Previous Page TOC Next Page

PARTE III

LA AGROINDUSTRIA Y EL DESARROLLO ECONOMICO


LA AGROINDUSTRIA Y EL DESARROLLO ECONOMICO

INTRODUCCION

La agricultura y la industria han sido consideradas tradicionalmente como dos sectores separados tanto por sus características como por su función en el crecimiento económico. Se ha estimado que la agricultura es el elemento característico de la primera etapa del desarrollo, mientras que se ha utilizado el grado de industrialización como el indicador más pertinente del avance de un país en la vía del desarrollo. Además, se ha solido afirmar que la estrategia adecuada de desarrollo es la que permite pasar más o menos gradualmente de la agricultura a la industria, correspondiendo a la agricultura financiar la primera etapa de ese paso.

Sin embargo, esta opinión ha dejado de ser ya adecuada. Por una parte, se ha reconsiderado y reevaluado la función de la agricultura en el proceso del desarrollo desde el punto de vista de su contribución a la industrialización y su importancia para un desarrollo armónico y una estabilidad política y económica. Por otra, la misma agricultura ha llegado a ser una forma de industria, a medida que la tecnología, la integración vertical, la comercialización y las preferencias de los consumidores han evolucionado según pautas que se ajustan más al perfil de los sectores industriales comparables, a menudo con una notable complejidad y riqueza en cuanto a su variedad y ámbito. Esto ha entrañado que el desarrollo de los recursos de la agricultura resulte cada vez más sensible a las fuerzas del mercado y se integre más en los factores de la interdependencia industrial. Los productos agrícolas están determinados por tecnologías de complejidad creciente e incorporan los resultados de importantes esfuerzos de investigación y desarrollo, y responden en medida creciente a refinadas preferencias individuales y colectivas con respecto a la nutrición, la salud y el medio ambiente. Aunque todavía se puede distinguir entre la fase de producción de materias primas y la de elaboración y transformación, en muchos casos esta distinción queda difuminada a causa de la complejidad de la tecnología y según la medida de la integración vertical: la industrialización de la agricultura y el desarrollo de agroindus-trias1 son, en efecto, un proceso común que está generando un tipo completamente nuevo de sector industrial.

En este capítulo se trata de examinar algunas de estas cuestiones y evaluar la función actual y potencial de la agroindustria en el desarrollo económico. Se comienza analizando la definición del sector y examinando algunos datos estadísticos de su importancia económica en todo el mundo. Se trata después la función que la agroindustria puede desempeñar en el desarrollo económico de los países en desarrollo para pasar a estudiar como están cambiando actualmente las condiciones del desarrollo agroindustrial en todo el mundo como consecuencia de las nuevas políticas y regímenes comerciales y de la evolución tanto de la tecnología como de las pautas del consumo de alimentos. Se pone después de relieve la internacionalización creciente de las operaciones agroindustriales, en particular debido a la importancia cada vez mayor de las actividades de capital internacional, así como la función de las empresas multinacionales en este proceso. Por último, se examinan los elementos de un entorno normativo propicio para promover la agroindustria y garantizar que el sector aporte la máxima contribución al desarrollo económico.

AGROINDUSTRIA: DEFINICION Y DIMENSIONES

Definición y tipos de agroindustria

Una definición común y tradicional de la agroindustria se refiere a la subserie de actividades de manufacturación mediante las cuales se elaboran materias primas y productos intermedios derivados del sector agrícola. La agroindustria significa así la transformación de productos procedentes de la agricultura, la actividad forestal y la pesca.

Es evidente que una parte muy considerable de la producción agrícola se somete a un cierto grado de transformación entre la cosecha y la utilización final. Por ello, las industrias que emplean como materias primas productos agrícolas, pesqueros y forestales forman un grupo muy variado: desde la mera conservación (como el secado al sol) y operaciones estrechamente relacionadas con la cosecha, hasta la producción, mediante métodos modernos y de gran inversión de capital, de artículos como productos textiles, pasta y papel.

Las industrias alimentarias son mucho más homogéneas y más fáciles de clasificar que las industrias no alimentarias, ya que todos sus productos tienen el mismo uso final. Por ejemplo, la mayor parte de las técnicas de conservación son básicamente análogas con respecto a toda la gama de productos alimenticios perecederos, como frutas, hortalizas, leche, carne o pescado. De hecho, la elaboración de los productos alimenticios más perecederos tiene por objeto en gran medida su conservación.

En contraposición a las industrias alimentarias, las no alimentarias tienen una amplia variedad de usos finales. Casi todos los productos agrícolas no alimentarios requieren un alto grado de elaboración. Pueden incluir, de forma mucho más característica que las industrias alimentarias, una serie definida de operaciones que, a través de los distintos productos intermedios, llevan al producto final. Debido al valor añadido de cada una de estas etapas sucesivas de elaboración, la proporción del costo de la materia prima original en el costo total disminuye progresivamente. Otra característica de las industrias no alimentarias es que muchas de ellas utilizan cada vez más productos sintéticos u otros sucedáneos artificiales (especialmente fibras) juntamente con las materias primas naturales.

Otra clasificación útil de la agroindustria es la distinción entre industrias proveedoras de materias primas e industrias consumidoras de materias primas. Las primeras intervienen en la elaboración inicial de los productos agrícolas, como la molienda del trigo y el arroz, el curtido del cuero, el desmotado del algodón, el prensado del aceite, el aserrado de la madera y el enlatado de pescado. Las segundas se encargan de la fabricación de artículos a base de productos intermedios derivados de las materias agrícolas, como la fabricación de pan y galletas, de tejidos, de papel, de ropa y calzado o de manufacturas de caucho.

Otra distinción se basa también en la naturaleza del proceso de producción que, en muchos casos, puede variar desde la artesanía hasta la organización industrial. Por ejemplo, en algunos países en desarrollo, el mismo artículo puede estar producido por un tejedor artesanal que trabaja en su casa con un telar manual o por una gran fábrica de tejidos que dispone de maquinaria especializada y sistemas complejos de organización y que produce una amplia gama de artículos industriales para los mercados interno y externo. En tales casos, puede desorientar una definición de agroindustria basada únicamente en los artículos que se producen, debido a que sólo el segundo de los dos métodos de producción mencionados tiene características industriales.

Sin embargo, hoy en día, resulta cada vez más difícil establecer una demarcación precisa de lo que debe considerarse actividad agroindustrial: los efectos de los procesos de innovación y las nuevas tecnologías obligan a ampliar la gama de los insumos agroindustriales que pueden tenerse en cuenta, incluyendo, por ejemplo, productos biotecnológicos y sintéticos. Esto significa que actualmente la agroindustria sigue elaborando artículos agrícolas sencillos, a la vez que transforma también insumos industriales muy especializados que frecuentemente son el resultado de notables inversiones en investigación, tecnología e inducciones. A esta complejidad creciente de los insumos corresponde una gama cada vez mayor de procesos de transformación, que se caracterizan por la alteración física y química y tienen por objeto mejorar la comerciabilidad de las materias primas según su uso final.

Todos estos factores, es decir, la complejidad creciente de los insumos, los efectos de los procesos de innovación y nuevas tecnologías, la especialización y la gama cada vez mayor de procesos de transformación, hacen que sea más difícil establecer una distinción clara entre lo que debe considerarse estrictamente industria y lo que puede clasificarse como agroindustria.

Según la clasificación tradicional de las Naciones Unidas, Clasificación Industrial Internacional Uniforme de todas las Actividades Económicas (CIIU), que es bastante rígida, pero útil a efectos estadísticos, la producción agroindustrial se presenta en muchos sectores de manufacturación: 3.1 Elaboración de productos alimenticios, bebidas y productos de tabaco; 3.2 Fabricación de productos textiles, prendas de vestir y cueros; 3.3 Producción de madera y productos de madera, incluidos muebles; 3.4 Fabricación de papel y de productos de papel, y actividades de edición e impresión; 3.5.5 Fabricación de productos de caucho. Aunque en este capítulo se tratan todos estos sectores de la agroindustria, se centra sobre todo la atención en el grupo especialmente importante de los alimentos, bebidas y tabaco.

CUADRO 3

Parte del valor añadido manufacturero total1 correspondiente a las agroindustrias en determinados grupos de países, 1980 y 19942


(Porcentaje)
Grupos de países

Alimentos,

bebidas, tabaco

Tejidos ropa, cuero, calzado

Productos madereros, muebles

Papel, productos de papel, edición

Productos

del caucho

Todas las

agroindustrias


(3.1)

(3.2)

(3.3)

(3.4)

(3.5.5)

(3.1-3.4, 3.5.5)


1980

1994

1980

1994

1980

1994

1980

1994

1980

1994

1980

1994

Países industrializados

13,3

12,6

8,3

5,7

3,6

3,1

7,9

8,9

1,2

1,1

34,3

31,4

CE

11,9

13,5

8,5

6,0

3,7

3,4

6,8

7,6

1,3

1,1

32,2

31,6

Japón

11,3

9,4

7,2

4,3

4,4

2,3

8,8

9,2

1,4

1,2

33,1

26,4

América del Norte

13,7

11,9

6,4

4,8

2,8

3,0

11,4

11,3

1,0

1,1

35,3

32,1

Europa oriental y CEI

20,8

20,5

14,4

13,7

2,7

3,2

2,2

1,8

1,4

1,1

41,5

40,3

Países en desarrollo

18,2

17,7

15,2

11,4

2,8

2,2

4,3

4,6

1,5

1,7

42,0

37,6

Países de reciente industrialización (PRI)3

15,1

14,5

15,0

10,8

2,4

1,6

4,5

5,0

1,6

1,8

38,6

33,7

PRI de segunda generación4

23,5

19,7

16,2

13,0

3,2

3,8

3,3

3,8

2,0

2,2

48,2

42,5

Nota: Clasificaciones de la CIIU entre paréntesis. 1 A los precios constantes de 1990. 2 1993 para los países en desarrollo. 3 PRI = Argentina, Brasil, México, ex Yugoslavia, Hong Kong, India, República de Corea, Singapur y la Provincia china de Taiwan. 4 PRI de segunda generación = Marruecos, Túnez, Chile, Turquía, Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia. Fuente: ONUDI. 1997. International Yearbook of Industrial Statistics 1997. Viena.

La agroindustria en cifras

En el Cuadro 3 se muestra la contribución de las agroindustrias al valor añadido manufacturero (VAM) total en determinados grupos de países en 1980 y 1993-94, basándose en la amplia clasificación de la CIIU antes indicada. Aun en el caso de las economías más adelantadas, estas industrias representan una gran parte de la actividad industrial total. En los países industrializados, aunque la agricultura primaria aporta una proporción muy pequeña del producto total, las distintas industrias derivadas de la transformación de productos agrícolas representaban casi un tercio del VAM total en 1994. La proporción es aún más alta (37,6 por ciento) en los países en desarrollo, donde la agroindustria es frecuentemente la principal actividad industrial y aporta una importante contribución a la producción, los ingresos de exportación y el empleo. No obstante, la parte correspondiente a las agroindustrias ha disminuido alrededor de 3 a 4 puntos porcentuales tanto en los países en desarrollo como en los industrializados desde 1980, siendo el descenso algo mayor en los primeros y ligeramente inferior en los segundos.

El componente principal de las actividades agroindustriales tanto en los países industrializados como en desarrollo es la industria de los productos alimenticios, bebidas y tabaco, que en 1994 representó aproximadamente el 13 por ciento del VAM total en los países industrializados y el 18 por ciento en los países en desarrollo, si bien la proporción ha ido también disminuyendo en ambos grupos.

En cuanto a la distribución del valor añadido mundial entre las distintas ramas de la agroindustria, la parte correspondiente a los países en desarrollo ha aumentado sensiblemente en todas ellas entre 1980 y 1994, llegando a ser casi un tercio del total mundial en lo que respecta a tabaco, calzado y tejidos, a la vez que ha aumentado también considerablemente por lo que respecta a las bebidas y al cuero (Cuadro 4).

Entre los países industrializados, la CE realizó un avance considerable en lo que respecta a productos alimenticios, bebidas, tabaco y cuero, al que, no obstante, correspondió un descenso relativo en la mayoría de las demás ramas agroindustriales. América del Norte fortaleció su dominio del mercado de productos madereros y papel, e incrementó también notablemente su parte en las industrias del caucho y tejidos. En cambio, se registraron descensos relativamente pronunciados en Europa oriental y la CEI, donde los problemas de la transición económica repercutieron sensiblemente, entre otras cosas, en la actividad agroindustrial. Disminuyó la parte correspondiente a esta región en todas las ramas, en medida que varía de tres puntos porcentuales aproximadamente para el calzado, los productos madereros y el tabaco, hasta nueve o diez puntos para los alimentos, bebidas, tejidos y cuero.

Los aumentos generales de la contribución de los países en desarrollo al producto total se reflejaron en tasas más rápidas de expansión de sus industrias, en comparación con las de los países industrializados durante 1980-94 (Cuadro 5). Su tasa de crecimiento fue superior a la de las economías industriales y en transición en todas las ramas de la actividad industrial durante los años ochenta y, de nuevo, en 1990-94. Las industrias del caucho y el papel fueron particularmente boyantes durante todo el período, lo mismo que la industria de las bebidas en 1990-94.

Las industrias de los alimentos, bebidas y tabaco son con mucho el componente más importante de las actividades agroindustriales tanto en los países en desarrollo como desarrollados, y aportan también una parte considerable a su producto económico general. Por lo que respecta a los países en desarrollo, la fabricación de alimentos, bebidas y tabaco representó alrededor del 3 al 4 por ciento del PIB, porcentaje que mostró una notable semejanza en las distintas regiones durante los últimos decenios (Figura 13). Sin embargo, la región de América Latina y el Caribe constituye un grupo aparte. Aunque el peso económico del subsector ha sido históricamente mayor en esta región, ha tendido a perder importancia relativa desde mediados de los años ochenta, en contraste con lo ocurrido en otras regiones donde tendió a aumentar. Lo más notable es el crecimiento continuo en la región de Asia y el Pacífico durante gran parte de los años setenta y ochenta, tendencia que ha continuado también en los noventa.

