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Producción y productividad
agrícolas en los
países en desarrollo

INTRODUCCIÓN

En la segunda mitad del siglo XX, los agricultores se encontraron frente a un fenómeno de crecimiento sin precedentes de la demanda de alimentos. Si en la primera mitad del siglo la población del mundo aumentó en 960 millones de personas, en la segunda se incrementó en 3 690 millones. La población de los países en desarrollo en su conjunto pasó de 1 800 a 4 700 millones durante este último período, lo que supone un aumento del 260 por ciento. Además, los ingresos per cápita, otro factor que impulsó el aumento de la demanda de alimentos, también crecieron en la segunda mitad del siglo en muchos países en desarrollo.

Figura 21

Este crecimiento de la demanda se produjo en un momento en que una gran parte de la tierra adecuada para el cultivo ya estaba siendo utilizada para la producción agrícola. En muchos países, los agricultores cultivaban intensamente la tierra en 1950, con unos niveles significativos de regadío y cosechas múltiples. Por consiguiente, en la mayoría de las zonas no era posible responder a la demanda recurriendo simplemente a la ampliación de la superficie cultivada (sin embargo, en algunas regiones existía la posibilidad de aumentar la tierra labrantía, por ejemplo, en algunas partes de África y en la región del Cerrado en el Brasil).

La Figura 21 presenta la producción e importaciones de cereales y la ayuda alimentaria per cápita durante varios períodos con posterioridad a 1961. Aunque estos datos no se refieren a todas las categorías de alimentos o de producción agrícola, reflejan las principales tendencias de los últimos decenios en cinco regiones en desarrollo y cuatro regiones desarrolladas.

Se trata de datos per cápita que permiten establecer comparaciones por regiones y períodos. Cabe señalar en primer lugar que el consumo aparente de cereales per cápita es más elevado en los países desarrollados debido al amplio uso de los cereales como pienso (y al hecho de que la tasa de conversión del pienso en productos animales es bastante baja)1. El consumo es menor en las regiones en desarrollo, donde los cereales se destinan principalmente a la alimentación humana. Los niveles más bajos corresponden al África subsahariana, porque en África tienen gran importancia las raíces. En el Asia meridional, el consumo per cápita también es bajo, porque los cereales son productos básicos de consumo y porque apenas se dedican a la alimentación del ganado. La producción de cereales per cápita aumentó notablemente durante los períodos reseñados en América Latina, Asia meridional y Asia sudoriental. En cuanto al África subsahariana y el Cercano Oriente, descendió entre 1961 y 1981, pero ha aumentado en los períodos subsiguientes (téngase en cuenta que el crecimiento demográfico más importante se produjo en esas regiones a partir de 1981).

Esta evolución de la producción per cápita se caracteriza por ser extraordinaria y desigual. Extraordinaria por el incremento masivo de la población, y desigual porque no ha alcanzado el mismo nivel en todas las regiones y países.

Durante los últimos 50 años la producción agrícola ha registrado un crecimiento enorme, pero desigual.

Figura 21 continuación

CRECIMIENTO DE LA AGRICULTURA

Los economistas e historiadores presentan varias perspectivas distintas sobre el crecimiento de la agricultura, a saber:

Estas perspectivas no se excluyen entre sí, salvo en el caso de la perspectiva maltusiana de los recursos, que se centra en el proceso de crecimiento económico cuando no se modifican las instituciones y los recursos humanos y no tiene lugar un proceso de invención y difusión de tecnología.

Esta perspectiva centra la atención en el crecimiento de la población (y de la fuerza de trabajo) y en la tierra y los recursos hídricos disponibles. Si existe abundancia de tierra y de recursos hídricos, la relación entre la población (fuerza de trabajo) y los recursos no debe disminuir necesariamente a medida que aumenta la población, ya que se pueden cultivar nuevas tierras. Ahora bien, cuando ya no sea posible ampliar los recursos de tierra (y los recursos hídricos), aumentará la proporción de la población en relación con los recursos y descenderá la producción per cápita.
La perspectiva maltusiana de los recursos lleva a una política que hace hincapié en la reducción del crecimiento demográfico. No reconoce formalmente el concepto de «carga/prima demográfica».

El efecto de carga/prima demográfica se basa en las diferencias existentes entre la tasa de crecimiento de la población y de la fuerza de trabajo. Cuando aumentan las tasas de crecimiento, como ocurrió prácticamente en todos los países en desarrollo durante los años cuarenta y cincuenta, el aumento de la población supera al crecimiento de la fuerza de trabajo durante una serie de años por el simple hecho de que los niños no se convierten en trabajadores hasta que no alcanzan una edad determinada. Esto supone una carga desde el punto de vista del consumo. A la inversa, cuando disminuyen las tasas de crecimiento demográfico, como ha ocurrido en la mayor parte de los países en desarrollo desde los decenios de 1950 y 1960, se produce una situación demográfica favorable (una prima demográfica) para el consumo al ser mayor el aumento del número de trabajadores que el de la población. La mayor parte de los países en desarrollo han experimentado un ciclo de carga/prima demográfica en diferentes momentos desde 1950. La prima demográfica es importante, aun cuando sea válida la perspectiva maltusiana de los recursos.

El «regalo demográfico» permite a los países incrementar sus inversiones y sus ahorros a la vez que crece su fuerza de trabajo.

