo.

Marzo de 1996 fue la fecha de inauguración de la Comisión para la Cooperación en el Africa Oriental, establecida por y para la subregión del Africa oriental e integrada por Kenya, Uganda y la República Unida de Tanzanía. La comisión trata de establecer vínculos económicos más estrechos, coordinar los esfuerzos encaminados a promover el desarrollo de la región, incrementar el comercio agrícola dentro de la subregión y hacer posible con el tiempo la creación de un mercado común único. Su objetivo es fortalecer los vínculos económicos y crear un entorno favorable para las actividades promovidas por el sector privado. Con el fin de poner en marcha un proceso de revitalización de la Comunidad del Africa oriental (que se había derrumbado en 1977 como consecuencia de divergencias políticas y económicas) y para reducir los costos comerciales, las divisas de los países de la subregión se declararon convertibles en junio. No obstante quizá deban transcurrir varios años antes de que estos tres países comiencen a bajar los aranceles, a reducir los obstáculos no arancelarios y a establecer un arancel externo común.

La Unión Económica y Monetaria del Africa Occidental (UEMAO) ratificó un plan sobre una zona aduanera preferencial, cuyo objetivo es alentar el comercio entre sus países miembros, a saber, Benin, Burkina Faso, Côte d’Ivoire, Malí, Níger, Senegal y Togo.

El Gobierno de Ghana promulgó en 1996 la Ley de la Zona Libre. Con ella se promueve a Ghana como puerta de acceso a Europa y el Africa occidental. Gracias a esta zona de elaboración de las exportaciones, semejante a las de Togo y Côte d’Ivoire, se espera que Ghana consiga tener con el tiempo una balanza comercial positiva, en la medida en que aumenten las exportaciones realizadas directamente por Ghana o a través de este país.

Seis Estados ribereños, Cabo Verde, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Mauritana y Senegal, todos ellos miembros de la Comisión Subregional de Pesca, se comprometieron en abril a armonizar sus políticas pesqueras. En particular, convinieron en mejorar la protección y conservación de los caladeros comunes compartiendo el equipo y la información sobre actividades de vigilancia aérea.

1 COMESA agrupa en la actualidad a Angola, Burundi, Comoras, Eritrea, Etiopía, Kenya, Madagascar, Malawi, Mauricio, Rwanda, la República Democrática del Congo, la República Unida de Tanzanía, Sudán, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe.


En Zambia, la National Milling Company se privatizó totalmente en diciembre de 1996. En Zimbabwe, ahora que todas las empresas paraestatales de comercialización se han convertido en empresas de propiedad totalmente gubernamental (con excepción de la Junta de Comercialización de Cereales), los debates se están centrando en la mejor manera de privatizarlas. Se ha llevado a término el programa de privatización de la producción de caucho y de aceite de palma de Côte d’Ivoire, y se encuentran en sus fases iniciales los relacionados con el algodón, azúcar y ganado. El Gobierno ha comunicado un plan de privatización para la Compagnie Ivorienne pour le Développement des Textiles (CIDT), empresa paraestatal del sector del algodón. Este plan puede marcar la pauta para otras empresas algodoneras de la zona del franco. El sector del algodón del Senegal estaba todavía dominado por la Société de Développement des Fibres Textiles (SODE-FITEX), desmotadora paraestatal cuya privatización es uno de los objetivos previstos en el nuevo Programa de ajuste sectorial agrícola. Otro objetivo es la privatización de la empresa de elaboración de semillas oleaginosas Société Nationale de Commercialisation des Oléagineux du Sénégal (SONACOS), que ya ha comenzado.

En Etiopía, la empresa paraestatal Ferlitilizer Industry Agency, encargada de la comercialización y distribución de fertilizantes agrícolas, ha comunicado que el controvertido plan de subvención de los fertilizantes se modificaría de manera que sólo se regulen los precios al por mayor. Se espera que esta medida introduzca la competencia entre los comerciantes de fertilizantes del sector privado y permita una reducción de los precios para los agricultores6.

Otra esfera importante donde se ha iniciado la liberalización de las políticas ha sido el comercio exterior. También en este caso son muchos los ejemplos recientes que ilustran los esfuerzos realizados por los países de la región para reformar el régimen comercial de los productos e insumos agrícolas.

El Gobierno de Zimbabwe liberalizó también el comercio de productos agrícolas permitiendo a los productores que exportaran e importaran trigo y soja directamente sin tener que recurrir a la junta gubernamental de comercialización. Ahora que la mayor parte de las restricciones de acceso a las divisas se han eliminado, el número de agricultores con acceso a financiamiento «extraterritorial» para cubrir los costos de producción y de disponibilidad de insumos, como productos químicos agrícolas y tractores, ha aumentado de forma significativa. Antes de esta última novedad en el campo de las políticas, el Gobierno sólo había permitido recurrir a esa fuente de financiamiento a los agricultores que obtenían productos para la exportación. No obstante, el Gobierno de Zimbabwe ha conservado los derechos exclusivos a exportar maíz aun cuando la comercialización interna de ese producto se haya liberalizado.

En Côte d’Ivoire, aunque las importaciones de harina se liberalizaron en enero de 1996, el arancel de protección del 30 por ciento (que es de sólo el 5 por ciento en el caso del trigo) representa un desincentivo a las importaciones. En enero de 1997 se liberalizaron también las importaciones de arroz. El Gobierno eliminará sus contingentes anuales de importación de arroz, pero se fijarán impuestos a las importaciones con niveles variables basados en los precios mundiales, con el fin de proteger a los productores locales y alentar la autosuficiencia. En abril de 1997, se puso en marcha un sistema electrónico de subasta para los permisos de exportación del cacao y el café, con la intención de hacer más transparente la adjudicación de los permisos de exportación.