CUADRO 4

Distribución del valor añadido mundial1 por ramas de la agroindustria, 1980 y 19942

Rama (CIIU) Países industrializados y economías en transición

En desarrollo



Año

Todos

UE

Japón

América del Norte

Europa oriental y CEI

Todos

PRI

Mundial1


(Porcentaje)
alimentos

1980

85,5

28,0

14,8

22,3

16,3

14,5

7,4

100,0

(3.1.1/2)

1994

82,0

32,3

13,7

24,7

6,9

18,0

9,0

100,0

Bebidas

1980

79,3

32,6

10,4

18,6

14,0

20,7

11,1

100,0

(3.1.3)

1994

73,2

36,3

8,8

19,2

4,8

26,8

13,6

100,0

Tabaco

1980

73,7

33,7

3,2

29,3

5,8

26,3

12,2

100,0

(3.1.4)

1994

66,8

35,9

2,8

23,4

2,8

33,2

14,7

100,0

Tejidos

1980

78,1

29,3

14,4

14,0

17,9

21,9

13,2

100,0

(3.2.1)

1994

71,3

29,7

11,4

19,0

8,8

28,7

16,5

100,0

Ropa

1980

81,5

34,2

11,1

21,7

11,6

18,5

10,9

100,0

(3.2.2)

1994

76,0

29,3

10,3

25,9

7,4

24,0

12,6

100,0

Cuero

1980

76,7

34,6

9,9

12,0

18,9

23,3

15,3

100,0

(3.2.3)

1994

72,2

39,1

10,4

11,5

9,1

27,8

18,1

100,0

Calzado

1980

74,1

42,1

4,4

13,1

11,7

25,9

17,6

100,0

(3.2.4)

1994

69,3

41,8

6,4

8,5

9,2

30,7

20,0

100,0

Productos de madera

1980

89,6

33,5

22,1

19,4

7,6

10,4

4,9

100,0

(3.3.1)

1994

87,8

34,4

14,7

27,5

4,3

12,2

4,0

100,0

Papel

1980

90,4

33,1

12,7

35,0

6,1

9,6

6,3

100,0

(3.4.1)

1994

88,3

33,5

13,4

36,5

1,5

11,7

7,7

100,0

Caucho

1980

84,9

36,3

17,2

17,6

11,3

15,1

10,1

100,0

(3.5.5)

1994

78,2

31,7

16,2

24,3

3,7

21,8

14,2

100,0

Todas las manufacturas

1980

87,1

35,7

14,2

23,9

9,5

12,9

8,2

100,0

(3.1-3.9)

1994

83,5

33,0

17,1

25,9

4,2

16,5

9,8

100,0

1 Con exclusión de China, de la que no se dispone de datos. 2 A los precios constantes de 1990. Fuente: ONUDI. 1997. International Yearbook of Industrial Statistics 1997. Viena.

CUADRO 5

Crecimiento medio anual del valor añadido en las agroindustrias, por grupos de países, 1980-90 y 1990-941

Rama
(CIIU)
Países industriales

Europa oriental y CEI

Países en desarrollo


1980-90

1990-94

1980-90

1990-94

1980-90

1990-94


(Porcentaje)
Alimentos (3.1.1/2) 1,8

1,4

1,7

..

2,6

3,4

Bebidas (3.1.3) 1,8

1,2

-1,7

..

2,6

4,9

Tabaco (3.1.4) 0,0

-1,4

0,4

..

1,8

2,1

Tejidos (3.2.1) 0,2

-1,5

1,1

..

2,2

0,8

Ropa (3.2.2) -0,6

-2,3

1,7

..

2,4

-1,7

Cuero (3.2.3) -1,4

-4,1

0,0

..

0,7

-3,6

Calzado (3.2.4) -3,1

-3,5

2,4

..

-0,4

-2,4

Productos madereros (3.3.1) 1,6

-0,1

2,1

..

2,1

..

Papel (3.4.1) 3,4

1,8

1,2

..

4,3

4,5

Caucho (3.5.5) 2,6

-0,3

1,4

..

4,9

3,9

Total VAM 2,8

-0,4

2,5

-10,1

4,4

3,5

1 A los precios constantes de 1990. Fuente: ONUDI. 1997. International Yearbook of Industrial Statistics 1997. Viena.

A nivel mundial, los países desarrollados predominan en las industrias de los alimentos, bebidas y tabaco, ya que en 1994 sumaban un 80 por ciento aproximadamente del valor añadido mundial del subsector, correspondiendo a Europa occidental y América del Norte casi el 60 por ciento (Figura 14).

En los países en desarrollo, la parte principal de la producción total del subsector corresponde a Asia y el Pacífico y América Latina y el Caribe, cada una de las cuales representa aproximadamente el 45 por ciento de la producción de los países en desarrollo (Figura 15). Sin embargo, mientras la proporción de América Latina y el Caribe, que predominaba anteriormente entre las regiones de países en desarrollo, ha ido disminuyendo sensiblemente a lo largo de los años ochenta con respecto al nivel del 50 al 60 por ciento que alcanzaba en los años setenta, la parte correspondiente a Asia y el Pacífico ha aumentado rápidamente durante el mismo período. El descenso de la posición relativa del Africa subsahariana ha sido muy acentuado: tras un máximo alcanzado en 1983, su participación en la producción de los países en desarrollo ha ido disminuyendo constantemente, descendiendo a un nivel inferior al del Cercano Oriente y Africa del Norte.

Expresado en relación con el PIB agrícola, el valor añadido en la fabricación de alimentos, bebidas y tabaco constituye un amplio indicador de la importancia de la elaboración en relación con la agricultura primaria (Figura 16). Como se deduce de la figura, la elaboración ha sido siempre un componente importante de la producción agroalimentaria general en América Latina y el Caribe, lo que indica una especialización relativamente mayor de toda la cadena alimentaria en esta región. Sin embargo, ha tendido a perder importancia en relación con el PIB agrícola total desde comienzos de los años ochenta en esta región. En cambio, en todas las demás regiones en desarrollo, la elaboración ha cobrado una mayor importancia en relación con la producción agrícola primaria, sobre todo en Asia y el Pacífico.

Función de desarrollo de la agroindustria

Estudios teóricos y empíricos sobre los cambios estructurales que acompañan al proceso de desarrollo han puesto de manifiesto una serie de pautas constantes. La más fundamental es una reducción constante del peso relativo del sector agrícola con respecto al no agrícola a medida que aumentan los ingresos per cápita. Este descenso relativo se observa como una reducción de la parte correspondiente a la agricultura en el valor añadido, empleo, comercio y consumo per cápita. Va unido a una disminución de la parte de la producción agrícola primaria en el valor del producto final, y a un incremento paralelo del valor añadido de la industria de elaboración de productos agrícolas.

A partir de estas observaciones ha surgido el concepto común de que el desarrollo implica necesariamente una trasferencia de recursos fuera del sector agrícola y que coincide en gran medida con el desarrollo industrial. Sin embargo, en tiempos más recientes el debate sobre el desarrollo se ha centrado en una cuestión mucho más pertinente, a saber, si cabe esperar que el sector agrícola aporte una contribución óptima al proceso general de crecimiento económico. Cabe preguntarse esto con respecto tanto al tamaño y funcionamiento del mismo sector agrícola, como a sus vinculaciones con el resto de la economía. Se puede aducir que el desarrollo de la agroindustria, para los países que cuentan con ventajas comparativas en este sector, puede contribuir a alcanzar un equilibrio adecuado entre la agricultura y la industria.

Para destacar la función de la agroindustria en el proceso de desarrollo cabe mencionar la hipótesis de concatenación de Hirschman2, la cual establece que la mejor vía de desarrollo consiste en elegir las actividades en las que el progreso inducirá otros progresos en otros lugares. Por consiguiente, una actividad que muestre un alto grado de interdependencia, medida en proporción al producto vendido a otras industrias o adquirido por estas, puede proporcionar un fuerte estímulo para el crecimiento económico. Aunque más adelante se analizará en detalle la cuestión de las concatenaciones, puede hacerse ya la observación general de que la agroindustria, dada su alta interdependencia con actividades precedentes y posteriores, puede desempeñar una función muy importante en la aceleración de la actividad económica.

Potencial de agroindustrias en los países en desarrollo

El potencial de desarrollo agroindustrial en los países en desarrollo está vinculado en gran medida a la abundancia relativa de materias primas agrícolas y al bajo costo de la mano de obra existentes en la mayoría de ellos. En estas condiciones, las agroindustrias más adecuadas son precisamente las que utilizan de forma relativamente más intensiva esas abundantes materias primas y mano de obra no especializada, mientras que es relativamente menos intensiva la utilización de capital y mano de obra especializada que se presumen escasos.


RECUADRO 11

PRODUCTIVIDAD DE LA MANO DE OBRA Y ESTRUCTURA DE COSTOS EN LA AGROINDUSTRIA

El valor añadido por empleado varía ampliamente, tanto entre los distintos países como entre las diferentes ramas de la agroindustria. En el cuadro (columna 1) se expone el valor añadido por empleado en la elaboración de alimentos en determinados países, el cual varía de un máximo de 102 300 dólares por trabajador en los Estados Unidos a un mínimo de 1 700 en la India, entre los países indicados. Las diferencias son también sustanciales: más de 10:1 entre los países de reciente industrialización (por ejemplo, la República de Corea, Singapur y Hong Kong) y los países de bajos ingresos (por ejemplo, China, Kenya e India), lo que indudablemente refleja las diferencias en las tecnologías aplicadas, así como en las técnicas de gestión y operación. En el cuadro (columna 2) se indica también que, como era de prever, los niveles de los sueldos aumentan con la productividad. En la producción de alimentos, los sueldos anuales por empleado varían de un mínimo de 600 dólares en Indonesia a un máximo de 27 800 en Alemania. Los trabajadores de la industria alimentaria de Singapur reciben un sueldo 20 veces superior al promedio de los de Kenya e India.

En cuanto a la estructura de costos, las materias primas y los servicios públicos (agua y energía) representan más de la mitad del costo total de producción en la elaboración de alimentos (columna 3). En la mayoría de los países, el costo de estos insumos constituye entre el 60 y el 90 por ciento del valor bruto de la producción. Esta proporción tiende a bajar a medida que aumenta la productividad. Los niveles más altos se encuentran en Kenya y la India, donde el costo de las materias primas y los servicios públicos representaba el 93,1 y el 87,7 por ciento, respectivamente, del valor del producto en 1993. Los costos de la fuerza de trabajo, expresados en porcentaje del valor total del producto, fluctúan en un margen relativamente estrecho, pero su proporción tiende a ser mayor en los países industrializados que en los en desarrollo. El superávit de operación (columna 5) incluye los rendimientos del capital y la gestión empresarial en forma de pagos de interés, beneficios y dividendos. Los datos no muestran pautas claras. El nivel del superávit de operación parece depender más de las condiciones del mercado y del grado de competencia predominante en cada país que de la naturaleza de la tecnología utilizada.

Determinados indicadores de la industria alimentaria1 en distintos países, 1991-93

Países Valor

Sueldos

Porcentaje en el producto


añadido por empleado

por empleado

Materiales y servicios públicos

Fuerza de trabajo

Superávit de operación


(miles de $EE.UU.)

(miles de $EE.UU.)

(%)

(%)

(%)

PAISES INDUSTRIALIZADOS




Estados Unidos 102,3

24,0

61,8

8,9

29,3

Alemania 87,3

27,8

66,2

10,8

23,0

Japón 83,3

26,7

60,7

12,6

26,7

Italia 66,1

..

79,5

12,4

8,1

Francia 63,8

..

69,5

15,3

11,4

Reino Unido 56,0

20,9

64,8

13,2

22,0

Federación de Rusia 8,4

1,9

62,9

8,3

28,8

PAISES EN DESARROLLO




Corea, República de 50,1

10,7

60,0

8,6

31,4

Singapur 37,5

14,6

68,2

12,4

19,4

Chile 25,7

5,1

62,1

7,6

30,3

Hong Kong 23,6

11,4

66,3

16,3

17,4

Malasia 15,2

3,6

84,5

3,7

11,8

Tailandia 12,3

2,0

72,8

4,5

22,7

Ghana 6,9

1,4

65,0

7,4

27,7

Indonesia 6,1

0,6

64,8

3,7

31,5

China 3,8

3,5

71,0

3,5

12,5

Kenya 2,8

0,7

93,1

1,6

5,3

India 1,7

0,7

89,7

4,2

6,1

1 CIIU 3.1.1/12. Fuente: ONUDI. 1996. International Yearbook of Industrial Statistics 1997. Viena.


De hecho muchas de las agroindustrias que utilizan materias primas agrícolas tienen estas características que las hacen particularmente adecuadas para las circunstancias de muchos países en desarrollo. En los casos en que la materia prima constituye una gran proporción de los costos totales, su fácil disponibilidad a precio razonable puede compensar otros inconvenientes como la falta de infraestructura o de mano de obra especializada. Además, para muchas agroindustrias, una pequeña fábrica puede ser económicamente eficiente, lo cual es otro factor importante en los países en desarrollo donde el mercado interno se halla limitado por el bajo poder adquisitivo y, en algunos casos, por las dimensiones reducidas del mismo mercado.

Los factores que determinan el emplazamiento más económico para una agroindustria son complejos, siendo en general el transporte uno de los principales. La mayoría de los productos agrícolas pierden peso y volumen en la elaboración, lo que significa que su transporte es más barato después de la elaboración, o son perecederos, lo que hace también que se transporten más fácilmente en forma elaborada. También pueden influir en el emplazamiento la disponibilidad de mano de obra, así como de energía y otra infraestructura, pero en muchos casos resulta más económico establecer las industrias dedicadas a estos productos en la zona donde se produce la materia prima. Por ello, las agroindustrias pueden contribuir a aliviar el desempleo rural que es característico de los países en desarrollo.

