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La seguridad alimentaria
y nutricional: importancia de
la producción de alimentos

LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LA NUTRICIÓN DURANTE LOS ÚLTIMOS CINCUENTA AÑOS

El período de 1945-52 fue testigo de los esfuerzos de Europa por restablecer la producción y el consumo de alimentos y la seguridad alimentaria en los niveles anteriores a la guerra. Todavía a mediados del decenio de 1960 este intento no se había logrado en Asia, considerada con razón como la zona de más alto riesgo, donde la población era terriblemente vulnerable a causa de la subnutrición crónica. En 1960-62, entre 23 y 30 millones de personas murieron de hambre en China. En 1965-66 se evitó por poco una epidemia de hambre en el Asia meridional. Más del 75 por ciento de la población asiática (y probablemente el 90 por ciento de las víctimas de la desnutrición) dependían de la producción de alimentos para obtener ingresos.

Fue entonces cuando, en muchas partes del mundo, se produjeron crecimientos rápidos, revoluciones verdes, reformas agrarias y reducciones de la pobreza. La proporción de personas crónicamente subalimentadas se redujo en los países en desarrollo del 36 por ciento en 1970 al 20 por ciento en 1990. La proporción de niños menores de cinco años con insuficiencia ponderal disminuyó en todo el mundo del 42 por ciento en 1975 al 32 por ciento aproximadamente a finales del decenio de 1990. El retroceso de la desnutrición fue más rápido en Asia oriental y notable en Asia meridional y América Latina, pero muy escaso en África y se ha invertido recientemente en las repúblicas de la ex Unión Soviética; en estas dos regiones las tasas de mortalidad están aumentando. Además, los progresos en la lucha contra la pobreza y la subnutrición en todo el mundo fueron más lentos en 1987-2000 que en 1970-85, en correspondencia con la desaceleración registrada en el aumento del rendimiento de los alimentos básicos, en la redistribución de la tierra y, por consiguiente, en el empleo rural. En el decenio de 1990 uno de cada cinco habitantes de países en desarrollo no recibía el aporte calórico mínimo para satisfacer sus necesidades metabólicas, trabajar y desarrollar otras funciones. En todo el mundo, hay actualmente más de 150 millones de niños menores de cinco años con insuficiencia ponderal; más de 200 millones -uno de cada cuatro- sufren retraso del crecimiento. Estas condiciones parecen estar relacionadas con la mitad aproximadamente de los 12 millones de muertes anuales de niños de menos de cinco años de edad y, en el caso de algunos de los supervivientes más afectados, con su retraso físico e incluso mental.

A pesar de que los logros en la reducción de la probreza y la subnutrición fueron menores, se atribuyó cada vez más a los gobiernos el mérito de haber conseguido que la inseguridad alimentaria haya disminuido tan marcadamente. A nivel nacional, el colonialismo abierto retrocedió de forma generalizada en dos oleadas, en 1947-65 y al comienzo del decenio de 1990, dejando que el Estado tuviera que rendir cuentas oficialmente a sus propios nacionales. En ambos períodos, muchos países (no sólo antiguas colonias) se orientaron hacia la democracia. Además, las poblaciones nacionales se organizaron crecientemente en verdaderas sociedades civiles con más instrucción, información, capacidad de comunicación y poder para presionar a sus gobiernos en favor de un acceso adecuado a los alimentos. A nivel internacional, cambios paralelos en las instituciones y en la sensibilización de la opinión pública favorecieron la seguridad alimentaria. En el plano institucional, el proceso comenzó cuando la Conferencia de Hot Springs de 1943 (en parte como respuesta al hecho de que el Presidente Roosevelt había declarado en 1941 que estar libre de necesidades era un derecho humano) sentó las bases de la FAO.

En la Conferencia de Hot Springs de 1943, donde se programó la creación de la FAO, los países aceptaron la responsabilidad de garantizar la seguridad alimentaria y nutricional.

El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) (cuyo cometido consiste en fomentar la nutrición y la producción de alimentos para los más pobres) fue el precursor de una tendencia creciente a considerar la pobreza como la causa principal de la inseguridad alimentaria. A partir de 1973, el Banco Mundial expresó una preocupación cada vez mayor por los efectos de la pobreza, pero desde el decenio de 1980 el centro de interés se desplazó hacia las estrategias de préstamos a los países. En un principio, estas estrategias dieron prioridad a la estabilización, pero en el decenio de 1990 prestaron también una atención creciente a los efectos de la pobreza. El actual Presidente, James Wolfensohn, ha pedido que se juzgue al Banco por su incidencia sobre la pobreza. A pesar de que los préstamos para la nutrición como tal son pequeños (pero significativos), el criterio adoptado por el Banco implica que la reducción de la pobreza, unida a un aumento de la producción agrícola, es la vía principal hacia la seguridad alimentaria y nutricional. Sin embargo, la parte de los préstamos del Banco (y de la ayuda total) que se destina a la agricultura ha disminuido desde el comienzo del decenio de 1980, como han disminuido también los rendimientos de los alimentos básicos y el ritmo de reducción de la pobreza y de mejora de la seguridad alimentaria de los hogares.

Una serie de conferencias internacionales, y sobre todo la Conferencia Mundial de la Alimentación de 1974, aclararon estas cuestiones, pero suscitaron observaciones sarcásticas acerca de las «resoluciones faltas de resolución». Aun así, la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague de 1996 y la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de Roma de 1996 culminaron en las metas de reducir a la mitad la pobreza y la desnutrición en el mundo en 1995-2015, y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) ha apoyado iniciativas para lograr que esas metas se adapten a las circunstancias concretas de cada país, sean objeto de vigilancia y estén respaldadas por ayuda.

Un aumento de la producción de alimentos es condición necesaria, pero no suficiente para aumentar la seguridad alimentaria: también deben fortalecerse los derechos sobre la tierra.

Tendencias y problemas pasados y presentes: repercusiones para los años iniciales del decenio de 2000

La experiencia de la posguerra indica que, para que continúen los rápidos descensos de la desnutrición en los países de África y Asia donde sigue siendo más grave, será necesario que el rendimiento de los principales alimentos básicos -que en el decenio de 1990 fue, como en 1950-65, de apenas un 1 por ciento al año en los países en desarrollo- se recupere hasta llegar al 3 por ciento conseguido en el decenio de 1970 y se extienda a algunos de los cultivos básicos pasados por alto y a tierras con problemas de agua, especialmente en África, que se han quedado al margen de la revolución verde. Sin embargo, los fondos del sector público para la investigación agrícola no han aumentado en los centros internacionales desde mediados del decenio de 1980 y han disminuido en África y América Latina. Aunque las causas de que se haya abandonado el objetivo de obtener rendimientos más altos en los cultivos alimentarios básicos son la amenaza de la escasez de agua y la labranza excesiva de tierras marginales, estos resultados se deben en parte a la insuficiencia de fondos para la investigación. En los decenios de 1940 y 1950, los fundadores de la FAO vieron claramente esas necesidades. También lo hicieron los autores de la revolución verde en el decenio de 1960. Estos planteamientos orientados a la producción no son suficientes, pero sí son necesarios, para mejorar la seguridad alimentaria y proteger el medio ambiente. Entre las principales tendencias mundiales que han influido en la seguridad alimentaria y la nutrición desde 1945 cabe citar las siguientes:

Se está prestando atención a un conjunto cada vez más amplio de factores como el equilibrio entre alimentos, salud, nutrientes y actividad y la inocuidad, que comprende tanto los micronutrientes como las calorías, tanto la salud (incluidas la bioabsorción y la biodiversión), el trabajo y el cuidado de los niños como la ingesta alimentaria, y tanto la nutrición excesiva como la nutrición insuficiente.

La producción de alimentos básicos que proporcionan empleo y se consumen localmente ha disminuido desde el comienzo del decenio de 1980. Esto se debe al aumento de la producción y el rendimiento de los alimentos básicos en Europa y Asia, el descenso de sus precios reales, las preocupaciones ambientales, la falta de comprensión del hecho de que muchas personas con bajos ingresos necesitan una producción suplementaria de alimentos básicos para tener la posibilidad de conseguir más alimentos a través del empleo; y el recurso a ventajas comparativas y opciones comerciales que permiten una reorientación encaminada a reducir la desnutrición principalmente mediante el empleo en el sector no alimentario.

El aumento del rendimiento de los alimentos básicos, del 3 por ciento anual en el mundo en desarrollo en el decenio de 1970, se sitúa de nuevo en poco más del 1 por ciento en el de 1990. La necesidad de aumentar en las zonas pobres el rendimiento de los alimentos básicos, y por tanto el empleo y las posibilidades relacionados con ellos, será mayor al crecer la fuerza de trabajo en un 2-2,5 por ciento al año en gran parte de Asia y África hasta el 2025.

El rendimiento potencial de los productos básicos tropicales y subtropicales registró un fuerte aumento en el decenio de 1950 por lo que respecta al maíz y en el de 1960 por lo que respecta al arroz y el trigo, pero se ha desacelerado posteriormente. En casi todos los países donde la desnutrición está muy extendida, un rápido progreso en la producción de alimentos básicos implica, contrariamente a la opinión general, una renovación del aumento del rendimiento potencial. Si se quiere reorientar la investigación hacia la necesidad todavía acuciante de reducir la desnutrición, habrá que dejar de dar preferencia al mercado en detrimento de la intervención estatal y de la acción pública internacional al menos en una esfera fundamental: la biotecnología.

Estas tendencias plantean tres cuestiones:

La dicotomía entre la concepción de la seguridad alimentaria individual basada en la producción y la basada en la distribución -es decir, entre la falta de disponibilidad de alimentos y la falta de posibilidad de obtener alimentos como causa del hambre epidémica (y del hambre crónica). Para la mayoría de las personas subnutridas, los ingresos suplementarios derivados del empleo en sector de la producción local de alimentos básicos han contribuido de manera decisiva a mejorar las posibilidades de obtener alimentos en el período 1950-2000. Esto seguirá siendo aplicable en el período 2000-2025, habida cuenta de que la fuerza de trabajo sigue creciendo rápidamente y que es necesario contener y estabilizar los precios locales de los alimentos básicos. Este empleo se genera a través de un aumento del rendimiento de los alimentos básicos y una mejora del acceso a la tierra, el crédito y las instituciones. La desaceleración del aumento del rendimiento de los alimentos básicos y de sus efectos sobre el empleo desde el decenio de 1970 plantea nuevos desafíos. La experiencia de la revolución verde muestra cómo afrontarlos de manera que se promueva la posibilidad de obtener alimentos y la seguridad alimentaria de los hogares. Sin embargo, hasta ahora los nuevos y prometedores instrumentos de la biotecnología no se han destinado a aumentar el rendimiento de los alimentos básicos para los pequeños agricultores pobres.

Los nuevos conocimientos y los nuevos problemas han hecho que las políticas estén más centradas en la seguridad nutricional y han aumentado la confianza en el acceso sostenible a los alimentos, la salud, el medio ambiente y actividades que impedirán las carencias de energía y de nutrientes, la falta de equilibrio y la contaminación.

Es necesario que las personas y organizaciones que desean mejorar la seguridad alimentaria y nutricional respondan correctamente a los cambios en la función del Estado con respecto a los mercados. La función de los Estados y los mercados es determinante para que grupos expuestos a riesgos nutricionales (poblaciones rurales o remotas, niños, mujeres, minorías, refugiados) obtengan los ingresos, el acceso y la información que les permitirán conseguir la seguridad nutricional. Muchos detractores de los mercados «libres» o globalizados temen que, debido a la interacción negativa entre los Estados y las empresas monopolistas, esos mercados no favorezcan, e incluso perjudiquen el avance de algunos de estos grupos vulnerables hacia la seguridad nutricional. Si bien la competencia puede empobrecer aún más a algunos grupos pobres, hay indicios de que los países que liberalizan sus mercados tienen más probabilidades de aumentar sus ingresos y que esto tiende a reducir más deprisa la pobreza.

Para casi todos los pobres del mundo, seguridad alimentaria significa saber que la comida que consumirán en el futuro les proporcionará energía alimentaria suficiente para cubrir sus necesidades. En el Recuadro 18 se analizan los conceptos de suficiencia alimentaria y seguridad alimentaria que se utilizan en el texto.

Recuadro 18

SUFICIENCIA ALIMENTARIA, SEGURIDAD ALIMENTARIA Y
MALNUTRICIÓN PROTEINOENERGÉTICA

La suficiencia alimentaria individual se manifiesta a breve plazo en una ingesta calórica suficiente para satisfacer las necesidades (que varían con la edad, el estado de salud, el trabajo y la estatura del adulto), a plazo medio en la ausencia de malnutrición proteinoenergética (MPE) aguda (peso insuficiente para la edad en los niños o peso insuficiente para la altura en los adultos), y a largo plazo en la ausencia de MPE crónica (estatura insuficiente para la edad en los niños menores de cinco años). Se suele considerar que hay problemas de estatura insuficiente para la edad (falta de desarrollo), peso insuficiente para la edad (insuficiencia ponderal) o peso insuficiente para la altura (emaciación) cuando se observan diferencias superiores a dos desviaciones típicas por debajo de la mediana de los Estados Unidos.

