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ASIA Y EL PACIFICO

RESUMEN REGIONAL

Novedades económicas

Los países en desarrollo de Asia y el Pacífico siguieron teniendo un crecimiento económico superior al de otras regiones durante 1996, si bien algunas economías de la región crecieron sólo moderadamente. El crecimiento medio del PIB real en Asia y el Pacífico fue del 8,2 por ciento en 1996, cifra ligeramente inferior a la del 8,9 por ciento registrada en 1995, pero suficiente para representar un incremento sustancial de los ingresos per cápita. El crecimiento acumulativo de la región entre 1991 y 1996 superó el 50 por ciento. En 1996 continuó reduciéndose el crecimiento de China, incluyendo la Provincia de Taiwan, pero fue del 9,7 por ciento, lo que hizo que la economía de este país creciera más que las del resto del mundo. El crecimiento de la India, el otro gigante de Asia, fue del 6,8 por ciento. En las nuevas economías industriales de Hong Kong, la República de Corea y Singapur, se registró una reducción de sus importantes sectores exportadores y su tasa de crecimiento general disminuyó del 7,5 por ciento en 1995 al 6,3 por ciento en 1996. El crecimiento económico del Asia sudoriental se redujo del 8,1 al 7,1 por ciento, como consecuencia del descenso de las importaciones y de la aplicación de políticas monetarias y fiscales más estrictas. En el Asia meridional, continuaron las reformas estructurales y las economías crecieron en conjunto un 6,5 por ciento durante 1996. Se espera que el crecimiento económico real de la región de Asia y el Pacífico se mantenga más o menos estable en una cifra superior al 7 por ciento anual en 1997 y 199817.

Figura 8A

Figura 8B

El comercio y la inversión continuaron desempeñando una función decisiva en el desarrollo de la región, la cual volvió a fortalecer en 1996 su posición como principal destino entre todas las regiones en desarrollo para la inversión extranjera directa, absorbiendo más de la mitad del flujo total dirigido a países en desarrollo. Aunque han aumentado los déficit de cuenta corriente de la región, en general esto se debió al incremento de las importaciones de bienes de capital para apoyar el alto nivel de inversión y no a un crecimiento del consumo. En el conjunto de los países en desarrollo de Asia y el Pacífico, el crecimiento de las exportaciones disminuyó del 21,8 por ciento en 1995 a apenas el 4,6 por ciento en 1996. Este descenso con respecto a las insostenibles tasas de crecimiento de las exportaciones de 1995 se debió en gran medida a la caída de la demanda de algunos de los principales artículos de exportación de la región, sobre todo los electrónicos, en los países más industrializados. Otros factores son la reducción del crecimiento económico y de la demanda de importación dentro de la región (debida, en el caso notable de China, a medidas para impedir el recalentamiento de la economía con efectos detonadores para las exportaciones de Hong Kong) y las restricciones a las importaciones para mantener la balanza comercial dentro de los límites prescritos.

Uno de los principales problemas para las economías en desarrollo de Asia es la medida en que la reducción de las exportaciones se debe también a una pérdida de compe-titividad, es decir, si refleja factores estructurales y no meramente cíclicos. Las altas tasas de inversión, educación y crecimiento económico de la región han hecho que los países pierdan sus ventajas comparativas. Al cabo del tiempo, los atascos en el suministro interno, los cambios en las políticas fiscales, la apreciación continua del tipo de cambio real, los cambios relativos en los precios de los medios de producción o las modificaciones en la composición de la demanda de exportación pueden perjudicar a las exportaciones, si no se introducen ajustes estructurales. Algunos países, como Tailandia, se enfrentan con una competencia cada vez mayor de otros países asiáticos que producen con costos menores (como China y Viet Nam) por lo que el mantenimiento de un fuerte crecimiento económico en dichos países dependerá de que reajusten continuamente la combinación de sus productos y tecnologías de producción. Se enfrentan con estos mismos problemas otros países industrializados o en vías de industrialización.

Durante casi dos decenios China, que es el país con mayor población del mundo, ha aplicado reformas y ha registrado un crecimiento económico y una mejora de las condiciones de vida extraordinarios. El crecimiento del PIB real del 9,7 por ciento alcanzado por el país en 1996 siguió siendo un ideal para la mayoría de los países pero, para mantener controlada la inflación, se ha ido reduciendo gradualmente con respecto al punto máximo de más del 14 por ciento alcanzado en 1992. Se ha conseguido esto mediante estrictas políticas fiscales y monetarias, así como aplicando nuevas normas sobre la bancarrota de las empresas de propiedad estatal. China sigue siendo el destino más común de la inversión extranjera directa en el mundo en desarrollo y continúa incrementando su participación en las exportaciones de ropa, tejidos y maquinaria ligera en los mercados mundiales.

La India ha continuado registrando mejoras económicas gracias al programa de liberalización emprendido en 1991. En 1996 el crecimiento del PIB real se mantuvo fuerte en un 6,8 por ciento, impulsado por un crecimiento del 9 por ciento del sector industrial y gracias a la novena estación monzónica favorable consecutiva. Si los monzones siguen siendo favorables, se espera que el crecimiento económico anual se mantendrá en un 7 por ciento durante los dos próximos años. El reto principal a plazo medio será la movilización de suficientes recursos de inversión para financiar las masivas necesidades de inversión en infraestructura del país.

En las nuevas economías industrializadas, el crecimiento frenó algo en 1996, debido principalmente a la débil demanda de productos electrónicos en los Estados Unidos y Europa, que perjudicó a las exportaciones de la República de Corea, Singapur y la provincia de Taiwan de China. La apreciación del dólar estadounidense, al que Hong Kong vincula su propia moneda, y la reducción de las exportaciones de China (así como de las reexportaciones de Hong Kong) hicieron que disminuyera el volumen de las exportaciones y el crecimiento general en el territorio. Sin embargo, la demanda interna aumentó mucho en la segunda mitad de 1996, y parece que la confianza de los consumidores y empresarios ha sido notable desde que Hong Kong se ha trasformado en región administrativa especial de China. El crecimiento de la economía de la República de Corea se redujo a causa de una menor expansión de la inversión y de las exportaciones, y a que se duplicó con creces su déficit de cuenta corriente. La liberalización económica relacionada con el ingreso de Corea a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en 1996 provocará nuevos cambios estructurales durante los próximos años. También se redujo el crecimiento en Singapur durante 1996, al debilitarse la demanda de exportación de productos electrónicos y debido al hundimiento del sector de servicios financieros y empresariales.

El Asia sudoriental ha seguido en general la estrategia del crecimiento de las exportaciones de productos manufacturados aplicada por las nuevas economías industriales, pero en muchos casos en mercados internos mucho mayores y sectores agrícolas más sólidos. El crecimiento económico se mantuvo sólidamente en Camboya en un 6 por ciento durante 1996, impulsado por la producción de energía y la construcción, y con el apoyo de una inversión en notable crecimiento, especialmente la extranjera. El crecimiento real del PIB en Indonesia disminuyó ligeramente al 7,8 por ciento en 1996, debido a que se aplicaron medidas monetarias y fiscales más estrictas para limitar la inflación y reducir el déficit de cuenta corriente. Sin embargo, las perspectivas para el futuro próximo siguen siendo halagüeñas teniendo en cuenta la sólida demanda interna, el aumento de la inversión extranjera y los progresos en la desreglamentación. En Laos el crecimiento real de PIB volvió a ascender al 7,2 por ciento gracias a que las inversiones se mantuvieron sólidas, aumentaron el comercio y la recaudación de impuestos y la inflación se mantuvo moderada. La agricultura, en particular la de secano, sigue siendo el sector económico dominante, si bien el rendimiento económico general depende de las irregularidades meteorológicas. En Malasia se redujo el crecimiento del PIB, aunque se mantiene en el elevado nivel del 8,2 por ciento, debido a la aplicación de políticas monetarias más estrictas para limitar el déficit de cuenta corriente, pero los planes de proyectos masivos de infraestructura deberían sostener el crecimiento. Myanmar alcanzó un crecimiento del 6 por ciento en 1996, gracias al tiempo favorable que permitió obtener cosechas excelentes e incrementar notablemente las exportaciones de arroz. Las medidas de reforma introducidas después de 1990 han hecho que sea este el quinto año consecutivo de buen crecimiento económico. En Filipinas, bajo la influencia de las reformas en curso, ha aumentado el crecimiento del PIB alcanzando el nivel del 5,5 por ciento en 1996, y se registran altas tasas de inversión de capitales tanto extranjeros como internos. En Viet Nam el crecimiento económico se mantuvo en el 9,5 por ciento en 1996 gracias al rendimiento del sector industrial. La producción agrícola alcanzó su objetivo, pese al mal tiempo padecido en zonas del país, mientras que se redujo la inflación al 6 por ciento.

En el Asia meridional, el proceso de reforma económica empezó más tarde que en la mayoría de las demás zonas de Asia y las reformas, aunque son positivas, no se han acabado de aplicar. Aun así, el PIB real siguió creciendo a razón del 6,5 por ciento en 1996, lo que representa algo más que el 6,4 por ciento logrado en 1995. En Bangladesh el nivel de crecimiento fue algo más modesto, el 4,7 por ciento, ya que se retrasó la aplicación de las reformas, los desembolsos de inversión y de ayuda fueron menores de lo previsto y se redujeron las exportaciones. En Nepal, la recuperación del sector agropecuario gracias a que el tiempo fue más favorable impulsó el crecimiento económico general en 1996, apoyado por el desarrollo de la industria y el turismo. En Pakistán, el PIB aumentó el 5,9 por ciento en 1996, pero la inflación se mantiene en cifras de dos dígitos, ya que las dificultades en la movilización de los ingresos volvieron a provocar un persistente déficit presupuestario. Por ello, se redujo el ahorro interno, lo mismo que el crecimiento de las exportaciones, lo que obligó a aplicar nuevas medidas de estabilización. Sri Lanka siguió padeciendo las consecuencias del alto costo de la defensa, agravadas por la sequía, mientras que la reducción de la producción agrícola y el escaso rendimiento del sector industrial limitaron el crecimiento de las exportaciones.