Hay, sin embargo, excepciones. Por lo que respecta a la mayoría de los cereales, suele ser más fácil el envío de la materia prima a granel, mientras que muchos productos de panadería son muy perecederos, lo que exige su producción cerca del mercado. Son un caso aparte las semillas oleaginosas (salvo las más perecederas, como la aceituna y el palmiste), ya que pueden transportarse con la misma facilidad y bajos costos como materia prima o como aceite, torta o harina, lo que permite una mayor libertad técnica en la elección del emplazamiento de su elaboración. Puede decirse lo mismo de las etapas posteriores de la elaboración de algunos productos básicos. Por ejemplo, aunque el algodón en bruto pierde peso en el desmotado, el cual, por consiguiente, se realiza en la zona de producción, el hilo, los tejidos y la ropa pueden transportarse con la misma facilidad y bajos costos.

En los casos en que hay un amplio grado de libertad técnica para la elección del emplazamiento, las industrias han solido tender a situarse en la proximidad de los mercados, porque en los centros grandes se encuentra una mano de obra más eficaz y una infraestructura mejor, y son más bajos los costos de distribución. Cuando se produce para la exportación, este factor favorece la creación de la industria de elaboración en el país importador. Otros factores han contribuido a reforzar esta tendencia, tales como la necesidad de materias primas y materiales auxiliares adicionales (especialmente productos químicos) que tal vez no se hallen fácilmente disponibles en el país productor de la materia prima; una mayor flexibilidad al decidir el tipo de elaboración según el uso final al que se destina el producto; y una mayor regularidad en el suministro y continuidad de las operaciones cuando se obtienen las materias primas de distintas partes del mundo. Con la mejora de la infraestructura, la mayor eficiencia de la mano de obra y el crecimiento de los mercados internos en los países en desarrollo, hay más posibilidad de incrementar la elaboración en los países donde se producen las materias primas. Además, al aumentar la liberalización del comercio mundial, serán más los países en desarrollo que puedan aprovechar sus costos más bajos de mano de obra para ampliar sus exportaciones de productos agroindustriales.

Otro aspecto de importancia para el emplazamiento de las agroindustrias es la posible existencia de economías de escala. Para que las economías de escala sean notables (como en la producción de neumáticos y pasta y papel), es imprescindible que haya grandes mercados. Las dimensiones que debe tener un mercado para que la producción sea económica pueden ser en tales casos muy superiores a las del mercado interno de cada país en desarrollo, el cual es limitado no sólo a causa de los bajos ingresos per cápita, sino también debido a que frecuentemente es pequeño el tamaño de la población total. Sin embargo, aunque en la mayoría de las agroindustrias se pueden reducir los costos medios de producción a medida que aumenta la escala de la fábrica, no debe exagerarse la importancia de las economías de escala. En una fábrica en gran escala, los costos de producción son inferiores no sólo porque se reparten más los costos de capital y generales, sino también porque se suele necesitar menos fuerza de trabajo por unidad de producto, aspecto que es de menor importancia en los países en desarrollo donde los costos de la mano de obra son bajos.

Especificidad de la agroindustria

La elaboración es sólo un eslabón de la cadena continua entre la producción de la materia prima y el consumo final. La especificidad de la agroindustria con respecto a otros sectores industriales consiste en gran medida en el carácter biológico de la materia prima. Las materias primas utilizadas por la agroindustria se caracterizan en general por su carácter estacional y la variabilidad de su producción, así como por su carácter perecedero. Estos aspectos plantean exigencias especiales tanto en lo que respecta a la organización de las actividades agroindustriales como a la base agrícola que produce los insumos, lo que acentúa aún más la necesidad de una integración estrecha de la producción de la materia prima y la elaboración.

La producción agrícola y ganadera no puede controlarse con gran precisión y tiende a variar mucho de un año a otro a causa de las condiciones atmosféricas y de la incidencia de plagas y enfermedades. Se pueden reducir en cierta medida estas fluctuaciones con una utilización mejor de los recursos de suelos y aguas y combatiendo las plagas y enfermedades. La empresa de elaboración de alimentos es la principal interesada en conseguir o promover la aplicación de estas medidas por los productores, ya que necesita que el suministro de la materia prima sea lo más regular posible.

Asimismo, la mayor parte de la producción de cultivos tiende a concentrarse en una determinada estación. Por ello, puede ser ventajoso que las empresas elaboradoras, sobre todo las dedicadas al enlatado y la congelación, fomenten la producción en una determinada zona de una gama adecuada de cultivos y variedades que maduren en estaciones diferentes, a fin de mantener en funcionamiento las instalaciones de elaboración durante el mayor tiempo posible. El carácter perecedero de muchos productos agropecuarios exige también un contacto estrecho entre el productor y el elaborador, así como la planificación anticipada para limitar al mínimo las pérdidas.

No obstante, la necesidad de este estrecho contacto se deriva de la posibilidad de controlar la calidad de las materias primas. Pueden influir en ella factores como la elección de la semilla, la aplicación de fertilizantes, la lucha contra malezas, plagas y enfermedades y la selección y limpieza. Los elaboradores no sólo desean conseguir una calidad uniforme en los suministros de materia prima, sino también suelen tener necesidades específicas. Desde hace mucho tiempo se producen variedades especiales de algunos cultivos para la conserva (por ejemplo, tomates, manzanas y peras), pero la necesidad de tales variedades está aumentando a medida que la tecnología alimentaria desarrolla procesos más avanzados. En muchos casos hay necesidades específicas con respecto a factores como forma, tamaño, textura, color, sabor, olor, acidez, viscosidad, madurez, peso específico y contenido de sólidos solubles, sólidos totales y vitaminas.

La iniciativa para la introducción de las distintas variedades y la aplicación de las prácticas correspondientes suele proceder en general de las empresas de elaboración. Por ello, con respecto a algunos productos básicos, especialmente las frutas y hortalizas destinadas a conserva y congelación, la producción y elaboración de la materia prima está cada vez más integrada verticalmente en los países desarrollados mediante distintas formas de explotación agrícola por contrata. En los países en desarrollo, la producción de plantaciones en gran escala de cultivos como caña de azúcar, café, té, sisal y caucho, se basa en la integración vertical de la producción y elaboración de la materia prima.

Efectos de concatenación

Desde el punto de vista de una estrategia de desarrollo, una de las características más importantes de toda industria es la medida en que pueda generar una demanda de productos de otras industrias. Se designa este fenómeno con el nombre de concatenación. Una industria puede estimular la inversión tanto en las fases subsiguientes de producción mediante una concatenación progresiva, como en las etapas precedentes mediante una concatenación regresiva.

La creación de determinadas industrias de elaboración primaria puede provocar, mediante una concatenación progresiva, el establecimiento de una serie de industrias más avanzadas. Las industrias forestales son especialmente valiosas como base para la creación de otras industrias. Una vez que ha comenzado la producción de papel y cartón, pueden surgir muchas industrias de conversión, como la fabricación de bolsas de papel, material de oficina, cajas y cartones, contenedores de madera, muebles y una amplia gama de productos madereros. Podrían citarse numerosos ejemplos: productos como los aceites vegetales y el caucho se utilizan en una amplia variedad de industrias manufactureras; la preparación de cueros y pieles puede fomentar las operaciones de curtido, lo mismo que la fabricación de calzado y otros artículos de cuero.

El desarrollo de agroindustrias tiene también muchos efectos benéficos que retornan a la misma agricultura. El más directo de ellos es ciertamente el estímulo para incrementar la producción agrícola mediante la expansión del mercado. De hecho, en muchos casos, el establecimiento de instalaciones de elaboración es por sí mismo un primer paso fundamental para estimular tanto la demanda de productos elaborados por parte de los consumidores como una oferta suficiente de materias primas. La producción agrícola se beneficia también de los servicios de transporte, energía y otra infraestructura necesarios para las agroindustrias. El desarrollo de estas y otras industrias crea una atmósfera más favorable para el progreso técnico y para la aceptación de ideas nuevas en la misma explotación agrícola.

La capacidad de la agroindustria de generar demanda y empleo en otras industrias es también importante a causa de su potencial creciente de activar concatenaciones colaterales, es decir, concatenaciones que derivan de la utilización de subproductos o residuos de la principal actividad industrial. Por ejemplo, las industrias de piensos pueden utilizar varios subproductos agroindustriales, como suero, tortas oleaginosas prensadas y harina de sangre, canales y huesos. Además, muchas industrias que utilizan materias primas agrícolas producen residuos que pueden emplearse como combustible, pasta para papel o fertilizante. El reciclaje y la agricultura biológica son dos actividades paralelas y responden a la idea de una explotación sostenible de los recursos naturales en un contexto de eficiencia industrial.

Un efecto que a veces no se tiene en cuenta es el aumento considerable del empleo que puede derivarse del establecimiento de una industria que utiliza una materia prima. Aun en el caso de que el proceso industrial sea, en sí mismo, de utilización intensa de capital, se puede crear bastante empleo para el suministro de la base de materia prima. Por último, las agroindustrias crean una demanda de una amplia variedad de maquinaria, equipo, materiales de envasado y artículos intermedios que se utilizan en la misma elaboración.

La agroindustria en el proceso de desarrollo

La función de la agroindustria como sector de la economía tiene facetas múltiples y que cambian a lo largo del desarrollo. En las primeras etapas del crecimiento, la elaboración industrial de productos agrícolas tiende a limitarse a unos pocos cultivos de exportación, mientras que la mayoría de los productos agrícolas se consumen con una forma mínima de elaboración que se realiza totalmente dentro del sector agrícola. Las industrias de elaboración previa predominan en su forma más primitiva, como la molienda del trigo y del arroz, el prensado del aceite y la conserva del pescado. Otro ejemplo de esta etapa sería la economía de plantación, donde la agroindustria y la agricultura primaria se presentan como una actividad integrada verticalmente, realizándose una elaboración previa de la materia agrícola mediante un sistema de producción basado frecuentemente en el cambio de actividad de los mismos jornaleros y pequeños productores agrícolas.

Otros casos de actividades agroindustriales aparentemente más diversificadas, basadas en frutas y hortalizas o productos pecuarios, pueden ser igualmente primitivos en cuanto a su organización, bajo nivel de producción de valor agregado y falta de concatenaciones con las industrias químicas y mecánicas y con los servicios de mercadeo y financieros. Tal es el caso de Egipto, donde, pese al crecimiento de la producción de frutas y hortalizas y la correspondiente industria de transformación, la agricultura primaria sigue absorbiendo casi el 90 por ciento de las compras de artículos intermedios de la industria, mientras que se ha desarrollado una cadena de concatenaciones más larga sólo para los productos relacionados con la ganadería. De igual forma, la parte considerable que los productos agrícolas en bruto representan en el total de la adquisición de productos intermedios es una característica de la producción agroindustrial de bebidas tropicales y otros productos derivados de cultivos de plantación, así como de hortalizas, frutas, tabaco y ganado, en la primera etapa del desarrollo industrial nacional.

Aun en los casos de limitadas concatenaciones regresivas fuera de la agricultura, la elaboración de alimentos en las primeras etapas del desarrollo puede ser un importante complemento directo de la agricultura en cuanto fuente de empleo de mano de obra estacional. Requiere muy poca inversión y ofrece amplias oportunidades para acrecentar el valor añadido utilizando recursos desempleados, así como para mejorar los ingresos y la nutrición. Los distintos tipos de industrias caseras se encuentran en casi todos los sectores en que la agricultura se halla suficientemente diversificada y hay posibilidades de ampliar la gama de productos y los períodos de producción tanto por razones dietéticas como para protegerse contra la incertidumbre. Las oportunidades de empleo fuera de la explotación agrícola que ofrece la elaboración de alimentos pueden así representar un primer instrumento para atenuar las variaciones estacionales en el mercado de la fuerza de trabajo y, con ello, constituir un factor importante de acumulación de capital en zonas rurales.

Marruecos ofrece un ejemplo de una etapa más avanzada de desarrollo de la agroindustria, caracterizada por algunas actividades industriales posteriores más especializadas, pero donde el empleo fuera de la explotación agrícola sigue siendo el principal motor de crecimiento de la industria. En dicho país, la presencia de una industria bien desarrollada de conservas de alimentos, como salsa de tomate, zumos de frutas y otras frutas en conserva, garantiza una concatenación más estrecha con sectores distintos de la agricultura, tales como los abastecedores de insumos (productos químicos, vidrio, aluminio y papel) o los que dependen de la elaboración ulterior (servicios de mercadeo). Se estima que la industria alimentaria de Marruecos adquiere sólo el 70 por ciento de sus materias primas de la agricultura, mientras que el producto final que se vende al consumidor y se exporta en cantidades cada vez mayores contiene más de un 45 por ciento de productos no agrícolas.

Una etapa de desarrollo ulterior de la agroindustria en cuanto productora de alimentos y bebidas puede observarse en varios países de ingresos medianos, como Turquía, Argentina y Chile. Esta etapa se caracteriza por el pleno desarrollo de la concatenación progresiva, con la incorporación en el producto final de varios servicios de mercadeo y otro tipo, y por el hecho de que la innovación de productos predomina sobre la innovación de procesos para proporcionar una ventaja competitiva y una base de crecimiento a las empresas en el mercado. Suele haber una buena concatenación con la cadena de mercadeo y vínculos de organización y financieros entre los productores y la venta al por menor. La rapidez con que se introducen los nuevos productos es extremadamente elevada, lo que testifica la importancia de la innovación de productos en esta fase del ciclo industrial.

Por último, por lo que respecta a sectores de ingresos elevados, como la Unión Europea y los Estados Unidos, la etapa de madurez de la industria alimentaria sigue manifestándose como muy dinámica. Aunque las concatenaciones progresivas y regresivas no son mayores que las ya conseguidas por las empresas de la tercera etapa en los países de ingresos medianos, se desarrolla una serie de concatenaciones entre la producción de maquinaria especializada y la innovación de procesos. Las compañías productoras de alimentos situadas en países de ingresos elevados, gracias a su tamaño, a su liderazgo en el mercado y a su grado de internacionalización, contribuyen en muchos casos a establecer la base para una tecnología completa de producción de alimentos elaborados. Las actividades en cuestión varían desde la planificación y el control de calidad de los productos agrícolas y otras materias primas hasta la proyectación y fabricación de maquinaria, las especificaciones y seguimiento del ciclo de producción y la prestación de servicios financieros y otros servicios especializados.