Las perspectivas del cambio institucional, capital humano, prácticas idóneas e invención adaptativa se apartan de la perspectiva maltusiana de los recursos, introduciendo dinámicas que permiten a los productores aumentar la producción con los recursos de que disponen (trabajo, tierra, etc.). Es decir, introducen el cambio de la productividad (véase en el Recuadro 21 el cálculo aritmético de la productividad agrícola). Cada una de estas perspectivas guarda relación con el desarrollo de lo que se denomina en estas páginas capital tecnológico (CT), que representa la capacidad de un país para desarrollar, adaptar y aplicar tecnologías que permitan aumentar la productividad.

La perspectiva del cambio institucional aborda las deficiencias relacionadas con los costos de transacción y la existencia de unos mercados imperfectos. Las inversiones en infraestructura reducen los costos de transporte y de otra índole y pueden hacer que disminuyan también los costos de transacción. Las inversiones en instituciones (instituciones de crédito y sistemas jurídicos) tienen una gran importancia para las economías agrarias. La mejora de las instituciones y la infraestructura impulsan el crecimiento de la producción de alimentos per cápita incluso en las economías de tipo maltusiano, en las que se registran pocos cambios (o ninguno) en la tecnología de que disponen los agricultores.

La perspectiva del capital humano subraya la posibilidad de mejorar la capacidad de gestión y producción en la agricultura (el capital humano agrario) mediante la inversión en programas de capacitación (enseñanza), la experiencia y los programas de extensión agraria. Por consiguiente, la inversión en capital humano agrario puede redundar en un aumento de la producción de alimentos per cápita.

Recuadro 21

CÁLCULO ARITMÉTICO DEL CRECIMIENTO AGRÍCOLA

La producción agrícola (P) se puede expresar como producción por unidad de superficie (S) o rendimiento (R):

P = S x R

La tasa de crecimiento en P (Gp ), es simplemente la suma de la tasa de crecimiento en superficie (CS), y la tasa de crecimiento en rendimiento (GR):

C = Cs + CR

La producción agrícola (o ganadera) (P) se puede expresar también como una función de los insumos, es decir: superficie (S), trabajadores (T), maquinaria (M) y fertilizantes (F).

P = F (S, T, M, F)

La tasa de aumento de la producción (CP) se puede expresar como la suma de la tasa de crecimiento de los insumos de producción más un término residual que mide el crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), CPTF, ponderada en función de la proporción del costo:

C = PRS CA + PRT CT + PRM CM + PRF CF + CPTF

Esta expresión define el concepto PTF, que es relación entre la producción (P) y un índice agregado de los factores (I). El crecimiento en I es:

CI = PRS CS + PRT CT + PRM CM + PRF CF

CPTF = CP - CI

Por lo tanto, el crecimiento PTF es la diferencia entre el crecimiento efectivo de la producción CP y el crecimiento de la producción que se habría registrado (CI) si los agricultores no hubieran modificado la tecnología de producción ni su comportamiento desde el punto de vista de la eficiencia. Se puede aumentar la producción aumentando la utilización de los factores de producción o utilizándolos con mayor eficiencia. Este último concepto es el que expresa el crecimiento PTF.

La perspectiva de las prácticas idóneas se centra en el hecho de que en un momento determinado es posible que los agricultores no hayan experimentado y adoptado todavía la tecnología existente que permitiría reducir los costos y aumentar el crecimiento, debido a las deficiencias en los sistemas de información y demostración de que disponen los agricultores. Por ello, la inversión en sistemas de extensión agraria determinará un crecimiento de la producción de alimentos per cápita al aproximar a los agricultores a las prácticas idóneas en el uso de la tecnología.

Por último, la perspectiva de la invención adaptativa hace hincapié en el hecho de que la tecnología agrícola es, en buena medida, específica para cada lugar determinado. Los procesos biológicos son sensibles al suelo, el clima e incluso las condiciones económicas. El cambio evolucionista natural darwiniano produjo una gran diversidad de especies que dio lugar a diferencias naturales en la vida animal y vegetal de cada nicho ecológico. Los agricultores sólo pudieron superar parcialmente este fenómeno al seleccionar las variedades locales que constituyen hoy en día la reserva de recursos genéticos utilizados por los mejoradores vegetales (y animales) modernos en su esfuerzo por obtener variedades y (razas) mejoradas. Los fitogenetistas modernos deben respetar también las condiciones edáficas y climáticas y adaptar las variedades mejoradas a las regiones o los nichos. Esto significa que la tecnología adecuada para un lugar puede no serlo en otro y que los programas de mejoramiento vegetal pueden aumentar la producción de alimentos per cápita.

No obstante, se ha establecido un vínculo entre la perspectiva maltusiana de los recursos y las restantes perspectivas en una serie de estudios económicos que abordan las relaciones entre el crecimiento demográfico (en relación con los recursos) y las políticas e inversiones intrínsecas a las perspectivas del cambio institucional, el capital humano, las prácticas idóneas y la invención adaptativa. Una de esas vinculaciones es la que se establece a través de los cambios e inversiones inducidos por la población3. Los estudios de este tipo se centran generalmente en la carga demográfica. La segunda vinculación se establece a través de la relación complementaria entre la prima demográfica y los cambios y la inversión institucionales4.