Las medidas de reforma que se han empezado a aplicar en todo el Asia meridional, juntamente con la posible expansión del comercio interregional como propugna la Asociación del Asia Meridional para la Cooperación Regional (SAARC), hacen que el subcontinente tenga una sólida base para mantener su crecimiento. La expansión y aplicación ulterior de las reformas determinarán la sostenibilidad de estas tasas de crecimiento más elevadas.

Resultados agrícolas

En China, la cosecha de cereales de 1996 alcanzó un nivel sin precedentes por segundo año consecutivo ascendiendo a 436 millones de toneladas, lo que permite seguir reduciendo las importaciones de cereales y aumentando las existencias, así como acortar la diferencia entre los precios de compra estatales y del mercado. La producción agrícola total aumentó el 3,4 por ciento, y fue notablemente inferior al promedio del 8,9 por ciento logrado en 1993-95, lo que se debió al mal rendimiento de las cosechas de productos no alimenticios. La producción de alimentos aumentó un 4,2 por ciento, gracias al buen tiempo y a la subida de los precios de compra estatales. La cosecha récord de cereales y el gasto elevado del Gobierno en el sector agrícola hicieron aumentar notablemente los ingresos rurales, lo que contribuyó a reducir el crecimiento de la disparidad entre los ingresos urbanos y rurales. La mala cosecha de algodón y la subida de los precios de este producto hicieron disminuir las exportaciones de productos textiles en 1996.

En la India, la producción agrícola aumentó marginalmente el 0,5 por ciento en 1996, debido a que la producción de cereales se mantuvo prácticamente inalterada con respecto al año precedente en el volumen de 214 millones de toneladas. Desde 1990-91 hasta 1996-97, el promedio del crecimiento de la producción anual de cereales ha sido sólo el 1,7 por ciento, tasa inferior a la del crecimiento demográfico anual del país que es del 1,9 por ciento. El volumen récord de las exportaciones alcanzado en 1995/96, juntamente con las primeras exportaciones de trigo efectuadas por este país desde 1947, hicieron que el valor total de las exportaciones agrícolas ascendiera a 5 700 millones de dólares, mientras que el de las importaciones agrícolas, cuyo volumen está limitado por aranceles, licencias, acuerdos de comercialización estatal y una serie de barreras no arancelarias, disminuyó a 1 900 millones de dólares, pese a que se triplicaron con creces las importaciones de aceites vegetales. El primer presupuesto del Gobierno de coalición del Frente Unido incluía un aumento de las subvenciones para riego, fertilizantes y equipo agrícola, así como asignaciones para suministrar a las familias clasificadas por debajo de la línea de pobreza cereales a precios inferiores en un 50 por ciento al precio normal del producto. Se incrementaron también los créditos para infraestructura rural e inversiones en horticultura, floricultura y elaboración de alimentos. El sector agrícola sigue empleando a casi el 70 por ciento de la población económicamente activa y representa aproximadamente el 30 por ciento del PIB.

No obstante las amplias variaciones registradas en los últimos años, el crecimiento de la producción agrícola de la República de Corea ha sido en general superior al de la población, lo que ha permitido lograr un incremento anual del 1,6 por ciento de la producción de alimentos per cápita durante 1991-1996. El país constituye un gran mercado en crecimiento para los alimentos de consumo. El valor de las importaciones de alimentos destinados al consumidor superó los 2 000 millones de dólares en 1995, después de lo cual se redujo notablemente, pero todavía superó los 700 millones de dólares en 1996. Elevadas barreras arancelarias y no arancelarias protegen a los productores internos, los cuales son en general agricultores que producen en pequeña escala y con costos elevados y con una orientación de política hacia la producción arrocera. Sin embargo, en virtud de sus compromisos de acceso mínimo a los mercados con arreglo a la Ronda Uruguay, la República de Corea se verá obligada a importar arroz por lo menos de conformidad con lo estipulado en dicho plan de acceso. Para ayudar al sector rural del país a ajustarse a las consecuencias de sus compromisos de la Ronda Uruguay, el Gobierno ha aprobado un impuesto especial de 10 años, cuya recaudación se destinará a las aldeas rurales más afectadas y a la aplicación de un plan quinquenal de desarrollo agrícola encaminado a elevar la competitividad internacional, fomentar las industrias rurales y mejorar el bienestar de la población rural.

En la República Popular Democrática de Corea la situación del suministro alimentario interno era muy precaria después de varios años de malos rendimientos agrícolas (la producción de alimentos per cápita disminuyó un 3 por ciento al año entre 1991 y 1996). Las perspectivas para 1997 son también malas como consecuencia de las graves inundaciones que se han padecido en dos años consecutivos. Aunque se estima que la producción de cereales de 1996 es algo mayor que la de 1995, gran parte de la cosecha se consumió prematuramente debido a la grave escasez de alimentos.

El Gobierno de Indonesia, en consonancia con los beneficios que se espera obtener en el Asia sudoriental como consecuencia de las medidas unilaterales de liberalización y con el fin de combatir la inflación, ha eliminado reglamentos y ha reducido los aranceles de muchas de las importaciones de productos agrícolas a granel, como medida para cumplir sus compromisos con la Organización Mundial del Comercio (OMC) y aplicar el sistema de arancel preferencial efectivo común de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN). El Gobierno ha establecido también normas para el contenido máximo tolerable de residuos de plaguicidas y para la manipulación, etiquetado y venta de todos los alimentos. Se halla en rápida expansión la producción de harina de trigo y de piensos para los animales, así como la elaboración de alimentos y las industrias textiles. Aunque la producción agrícola ha crecido mucho más que la población durante el pasado decenio, la contribución del sector al PIB ha disminuido a un 17 por ciento, frente al 24 por ciento a comienzos de los años ochenta. Sin embargo, el sector agrícola sigue aportando casi el 45 por ciento del empleo.

Siguiendo también las orientaciones de la ASEAN hacia una mayor liberalización económica, Malasia, con su plan septenal, trata de conseguir más inversiones del sector privado para incrementar la capacidad y la mecanización. Los programas de producción agrícola en el ámbito de dicho plan tratan de elevar la competitividad de las exportaciones reduciendo los costos e incrementando la producción de artículos de alto valor. En los últimos años la producción agrícola creció a razón del 2,8 por ciento al año. Sin embargo, como los sectores industrial y de los servicios han crecido mucho más rápidamente, la agricultura aporta actualmente sólo el 14 por ciento del PIB, frente al 22 por ciento a comienzos de los años ochenta.

En Filipinas, el sector agrícola se recuperó en 1996 en que, por término medio, aumentaron tanto la producción como los precios. El crecimiento de los ingresos provocó una mayor demanda de carne y otros alimentos e insumos importados (incluidos los cereales pienso). Los efectos de la larga escasez de inversiones públicas en infraestructura rural, recursos humanos e investigación y desarrollo resultan evidentes, ya que la producción interna es cada vez más incapaz de satisfacer las necesidades de alimentos de una población en rápido crecimiento. En 1996, el Gobierno sustituyó las restricciones cuantitativas de las importaciones de productos agrícolas con la aplicación de aranceles, lo que representa un paso considerable para llegar a cumplir los acuerdos de la OMC e integrar su sector agrícola en la economía mundial.

En cuanto a Tailandia, la reducción de los precios limitó el crecimiento del valor de sus exportaciones agrícolas en 1996, agravando así las dificultades comerciales del país. Aumentaron, en cambio, las importaciones agrícolas, sobre todo de piensos para el ganado, pese a que se limitó a abril-junio el período para la importación de maíz y se mantuvo un régimen de contingentes arancelarios para el maíz y los productos de soja.

El sector agrícola del Pakistán creció un 6,7 por ciento en 1995/96, después de haber conseguido un nivel relativamente alto del 5,9 por ciento en 1994/95, lo que se debió principalmente al aumento de la producción agrícola y pesquera. Pese a la escasez de fertilizantes y a la subida de sus precios como consecuencia de la retirada de las subvenciones, se consiguió este crecimiento gracias a que la producción agrícola se benefició de buenas condiciones meteorológicas, disminuyó la incidencia de las plagas y se utilizaron tecnologías mejores de producción. Se dedicaron más tierras a la producción de algodón, en detrimento de la caña de azúcar, y el aumento de las exportaciones de algodón en bruto hizo que la parte de los productos básicos primarios en las exportaciones totales fuera mayor.

Problemas y perspectivas para la agricultura regional

Para la gran mayoría de la población de Asia y el Pacífico, la seguridad alimentaria está vinculada a la producción de cereales. El arroz y el trigo aportan, respectivamente, el 37 y el 19 por ciento del consumo de calorías de la región. Gracias a que la producción de cereales de la región ha sido relativamente buena, su relación de autosuficiencia se ha mantenido alta, puesto que, aunque disminuyó ligeramente, del 97,9 al 96,2 por ciento, en el Asia oriental (incluida China) entre 1969-71 y 1988-90, mejoró algo durante el mismo período en el Asia meridional, del 98 al 102 por ciento. Como la autosuficiencia en cereales se ha mantenido elevada y han crecido las exportaciones totales, la parte de los ingresos de exportación de la región dedicada a las importaciones de alimentos disminuyó del 16,1 por ciento en 1970-72 a apenas el 5,1 por ciento en 1990-92.

La mejora de las disponibilidades de alimentos en la región contribuyó a reducir la parte de la población que padece carencias nutricionales, si bien hay todavía en Asia y el Pacífico 500 millones de personas que padecen desnutrición crónica y otros muchos millones más se ven afectados por carencias dietéticas. Los trastornos en el suministro de alimentos provocados por fuerzas naturales o del mercado pueden ser catastróficos para la seguridad alimentaria de estas poblaciones, en particular, y de la población de la región en general.

La creciente densidad de población, la degradación del medio ambiente, la emigración a zonas vulnerables y las variaciones climáticas han hecho que Asia y el Pacífico sea la región del mundo más expuesta a las catástrofes. Cada año se producen en la región un promedio de 35 catástrofes naturales, lo que representa aproximadamente el 60 por ciento de las que ocurren en todo el mundo. En Bangladesh las inundaciones de 1987 redujeron en 35 millones la producción arrocera que no superó el 82 por ciento del total normal nacional. En 1991, las inundaciones malograron también el 5 por ciento de la cosecha anual de China, destruyendo 4 000 almacenes de cereales e inundando otros 3 400. Por otra parte, en China se suelen producir sequías en el norte e inundaciones en el sur. También suelen producir estragos los ciclones, terremotos, erupciones volcánicas, incendios, infestaciones de plagas y otros fenómenos naturales. Según cálculos del Banco Asiático de Desarrollo, las pérdidas materiales causadas por catástrofes naturales en Asia y el Pacífico ascendieron a unos 10 000 millones de dólares en 1990-91.