En el Senegal, la Caisse de Péréquation et Stabilisation de Prix (CPSP), que actuaba como organismo estatal importador de arroz, se cerró en 1996. Las subvenciones a la exportación se eliminaron y se liberalizaron las importaciones no sólo del arroz, sino también del azúcar, el trigo y la harina. En cualquier caso, el mercado del trigo continúa estando muy protegido, con un arancel del 45 por ciento a la importación de la harina de trigo.

En Zambia, en mayo de 1996 se levantó la prohibición de exportación de maíz, pero al parecer los agricultores rechazaron las licencias de exportación durante julio y agosto, cuando más bajo se encontraba el precio del maíz.

En Lesotho los controles de precios de los cereales se levantaron en junio, junto con la prohibición a las importaciones de harina de maíz.

Nigeria conoció una escasez endémica de fertilizantes, debido a la decisión gubernamental de prolongar la prohibición de las importaciones de fertilizantes en 1996. Aunque el Gobierno ha subvencionado los fertilizantes, varias prácticas empresariales han impedido que los fertilizantes lleguen a los agricultores a bajos precios.

MOZAMBIQUE Y ANGOLA

Los organismos de desarrollo y los donantes emparejan muchas veces a Mozambique y Angola, por sus semejanzas en numerosos aspectos: pasado colonial, experimentos socialistas, guerra civil prolongada y excepcionalmente destructiva y transición reciente a economías de mercado liberalizadas. Durante más de 25 años, han soportado una inestabilidad constante debida a esos acontecimientos. Ambos países están asociados a una imagen de extremas tribulaciones en forma de hambre y pobreza producidas por la sequía y una guerra civil generalizada, inmenso número de personas desplazadas y víctimas de conflictos. Finalmente, parece haber cierto margen de esperanza de paz y de estabilidad. Sólo manteniendo la paz actual y reconstruyendo cuidadosamente su base económica podrán Mozambique y Angola llegar a convertirse en naciones autónomas, con economías propias y viables.

Legado colonial

El caso de Angola. Angola fue la sede colonial de Portugal en Africa. Durante gran parte de la era colonial el sector agrícola de Angola dependió de la esclavitud y la mano de obra forzada, hasta que Portugal abolió la esclavitud a finales del siglo xix y el trabajo forzoso en 1961. Hasta la independencia (1975), la economía se mantuvo firme y diversificada, con una sólida base de exportación. Angola era el tercer exportador de café y sisal, y exportaba también aceite vegetal, té, tabaco y carne. El comercio se extendía más allá de los límites de los mercados portugueses hasta Europa y otras regiones. Además, Angola era autosuficiente en todos los cultivos alimenticios, con excepción del trigo, e incluso producía excedentes de maíz para la exportación. La ganadería desempeñaba una papel decisivo en el sector agrario del país mucho antes de la llegada de los portugueses. El ganado vacuno se utilizaba para la tracción animal y representaba también una importante reserva de riqueza

Los progresos agrícolas de Angola se reforzaban con un excelente sistema integrado de transporte, constituido por puertos, ferrocarriles y conexiones viales primarias y secundarias. Había una importante red de comerciantes itinerantes portugueses que compraban los productos agrícolas y concedían crédito a campesinos que vivían en condiciones de semisubsistencia, así como a agricultores comerciales portugueses con explotaciones de tamaño intermedio. Había numerosos abastecedores de insumos agrícolas, además de agroindustrias como cervecerías, plantas de elaboración de aceite y molinos, que representaban mercados locales para los excedentes agrícolas. El gobierno colonial había establecido también varios centros de investigación agraria. Las reservas de petróleo y, en menor medida, los recursos madereros del distrito de Cabinda permitían obtener considerables ingresos derivados de la exportación; no obstante, dicho distrito sólo se integró en la colonia en 1946. La extracción de diamantes, aunque representa un porcentaje mucho menor del PIB que el petróleo o la agricultura, contribuyó también a la generación de divisas.

El caso de Mozambique. En cuanto colonia portuguesa, la economía de Mozambique funcionó predominantemente como abastecedora de materia prima para las agroindustrias asentadas en Portugal (por ejemplo, algodón, copra, té, sisal y anacardo), con algunas excepciones notables, como la del azúcar, que se elaboraba localmente. El sector agrario estaba integrado por algunas plantaciones, varios miles de concesiones comerciales (colonos con derechos de usufructos generosos y a largo plazo) y aproximadamente 1,5 millones de pequeños agricultores africanos. La economía colonial estaba basada en un sistema de trabajo forzoso. Los campesinos mozambiqueños se veían obligados a aportar mano de obra gratuita a la producción de algodón y de arroz o a proyectos de obras públicas ubicados en regiones diversas, y en muchos casos lejanas, del país. La institución de los impuestos rurales indujo a la población de Mozambique a buscar empleo en las plantaciones y en las minas en el vecino país de Sudáfrica. Además de la explotación de la agricultura, las autoridades coloniales obtenían considerables ingresos de los servicios de transporte facilitados a las colonias británicas sin litoral, así como de la exportación de camarón.