LA IMPORTANCIA DE LA INVERSIÓN EN EL AUMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD AGRÍCOLA

La perspectiva del cambio institucional guarda relación con las inversiones, particularmente con las inversiones en la producción de bienes públicos5. La función que le incumbe al gobierno en una economía de mercado consiste en concebir y administrar instituciones (sistemas legales, reglamentos y política de competencia), ofrecer incentivos para conseguir que la producción privada (agrícola) sea eficaz e invertir en el suministro de bienes públicos cuando sea necesario. Muchos gobiernos de países en desarrollo intervienen con frecuencia en los mercados de forma inadecuada e invierten en empresas estatales de producción que demuestran ser ineficientes. En los últimos decenios se han acometido en muchos países reformas encaminadas a privatizar empresas estatales ineficaces y a eliminar las juntas de comercialización y otros organismos de reglamentación que no funcionan con la eficacia necesaria. Pero lo cierto es que estos movimientos de reforma no han reconocido en su justa medida la función histórica que desempeñan esos bienes públicos en la agricultura de todas las economías. La inversión del sector público en escuelas rurales, programas de extensión agraria e investigación agrícola aplicada tienen una importancia primordial para el desarrollo agrícola de todas las economías del mundo. La mera reforma institucional, sin inversiones en esos bienes públicos, no produce el crecimiento económico del sector agrario. Para conseguir el crecimiento no basta con una política pasiva que garantice el funcionamiento del mercado, sin programas de inversión pública en aspectos esenciales.

El crecimiento del sector agrícola requiere inversiones del sector público.

La Figura 22 ilustra la interrelación entre las inversiones en bienes públicos. Describe de forma esquemática el proceso de aumento de la productividad agrícola mediante el progreso tecnológico, representado por cinco niveles subsiguientes de capital tecnológico (CT). Para cada nivel CT se indican cuatro niveles diferentes de rendimiento agrícola para un lugar determinado, a saber: (E), el rendimiento agrícola efectivo en ese lugar; (BP), el rendimiento mediante buenas prácticas, es decir, el rendimiento obtenido cuando los agricultores utilizan prácticas óptimas y tecnología adecuada al lugar; (PI), el rendimiento relacionado con el potencial de investigación, es decir, el rendimiento que se obtendría aplicando un programa de investigación adaptativa; (PC), el rendimiento relacionado con el potencial científico, es decir, el rendimiento óptimo que se obtendría aplicando un programa de investigación adaptativa con el respaldo de programas científicos previos a la invención internacionales y nacionales.

Figura 22

En relación con esos tres tipos de rendimientos es posible establecer tres «deficiencias»:

El proceso de incremento de la productividad agrícola guarda relación con la reducción progresiva de cada una de esas deficiencias, en primer lugar la deficiencia en materia de extensión, a continuación la deficiencia en materia de investigación y luego la deficiencia científica, a medida que aumenta la capacidad del país para adaptar y desarrollar tecnologías mejoradas, representada por el paso gradual del nivel I al nivel V de capital tecnológico (CT).

En la Figura 22 se ha de considerar primero el nivel I de capital tecnológico (CT). En este nivel, la actividad relacionada con la extensión, la investigación y la ciencia es escasa y la investigación que produce tecnología para otras regiones no tiene el mismo efecto en la región CT-I. Los niveles de enseñanza agraria son bajos, los mercados son deficientes y faltan infraestructuras. En esta etapa, las deficiencias en materia de extensión son importantes, de manera que existe un margen considerable para obtener un rendimiento elevado de la inversión en extensión e infraestructura, aunque haya pocos programas de investigación que permitan aumentar el rendimiento utilizando prácticas óptimas. La ejecución de programas adecuados contribuye a subsanar la deficiencia en materia de extensión y ello comporta la transición al nivel II de capital tecnológico. Para avanzar de CT-II a CT-III, la economía depende de que se supere el siguiente desfase, las deficiencias en materia de investigación, para lo cual es necesario establecer un vínculo directo entre investigación y extensión, de manera que los programas de extensión hagan llegar a los agricultores los resultados de los programas de investigación adaptativa. El paso de la fase CT-III a la CT-IV está relacionado con el incremento del potencial de investigación (PI) a medida que el programa de investigación adaptativa cuente con el respaldo de programas científicos previos a una invención internacionales y nacionales. La consecución de nuevos avances, es decir, el paso a la fase CT-V, en la que también se puede aumentar el rendimiento del potencial científico, exige la aplicación de programas científicos, de investigación y extensión más eficaces.

Si se analiza la situación de África y Asia, se advierte que algunas zonas de África no han hecho todavía la transición al nivel II de CT. La mayor parte de África se encuentra en la fase CT-II y sólo algunos países han avanzado al nivel CT-III, en la que los sistemas de investigación producen una corriente significativa de nueva tecnología adecuada a los agricultores de muchas regiones. Esta situación contrasta con la de Asia meridional y sudoriental, donde a mediados de los años sesenta muchas economías habían alcanzado ya el nivel CT-II y donde la tecnología de la revolución verde en relación con el arroz, el trigo, el maíz y otros cultivos les ha permitido avanzar al nivel CT-III. Actualmente, muchos países de Asia y América Latina cuentan con capital tecnológico correspondiente al nivel CT-IV.