Estos fenómenos naturales catastróficos trastornan los sistemas de producción, almacenamiento, mercadeo o distribución y tienen consecuencias tanto inmediatas como a largo plazo. Sus efectos pueden ser especialmente devastadores para las familias más pobres, por lo que es importante aplicar estrategias en favor de los hogares a fin de paliar tales efectos. Por ejemplo, para mitigar los efectos de la sequía, los hogares recurren a diversificar los ingresos, a préstamos, a compartir sus productos, a vender sus bienes y a reducir o diversificar su consumo.

Para aplicar estrategias nacionales de prevención y gestión de las inundaciones y tormentas se requieren medidas tanto estructurales como no estructurales, muchas de las cuales deben integrarse en los planes de desarrollo rural. Las medidas estructurales son las relacionadas con la construcción de embalses y diques, así como la mejora de las orillas desbordables y la canalización de los ríos. Las medidas no estructurales consisten en mantener reservas suficientes de alimentos, sistemas nacionales de información y alerta sobre la alimentación, una capacidad de suministro de socorros de urgencia y un plan de contingencia de socorros alimentarios. En muchos casos estos elementos son muy insuficientes y se carece de ellos o no están bien integrados en los países más pobres. Entre los esfuerzos a plazo más largo cabe señalar la reducción al mínimo de la deforestación, la iniciación de operaciones de reforestación y otras medidas de conservación, la limitación o reducción de los asentamientos en zonas expuestas a catástrofes y la inversión en una infraestructura apropiada tanto material como de educación, empleo y actividades de generación de ingresos en tales zonas.

Los sistemas públicos de distribución han desempeñado una función importante para proteger a los grupos vulnerables en Asia y el Pacífico, ya que han solido llegar a satisfacer el 25 por ciento de las necesidades del consumo en China, el 12 por ciento en la India, el 8 por ciento en Indonesia, el 9 por ciento en Filipinas y hasta el 35 por ciento en Malasia. A medida que se reducen estos sistemas para incrementar la eficiencia, resulta más evidente la necesidad de hacerlos más selectivos.

Las importaciones son muy importantes para la estabilización de los suministros en muchos países con déficit de cereales, especialmente los que no producen trigo y tradicionalmente importan grandes cantidades de cereales, como Bangladesh, China, Pakistán y la República de Corea. Según las proyecciones del estudio de la FAO, Agricultura mundial: hacia el año 201018, en dicho año habrá que recurrir a importaciones masivas de trigo en los países tropicales, de arroz en los lugares donde los costos de producción son altos y los compromisos de comercio multilateral limitan o prohiben el proteccionismo, y de maíz en los que la producción ganadera está creciendo rápidamente.

El recurso a las importaciones puede ser una forma eficaz en función del costo de satisfacer la demanda, pero puede entrañar el riesgo de resultar imposible a causa de subidas pronunciadas de los precios o déficit de producción en los países abastecedores, de guerras u otros acontecimientos que pongan en peligro los envíos o de sanciones comerciales o desviaciones de los productos por motivos políticos. También se plantean dificultades comerciales más normales en relación con las fluctuaciones del tipo de cambio, escasez de reservas de divisas y limitaciones de la capacidad de los puertos o de los servicios de almacenamiento y manipulación. Algunos de estos riesgos pueden mitigarse mediante la concesión de incentivos para la acumulación de existencias de propiedad privada, el depósito preventivo de existencias gubernamentales en zonas deficitarias, la elaboración de planes de seguridad alimentaria regional, la mejora de los sistemas de alerta y la negociación de acuerdos de importación de alimentos a largo plazo. La ASEAN y la SAARC han adoptado ya medidas en esta dirección, creando sistemas de intercambio de información sobre los alimentos, de préstamos para la adquisición de los mismos y de reservas alimentarias de emergencia de ámbito subregional.

La reducción de las pérdidas y la mejora de las medidas de control de existencias pueden hacer que los niveles considerados el mínimo necesario para las existencias de emergencia sean menores. Además, muchos países en desarrollo de Asia y el Pacífico podrían aumentar la eficiencia de sus sistemas de comercialización de alimentos. En parte podría conseguirse esto mejorando la infraestructura de transporte, comercialización y energía. También la tendencia de la región a reducir la intervención estatal está produciendo estructuras de incentivos más claras y una mayor eficiencia en la asignación de los recursos.

Para paliar las amenazas a la seguridad alimentaria regional debidas al déficit de suministros, hay que adoptar medidas importantes, como las que se han indicado más arriba, que permitan incrementar la producción de alimentos, generar empleo e ingresos y mitigar los efectos negativos a plazos corto y mediano que las catástrofes naturales ejercen en la situación nutricional. Los esfuerzos de cooperación regional que se están difundiendo rápidamente en toda la región de Asia y el Pacífico, junto con las actividades del Centro asiático de preparación para las catástrofes, ofrecen medios importantes para reducir los obstáculos al comercio y compartir la información, la tecnología y los recursos alimentarios de urgencia con el fin de alcanzar estas metas.

BANGLADESH

Características socioeconómicas

Pese a los notables progresos económicos y sociales logrados en los últimos veinte años, Bangladesh figuró entre los países más pobres del mundo. Su producto nacional bruto (PNB) per cápita (220 dólares) es inferior tanto al de Pakistán (430 dólares) como al de la India (320 dólares), por lo que está clasificado entre los 13 países más pobres de los 133 de la clasificación de 1996 del Banco Mundial19. Con una población de 120 millones de habitantes que viven en una superficie limitada de 147 570 km2, Bangladesh es uno de los países con mayor densidad de población del mundo, ya que su población relativa es de 800 habitantes por km2. Se calcula que, con las tasas actuales de crecimiento demográfico (2,17 por ciento), su población total podría llegar a ser de 175 millones de habitantes dentro de 25 años20. La población urbana está creciendo rápidamente, a razón del 5,3 por ciento anual de 1980 a 1993, pero el 83 por ciento de los habitantes siguen viviendo en zonas rurales.

El 50 por ciento de la población de Bangladesh vive por debajo de la línea de pobreza absoluta21 y aproximadamente el 40 por ciento de la fuerza de trabajo efectiva se halla desempleada. En Bangladesh la pobreza está íntimamente relacionada con la propiedad de la tierra. Los hogares prácticamente sin tierras (menos de 0,2 ha) constituyen el 65 por ciento de la población pobre, mientras que los propietarios agrícolas marginales (entre 0,2 y 1,6 ha) representan otro 21 por ciento. El número de personas en indigencia absoluta aumentó entre 1985 y 1992, especialmente en las zonas rurales, pero estudios recientes indican que en los últimos años se ha registrado una ligera mejora. Se señala que la proporción de la población que vive por debajo de la línea de pobreza ha disminuido del 57,5 por ciento en 1987 al 51,7 por ciento en 199422. La predominancia de la pobreza extrema es mucho mayor en los hogares cuya cabeza de familia es una mujer, los cuales pueden sumar una población total de más de 4 millones de personas. Más del 95 por ciento de estos hogares encabezados por una mujer se hallan por debajo de la línea de pobreza y un tercio de ellos figuran entre los de indigencia absoluta23. Sus ingresos son en promedio un 40 por ciento más bajos que los de los hogares encabezados por hombres.

Más del 62 por ciento de la población de Bangladesh es analfabeta y el país padece los niveles más altos de desnutrición y malnutrición del mundo. Aunque las tasas de mortalidad de lactantes y niños pequeños han disminuido desde mediados de los años ochenta, se considera que la malnutrición afecta todavía al 84 por ciento de los niños de menos de 5 años. Durante siglos, las consideraciones culturales predominantes en esta región han desfavorecido a la mujer. El hecho de que la mujer coma la última y la que menos es muy común, lo que hace que, en contraposición a la norma mundial, la esperanza de vida sea inferior para las mujeres que para los hombres en Bangladesh. Las mujeres de Bangladesh son las más vulnerables a las deficiencias dietéticas y, por ello, registran una de las tasas de mortalidad materna más elevadas del mundo, es decir, 490 por 100 000 nacidos vivos en las zonas rurales, lo que es debido en gran medida a la mala nutrición de las mujeres embarazadas. El estado nutricional de la población pone de relieve notables diferencias en el consumo de alimentos.

A pesar de estos indicadores socioeconómicos persis-tentemente difíciles, ha habido algunas novedades positivas en los últimos años. La economía ha crecido más del 4 por ciento al año desde 1992, frente a un crecimiento medio anual del 2,1 por ciento en los 12 años anteriores. El porcentaje de alfabetización, aunque es todavía relativamente bajo, aumentó del 32 por ciento en 1991 al 38 por ciento en 1995: la inscripción en las escuelas primarias ha aumentado más del 50 por ciento desde 1990, y la mitad de este porcentaje está constituido por niñas; la tasa de mortalidad infantil (por 1 000 nacidos) se ha reducido de 94 en 1990 a 77 en 1994; la tasa de fecundidad ha disminuido notablemente, de 4,3 hijos por mujer en 1990 a 3,4 en 1995; y la cobertura de la planificación familiar es realmente extraordinaria: el 45 por ciento de las mujeres casadas de menos de 50 años utilizan ahora anticonceptivos, frente al 25,3 en 198524.

Política macroeconómica y resultados

La política económica de los años setenta y ochenta se expresó en una serie de planes quinquenales. Las políticas económicas que aplicaron los distintos gobiernos durante esos años rara vez alcanzaron sus fines, en parte porque los objetivos no eran realistas y, en parte, por una serie de problemas planteados como consecuencia de la subida de los precios mundiales del petróleo, catástrofes naturales o trastornos políticos.

Desde fines de los años ochenta, Bangladesh ha aplicado reformas de ajuste estructural. Las políticas han tenido por objeto la liberalización de la economía basándola en el mercado a fin de incrementar el crecimiento económico, principalmente mediante la reducción de la función del Gobierno y fomentando el sector privado.