La independencia y el sector agrícola bajo los sistemas socialistas

El sistema socialista. Después de más de un decenio de múltiples luchas por la independencia, Portugal la reconoció finalmente en 1975 a todas sus colonias africanas. Un elevado porcentaje de colonos portugueses abandonó las colonias recién liberadas y destruyó deliberadamente las propiedades y los animales que se veían obligados a abandonar. En consecuencia, este éxodo masivo de portugueses dejó un inmenso vacío económico y de gestión. Mozambique y Angola establecieron inicialmente regímenes inspirados en el modelo soviético, con un partido único de inspiración marxista-leninista: el FRELIMO (Frente para a Libertação de Moçambique) y la MPLA (Movimento Popular de Libertação de Angola). Las fábricas y los centros de elaboración se nacionalizaron, las plantaciones se transformaron en granjas estatales, los precios y los márgenes de comercialización se administraron en casi todas las etapas de la cadena de producción y distribución, y toda la comercialización de productos e insumos agrícolas fue centralizada y controlada por empresas paraestatales o juntas de comercialización de propiedad estatal. Ambos países establecieron lojas do povo, es decir, tiendas que vendían mercancías a precios fijados por el Gobierno a través de un sistema de racionamiento. En Mozambique, el FRELIMO trató de colectivizar las comunidades rurales ampliamente dispersas en aldeas comunales y cooperativas de producción.

Evolución de la agricultura bajo el socialismo. Tanto el Gobierno de Angola como el de Mozambique favorecieron las granjas estatales y relegaron a un segundo lugar a los campesinos, al mismo tiempo que gastaban las escasas divisas en insumos y equipo agrícola importado con destino a las granjas estatales altamente mecanizadas. Ninguno de los dos gobiernos tenía capacidad de gestión suficiente para administrar eficazmente las granjas estatales y, en consecuencia, tanto la productividad como la producción disminuyeron con rapidez. La producción de café de Angola sufrió los efectos de una gran infestación un año después de la independencia, ya que los granos no se recogieron a tiempo, lo que favoreció su descomposición y atrajo numerosas plagas. Los precios del café se fijaron en un nivel tan bajo que los agricultores arrancaron los cafetos y los sustituyeron por yuca; las exportaciones de café bajaron de 218 700 toneladas en 1973 a poco más de 47 200 toneladas en 1980, lo que representaba solamente el 21 por ciento de la cifra de 1973. En el caso del maíz, Angola dejó de ser exportadora neta (112 000 toneladas) en 1973 para convertirse en importadora neta (142 700 toneladas) en 19807. De la misma manera, la producción de anacardo, arroz y maíz de Mozambique descendió más de un 50 por ciento entre 1975 y 1980. La producción de sisal y copra bajó un 15 y un 25 por ciento, respectivamente, durante el mismo período8. Muchas veces se ha comentado que, dada su capacidad de recursos humanos extremamente limitada, uno de los errores tanto del FRELIMO como del MPLA fue el excesivo celo centralizador y administrativo.

Guerra civil. Otro factor importante que contribuyó a los malos resultados económicos de estos países socialistas de reciente formación fueron los disturbios civiles. La falta de seguridad hizo que un gran número de hogares rurales abandonara sus explotaciones y se asentara en centros urbanos. En Angola, UNITA (União Nacional para a Independência Total de Angola) fue una de las varias facciones que combatieron contra el colonialismo portugués y se convirtió posteriormente en la única forma de oposición al Gobierno del MPLA. Estaba bien organizada, tenía fuerte disciplina y contaba con una base numerosa de agricultores leales. UNITA explotaba las zonas productoras de café, petróleo y madera que se encontraban bajo el control del MPLA. En breve plazo Angola se dividió, tanto geográfica como políticamente, entre el MPLA, que controlaba los centros urbanos, y UNITA que tenía el control de las zonas rurales. Por el contrario, RENAMO (Resistência Nacional Moçambicana), oposición al FRELIMO en Mozambique, se formó después de la independencia y algunas veces saqueaba las comunidades rurales y saboteaba la actividad económica, destruyendo repetidamente con explosivos la infraestructura de transporte y de energía hidroeléctrica. RENAMO no estaba bien organizada y no entabló fuertes vínculos con los productores agrícolas. Estas prolongadas guerras civiles destruyeron la estructura física y económica de ambos países, particularmente en Angola, donde las hostilidades se reanudaron e intensificaron al conocerse los resultados de la elección presidencial de 1992.

Liberación económica en Mozambique

Mozambique comenzó un proceso de liberalización del mercado en los primeros años ochenta. Una conclusión trascendental del Tercer Congreso del Partido, celebrado en 1983, fue que la estrategia de desarrollo agrícola entonces vigente, basada en la producción de las granjas estatales, no funcionaba satisfactoriamente y debería prestarse mayor apoyo al sector agrícola privado y familiar. Con el fin de ofrecer a este sector mayores incentivos para la producción y la comercialización, se eliminaron los controles de precios de frutas y hortalizas y se elevaron los precios fijos de otros productos agrícolas. Al año siguiente, Mozambique ingresó en el FMI y el Banco Mundial y tres años después había puesto en marcha un conjunto de medidas de ajuste estructural con amplias reformas del mercado, conocidas con el nombre de Programa de Rehabilitación Económica (PRE)9. El programa trataba de resolver las distorsiones y desequilibrios macroeconómicos, así como de lograr la liberalización y la privatización.

Liberalización del mercado. A partir de 1988, los precios de producción y de consumo se fueron liberalizando gradualmente. Muchos precios fijos fueron sustituidos por precios mínimos obligatorios y, posteriormente, por precios mínimos recomendados. Estos últimos debían servir simplemente como referencia para los comerciantes y para ofrecer cierto apoyo a los agricultores. En 1993 se liberalizaban los precios de 22 productos agrícolas, y los controles de los precios de consumo se mantuvieron únicamente en los casos del pan y de la harina de trigo. Había, y todavía hay, varios productos de consumo no agrícolas, como el combustible de cocina, que continúan sometidos a controles de precios.