Es posible que en otras regiones los sistemas de investigación permitan aumentar los rendimientos derivados de la aplicación de prácticas óptimas en economías del nivel CT-I antes de que avancen al nivel CT-II. En la práctica, los avances en materia de investigación se consiguen en su mayor parte en economías que ya han alcanzado el nivel CT-II o III en lo que respecta al mercado, la infraestructura y la capacidad. En algunos casos, esta evolución se ha visto impulsada por el desarrollo (con frecuencia en centros internacionales) de recursos genéticos y metodologías que aumentan los niveles de rendimiento relacionados con el PI. En África, estos niveles pueden ser muy bajos debido a la limitación de los recursos genéticos y a los graves problemas relacionados con las enfermedades y los insectos, de forma que el desfase en la investigación es realmente muy reducido. En tal caso, puede ser necesario un impulso en forma de mejoras científicas para conseguir mejores resultados en materia de investigación.

Se registran aumentos de productividad derivados de la tecnología en aquellos países en desarrollo que son capaces de adaptar invenciones creadas fuera de sus fronteras.

La Figura 23 ofrece más información sobre la cuestión de la especificidad de los lugares y de la ciencia previa a la invención. La figura se ha tomado del primer estudio económico importante de la economía de la tecnología agrícola realizado por Zvi Griliches6 y se refiere a la introducción (en una parte porcentual de la superficie) del maíz híbrido por agricultores de diferentes estados de EE.UU. Griliches señala que, de hecho, la técnica de la hibridación es una invención de un método de invención, es decir, se trata de un descubrimiento científico previo a una invención. La invención real consistió en las variedades híbridas de maíz destinadas a nichos regionales. El propio método es un producto de la ciencia previa a la invención (el equivalente moderno es el desarrollo de métodos de biotecnología). Aunque en sí mismo el método tiene una cierta especificidad relativa al lugar, ésta es menor que la que corresponde a las invenciones efectivas. Así pues, las invenciones (las variedades de maíz híbrido) adecuadas a Iowa no lo eran (y por tanto no se introdujeron) en Alabama. Sólo cuando en Alabama se desarrolló la capacidad para elaborar programas de mejoramiento genético, lo que permitió desarrollar variedades híbridas de maíz adecuadas a las condiciones de ese estado, se pudo disponer allí de esta tecnología. Análogamente, la tecnología del maíz híbrido no estuvo disponible en Filipinas ni en la India hasta que se establecieron centros de investigación en esas regiones. Este «efecto Alabama» ha estado presente en todos los países en desarrollo.

Figura 23

MEDICIÓN DEL CRECIMIENTO DE LA PRODUCTIVIDAD EN LA AGRICULTURA

Aumentar la productividad supone conseguir incrementos de producción por unidad de recursos utilizados para obtener bienes y servicios. Para medir el aumento de la productividad se utilizan dos tipos de indicadores: los índices de productividad parcial de los factores (PPF) y los índices de productividad total de los factores (PTF). Estos índices permiten establecer comparaciones entre distintas regiones (países) y períodos.

La producción ha crecido con más rapidez en los países en desarrollo que en los desarrollados, pero no se ha vuelto más variable.

La medición de la productividad parcial de los factores

La medición de la PPF es una relación entre la producción y un único factor de producción. El índice más utilizado en la economía general es el índice de productividad del trabajo, P/T, o producción (P) por trabajador (T). La producción se puede medir para un único producto, en cuyo caso se puede medir en unidades de cantidad, o para un conjunto de productos, y en ese caso es necesario utilizar precios para agregar productos en un precio constante. Para poder establecer comparaciones a lo largo del tiempo debe tratarse de precios constantes. En la agricultura, el índice PPF más comúnmente utilizado es el de la producción por unidad de tierra, o rendimiento de los cultivos. Este índice se utiliza desde hace varios siglos y permite hacer comparaciones entre lugares y períodos. Al realizar comparaciones entre distintos lugares es preciso tener en cuenta las diferencias de suelo y clima. La evolución del rendimiento a lo largo del tiempo en un lugar determinado se utiliza en muchos casos como indicador de una mayor eficiencia económica.

Figura 24

La Figura 24 presenta los rendimientos de los principales grupos de cultivos en los países desarrollados y en desarrollo durante los decenios comprendidos entre los años cincuenta y noventa. De los datos que contiene se desprende que en tanto que los rendimientos son más elevados en los países desarrollados, la variación del rendimiento ha sido más alta en los países en desarrollo.

Una preocupación que se manifiesta con frecuencia con respecto a los aumentos de rendimiento es la mayor variabilidad que se ha registrado al aumentar los rendimientos, y que generalmente guarda relación con la mayor variabilidad de los ingresos agrícolas. En la Figura 24 se presenta también el coeficiente de variación7. No aparece una tendencia clara en lo que respecta a los coeficientes de variación. Al parecer, el incremento del rendimiento no comporta una mayor variabilidad del rendimiento ni de la producción.

La principal limitación de las mediciones de la PPF radica en que pueden resultar afectadas por los cambios registrados en factores distintos del factor utilizado en el índice. Por ejemplo, el aumento de las aplicaciones de fertilizante por unidad de superficie aumenta el rendimiento. No se puede deducir, por tanto, que el incremento de los rendimientos de los cultivos se debe al mejoramiento genético o a la reducción de los costos de transacción, a menos que se utilice en el análisis algún tipo de control sobre la utilización de otros factores (ya sea estadística o experimentalmente).