Se han empezado a aplicar en Bangladesh varias reformas estructurales relacionadas con los impuestos, las finanzas, el comercio y las políticas institucionales e industriales, la gestión de los recursos públicos y la privatización. Se está tratando de reestructurar o privatizar empresas de propiedad estatal, la mayoría de las cuales registran pérdidas de explotación. La política fiscal trata de elevar los ingresos tradicionales (mediante la mejora de las leyes, estructuras y gestiones fiscales), contener y reorientar el gasto público e incentivar la inversión privada. Se ha liberalizado el sector del comercio exterior mediante constantes reducciones de los aranceles de importación y el Gobierno está aplicando una política de tipos de cambio flexibles para mejorar la competitividad internacional. Su política monetaria está orientada también a una gestión flexible e indirecta del crecimiento monetario y crediticio. Se han liberalizado los tipos de interés salvo en tres categorías de préstamos (agricultura, pequeña industria y exportaciones).

Las reformas han contribuido a un progreso económico notable durante el pasado decenio. Hasta 1993/94, la economía respondió favorablemente. La tasa de inflación disminuyó del 9,8 por ciento en 1985/86 al 5,3 por ciento en 1990/91 y hasta el 1,8 por ciento en 1993/9425. Se registró un descenso pronunciado del déficit de cuenta corriente gracias al aumento de las exportaciones de artículos no tradicionales, como prendas de vestir y pescado, así como a la reducción de la tasa de crecimiento de las importaciones. Por ello, el déficit de cuenta corriente bajó del 6,7 por ciento del PIB en 1984/85 al 4,5 por ciento 1989/90 y, de nuevo, al 1,6 por ciento en 1993/94, lo que supuso el récord de todos los tiempos. Las reservas de divisas del país se mantuvieron en 1993/94 en 3 200 millones de dólares, nivel suficiente para sufragar las importaciones de más de siete meses. Los ingresos del Gobierno aumentaron alrededor del 12,2 por ciento del PIB (1993/94), frente al 9 por ciento durante los años ochenta, mientras que el déficit presupuestario, en porcentaje del PIB, disminuyó del 8,4 por ciento en 1986/87 al 6 por ciento en 1993/9426.

Sin embargo, en los años 1994/95 y 1996/96 se registró un retroceso repentino en estos buenos rendimientos, debido a que se produjo un grave déficit de cereales de consumo humano. La tasa de inflación volvió a subir al 5,2 por ciento, se redujo el crecimiento de las exportaciones, aumentó considerablemente el déficit de cuenta corriente (debido a la importación de cantidades mayores de cereales de consumo humano), y se redujeron las reservas de divisas a 2 030 millones al final de 1995/96.

Desde 1989, el crecimiento anual del PIB se mantuvo constantemente entre el 4 y el 4,5 por ciento, pero por debajo de la tasa fijada como objetivo del 6 por ciento, que se consideraba esencial para influir significativamente en la mitigación de la pobreza. Las fuentes principales de este modesto crecimiento han sido la industria de mayor escala, la construcción, el transporte y servicios afines y el comercio. Pese al fuerte crecimiento industrial de los años noventa (impulsado por la industria de la ropa), el sector industrial no llegaba a representar más que el 11,5 por ciento del PIB en 1995/96, y el 34 por ciento de la aportación de dicho sector procedía de la industria en pequeña escala, normalmente tradicional.

A plazos corto y mediano, el objetivo primordial de la nueva política económica del Gobierno es elevar la tasa de crecimiento al 6 ó 7 por ciento, impulsando los sectores de la manufacturación, pero manteniendo baja la inflación. El Gobierno ha determinado tres amplias esferas de su programa de reforma para alcanzar estos objetivos: fomento del sector privado; mejora de la gestión del sector público; y mitigación de la pobreza, desarrollo de los recursos humanos y mejora de los recursos ambientales.

La agricultura en la economía de Bangladesh

La agricultura es el sector más importante en la economía de Bangladesh, así como la fuente principal de ingresos y medios de subsistencia para la gran mayoría (el 80 por ciento) de la población, ya que emplea a aproximadamente el 66 por ciento de la fuerza de trabajo. El 57 por ciento de la fuerza de trabajo se dedica a la producción de cultivos, actividad que aporta el 78 por ciento del valor añadido en el sector agrícola. La parte de la agricultura en el PIB ha disminuido desde un 57 por ciento aproximadamente en los años setenta al 35 por ciento en los últimos años, pero sigue siendo el mayor sector económico27 . Constituye también la fuente de muchas materias primas del sector de la pequeña industria, como el yute, y representa el 32 por ciento del valor de las exportaciones. Resumiendo, la agricultura es la fuerza impulsora del crecimiento económico de Bangladesh y, por ello, el aumento de la producción alimentaria y agrícola ha sido siempre una de las principales preocupaciones de los responsables de las políticas del país.

Dentro del sector del cultivo (arroz, trigo, leguminosas de grano y yute), la parte principal corresponde al arroz con un promedio del 71 por ciento del valor bruto de la producción de todos los cultivos. El crecimiento del sector agrícola refleja fundamentalmente los rendimientos de la producción arrocera, si bien la parte de la ganadería y la pesca ha aumentado constantemente en los últimos años, ascendiendo al 22 por ciento del valor añadido en el sector agropecuario.

Las catástrofes naturales son una amenaza constante para Bangladesh. El país ha sido y continuará siendo especialmente vulnerable a inundaciones repentinas, ciclones e incluso sequías. La vulnerabilidad a las catástrofes naturales y la gran dependencia de la pluviosidad anual para el buen resultado de las cosechas provocan graves fluctuaciones en la producción y los precios de los cereales de consumo humano, así como una gran irregularidad en el crecimiento del PIB. Son frecuentes las pérdidas de cultivos tanto alimentarios como comerciales, que trastornan gravemente toda la economía provocando necesidades imprevistas de importación de alimentos, lo que, a su vez, reduce las disponibilidades de divisas que permitan importar insumos esenciales para la manufactura y la industria y, por lo tanto, causa un déficit en las exportaciones.

Bangladesh es el principal exportador mundial de yute en bruto y productos de yute, como fondos para alfombras, cuerdas y sacos. Representa hasta un 25 por ciento de la producción mundial de yute, un 85 por ciento de las exportaciones mundiales de fibra de yute y del 44 al 55 por ciento de las exportaciones de manufacturas de dicho producto. La predominancia de la producción de fibras en la agricultura, así como en la economía de Bangladesh, se ha reducido durante los años setenta y ochenta, al disminuir la demanda mundial como consecuencia de la competencia de los sucedáneos sintéticos. A causa de ello, la industria del yute, que en 1984/85 contribuyó al 54 por ciento de los ingresos totales de exportación, representó sólo el 11 por ciento un decenio después. Desde 1987/88, la industria de la ropa surgió como el sector exportador más importante del país, superando en valor al yute. Las exportaciones de ropa representaron el 57 por ciento de los ingresos de exportación en 1994/95, mientras que un decenio antes no superaban el 11 por ciento. Sin embargo, como las exportaciones de ropa exigen la importación de otros artículos, como tejidos, hilo y botones, el beneficio neto aportado por la industria de la ropa a los ingresos de exportación en 1994/95 representó sólo el 29 por ciento de los ingresos brutos de exportación del sector28. Hay indicaciones claras de que esta industria comienza a perder impulso y es probable que sufra cada vez más presión a medida que países como China y Viet Nam desarrollen sus correspondientes industrias de la ropa.

Los ingresos de exportación de pescado y productos pesqueros, en particular camarones, son también notables (véase el Recuadro 8, El sector pesquero en Bangladesh, pág. 148), y les siguen en importancia los obtenidos de la industria del cuero. También está cobrando una importancia cada vez mayor la producción de gas natural. Durante el último decenio se ha duplicado con creces la producción de sus principales derivados, los fertilizantes de urea, que el país exporta actualmente sobre todo a los países vecinos de Asia. Dentro del sector agrícola, el té sigue al yute como cultivo comercial importante, pero sus exportaciones representaron sólo el 1 por ciento de los ingresos totales de exportación del país en 1994/9529.

Bangladesh cuenta con una limitada base de recursos, salvo, ciertamente, su potencial de recursos humanos. La industria del país no es actualmente lo suficientemente grande para alcanzar un nivel adecuado de ingresos de exportación y empleo. Las oportunidades para diversificar la base económica son limitadas y el país continúa arrastrando un pesado déficit comercial, como consecuencia de su dependencia de las importaciones de los bienes más esenciales, como maquinaria, equipo y productos del petróleo, así como debido al descenso de los precios reales de sus exportaciones tradicionales de yute y sus derivados y de té. Aunque los niveles de la inversión y del ahorro internos han ido aumentando durante los años noventa, son todavía bajos y actúan como freno del crecimiento y desarrollo económico del país.

Hacia la autosuficiencia

Bangladesh empezó a ser un país con un perenne déficit de alimentos a fines de los años cincuenta. Hasta entonces, los agricultores eran capaces de producir cereales suficientes para satisfacer las necesidades alimentarias de la población, con la ayuda de importaciones en períodos de catástrofes naturales, pérdidas de cosechas, guerra, etc. Sin embargo, a partir de dichos años la presión demográfica empezó a cobrarse su tributo. Después de la independencia, en varios períodos ha existido el riesgo de que se generalizaran las muertes por inanición a causa de sequías y graves inundaciones, pero se padeció en el país una epidemia de hambre de proporciones importantes sólo en 1974, en que la producción mundial de alimentos fue la más baja de todos los tiempos y se dispararon los precios mundiales. En esa época, la ayuda alimentaria fue insuficiente y el país no dispuso de las divisas necesarias para comprar en el mercado mundial todos los cereales que le hacían falta. Posteriormente, se ha conseguido poner fin a estas graves epidemias de hambre gracias al aumento de las asignaciones de ayuda alimentaria por parte de los donantes, así como al programa gubernamental de importaciones y a la mayor capacidad para financiar la compra de alimentos. No obstante, el país se halla aún muy lejos de conjurar la amenaza de una malnutrición endémica generalizada y persistente, así como de una semiinanición, entre la mayoría de la población rural. De hecho, durante los últimos años se ha observado en las zonas rurales, y también a nivel nacional, una tendencia a la disminución de la ingestión diaria per cápita de cereales, legumbres, hortalizas, frutas y carne. Por ejemplo, la ingestión de arroz en las zonas rurales de Bangladesh en 1995/96 era de 427 gramos per cápita, mientras que en 1981/82, 1975/76 y 1962-64, fue de 451, 493 y 505 gramos, respectivamente. Sólo en las zonas urbanas se registró un ligero aumento de la ingestión de cereales en 1995/96 en comparación con 1962-6430.