Durante ese mismo período, se liberalizó progresivamente el comercio internacional. Los precios del algodón y del anacardo han estado siempre controlados, incluso durante la era colonial. No obstante, el método para calcular los precios del anacardo y el algodón se ajustó en 1994 para aproximarlos más a los del mercado internacional. De conformidad con el código arancelario de 1991, los aranceles de importación debían simplificarse en cinco categorías que iban desde el 5 hasta el 35 por ciento. Más adelante se debería aclarar la definición de los grupos de productos y restringir los criterios de exenciones con el fin de reducir el margen de discreción en la aplicación de los aranceles. En el código se estipulaba también que todos los impuestos de exportación, exceptuados los que recaían sobre el anacardo en bruto, se reducirían al 0,5 por ciento en 1991 y, posteriormente, se eliminarían por completo. El Gobierno instituyó también una reducción significativa del impuesto de exportación del anacardo en bruto, lo que, según las previsiones, debía provocar un aumento de los precios en la explotación agrícola y de la producción. De conformidad con las disposiciones del PRE, no se fijaría ningún impuesto de exportación para ninguno de los productos básicos después del año 2000. En la actualidad, el impuesto sobre el anacardo en bruto es el único todavía vigente. Aunque las restricciones en materia de licencias de exportación han disminuido sustancialmente, el proceso de solicitud de estas licencias continúa siendo complejo y engorroso.

Privatización. El programa de privatización de 1989 puso en marcha el proceso de venta de empresas y granjas estatales. Hasta la fecha, se han privatizado casi todas las granjas estatales y más de 500 pequeñas, medianas y grandes empresas, incluidos todos los centros de elaboración del anacardo y las oficinas aduaneras. Las lojas do povo se han abolido también, y el Gobierno se ha mostrado progresivamente más tolerante con los comerciantes privados. El Estado tiene todavía participaciones en los sectores de la producción azucarera, el desmotado del algodón y la pesca. Las desmotadoras tenían en el pasado relaciones contractuales con los pequeños productores de algodón. Actualmente, funcionan a través de concesiones en régimen de consorcio con el Gobierno. Las fábricas de azúcar en régimen de consorcio, tradicionalmente abastecidas por las grandes fincas, están examinando la posibilidad de adoptar también sistemas de contratación con los pequeños agricultores. Es importante observar que si bien se han privatizado las operaciones agrícolas, la totalidad de la tierra continúa siendo propiedad del Estado.

La ley de 1991 en la que se establece la reestructuración de todas las empresas estatales trasformó las compañías que todavía no se habían privatizado en empresas «públicas» cuyo funcionamiento debía atenerse a criterios comerciales, con mejores sistemas de contabilidad y una mayor responsabilidad financiera. La Ley de Inversión Extranjera, promulgada en junio de 1993, hizo posible una mayor inversión extranjera en Mozambique. Hasta la fecha, los grandes inversores han sido Portugal y Sudáfrica, y los sectores más favorecidos han sido la agricultura y el turismo10. Dicha ley hizo también posible la apertura de dos bancos extranjeros y de una compañía de seguros en Maputo.

Corrección de las distorsiones y desequilibrios macroeconómicos. Con el fin de corregir las distorsiones y desequilibrios macroeconómicos, el Gobierno de Mozambique ha promulgado una serie de medidas clásicas de ajuste estructural. La devaluación de la moneda nacional ha reducido la diferencia entre el tipo de cambio paralelo y el oficial, que en 1989 era del 2 100 por ciento, al 3,6 por ciento en 1995. Si bien la devaluación hace que los cultivos de exportación de Mozambique sean más atractivos para los compradores extranjeros, ello implica un costo, es decir, una mayor carga de la importación de equipo y otros materiales necesarios para la reconstrucción y rehabilitación. Así ocurre con la reactivación de las actividades de las fábricas de azúcar. El crédito concedido a las empresas paraestatales había sido con anterioridad prácticamente ilimitado e incontrolado, pero ahora se han fijado límites y se han adoptado procedimientos bancarios y de presentación de informes más acordes con las normas internacionales. El Gobierno ha elevado también las tasas de interés y fijado controles al crecimiento de la masa monetaria. En gran parte como consecuencia de esas medidas, la inflación ha bajado desde el 163 por ciento en 1987 a menos del 50 por ciento en 1996.

El Gobierno de Mozambique ha decidido la congelación de la contratación, ampliado y mejorado la recaudación tributaria y reducido el nivel de gastos en determinados programas con el fin de reducir la diferencia entre el ingreso y gasto público y de disminuir el déficit. La deuda externa representaba el 400 por ciento del PIB en 1994, mientras que el coeficiente de servicio de la deuda ha disminuido de forma casi ininterrumpida desde 1990; del 162 por ciento en 1990 había bajado al 77 por ciento en 199611.

Estrategia para la agricultura. Mozambique ofrece abundantes posibilidades agrícolas en lo que respecta a los cereales básicos así como a ciertos cultivos comerciales, como el anacardo, algodón, sisal, té, tabaco, maní, aceite de girasol, cítricos y hortalizas. La parte septentrional del país tiene precipitaciones más fiables y mejores suelos, mientras que la ganadería se limita a las zonas del sur libres de la mosca tsetsé. Las conexiones de comunicación y de transporte entre el norte y el sur son débiles: en la actualidad, ambas regiones están mejor conectadas con los mercados internacionales. Aunque el transporte, la energía, la pesca y el turismo ofrecen excelentes oportunidades económicas, la agricultura representa aproximadamente el 30 por ciento del PIB y da empleo al 80 por ciento de la población activa. La inmensa mayoría de los campesinos de Mozambique tiene aproximadamente 1 ha de tierra. No obstante, en conjunto, sus explotaciones comprenden el 95 por ciento de toda la superficie cultivada. La mayor parte de los agricultores son muy pobres y sufren estacionalmente situaciones de inseguridad alimentaria. Menos del 30 por ciento tienen oportunidades de ingreso no agrícola.