Mediciones de la productividad total de los factores (para el conjunto de la agricultura)

Figura 25

En ocasiones se utilizan las mediciones de la productividad total de los factores (PTF) para comparar la productividad de diferentes lugares, pero resultan especialmente adecuados para comparar los aumentos de productividad a lo largo del tiempo. Difieren de las mediciones de la productividad parcial de los factores (PPF) en el hecho de que se expresan como la relación entre la producción y un índice de diferentes factores de producción ponderado en función de la proporción del costo.

Dicho en otros términos, la PTF es la relación entre un índice de producción y un índice de insumos agregados. La tasa de crecimiento de la PTF equivale a la tasa de crecimiento de la producción menos la tasa de crecimiento del índice de insumos agregados. Esto corresponde a la diferencia entre el crecimiento real de la producción y la producción que se habría conseguido de no haber variado la productividad (véase en el Recuadro 21, pág. 248 la representación aritmética del concepto). Los cambios en la PTF indican también el cambio del costo que comporta producir una unidad de producto, manteniéndose constante los precios de los insumos.

Varios estudios han calculado los cambios de la PTF en diferentes países, pero por lo general resulta difícil establecer comparaciones entre países al utilizarse sistemas diferentes respecto de los ajustes de los cambios en la calidad de los factores de producción y porque los datos disponibles son diferentes para cada estudio y para cada país. Ahora bien, los datos procedentes de la FAO permiten calcular la tasa de crecimiento de la PTF en 89 países en desarrollo durante el período 1961-1996, basándose en 7 factores de producción (véase en el Recuadro 22 el detalle de los cálculos efectuados).

La Figura 25 muestra los resultados de esos cálculos por regiones. De los 89 países, 14 registraron una tasa negativa de crecimiento de la PTF durante el período comprendido entre 1961 y 1996. De ellos, 11 países pertenecían al África subsahariana y tres a la región del Caribe. Dada la escasa precisión de la medición, es posible que la tasa negativa de crecimiento de la PTF sea consecuencia de un error (sólo en 6 casos era esa tasa negativa superior a 0,5 por ciento). Sin embargo, es posible también que se produjera una disminución «real» de la PTF cuando se registraron problemas de degradación de la tierra. Es interesante señalar que es la región del Cercano Oriente y África del Norte la que presenta un crecimiento medio más elevado de la PTF. Tal vez, la característica más destacada de estas estimaciones aproximadas de las tasas de crecimiento de la PTF es que muestran una gran dispersión y variabilidad de una a otra región.

Recuadro 22

MEDICIÓN DE LAS TASAS DE CRECIMIENTO DE LA PTF

Los datos de AGROSTAT de la FAO permiten calcular la tasa de crecimiento de la PTF en el período comprendido entre 1961 y 1996, considerando siete factores de producción. En primer término, se estiman estadísticamente las tasas de crecimiento de la producción de cada uno de los factores.
En segundo lugar, se estima la proporción de los factores para tres períodos determinados (1961-76, 1971-86 y 1981-96), utilizando la relación factores/producción y estimaciones de la proporción de los factores realizadas en estudios independientes de la India y el Brasil. A continuación se explica el cálculo aritmético.

El crecimiento de la PTF (CPTF) se define como el crecimiento de la producción (CP) menos el crecimiento de los insumos de producción (CI) (véase también el Recuadro 21, pág. 248).

CPTF = CP - CI

 Se puede estimar el aumento de la producción para los períodos 1961-76, 1971-86 y 1981-96 a partir de los datos de AGROSTAT como el coeficiente b en una regresión del grupo de datos para cada país.

log (P) = a + b año
 El crecimiento de los insumos se define como:

CI = PRSCS + PRRCR+ PRT CT + PRAN CAN + PRTR GTR + PRC CC + PRF CF

siendo CS el crecimiento de la superficie cultivada, y PRS la proporción del costo;
CR el crecimiento de la superficie de regadío, y PRR la proporción del costo;
CT el crecimiento en trabajadores agrícolas, y PRT la proporción del costo;
CAN el crecimiento en animales de labor, y PRAN la proporción del costo;
CTR el crecimiento en el número de tractores, y PRTR la proporción del costo;
CC el crecimiento en el número de cosechas, y PRC la proporción del costo;
CF el crecimiento en fertilizantes, y PRF la proporción del costo.

 Se estimaron las tasas de crecimiento de cada factor para los tres períodos utilizando el mismo procedimiento empleado para calcular la producción.

 La proporción de los factores se estimó calibrando los estudios de la PTF en la India y para el Brasil para varios períodos.

Fuentes: Proporción de los factores para la India: R.E. Evenson e Y. Kislev. 1975. Agricultural research and productivity. New Haven, Connecticut, Estados Unidos, Yale University; R.E. Evenson y M.W. Rosegrant. 1995. Total factor productivity and sources of long-term growth in Indian agriculture. EPTD Discussion Paper No. 7, Washington, D.C., IIPA. Proporción de los factores para Brasil: A.F.D. Avila y R.E. Evenson. 1998. Total return productivity growth in Brazilian agriculture and the role of Brazilian agricultural research. Economia Aplicada.