La dependencia de Bangladesh con respecto a las importaciones de alimentos y, en particular, la ayuda alimentaria, a lo largo de los años es causa de preocupación. Las importaciones de alimentos representan actualmente aproximadamente el 18 por ciento de las importaciones totales (lo que equivale a una reducción con respecto al 26-30 por ciento durante los años ochenta) y absorben el 34 por ciento de los ingresos totales de exportación (frente al 50-70 por ciento en los años ochenta). En 1990/91, la ayuda alimentaria representó el 98 por ciento de todas las importaciones de alimentos, pero este porcentaje ha disminuido considerablemente al 30 por ciento en 1995/9631. Esta notable diferencia se ha colmado fundamentalmente con las importaciones del sector privado que comenzaron en 1992/93.

El objetivo primordial de todas las políticas y desarrollo agrícola desde la independencia de Bangladesh ha sido alcanzar la autosuficiencia en cereales de consumo humano y, en particular, en la producción de arroz. En realidad, lo que se trata actualmente es de acelerar substancialmente la tasa de crecimiento de la producción interna de alimentos y reducir o eliminar a largo plazo la dependencia de la ayuda alimentaria. La importancia de acelerar la producción alimentaria deriva de la excesiva dependencia del país con respecto a las importaciones de alimentos, de su precaria situación de balanza de pagos y de la comprobación de las ventajas comparativas de la producción alimentaria. Bangladesh cuenta con suelos excelentes, acuíferos renovables que pueden aprovecharse fácilmente para el riego, una abundante mano de obra a bajo costo en las zonas rurales y un clima que permite cultivar durante todo el año.

Con la disponibilidad de variedades de alto rendimiento, la contribución del arroz a la autosuficiencia ha sido notable. Aunque el trigo ha penetrado bastante en la alimentación normal de Bangladesh, el arroz ha sido y sigue siendo el cereal de mayor consumo en el país. Una gran parte del trigo que se ha consumido en el país procede de programas de bienestar social, por lo que su demanda de mercado es limitada. Además, la producción triguera, que está más expuesta a las inclemencias del tiempo, requiere inviernos largos y frescos, que no existen en Bangladesh.

El arroz es el principal alimento básico de la población y representa el 95 por ciento de los cereales que se consumen. Su cultivo es la principal fuente de subsistencia para la gran mayoría de los agricultores, ocupa el 74 por ciento de la superficie total de labranza y el 83 por ciento de la superficie de regadío, y absorbe el 88 por ciento de los fertilizantes utilizados en el país32. En la dieta de Bangladesh, el arroz aporta aproximadamente el 68 por ciento de las calorías y el 54 por ciento de las proteínas y, en el cálculo del índice de precios al consumidor, influye en un 62 por ciento aproximadamente. En el contexto social, político y económico, el arroz tiene una gran importancia, ya que predomina sobre todas las demás actividades económicas y absorbe una cantidad considerable de divisas.

Aunque Bangladesh sigue siendo importador neto de alimentos, ya que adquiere por término medio 1,5 millones de toneladas de arroz al año33, ha conseguido notables progresos en la producción de cereales alimentarios durante los dos últimos decenios. Desde 1969/70 hasta 1992/93, la intensidad de cultivo aumentó sensiblemente, llegando a duplicarse casi en la producción de cereales de consumo humano34. La producción arrocera aumentó de 11,2 millones de toneladas en 1970 a un promedio de 18,2 millones a comienzos de los años noventa35. En los años agrícolas transcurridos desde 1989/90 hasta 1992/93, Bangladesh obtuvo cosechas extraordinarias de cereales alimentarios, que alcanzaron el promedio de 19,1 millones de toneladas al año, con el récord de 19,5 millones en 1992/93 (cifra muy superior al promedio de 16,4 millones de toneladas del período 1985-89). Por primera vez en la historia Bangladesh se encontró cerca de alcanzar la autosuficiencia en cereales de consumo humano.

En 1993/94 y 1994/95, la producción de cereales disminuyó como consecuencia de las sequías e inundaciones, así como a causa de la respuesta de los agricultores al descenso de los precios del arroz provocado por la cosecha extraordinaria del año precedente. Esto se manifestó en una reducción de más del 2 por ciento en la superficie sembrada, en una disminución de la demanda de riego y en un descenso de más del 4 por ciento en el consumo de fertilizantes36.

En 1994/95, debido en parte a la grave crisis de fertilizantes, el país se enfrentó con uno de sus mayores déficit de cereales de consumo humano que hizo aumentar mucho las importaciones de alimentos y los precios de los cereales. En las campañas agrícolas de 1994/95 y 1995/96, las importaciones de Bangladesh (sumando la ayuda alimentaria, las importaciones del sector privado y las efectuadas comercialmente por el Gobierno) ascendieron a unos 2,5 millones de toneladas de cereales de consumo humano. La escasez hizo que los precios subieran de forma pronunciada y esta situación continuó hasta abril de 1996 en que comenzaron a llegar al mercado noticias sobre las buenas perspectivas de la cosecha boro (estación seca).

La tendencia reciente de la producción de cereales alimentarios no ha sido positiva. El sector agrícola se enfrenta ahora con una situación en que los rendimientos en la mayoría de los cultivos son escasos y no aumentan, especialmente los del arroz, y se ha ampliado realmente el déficit entre la producción interna y la demanda de alimentos (Figura 9). Pese a que la producción de arroz ha aumentado más que la población durante el último decenio, y no obstante el hecho de que se realizan cada año importaciones públicas y privadas, desde 1991/92 las disponibilidades diarias de cereales de consumo humano per cápita en Bangladesh no alcanzan el nivel de 454 gramos que representa las necesidades mínimas o el nivel proyectado de consumo (Figura 10). Como las disponibilidades de alimentos no estás distribuidas equitativamente, es evidente que la situación de los pobres es peor de lo que estas cifras podrían indicar.

La trayectoria de la producción agrícola durante los dos últimos decenios indica que prácticamente todo el crecimiento se ha logrado en la producción de cereales de consumo humano. Dicho crecimiento procedió principalmente de las cosechas de arroz boro, en primer lugar, y aman (estación húmeda), en segundo, y en cierta medida de la producción de trigo, que aumentó de 100 000 a 1 300 000 toneladas entre 1971/72 y 1995/96. La aceleración de la producción arrocera durante los años ochenta puede atribuirse casi en su totalidad a la conversión de las variedades locales en variedades de alto rendimiento modernas, así como a los cambios en las políticas, y a la adopción de tecnologías de riego y fertilización que permitieron cultivar intensivamente en la campaña boro.

Como consecuencia del hincapié que se ha hecho en la producción arrocera, se han estancado los rendimientos de otros cultivos no cereales, como leguminosas de grano, papas, semillas oleaginosas y hortalizas. Se han dedicado al arroz tierras utilizadas anteriormente para la producción de legumbres. Aunque se han conseguido modestos aumentos en los rendimientos de las variedades de arroz local, éstos han sido en promedio un 50 por ciento de los logrados con las variedades de alto rendimiento. Sin embargo, empiezan a observarse signos de que se está estancando el aumento del rendimiento de las variedades modernas.

Reformas de las políticas agrarias

Las políticas agrarias aplicadas por el Gobierno se han centrado hasta ahora en la producción de cereales de consumo humano. A comienzos de los años sesenta, el Gobierno emprendió una campaña para producir más alimentos, consistente en un conjunto de medidas entre las que se incluía la intervención directa del Estado en la adquisición de insumos agrícolas modernos y su distribución a precios muy subvencionados, el apoyo a la investigación y extensión agrícolas y la inversión pública en el fomento de los recursos hídricos.

Las reformas recientes del sector agrícola han sido un componente esencial e integrante de las reformas que se están aplicando para liberalizar el mercado. Tales medidas apoyan los objetivos principales de la política alimentaria del Gobierno, que son alcanzar la autosuficiencia en alimentos; garantizar la estabilidad de los precios de los alimentos con menos subvenciones; mejorar la disponibilidad de alimentos para los grupos vulnerables; y fomentar una mayor participación del sector privado en el comercio de cereales de consumo humano.

Durante los dos últimos decenios, el Gobierno ha ido retirando gradualmente su control de los fertilizantes, plaguicidas y equipo de riego. El sector privado se encarga ahora de la importación y distribución de estos insumos. Se han ido reduciendo también los derechos de importación aplicados a otros insumos agrícolas, a la maquinaria y a las piezas de repuesto. Toda la producción agrícola, con la excepción de algunas exportaciones estatales de té, se halla ahora en manos del sector privado, el cual se encarga también de una parte considerable de la elaboración de productos agrícolas, por ejemplo la del arroz. Sin embargo, continúan bajo control estatal algunas instalaciones de elaboración como las fábricas de azúcar y de artículos de yute.

El efecto principal de la desreglamentación y liberalización ha sido el mayor acceso a la tecnología mejorada, especialmente, equipo de riego en pequeña escala, fertilizantes, cultivadoras mecánicas, plaguicidas y semillas, gracias a la reducción sustancial de sus precios, así como la gran inversión privada en maquinaria agrícola. El elemento fundamental que ha permitido el paso de la utilización de variedades tradicionales de arroz a variedades del alto rendimiento ha sido el espectacular esfuerzo realizado para el fomento del riego en pequeña escala (especialmente pozos entubados de bajo costo). La superficie de regadío con medios eléctricos aumentó del 17 por ciento en 1979-81 al 31 por ciento en 1989-91 y volvió a incrementarse al 40 por ciento de toda la superficie de cultivo en 1993/94. Durante los tres años desde 1989 a 1991, la superficie de regadío aumentó casi en 700 000 hectáreas, lo que representa más de la superficie total de regadío disponible durante los ocho años anteriores. Entre 1988/89 y 1994/95, se instalaron 197 784 pozos entubados. La expansión de los sistemas modernos de riego ha contribuido también a crear empleo en las zonas rurales.