Por consiguiente, el poder multiplicador de la industria de elaboración de alimentos a lo largo de toda la economía mediante los efectos de concatenación es ciertamente un importante factor de crecimiento tanto para los países en desarrollo como para los desarrollados. Otra razón por la que las agroindustrias son especialmente eficaces para activar la demanda de los sectores previos y posteriores es la posición que ocupan los alimentos en la cadena del consumo. En efecto, las agroindustrias, aun en los casos en que su nivel de especialización sea relativamente bajo y tengan limitadas concatenaciones progresivas y regresivas, pueden ser particularmente eficaces para canalizar el aumento de la demanda mundial hacia productos cuya producción ha aumentado. Ocurre esto porque, en las primeras etapas del desarrollo, una gran parte del gasto privado se orienta hacia los cereales y otros alimentos básicos, mientras que, a medida que avanza el desarrollo, se orienta hacia las frutas y hortalizas y otros alimentos cuya elasticidad-ingreso es relativamente más alta3. En fases más avanzadas del desarrollo, la integración cada vez mayor de los sectores productivos es la que garantiza principalmente la capacidad de la producción alimentaria para activar al resto de la economía, pero también el consumo sigue contribuyendo al multiplicador de la industria al exigir más productos, más diversificados y con una mayor elasticidad-ingreso.

Una característica importante de las agroindustrias es que son una de las principales fuentes de empleo e ingresos, por lo que proporcionan acceso a los alimentos y otros bienes necesarios a amplios grupos de la población. Por esta razón, son elementos esenciales para alcanzar las metas de la seguridad alimentaria.

Las agroindustrias (alimentos, bebidas y tabaco) suelen emplear aproximadamente el 10 por ciento de la fuerza laboral total ocupada en la manufacturación en los países desarrollados y alrededor del 20 al 30 por ciento en los países en desarrollo (Cuadro 6). Los porcentajes más elevados se encuentran en Africa, donde se refleja el escaso desarrollo de otros sectores de manufacturación y la función pionera de la agroindustria, y en menor medida en los países de América Latina incluidos en la muestra. El Cuadro 6 muestra también la parte correspondiente a los salarios y sueldos de la agroindustria en los sueldos totales de la manufacturación. Comparando ambas partes, se ve que, en los países desarrollados, las ganancias en la elaboración agrícola fueron en conjunto inferiores a las obtenidas en otras actividades de manufacturación. En cuanto a los países en desarrollo, las pautas son menos claras, pero los datos disponibles indican que los sueldos en la agroindustria son superiores a los de otras actividades industriales, salvo actividades especializadas que exigen generalmente capacitación y conocimiento de oficios.

CUADRO 6

Parte del total de empleados en la manufacturación1 correspondiente a la agroindustria y parte de los sueldos y salarios totales de la agroindustria en los sueldos totales de la manufacturación, en determinados países, 1992

Países Empleados en la agroindustria en porcentaje del totalde empleados en la manufacturación

Sueldos de los empleadosen la agroindustria/sueldos totalesen la manufacturación


(Porcentaje)
PAISES DESARROLLADOS
Estados Unidos 9,1

7,8

Finlandia 13,0

12,8

Alemania 7,2

5,9

Canadá 13,6

12,6

Suecia 9,8

8,8

PAISES EN TRANSICION
Bulgaria 11,7

13,4

Croacia 15,3

16,7

Kirguistán 12,5

10,8

Federación de Rusia2 11,2

19,6

Lituania3 18,7

23,7

Hungría3 20,1

21,5

PAISES EN DESARROLLO
Africa:
Camerún 35,9

38,6

Kenya 32,4

28,4

Botswana 26,1

36,9

Senegal 59,3

55,6

Zimbabwe 17,7

24,4

Asia y el Pacífico:
India 22,8

12,0

Indonesia 20,2

14,5

Corea, República de 7,2

6,2

Malasia 8,4

8,6

Filipinas 20,9

22,6

Sri Lanka 20,5

20,3

América Latina y el Caribe:
Argentina2 27,6

25,2

Brasil 33,0

12,5

Colombia 22,1

22,7

Ecuador 36,1

33,2

México 20,9

17,6

Perú 23,5

25,5

1 Alimentos, bebidas y tabaco. 2 Los datos se refieren a 1993. 3 Los datos se refieren a 1994. Fuente: ONUDI. 1997. Handbook of Industrial Statistics 1997. Viena.


RECUADRO 12

APROVECHAMIENTO DE CONTAMINANTES: EL CASO DEL SUERO

El suero, residuo líquido de la fabricación de queso y caseína, es una de las mayores reservas de proteínas alimentarias que quedan todavía fuera de los canales del consumo humano. Sin embargo, se sigue desperdiciando una gran proporción de los suministros totales de suero. Tradicionalmente, se consideraba el suero como un elemento no deseable, a lo sumo, de poco interés y, en el peor de los casos, que cuesta caro deshacerse de él. La práctica más común era sencillamente verterlo en los cursos de agua, lo que es muy perjudicial desde el punto de vista ambiental. Se estima que una fábrica de queso produce 250 000 litros de suero al día y puede contaminar tanta agua como una ciudad de 50 000 habitantes. Una práctica menos perjudicial era darlo como pasto a los terneros o cerdos para complementar su alimentación normal. Al desarrollarse la industria quesera, resultó evidente que estas soluciones tradicionales no eran suficientes para afrontar el problema de la eliminación del suero. Se elaboraron reglamentos anticontaminación que se fueron aplicando progresivamente en los países donde más abundante es la producción de sueros, lo que obligó a los fabricantes de quesos a elaborar el suero o a instalar sus propias instalaciones de eliminación lo que repercutía negativamente en los rendimientos por unidad. Como la primera de las dos posibilidades era el menor de los dos males, la industria se esforzó por desarrollar sus instalaciones, especialmente para el secado, y tratar de encontrar nuevos usos para el suero. La producción de suero en polvo, principalmente para utilizarse como pienso, resultó la solución más económica y, en realidad, esta forma de industria se ha desarrollado considerablemente en los últimos decenios. Al mismo tiempo, se comenzó a utilizar el suero para consumo humano, como ingrediente de todo una gama de productos, especialmente bebidas, en primer lugar, la Rivella suiza, otras bebidas con sabor de frutas de alto contenido nutritivo e incluso «champán de suero» y otros refrescos que se producen a escala comercial en algunos países de Europa oriental.

Aunque el vertido del suero en los cursos de agua sigue constituyendo un grave problema en algunos países, se ha reducido mucho esta práctica especialmente en los países industrializados gracias a la aplicación de medidas contra la contaminación. Estas medidas han contribuido también a intensificar la investigación sobre usos alternativos del suero, constituyendo así un ejemplo del modo en que los incentivos y la reglamentación pueden inducir a que las mismas industrias transformen los residuos contaminantes en beneficios.


A medida que procede el crecimiento económico y el desarrollo, la función dinámica de la agroindustria debe valorarse en el marco de la complejidad creciente de los sistemas alimentarios y otros sistemas basados en la agricultura, la pesca y la actividad forestal. Esta especialización creciente va acompañada de un desplazamiento de la importancia relativa del valor añadido y empleo generados en las distintas etapas dentro de estos sistemas. El aumento de la productividad laboral, que suele ser más rápido en la agricultura que en otros sectores de la economía, contribuye a liberar mano de obra y, por tanto, a ponerla a disposición de otros sectores, así como a la reducción de la proporción del valor del producto primario de la agricultura en el valor del producto elaborado final. Esto es particularmente perceptible en los productos alimenticios: la parte del alimento en el gasto medio del consumidor, que es del orden del 20 por ciento en las economías de ingresos elevados y del 40 al 60 por ciento en las de ingresos medios y bajos, es varias veces superior a la proporción que representa el valor añadido de la agricultura en el PIB. Los sectores de la agroindustria, así como los del comercio y la distribución, contribuyen a la mayor parte de esta diferencia. La capacidad de la agroindustria nacional de aprovechar esta oportunidad económica y contribuir al progreso del sector agrícola, en especial en lo que respecta a la calidad, es muy prometedora para los países en desarrollo. Esto destaca también la importancia continua de la agricultura como base para la diversificación económica, tanto a nivel nacional como local, ya que gran parte de la elaboración de los productos agrícolas se verifica y puede desarrollarse a nivel local, contribuyendo así a la descentralización del progreso económico y social.

La agroindustria y el medio ambiente

Pese a su importante contribución al desarrollo agrícola y general, la agroindustria puede tener también efectos colaterales perjudiciales para el medio ambiente. Sin un control, la agroindustria, lo mismo que las demás industrias, puede crear contaminación ambiental o riesgos ecológicos en distintas formas: descarga de residuos orgánicos o peligrosos en los suministros hídricos; emisión de polvo o gases que empeoran la calidad del aire y producen sustancias tóxicas; y la utilización de maquinaria peligrosa para la seguridad y salud de los trabajadores. La gravedad de los problemas de contaminación provocados por la actividad agroindustrial varía mucho, pero parece evidente que los procedimientos de transformación de alimentos son en general de menor utilización intensiva de energía y liberan menos CO2 y residuos metálicos que la mayoría de las demás actividades industriales. De hecho, industrias de elaboración de productos agrícolas, como las fábricas de azúcar, pueden llegar a ser no sólo autosuficientes en energía mediante la conversión de los residuos de biomasa, sino también notables productores de electricidad para abastecer a la red nacional y reducir así las emisiones de CO2. Los riesgos de contaminación son relativamente menores en las etapas iniciales de conservación y transformación, pero pueden aumentar al crecer el nivel de la alteración física y química, especialmente en las industrias que utilizan equipo y tecnología anticuados (las nuevas tecnologías son menos contaminantes que las antiguas en cuanto a residuos y emisiones por unidad de producto). El tamaño de la industria puede ser un factor importante, pero no determinante en sí mismo. De hecho, las agroindustrias grandes y centralizadas pueden ser fuentes importantes de contaminación local, mientras que las industrias en menor escala pueden producir también contaminantes dispersos con un efecto acumulativo en una determinada región geográfica. Ocurre esto sobre todo porque las industrias pequeñas, especialmente las de países de bajos ingresos, carecen de recursos financieros para utilizar tecnologías modernas y limpias. Los riesgos y peligros causados por la contaminación agroindustrial pueden ser muy graves y percibirse inmediatamente, ya que tales industrias tienden a concentrarse en zonas urbanas y periurbanas. Por último, la incidencia de los residuos y contaminación agroindustriales depende en gran medida de la eficiencia del marco legislativo y de las medidas reglamentarias que se adopten para proteger el medio ambiente. Las normas anticontaminación pueden contribuir de forma importante, no sólo a reducir la emisión de residuos contaminantes, sino también a utilizarlos de forma rentable (Recuadro 12). Sin embargo, muchos países siguen careciendo de un marco de política que afronte debidamente el factor ambiental, así como de estructuras institucionales, jurídicas y de seguimiento para aplicar eficazmente medidas encaminadas a combatir la contaminación.

NUEVAS CONDICIONES PARA LA AGROINDUSTRIA

Regímenes de apoyo y comercio y pautas de la producción agroindustrial

Las políticas alimentarias y agrícolas nacionales y las políticas de comercio internacional son un factor determinante de la división internacional del trabajo y la distribución geográfica de la producción agrícola y agroindustrial. Es imprescindible realizar estudios sobre las perspectivas de los mercados nacionales e internacional de productos alimenticios y agrícolas para adoptar las decisiones sobre los marcos de política que permitirán a los productores y fabricantes mejorar su competitividad y aprovechar las oportunidades del mercado.

Tienen también importancia decisiva las políticas que influyen en los precios de los insumos y productos tanto para los productores, como para los fabricantes y consumidores. Por ello, se prestará atención a las políticas relacionadas con los impuestos, subvenciones, apoyo directo a los precios y aranceles, a plazos corto y largo.

Los responsables de las políticas se enfrentan con la tentación de ofrecer incentivos o un trato preferencial a las industrias que suministran insumos o a los productores, fabricantes o consumidores finales de los alimentos. Estas intervenciones de política pueden adoptar distintas formas: desgravaciones fiscales a los productores de insumos y productos, subvenciones de los precios de los insumos o los alimentos, precios subvencionados para los productores a niveles relativamente altos, aranceles protectores u otras barreras comerciales internacionales. Antes de adoptar este tipo de medidas es preciso analizar atentamente su sostenibilidad, ya que la historia está llena de ejemplos de consecuencias desastrosas provocadas por la eliminación repentina de tales medidas preferenciales.

Es importante que las políticas aplicadas en todos los niveles de los sistemas de producción y elaboración de alimentos sean compatibles y conduzcan a la misma meta. Las intervenciones de política, ya sean impuestos, subvenciones, apoyo o aranceles, deben generar beneficios netos para la sociedad. En otras palabras, la pérdida de ingresos fiscales debida a la reducción de impuestos debe compensarse con creces con un aumento de los puestos de trabajo y los beneficios derivados de la industria; el costo de una subvención debe compensarse con ganancias para los beneficiarios directos e indirectos de dicha subvención; unos precios relativamente altos deben garantizar el aumento necesario de la producción y la expansión de la industria en cuestión, proporcionando beneficios en términos de empleo e ingresos; y la subvención al consumidor final debe producir beneficios netos en términos de nutrición y productividad.

Un aspecto importante de las políticas de protección agrícola es el fenómeno de que los aranceles de los productos agrícolas elaborados son generalmente más altos que los aplicados a sus productos básicos primarios. Esta diferencia de aranceles entre el producto elaborado y su correspondiente producto primario se suele designar como progresividad arancelaria. Desde hace muchos años los países en desarrollo han señalado la progresividad arancelaria como una importante cuestión relacionada con el acceso al mercado y un obstáculo notable a sus esfuerzos por establecer industrias de elaboración. En un estudio reciente de la FAO4 se analiza el impacto de la Ronda Uruguay en la progresividad arancelaria para los productos agrícolas en la UE, Japón y Estados Unidos. El estudio muestra que la progresividad arancelaria ha disminuido como consecuencia de la Ronda Uruguay, creándose oportunidades para que los países en desarrollo diversifiquen sus exportaciones con productos básicos elaborados de mayor valor añadido. Se mantendrán todavía altos niveles de progresividad después de la aplicación de las concesiones de la Ronda Uruguay.