IDENTIFICACIÓN DE LAS CAUSAS DE CRECIMIENTO DE LA PRODUCTIVIDAD

Figura 26

Los indicadores que se han examinado tienen como única finalidad medir el crecimiento de la productividad, y para determinar las causas de las modificaciones registradas en este aspecto es necesario utilizar otros métodos. Para ello se puede recurrir a las inversiones, las medidas de política y las instituciones. El método más sencillo para determinar las causas del aumento de la productividad es el de la contabilización de la superficie-rendimiento. Este tipo de estudios permiten desglosar el incremento de la producción en los componentes de superficie y rendimiento. Una forma más compleja de contabilización es la representada por los estudios de contabilidad de la calidad producto-factor. Un tercer núcleo de estudios abordan el problema desde la perspectiva del rendimiento de la inversión. Por último, las correlaciones entre el crecimiento de la PTF y los indicadores de los niveles de capital tecnológico por países también pueden arrojar luz sobre las causas del crecimiento de la productividad.

Con la revolución verde los rendimientos agrícolas de los países en desarrollo no se estancaron, sino que siguieron creciendo.

Contabilización superficie-rendimiento

Este método se basa en el hecho simple de que la producción se puede separar en dos componentes: el aumento de la superficie y el aumento del rendimiento.

La mejora del rendimiento de las plantas determinada genéticamente, en particular, produce un mayor rendimiento. Las mediciones del aumento de los rendimientos se han utilizado como indicadores de la contribución de la revolución verde relacionada con variedades mejoradas (semienanas de alto rendimiento) de trigo y arroz en los últimos años del decenio de 1960 en Asia meridional y sudoriental.


Figura 26 continuación

A la utilización de estas variedades mejoradas se atribuye el aumento de los rendimientos y la producción y el haber permitido que millones de familias pobres pudieran superar la triste perspectiva del proceso de desarrollo maltusiano de los recursos.

En la Figura 26 se presenta la contabilización de la superficie y el rendimiento en diversos decenios para los principales cultivos en los países desarrollados y en desarrollo. En síntesis, estas comparaciones permiten establecer las siguientes conclusiones:

Estudios sobre los rendimientos de las inversiones en la productividad agrícola

Otro de los procedimientos utilizados para determinar la PTF consiste en establecer la contribución del aumento de las inversiones al crecimiento de la producción. Se utilizan los métodos de evaluación de los proyectos y los métodos estadísticos.

Métodos de evaluación de los proyectos. Este sistema trata de determinar los beneficios en forma de los componentes del crecimiento que se pueden atribuir a las inversiones efectuadas en programas de investigación agrícola, extensión agraria y enseñanza de los agricultores, así como en infraestructura. Mediante este método se han llevado a cabo varios estudios encaminados a determinar los beneficios derivados de los programas de investigación y extensión agrarias. Se ha podido así identificar la tasa de rentabilidad interna (TRI) del proyecto. La TRI es la tasa de descuento para la que el valor actual8 de los beneficios es igual al valor actual de los costos. Puede interpretarse como la tasa de rendimiento o el tipo de interés realizados sobre las inversiones en el programa evaluado durante un largo período de tiempo.

Estudios estadísticos de los rendimientos de las inversiones. Un segundo grupo de estudios de los rendimientos de las inversiones en la agricultura y en la extensión agraria se basa en estimaciones estadísticas de los coeficientes en los estudios de descomposición de la PPF y PTF (véase el Recuadro 23). Estos estudios identifican estadísticamente las contribuciones al aumento de la productividad parcial de los factores (PPF) o la productividad total de los factores (PTF) con variables basadas en inversiones. Los programas de investigación influyen siempre en la productividad con un cierto retraso, no sólo por el tiempo transcurrido desde que se efectúa el gasto hasta que tienen lugar los descubrimientos, sino también por el lapso comprendido entre los descubrimientos y su difusión. En los estudios realizados se ha estimado en un período de cinco a diez años el tiempo transcurrido hasta que los desembolsos efectuados repercuten plenamente en la productividad.

Mediante los estudios de descomposición se puede calcular una corriente estimada de beneficios asociada con la inversión en un período determinado (o a lo largo de varios períodos). Esto permite al analista calcular una tasa de rentabilidad interna marginal de la inversión, que se puede interpretar como el rendimiento de la inversión pública en el programa, en que los beneficios son los beneficios totales que obtienen los productores y consumidores.

Resultados de los estudios sobre el rendimiento de las inversiones (métodos de los proyectos y métodos estadísticos). En el Cuadro 16 se presentan de forma resumida las TRI derivadas de los estudios sobre rendimiento de las actividades de extensión e investigación basados en el método de la evaluación de proyectos y en el método estadístico9. En tanto que en el caso de las actividades de extensión los estudios utilizan métodos estadísticos, en los referentes a la investigación aplicada se han utilizado ambos métodos. Se presentan las distribuciones de las TRI para una serie de componentes del estudio. Dos rasgos caracterizan a cada uno de esos componentes. El primero es que la TRI es elevada. En un 74 por ciento de las actividades de extensión y en el 82 por ciento de las actividades de investigación la TRI se sitúa por encima del 20 por ciento. La segunda característica de las TRI es la amplitud de las estimaciones.