Aunque la liberalización de los fertilizantes ha permitido lograr notables progresos en la producción arrocera, la actual política de precios de la urea no es compatible con la orientación general de liberalización del comercio y de los tipos de cambio. No se ha privatizado todavía la fabricación de urea, que el sector público (Bangladesh Chemical Industries Corporation) produce de forma subvencionada a partir del gas y vende directamente a los agentes intermediarios a precios inferiores a los costos de producción. Por ello, el bajo precio del mercado sigue siendo inferior al del superfosfato triple y al del cloruro potásico. Se señala que, como consecuencia de ello, los agricultores no usan ni superfosfato triple ni cloruro de potasio en las cantidades necesarias, mientras que en algunos casos utilizan urea en medida perjudicial para la fertilidad del suelo. El precio artificialmente bajo de la urea ha provocado también la escasez de la misma y la búsqueda de beneficios privados por parte de los agentes que tienen acceso a los suministros racionados. De hecho, esta fue la causa de la crisis de la urea en 1995 y la primera parte de 1996. Pese al descenso del precio de venta de la urea, la interferencia y el acaparamiento de los suministros racionados por parte de los empresarios hizo que los precios al por menor subieran en tal medida que disminuyó notablemente la aplicación del fertilizante. Esto provocó en último término pérdidas substanciales en las cosechas de arroz durante dicho año, lo que causó graves situaciones de escasez y subidas de los precios de los alimentos y un aumento de la inflación. Como consecuencia de ello, se revisaron las políticas relacionadas con los fertilizantes y el Gobierno ha vuelto a intervenir en su distribución controlando la designación de los agentes a los que asignó un contingente de fertilizantes y una zona a su cargo.

En consonancia con la política sobre semillas aprobada por el Gobierno a fines de 1992, se transfirió de la Bangladesh Agriculture Development Corporation (BADC) al sector privado la responsabilidad de la multiplicación, elaboración y comercialización de semillas mejoradas. Aunque la BADC sigue interviniendo en la distribución de semillas, se permite ahora al sector privado importar todo tipo de germoplasma mejorado para su investigación y desarrollo y crear sus propias instalaciones para la producción de semillas básicas. También se le permite importar semillas, con la excepción de las de los cinco cultivos «notificados» (arroz, trigo, yute, caña de azúcar y papas). El sector privado importa ahora semillas híbridas de maíz, hortalizas, girasol, sorgo y colza, y produce también semillas de papas en cantidades limitadas a partir de las semillas básicas proporcionadas por la BADC. Sin embargo, no está interesado en la producción de semillas básicas de otros cultivos debido a las elevadas necesidades de inversión.

Con la privatización de la distribución de las semillas, se plantea a Bangladesh otro problema: el de la calidad de las semillas y la sustitución de variedades. La calidad física y genética de las semillas ha ido empeorando. En cuanto a la calidad física, puede mantenerse mediante métodos eficaces de elaboración, control de calidad, revestimiento con productos químicos, manipulación y almacenamiento37. En cambio, es muy difícil mantener la calidad física de las semillas en las explotaciones agrícolas, ya que el 95 por ciento de las semillas que retienen los agricultores proceden de las cosechas anteriores, en lugar de renovar sus existencias comprando semillas certificadas. La producción y distribución de semillas de calidad son insuficientes para satisfacer la demanda. La BADC sustituye actualmente las semillas en un 3 por ciento, según expertos nacionales, mientras que haría falta un 10 por ciento como mínimo necesario para que continúe el desarrollo agrícola de Bangladesh hacia la autosuficiencia.

El Gobierno ha dejado de intervenir en el mercado de cereales alimentarios. En agosto de 1992, eliminó por primera vez las restricciones a la importación de dichos cereales. Los comerciantes privados respondieron inmediatamente importando más de 300 000 toneladas de trigo al final de ese año. En 1995-96 el sector privado efectuó más de un tercio del total de las importaciones de cereales de consumo humano. El Gobierno ha reducido también su sistema de distribución de alimentos eliminando los canales de racionamiento muy subvencionado para las zonas rurales y rebajando drásticamente el volumen total de los alimentos distribuidos. El programa de racionamiento rural costaba al Gobierno 60 millones de dólares en subvenciones cada año y se calcula que el 70 por ciento de los cereales no llegaban a los beneficiarios destinatarios del programa. Debido a la privatización parcial del comercio de cereales y al desmantelamiento parcial del sistema de distribución pública de cereales de consumo humano, el Gobierno ha reducido el gasto público en subvenciones para alimentos y las compras de cereales de producción nacional. En la actualidad da mayor prioridad a programas específicos no monetizados, como los de alimentos por trabajo, desarrollo de grupos vulnerables, mantenimiento rural y alimentos para la educación, los dos primeros de los cuales reciben un considerable apoyo de la ayuda alimentaria internacional.

En conjunto, las reformas de política macroeconómica y sectorial han reducido varias distorsiones de precios y hacen que las decisiones sobre las asignaciones de fondos en el sector agrícola respondan mejor a las señales de los precios en los mercados exteriores. Se ha ampliado notablemente la función del sector privado en relación con los insumos agrícolas y la prestación de servicios. Aunque la mayoría de las políticas de privatización han tenido éxito, hay que superar todavía algunos obstáculos a corto plazo cuya existencia han puesto de manifiesto tanto la crisis de los fertilizantes como la cuestión de la sustitución de las semillas. Aun en el caso de que las fuerzas de mercado llegaran a estabilizar la situación, es probable que sean los agricultores pobres quienes padezcan más las consecuencias a plazos corto y mediano.

Desafíos para el sector agrícola de Bangladesh

Dado que Bangladesh es un país cuya economía depende de la agricultura, su población crece a ritmo sostenido y sus disponibilidades de tierras de cultivo por persona son de las más bajas del mundo, su problema más importante es el de intensificar y mantener el crecimiento de la producción agrícola. Por ello, la cuestión más acuciante es la situación actual de estancamiento de los rendimientos y descenso de la productividad en varios cultivos tanto alimentarios como no alimentarios. Las proyecciones de la oferta y demanda de cereales alimentarios indican que está aumentando el déficit de dichos cereales.

Al ser insignificantes las posibilidades de ampliación de la superficie de cultivo, ya que las principales tierras arables de Bangladesh están ya cultivadas, el crecimiento futuro deberá continuar basándose en el aumento de la productividad por unidad de tierra. Por esta razón, se está tratando de desarrollar nuevas variedades de semillas mejoradas. Se considera asimismo que el sector agrícola no ha explotado todo su potencial productivo y que hay posibilidades de incrementar substancialmente la intensidad de cultivo. Actualmente se riega efectivamente sólo el 40 por ciento de la superficie potencial de regadío, mientras que se utilizan variedades modernas sólo en el 55 por ciento de la superficie cultivada y, lo que es más importante, hay notables diferencias entre los rendimientos potenciales y los que se obtienen realmente en todos los cultivos del país.

Sin embargo es muy difícil reducir las diferencias entre los rendimientos actuales y potenciales, ya que se plantean varios problemas de productividad cuya solución no depende de la tecnología ni de otra revolución verde. Pensar que el crecimiento de la producción agrícola y la meta de la autosuficiencia dependen casi completamente del progreso tecnológico es perjudicial para el desarrollo sostenible a largo plazo del país. Aparte de que Bangladesh es un país expuesto a catástrofes naturales frecuentes, hay otros factores significativos, tanto institucionales como socioeconómicos, que son determinantes para la productividad del sector agrícola y la seguridad alimentaria del país. Estos factores son la propiedad de la tierra, la degradación del medio ambiente, la diversificación de cultivos, y los servicios de apoyo e infraestructura social y material.

La propiedad de la tierra. El problema fundamental con que se enfrenta Bangladesh es la escasez de tierra. Con el crecimiento de la ya elevada población rural, las dimensiones de cada explotación disminuyen rápidamente y aumenta el número de personas sin tierras. Según las leyes de la herencia, se divide la tierra a partes iguales entre los hermanos y esta fragmentación comienza a producir graves consecuencias. En general, la fragmentación de la propiedad de la tierra constituye un obstáculo para la modernización ya que reduce la eficiencia y la capacidad de entrega de los servicios. Las explotaciones menores tienen menor acceso al crédito, la maquinaria y otros insumos que intensifican la productividad. También tienen menos flexibilidad para la comercialización. Por todo ello, la reducción de los recursos de tierra per cápita es una de las causas de la persistencia de la pobreza y la inseguridad alimentaria en el país.

Aunque el tamaño de la mayoría de las explotaciones agrícolas se está reduciendo en Bangladesh, un 10 por ciento de explotaciones familiares poseen y administran el 51 por ciento de las tierras agrícolas, mientras que solamente un 2 por ciento del total está distribuido entre el 40 por ciento de las fincas más pequeñas38. El grupo de los grandes terratenientes ha ido aumentando en dimensiones y poder. La mayoría de los agricultores de Bangladesh son aparceros o trabajan como braceros para los grandes terratenientes. Aunque hay distintos sistemas de tenencia, el predominante es la aparcería, con arreglo a la cual el aparcero carga con todos los gastos y paga el 50 por ciento (en algunos casos, los dos tercios) del producto bruto al propietario. En algunas zonas del país, los propietarios y aparceros comparten los gastos en fertilizantes y riego para cultivar variedades de alto rendimiento de arroz; en ciertos casos, el acuerdo de tenencia está cambiando de la aparcería a un alquiler fijo, lo cual es más favorable para la introducción de dichas variedades. No obstante, dada la inseguridad de la tenencia para la mayoría de los agricultores, éstos tienen pocos incentivos para preocuparse por la sostenibilidad a largo plazo de la tierra. Por esta razón, no se invierte en la productividad de la tierra a largo plazo y predominan las prácticas y los insumos de efecto inmediato sin ningún cuidado del medio ambiente.