En muchos países en desarrollo, desde épocas coloniales hasta, al menos, comienzos de los años ochenta, se tendió a aplicar los impuestos directa o indirectamente en la agricultura mediante una combinación de medidas que entrañaban la adquisición obligada a precios inferiores a los del mercado, la aplicación de impuestos a los insumos, la subvención de manufacturas y unos tipos de cambio sobrevalorados. Sin embargo, este fenómeno presentaba situaciones muy diversificadas. Por una parte, para las bebidas tropicales, aceites, alcohol y tabaco, frecuentemente en el contexto de una agricultura mal pagada o con altos impuestos, se pagaban subvenciones enormes a la industria elaboradora, que estaba organizada o bien en forma paraestatal (como en Africa), o controlada por multinacionales (como en América Central y Asia) o también se caracterizaba por una estricta estructura oligopolista (como en gran parte de América Latina).

Por otra parte, la aparición de un sector moderno de elaboración de alimentos ha sido retrasada o incluso impedida en muchos casos por la combinación de impuestos agrícolas y subvenciones al consumo que ha caracterizado la política alimentaria tradicional en los países en desarrollo. En particular, los sistemas de distribución de alimentos se han basado en compras obligatorias o subvenciones a la importación, lo que ha reducido simultáneamente el suministro de productos locales y los precios de los productos alimenticios elaborados. De esta forma, se han reprimido artificialmente los incentivos para desarrollar la fabricación local de distintos productos alimenticios, especialmente en sectores como los productos lácteos, la carne envasada y los derivados del trigo. Además, en varios países en desarrollo se ha fomentado indirectamente el auge de una industria interna de elaboración de frutas y hortalizas mediante políticas punitivas adoptadas contra la producción de productos alimenticios básicos. Una política de «abandono benigno» o, en algunos casos, de abierta subvención en favor de los cultivos de regadío ha fomentado así el crecimiento de un complejo agroindustrial dedicado a las frutas y hortalizas en países tan diversos como Marruecos, Turquía, México y Chile. De igual forma, en el caso de las frutas tropicales, muchas empresas industriales nuevas han tenido éxito en la producción de zumos, conservas y productos de frutas para la industria nacional, gracias a la rentabilidad relativamente elevada de estos productos, a los adelantos tecnológicos en los procesos de transformación y a la necesidad de diversificar la producción con respecto al azúcar y otros cultivos de plantación.

Un ejemplo interesante de un desarrollo de este tipo es el del Brasil, donde la producción de zumos de frutas tropicales se ha multiplicado por 20 en los últimos diez años. Estas frutas, que provienen principalmente de las zonas del norte y nordeste del país, se solían consumir en forma elaborada sólo en los mercados locales, debido a que no se disponía de una tecnología que permitiera producir zumos con la estabilidad químicofísica necesaria para mantener las características organolépticas de un producto de nivel comercial aceptable. Este obstáculo tecnológico se superó completamente a lo largo de los años ochenta. Gracias a ello, la industria brasileña de elaboración de frutas tropicales, juntamente con la producción de las mismas frutas, ha crecido enormemente y ha adquirido una parte considerable del mercado de exportación en el que tiene casi el monopolio de algunos productos (por ejemplo maracujá).

Un problema especial de transformación que afecta tanto a las políticas de precios como a la industria de la elaboración de los alimentos es la transición a las economías de mercado de las antiguas economías de planificación centralizada de Europa oriental y la CEI. En ellas, el sistema de precios antes de la transición se caracterizaba por grandes subvenciones a los productores de alimentos y a los consumidores. Aunque aproximadamente los dos tercios de la tierra agrícola pertenecían a explotaciones estatales o colectivas, prácticamente todas las agroindustrias eran monopolios estatales, las cuales prestaban poca atención a la calidad y al desarrollo tecnológico, incluso tratándose de productos que eran fuentes de alto valor para el comercio exterior (como el caviar). El proceso de transición ha modificado el entorno económico eliminando o reduciendo sustancialmente las subvenciones para los alimentos, mediante la privatización de la agricultura y la industria y a través de la desreglamentación de los mercados locales. No obstante, al no existir un programa completo de liberalización, se han creado nuevos desequilibrios. Las subidas de los precios de los alimentos al por menor frecuentemente no se trasmiten a los agricultores porque la industria elaboradora es libre de utilizar el poder del mercado para obtener beneficios monopolísticos. Al mismo tiempo, los productores locales se enfrentan con una dura competencia de importaciones de calidad superior, como son los alimentos elaborados procedentes de occidente.

La tendencia actual de las políticas agrarias hacia una liberalización y una mayor orientación al mercado abre una serie de perspectivas interesantes para los productores agrícolas y agroindustriales. En un entorno macroeconómico internacional caracterizado por una baja inflación y bajos tipos de interés en los países industrializados, el comercio internacional debería recibir un impulso significativo, especialmente para la liberalización de los mercados agrícolas. Las perspectivas de crecimiento son favorables, en especial gracias a la mayor diversificación del consumo alimentario, la tendencia a consumir bienes de elevada elasticidad y la importancia creciente de la comercialización y elaboración. Estos fenómenos podrían provocar una reasignación masiva de los productos agrícolas según nuevas pautas de ventajas comparativas, con arreglo a las nuevas perspectivas del mercado y a las posibilidades que abren la tecnología y la evolución de los gustos.

Además, en muchos países en desarrollo, a partir de mediados de los años ochenta y como consecuencia de la tendencia general hacia una mayor liberalización y orientación al mercado, parece haber surgido una nueva conciencia de la importancia de la agricultura y sectores conexos. En muchos casos, esta nueva conciencia ha coincidido con importantes cambios de política, como la privatización de las empresas gubernamentales de comercialización y elaboración y el final de las subvenciones a oligopolios privados en el sector de los productos básicos. Por consiguiente, parece que existen las condiciones para un crecimiento endógeno de la industria alimentaria nacional, en los casos en que pueden aprovecharse ventajas comparativas. Sin embargo, hay que destacar que, frecuentemente, continúa en los países en desarrollo la discriminación contra las agroin-dustrias nacionales, ya que se han atenuado solamente las políticas discriminatorias, pero no se han eliminado.

Evolución de la tecnología y pautas del consumo alimentario

Otros factores que configuran el futuro de la producción y comercio agroindustriales son la evolución de la tecnología y las pautas del consumo de alimentos, las cuales son más perceptibles en los países industrializados. A este respecto, el desarrollo tecnológico en la agricultura está pasando por una fase de transición de gran interés. Por otra parte, las mejoras en las técnicas de producción basadas en innovaciones químicas y mecánicas tradicionales han permitido incrementar excepcionalmente los rendimientos y mejorar mucho la calidad, principalmente en lo relativo a la homogeneidad de los productos y a la ausencia de defectos físicos. Además, en tiempos más recientes la investigación y tecnología agrícolas tienden a modelos diferentes, basados principalmente en innovaciones de tipo biológico y biotecnológico, así como en tecnologías modernas de elaboración.

Aunque hasta ahora las mejoras en la productividad y los precios logradas mediante innovaciones en la elaboración han tenido una importancia extraordinaria en la agricultura primaria y se han transferido fácilmente al sector industrial, empiezan a materializarse también innovaciones en los productos. Aunque la mejora resultante en la variedad y calidad de los productos finales no va necesariamente paralela a una reducción de los costos, es de esperar que las innovaciones incrementen la eficiencia de la agroindustria y, mediante el correspondiente aumento de la demanda de insumos agrícolas por parte de la industria elaboradora, contribuyan a mitigar la tendencia a la reducción de los precios con que se enfrentan los productores primarios.

Paralelamente al desarrollo tecnológico, están evolucionando también las pautas del consumo alimentario en los países industrializados (Cuadro 7).

CUADRO 7

Parte correspondiente a los principales grupos de alimentos en el suministro de energía alimentaria total, 1969-71 y 1990-92

Grupo de alimentos Mundial

Países desarrollados

Países en desarrollo


1969-71

1990-92

1969-71

1990-92

1969-71

1990-92


(Porcentaje)
PRODUCTOS VEGETALES 84,4

84,3

71,7

70,9

92,3

89,7

Cereales 50,1

51,2

32,6

30,4

60,9

59,6

Azúcar 9,1

8,8

13,2

12,8

6,6

7,2

Aceites y grasas vegetales 5,7

8,2

8,2

11,1

4,1

7,0

Raíces y tubérculos 7,5

5,0

5,0

3,8

9,0

5,4

Hortalizas y frutas 4,2

4,3

4,5

4,9

4,5

4,8

Legumbres y nueces 4,8

4,0

2,3

2,3

2,3

4,7

Bebidas alcohólicas 2,7

2,4

5,3

4,9

5,3

1,3

Estimulantes y especias 0,4

0,4

0,4

0,6

0,4

0,4

PRODUCTOS ANIMALES 15,6

15,7

28,3

29,1

7,7

10,3

Carne y despojos 6,4

7,4

11,1

12,8

3,5

5,2

Leche 4,8

4,3

8,9

8,6

2,2

2,6

Aceites y grasas animales 2,7

2,0

5,4

4,4

1,0

1,1

Huevos 0,8

0,9

1,5

1,8

0,3

0,7

Pescado 0,9

1,0

1,4

1,3

0,6

0.7

Fuente: FAO.

CUADRO 8

Tasa de crecimiento (%) del consumo per cápita de determinados alimentos, Europa occidental, 1970-90 y 1988-90 a 2010


1970-90

1988-90 a 2010


(Porcentaje)
Cereales y derivados 0,2

-0,2

Papas -0,4

-0,4

Azúcar -0,5

0,0

Legumbres 1,4

0,0

Hortalizas y derivados 1,3

0,5

Frutas y derivados 0,8

0,8

Aceites vegetales 1,3

0,8

Leche y derivados 0,7

-0,3

Huevos -0,5

-0,2

Carne y derivados 0,8

0,4

Tasa de crecimiento demográfico 0,2

0,1

Fuente: FAO, Hojas de balance de alimentos y proyecciones. 1995. Agricultura mundial: hacia el año 2010. Estudio de la FAO, dirigido por N. Alexandratos. FAO y Ediciones Mundi-Prensa, Madrid.

Entre 1969-71 y 1990-92 la parte correspondiente a los cereales, azúcar y raíces y tubérculos disminuyó a nivel mundial, mientras que la de los productos animales, pescado y aceites y grasas vegetales tendió a aumentar. Sin embargo, se registraron pautas notablemente distintas entre los grupos de países y regiones. Por ejemplo, en las regiones en desarrollo, el crecimiento de la parte correspondiente a productos animales fue más evidente en Asia oriental y sudoccidental, seguida de Asia meridional y América Latina y el Caribe, mientras que no se produjo un crecimiento análogo en el Cercano Oriente y Africa. Las variaciones fueron igualmente notables entre los países desarrollados y en desarrollo. En el caso del azúcar, la reducción de su parte en el total se debió a la fuerte disminución registrada en los países desarrollados, mientras que se produjo un aumento en los países en desarrollo.

En los países industrializados hay dos tipos diferentes de fuerzas que determinan las pautas del consumo de alimentos, cuyos efectos finales en la calidad, composición y distribución geográfica de la producción son difíciles de prever. Una de ellas consiste en una preocupación mayor por la salud y la forma física. Es ésta una de las principales razones de la reducción notable del consumo per cápita de azúcar. Igualmente, aunque el consumo de productos pecuarios ha aumentado notablemente durante los últimos decenios, su importancia relativa está decreciendo progresivamente, mientras que tienen más aceptación productos como las frutas y hortalizas que, hasta tiempos recientes, se consideraban de carácter complementario y de valor inferior al de los productos animales. Se prevé que estas tendencias continuarán en los años futuros, como lo demuestra el ejemplo de los países europeos (Cuadro 8).

El pescado y otros productos marinos y acuáticos, cuyo suministro se ha intensificado y ampliado gracias al crecimiento de la acuicultura y otras técnicas de cría, se han convertido en alimentos que pueden elegir en su dieta los consumidores de ingresos más altos en los países desarrollados. Otro aspecto de esta tendencia es la valoración de características de los alimentos que se relacionan con métodos «primitivos» o «naturales» de producción. Además, forma parte de esta tendencia la agricultura biológica, que se basa en actitudes ecológicas y juicios de valor sobre las características intrínsecas de los alimentos, así como la tendencia a consumir productos más nutritivos, que posean también otras propiedades dietéticas convenientes. Estos variaciones en las pautas alimentarias de los grupos de ingresos medios de los países desarrollados representan un cambio de actitud que probablemente tendrá profundas consecuencias en las orientaciones de la producción alimentaria.

Asimismo, la tecnología moderna de la producción de alimentos tiende a multiplicar la variedad de productos derivados de los originales y naturales. Están proliferando artículos que incorporan innovaciones en su forma, color y propiedades organolépticas y de conservación, los cuales están inundando los supermercados y ofrecen a los consumidores diversas posibilidades de elección. El retorno a la «naturaleza» y al carácter artesanal del alimento original se complementa así, en forma un tanto paradójica, con un aumento del carácter artificial de estos nuevos productos, especialmente los de mayor refinamiento industrial. En este caso, el desafío para la industria alimentaria es cómo tratar de conciliar ambas tendencias mediante innovaciones en la elaboración y en los productos.

Una cuestión que se ha de considerar es la medida en que estos cambios en las pautas del consumo y la importancia creciente de los alimentos trasformados o elaborados en el consumo total de alimentos pueden influir en la inocuidad para el consumidor. Es indudable que las agroindustrias han contribuido a mejorar la calidad, variedad, valor nutritivo e inocuidad de los alimentos. No obstante, puede haber riesgos de infección alimentaria en todas las etapas de la elaboración industrial de los mismos: producción, transformación, envasado, almacenamiento y transporte. Asimismo, si no hay un buen control, el refinamiento mayor del producto implica la adición de conservantes, aditivos y otras sustancias que elevan su valor de mercado, pero pueden ser fuente de riesgos mayores para los consumidores. Otro factor que influye en la calidad e inocuidad de los alimentos es la intensificación de su comercio como consecuencia del proceso general de interdependencia de los sis-temas agroalimentarios (véase la sección Internacionalización de los sistemas agroalimentarios, pág. 253) y factores como los cambios en los gustos y preferencias hacia productos importados que tienen buena publicidad, así como la mayor demanda de alimentos de fácil preparación. No obstante, la intensificación de las corrientes comerciales hace que sea mayor la exposición potencial de los consumidores de una parte del mundo a los problemas de calidad e inocuidad de los alimentos procedentes de otras regiones. El transporte rápido y la prolongación de la conservación en almacén pueden hacer que alimentos contaminados lleguen a su destino más rápidamente y se mantengan en el mercado durante más tiempo, afectando así a un número mayor de consumidores. Estos problemas subrayan la importancia de disponer de normas alimentarias y mecanismos adecuados para una vigilancia y seguimiento rigurosos de la calidad e inocuidad de los alimentos elaborados de procedencia tanto interior como exterior.