Cuadro 16

ESTIMACIONES DE LA TASA DE RENTABILIDAD INTERNA (TRI)

 

Número de TRI notificadas

Distribución porcentual

Mediana aproximada de la TRI

   

0-20

21-40

41-60

61-80

81-100

100+

 

Extensión

81

0,26

0,23

0,16

0,03

0,19

0,13

41

Por regiones: OCDE

19

0,11

031

0,16

0

0,11

0,16

50

Asia

21

0,24

0,19

0,19

0,14

0,09

0,14

47

América Latina

23

0,13

0,26

0,34

0,08

0,08

0,09

46

África

10

0,40

0,30

0,20

0,10

0

0

27

Investigación aplicada

375

0,18

0,23

0,20

0,14

0,08

0,16

49

Por regiones: OCDE

146

0,15

0,35

0,21

0,10

0,07

0,11

40

Asia

120

0,08

0,18

0,21

0,15

0,11

0,26

67

América Latina

80

0,15

0,29

0,29

0,15

0,07

0,06

47

África

44

0,27

0,27

0,18

0,11

0,11

0,05

37

Ciencia previa a la invención

12

0

0,17

0,33

0,17

0,17

0,17

60

I+D del sector privado

11

0,18

0,09

0,45

0,09

0,18

0

50

Investigación ex ante

87

0,32

0,34

0,21

0,06

0,01

0,06

42

Recuadro 23

RENDIMIENTOS DE LAS INVERSIONES: MÉTODOS ESTADÍSTICOS DE DESCOMPOSICIÓN EN RELACIÓN CON LA PPF Y PTF

Los métodos de descomposición estadística exigen definir para una región y un período de tiempo determinados las siguientes variables generales:

CPTF = s + b1In + b2Ext + b3Ens + b4Inf

donde CPTF es una medida de la PTF (cuando se utilizan medidas de la PPF, deben utilizarse como variables los precios de los insumos).

In, Ext, Ens e Inf son variables correspondientes a los servicios de investigación, extensión, enseñanza e infraestructura, respectivamente.

Este método permite al analista identificar estadística-mente las contribuciones al crecimiento de la PTF con variables basadas en las inversiones. Cada una de las variables explicativas tiene como objeto reflejar los servicios PTF para la unidad de observación. Dichos servicios tienen dimensiones temporales y espaciales que deben ser estimadas e incluidas en el diseño estadístico.

Por ejemplo, los programas de investigación para una región en el período t a t + 1 se basarán en inversiones realizadas antes del comienzo del período t. Por lo general, los programas de investigación influyen en la productividad al cabo de un determinado período de tiempo, no sólo por el lapso transcurrido desde que se efectúa el gasto hasta que se producen los descubrimientos, sino también por el que transcurre desde dichos descubrimientos hasta su difusión. Los estudios realizados estiman que deben transcurrir de 5 a 10 años hasta que los programas de investigación dejen sentir plenamente sus efectos sobre la PTF. Por consiguiente, las variables correspondientes al servicio de investigación se construyen como acumulaciones de inversiones anteriores ponderadas en función del tiempo transcurrido.

También es preciso abordar las dimensiones espaciales, dado que una región puede beneficiarse no sólo del centro de investigación correspondiente a dicha región, sino de los resultados de las investigaciones realizadas en otros centros y por empresas privadas. Ello exige estimar ponderaciones de efectos secundarios (aunque, de hecho, son pocos los estudios que han realizado una estimación de estos factores).

Con tales ponderaciones y estimaciones de tiempo y espacio de b1, b2, etc., los estudios de descomposición pueden calcular y estimar series de beneficios por unidad de inversión en un período determinado, abarcando incluso varios períodos. Esto permite al analista calcular una tasa de rentabilidad interna marginal de la inversión.

Las estimaciones de b1, b2, etc., combinadas con los cambios en las variables In, Ext, etc., se pueden utilizar también para atribuir a cada inversión una parte del crecimiento de la PTF (véase el Cuadro 17).

Es preciso señalar que las mediciones del crecimiento de la PTF deben medirse permanentemente en relación con el tratamiento de la calidad de los factores. No es adecuado mezclar estimaciones «brutas» de las PTF con estimaciones de ajuste de la calidad.

Este hecho hace difícil establecer conclusiones firmes acerca de las diferencias existentes en el promedio entre categorías. Cabe observar, no obstante, que las categorías en las que más veces se supera el 40 por ciento son la ciencia previa a la invención, la actividad de investigación y desarrollo del sector privado, la investigación sobre el arroz y la investigación sobre las frutas y hortalizas. En los estudios de investigación hay una proporción mayor de elementos que superan el 40 por ciento (el 59 por ciento) que en los estudios de extensión (el 51 por ciento).

Las distribuciones regionales varían; los estudios sobre investigación y extensión en África tienen una proporción menor de elementos que superan el 40 por ciento que las otras regiones. Las TRI de la investigación en Asia son especialmente elevadas.