Dada la importancia de la agricultura, la estrategia de desarrollo para Mozambique se centra lógicamente en el sector agrario. En cooperación con los donantes, el Gobierno ha diseñado un programa sectorial de cinco años, PROAGRI, en el que se establecen prioridades y estrategias para lograr la expansión de la producción agrícola, la reducción de la pobreza y la conservación de los recursos naturales. El programa hace hincapié en la planificación, coordinación y desarrollo de la capacidad, dentro del Ministerio de Agricultura y Pesca12. Se han expresado algunas preocupaciones en el sentido de que el programa está demasiado centrado en la producción a expensas de las oportunidades no agrícolas y los aspectos de la agricultura posteriores a la producción, como la comercialización y elaboración.

Problemas de la agricultura de Mozambique en la actualidad

Revitalización de la producción agrícola. El acuerdo de paz para poner fin a la prolongada guerra civil se firmó finalmente en 1992. No obstante, las huellas de la guerra siguen marcando las zonas rurales en forma de minas ocultas13, bandidaje, infraestructura destruida, pobreza y práctica inexistencia de mercados para los productos de producción y de consumo básico. El problema se agravó por la fuerte sequía registrada en 1992. En consecuencia, aproximadamente el 80 por ciento del total de los cereales disponibles en 1992 procedía de ayuda alimentaria (72 por ciento) e importaciones comerciales (8 por ciento)14. Desde entonces, la ayuda alimentaria se ha ido reduciendo progresivamente, aunque quedan todavía programas en favor de las personas extremamente vulnerables, como algunos dispositivos de alimentos por trabajo en proyectos específicos de rehabilitación, y suministro de semillas y aperos agrícolas para el reasentamiento. Según estimaciones preliminares sobre 1996/97, la ayuda alimentaria y las importaciones comerciales han descendido a sólo el 10 por ciento de los suministros de cereales. La producción local de cereales ha registrado repetidos aumentos, que fueron del 3,4 por ciento en 1994, el 30 por ciento en 1995 y un 34 por ciento más en 1996. La continuidad del crecimiento de la producción agrícola dependerá cada vez más de la disponibilidad de insumos que permitan aumentar la productividad, como fertilizantes o semillas mejoradas, más que de la expansión de la superficie. La producción de anacardo, copra, girasol y azúcar de caña ha aumentado a un ritmo más gradual que los cereales. El comportamiento futuro del sector agrícola dependerá en gran parte de la disponibilidad de insumos y crédito, la rehabilitación de los centros de elaboración y el desarrollo de los mercados y de la infraestructura rural.

Comercialización. Menos del 30 por ciento de los agricultores mozambiqueños comercializan los excedentes de producción. El maní y el maíz son los productos más frecuentemente comercializados. Varios obstáculos importantes impiden la diversificación y expansión de la comercialización agrícola. La red comercial rural está integrada por unos 9 564 establecimiento comerciales, de los que sólo el 61 por ciento estaban en funcionamiento en 1995. Los costos de transporte son muy elevados, y el desplazamiento a través del país se ve todavía obstaculizado por casos de bandidismo. Debido a los sabotajes provocados por la guerra y al abandono del mantenimiento, sólo el 30 por ciento de la red vial puede utilizarse realmente, y los centros de almacenamiento están gravemente limitados. Los almacenes del Instituto Moçambicano de Cereais, junta de comercialización de cereales, están enormemente desaprovechados. La irregular aplicación de los precios mínimos de referencia en todo el territorio redunda en perjuicio de la comerciabilidad de los productos. La falta de liquidez y la ausencia de crédito rural limitan el volumen y alcance geográfico del mismo, y los costos de transacción se están multiplicando debido a que los comerciantes recurren a la práctica del trueque. Los impuestos de circulación y las desfasadas y engorrosas prescripciones en materia de licencias desalientan el ingreso de nuevos participantes en los mercados locales.


RECUADRO 7

EVOLUCION RECIENTE DE LOS CULTIVOS Y EL SUMINISTRO DE ALIMENTOS EN MOZAMBIQUE

Una misión FAO/Programa Mundial de Alimentos de evaluación de los cultivos y el suministro de alimentos visitó Mozambique en abril de 1997 para estimar la producción de cultivos alimentarios del país, hacer un pronóstico sobre las necesidades de importación de cereales en 1997/98 y determinar las probables necesidades de ayuda alimentaria. La misión encontró signos alentadores en la situación de los cultivos y el suministro de alimentos, pero no obstante indicó que se necesitaría un volumen considerable de ayuda alimentaria.

Como consecuencia del aumento natural de la población y de la reintegración de los repatriados y soldados desmovilizados, el total de la superficie ocupada por los cereales y otros cultivos alimentarios en 1996/97 es un 6 por ciento mayor que la del año anterior. Según las estimaciones, el total de la producción de cereales en 1996/97 será un 11 por ciento superior al del año precedente. La producción de yuca, otro importante alimento básico, ha aumentado también, mientras que la de frijoles y maní habría crecido, según las estimaciones, un 8,5 por ciento con respecto del año anterior. Debido a este aumento de la producción de cereales y otros alimentos, la situación general del suministro de alimentos en Mozambique en la campaña de comercialización de 1997/98 (abril/marzo) será mejor que la del año pasado, con un excedente de cereales secundarios de 63 000 toneladas. No obstante, en 1997/98 el país necesitará importar 205 000 toneladas de arroz y de trigo.

La misión estimó que unas 172 000 personas necesitarán ayuda alimentaria durante cuatro meses y otras 77 000 personas podrían necesitar asistencia durante otros tres meses, de acuerdo con la evaluación del comportamiento de la cosecha de la segunda campaña, ya que los campos cultivados durante la primera cosecha habían sufrido los efectos de las inundaciones. Las fuertes precipitaciones caídas en varias zonas de la región central provocaron inundaciones que causaron notables daños a los cultivos, sobre todo en las explotaciones situadas a lo largo de los ríos Zambezi, Pungue y Buzi.