La seguridad alimentaria individual es el «acceso a alimentos sanos y nutritivos
suficientes
para llevar una vida sana... sin riesgo excesivo de perder ese acceso», es decir la suficiencia alimentaria individual a la que se suma la confianza en que podrá mantenerse. Cuando no existe esa confianza, las personas adoptan decisiones excesivamente cautelosas que merman las probabilidades de escapar del hambre crónica.

Una persona pobre obtiene normalmente del 70 al 80 por ciento de las calorías (y de casi todas las demás sustancias necesarias) de uno o dos de los siete principales alimentos básicos que hay en el mundo. Son con mucho las fuentes más baratas de energía y de casi todos los demás nutrientes. Para los pobres, el acceso a esos alimentos es la clave de la seguridad alimentaria individual.

La suficiencia y seguridad alimentaria de los hogares es una condición necesaria, pero no suficiente, para la suficiencia y seguridad alimentaria individual, dado que es posible que los alimentos no se distribuyan entre los miembros del hogar proporcionalmente a sus necesidades.

La seguridad alimentaria nacional es la capacidad de un país para garantizar la seguridad alimentaria a los hogares o las personas sin desviarse excesivamente de otros objetivos. La seguridad alimentaria nacional en un año determinado se mide a menudo por el suministro de energía alimen-taria por persona, teniendo en cuenta la distribución de los alimentos y las necesidades entre las personas y según las épocas, o la relación entre las importaciones de alimentos y las exportaciones totales, aunque ha de tenerse en cuenta la ayuda alimentaria; o bien las existencias de alimentos básicos (controladas por el sector público o que suelen comercializarse cuando suben los precios) como porcentaje del consumo normal.

1 La causa directa de la MPE es al parecer la insuficiencia energética en relación con las necesidades y las infecciones. Aunque la carencia proteínica causa daños graves y de gran envergadura, casi todos los nutricionistas rechazan actualmente la tesis anterior de que la carencia de proteínas (y mucho menos la de aminoácidos específicos) es un problema independiente cuya solución exige alimentos especiales con alto contenido de proteínas, suplementos o variedades de cereales. Sólo en casos excepcionales es un problema que no se cura simplemente con «más calorías».
2
FAO. 1996. Sexta encuesta alimentaria mundial. Roma.

POBLACIÓN, ALIMENTOS, POSIBILIDADES

Evolución demográfica y seguridad alimentaria

En los últimos cincuenta años el crecimiento demográfico se aceleró en 1940-60 en Asia y América Latina, y diez años después en África. Fue entre los menores de cinco años donde se produjo una mejora considerable, que aumentó la proporción de los niños con respecto a los adultos. Unos 10-20 años más tarde, los grupos de edad que se habían salvado de la mortalidad infantil se incorporaron progresivamente a la fuerza de trabajo y los padres, ahora más confiados en que sus hijos sobrevivirían, empezaron a reducir sus tasas de fecundidad: al desacelerarse el crecimiento demográfico, la relación entre el número de adultos -ahorradores y trabajadores- y el de niños empezó a aumentar bruscamente.

El «regalo demográfico» resultante de una proporción más elevada entre trabajadores y personas a cargo podría ayudar a reducir la inseguridad alimentaria en el África subsahariana y en el sur de Asia, tal como ocurrió anteriormente en Asia oriental.

Así como la fase inicial de la transición demográfica, con el rápido aumento del número de niños, había sido perjudicial para el crecimiento económico, la distribución de los ingresos y por consiguiente la reducción de la pobreza y la MPE, así también la fase posterior, en la que los niños alcanzaron la edad de trabajar y la fecundidad disminuyó, fue beneficiosa para todos esos factores. Los efectos sobre la seguridad alimentaria han sido muy amplios. Directamente, las familias de dimensiones más reducidas tienen menos probabilidades de ser pobres y de sufrir MPE dado su nivel de pobreza. Indirectamente, aproximadamente un tercio del crecimiento de los ingresos reales per cápita en el Asia oriental en 1965-92 es atribuible al aumento de la relación entre el número de adultos y el de niños; datos suficientes sobre la pobreza en más de 50 países en desarrollo y en transición indican que los efectos del descenso de la fecundidad sobre la reducción de la pobreza son igualmente amplios ya se produzcan a través de una mejora en la distribución de los ingresos o de un crecimiento económico más rápido1.

Las zonas más pobres del mundo, es decir el Asia meridional y el África subsahariana, han entrado en la fase de transición de la fecundidad y se enfrentan con un aumento muy rápido de su proporción de trabajadores y ahorradores con respecto a los familiares a cargo en los dos próximos decenios. Por ejemplo, en Kenya, según la «variante media» de las proyecciones de las Naciones Unidas, la proporción de adultos jóvenes -que son los principales trabajadores y ahorradores- con respecto a los menores de quince años aumentará de sólo 1,24 en el 2000 a 1,87 en el 2020. ¿Dará lugar este aumento a un acusado descenso de la pobreza, y por consiguiente de la MPE, en África y el Asia meridional como lo hizo en el Asia oriental? Esto dependerá de que, como en el Asia oriental haya nuevos lugares de trabajo con ingresos cada vez mayores que resulten atractivos para la fuerza de trabajo creciente y sus empleadores, así como nuevas inversiones, con efectos considerables sobre el crecimiento y la pobreza, para los nuevos ahorradores. En el Asia oriental esto se consiguió a lo largo de la primera fase de la revolución verde, desde mediados del decenio de 1960 hasta finales del de 1980, en la que aumentó el rendimiento de los cultivos alimentarios básicos y el empleo; los países que habían proseguido con éxito la lucha contra la pobreza y la malnutrición pasaron entonces a una segunda fase de incremento del empleo no agrícola, tanto urbano como rural.

FAO/20729/A. PROTO

Pobreza rural en Honduras La pobreza no alcanza a
explicar del todo la desnutrición

- FAO/20729/A. PROTO

Los fuertes aumentos de la relación entre el número de adultos y el de niños, y por consiguiente entre el de trabajadores y el de sus familiares a cargo, así como de los ahorros, que están aún pendientes en el Asia meridional y África, constituyen una oportunidad para que estas regiones reduzcan considerablemente la pobreza y la MPE restantes, como hizo el Asia oriental. Pero las amenazas al aumento del rendimiento de los principales alimentos básicos y a las posibilidades de obtener esos alimentos a través del empleo, así como, en algunos casos, las graves desigualdades en la tenencia de la tierra, ensombrecen actualmente esas perspectivas.

Pobreza y posibilidades de obtener alimentos

El hambre crónica, y no sólo la endémica, afecta principalmente a quienes no tienen suficientes «posibilidades de obtener alimentos»2. Como destaca Sen, la producción de alimentos sigue siendo importante: los pobres dependen casi por completo de ella para tener la posibilidad de conseguir alimentos, ya sea a través de actividades agrícolas en pequeña escala o del empleo. Sin embargo, era de prever que la mejora de la seguridad alimentaria después de la guerra habría ido acompañada de un amplio retroceso de la pobreza (entendida aquí en el sentido limitado de un «consumo privado real bajo por adulto»). De hecho, esto fue lo que sucedió en general. La pobreza disminuyó (y la nutrición y el SEA mejoraron) poco en el África subsahariana, en América Latina sobre todo en 1965-78 y en Asia sobre todo en 1975-903. Los recientes repuntes de la pobreza y la subnutrición en los países en transición están claramente relacionados entre sí4.

Sin embargo, muchos hogares pobres no padecen subnutrición debido a la «desviación positiva» en el cuidado de los hijos, las bajas necesidades energéticas u otras adaptaciones comportamentales. Por razones opuestas, muchos hogares que no son pobres padecen subnutrición.
Y, aunque los más pobres reaccionan al incremento de los ingresos con un aumento mucho mayor del aporte calórico que otros grupos, la reacción a corto plazo del hogar medio, incluso en las comunidades muy pobres, es a menudo bastante modesta; la pobreza no explica por completo la insuficiencia calórica y/o la malnutrición proteínoenergética de los hogares en el momento.

La autosuficiencia en alimentos básicos no constituye una indicación de seguridad alimentaria nacional.

No obstante, la pobreza -y su causa más directa, la insuficiencia de los ingresos derivados del empleo asalariado o por cuenta propia, y por consiguiente de las posibilidades de obtener alimentos- «explica» en gran medida el riesgo de subnutrición colectiva a largo plazo.

Las diferencias en el descenso de la pobreza entre países y dentro de ellos permite predecir las mejoras tanto en la subalimentación calórica como en la desnutrición antropométrica. Pero la relación entre reducción de la pobreza y aumento del SEA no es perfecta.

SUFICIENCIA E INSUFICIENCIA ENERGÉTICA: NIVELES Y TENDENCIAS

Autoabastecimiento de alimentos básicos y seguridad alimentaria nacional

Para tratar de conseguir la seguridad alimentaria nacional (véase el Recuadro 19), se puede aumentar el autoabastecimiento nacional de alimentos básicos, la capacidad para pagar las importaciones de alimentos básicos, o las existencias. Las tendencias del autoabastecimiento de alimentos básicos de un país no revelan las tendencias de la seguridad alimentaria (aun cuando ayuden a comprender sus causas):

Recuadro 19

EL AUTOABASTECIMIENTO NACIONAL DE ALIMENTOS BÁSICOS

El autoabastecimiento nacional de alimentos básicos puede promover o no la seguridad alimentaria. India ha alcanzado ese autoabastecimiento, pero la malnutrición sigue siendo ingente. De hecho, el autoabastecimiento nacional de alimentos básicos en ese país se debe no sólo al éxito de la revolución verde, que logró aumentar el rendimiento y la producción de arroz y trigo, sino también a la pobreza persistente (aunque en disminución): la producción de alimentos básicos no basta para asegurar el autoabastecimiento nacional, en parte porque los pobres no pueden costear una cantidad adecuada de alimentos básicos, es decir, por falta de seguridad alimentaria de los hogares.

Al desarrollarse, muchos países, en lugar de aprovechar su ventaja comparativa, sacrifican la producción de alimentos básicos en beneficio de los cultivos comerciales o de la producción industrial, que exportan para comprar más alimentos. Si -como sucede en Malasia- esas exportaciones aumentan los ingresos que los pobres derivan del empleo, la pérdida de autoabastecimiento nacional de alimentos básicos puede mejorar la seguridad alimentaria de los hogares. En América Latina y el Caribe, las importaciones de alimentos básicos aumentaron del 0,9 por ciento del comercio mundial de esos productos en 1962-70 al 5,7 por ciento en 1989-97, aumento que fue acompañado de grandes avances en la nutrición. Sin embargo, el incremento registrado en el África subsahariana durante ese mismo período, del 2,7 al 4,7 por ciento, fue menos positivo, ya que fueron pocos los países que ampliaron de manera apreciable el empleo o las exportaciones de alimentos no básicos o la capacidad privada o nacional para pagar las importaciones de alimentos básicos. Un desarrollo satisfactorio suele comportar dos fases en lo que concierne al autoabasteci-miento nacional de alimentos básicos. En la primera fase se observa un descenso de las importaciones netas de alimentos básicos, ya que la producción interna aumenta y es absorbida por una población que mejora de ese modo su nutrición. En la segunda fase se observa un aumento de las importaciones netas de alimentos básicos, ya que el desarrollo posterior desplaza a los trabajadores de la agricultura, y reorienta el consumo de alimentos (a medida que los consumidores se alimentan mejor y son menos pobres) hacia los productos de origen animal, cuya producción exige una cantidad de cereales de dos a seis veces mayor que el consumo directo de cereales o pan para obtener 1 000 calorías. En el Lejano Oriente, el déficit de alimentos básicos, como porcentaje del comercio mundial de alimentos básicos, disminuyó en la primera fase del 8,4 por ciento en 1962-70 al 4,7 por ciento en 1983-88. Seguidamente aumentó en la segunda fase al 10,3 por ciento en 1995-97. En ambas fases se registraron acusados descensos de la MPE. ¿Puede el aumento del autoabasteci-miento nacional de alimentos básicos favorecer la seguridad alimentaria de los hogares de manera eficaz en función de los costos, siempre que haya una ventaja comparativa, en las agroecologías apropiadas; en la fase inicial del desarrollo, cuando la reducción de la pobreza depende principalmente de que haya lugares de trabajo asequibles en las zonas rurales, o en los países o zonas remotas que se enfrentan con riesgos o gastos de transporte de alimentos elevados?

Cuadro 10

DESEQUILIBRIOS EN LOS ALIMENTOS BÁSICOS

 

1961-63

1965-67

1975-77

1985-87

1995-97

 

(Millones de dólares EE.UU.)