Evolución de la agroindustria y países en desarrollo

La evolución de la agroindustria internacional que se examina en este estudio tiene consecuencias para los países en desarrollo y les ofrece la posibilidad de desarrollar sus sectores agroindustriales. Así pues, por una parte, es de esperar que el proceso gradual hacia una mayor liberalización del comercio y orientación al mercado de las políticas nacionales de los países desarrollados ofrezca oportunidades mayores a los países en desarrollo. Por otra, la necesidad de adaptar la producción a unas necesidades cada vez más específicas y exigentes de estos mercados constituye un desafío para la agricultura y la agroindustria de los países que desean abastecerlos. En efecto, el éxito de varios países en desarrollo en la expansión de su producción y exportaciones agroindustriales ha dependido en gran medida de su capacidad de satisfacer las exigencias de los mercados de países desarrollados.

Como en los países desarrollados se consumen prácticamente sólo alimentos elaborados, ya que incluso las hortalizas frescas se someten a distintos tipos de lavado, preparación y envasado cuando llegan a los canales de distribución, el desarrollo de las agroindustrias se identifica cada vez más con el desarrollo de la agricultura industrial. Es más, aunque la mayoría de los llamados nuevos exportadores agrícolas, como Chile y Tailandia, han incrementado su capacidad de abastecer los mercados con productos tanto frescos como elaborados (Recuadro 13), incluso las frutas y hortalizas «frescas» son artículos elaborados que han sido sometidos a operaciones sofisticadas de recogida, control de calidad, envasado, almacenamiento, refrigeración y transporte.


RECUADRO 13

CASOS DE BUENOS RESULTADOS EN LA AGROINDUSTRIA ORIENTADA A LA EXPORTACION

Hasta hace diez años, Chile tenía la tradición de producir fruta fresca de alta calidad. El desarrollo de su capacidad de exportación frente a los productores establecidos de Europa, Estados Unidos y México se basó en estudios detallados de sus posibles ventajas competitivas, teniendo en cuenta el costo, la calidad y las características de la comercialización, tales como el poder ofrecer productos de fuera de estación y la puntualidad en la entrega. Este esfuerzo, mantenido durante un período de prueba de tres a cinco años, permitió conseguir una expansión de las exportaciones de una magnitud sin precedentes, no sólo para la fruta fresca de Chile, sino también para muchos de sus productos agroindustriales, como el vino y las conservas de alimentos. La oportunidad en la recolección, elaboración y transporte depende de la estructura de comercialización industrial que coordina los contratos de ventas, el almacenamiento temporal y los controles de calidad en todas las fases del ciclo del producto. La fiabilidad por lo que respecta a la calidad, la puntualidad de la entrega y otras condiciones contractuales (composición, precios, envasado, etc.) han contribuido gradualmente a acreditar a los productos chilenos una reputación que les garantiza una parte estable en los mercados internacionales.

Además de la variedad de productos, su estacionalidad y la planificación cuidadosa de otras características del mercado, un análisis más detallado del caso de Chile pone de manifiesto cuáles han sido los factores decisivos del éxito. La agricultura chilena se desarrolló en los años setenta, en que una serie de reformas favorables para el mercado eliminó restricciones precedentes y puso fin a un largo período de políticas de sustitución de importaciones. Además, en el crecimiento del sector agrícola han desempeñado una función importante las empresas agro-industriales transnacionales, que han planificado el desarrollo de la producción de frutas con una integración vertical, con arreglo a las modernas normas industriales y explotando su experiencia en los mercados de exportación.

La agricultura chilena constituye asimismo un buen ejemplo de la importancia del sector como motor del crecimiento general de una economía. El proceso de diversificación e integración del sector agrícola ha coincidido con análogos procesos de diversificación de la economía, la cual a comienzos de los años setenta dependía todavía decisivamente de las exportaciones de cobre (que representaban más del 70 por ciento de los ingresos de exportación). El desarrollo industrial y la ampliación de la base de producción, logrados en los años ochenta y noventa, han ido paralelos con el desarrollo de un sector agroindustrial moderno, en la base del cual una agricultura industrializada ha registrado crecimientos de productividad comparables a los de las actividades manufactureras más adelantadas.

Otro caso interesante de buenos resultados es el de Tailandia, que figuró entre los principales exportadores mundiales en los años ochenta en que sus exportaciones crecieron a razón del 13,2 por ciento al año en valor real, lo que representó hasta un 38 por ciento del PIB en 1990. Sus exportaciones siguieron creciendo durante la primera mitad de los años noventa, duplicándose su valor entre 1990 y 1995. El desarrollo de los productos agroindustriales, cuyas exportaciones representaron más del 65 por ciento del total, se consiguió garantizando un entorno económico favorable al mercado y facilitando suficientes servicios financieros y de apoyo. Algunos elementos de este éxito muestran también el potencial de la agroindustria como sector impulsor. En efecto, los puestos de trabajo en distintas industrias manufactureras de Tailandia se duplicaron entre 1979 y 1991, representando la agroindustria el 60 por ciento de todos los trabajadores de la industria manufacturera en 1990, y el 15,4 por ciento del PIB (frente al 9,7 por ciento en 1960). La agroindustria creció a un ritmo superior al 8 por ciento anual desde 1980 hasta 1990 y, en 1990, contaba con 32 000 empresas privadas que representaban el 62 por ciento del total de establecimientos de la industria manufacturera.


Aún prescindiendo de algunos de los casos más excepcionales, la agroindustria ha sido un importante componente del crecimiento en un gran número de las economías que mejor han funcionado en el mundo en desarrollo. Estudios econométricos muestran que esta forma nueva e integrada de desarrollo agrícola se basa invariablemente en un crecimiento de la productividad y un desarrollo tecnológico que son tan rápidos como los que puedan registrarse en el sector manufacturero. Las tasas de crecimiento de la productividad total de los factores son superiores en el sector agrícola a las de otros sectores5. La misma importancia tiene para muchos países la diversificación que les permite poner fin a su dependencia de bienes primarios, la cual suele constituir un obstáculo decisivo para un crecimiento autosostenido.

El impulso de toda la economía hacia la diversificación va acompañado de una tendencia a diversificar dentro del sector, recurriendo a un número creciente de tecnologías de elaboración que incrementan el valor añadido y la productividad superando los límites de la agricultura tradicional.


RECUADRO 14

INTEGRACION VERTICAL

Pese al crecimiento y diversificación de la agroindustria, las actividades de integración y coordinación vertical están aumentando en el sector. Prueba de ello es la incorporación progresiva de grandes explotaciones agrícolas en las multinacionales de la alimentación y el rápido aumento de los contratos de preproducción entre los agricultores y la industria. Por ejemplo, en los Estados Unidos, donde estos fenómenos son más evidentes y tienden a preceder una evolución análoga en otros países, en 1996 más del 50 por ciento de la producción de pollos para asar y casi el 16 por ciento de la de frutas y hortalizas estaban reguladas por contratos de preproducción. El objetivo de reducir los costos de transacción explica gran parte del crecimiento de las empresas integradas verticalmente, así como algunos de los intentos de coordinar la oferta agrícola con las necesidades de la industria. Una empresa integrada puede ahorrar recursos consolidando muchos contratos que pertenecen a la venta de productos agrícolas en una única línea comercial. Pueden obtenerse también reducciones de costos mediante la consolidación de contratos previos con la fuerza de trabajo, la tierra y otros insumos de la producción agrícola.

Una segunda causa de la integración vertical es la necesidad de que la producción agroindustrial cumpla las normas de calidad exigidas por una demanda del consumidor cada vez más específica y diversificada. Dados los costos suplementarios derivados de la aplicación de estas normas en el campo, cada empresa agrícola tiene incentivos para beneficiarse gratuitamente de los niveles de calidad ya alcanzados. La integración vertical puede ser también una forma de afrontar este tipo de problema.


Una característica del nuevo desarrollo agroindustrial es la importancia creciente de las actividades de elaboración y comercialización. La comprobación de que esto es decisivo para adquirir partes estables de los mercados internacionales viene de Israel, que constituye un caso de éxito en los años setenta y representó un modelo para experiencias análogas en otros países. El extraordinario crecimiento de las importaciones logrado en los años ochenta y noventa por algunos países dependió de una planificación completa de todas las fases de transformación del producto, desde el productor original hasta el consumidor final. Por ejemplo, para las frutas y hortalizas de fuera de estación que han sido uno de los principales sectores de expansión de las exportaciones de Chile, se necesita planificar cuidadosamente sus temporadas para garantizar que lleguen a los mercados europeos precisamente en los intervalos entre estaciones en que no se dispone de productos locales, ni siquiera de productos de fuera de estación.


RECUADRO 15

INVERSION EXTRANJERA DIRECTA EN LA AGROINDUSTRIA

Un aspecto importante del proceso de internacionalización económica ha sido el aumento considerable de la inversión extranjera directa (IED), general y en la agroindustria, en los años ochenta y noventa.

Según el Sistema de Notificación de la Deuda del Banco Mundial, el flujo neto total de IED a los países en desarrollo aumentó de 24 500 millones de dólares en 1990 a 95 500 en 1995, mientras que estimaciones preliminares para 1996 indican un aumento ulterior a 109 500 millones de dólares1. Las empresas multinacionales de países industrializados son la fuente principal de IED, representando más del 90 por ciento del flujo en los últimos años.

La composición por sectores del flujo de las inversiones a países en desarrollo no está tan bien documentada. Sin embargo, según las estadísticas2 sobre el flujo total de IED procedente de países de la OCDE hacia todos los destinos, la parte dedicada al subsector de fabricación de alimentos, bebidas y tabaco fue bastante importante para varios de los principales abastecedores. Según los datos de 1993, la parte de la IED destinada a este subsector fue del 9,9 por ciento en Estados Unidos, 5,7 por ciento en el Reino Unido, 2,5 por ciento en Japón, 4,2 por ciento en Francia, 35,9 por ciento en los Países Bajos y 13,5 por ciento en Suiza, mientras que no superó el 0,5 por ciento en Alemania.

1 Véase el Recuadro 1, La deuda exterior y las corrientes financieras de los países en desarrollo, pág. 41.

2 OECD. 1995 International Direct Investment Statistical Yearbook 1995. París.


INTERNACIONALIZACION DE LOS SISTEMAS AGROALIMENTARIOS

Comercio e interdependencia de los sistemas nacionales agroalimentarios

En 1994 el valor del comercio agroalimentario mundial fue de unos 390 000 millones de dólares, es decir, un 10 por ciento del valor del comercio mundial total. Europa desempeñó una función predominante, con casi el 50 por ciento de todas las importaciones y el 45 por ciento de todas las exportaciones. Como se destaca en la Figura 17, pág. 254, Asia es también una importante zona económica en la que predomina el mercado japonés.


RECUADRO 16

FRAGMENTACION DEL MERCADO

La evolución de la industria alimentaria en los últimos 15 años puede considerarse una monografía de un mercado fragmentado que está alcanzando dimensiones mundiales bajo la acción de dos fuerzas poderosas: las pautas en evolución del consumo y el progreso tecnológico. En los años setenta, la industria alimentaria se caracterizaba por un gran número de productores locales, generalmente especializados en un único artículo o una serie de artículos relacionados estrechamente entre sí; un pequeño número de productores nacionales o internacionales especializados también en una única rama empresarial; un número aún menor de empresas multinacionales, que eran o extremadamente diversificadas (Unilever, Nestlé) o estrictamente especializadas (Coca Cola).

El carácter fragmentado del mercado era el resultado de limitaciones tanto naturales como inducidas por las políticas. Las limitaciones naturales eran principalmente los gustos, el equipo local, la lealtad a la marca y la información al consumidor, por lo que respecta a los productos locales. Las li-mitaciones inducidas por las políticas procedían princi-palmente de los obstáculos no arancelarios relacionados con los reglamentos de salud e higiene, así como de políticas discriminatorias en favor de los comerciantes locales y vendedores al por menor. Dado que sus productos no podían ser reproducidos en forma estándar por los grandes productores, los fabricantes locales disfrutaban de la doble ventaja de tener precios más altos y costos de transporte más bajos. Su equipo tradicional y sus marcas locales resultaban también un medio muy eficaz para desalentar cualquier intento de los productores nacionales de penetrar en los mercados locales, salvo con productos que no competían directamente con los locales.

Sin embargo, a partir de mediados de los años ochenta, los grandes productores de Europa y Estados Unidos fueron apoderándose gradualmente de los mercados locales mediante el desarrollo de una estrategia de alto crecimiento basada en tres condiciones: cubrir el mercado para conseguir el dominio de unos pocos productos estándar; incrementar el grado de diferenciación adquiriendo o desafiando directamente a los líderes locales; e introducir nuevos productos que pudieran incluir algunas de las características de los productos locales sin tratar de reproducirlos. Esta estrategia no sólo exigía un rápido crecimiento, sino también una política de expansión de adquisiciones horizontales y un control agresivo de actividades de mercadeo como la publicidad, la venta al por menor y la inversión en investigación y desarrollo para la innovación de productos. Las tendencias actuales, que constituyen una continuación de la expansión a nivel nacional, se caracterizan en su mayoría por los intentos de los productores nacionales de elevar su liderazgo tradicional a un nivel internacional.