No obstante, incluso a pesar de una segunda cosecha prometedora, habría un considerable número de personas que tendrían dificultades para hacer frente a las situaciones de escasez si no reciben asistencia. Hay familias en algunas zonas del sur, región que normalmente padece déficit de alimentos, así como en algunas partes de algunas provincias que no podrán, probablemente, atender sus necesidades de consumo con su propia producción ni contarán con medios para adquirir alimentos en el mercado. La población del sur no ha sido nunca autosuficiente y, por consiguiente, ha tenido que recurrir normalmente al mercado para atender sus necesidades. En lo que respeta a muchas zonas rurales con déficit de alimentos, la falta de infraestructura continúa siendo un grave obstáculo. En consecuencia, los precios suelen ser elevados para quienes tienen que recurrir al mercado. Mientras que las familias que obtienen cultivos comerciales, como el algodón y el anacardo, y las que encuentran empleos en los sectores no agrícolas pueden permitirse comprar los alimentos que necesitan, muchas personas con bajos salarios y los desempleados no tienen acceso a una alimentación suficiente.

La misión estima que, del total de las necesidades de importaciones de cereales, 102 000 toneladas deberán cubrirse con importaciones comerciales, lo que dejaría un déficit de 103 000 toneladas que deberán atenderse con ayuda alimentaria. La ayuda alimentaria de emergencia se estima en 10 000 toneladas, incluidas 1 000 toneladas de legumbres, que se pueden obtener mediante compras locales. En términos generales, las necesidades de asistencia alimentaria para 1997/98 representan el 46 por ciento de la facilitada el año comercial precedente.


Tenencia de tierras. La actual ley de tenencia de tierras de Mozambique se remonta al período colonial. Se ha redactado una nueva ley que aún debe ser examinada por el Parlamento. Toda la tierra es actualmente propiedad del Estado, que concede arrendamientos renovables a 50 años con amplios derechos de usufructo, en virtud de los cuales el titular puede vender y legar las mejoras y los derechos de acceso. La autoridad para asignar los derechos de acceso y la emisión de títulos depende de la superficie. Aunque los límites efectivos varían de acuerdo con el aprovechamiento de la tierra, las pequeñas explotaciones están sometidas a la jurisdicción y autoridades provinciales y no requieren títulos, mientras que las de mayor superficie están registradas con título y son administradas por el Ministerio de Agricultura y Pesca, y las que superan las 10 000 ha son competencia de la Comisión de Tierras. Aunque en general se considera que Mozambique es un país con abundancia de tierras, sólo entre 3 y 4 millones de una superficie cultivable estimada en 36 millones de hectáreas están clasificados como de buena calidad y de fácil acceso a los mercados. Las provincias más densamente pobladas de Maputo, Gaza e Inhambane tienen fuertes limitaciones de tierra, especialmente si se tienen en cuenta las necesidades de recogida de leña, caza y pastoreo.

Liberalización económica en Angola

En 1984 el Gobierno de Angola reconoció el fracaso de las granjas estatales y comenzó a asignar tierra y otros recursos, como insumos y asistencia técnica, a las asociaciones de agricultores. Se entablaron debates sobre la liberalización de los precios, la intensificación del papel del sector privado, la descentralización de la gestión y la concesión de mayor autonomía financiera a las empresas públicas. La caída de los precios internacionales del petróleo en 1985 y 1986 tuvo efectos catastróficos en una balanza de pagos ya bastante atribulada. Ello impulsó al Gobierno a lanzar un programa de saneamiento económico y financiero, y ese mismo año solicitó el ingreso en el FMI y en el Banco Mundial. Lo mismo que Mozambique, Angola adoptó un programa de reforma en el que se abordaban la liberalización del mercado, las distorsiones y desequilibrios macroeconómicos y la privatización. No obstante, la ruta de Angola hacia la liberalización del mercado ha sido más sinuosa y ha utilizado una serie más larga de instrumentos de política a veces más bien toscos para llegar a un fin semejante. En Angola, la planificación estuvo además obstaculizada por la reanudación de la guerra civil en 1992. Aunque el Gobierno y UNITA firmaron un nuevo acuerdo en 1994, no todas las condiciones negociadas se han hecho realidad. El plazo para la desmovilización total de los soldados y la retirada de las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas (UNAVEM III) se prolongó, y el país continúa estando física y políticamente dividido. El hecho de que no se haya garantizado todavía una paz duradera impide la aplicación de medidas de liberalización del mercado y pone en peligro los resultados económicos.

Liberalización del mercado. La liberalización del mercado comenzó gradualmente en 1988 con la eliminación de los controles de los precios de las frutas y hortalizas. En 1991, el Gobierno anuló todos los controles de precios con excepción de siete productos básicos (harina, pan, arroz, azúcar, aceite de cocina, leche condensada y jabón), a los que se asignaron restricciones poco después. El Gobierno mantuvo también precios fijos para otro grupo de artículos básicos de consumo, entre ellos los alquileres, las tarifas del transporte público, la electricidad y el agua. Actualmente hay tres conjuntos de sistemas de precios: fijos, libres y con márgenes fijos. Para complicar todavía más las cosas, los precios de mercado difieren notablemente de los precios administrados. La comunidad internacional de donantes continúa presionando para que se eliminen todos los controles de precios. En 1991, el Gobierno creó la Caixa de Crédito Agropecuario e Pescas, para las pequeñas y medianas empresas y agricultores. Por desgracia, la guerra impidió la aplicación eficaz del programa, y el crédito rural continúa siendo prácticamente inexistente en la actualidad.