Brasil

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

168,5

1 323,8

12,7

138,7

1 613,8

8,6

310,0

10 101,5

3,1

770,2

21 752,4

3,5

1 933,1

33 079,7

5,8

China

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

330,3

1 467,5

22,9

245,9

2 036,1

12,1

260,4

6 721,7

3,8

360,9

32 556,4

1,1

1 601,4

160 073,2

1,0

India

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

367,0

1 466,5

25,0

797,7

1 659,1

48,1

1 019,3

5 301,1

19,2

-175,3

9 862,0

-1,8

-1 162,9

32 041,0

-3,6

Indonesia

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

123,3

720,5

17,1

68,3

681,6

10,0

555,0

8 828,9

6,3

258,6

18 380,9

1,4

1 609,7

49 525,0

3,2

Kenya

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

-1,0

169,6

-0,6

-1,3

234,7

-0,6

-4,9

810,5

-0,6

+17,1

1 041,9

1,6

112,4

2 074,3

5,4

México

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

19,6

840,9

2,3

74,6

1 036,7

7,2

329,4

3 382,2

9,7

434,0

20 332,7

2,1

1 397,2

57 340,6

2,4

Nigeria

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

18,6

496,3

3,7

21,0

741,1

2,8

296,5

10 102,1

2,9

378,5

9 045,4

4,2

422,0

16 246,5

2,6

Sudán

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

10,4

199,6

5,2

9,6

200,4

4,8

10,7

538,6

2,1

1 308,3

383,5

34,1

1 092,0

554,1

19,7

Ex Unión Soviética

         

1. Importaciones netas de alimentos básicos

2. Exportaciones de alimentos no básicos

3. 1 como porcentaje de 2

-378,3

6 263,7

-6,0

69,3

8 444,8

0,8

2 138,0

37 943,5

5,6

3 612,0

96 580,4

3,8

1 906,7*

64 766,5*

3,0*

*En 1995 solamente.
Fuente: FAO.

Un segundo indicador de la seguridad alimentaria nacional es la proporción de las importaciones de alimentos con respecto a las exportaciones totales. Los países donde esta proporción es baja pueden responder adecuadamente a una mala cosecha o a un fuerte aumento de los precios de importación de los alimentos, siempre que haya voluntad política y unos sistemas de mercado y de transporte que funcionen. En 1988-90 en África había 11 países (entre ellos Etiopía, Egipto y Mozambique) donde la proporción superaba el 55 por ciento, situación que en otras partes del mundo en desarrollo sólo se daba en Haití, Samoa y Yemen. Los países de esta categoría tienden a depender en sumo grado de la ayuda alimentaria. En el Cuadro 10 se ofrece un dato aún más significativo: la proporción de las importaciones menos las exportaciones de alimentos básicos con respecto a las exportaciones de alimentos no básicos en algunos grandes países.

Este indicador constituye una guía mejor que el autoabastecimiento para conocer la situación de la seguridad alimentaria nacional. De hecho indica la precariedad de la seguridad alimentaria en China al comienzo del decenio de 1960, en la India cuando una serie de monzones catastróficos en 1965 y 1966 redujeron drásticamente los ingresos derivados del empleo de los trabajadores sin tierras, y en el Sudán durante la guerra civil. Sin embargo, esa proporción debe utilizarse con cautela. Las importaciones netas de alimentos básicos pueden disminuir no sólo porque aumenta el suministro interno, sino también porque la población se vuelve más pobre y es menos capaz de costear alimentos básicos suficientes. Puede suceder que un aumento de las exportaciones de productos no básicos -como en el caso del petróleo en Nigeria, la ex Unión Soviética e Indonesia- contribuya muy poco a mejorar la disponibilidad de alimentos básicos por medio de las importaciones. Si esos ingresos de exportación van a parar en gran medida a los propietarios del capital y/o a los gobiernos que reciben las regalías, pero tienen prioridades distintas de la seguridad alimentaria -creando pocas ocasiones para que los pobres obtengan ingresos del empleo-, los ingresos no se utilizarán para adquirir alimentos básicos.

La proporción de las existencias en poder del sector público con respecto al consumo normal da indicaciones acerca de la seguridad alimentaria nacional. En los años de carestía, esas existencias permiten liberar grandes cantidades de alimentos básicos. Esto beneficia a los pobres, al frenar el aumento de los precios. También fomenta la liberación oportuna de las existencias acumuladas por los comerciantes cuando los precios empiezan a subir; en Bangladesh, la capacidad pública para actuar de este modo en 1984, pero no en 1974, fue probablemente lo que diferenció a una y otra situación con respecto al hambre6.

Cuadro 11

SEA PER CÁPITA EN ZONAS Y PAÍSES DETERMINADOS, 1934-97

 

1934-381

1946-492

1961-63

1976-78

1988-90

1995-97

 

(kcal/día)

África

   

2 100

2 220

2 320

2 415

Subsahariana

   

2 040

2 060

2 080

2 190

Central3

2 060

2 080

2 150

2 150

2 050

2 080

Oriental

   

1 980

2 040

1 960

2 010

Occidental

   

2 090

2 030

2 200

2 400

Ghana

   

2 020

2 020

2 090

2 620

Uganda

 

2 100

2 240

2 250

2 170

 

Kenya

2 2304

 

2 130

2 260

1 950

1 980

Mozambique

   

1 950

1 950

1 830

1 780

Nigeria

   

2 160

1 970

2 190

2 750

Asia

   

1 920

2 170

2 520

2 660

Meridional

1 970

1 770

2 020

2 040

2 270

2 350

Bangladesh

   

2 090

2 040

2 050

2 080

Camboya

1 8505

1 560

2 020

1 620

1 920

2 050

China

2 230

2 030

1 710

2 120

2 640

2 840

India

1 9706

1 700

2 040

2 040

2 290

2 470

América Latina y el Caribe

   

2 340

2 600

2 710

2 770

América Central

   

2 390

2 720

2 910

2 924

América del Sur

   

2 350

2 570

2 650

2 790

Brasil

2 150

2 340

2 250

2 550

2 760

2 930

México

1 800

2 050

2 530

2 880

3 080

3 110

Perú

1 860

1 920

2 170

2 120

2 120

2 360

Países en transición

   

3 150

3 410

3 380

2 780

Europa oriental

3 160

3 470

3 420

2 950

   

Países en desarrollo

   

1 960

2 200

2 490

2 627

Países desarrollados

   

2 970

3 190

3 300

3 220

1 1931-37 para China; 1935-39 para Brasil.
2 1949-50 para la India y China.
3 Central y tropical para 1934-38 y 1946-49.
4 Incluye Uganda.
5 Indochina francesa.
6 Incluye Pakistán.
Nota: Para elaborar este cuadro se estimaron promedios trienales de 1961-63 a 1995-97. Los períodos posteriores a 1961-63 se eligieron de manera que correspondieran a «períodos de cambio» evidentes en las tendencias del SEA en varias regiones. Los datos de la FAO se han obtenido utilizando hojas de balance de alimentos. Esto significa que dependen de la fiabilidad de los datos sobre producción de alimentos que, como es sabido, es escasa en lo que respecta a los cultivos de raíces de los pequeños agricultores y a los cereales en el África subsahariana.
Se han pasado por alto los cambios de poca monta en breves períodos. Todos los datos se han redondeado.
Fuentes: FAOSTAT; FAO. 1946. Encuestas mundial sobre la alimentación. Washington, D.C.; FAO. 1952. Segunda encuesta mundial alimentaria. Roma.


Recuadro 20

DESNUTRICIÓN CALÓRICA Y ANTROPOMÉTRICA, POR REGIONES

Regiones

Años

Población desnutrida

   

Desnutrición calórica1

Condición antropométrica de niños menores de 5 años

   

Población con TMB inferior a 1,54

Población que sufre emaciación2

Población que sufre retraso del crecimiento2

Población que sufre de insuficiencia ponderal3

   

(Millones)

(%)

(Millones)

(%)

(Millones)

(%)

(Millones)

(%)

Todos los países
en desarrollo

1969-71

918

35

           
 

1979-81

906

28

       

164,0

37,8

 

1990-92

841

20

47,9

9,1

215,2

40,7

183,5

34,3

Asia oriental y sudoriental4

1969-71

476

41

           
 

1979-81

379

27

       

22,8

39,1

 

1990-92

269

16

9,4

5,2

59,8

33,3

19,9

31,3

- China

1980

           

20,5

23,8

 

1990

           

23,6

21,8

Asia meridional

1969-71

238

33

           
 

1979-81

303

34

       

89,9

63,7

 

1990-92

255

22

26,6

17,1

92,7

59,5

101,2

58,5

África subsahariana

1969-71

103

38

           
 

1979-81

148

41

       

19,9

28,9

 

1990-92

215

43

6,1

7

33,7

38,8

28,2

29,9

Cercano Oriente y África del Norte

1969-71

48

27

           
 

1979-81

27

12

         

17,2

 

1990-92

37

12

4,4

8,8

16

32,4

6,8

13,4

América Latina y el Caribe

1969-71

53

19

           
 

1979-81

48

14

           
 

1990-92

64

15

1,5

2,6

12,7

22,7

11,7

20,4

- América Central y el Caribe

1980

           

3,1

17,7

 

1990

           

3,0

15,4

- América del Sur

1980

           

3,1

9,3

 

1990

           

2,8

7,7

1 FAO. 1996. Sexta encuesta alimentaria mundial, Roma. Las estimaciones más recientes acerca del número de personas subnutridas se pueden encontrar en FAO. 1999. El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 1999. Roma. 2 FAO.1996. Sexta encuesta alimentaria mundial, Roma. 3UN ACC/SCN. 1992. Second Report on the World Nutrition Situation, Washington, D.C., Vol. 1, pág. 67 Washington, D.C.; las proyecciones para el 2020 están tomadas de M. Rosegrat, M. Agcaioli-Sombilla y D. Perez. 1995. Global food projections to 2020: implications for investment. Food, Agriculture and Environment Discussion Paper No. 5. Washington, D.C., IIPA.
4 La insuficiencia ponderal se refiere sólo a Asia sudoriental, porque se ofrecen datos por separado para China.
Definiciones:
TMB: Tasa metabólica basal.
Emaciación: Indicador del peso para la estatura de un niño en relación con el valor mediano de la población de referencia de los Estados Unidos (NCHS). El límite aquí utilizado es -2 DT con respecto a la mediana. Las cifras del cuadro indican la prevalencia de la emaciación total (moderada y grave).
Retraso del crecimiento: Indicador de la estatura para la edad de un niño en relación con el valor mediano de una población de referencia típica. El límite utilizado es el mismo que en el caso anterior.
Insuficiencia ponderal: Indicador del peso para la edad de un niño en relación con el valor mediano de una población de referencia típica. El límite utilizado es el mismo que en el caso anterior (UNICEF, 1993). Child malnutrition: country profiles. Nueva York.)

Subalimentación: suministro diario de energía alimentaria potencial y efectivo

Al realizar la primera y segunda encuestas alimentarias mundiales7, la FAO midió la subalimentación potencial comparando el suministro de energía alimentaria (SEA) medio diario por persona, a nivel nacional y regional, con las necesidades medias. A partir de la tercera encuesta alimentaria mundial, y especialmente de la cuarta, también se tuvieron en cuenta las estimaciones de la distribución de los suministros. Los datos sobre producción en que se basan las estimaciones de los suministros son a menudo discutibles, y las necesidades se prestan a controversia. Sin embargo, las tendencias acusadas y los virajes importantes en el SEA suelen ser significativos y están estrechamente relacionados con la situación de la MPE y por tanto con la seguridad alimentaria de los hogares. En el Cuadro 11 se ofrece un resumen de datos sobre el SEA para un período más prolongado.

Antes de 1939, «en zonas donde vivía más de la mitad de la población mundial, los suministros de alimentos al por menor [proporcionaban] menos de 2 250 calorías diarias por persona... El suministro medio total era de unas 2 000 calorías o menos en muchos grandes países...8. Europa se recuperó rápidamente de la escasez del período de guerra... pero la proporción de la población mundial que vivía en países con un SEA inferior a 2200 calorías diarias aumentó del 40 por ciento inmediatamente antes de la guerra al 60 por ciento al final del decenio de 1940. «En la mayor parte del Lejano Oriente, donde se concentra casi la mitad de la población mundial, los descensos [del SEA se situaron en torno al] 10 por ciento.» El SEA medio inmediatamente después de la segunda guerra mundial era un 24 por ciento inferior a las necesidades en la India, un 21 por ciento en lo que era entonces el África del Norte francesa y un 18 por ciento en México9. El esfuerzo necesario para el trabajo, y en cierta medida la tasa metabólica basal y el tamaño corporal, se «adaptaron» a estas ingestas reducidas. Esto quiere decir que las necesidades disminuyeron en cierto sentido, pero esta adaptación fue a menudo dañina y dio lugar a un aumento general de la mortalidad y las enfermedades y una reducción del rendimiento físico y mental.

Una mayor disponibilidad de alimentos se traduce en reducciones de la desnutrición.

El Cuadro 11 indica que, todavía en 1976-78, en China, la India y Kenya el SEA sólo se había recuperado hasta el nivel insuficiente de 1934-38, pero en América Latina había mejorado de manera apreciable. El conjunto de los promedios trienales confirma que 1976-78 fue un período decisivo. La India, China y algunos otros países asiáticos que se encontraban en una situación prácticamente estable experimentaron rápidas mejoras en el SEA. En el África central y oriental, el SEA pasó de la estabilidad a un descenso constante. Es interesante observar que en el África occidental el SEA no sufrió cambios de 1961-63 (2 090 kcal) a 1982-84 (1 990 kcal), pero a partir de entonces aumentó constantemente hasta situarse en 2 400 kcal en 1995-97.