La región de América Latina y el Caribe ha conseguido una parte importante del mercado en los últimos 20 años gracias a la gran diversificación de su producción agrícola y al crecimiento dinámico de sus industrias de elaboración primaria, así como a la progresiva liberalización del comercio, factores que han permitido a esta región integrarse notablemente bien en los mercados internacionales. En cambio, la presencia de Africa en los mercados agro-alimentarios sigue siendo modesta, mientras que la pequeña parte de mercado correspondiente a los países de Europa central y oriental y la CEI muestra la dificultad de la integración de estos países en los mercados mundiales.


RECUADRO 17

BENEFICIOS DE LA INVERSION EXTRANJERA DIRECTA

El informe anual de 1996 de la OMC1 examina varios aspectos de la IED, analizando algunos de sus costos y beneficios para el país anfitrión, cuestión que ha sido objeto de fuertes debates entre los defensores y críticos de este tipo de inversión. Aunque los debates se relacionan con todas las formas de IED, es evidente la importancia de la discusión sobre su función en el sector agroindustrial y sobre las multinacionales agroalimentarias. Se exponen a continuación algunos de los puntos principales que se deducen del informe de la OMC.

Según los defensores de la IED, en general los beneficios para el país anfitrión consisten en un aumento del producto e ingresos nacionales que es superior a las ganancias que obtiene el inversionista. Tales beneficios pueden favorecer o bien a la fuerza laboral (en forma de un aumento de los sueldos reales), a los consumidores nacionales (mediante la reducción de los precios y/o la mejora de la calidad del producto) o al gobierno (mediante un aumento de los ingresos).

No obstante, se han elevado muchas críticas contra la IED y contra la función de las empresas multinacionales. Tales críticas subrayan el posible saldo negativo de los efectos de pagos a plazo medio, a medida que las empresas multinacionales incrementan las importaciones de artículos intermedios y comienzan la repatriación de los beneficios. Otras críticas o preocupaciones son el poder de mercado potencial de las empresas multinacionales en el mercado interno del país anfitrión, que les permitiría aplicar distintas prácticas restrictivas que reducirían la competencia, así como la posible vulnerabilidad del gobierno del país anfitrión a las presiones de política. En general, la OMC cree que estas preocupaciones no constituyen una acusación suficiente contra la IED en cuanto tal. Con respecto al potencial efecto negativo en la balanza de pagos, se señala que la IED, en los países con altos niveles de protección de las importaciones, tiende a orientarse menos a la exportación que en los países con bajos niveles de protección y que también cualquier efecto en la balanza de pagos dependerá del régimen de tipo de cambio del país. En cualquier caso, no parece que los costos potenciales relacionados con la IED sean superiores a los beneficios que se derivan de ella. Asimismo, la OMC considera que algunos de los problemas y preocupaciones relacionados con la IED podrían resolverse debidamente en el marco de un acuerdo multilateral al respecto.

Como aspectos positivos, la IED tiene una notable importancia como vehículo de transferencia de tecnología. Ciertamente, esta transferencia puede realizarse directamente a las empresas afectadas, pero puede surtir también importantes efectos de difusión indirecta de tecnología en el país anfitrión. Esta difusión puede ser deliberada, por ejemplo, mediante la mejora de las tecnologías en otras empresas nacionales que son interlocutoras de la afiliada a la extranjera, o verificarse como efecto derivado, por ejemplo, cuando otras empresas copian la tecnología. Otro de los efectos positivos importantes en el país anfitrión podría ser la presión en los productores internos para que mejoren su eficiencia. Según la OMC, la IED es el vehículo más potente de transferencia de tecnología, que permite incrementar la productividad en las empresas de propiedad local.

La IED tiene también efectos importantes en el empleo. La opinión de que las empresas multinacionales influyen poco en el desarrollo de conocimientos técnicos locales se refuta con pruebas empíricas. Al contrario, es posible demostrar que las multinacionales pueden subsanar insuficiencias críticas de gestión, facilitar el empleo de fuerza de trabajo local y transferir conocimientos técnicos a los gestores y empresarios locales.

1OMC. 1996. Annual Report 1996. Ginebra.


Las actividades del capital internacional en la agroindustria han alcanzado un nivel muy alto: de un total de 300 000 millones de dólares a que ascendió la inversión extranjera directa (IED) en 1995, se estima que 25 000 millones se destinaron a la industria agroalimentaria (Recuadro 15).

Una de las razones de la importancia creciente del comercio y flujo de capitales internacionales en la agroindustria ha sido el proceso de internacionalización, que se ha intensificado durante los dos últimos decenios y se ha manifestado en:

CUADRO 9

Las 20 mayores multinacionales de la industria agroalimentaria, 1994

Grupo

País

Principal sector

Facturación



de actividad

agroalimentaria




(millones de $EE.UU.)
Philip Morris

Estados Unidos

Diversos productos

53 288
Cargill

Estados Unidos

Transformación de cereales

50 000
Nestlé

Suiza

Diversos productos

40 247
Pepsico

Estados Unidos

Bebidas y bebidas refrescantes

28 472
Unilever

Países Bajos

Diversos productos

26 150
Coca Cola

Estados Unidos

Bebidas y bebidas refrescantes

23 828
Conagra

Estados Unidos

Diversos productos

23 512
RJB Nabisco

Estados Unidos

Diversos productos

15 366
Danone (BSN)

Francia

Diversos productos

12 843
Anheuser Bush

Estados Unidos

Cerveza

11 364
Grand Metropolitan

Reino Unido

Diversos productos

11 300
Snow Brand Milk Products

Japón

Productos lácteos

10 600
Archer Daniels Midland

Estados Unidos

Aceites y grasas vegetales

10 344
Bunge y Born

Argentina

Transformación de cereales

9 500
Maruha (Taiyo Fishery)

Japón

Pescado

9 221
Eridania/Béghin-Say

Italia

Aceites y grasas vegetales

9 157
Kirin Brewery

Japón

Cerveza

9 020
George Weston Ltd

Canadá

Distribución de alimentos

8 939
General Mills

Estados Unidos

Diversos productos

8 517
Allied Domecq Plc

Reino Unido

Vinos y licores

8 375

Fuente: Agrodata.

CUADRO 10

División por zonas de origen de las 100 principales multinacionales agroalimentarias


Número

1974

1994

Estados Unidos 50

28

Europa occidental 37

43

Japón 7

20

Otras 6

9

Fuente: Agrodata.

Las multinacionales en el proceso de internacionalización

Un aspecto importante del proceso de internacionalización es la función cada vez más importante de las empresas multinacionales en el sector agroindustrial de numerosos países. La creación de una multinacional en cuanto entidad organizativa puede representar en muchos casos el salto final en el proceso de internacionalizar la empresa, proceso que generalmente comienza con la fase de exportación.


RECUADRO 18

UNILEVER

Quizás ninguna otra empresa puede representar tan bien como Unilever a la industria alimentaria mundial. Fundada a comienzos del siglo XIX mediante la fusión de dos boyantes compañías «coloniales», que eran respectivamente de propiedad de la corona inglesa y la holandesa, Unilever ha crecido hasta convertirse tal vez en el mayor productor de alimentos elaborados del mundo. Con 1 700 filiales en todos los países del mundo, los beneficios de Unilever figuran en el vigésimo primer lugar entre las 500 principales empresas, según la clasificación de Fortune. El 50 por ciento de su actividad empresarial se relaciona con la alimentación, con una composición equilibrada de marcas locales, regionales e internacionales que tienen en cuenta las diferencias y semejanzas en la demanda de los consumidores.

Unilever se considera «internacional», no «mundial», porque no intenta entrar en todos los mercados con el mismo producto. Al contrario, sostiene la opinión de que el éxito en la actividad empresarial con los alimentos debe basarse en los gustos locales. Sin embargo, en cuanto conglomerado multinacional, difícilmente se puede decir que Unilever sea local, salvo por su intensa participación en las empresas alimentarias de muchísimos países, con atención especial a los países en desarrollo. Recientemente sus actividades se han ampliado, por ejemplo, a Malasia, Tailandia, Pakistán, Bangladesh, la República Unida de Tanzanía y Mozambique. Cuenta con empresas más antiguas, mejor establecidas y que han dado ya buenos resultados, en México, Brasil, la India y varios otros países de ingresos medios.

Según un informe oficial de la empresa, «generar crecimiento en mercados emergentes es una prioridad fundamental de la actividad empresarial de Unilever. Se considera que estos países superarán a los países industriales avanzados en su participación en la producción mundial para el año 2000. Unilever tiene ya una fuerte presencia en los mercados emergentes».

Justificando su estrategia como tendente a la diversificación y a ganar mercado, la sociedad continúa describiendo su filosofía de innovación del producto en estos términos: «una amplia base de productos es algo más que una mera expresión del tamaño. Implica una flexibilidad estratégica. Unilever puede entrar en un mercado con el tipo de producto que es más pertinente, como puede ser el jabón de lavar (Brasil), la margarina (Hungría), el té (Arabia) o los detergentes (Tailandia). Después puede incrementar gradualmente su facturación introduciendo otros tipos».


En el entorno actual de una competencia creciente en los mercados internacionales, las principales estrategias adoptadas por las empresas agroalimentarias han sido las de obtener, mediante adquisiciones de otras empresas que actúan en mercados exteriores, un nivel de competitividad que, en otras circunstancias, habría sido más costoso o arriesgado conseguir. En efecto, la industria agroalimentaria ha registrado desde comienzos de los años ochenta importantes adquisiciones, fusiones y acuerdos, cuya consecuencia principal ha sido el fortalecimiento de la concentración del mercado en numerosos sectores. Según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD)6, en el período 1990-95, las fusiones y adquisiciones transfronterizas de empresas en los subsectores de la fabricación de alimentos, bebidas y tabaco alcanzaron un valor medio anual de 12 200 millones de dólares, que representa el 7,7 por ciento del total de fusiones y adquisiciones transfronterizas analizadas durante el período.

En el marco de una concentración creciente del mercado, las multinacionales han desempeñado una función de primordial importancia, fortaleciendo su posición en la mayoría de los sectores agroalimentarios del mundo y basando su fuerza competitiva en altos grados de diversificación (Cuadro 8). La mayor parte de las 100 principales multinacionales agroalimentarias están situadas en Europa. En los últimos 20 años, las multinacionales de origen europeo y japonés han aumentado su presencia en los primeros puestos de la clasificación de las empresas más importantes, en detrimento de las americanas, las cuales, en 1974, ocupaban 50 de los 100 primeros puestos (Cuadro 9).

De una facturación total de 599 000 millones de dólares en 1990, los diez principales grupos multinacionales del sector agroalimentario absorbían el 32 por ciento, y el mercado se concentra cada vez más en manos de unas pocas multinacionales.

La distribución geográfica de la industria está cambiando rápidamente. Los Estados Unidos, que eran el principal productor a comienzos de los años ochenta, perdieron terreno a lo largo del decenio y, a comienzos de los noventa, la UE había pasado al primer puesto, con una facturación de más de 600 000 millones de dólares, correspondiente a más del 35 por ciento del valor de la producción total. Sin embargo, la reducción de la supremacía estadounidense es menos acentuada por lo que respecta a los mayores holdings, ya que Cargill, Kraft, Pepsico y Coca Cola siguen a la cabeza de la industria, ocupando respectivamente los lugares primero, tercero, quinto y sexto de la clasificación mundial por facturación, mientras que la suiza Nestlé y la angloholandesa Unilever ocupan los lugares segundo y cuarto.

La necesidad de controlar el suministro de materias primas y la concentración creciente de la industria han creado un proceso de expansión basado en filiales extranjeras. Por término medio, las 100 primeras empresas controlan 15 filiales en el extranjero, pero las 13 empresas más internacionalizadas llegan a controlar hasta 42. Este proceso de expansión a través de filiales se ha desacelerado durante los últimos 15 años en lo que respecta a las empresas con sede en Estados Unidos, mientras que se ha acelerado en las europeas. Al mismo tiempo, ha aumentado el número y tamaño de las filiales situadas en países en desarrollo, mientras que ha ocurrido lo contrario en las situadas en Estados Unidos, Canadá y Europa continental.

ENTORNO NORMATIVO PARA EL DESARROLLO AGROINDUSTRIAL

Importancia de las políticas que afectan a toda la economía

En medida muy considerable, para promover el desarrollo agroindustrial y conseguir que la agroindustria aporte la máxima contribución al desarrollo económico, se necesitan apropiadas políticas económicas y de otro tipo en toda la economía, más que políticas e intervenciones específicas por sectores. La experiencia mundial demuestra que los mercados competitivos son la forma mejor que se haya encontrado hasta ahora para una organización eficiente de la producción y distribución de bienes y servicios. La competencia interna y externa proporciona incentivos para fomentar la capacidad empresarial y el progreso tecnológico. No obstante, los mercados no pueden funcionar en el vacío, sino que necesitan un marco jurídico y reglamentario que sólo los gobiernos pueden proporcionar. Asimismo, hay otras muchas tareas en que los mercados resultan a veces inadecuados e incluso pueden fracasar. Esta es la razón por la que los gobiernos deben, por ejemplo, invertir en infraestructura y facilitar servicios esenciales a los sectores pobres. No se trata de un dilema entre el Estado o el mercado, cada uno de ellos tiene una función importante e insustituible.

Se ha ido llegando gradualmente a un consenso que pone de relieve la función del gobierno en la creación de un entorno que permita y favorezca la inversión del sector privado, principalmente proporcionando un fundamento macroeconómico estable y tratando de eliminar los trastornos y la rigidez del mercado mediante reformas de política. Sin entrar en detalles sobre los componentes de este entorno favorable de toda la economía7, el aspecto más general sería la necesidad de establecer un marco macroeconómico estable mediante sólidas políticas monetarias y fiscales que controlen la inflación, limiten los déficit presupuestarios y las necesidades de préstamos del sector público y mantengan tipos de cambio realistas. Otros elementos importantes serían políticas comerciales abiertas, un eficiente sistema financiero y mercados financieros liberales, juntamente con movimientos libres de capital internacional. El contexto empresarial favorable depende también de la ausencia de limitaciones jurídicas y reglamentarias a la empresa, tales como controles de precios, concesión de licencias de inversión, etc., así como la existencia de una legislación mercantil moderna, un sistema judicial fiable y códigos laborales y leyes de propiedad de la tierra liberales. Otros elementos de un entorno económico general favorable serían sistemas eficientes y no distorsionantes de imposición tributaria y la reducción de la función del sector público en las actividades productivas, entre otras cosas, para evitar que se quiten asignaciones a importantes servicios de apoyo (como la infraestructura y la enseñanza) que necesita el sector privado.