Degradación ambiental. Los recursos de tierras de Bangladesh presentan signos de agotamiento, que está provocando el estancamiento de los rendimientos de cultivos importantes. Aunque ha aumentado la adopción de variedades modernas, sus rendimientos han disminuido en los últimos años. Por ejemplo, durante la revolución verde, la adición de un kilogramo de fertilizante nitrogenado producía 20 kilogramos de cereales, mientras que actualmente sólo produce de 8 a 10. La reducción de la productividad debida a la degradación del suelo es ahora una de las limitaciones fundamentales. Se dice que la cantidad de materia orgánica de más del 50 por ciento de las tierras cultivadas en Bangladesh es inferior al nivel crítico del 1,5 por ciento y está disminuyendo a un ritmo alarmante39. Se han planteado distintos problemas relacionados con el suelo, causados en particular por prácticas agrícolas actuales como la aplicación insuficiente y desequilibrada de fertilizantes o el monocultivo del arroz. La salinidad, la erosión del suelo, la falta de micronutrientes, el encharcamiento y la alcalinidad son algunos de los problemas relacionados con los suelos. Si no se estudia seriamente la posibilidad de utilizar fertilizantes equilibrados y materia orgánica en los suelos, no se podrá lograr una productividad sostenida y creciente.

Muchos comienzan a preocuparse por la explotación de las aguas freáticas y el futuro a largo plazo del riego con pozos entubados, que proporcionan más del 60 por ciento del agua de riego y ha sido el factor principal del crecimiento de la producción arrocera. La utilización intensiva y creciente del riego con pozos entubados superficiales ha causado la reducción de la capa freática en zonas del norte y noroeste del país. En períodos de sequía muchos pozos entubados comienzan a secarse totalmente. También está empeorando la calidad de las aguas freáticas como consecuencia de la utilización excesiva de plaguicidas químicos. El crecimiento de las poblaciones de plagas ha sido el resultado directo de la intensificación del cultivo con variedades de alto rendimiento y ha provocado efectos directos y perjudiciales en la salud humana.

Por ejemplo, en las zonas costeras, se plantea un conflicto entre la utilización de la tierra para la producción de camarones o para el cultivo del arroz. Las aguas salinas necesarias para la producción de camarones contaminan los arrozales adyacentes y degradan los suelos haciéndolos inadecuados para la producción arrocera. Un problema particularmente importante y difícil es el caso de empresarios que se sabe que llegan a un lugar, alquilan la tierra, producen camarones para la exportación y, después de cierto tiempo, se marchan dejando las tierras salinizadas.

Se reconoce en general la necesidad de una ordenación de ecosistemas en Bangladesh, es decir, la gestión de los nutrientes de las plantas y del agua, y actualmente algunas ONG, como Proshika, están insistiendo mucho en esta cuestión. La dificultad se plantea al tratar de conseguir que las prácticas agrícolas de la población, que cambiaron drásticamente con la revolución verde, vuelvan a convertirse en prácticas agrícolas ecológicas. Como hace falta tiempo para pasar de las prácticas anteriores a las nuevas y que se vean en realidad los aumentos de producción (ya que el suelo tarda en rejuvenecerse), es difícil convencer a los agricultores de que cambien sus costumbres. La gran mayoría que no cultiva tierras de su propiedad no tiene muchos incentivos para adoptar nuevos métodos. Hasta que los agricultores empiecen a aplicar prácticas ecológicas, si de hecho llegan a hacerlo, continuarán viéndose obligados a utilizar cada vez más insumos agrícolas y seguirán obteniendo rendimientos netos menores.

Diversificación de cultivos. Dado que se dedica al arroz casi el 75 por ciento de la superficie cultivada, al trigo un 4 por ciento y al yute un 3 por ciento aproximadamente, no queda más que el 20 por ciento para todos los demás cultivos posibles. Los beneficios de la diversificación de cultivos para el país son evidentes y se reconocen desde hace tiempo. Sin embargo, el predominio de la producción arrocera ha absorbido los esfuerzos y sigue disminuyendo la superficie dedicada a cultivos distintos de los cereales. El Gobierno ha reconocido ahora la necesidad urgente de la diversificación agrícola y parece que se empieza a cambiar en este sentido si bien a ritmo excesivamente lento.

Hay varias razones para que el crecimiento agrícola no se concentre únicamente en la producción de cereales alimentarios, sino que se dediquen también esfuerzos a otros cultivos distintos del arroz, como maíz, leguminosas de grano, semillas oleaginosas, papas y otras hortalizas, así como a la producción avícola, ganadera e incluso a la sericultura. Es preciso prestar atención inmediata a las graves necesidades nutricionales de Bangladesh. Aunque la dieta de un habitante medio satisface las necesidades de carbohidratos, es muy deficiente en proteínas, vitaminas y minerales.

La ampliación de las posibilidades de cultivo permitiría a los agricultores de Bangladesh asignar de la mejor forma sus recursos productivos y obtener el máximo de ingresos. Hay muchas posibilidades de diversificar los productos y sub-productos agrícolas para destinarlos a las agroindustrias. El actual sistema de cultivo, con su dependencia excesiva de la producción arrocera a lo largo de todo el año, es perjudicial para la fertilidad del suelo. Hace también que los cultivos sean muy susceptibles a los ataques de las plagas. La diversificación puede contribuir a mantener una estructura del suelo mejor para la sostenibilidad a largo plazo. Una gran parte de los cultivos que actualmente se importan podrían sustituirse con producción propia. Ejemplo de ello es el trigo: a mediados de los años setenta la poca aceptación de su sabor limitaba la producción y el consumo, pero actualmente el trigo ha llegado a formar parte de la dieta rural. Además, su producción no sólo requiere cuatro veces menos riego que el arroz, lo que hace que sea más barata en último término, sino que también es menos perjudicial para el medio ambiente. Por otra parte, los factores climatológicos limitan el alcance de los proyectos cuyo objetivo es incrementar considerablemente los rendimientos de trigo.

Al reducirse notablemente la producción de yute y ser cada vez más limitadas las oportunidades y mucho mayor la competencia para las exportaciones de arroz, la diversificación es esencial para que la agricultura entre en los mercados de exportación y continúe contribuyendo de forma significativa al PIB.

Evidentemente hay algunos obstáculos en la diversificación agrícola que es preciso superar. El desarrollo de tecnología moderna para el arroz y el trigo ha impedido el desarrollo de semillas de otros cultivos y ha reducido la competitividad de las legumbres y semillas oleaginosas, que son fuentes importantes de proteínas para los pobres. Se necesitan más investigaciones para desarrollar variedades de alto rendimiento y hacer que las semillas de estos otros cultivos puedan competir con las variedades modernas de arroz y trigo. Hay también una dificultad inherente a los conflictos entre los distintos cultivos que compiten por la limitada superficie de tierras. Se pueden producir fácilmente en Bangladesh papas, hortalizas, bananos, cebollas y especias, pero, hasta ahora, la infraestructura de almacenamiento y transporte no ha sido suficiente para inducir a producir estos cultivos en gran escala. Los agricultores no tienen alicientes debido a los altos riesgos de los precios que implica la comercialización de estos cultivos. Además, no ha sido suficiente la difusión de conocimientos sobre tecnología de aprovechamiento del agua en la explotación agrícola para cultivos distintos del arroz. Para que tenga éxito un programa de diversificación de cultivos, será necesario crear una demanda efectiva de consumo del producto de que se trate, mediante políticas de apoyo de precios, actividades de educación y motivación de los consumidores, y la garantía de un mercado viable con políticas apropiadas de importación y exportación.

Servicios de apoyo e infraestructura social y material. Las zonas rurales de Bangladesh padecen graves limitaciones relacionadas con los servicios públicos de apoyo y la insuficiencia de la infraestructura social y material. Por ejemplo, los servicios gubernamentales de extensión agraria son muy insuficientes y excesivamente burocráticos. Además, están determinados también por la tecnología (para impulsar la producción de arroz) y no por la población (para responder a los intereses de los agricultores). El hecho de que los rendimientos sean mucho mayores en las parcelas de demostración que en las de los agricultores demuestra en parte la insuficiencia de las actividades de extensión con respecto a las prácticas de gestión.

Es muy difícil difundir información en las zonas rurales, especialmente con respecto a las opciones tecnológicas, ya que la gran mayoría de los agricultores son analfabetos y disponen de medios limitados de comunicación. Se están empezando a crear cooperativas, pero, en general, hay muy poca difusión de conocimientos y prácticas mejoradas.

El acceso a los servicios financieros es limitado en las zonas rurales, especialmente para la gran mayoría de los pequeños productores. Los agricultores pequeños y marginales no tienen acceso a créditos bancarios porque carecen de las garantías exigidas. Algunas ONG, como Grameen Bank y Bangladesh Rural Advancement Committee tratan de resolver este problema proporcionando créditos selectivos a hogares rurales pobres, pero todavía se beneficia efectivamente una reducida minoría.

La falta de acceso a mercados organizados es otra limitación común, así como la carencia de infraestructura material como carreteras asfaltadas, red de transporte fluvial, puentes, almacenes e instalaciones de refrigeración, por señalar sólo algunos aspectos. En años de buenas cosechas, los agricultores se suelen ver obligados a vender a precios extremadamente bajos para poder colocar sus productos antes de que se estropeen por falta de instalaciones de almacenamiento.

Nueva fase de desarrollo agrícola. Aunque Bangladesh se ha aproximado a la autosuficiencia en cereales de consumo humano a nivel nacional, no se ha conseguido aún la seguridad alimentaria, especialmente en los hogares40. El acceso a los alimentos continúa siendo un problema importante, ya que una proporción considerable de la población rural padece todavía inseguridad alimentaria crónica o transitoria. En Bangladesh la inseguridad alimentaria está estrechamente vinculada con la pobreza. Casi la mitad de la población es demasiado pobre para obtener una parte razonable de los alimentos disponibles en el mercado. Por ello, el principal desafío para el Gobierno es mitigar la pobreza generalizada.


RECUADRO 8

EL SECTOR PESQUERO EN BANGLADESH

Bangladesh es uno de los países más ricos del mundo en recursos de pesca continental. El sector pesquero contribuye a la economía nacional de distintas formas importantes, ya que desempeña una función decisiva en la nutrición, los ingresos, el empleo y la adquisición de divisas.