En Asia y el África occidental el SEA por persona es en la actualidad casi un 20 por ciento mayor que a mediados del decenio de 1970, y en América Latina (partiendo de una base mucho más alta) un 7 por ciento aproximadamente. En ese mismo período el SEA se redujo en el África oriental y central un 2-3 por ciento, partiendo de niveles ya bajos. Sin embargo, estas estimaciones del SEA indican que el potencial nacional para reducir la subalimentación ha crecido rápida y considerablemente para la enorme mayoría de los habitantes de países vulnerables, y espectacularmente en el Asia oriental y América Latina. Se puede demostrar de dos formas que las mejoras potenciales de la subalimentación (reducciones del SEA medio diario basadas en las hojas de balance de alimentos) se traducen de hecho en mejoras efectivas de los porcentajes de personas subalimentadas.

En primer lugar, hay unas cuantas series largas de datos desglosados de encuestas bastante fiables que indican la ingestión diaria de calorías a lo largo del año por «unidad de consumo»; en la India, esta ingesta aumentó de 2 061 en 1967 a 2 283 en 1989, pero creció aún más deprisa entre los trabajadores agrícolas (que constituyen el grupo más pobre) y los niños menores de cinco años (que son los más vulnerables a un SEA bajo)10. La distribución de los ingresos en la India apenas cambió en el curso de este período; esto demuestra claramente que los pobres estaban gastando una proporción mayor de los ingresos en obtener calorías suplementarias, traduciendo así un aumento del SEA medio en una mejora de la seguridad alimentaria de los hogares.

En segundo lugar, el Recuadro 20 muestra los resultados de estudios regionales de la FAO en los que se estima el modo en que las tendencias de la desnutrición potencial (SEA medio diario) entre 1969-71 y 1990-92 se tradujeron en cambios en la desnutrición real: el número (la proporción) de personas con una tasa metabólica basal (TMB) inferior a 1,54 bajó de 920 millones (35 por ciento) en 1969-71 a 840 millones (20 por ciento) en 1990-92. La mejora mayor se produjo en el Asia oriental y sudoriental (del 41 por ciento al 16 por ciento). Fue considerable en otras regiones, con la excepción del África subsahariana, donde se registró un aumento (del 38 por ciento al 43 por ciento), aunque las mejoras en el SEA medio en el África occidental parecen indicar que tal vez esta situación quedara compensada en parte desde 1992 (Cuadro 11). El déficit energético de las personas subalimentadas se redujo también de manera proporcional, salvo en África. Por consiguiente, la evolución regional del aumento del SEA medio o de la subalimentación potencial es análoga a la del descenso de la subalimentación efectiva (es decir, la proporción de la población con una ingesta calórica diaria inferior a la TMB de 1,54) según las estimaciones de la sexta encuesta alimentaria mundial. Esa evolución es también similar a la de las tendencias de la MPE. En ambos casos, la mejora fue más rápida en el Asia oriental y sudoriental; notable en el Medio Oriente y África del Norte, en América Latina en el decenio de 1970 y en el Asia meridional en el decenio de 1980; y nula en el África subsahariana. La situación ha mejorado enormemente para algunas poblaciones: en China, el SEA aumentó más del 60 por ciento de 1961-63 a 1994-96, y en Corea creció aún más deprisa, de modo que actualmente la amenaza de obesidad es mayor que la de MPE. Sin embargo, aunque los cambios en la MPE y el SEA son bastante constantes, a nivel continental se observa una discrepancia en la seguridad alimentaria de los hogares. Los resultados indican (véase el Cuadro 11) que la subalimentación es mucho más grave en el África subsahariana que en el Asia meridional, aunque la proporción de personas con retraso del crecimiento -dato bastante fiable- es muy inferior (Recuadro 20).

Cuadro 12

ALGUNOS INDICADORES DE LAS TENDENCIAS DE LA MPE EN PAÍSES EN DESARROLLO (PROPORCIÓN DE MENORES DE CINCO AÑOS <2 DT POR DEBAJO DE LA MEDIANA DE LOS ESTADOS UNIDOS)

Región (Naciones Unidas)

Retraso del crecimiento

Insuficiencia ponderal

Emaciación

 

1980

1990

1995

2000

1980

1990

1995

2000

1995

África

Oriental

Del Norte

Occidental

40,5

46,5

32,7

36,2

37,8

47,3

26,5

35,5

36,5

47,7

23,3

35,2

35,2

48,1

20,2

34,9

26,2

24,9

17,5

30,1

27,3

30,4

15,6

33,3

27,9

33,2

14,8

34,9

28,5

35,9

14,0

36,5

9,6

7,0

7,2

15,6

Asia

Meridional-central

Sudoriental

52,2

60,8

52,4

43,3

52,2

42,6

38,8

48,0

37,7

34,4

43,7

32,8

43,9

58,1

43,5

36,5

50,9

39,9

32,8

47,3

32,6

29,0

43,6

28,9

10,4

15,4

10,4

América Latina y el Caribe

Caribe

América Central

América del Sur

25,6

27,1

26,1

25,1

19,1

21,7

25,0

17,2

15,8

19,0

24,5

13,2

12,6

16,3

24,0

9,3

14,2

22,9

15,1

13,2

10,2

17,2

15,2

8,2

8,3

14,4

15,3

5,7

6,3

11,5

15,4

3,2

2,9

n.d.

4,9

1,8

PAÍSES EN DESARROLLO

47,1

39,8

36,0

32,5

37,4

32,1

29,2

26,7

9,4

Fuentes: ACC/SCN. 2000. Fourth Report on the World Nutrition Situation. Ginebra; y WHO Global Database on Child Growth, 1990.

FAO/11231/Y. MULLER

Inseguridad alimentaria provocada por desastres
naturales
Este niño malnutrido no ha crecido bien por
haberse perdido la cosecha de cereales en el distrito de
Navrongo (Gambia), donde la sequía destruyó las dos
terceras partes de los cultivos

- FAO/11231/Y. MULLER

La enorme mejora del SEA y de la MPE en todo el mundo no debe suscitar excesivo optimismo en lo que concierne a la seguridad alimentaria. Más de 800 millones de personas siguen sufriendo una subalimentación grave desde el punto de vista del SEA. África no ha experimentado una mejora duradera, y puede que en las economías en transición el SEA real esté disminuyendo. Sobre todo, a pesar de los signos favorables que se observan en las zonas donde se concentran el déficit de SEA y la MPE -la propagación a África de la transición en la fecundidad, la aceleración del crecimiento en el Asia meridional- es posible que estén empeorando tanto las condiciones de la producción y el empleo que favorecen un aumento continuado de las posibilidades de obtener alimentos como el crecimiento del empleo y del rendimiento de los alimentos básicos.

La seguridad alimentaria de los hogares frente a la malnutrición proteinoenergética

La incidencia de la MPE infantil, expresada en peso para la estatura (emaciación), estatura para la edad (retraso del crecimiento) o peso para la edad (insuficiencia ponderal) es sumamente alta, aunque está disminuyendo. En 1995l, el 36 por ciento aproximadamente de los niños menores de cinco años en el mundo en desarrollo -197 millones- presentaban retraso del crecimiento, el 29 por ciento insuficiencia ponderal y el 9 por ciento emaciación, estado que en los países ricos suele inducir a la hospitalización.

La MPE está asociada con la muerte de unos 6 millones de niños al año y con la persistencia de desarrollo mental incompleto, incapacidad para el trabajo físico y daños al sistema inmunitario en otros muchos millones de adultos. Cuando se trata de determinar las tendencias de la MPE los problemas de medición son menos graves que en el caso de los niveles. El Cuadro 12 muestra una mejora lenta pero constante de los indicadores de la PME, y por consiguiente de la suficiencia alimentaria individual, fuera del África subsahariana. Esta evolución está corroborada por encuestas nacionales sobre el retraso del crecimiento en 1980-9511 y sobre la insuficiencia ponderal en 1976-9512 en menores de cinco años.

La desnutrición estacional tiene consecuencias duraderas para la salud física y económica.

Si se comparan todos los períodos de cincuenta años de la historia humana, el de 1950-2000 sería sin duda acreedor al primer premio por la velocidad, escala y difusión de las mejoras nutricionales. Los descensos se produjeron primero en Europa; de hecho, la subalimentación (y probablemente la MPE) aumentaron en gran parte del mundo en desarrollo en 1945-60. El descenso más espectacular de la MPE se produjo en el Asia oriental, pero también fue considerable en América Latina y el Asia meridional. Sólo en el África subsahariana no se registraron mejoras del SEA ni descensos de la MPE. En 1985-2000 la MPE empezó a disminuir más lentamente en todo el mundo y cambió de signo en los países en transición.

Cuadro 13

SITUACIONES DE SEQUÍA Y HAMBRE, 1972-96

Año

Número medio anual de personas que murieron a causa del hambre y la sequía

Número medio anual de personas afectadas

Número medio anual de personas que quedaron sin hogar

 

(Miles)

1972-76

1977-81

1982-86

1987-91

1992-96

254

0

112

2

0,5

43 563

52 123

103 247

75 852

21 480

0

0

100

10

0

Fuente: Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. 1998. World Disasters Report. Reino Unido, Oxford University Press.
Nota: Los epígrafes 0 y 0,5 indican obviamente que los datos notificados fueron muy insuficientes.

SEGURIDAD E INSEGURIDAD: VARIACIONES ESPACIALES Y TEMPORALES EN LOS NIVELES Y LAS TENDENCIAS

Estaciones, años, hambre

Aparte de la insuficiencia «normal» del suministro de energía, las personas vulnerables se enfrentan con el riesgo de descensos bruscos cuando las campañas o ejercicios agrícolas son desfavorables. La mejora del SEA medio reduce la inseguridad alimentaria asociada con campañas o ejercicios agrícolas desfavorables. También la reduce la mayor integración de los mercados alimentarios y las intervenciones públicas para atenuar la inestabilidad nutricional y las oscilaciones de los precios de los alimentos. Las epidemias de hambre se han hecho más raras desde 1945; a partir de 1963 se han desplazado casi totalmente de Asia a África; y desde el decenio de 1970 se han limitado sobre todo a situaciones de guerra, conflicto civil o derrumbamiento del Estado. Una de las razones del retroceso y la reubicación del hambre ha sido la difusión del pluralismo y la apertura política; gracias al rápido sistema mundial de comunicaciones, incluida la televisión, es casi imposible que en una sociedad abierta y democrática persista el hambre (en contraposición a la subnutrición crónica, aunque llegue a provocar la muerte)13. Los riesgos de una situación generalizada de hambre se han reducido también gracias a la mejora de los sistemas de alerta y de respuesta.

Desde la catástrofe que asoló China en 1959-61, las situaciones de hambre con más de 500 000 víctimas han estado prácticamente ausentes en Asia, a diferencia de lo que ocurría en épocas anteriores. Después de esa fecha, la peor experiencia registrada en Asia costó menos de medio millón de vidas en Bangladesh en 1974-75. Casi todas las muertes se han producido en el África subsahariana, pero sólo en Etiopía (1984-85) se acercaron al millón14. En todo el mundo se han observado grandes oscilaciones en las muertes causadas por el hambre o la sequía; en períodos como 1982-86 proliferaron las guerras y disturbios civiles en varios países afectados por la sequía (Cuadro 13). Desde mediados del decenio de 1960, la MPE crónica, que en la actualidad afecta gravemente a unos 800 millones de personas y causa seis millones de muertes al año, aqueja a muchas más personas que el hambre.

La incidencia de los empeoramientos estacionales graves de la nutrición se ha reducido también casi seguramente, pero hay muchos indicios de que causa cuantiosos daños. En las zonas donde se producen fluctuaciones, la población se adapta tanto desde el punto de vista comportamental (almacenamiento, préstamos) como biológico (tendencia a acumular y perder grasa y no carne) para atenuar los efectos15.

Las fluctuaciones estacionales son especialmente perjudiciales para la suficiencia alimentaria de tres grupos. Entre los niños, la tasa de mortinatalidad aumenta si el período de carestía coincide con el segundo trimestre del embarazo y la de mortalidad si se produce cuando el niño tiene de 6 a 12 meses de edad (y ha perdido la inmunidad pasiva sin haberla sustituido aún plenamente por la inmunidad activa)16. Además, los niños que nacen en un período de carestía se enfrentan con un riesgo de muerte mucho mayor al llegar a la edad adulta. En Gambia, estudios realizados durante más de cincuenta años sobre las probabilidades de supervivencia de más de 3 000 lactantes nacidos en diferentes estaciones han revelado «un aumento muy acusado de la mortalidad entre los adultos nacidos durante un período de carestía... Las muertes por infección [y sus efectos secundarios fueron] la causa más importante, [lo que parece indicar] que los acontecimientos durante las etapas iniciales de la vida habían causado daños permanentes en el sistema inmunitario»17.