La Ley de Inversión Extranjera reestructuró los impuestos para hacerlos más favorables a los inversores extranjeros. Se han abolido los contingentes de importación y el régimen de autorización del Ministerio de Comercio. No obstante, persisten graves impedimentos al comercio. Hay impuestos, derechos, prescripciones en materia de licencias y fuertes trabas burocráticas para la documentación de todas las transacciones. La complejidad del sistema se presta a abusos.

Privatización. Dos leyes promulgadas en 1988 y 1991 regularon el proceso de privatización. Dichas leyes concedían trato preferencial a los nacionales de Angola, fijaban un máximo del 49 por ciento en lo que respecta a la propiedad privada y crearon un sistema de asignación de acciones de las empresas privatizadas entre los directivos y los trabajadores. Ya en 1992, varios centenares de empresas y explotaciones agrícolas de propiedad estatal se habían fragmentado en unidades privadas más pequeñas, mediante un proceso de licitación que no se caracterizó precisamente por su transparencia. Según las previsiones, la inversión privada aumentará cuando se pueda garantizar una paz duradera.

Corrección de las distorsiones y desequilibrios macroeconómicos. La corrección de las distorsiones macroeconómicas en Angola no ha sido tan sencilla ni fructífera como en Mozambique. Para combatir la hiperinflación, el Gobierno emitió en 1990 una nueva moneda, que se devaluó un 95 por ciento el año siguiente. El Gobierno estableció luego un complejo sistema de tipos de cambio múltiple que funcionó mediante una serie de impuestos que gravaban las importaciones y exportaciones con diferentes niveles, según el tipo, uso y destino del producto. Con el fin de reducir el gasto, el Gobierno instituyó una congelación de la contratación de personal y endureció el acceso al crédito por parte de las empresas estatales. En los seis últimos años, aproximadamente dos tercios del presupuesto se ha gastado en defensa y administración. Por el contrario, la agricultura recibió por término medio sólo el 1,5 por ciento. La parte del presupuesto asignada a defensa descendió recientemente un 50 por ciento, mientras que la destinada a administración aumentó. Aunque en 1989 se introdujeron normas de contabilidad y de auditoría, el FMI y el Banco Mundial continúan ejerciendo presión para que mejoren de hecho las prácticas bancarias y los procedimientos de presentación de informes.

A pesar de la guerra, Angola ha conseguido ligeras mejoras de acuerdo con varios de los indicadores macroeconómicos estándar. La diferencia entre el tipo de cambio paralelo y el oficial ha disminuido notablemente. La inflación bajó del 4 000 por ciento en 1995 a aproximadamente el 2 000 por ciento este último año15.

Problemas de la agricultura de Angola en la actualidad

Revitalización de la producción agrícola. Angola cuenta con un excelente potencial agrícola. La diversidad de sus regiones agroecológicas hace posible la producción de cultivos tanto templados como tropicales, y según las previsiones la ganadería volverá a desempeñar de nuevo un papel importante dentro de este sector. Si bien la minería, incluida la extracción de petróleo y diamantes, continúa ocupando la parte más importante del PIB, la agricultura es todavía un sector decisivo de la economía angoleña, ya que representa aproximadamente el 20 por ciento del PIB. A pesar de las perturbaciones causadas por la guerra, más del 80 por ciento de la población vive todavía de la agricultura.

Como consecuencia de la reanudación de la guerra en 1992, la violencia, el bandidaje y el vandalismo en las tierras agrícolas se recrudecieron fuertemente; la infraestructura rural se destruyó por completo, y el país quedó sembrado de minas terrestres. En consecuencia, muchos agricultores y hasta los habitantes de aldeas enteras optaron por huir en busca de la relativa seguridad de los centros urbanos, y la producción agrícola cayó precipitadamente, sobre todo en las zonas del MPLA. Como la UNITA dependía de las fuentes locales para obtener su suministro alimentario, molestó a los productores lo menos posible e incluso facilitó algunos servicios de extensión. Hasta ahora, el país continúa estando dividido, a pesar de la eliminación de la mayor parte de los puntos de control. El peor año en lo que se refiere a la producción de cereales y de yuca fue 1993/94. No obstante, en 1996/97 casi la mitad de las necesidades de consumo de cereales deberán atenderse gracias a la ayuda y a las importaciones comerciales, aun cuando la producción de cereales creció un 10 por ciento entre 1995/96 y 1996/97.

Angola se encuentra en una fase inicial de reasentamiento. Muchas familias rurales se han asentado en forma temporal y tienen intención de continuar su migración por etapas. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y las organizaciones no gubernamentales (ONG) continúan distribuyendo, alimentos y semillas y aperos agrícolas. El PMA prevé que 1998 será el último año de intervención en ayuda alimentaria por su parte. Existe cierta preocupación de que los jóvenes que están actualmente concentrados en los centros urbanos quizá no deseen volver a adoptar el estilo de vida rural que dejaron atrás. No obstante, las zonas rurales están comenzando a normalizarse y, en consecuencia, las actividades de comercialización se han recuperado gradualmente. Se prevé que este proceso continúe en la medida en que se vaya incrementando la libertad de movimientos.

El actual programa del Gobierno en el sector de la agricultura se centra lógicamente en la rehabilitación y fortalecimiento de la capacidad; no obstante, los fondos para esas actividades proceden en su mayor parte de donantes y no del presupuesto nacional. La comunidad de donantes, en colaboración con el Gobierno de Angola ha establecido el Programa de Rehabilitación Comunitaria. Como el PROAGRI de Mozambique, aunque sin limitarse exclusivamente al sector agrícola, se trata de un programa integrado que coordina las iniciativas de los donantes.