El sector pesquero aporta un 8 por ciento aproximadamente al PIB agrícola, un 5 por ciento al PIB total y un 12 por ciento a los ingresos de exportación. La pesca marina y continental proporcionan empleo a jornada completa a aproximadamente 1,5 millones de personas del medio rural y empleo parcial a más de 11 millones. Pese a la reducción del consumo de pescado desde los años setenta, este producto sigue aportando el 71 por ciento de la ingestión diaria per cápita de proteínas de origen animal. El sector pesquero ha ido creciendo a razón de un 2,3 por ciento al año aproximadamente durante el pasado decenio.

Gran parte de Bangladesh es un extenso delta atravesado por tres ríos principales y más de 700 ríos y cursos de agua menores. La llanura aluvial es rica en peces y alrededor de una tercera parte del país queda inundada durante 6 meses al año. La acuicultura se realiza principalmente en estanques, donde se obtiene el 85 por ciento de la producción, pero en las zonas rurales se utilizan también muchos depósitos pequeños. Estos recursos de agua dulce explican por qué la pesca continental (de captura y de cultivo) representa algo más de las tres cuartas partes (77 por ciento) de toda la producción pesquera del país. El resto procede de la pesca marina.

Pese al reconocimiento de la importancia de esta base de recursos, el sector pesquero está sometido a las presiones de la sobrepesca, la degradación del ambiente y el hábitat y la utilización descoordinada y múltiple de las masas de agua. La producción de la pesca de captura se ha trastornado gravemente y se ve amenazada por la proliferación de intervenciones para el control de las inundaciones, drenaje, diques para carreteras, sistemas de riego y utilización de plaguicidas y fertilizantes. Por ejemplo, las carpas principales, como katla, mrigal y rui, que solían constituir hasta un 20 por ciento de las capturas de pescado en aguas libres, representan ahora menos del 2 por ciento. La desaparición de las tierras pantanosas a causa de intervenciones radicales de ingeniería está poniendo en peligro la producción natural de peces debido al entarqui-namiento de los canales y estuarios. Se calcula que, en los 10 próximos años, las pérdidas anuales de la producción pesquera podrían ascender a una cifra del 12 al 18 por ciento de las capturas actuales, si continúa este proceso al ritmo actual.

Paradójicamente, las mismas políticas y proyectos agrícolas que permitieron a los cultivadores de arroz incrementar su productividad y ayudaron a algunos trabajadores sin tierras a encontrar más trabajo, lo hicieron en muchos casos a expensas del acceso libre a la pesca de captura. Los proyectos de regulación de aguas, destinados a crear condiciones favorables para la producción arrocera, en muchos casos reducen la duración y la superficie de la inundación. Por ejemplo, la construcción de diques y terraplenes para regular las aguas impiden al pescado emigrar a sus lugares de reproducción, mientras que las estructuras que impiden los desbordamientos provocan la sedimentación aguas abajo, que perjudica la pesca en los canales.

La consiguiente reducción de la pesca de captura en aguas continentales constituye una amenaza especialmente para la población que depende de este recurso de libre acceso como única fuente de su consumo de proteínas animales. La intensificación de la explotación piscícola ha influido también profundamente en el acceso de la población rural pobre a la pesca continental. Los proyectos de fomento pesquero que imponen sistemas de licencias de explotación privan a los pobres de sus derechos y patrimonio tradicionales de pesca. Sin embargo, la nueva política gubernamental de ordenación pesquera ha reconocido el problema del acceso de los pobres a recursos de propiedad común y trata de dejar de lado a los empresarios y conceder directamente licencias a los pescadores auténticos.

Aunque el sector pesquero se enfrenta con obstáculos infraestructurales, ambientales y socioeconómicos, recientemente se han registrado algunas novedades positivas. Si bien ha disminuido la pesca industrial marina y continental de captura, ha crecido continuamente la tecnología acuícola de producción de camarón en granjas y estanques; se han hecho notables esfuerzos para introducir la tecnología del cultivo mixto de arroz y pescado (la ONG CARE está trabajando ampliamente en esta esfera); las actividades del sector privado, por ejemplo, en el desarrollo de criaderos de peces y la elaboración, conservación y exportación del pescado, han crecido considerablemente en los últimos tiempos y el Gobierno está aplicando gradualmente medidas para mitigar los daños ambientales al sector pesquero. Aunque queda aún mucho por hacer, estas y otras muchas mejoras previstas pueden hacer que Bangladesh tenga más oportunidades de producir para el consumo interno y la explotación, lo que contribuiría al desarrollo económico y social del país.


El sector agrícola de Bangladesh tiene un notable potencial de contribuir al crecimiento del PIB general y a la mitigación de la pobreza, especialmente si se tiene en cuenta que el 62 por ciento de los ingresos de los hogares se gastan en alimentos. Sin embargo, no es suficiente incrementar la producción arrocera. Bangladesh está entrando ahora en una fase nueva y decisiva del desarrollo agrícola, como lo demuestra el hecho de que las oportunidades y limitaciones con que se enfrenta el sector agrícola en los próximos años son distintas de las enfrentadas durante los dos últimos decenios.

Es preciso considerar el objetivo de la autosuficiencia alimentaria en términos de compatibilidad con otras necesidades de la población y la economía, incluido el comercio exterior. Es hora de apartarse de un crecimiento orientado por la producción arrocera para tender hacia una base productiva más diversificada, que incluya varios cultivos distintos del arroz, como los de hortalizas. La diversificación de la agricultura, aprovechando mejor las posibilidades de los mercados internacionales, es imprescindible para un crecimiento agrícola de amplia base.

Una estrategia de desarrollo agrícola basada solamente en la eliminación de las subvenciones, la privatización del sistema de entrega de insumos y la necesidad predominante de desarrollar tecnologías de semillas de alta calidad y riego no es suficiente para conseguir los resultados deseados. La aceleración de la mejora de la infraestructura rural es imprescindible no sólo para intensificar la producción de cereales alimentarios, sino también para facilitar la diversificación y expansión de actividades fuera de la explotación agrícola. Una buena infraestructura de transporte no sólo contribuirá a crear empleo, sino también servirá para unir las zonas rurales a los principales mercados. La clave del desarrollo agrícola en Bangladesh es la transformación de los campesinos tradicionales en empresarios agrícolas. Los productores agrícolas no carecen de motivación, sino de conocimientos técnicos y recursos41. Por esta razón, son imprescindibles el desarrollo de los recursos humanos y la difusión de la enseñanza. Hay que esforzarse también por garantizar la disponibilidad de créditos con tipos de interés razonables y hacer que los pequeños agricultores y los sectores marginados, incluidas las mujeres, tengan un mayor acceso a ellos.

17 Las tasas y proyecciones del crecimiento económico incluidas en esta sección se basan en Asian Development Outlook 1997 y 1998, Banco Asiático de Desarrollo, Manila.

18 FAO. 1995. Agricultura mundial: hacia el año 2010. Estudio de la FAO. Dirigido por N. Alexandratos. Roma, FAO y Madrid, Ediciones Mundi-Prensa.

19 Banco Mundial. 1996. Informe sobre el desarrollo mundial, Washington, D.C.

20 Gobierno de Bangladesh. Bangladesh food and agri-culture, preparado para la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, noviembre de 1996, FAO, Roma.

21 La línea de pobreza (nivel de gastos) en Bangladesh se definió mediante una encuesta de gastos por hogares realizada en 1991-92 y se calculó sobre la base de una ingestión diaria mínima per cápita de 2 122 kcal (según lo recomendado por la OMS), con un margen del 30 por ciento para las necesidades básicas no alimentarias. El grupo definido como de «indigencia absoluta» tiene una ingestión diaria de menos de 1 805 kcal. (M.O. Hossain. 1991. Poverty alleviation. En R. Sobhan, ed. Report of the task forces on Bangladesh development strategies for the 1990s, Vol. 1, Dhaka.)

22 Economist Intelligence Unit. 1996. Bangladesh country profile, 1996-97. Londres.

23 PNUD, 1996. Report on Human Development in Bangladesh: A Pro-Poor Agenda. Dhaka.

24 Gobierno de Bangladesh, op. cit., nota 20.

25 La tasa de inflación reflejó principalmente al precio del arroz que representa el 62 por ciento de la cesta de consumo para medir el índice de precios al consumidor, según se señala en: Gobierno de Bangladesh/ FAO. 1996. Strategies and programme framework for agricultural development in Bangladesh.

26 Gobierno de Bangladesh, FAO, op. cit.

27 Gobierno de Bangladesh, op. cit., nota 20, pág. 129.

28 Economist Intelligence Unit, op. cit., nota 22, pág. 129.

29 Ibid.

30 K. Jahan, 1996. Nutrition survey of Bangladesh, 1995-96 a preliminary report. Institute of Nutrition and Food Science, Dhaka University, Dhaka.

31 PMA. Bangladesh Foodgrain Digest, febrero de 1997, Dhaka.

32 M.M. Rashid. Achievements, constraints and future activities in rice research and production in Bangladesh. Documento del Instituto de Investigaciones sobre el Arroz de Bangladesh presentado a la 18ª reunión de la Comisión Internacional del Arroz, septiembre de 1994, Roma.

33 Z. Karim. Accelerating agricultural growth in Bangladesh. Documento presentado al Seminario sobre investigación y desarrollo agrícola celebrado en Bangladesh, febrero de 1997, Bangladesh Agricultural Research Council, Dhaka.

34 Gobierno de Bangladesh/ FAO, op. cit., nota 25, pág. 131.

35 PMA. 1995. Bangladesh country strategy outilne. CFA 40/SCP, 15/8/OMA/Add.1, Roma.

36 Gobierno de Bangladesh/ FAO, op. cit., nota 25, pág. 131.

37 Z. Karim, op. cit., nota 33, pág. 136.

38 M. Hossain. 1996. Rural income and poverty trends. En H.Z. Rahman, M. Hossain y B. Sen, eds. 1987-1994: dynamics of rural poverty in Bangladesh. Dhaka, Bangladesh Institute of Development Studies.

39 H.Z. Karim, op. cit., nota 33, pág. 136.

40 «Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana.» FAO. 1996. Cumbre Mundial sobre la Alimentación – Plan de Acción. Roma.

41 M. Hossain. Food aid, food security and development. Documento 7 del Seminario sobre estrategias alimentarias en Bangladesh organizado por el Gobierno de Bangladesh y la Comunidad Económica Europea. Octubre de 1988. Dhaka.

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