LA DISTRIBUCIÓN POR GRUPOS Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

La seguridad alimentaria y nutricional de las personas que viven en el medio rural y en zonas remotas, las mujeres, los refugiados y las personas desplazadas -así como de las minorías étnicas y los niños18- resulta perjudicada por tres circunstancias que refuerzan sus desventajas:

Cada uno de los factores que se indican a continuación (zona remota, medio rural, discriminación contra la mujer, escasez de escuelas, higiene deficiente, ausencia o lejanía de los servicios de asistencia sanitaria, pobreza, trabajo pesado y con grandes variaciones estacionales incluso durante el embarazo y bajo consumo de calorías por persona)20 suele ser más frecuente con que sin cada uno de los demás. En casi todos los países en desarrollo, el quintil de las personas más desfavorecidas con respecto a todos estos factores tendrán unas esperanzas de vida y una escolarización equivalentes al 50-65 por ciento del promedio nacional, y unas tasas de mortalidad y enfermedad dos veces superiores.

Medio rural

El consumo medio de energía es normalmente algo superior en las zonas rurales, pero no entre las personas más pobres. En las zonas rurales de la India, el decil más pobre recibía sólo 1 212 kcal por persona y día en 1972-73 (a pesar de que destinaban el 82 por ciento del consumo a los alimentos), mientras que en las zonas urbanas esta cifra ascendía a 1 316 kcal (79 por ciento). Especialmente en los hogares de empleados, en las zonas rurales el trabajo tiende a ser más pesado y las infecciones más frecuentes, y el número de embarazos por mujer es mayor, por lo que son necesarios más alimentos. Esto lo confirma el hecho de que, para un mismo nivel de ingresos por adulto, un aumento se traduce en un crecimiento mayor del consumo de calorías en las zonas rurales que en las urbanas. Un aumento del déficit de alimentos en relación con las necesidades hace que por regla general el retraso del crecimiento y la emaciación sean al menos 1,5 veces más frecuentes en el medio rural que en el urbano21.

Desde 1980 aproximadamente, la proporción de personas que sufren malnutrición proteinoenergética en las ciudades (y, en general, el número absoluto de personas afectadas en las zonas urbanas) aumentó debido a la reclasificación de las zonas rurales y a la migración. Sin embargo, la incidencia rural de la subnutrición, que era ya mayor, se diferenció aún más de la urbana. La relación de la incidencia del retraso del crecimiento y la emaciación -al igual que la de la pobreza y la muerte prematura- entre el medio rural y el urbano tendió a aumentar, salvo en África, donde la disparidad había sido mayor inicialmente. El 60 por ciento de la población mundial que vive en Asia ha experimentado grandes descensos en la subnutrición, la mortalidad infantil y el riesgo de pobreza, pero en la mayoría de los casos estos descensos han ido acompañados de cierto aumento de las discrepancias entre las zonas rurales y urbanas y entre las regiones dentro de los países22.

Región

En China, en gran parte del resto de Asia y en América Latina, las regiones remotas, marginales, con problemas de agua o montañosas están más expuestas tanto a la desnutrición calórica como a otras circunstancias desfavorables que acentúan sus efectos sobre las tasas de mortalidad y el desarrollo de quienes sobreviven, como por ejemplo la falta de servicios sanitarios, escuelas y carreteras y el alto porcentaje de personas que sufren discriminación lingüística o de otra índole, entre ellas las minorías étnicas. En Brasil, la situación nutricional mucho más grave en el norte y el nordeste que en otras zonas del país se explica sólo en parte por la pobreza; el resto se debe probablemente en gran medida al peor acceso a los servicios de salud23.

Bienes

En algunos lugares (zonas rurales de Sudáfrica, nordeste del Brasil), los ingresos son tan desiguales que incluso su rápido crecimiento apenas influye en la MPE o la pobreza. Esto suele deberse en buena parte a la extrema desigualdad en la distribución de los bienes, en particular la tierra y la educación.

La mortalidad de los lactantes y niños pequeños, estrechamente relacionada con la MPE, es a menudo más alta entre los trabajadores sin tierras que entre los pequeños agricultores. Las reformas orientadas a distribuir la tierra han ido acompañadas de notables descensos de la desnutrición y la pobreza.

Hay muchos datos que demuestran que los hogares donde hay un adulto instruido -y en particular una mujer- tienen un nivel de vida más alto, e incluso cuando alcanzan cierta posición una MPE inferior. Las mujeres instruidas se casan más tarde y tienen una fecundidad inferior por matrimonio. Sus hogares están mejor nutridos gracias a un mayor conocimiento de los alimentos y la agricultura, una relación más alta entre el número de trabajadores y el de sus familiares a cargo y una competencia menor entre hermanos24. Una consecuencia menos reconocida es que, cuando la educación está distribuida de manera especialmente desigual (por regiones, género o grupos de ingresos), la MPE es mayor que en otras partes, sobre todo entre las personas más vulnerables (los niños pequeños) debido a las tasas elevadas de fecundidad de los hogares con un bajo nivel de instrucción.

Género

¿Qué papel desempeña el género en la reducción de la MPE o la nutrición excesiva? En algunos países, los estudios realizados demostraron que el retraso del crecimiento o la insuficiencia ponderal estaba mucho más extendida de lo que podía deducirse del SEA medio. Esto se debe en parte a la adaptación, pero también en parte a que la distribución en función del género del SEA y la asistencia sanitaria (y por consiguiente del tratamiento de las infecciones, que altera la eficiencia del SEA) es especialmente desigual en algunos países. Esto contribuye a la situación desfavorable del retraso del crecimiento y la emaciación en la India -en el norte de ese país, al igual que en Bangladesh y en Pakistán, las niñas de 2 a 5 años de edad sufren una fuerte discriminación alimentaria que tiene resultados dañinos bien documentados25- y probablemente Mauritania. Los efectos perjudiciales sobre la nutrición de la discriminación contra la mujer pueden agravarse incluso en lugares donde la nutrición en general está aumentando: en la India el índice de masa corporal inferior a 16 (tercer grado de deficiencia energética crónica) afectaba al 11,4 por ciento de los hombres adultos en 1975-79 y al 8,8 por ciento en 1988-90, mientras que la incidencia entre las mujeres sólo se redujo del 12,7 al 11,3 por ciento26.

Las niñas de 2 a 4 años están en grave desventaja respecto de los niños en lo que concierne al SEA (en relación con las necesidades) y a la atención sanitaria -y, en consecuencia, a la MPE- en muchas partes de Asia, pero no en el África subsahariana o América Latina27. Además, en casi todas partes las niñas tienen menos probabilidades que los niños de recibir instrucción, por lo que las mujeres tienen menos acceso al trabajo calificado. La mujer sufre también discriminación salarial aun cuando realice el mismo trabajo o tarea, y sobre todo en el acceso a la tierra, la herencia y el crédito. Aunque los datos existentes (especialmente en Asia) no indican que el riesgo de pobreza sea mucho mayor para la mujer, su control sobre los ingresos es sin duda menor.

Aparte de ser directamente dañinas para la seguridad alimentaria de la mujer, estas disparidades de género perjudican también de dos modos a la seguridad alimentaria de los niños. En primer lugar, hay más probabilidades de que los ingresos -incluidos los suplementarios- se empleen en mejorar la situación nutricional de los menores de cinco años cuando es una mujer la que los obtiene. En segundo lugar, la discriminación contra las niñas pequeñas en la alimentación o la atención sanitaria no sólo reduce la esperanza de vida femenina al nivel de la masculina -en otras partes es de 3 a 6 años superior- sino que se transmite a las generaciones posteriores. Un embarazo difícil a causa del tamaño reducido del útero provoca bajo peso al nacer, poniendo en peligro la vida del niño y su desarrollo. Esto explica, por ejemplo, por qué en varias regiones del Asia meridional son más frecuentes los casos de retraso del crecimiento y emaciación que en muchos países de África con una ingesta calórica inferior y una distribución análoga de los alimentos dentro del hogar28.

Refugiados internacionales y personas desplazadas dentro del país

Se estima que los refugiados internacionales eran 1,8 millones en 1960 y se mantuvieron en torno a 1,5-2,5 millones hasta 1976. Alcanzaron el límite máximo de 18-19 millones en 1991-92 y seguidamente se redujeron a unos 12 millones a finales de 1998. En el África subsahariana, los refugiados más las personas desplazadas pasaron de la cifra sin precedente de 16 millones en 1995 a 12 millones en 1997; en Asia los refugiados disminuyeron de 5,8 millones al final de 1993 a 4,5 millones al final de 1995, a los que había que añadir más de 1,7 millones de personas desplazadas.

Sin embargo, las personas desplazadas dentro del país sufren a menudo hambre extrema o situaciones aun peores, especialmente cuando el desplazamiento es repentino, tiene su origen en violencias, sequías o catástrofes naturales, se prolonga, aleja a las víctimas de sus tierras u otros medios de producción o se concentra en mujeres, niños o ancianos. Estas víctimas, privadas a menudo de hombres que son jefes de familia (los cuales están combatiendo), se enfrentan con múltiples amenazas para sus posibilidades de obtener alimentos, su salud y por consiguiente su nutrición, especialmente en el caso de los niños. Unos campamentos de refugiados bien provistos pueden reducir considerablemente la MPE, como en el caso de los refugiados afganos en Pakistán o de los refugiados kosovares en las zonas cercanas, o servir de poco (como en Angola y Sudán) porque no cuentan con fondos adecuados, situación que se ve agravada cuando repetidos episodios de violencia civil provocan una gran afluencia de refugiados subalimentados incluso en épocas normales o perturban el acceso a los alimentos.

Las personas con mayor inseguridad alimentaria dependen prácticamente de la producción de alimentos básicos hasta que estén en condiciones de diversificar sus fuentes de ingresos.

LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS BÁSICOS Y EL ACCESO A ELLOS

Disponibilidad, obtención y producción de alimentos, 1945-2000

En esta sección se demuestra que la idea generalmente aceptada en los años de la posguerra -según la cual las poblaciones muy pobres, principalmente agrícolas, salen de la pobreza, en un primer momento, aumentando sobre todo su producción de alimentos básicos- era correcta después de todo, a pesar de los cambios posteriores en los modelos de desarrollo. En 1945-65 las nuevas naciones, que debían responder de la seguridad alimentaria pero trataban de mantener reservas de divisas para la industrialización, hicieron especial hincapié en el autoabas-tecimiento de alimentos básicos. Pocos analistas pusieron en duda la ventaja comparativa de los países tropicales en la producción de estos alimentos. Por consiguiente, en 1945-65 esta producción se consideró la clave para la disponibilidad que habría de asegurar la seguridad o suficiencia alimentaria de los hogares. Sin embargo, cuando la tierra empezó a escasear, los precios y los prejuicios contra la agricultura en la asignación de fondos -así como las perturbaciones de los mercados agrícolas- hicieron que fuera más difícil conseguir los objetivos de la producción alimentaria. A partir de mediados del decenio de 1960 se produjeron tres cambios importantes:

Cuadro 14

PROPORCIÓN DE TRABAJADORES QUE DEPENDEN PRINCIPALMENTE DE LOS INGRESOS AGRÍCOLAS

Región

1950

1960

1970

1980

1990

2000 1

Asia oriental y sudoriental

Asia meridional

África subsahariana

América Latina y el Caribe

Todos los países en desarrollo

76

76

87

55

79

71

71

84

50

74

64

69

81

43

69

56

66

74

35

63

51

60

69

26

58

41

55

64

21

52

1 Estimación.
Fuente: FAO.

La reactivación consiguiente de la producción de alimentos básicos de los pequeños agricultores -así como del empleo- proporcionó alimentos locales y posibilidades de obtenerlos a través del empleo que redujeron radicalmente la pobreza y la MPE en gran parte de Asia y América Latina entre 1965 y 1988. Desde comienzos del decenio de 1980, tres factores han frenado el interés en ampliar la producción de alimentos básicos en las zonas donde subsiste la MPE.

Cuadro 15

TASA DE CRECIMIENTO DEL RENDIMIENTO DE LOS ALIMENTOS BÁSICOS, 1961-1998

 

Países en desarrollo

Asia oriental y sudoriental

América Latina y el Caribe

Asia meridional

África subsahariana

África

 

(Porcentaje por año)

Cereales

           

1961-71

1971-81

1981-91

1991-98

1966-82

1982-98

2,76

2,76

1,86

1,55

2,7

1,67

1,96

2,03

1,67

0,86

2,36

1,35

1,43

2,38

0,74

2,72

2,23

2,05

1,88

2,33

3,09

1,7

2,3

2,69

(0,29)

2,04

(-0,07)

(0,97)

1,76

(0,06)

1,03*

1,98

(0,75)

(1,13)

1,94

0,75

Raíces y tubérculos

           

1961-71

1971-81

1981-91

1991-98

1966-82

1982-98

2,95

1,19

0,73

0,99

1,12

0,7

(0,4)

2,92

1,06

(0,09)

2,38

(0,21)

1,57

-0,77

1,07

1,02

-0,56

0,87

4,13

1,73

1,62

1,09

2,04

1,5

0,65

1,44

1,91

(0,25)

0,52

1,42

0,65

1,52

1,95

(0,34)

0,61

1,42

Fuente: FAOSTAT. Las regresiones son del autor. Tasas de crecimiento de la tendencia lineal de ajuste óptimo en cada período. Los números entre paréntesis indican que la tendencia no es significativa; * tendencia significativa al 10 por ciento; otras tendencias significativas al 5 por ciento.