Habida cuenta de la actual atención a los mercados, la escasez de mano de obra agrícola y los precedentes históricos, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ha propuesto un programa en el que se hace hincapié en la tracción animal, uso de fertilizantes y empresas agrícolas comerciales privadas. En la actualidad, los donantes, las ONG y los institutos internacionales de investigación están esforzándose por reconstruir y mejorar la existencias de semillas locales.

Inspirar mayor confianza. Un impedimento grave al progreso de Angola es la falta de confianza en casi todos los aspectos de la vida angoleña, tanto políticos como económicos y sociales. La reanudación de la guerra en 1992 y los continuos aplazamientos del proceso de reconciliación ponen en tela de juicio las perspectivas futuras de consolidar la paz. Muchos angoleños temen por su seguridad física. En 1990, el Gobierno asestó un golpe devastador a la ya frágil confianza de la opinión pública en la moneda. Al emitir los billetes en nuevos kwanza, los billetes antiguos se cambiaron a la par con los nuevos, pero se distribuyó en efectivo únicamente un 5 por ciento del valor: el resto debería convertirse en valores del Estado. La población rural, incapaz de efectuar el cambio, acabó quedándose con los viejos billetes que carecían totalmente de valor, mientras que, para quienes fueron capaces de conseguir nuevos billetes, el máximo del 5 por ciento representaba una cantidad insuficiente para cubrir sus necesidades inmediatas de cambio, incluida la alimentación.

Abundancia de petróleo y diamantes. Angola tiene la fortuna de contar con recursos de petróleo y diamantes. Sólo el petróleo representa nada menos que el 90 por ciento de las exportaciones y la mitad del PIB16. Paradójicamente, el carácter sumamente lucrativo de este sector representa al mismo tiempo una maldición. Los enormes ingresos de exportación tienden a provocar crónicamente la sobrevaloración de la moneda local y una presión inflacionista, especialmente cuando el Gobierno prefiere gastar esos ingresos a invertirlos. Algunos opinan que el Gobierno se muestra interesado por este sector a expensas de otros socialmente más importantes, como la agricultura, la educación y la salud.

Tenencia de tierras. Angola promulgó recientemente una nueva ley de tierras. Como en Mozambique, el Estado es propietario de la totalidad de la tierra y concede amplios derechos de acceso en forma de arrendamientos a largo plazo. Por desgracia, la ley presenta algunos problemas. Permite que algunos ministerios concedan independientemente derechos de acceso, y hay varios catastros diferentes que se encargan de las actividades de cartografía y registro de la información sobre la tierra. Bajo esta forma de administración, es probable que diversos usuarios reciban derechos a la misma parcela de tierra, lo que hace inevitables los conflictos.

Conclusiones

La reforma macroeconómica y la liberalización del mercado han contribuido sin duda a la estabilización económica tanto en Mozambique como en Angola. No obstante, después de tres decenios de disturbios civiles, el factor más importante es el establecimiento de la paz. Ahora se hace hincapié en la rehabilitación y en la creación de condiciones que favorezcan el desarrollo, proceso en el que se incluyen las recientes reformas macroeconómicas de ajuste. Actualmente, la comunidad de donantes está patrocinando programas de rehabilitación. El futuro de ambos países depende en gran parte de la forma en que tenga lugar esta reconstrucción. En lo que respecta al sector agrícola, las cuestiones más importantes son la garantía de la seguridad personal, la recapitalización, los aumentos de la producción, las mejoras de la productividad, la diversificación de la producción comerciable, la creación de oportunidades de mercado y de vinculaciones agroindustriales y el desarrollo de la capacidad humana e institucional. En la base de estos problemas se encuentra la necesidad de financiamiento rural y de unos derechos de propiedad de la tierra más claros y menos conflictivos.

1 En esta sección se estudian los países subsaharianos; los países de Africa del Norte se examinan en el contexto del Análisis por regiones que trata del Cercano Oriente y Africa del Norte.

2 FMI. 1997. Perspectivas de la economía mundial. Washington, D.C.

3 Economist Intelligence Unit. Country Report – Mauritania (primer trimestre de 1997).

4 Véase FAO. 1995. El estado mundial de la agricultura y la alimentación 1995. Roma.

5 Economist Intelligence Unit. Country Report – South Africa (primer trimestre de 1997).

6 Economist Intelligence Unit. Country Report – Ethiopia (primer trimestre de 1997).

7 Banco Mundial. 1994. Angola strategic orientation for agricultural development: an agenda for discussion. Washington, D.C.

8 Banco Mundial. 1996. Mozambique agricultural sector memorandum. Volume II. Main report. Washington, D.C.

9 Tinker, V. 1992. Structural adjustment and agricultural pricing in Mozambique. Review of African Political Economy, 53: 25-42.

10 Southern African Economist. Julio de 1993. Drumming up investment.

11 Banco Mundial. 1993. Mozambique policy framework paper for 1994-96. Washington, D.C.

12 Programa Nacional de Desenvolvimento Agrário (PROAGRI): versión III. 1996. Maputo, Ministerio de Agricultura y Pesca.

13 Unos 10 000 mozambiqueños han sido víctimas de las minas terrestres; 8 000 de ellos sufrieron amputaciones. Se estima que hay todavía centenares de minas sin detectar.

14 Boletin de Segurança Alimentar, 1991/92. Maputo, Departamento de Seguridad Alimentaria, Ministerio de Comercio.

15 FAO. 1996. Agriculture and macroeconomy: linkages and sector policy. Angola agricul-tural recovery and develop-ment options review. Working Paper No. 14. Roma.

16 Banco Mundial. 1994. Angola: strategic orientation for agricultural development. Washington, D.C.

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