Dando por supuesta la importancia fundamental de un apropiado entorno favorable en toda la economía, en la sección que sigue se señalan brevemente algunas de las cuestiones decisivas de política que tienen especial importancia para el desarrollo del potencial agroindustrial de los países en desarrollo. Este examen no pretende introducir elementos de originalidad, sino refleja en gran medida las enseñanzas de la experiencia, así como los puntos sobre los que actualmente existe un consenso.

Fomento de la agricultura nacional

La especificidad de la agroindustria en relación con otros sectores industriales consiste en el origen agrícola de una gran parte de sus insumos. En la mayoría de los casos, para los países en desarrollo la agricultura interna es y será el principal abastecedor de materias primas para la agroindustria, y su potencial de desarrollo agroindustrial está vinculado en gran medida a la disponibilidad actual o potencial de tales insumos agrícolas para las industrias de elaboración. Por esta razón, el aumento de la eficiencia de la agricultura nacional constituye un aspecto importante de la promoción del desarrollo agroindustrial. Al mismo tiempo, las actividades de elaboración pueden ejercer, por sí mismas, un impacto positivo en la eficiencia de la agricultura primaria aumentando la innovación tecnológica y estimulando la competencia dentro del sector8.

Políticas en materia de inversión y tecnología

Los gobiernos han tratado frecuentemente de fomentar la agroindustria invirtiendo directamente en empresas de propiedad estatal, pero no han tenido una familiaridad suficiente con las exigencias técnicas y del mercado para preparar los debidos estudios de viabilidad y hacer las elecciones tecnológicas apropiadas. En muchos casos, los proyectos de inversión pública preparados por consultores extranjeros y financiados con la ayuda se han convertido en elefantes blancos, debido a que los patrocinadores no tenían interés personal en ellos ni estaban empeñados en su viabilidad comercial a largo plazo. En general son escasos los recursos técnicos y administrativos para una gestión eficiente de las empresas estatales, y limitaciones presupuestarias exigen a los gobiernos dirigirse cada vez más al sector privado como fuente principal de inversión en la agroindustria.

Para elevar los niveles tecnológicos en la agroindustria nacional, no existiendo una intervención directa del gobierno en el sector, es preciso explotar la capacidad de investigación y desarrollo de las empresas multinacionales estimulando la inversión directa, fomentando empresas mixtas, concediendo licencias y acuerdos de concesión y alentándolas a que cedan su personal. Se puede estimular a los fabricantes extranjeros de maquinaria y equipo industrial a que creen fábricas o asociaciones en los países en desarrollo para desarrollar una tecnología que se adapte mejor que la importada a las materias primas disponibles, las escalas de producción, los conocimientos técnicos de los trabajadores y las necesidades de los consumidores de los mercados internos de los países en desarrollo. Igualmente, debería concederse libertad de entrada a los abastecedores extranjeros y nacionales de servicios a la agroindustria, tales como contables, consultores técnicos y de gestión, suministradores de materias primas, productos intermedios, equipo, etc.

La IED puede aportar una importante contribución al desarrollo económico en general y al agroindustrial, en particular. Los beneficios de la inversión directa consisten no sólo en atraer capital y conocimientos técnicos adicionales, sino también en facilitar la transferencia y asimilación de la tecnología y capacidad empresarial, así como el acceso a los mercados internacionales. Una condición esencial para atraer este tipo de inversiones es la existencia de un entorno empresarial general favorable. Pero hay otras medidas más específicas encaminadas directamente a fomentar la inversión directa, tales como la eliminación de restricciones a la entrada de empresas extranjeras, a su acceso a las divisas y a que efectúen remesas de dividendos y beneficios, así como a la propiedad extranjera de tierras y haberes financieros y al empleo de extranjeros9.

Protección del medio ambiente

Para reducir al mínimo el impacto de los residuos agroindustriales en el medio ambiente, hay que desarrollar instrumentos administrativos que limiten las emisiones de tales residuos. El medio más directo es aplicar una legislación que prohiba la descarga de residuos en el medio ambiente, lo que puede ir unido a incentivos como préstamos en condiciones de favor para invertir en medidas de control. La legislación puede ir acompañada también de desincentivos económicos que penalicen a las industrias que contaminan. Otras medidas, aplicables según las circunstancias, pueden ser cuotas de permisibilidad de contaminación y límites admisibles (inclusive permisos comerciales); impuestos a la utilización de insumos o recursos (por ejemplo, el agua) en lugar de aplicarlos al nivel de contaminantes; subvenciones a la inversión en tecnologías favorables para el medio ambiente; derechos para sufragar el costo de la eliminación de contaminantes, etc. Es importante que las normas y reglamentos sean realistas, aplicables y compatibles con el entorno político general.

En muchos casos, la prohibición de la emisión de residuos da lugar a una utilización más rentable de las materias primas. Ejemplo de ello es el caso del suero que se ha señalado ya. Otros ejemplos son la recuperación de la sangre de los mataderos y los desperdicios de los cereales de los molinos que pueden convertirse en piensos, así como la recuperación de los desechos de la elaboración del pescado para obtener productos alimenticios y piensos. Los residuos de las industrias de elaboración del azúcar y el almidón pueden convertirse fácilmente en alcohol combustible mediante la fermentación. Esto ofrecería la doble ventaja de utilizar un residuo de elaboración y, al mismo tiempo, producir una fuente de energía que es menos contaminante que los combustibles fósiles convencionales10 .

Aunque existen ya los medios tecnológicos para mitigar las consecuencias ecológicas de muchas actividades industriales, su mera existencia no garantiza que los adopten, especialmente las empresas pequeñas. Una forma eficaz de influir en estas empresas pequeñas es por medio de los servicios de extensión y asesoramiento para las industrias. Por ejemplo, el Centro de lucha contra la contaminación del Consejo Nacional de Productividad del Ministerio de Trabajo de la India está ideando soluciones que reduzcan la contaminación e incrementen los beneficios.

En general, es más barato incorporar la prevención de la contaminación en las inversiones de nuevas industrias agroalimentarias que añadirla posteriormente. De ahí la importancia de evaluar el impacto ambiental de las nuevas inversiones propuestas en gran escala. Los países en desarrollo que tienen mercado libre podrán beneficiarse de la importación de tecnologías limpias ya existentes en los países industriales.

Protección del consumidor

Para que progrese el desarrollo agroindustrial, es importante que los países introduzcan y actualicen una legislación alimentaria nacional. Si los códigos alimentarios no están actualizados, no se pueden aplicar los sistemas modernos de control alimentario, lo que en muchos casos impide la utilización eficaz de valiosos recursos y merma la autoridad y capacidad de los gobiernos de regular la industria alimentaria. Con una legislación moderna y debidamente administrada, los consumidores y los comerciantes disponen de la garantía que crea el tipo de confianza necesario para la aceptación de los productos alimenticios como de calidad e inocuidad adecuadas tanto para el consumo interno como para su comercialización en los mercados internacionales. No cabe duda de que el comercio a todos los niveles ha desempeñado una función importante para mejorar las condiciones sociales, políticas y económicas en todo el mundo. Los países que mejoren sus perspectivas comerciales garantizando productos alimenticios inocuos y de alta calidad para los mercados internacionales se beneficiarán de ello a expensas de otros que no lo hacen.

Las directrices de la FAO y la OMS para el desarrollo de sistemas de control alimentario establecen principios fundamentales basados en la práctica y experiencia nacionales. Indican que el código alimentario puede mantenerse sencillo incluyendo en un cuerpo de reglamentos alimentarios las especificaciones detalladas sobre elaboración, normas alimentarias, prácticas de higiene, envasado, etiquetado y aditivos alimentarios, en lugar de incluirlas en el mismo código alimentario. Es posible que sea necesario revisar prontamente los reglamentos debido a los nuevos conocimientos científicos, a los cambios en la tecnología de la elaboración o a emergencias que exigen la adopción rápida de medidas para proteger la salud pública. Estas revisiones pueden ser realizadas más rápidamente por los órganos ejecutivos que por los legislativos. Los reglamentos deben estar redactados en un lenguaje claro y conciso y promulgarse únicamente cuando se reconozca su necesidad. Es más probable que el sector reglamentado acepte y practique un reglamento que se ha elaborado atendiendo a una necesidad reconocida. También es más probable que tengan mayor aceptabilidad los reglamentos que han sido preparados por los gobiernos con la participación de las industrias afectadas, los consumidores y otras partes interesadas, ya que los mismos beneficiarios han intervenido en su elaboración y reconocido su necesidad.

El sistema nacional de control alimentario deberá incluir dependencias funcionales debidamente organizadas, multidisciplinarias y polifacéticas, que contribuyan colectivamente al esfuerzo general del control alimentario oficial. Se puede conseguir esto a través de organismos gubernamentales especializados en salud pública, agricultura o comercio, o también, en algunos casos, mediante un único organismo de control alimentario con varias subdivisiones multidisciplinarias. El sistema nacional de control alimentario deberá incluir funciones de inspección, investigación, análisis y control del cumplimiento (reglamentario o voluntario); proporcionar servicios técnicos, de asesoramiento y de enseñanza; y estar orientado hacia el servicio público tanto en relación con la industria, como con los medios de difusión y el público. Las decisiones adoptadas por los funcionarios de control alimentario deberán basarse en información científica actualizada, adoptarse de manera transparente y representar un justo equilibrio entre los intereses, a veces competitivos entre sí, de la protección del consumidor y el desarrollo de la industria y el comercio.

La producción y manipulación de los alimentos a lo largo de toda la cadena (desde la explotación agrícola hasta la mesa del consumidor) debe realizarse en condiciones apropiadas y aplicando principios establecidos que sean coherentes y transparentes y tengan apoyo científico. Tales principios deberán ser parte integrante de cualquier serie nacional de normas y reglamentos alimentarios, estar establecidos bajo la autoridad de un código alimentario actualizado para proteger la salud pública y facilitar el comercio de alimentos. Muchos de tales principios existen ya y han sido establecidos por la Comisión del Codex Alimentarius de forma armonizada utilizando métodos de análisis y evaluación de riesgos. La Comisión ha preparado más de 40 códigos de prácticas referentes a distintos productos, principios generales de higiene de los alimentos, un sistema de inocuidad de los alimentos basado en las directrices sobre la aplicación de análisis de riesgos en puntos críticos de control y buenas prácticas de fabricación.

Además la Comisión del Codex Alimentarius ha promulgado 237 normas para alimentos que se consideran los más importantes en el comercio internacional, con vistas a su adopción por los gobiernos de los Estados Miembros de la FAO y la OMS. Ha evaluado también la utilización de 189 plaguicidas diferentes, estableciendo niveles inocuos de residuos para 3 274 plaguicidas, directrices para los niveles máximos de 25 contaminantes ambientales e industriales de los alimentos y niveles de ingestión diaria admisible de más de 780 aditivos alimentarios químicos, y ha evaluado la utilización de 54 medicamentos veterinarios utilizados en la zootecnia. Estas directrices y normas deben servir a los gobiernos nacionales como referencia en la reglamentación de su industria alimentaria. Se supone asimismo que los gobiernos nacionales que cumplen los requisitos de las normas del Codex satisfacen también los requisitos internacionales expresados en el Acuerdo de la OMC sobre la aplicación de medidas sanitarias y fitosanitarias para la inocuidad de los alimentos en el comercio internacional, ofreciendo una ventaja competitiva y una garantía de aceptabilidad a los comerciantes en todo el mundo. El cumplimiento de estas normas es imprescindible para proteger la salud pública y para un buen des-arrollo del comercio en los mercados internos e internacionales.

1 El término «agroindustria», que se utiliza en este capítulo como abreviatura cómoda de «industria de elaboración de productos agrícolas», no incluye las industrias que suministran a la agricultura maquinaria industrial, insumos y aperos.

2 A.O. Hirschman. 1958. The strategy of economic development. New Haven, Estados Unidos, Yale University Press.

3 La elasticidad-ingreso de la demanda es la respuesta de la cantidad de la demanda de un bien a los cambios en los ingresos de los consumidores. Por lo tanto, cuanto mayor es la elasticidad-ingreso, más aumentará la demanda de un bien al crecer los ingresos de los consumidores.

4 FAO. 1997. The impact of the Uruguay Round on tariff escalation in agricultural products. ESCP No. 3. Roma.

5 D. Evans. 1987. The long-run determinants of North-South terms of trade and some recent empirical evidence. World Development, 15(5): 657-671; D. Jorgenson, F. Gollop y B. Fraumeni. 1987. Productivity and US economic growth. Harvard University Press, Cambridge, Mass., Estados Unidos; P. Lewis, W. Martin y C. Savage. 1988. Capital investment in the agricultural economy. Quarterly Review of the Rural Economy, 10(1): 48-53.

6 Véase UNCTAD. 1996. World Investment Report 1996. Ginebra, Naciones Unidas.

7 Véase FAO. 1995. Agricultura mundial: hacia el año 2010. Estudio de la FAO, Capítulo 7, págs. 279-314. Dirigido por N. Alexandratos. Roma, FAO y Ediciones Mundi-Prensa, Madrid, y FAO. 1996. Contexto sociopolítico y económico para la seguridad alimentaria. Documentos técnicos de referencia – Cumbre Mundial sobre la Alimentación, Vol. 1. Roma.

8 Los distintos aspectos técnicos, institucionales y financieros relacionados con la eficiencia y el desarrollo agrícolas se tratan en FAO. Documentos técnicos de referencia – Cumbre Mundial sobre al Alimentación, vol. 3. Roma.

9 Para un examen más detallado de los incentivos específicos de la IED, véase OMC. 1996. Annual Report 1996. Ginebra.

10 Véase Farming, processing and marketing systems for SARD. FAO/Netherlands background document No. 4. Conferencia de Den Bosch sobre Agricultura y Desarrollo, Países Bajos, 15-19 de abril 1991.

Previous Page TOC Next Page