FAO/11231/Y. MULLER

El empleo en la producción de alimentos básicos
Campesinos de Myanmar producen trigo con un uso
extensivo de la tierra

- FAO/19710/G. BIZZARRI

Sin embargo, la expansión de la producción local de alimentos ha de seguir siendo considerada como una parte de la solución a los problemas nutricionales. La MPE es todavía la causa principal de mortalidad y miseria en el mundo. La enorme mayoría de sus 800 millones de víctimas lo son sobre todo porque, ya sea ellas o sus padres o hijos que trabajan, carecen de la posibilidad de obtener alimentos a través del empleo, es decir no pueden producir o ganar lo bastante para costear alimentos suficientes. La posibilidad de obtener alimentos suplementarios para reducir la MPE -y absorber el aumento del 50 por ciento de la población en edad de trabajar en África y el Asia meridional prevista para 2020-50- seguirá dependiendo de que crezca el empleo asalariado o por cuenta propia en la agricultura.

La producción de alimentos básicos constituye una forma de generar ingresos mediante el empleo intensivo de mano de obra.

Producción de alimentos básicos, rendimiento e ingresos derivados del empleo

En el mundo en desarrollo, los descensos de la pobreza, la subalimentación calórica y la MPE han ido unidos por lo general a una producción de alimentos básicos en rápido aumento. El Cuadro 14 muestra por qué sucede esto. La población de esas zonas sigue dependiendo principalmente de la agricultura y del trabajo agrícola para obtener ingresos a través del empleo. Para los pobres, estos ingresos representan, de manera abrumadora, la fuente principal de posibilidades de obtener alimentos. Para las personas más expuestas a la inseguridad alimentaria -los más pobres, la población rural, las personas que viven en zonas remotas- la dependencia respecto de la agricultura es aún mayor. El aumento de la producción local de alimentos básicos, que genera más ingresos derivados del empleo asalariado y por cuenta propia y garantiza la posibilidad de obtener suministros seguros, ha sido normalmente el factor decisivo de la seguridad alimentaria, hasta que el crecimiento de la agricultura, seguido de una diversificación con éxito, ha reducido la dependencia respecto del empleo agrícola a los niveles actuales en el Asia oriental y América Latina.

Los mayores rendimientos de la producción de alimentos básicos serán el factor principal de aumento de la seguridad alimentaria por lo menos hasta 2020.

En el período de 1945-59 se observó cierta aceleración del crecimiento de los alimentos básicos, basada sobre todo en la expansión de la superficie agrícola y (en Asia) en el riego. A partir de finales del decenio de 1950, con el crecimiento demográfico y el desarrollo urbano, fueron cada vez más las regiones agrícolas donde se acabaron las tierras de labranza de buena calidad que aún estaban baldías, al tiempo que el número de personas que buscaban empleo crecía más deprisa que nunca y la industrialización avanzaba más lentamente o creaba menos empleo de lo que habían previsto los planificadores. Afortunadamente, el período de 1965-85 fue excelente para el aumento del rendimiento de los principales alimentos básicos en Asia y América Latina, ya que la revolución verde proporcionó de manera creciente variedades apropiadas para los pequeños agricultores que emplean mucha mano de obra. En el Cuadro 14 se resumen los resultados desde 1961.

El aumento del rendimiento en Asia y África muestra un punto de inflexión hacia mediados del decenio de 1980, aunque este momento varía según los cultivos y las regiones (Cuadro 15). Además, aunque el aumento del rendimiento de los alimentos básicos siguió generando mucho más empleo por unidad de PIB suplementaria que, por ejemplo, el pastoreo, la industria o la construcción (y la mayoría de las actividades urbanas), el efecto sobre el empleo disminuyó: un aumento del 20 ciento en el rendimiento del trigo o el arroz en Asia se traducía en un incremento del 4 por ciento en el empleo a mediados del decenio de 1970, pero sólo del 1-2 por ciento a finales del decenio de 1980.

Los datos significativos sobre la pobreza, la seguridad alimentaria y el déficit de energía están relacionados con los datos sobre la producción de alimentos básicos, el empleo y el rendimiento. Esto no se debe a que un aumento de la disponibilidad mundial de alimentos vaya a acabar con el hambre. Se debe a que la posibilidad de obtener más alimentos básicos locales y fiables, generada principalmente por el trabajo necesario para producirlos, sigue siendo para la población mundial vulnerable la vía inicial de escape tanto de la pobreza como de la MPE, y porque los países que se industrializan lo hacen casi siempre después de haber logrado aumentar el rendimiento de los alimentos básicos. Las personas pobres y malnutridas obtienen los alimentos que reclaman gracias a sus propios ingresos o a los de sus padres o hijos. Estos ingresos se derivan casi siempre del trabajo. La mayor parte de esos ingresos y de ese trabajo, al igual que las propias personas pobres y malnutridas, provienen -y seguirán proviniendo en el 2025- del medio rural30. La posibilidad de que las personas pobres y necesitadas, que seguirán viviendo principalmente en las zonas rurales, obtengan alimentos seguirá dependiendo en gran medida de los ingresos derivados del empleo rural asalariado o por cuenta propia. El aumento de esas posibilidades de obtener alimentos a través del trabajo rural tiene su origen en el crecimiento del sector agrícola y en el crecimiento del sector rural no agrícola. El crecimiento del sector rural no agrícola, al menos en los países con bajos ingresos, depende normalmente de la demanda anterior de una agricultura local en expansión, a la que el sector rural no agrícola proporciona instrumentos e insumos agrícolas; la elaboración y el transporte de los productos agrícolas; y, sobre todo, los vínculos de consumo, dado que los ingresos agrícolas suplementarios, especialmente entre los agricultores y trabajadores agrícolas menos acomodados, se emplean en la construcción, el comercio y otros servicios locales. Así pues, el aumento de los ingresos derivados del empleo rural, y por tanto la mejora de la seguridad alimentaria para las personas vulnerables, seguirán dependiendo principalmente del aumento del empleo y los ingresos agrícolas locales.

Un acceso más equitativo a los recursos puede aumentar la eficacia de la producción agrícola para determinados cultivos y en determinadas condiciones.

En la mayor parte de Asia y África -donde viven y trabajan la mayoría de las personas que sufren inseguridad alimentaria- la extensión de la agricultura a nuevas tierras está teniendo, o tiene ya, costos prohibitivos (o es incluso inviable). Por consiguiente, el aumento de los ingresos derivados del empleo asalariado y por cuenta propia en la agricultura sólo es viable en la medida en que:

Estos tres factores suelen estimularse mutuamente, pero el aumento de la productividad agrícola es la fuente principal del crecimiento de la demanda de trabajadores asalariados y autónomos en las explotaciones agrícolas, y por consiguiente de la mejora de la seguridad alimentaria31, y está limitado sobre todo y de forma creciente por la escasez de tierras y aguas.

Reducción de la inseguridad alimentaria mediante el empleo agrícola: aumento del rendimiento de los alimentos básicos

La producción de alimentos básicos constituye con mucho el uso de la tierra, la fuente de empleo y el componente de la producción agrícola más importante en muchas zonas con una inseguridad alimentaria grave (es decir, en la etapa inicial del desarrollo de los países con bajos ingresos). Los pequeños agricultores y los trabajadores sin tierras, que son los grupos más vulnerables a la inseguridad alimentaria, se concentran especialmente en la producción de alimentos básicos. Esta producción genera más empleo por unidad suplementaria de tierra o de producción que la mayoría de los otros usos alternativos de la tierra. Pero, para la población con bajos ingresos y expuesta a la inseguridad alimentaria, el aumento del rendimiento de los alimentos básicos (por hectárea y por litro), y por consiguiente los ingresos suplementarios derivados del empleo asalariado y autónomo para cultivarlos, será -al menos hasta el 2020- la fuente principal de la mejora de la seguridad alimentaria.

Desnutrición y nutrición excesiva pueden coexistir en un mismo país.

Esta perspectiva se enfrenta con tres amenazas: los productos de origen animal, la disponibilidad de agua y el rendimiento potencial.

Al aumentar sus ingresos, los sectores más acomodados de la población de los países en desarrollo desvían ingresos de los cereales a los productos de origen animal y aumentan su ingesta total de calorías. Para obtener calorías de la carne o la leche se necesita una cantidad de cereales de tres a siete veces superior que para obtenerlas directamente de los cereales. Esto puede ejercer una presión al alza sobre los precios de los alimentos básicos, y una presión a la baja sobre la disponibilidad local, que tiene consecuencias negativas para los pobres.

Con el desarrollo urbano y la industrialización, aumenta la demanda y la necesidad de agua. Se intensifica la presión económica, ecológica y política para detraer agua a la agricultura. Será difícil conseguir el aumento de la eficiencia en el uso del agua necesario para mantener la producción de alimentos básicos en las tierras de regadío donde ha tenido lugar la revolución verde en Asia y América central; y aumentará cada vez más la presión para destinar tierras a actividades con un rendimiento por litro mayor que la producción de alimentos básicos. Estos problemas limitarán especialmente el aumento de la producción, el rendimiento y el empleo en el cultivo del arroz, que es el alimento básico que más agua necesita.

El aumento del rendimiento de los cereales en los países en desarrollo ha disminuido de una tasa anual de casi el 3 por ciento en 1967-82 a poco más del 1 por ciento en el decenio de 1990. El rendimiento potencial -es decir el mejor rendimiento que puede conseguirse en una parcela experimental, sin límites de insumos de agua, mano de obra o productos agroquímicos- aumentó muy lentamente en el caso del mijo y el sorgo y en casi todas las zonas semiáridas, incluida la mayor parte de África, pero rápidamente en el caso del maíz, el trigo y el arroz, al estar disponibles variedades de alto rendimiento en los años iniciales de la revolución verde, en la mayor parte de Asia y América Central. Para los agricultores, resulta normalmente rentable conseguir tan sólo un 10-40 por ciento del rendimiento potencial, según las condiciones agro-ecológicas, los costos, los riesgos y la infraestructura para comprar insumos y vender productos. Tras haber conseguido mejoras importantes en el rendimiento potencial, los agricultores suelen superar el nuevo límite económico del 10-40 por ciento en un plazo de 10 a 15 años. A partir de comienzos del decenio de 1970, el aumento del rendimiento potencial obtenido como resultado de la revolución verde se desaceleró y los esfuerzos se reorientaron hacia la mejora de la defensa contra los nuevos biotipos de plagas. A esto siguió, a partir de mediados del decenio de 1980, una desaceleración del rendimiento en el campo en las zonas donde había tenido lugar la revolución verde (y en muchas otras donde no se habían producido tales mejoras). El descenso del gasto real en la investigación agrícola en África y América Latina, y su estabilización (y su disminución en 1999-2000) en el sistema internacional hacen que el futuro del rendimiento potencial, y por tanto el rendimiento en el campo de los principales alimentos básicos sea sombrío.

FAO/20216/L. DEMATTEIS

Seguridad nutricional
Para una nutrición adecuada se requiere una dieta suficiente
y equilibrada, que contenga los micronutrientes
esenciales

- FAO/20216/L. DEMATTEIS

Reducción de la inseguridad alimentaria a través del acceso a la distribución: tierras, derechos de la mujer, alimentos

Se ha afirmado a veces que no es necesario aumentar la producción de alimentos básicos para acabar con la MPE, ya que ésta aumenta incluso cuando hay grandes existencias de cereales no utilizadas, no sólo a nivel mundial o en los países ricos sino incluso en la India, ya que la distribución es tan desigual que las personas subnutridas carecen de posibilidades de obtener alimentos suficientes. Esta carencia es de hecho la causa principal de la MPE.

Las pequeñas explotaciones tienen habitualmente un rendimiento y una productividad agrícola más altos, aunque no en el caso de todos los cultivos y en todas las condiciones. Las pequeñas explotaciones agrícolas no suelen perder su capacidad competitiva tras haber adoptado avances técnicos como la revolución verde, y la mayor parte de las medidas de liberalización y globalización. Además de estos argumentos basados en la eficiencia en favor de la redistribución de la tierra como fuente de empleo y por consiguiente de seguridad alimentaria, hay también argumentos basados en la equidad. Algunos países y regiones presentan una gran desigualdad en la tenencia de tierras y los ingresos, y en consecuencia una pobreza generalizada y una MPE considerable, a pesar de unos ingresos reales medios superiores a la media; es difícil prever una reducción apreciable de esa desigualdad, por ejemplo en Sudáfrica o el nordeste del Brasil, sin una redistribución de la tierra.

Sin embargo, aun así muchas de las personas más pobres no recibirían tierras si se efectuara una redistribución políticamente plausible. Esto sucedería especialmente en países como Bangladesh, donde cerca del 25 por ciento de la población agrícola carece prácticamente de tierras, aunque en ese país se considera grande una finca de 2 ha y excepcional una de 10 ha. Sin embargo, sería erróneo despreciar por ello la contribución de la distribución de la tierra a la reducción de la MPE. Esta contribución depende no tanto de los ingresos derivados de la tierra como de los efectos sobre el empleo. Cuanto menor es la explotación agrícola y mayor la proporción de trabajadores familiares, más bajos son los costos de la búsqueda, selección y supervisión de la mano de obra, y menos ventajoso resulta eludir el trabajo.

DE LA SUFICIENCIA ENERGÉTICA A LA SEGURIDAD NUTRICIONAL

Agricultura y salud: combinar la seguridad alimentaria y nutricional

En los últimos cincuenta años, los principales problemas mundiales de la alimentación han sido el hambre generalizada y crónica y la malnutrición proteinoenergética. Estos problemas están interrelacionados y además dejan el campo libre a otros problemas cuando retroceden. Por ello se presta cada vez más atención a la seguridad nutricional. Aunque la subnutrición sigue contribuyendo a que cada año mueran 6 millones de niños, hay otras cuestiones que no pueden soslayarse: la anemia aumenta el riesgo de mortalidad para más de 1 500 millones de personas en todo el mundo; la obesidad (IMC > 27,5) afecta a un tercio de los adultos en los Estados Unidos de América y acabará causando la muerte de al menos un tercio de ellos. Sin embargo, paradójicamente, los problemas nutricionales de las fases finales del desarrollo, como la obesidad, tienen sus raíces genéticas y comportamentales en los problemas del subdesarrollo, como por ejemplo la MPE. Además, estos dos conjuntos de problemas están afectando a la vez a un número creciente de países.

También en los países pobres una nutrición suficiente depende tanto del estado de salud como de la alimentación. El descenso observado en la mortalidad de los lactantes y niños pequeños está relacionado con la interacción entre un consumo mayor y más estable de alimentos y una mejora de la higiene, la inmunización y la asistencia sanitaria. Un estudio clásico32 demostró esta sinergia en aldeas pobres del Punjab, en la India, que eran entonces pobres. Se consiguió un descenso mucho mayor de la mortalidad y la desnutrición cuando se dividió una suma fija entre la asistencia sanitaria y la nutrición suplementaria que cuando esa cantidad se concentró en una sola de esas esferas.

Micronutrientes: superación de la seguridad alimentaria desde el punto de vista de la energía

Para lograr la seguridad nutricional es necesario superar carencias esenciales de minerales y vitaminas que a menudo se superponen e influyen unas en otras.

La anemia ferropénica afecta a una de cada tres personas en todo el mundo y aqueja al 43 por ciento de la población de los países en desarrollo. «No se observan mejoras significativas... en ninguna de las recientes estimaciones de las tendencias»33. La prevalencia mundial ha aumentado desde 1980; el incremento entre los hombres adultos ha sido superior al descenso entre las mujeres y los menores de cinco años.

La anemia ferropénica grave es la causa de una de cada cinco defunciones maternas en el mundo y se transmite a los hijos, provocando retraso del crecimiento y vulnerabilidad a las infecciones. Incluso una anemia ferropénica moderada en edad preescolar reduce permanentemente la capacidad de aprendizaje y la destreza manual. Un aumento del 10 por ciento de la hemoglobina en una persona con anemia moderada aumenta su capacidad de trabajo en un 20 por ciento34.

El hierro puede obtenerse de los cereales, de algunas hortalizas y legumbres, de los productos lácteos y de la carne, en orden ascendente tanto de contenido de hierro como de biodisponibilidad. Cuando aumentan sus ingresos, las personas sustituyen los cereales por las legumbres y hortalizas y posteriormente por la carne. Por consiguiente, el aumento de los ingresos habría debido reducir la carencia de hierro en Asia, donde la incidencia es mayor. Sin embargo, los cambios en la producción han contrarrestado esta tendencia: los cereales mostraron un rendimiento más dinámico que las legumbres, a las que desplazaron, con lo que esta fuente de hierro empezó a escasear antes de que la mayoría de las personas pudieran permitirse un mayor consumo de carne35.

En el decenio de 1990 el riesgo de enfermedades yodocarenciales afectaba en todo el mundo a unos 2 200 millones de personas, de las cuales unos 740 millones sufrían bocio. Hacia 1994 se estimaba en unos 11 millones las personas con cretinismo y en otros 43 millones las que tenían discapacidades mentales. Las enfermedades yodocarenciales han disminuido espectacularmente, lo que constituye un gran logro para las políticas de seguridad nutricional. Gracias a la yodación de la sal, en 1994-97 la proporción de personas expuestas al riesgo de enfermedades yodocarenciales descendió del 33 al 23 por ciento en África, del 23 al 7 por ciento en América, del 43 al 30 por ciento en la zona del Mediterráneo oriental y del 29 al 14 por ciento en todo el mundo.

La carencia de vitamina A afecta a un número menor de personas que la de hierro o yodo. Sin embargo, la carencia clínica (ocular) de vitamina A causa daños irreversibles en los niños, mientras que la subclínica aumenta el riesgo de mortalidad durante el embarazo y perjudica al desarrollo infantil y a la utilización del hierro. La vitamina A se obtiene sobre todo de alimentos de origen animal en los países con altos ingresos y en América Latina, y de las hortalizas de hoja verde, las batatas y el aceite de palma en otras partes. En los países en desarrollo, el número de niños menores de cinco años con carencia clínica de vitamina A se redujo de 5 millones (el 1,1 por ciento) en 1985 a 3,3 millones (el 0,6 por ciento) en 1995. La carencia subclínica está mucho más extendida y el número de niños menores de cinco años afectados se estima entre 75 y 250 millones36.

Otras carencias, como por ejemplo las de zinc, calcio y fibra alimentaria, así como el exceso de sodio, están también muy extendidas y son objeto de una atención creciente. A medida que las personas son más ricas, diversifican su régimen alimenticio y aumentan el consumo de productos de origen animal, frutas y hortalizas. De este modo reducen considerablemente el riesgo de carencia de hierro, zinc y vitamina A. Estos cambios benefician sobre todo a los pobres que se encuentran en las etapas intermedias y finales del desarrollo económico. Las personas muy pobres no pueden permitirse el lujo de utilizar sus ingresos -si los tienen- en comprar frutas, hortalizas o productos de origen animal ricos en micronutrientes. Sin embargo, son estas personas las que tienen más probabilidades de sufrir carencias de nutrientes y de no recibir tratamiento. Por ello es importante aumentar los niveles de micronutrientes esenciales en los alimentos baratos que más consumen, es decir los alimentos básicos. En 1999 se consiguió introducir un contenido mucho más alto de hierro y vitamina A en el arroz transfiriendo genes de otras plantas. Esto apunta a una línea fundamental de investigación.

La distribución subvencionada de alimentos debe ser limitada y adecuadamente selectiva.

Nutrición excesiva, enfermedades alimentarias, desarrollo y composición del régimen alimenticio

La nutrición excesiva en relación con niveles reducidos de actividad (y asociada a regímenes alimenticios con un contenido excesivo de grasas animales, sal y azúcar y un déficit de fibra) es una de las causas principales de obesidad, hipertensión, cardiopatías coronarias, diabetes y algunos tipos de cáncer -y por consiguiente de muerte prematura en adultos y discapacidad en ancianos- en los países desarrollados.

Los datos sobre prevalencia indican que las enfermedades nutricionales de la opulencia son ya importantes no sólo entre los pobres de los países ricos, sino también (descendiendo por la escala de ingresos) en los países con una MPE generalizada. En 1995, el 3,3 por ciento de los niños menores de cinco años (18 millones) tenían un exceso de peso en el mundo en desarrollo; en África del norte, la proporción era superior al 8 por ciento (en los Estados Unidos era del 7,4 por ciento). En las zonas urbanas la obesidad es mucho mayor que en las zonas rurales de una serie de países en desarrollo. Los niños menores de cinco años obesos corren un riesgo más de dos veces superior de ser obesos cuando sean adultos37.

Los grupos con ingresos más bajos están expuestos a un tipo diferente de inseguridad alimentaria. En los países pobres, son los más propensos a la MPE y a las enfermedades carenciales, ya que consumen un volumen de alimentos demasiado reducido y una proporción demasiado pequeña de alimentos de origen animal que aportan cantidades concentradas y accesibles de hierro, zinc y vitaminas, así como energía. En los países ricos, son los más propensos a la obesidad y a las enfermedades y la mortalidad consiguientes, ya que consumen (con un bajo uso de energía) excesivas calorías, derivadas en una proporción demasiado grande de grasas y alimentos de origen animal.

La diversificación de los alimentos es un elemento importante de la seguridad alimentaria (para combatir las enfermedades de la opulencia y las de la pobreza y posibilitar el pleno ejercicio de las facultades y funciones). Es el arma indicada tanto contra la nutrición excesiva como contra la nutrición insuficiente, aunque esto no impide que se deba conceder prioridad al aumento de las posibilidades de obtener fuentes baratas de energía a través de los ingresos para quienes sufren MPE. La diversificación de los alimentos mejoró en 1969/71-1990/92 en todas las regiones y todos los tipos de economías, como lo indica el descenso de la proporción de calorías derivadas del principal grupo de alimentos de un país. La intensificación del comercio, los viajes y el desarrollo urbano han diversificado la cesta de alimentos en la gran mayoría de los países. Aparte de la mejora estática de la salud, esta diversificación reduce el riesgo dinámico que una pérdida de la cosecha o un aumento de los precios representa para una única fuente de alimentos. Las presiones en favor de la diversificación -salvo en el caso de las zonas más aisladas y de algunas de las numerosas personas que siguen siendo demasiado pobres para consumir suficientes calorías- han compensado con creces la homogeneización. Del mismo modo, las tendencias a la globalización del consumo local de alimentos básicos no se han visto obstaculizadas sino más bien favorecidas por la producción local de alimentos básicos o la han propiciado38.

REPERCUSIONES PARA LAS POLÍTICAS Y CONCLUSIONES

El análisis precedente pone de relieve varias esferas en las que es necesario aplicar políticas encaminadas a reducir considerablemente la pobreza y la desnutrición. Esas esferas están relacionadas con la producción de alimentos básicos por parte de los pequeños agricultores, la equidad y la redistribución, los grupos desfavorecidos y vulnerables y la seguridad nutricional. Las decisiones sobre políticas relacionadas con el comercio, la liberalización de los mercados y el medio ambiente contribuirán también de manera decisiva a asentar la seguridad alimentaria sobre una base sostenible.

Reducción de la pobreza y mejora de la nutrición mediante la producción de alimentos básicos

Una prioridad absoluta de las políticas está determinada por el hecho de que el crecimiento del aumento de los alimentos básicos, factor fundamental para reducir la pobreza y conseguir la seguridad alimentaria en las fases iniciales del desarrollo, ha estado disminuyendo desde mediados del decenio de 1970. Por ello es necesario que se reanude el progreso del rendimiento potencial de los alimentos básicos.

Investigadores y encargados de formular políticas han de examinar las razones por las que la revolución verde:

Para que se realizara una segunda revolución verde, que proporcionara empleo abundante y mejorara la nutrición, haría falta destinar más fondos a la investigación agrícola en el sector público, volver a centrar la atención en la fitogenética, recuperar los conocimientos de biotecnología que actualmente controlan las empresas privadas y dar prioridad a las regiones menos favorecidas, a la utilización sostenible del agua y al cultivo de alimentos básicos con uso intensivo de mano de obra en las pequeñas explotaciones agrícolas.

La redistribución: una garantía de la seguridad alimentaria de los hogares a través de los alimentos básicos

La seguridad alimentaria de los hogares se beneficia del aumento del rendimiento de los alimentos básicos, que a su vez se beneficia de la mejora del acceso a la tierra, el crédito y las instituciones. La redistribución de la tierra reviste especial importancia por la extrema desigualdad en la tenencia de la tierra y los ingresos agrícolas y, en consecuencia, la pobreza y la inseguridad alimentaria generalizadas en algunos países y regiones. La redistribución de la tierra (y no la reforma de la tenencia, que surte el efecto contrario al alentar a los terratenientes a recurrir al desahucio y a concentrar las tierras en explotaciones agrícolas mayores que utilizan menos mano de obra) es una importante fuente de posibilidades de obtener alimentos a través del empleo, y se traduce en un aumento de la superficie plantada de cultivos alimentarios básicos, ya que los pequeños agricultores reducen el riesgo de que suban los precios en los mercados minoristas de alimentos.

Las reformas agrarias de 1950-80 lograron mucho más de lo que da a entender el escepticismo en boga. En las economías con excedente de mano de obra (donde más extendida está la desnutrición), el mercado favorece a las pequeñas explotaciones con un alto coeficiente de mano de obra. Por este motivo, vale la pena examinar la reforma agraria desde la perspectiva del mercado. Una segunda oleada de reformas agrarias orientadas a mejorar la nutrición podría lograr que las unidades de explotación agrícola se uniformaran y redujeran voluntariamente su tamaño suprimiendo el apoyo selectivo a los insumos de los agricultores ricos (especialmente el agua), orientando el agua, el acceso al mercado, la capacitación, el crédito y la investigación hacia las pequeñas explotaciones (y hacia las personas pobres que tratan de conseguirlos), y poniendo a disposición de los pequeños agricultores planes subvencionados o basados en comprobantes para la adquisición de tierras agrícolas.

Autoabastecimiento nacional de alimentos básicos y seguridad alimentaria

Para un país, un mayor autoabastecimiento de alimentos puede representar una mejora o un empeoramiento de la seguridad alimentaria. Se puede tratar de conseguirlo mediante políticas flexibles y acertadas, tales como programas de riego o de investigación agrícola. Pero la búsqueda del autoabastecimiento puede conducir a una política destinada a conseguir a bajo precio productos rurales para alimentar a las ciudades, creando incentivos aberrantes que perjudican a la producción de alimentos y al empleo y agravan la desnutrición. El desarrollo comprende normalmente dos etapas en lo que respecta a las importaciones de alimentos (véase el Recuadro 19, pág. 208) y es necesario que las políticas se apliquen en el orden siguiente: en la fase de disminución del recurso a las importaciones de alimentos, las políticas racionales de autoabastecimiento de alimentos (que tengan en cuenta las ventajas comparativas y las condiciones logísticas y agroeconómicas), puestas en práctica mediante actividades que fomentan el empleo (especialmente en las pequeñas explotaciones), podrían reducir la malnutrición. En la fase posterior del desarrollo, cuando aumentan las importaciones netas de alimentos básicos (financiadas con las manufacturas y servicios exportados, que a su vez dan empleo a los pobres y les ofrecen más posibilidades de obtener alimentos), la aplicación de esas políticas contribuirá a reducir ulteriormente la subnutrición promoviendo cambios en favor de actividades con una densidad de mano de obra al margen de la producción de alimentos básicos.

Sin embargo, hay que subrayar que la segunda fase sólo es viable una vez superada la fase de crecimiento del empleo y la producción de alimentos básicos. La epidemia de hambre en China en 1960 y la situación de extrema penuria en la India en 1965-66 indican que soslayar el aumento local del rendimiento de los alimentos básicos antes de que haya despegado el empleo no agrícola tiene efectos desastrosos para la seguridad alimentaria.

Reducción de las fluctuaciones en el suministro alimentario y el acceso a los alimentos

Las personas pobres, con una ingesta baja de calorías, y por consiguiente un tamaño corporal reducido, sufren más las consecuencias de las adversidades estacionales y por consiguiente tropiezan con más dificultades para afrontarlas. Puede optarse por políticas que ayuden a los hogares a enfrentarse con las adversidades estacionales. También se pueden reducir las fluctuaciones de los ingresos derivados del empleo mediante políticas apropiadas que fortalezcan la agricultura y distribuyan la actividad a lo largo del año a través del riego, la lucha contra las plagas y nuevas variedades idóneas. Las intensas fluctuaciones estacionales de las condiciones agroclimáticas afectan a una proporción mayor de asiáticos que de africanos, pero la proporción de damnificados en Asia es inferior. La diferencia está en el hecho de que en Asia hay una gama más amplia de opciones con respecto al riego, las obras públicas y el transporte.

La distribución de alimentos subvencionados que forman parte de las existencias públicas no suele estar orientada directamente a los pobres, pero les ayuda en años de carestía al alentar a los comerciantes a liberar antes las existencias que han acumulado, limitando de ese modo las subidas de los precios. Es fundamental que se distribuyan existencias públicas a las regiones necesitadas, remotas y afectadas por la sequía. Ningún país de grandes dimensiones con problemas de desnutrición puede prescindir de las existencias públicas de cereales, pero en algunos países, como la India, el volumen de estas existencias -que representan a menudo el 10 por ciento y en ocasiones hasta el 20 por ciento de la producción interna de alimentos básicos- implica un gasto enorme en unas inversiones públicas inevitables.

Entre los mecanismos de que disponen los hogares para reducir la vulnerabilidad a las perturbaciones se incluyen el crédito y otros servicios destinados a facilitar el consumo; pueden aplicarse políticas que los apoyen, por ejemplo alentando la microfinanciación del consumo para los pobres, cuando esta medida sea sostenible.

Atención especial a los grupos vulnerables y desfavorecidos

Es posible mejorar la seguridad alimentaria de los hogares de esos grupos mediante la distribución directa de alimentos, programas de alimentos por trabajo, subvenciones a los alimentos o planes de socorro para situaciones de urgencia. Una vez más hay que hacer hincapié en su vinculación con el empleo: los programas de alimentos por trabajo pueden mejorar la capacidad de trabajo, la productividad y los incentivos; el trabajo puede proporcionar más alimentos o la posibilidad de obtenerlos. Es difícil reducir los costos y encontrar incentivos apropiados.

Desde una perspectiva a largo plazo, la educación básica constituye la mejor inversión en favor de los grupos más desfavorecidos. La educación mejora la productividad y los ingresos agrícolas, tanto entre los trabajadores como entre los agricultores. Las mujeres instruidas se casan más tarde y tienen una fecundidad menor por matrimonio. Sus hogares están mejor nutridos gracias a un mayor conocimiento de los alimentos y la agricultura, una relación más alta entre el número de trabajadores y el de sus familiares a cargo y una competencia menor entre hermanos. Cuando la educación está distribuida de manera muy desigual (por regiones, género o grupos de ingresos), la subnutrición es mayor que en otras partes, sobre todo entre las personas más vulnerables (los niños pequeños) debido a las tasas elevadas de fecundidad de los hogares con un bajo nivel de instrucción.

En algunas zonas, se podría mejorar la suficiencia energética y la seguridad alimentaria de los hogares mediante una redistribución del control sobre los ingresos y los bienes en favor de la mujer, por ejemplo reduciendo la discriminación de las niñas en la educación y dando a la mujer derechos legales para heredar tierras o haciendo valer esos derechos.

Medio ambiente y seguridad alimentaria

Tanto la seguridad alimentaria como el medio ambiente pueden beneficiarse de una mejora de las políticas. A menudo existen ventajas comparativas, pero se deben a incentivos o medidas erróneos: por ejemplo, los cultivos alimentarios que necesitan mucha agua, y en particular el arroz, ponen en peligro la utilización sostenible de este recurso cuando se subvenciona el arroz con respecto a otros cultivos, el agua con respecto a otros insumos o las inversiones urbanas con respecto a las inversiones rurales (que posiblemente llevarían consigo un ahorro de agua).

El medio ambiente y la seguridad alimentaria de los hogares pueden beneficiarse de una corrección de los incentivos que perjudican al empleo y el medio ambiente; y el aprovechamiento de la función decisiva de los ingresos derivados del empleo para aumentar las posibilidades de obtener alimentos, especialmente fuera de temporada y en épocas de poca actividad.

De la seguridad alimentaria de los hogares a la seguridad nutricional: políticas combinadas

Los países en desarrollo deben abordar los problemas nutricionales de la fase posterior del desarrollo, como por ejemplo la obesidad, juntamente con los problemas de la subnutrición, puesto que sufren ya ambos problemas; las estructuras políticas introducen un sesgo en la distribución de recursos entre ellos; y un tratamiento erróneo de la MPE y las carencias de micronutrientes hoy aumenta enormemente la mortalidad y las enfermedades a causa de la nutrición excesiva dentro de 20-25 años. Es necesario por tanto aplicar una política de incentivos y asignaciones al sector público. Otros dos problemas -la carencia de micronutrientes y la inocuidad de los alimentos- que comparten en diferentes formas las personas emaciadas y las obesas, subrayan la necesidad de unas políticas combinadas de seguridad nutricional para la agricultura, la nutrición, la salud y el medio ambiente.

Es importante que, a medida que se generalicen el bienestar económico y el envejecimiento consiguiente de que disfrutan los grupos más acomodados, los cambios en los modelos de alimentación y de actividad se generalicen también. Esto implica cambios oportunos en los incentivos y las instituciones para la agricultura, los mercados de alimentos, los sistemas médicos y tal vez la educación.

NOTAS

1 R. Eastwood y M. Lipton. 1999. The impact of changes in human fertility on poverty. Journal of Development Studies, 36(1): 1-30.

2 A.K. Sen. 1981. Poverty and famines: an essay on entitlement and deprivation. Oxford, Reino Unido, Clarendon Press.

3 Banco Mundial. 2000. World Development Report 2000/2001. Nueva York, Oxford University Press.

4 S. Yaqub. 1999. Poverty in transition countries: what picture emrerges from UNDP's National Human Development Reports? Working Paper No. 4. Brighton, Reino Unido, Poverty Research Unit, Universidad de Sussex.

5 A. Krueger, A. Valdes y M. Schiff. 1996. The mulcting of agriculture in developing countries. Washington, D.C., Banco Mundial.

6 M. Ravaillon. 1997. Famines and economics. Journal of Economic Literature, 3: 1205-1243.

7 FAO.1946. Encuesta Mundial sobre la Alimentación. Washington, D.C.

8 Ibid.

9 FAO. 1952. Segunda encuesta mundial alimentaria. Roma.

10 K. Bagchi. 1992. Impact of four decades of development on nutrition and health status in India. Roma, Secretaría Mixta FAO/OMS de la Conferencia Internacional sobre Nutrición.

11 ACC/SCN. 1997. Third Report on the World Nutrition Situation. Ginebra.

12 FAO. 1996. Sexta encuesta alimentaria mundial. Roma.

13 Sen, op. cit., nota 2.

14 M. Ravallion, op. cit., nota 6.

15 P. Payne y M. Lipton. 1994. How third world housedolds adapt to dietary energy stress: the evidence and the issues. Food Policy Review No. 2. Washington, D.C., International Food Policy Research Institute; A.E. Dugdale y P.R. Payne. 1987. A model of seasonal changes in energy balance. Ecology of Food and Nutrition, 19: 231-245.

16 S. Schofield. 1974. Seasonal factors affecting nutrition in different age-groups and especially pre-school children. Journal of Development Studies 11(1): 22-40.

17 A.M. Prentice. 1999. Early nutritional programming of human immunity. Annual Report 1998. Lausana, Suiza, Fundación Nestlé.

18 Los niños están indirectamente desfavorecidos, porque se concentran donde es más prevalente la MPE: en los hogares de las familias pobres y extensas, y en las zonas rurales y remotas donde aún no se ha producido la transición en la fecundidad.

19 M. Lipton, S. Osmani y A. de Haan. 1999. Quality of life in emerging Asia. Documento de antecedentes para Emerging Asia: changes and challenges. Manila, Banco Asiático de Desarrollo.

20 Un hogar tiende a tener una proporción mayor de niños con respecto a los adultos, y por consiguiente unas necesidades calóricas menores, si (en igualdad de circunstancias) está en el decil más pobre, está situado en una zona rural y remota y sus miembros tienen un bajo nivel de instrucción.
Sin embargo, muchos indicadores, como por ejemplo las diferencias de mortalidad, muestran que las necesidades se reducen menos que el consumo.

21 J. von Braun, J. McComb, B. Fred-Mensah y R. Pandya-Lorch. 1993. Urban food insecurity and malnutrition in developing countries: trends, policies and research implications. Washington, D.C., IIPA.

22 Sin embargo, entre los chinos pobres, en el decenio de 1980 el consumo de calorías en las zonas rurales y urbanas se aproximó, probablemente porque muchas personas hambrientas emigraron del medio rural a las ciudades, donde rara vez gozaron de las ventajas de la seguridad social urbana o rural. Véase R. Eastwood y M. Lipton. 2000. Changes in rural-urban inequality and urban bias. En G. Cornia, ed. The upturn in inequality within nations since 1980; y M. Lipton, A. de Haan y S, Yaqub. 2000. Poverty in emerging Asia. Asian Development Review (marzo).

23 OMS. 1991. Country studies in nutritional anthropometry: Brazil. Ginebra, Servicio de Nutrición, Organización Mundial de la Salud.

24 M. Livi-Bacci y G. de Santis, eds. 1998. Population and poverty in developing countries. Oxford, Reino Unido, Clarendon Press.

25 A. Bhargava y S. Osmani. 1997. Health and nutrition in emerging Asia. Documento de antecedentes para Emerging Asia: changes and challenges. Manila, Banco Asiático de Desarrollo.

26 Bagchi, op. cit., nota 10.

27 B. Harriss. 1986. The intra-family distribution of hunger in South Asia. Helsinki, World Institute for Development Economics Research; M. Lipton. 1983. Poverty, undernutrition and hunger. Staff Working Paper No. 597. Washington, D.C., Banco Mundial; P. Svedberg. 1989. Undernutrition in Africa: is there a sex bias? Estocolmo, Institute for Internation Economic Studies.

28 Bhargava y Osmani, op. cit., nota 25.

29 M. Lipton. 1993. Land reform as commenced business: the evidence against stopping. World Development, 21(4): 641-657.

30 Las remesas netas de ingresos urbanos a los pobres de las zonas rurales son importantes en un número reducido (aunque creciente) de zonas excepcionales, pero el costo de un lugar de trabajo urbano -capital, infraestructura, congestión- es mucho más alto, incluso en el sector no estructurado, que en las zonas rurales.

31 A menos que dicho crecimiento sea producto de una tecnología que desplace la mano de obra.

32 C. Taylor et al. 1978. The Narangwal project on interactions of nutrition and infections: 1. Project design and effects upon growth. Indian Journal of Medical Research, 68 (Supl.) (diciembre).

33 ACC/SCN. 2000. Fourth Report on theWorld Nutrition Situation. Ginebra.

34 ACC/SCN. Op. cit., nota 11.

35 ACC/SCN. 1992. Second Report on theWorld Nutrition Situation. Ginebra.

36 ACC/SCN. Op. cit., nota 33.

37 Ibid.

38 M. Lipton, A. de Haan y E. Darbellay. 1999. Food security, food consumption patterns and human development. En Human Devlopment Papers 1998: consumption and human development. Nueva York, Naciones Unidas, Human Development Office.


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