Cuadro 17

CRECIMIENTO DE LA PRODUCTIVIDAD TOTAL DE LOS FACTORES (PTF)

 

Agricultura de los EE.UU

Agricultura brasileña

Agricultura india

 

. (1950-1982)

(1970-1985)

1956-1965

1966-1976

1977-1989

 

Agricultura

Ganadería

Agricultura

Ganadería

Total

Agricultura

Agricultura

Agricultura

Crecimiento anual de la PTF

0,63

0,51

1,11

0,9

1,00

1,27

1,49

1,14

Proporción debida a: -Investigación del sector público

0,36

0,09

0,23

0,55

0,30

0,22

0,38

0,45

(Variedades de alto rendimiento)

,,,

,,,

,,,

,,,

,,,

0

0,20

0,04

-I+D industrial

0,24

0,54

0,17

0

0,31

0,07

0,18

0,07

-Extensión agraria

0,25

0,17

0,07

0,05

0,02

0,66

0,16

0,43

-Enseñanza de los agricultores

-

0,08

,,,

,,,

,,,

0,01

0,01

0,01

-Programas oficiales

0,02

0,06

,,,

,,,

,,,

     

-Mercados

,,,

,,,

,,,

,,,

,,,

0,04

0,04

0,05

-Otros

0,30

0,13

0,45

0,40

0,37

0

0,19

0

Notas: Datos de los Estados Unidos: W.E. Huffman y R.E. Evenson. 1993. Science for agriculture, (Cuadro 7.10).Ames, Iowa, Estados Unidos, Iowa University; datos de Brasil: A.F.D. Avila y R.E. Evenson. 1998. Total return productivity growth in Brazilian agriculture and the role of Brazilian agricultural research. Economia Aplicada (Cuadro 13); datos de la India: R.E. Evenson, C.E. Proy y M.W. Rosegrant. 1999. Agricultural productivity growth in India. IIPA, Research Report 109, Washington, D.C., IIPA.

Las inversiones públicas destinadas a la investigación y la extensión agrícolas tienen rendimientos muy elevados.

No parece existir una tendencia temporal en las TRI notificadas. La TRI es similar en los estudios correspondientes a períodos posteriores10. Estos datos ponen de manifiesto que los programas de investigación y de extensión son inversiones rentables para los contribuyentes. En muchos estudios se han establecido comparaciones entre las variedades mejoradas y modernas y las variedades tradicionales (véase el Recuadro 24). Los mejoradores animales y vegetales han contribuido al aumento de la productividad desarrollando variedades vegetales y razas animales (y animales individuales) más productivos y menos vulnerables a los daños causados por las plagas y patógenos (véase el Recuadro 25).

Recuadro 24

LA PRODUCTIVIDAD Y LA MEJORA DE LAS VARIEDADES

La revolución verde, que se dio a conocer en los medios de comunicación a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, asociaba los aumentos de la productividad con variedades de alto rendimiento o modernas de trigo y maíz. Es indudable que las variedades mejoradas tuvieron gran importancia y fueron una fuerza catalizadora del aumento de la productividad. Sin embargo, la imagen creada por la prensa popular resulta engañosa en muchos aspectos. Transmite la impresión de que la revolución verde fue el fruto de los conocimientos extraordinarios de un pequeño grupo de científicos de los centros internacionales de investigación agrícola (CIIA) y que como consecuencia de esa actividad sólo se desarrollaron variedades modernas de arroz y de trigo a finales del decenio de 1960, que se propagaron durante los años setenta.

En realidad, en los países en desarrollo se llevaron a cabo numerosos programas de mejoramiento genético para una serie de cultivos antes de que se estableciera los CIIA. Dichos programas permitieron obtener numerosas variedades de arroz y de trigo para las regiones de clima tropical y subtropical. Por ejemplo, por lo que respecta al arroz, en los años sesenta se desarrollaron con éxito programas destinados a transferir recursos genéticos de la variedad Japonica (templada) a la variedad Indica (tropical).

También en México se había avanzado en la transferencia de material genético del trigo de la zona templada a variedades de trigos tropicales, dirigida por un programa de la Fundación Rockefeller, predecesor del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y del Trigo (CIMMYT).

Los CIIA prestaron una atención más directa a los problemas que presentaban las condiciones de producción tropicales y subtropicales en relación con la fitogenética. Facilitaron el intercambio de recursos genéticos y de líneas avanzadas utilizadas como proge-nitoras en los programas de mejoramiento genético de los sistemas nacionales de investigación (SNIA). El establecimiento de bancos de genes en los CIIA y de viveros internacionales facilitó el acceso al material genético. Los programas de los CIIA complementaron los programas de mejoramiento genético de los SNIA y estimularon su expansión. Los estudios realizados recientemente sobre la producción y distribución de variedades muestran que el índice de
desarrollo de nuevas variedades aumentó durante los años sesenta y setenta en diferentes cultivos y que se ha mantenido hasta la fecha. Por ejemplo, en el caso del arroz, se han distribuido ya más de 2 000 variedades modernas en el marco de más de 100 programas de mejoramiento genético. El descubrimiento de nuevos caracteres (la resistencia a las enfermedades, la tolerancia a la sequía, etc.) ha permitido la difusión de variedades de alto rendimiento en un mayor número de lugares.

Muchos de los estudios relativos al rendimiento de las actividades de investigación se basan en la contribución de las variedades mejoradas. El desarrollo de variedades mejoradas parece ser la clave para pasar de la fase CT-II a la CT-III en la formulación del capital tecnológico. En un estudio reciente sobre la investigación del arroz se establece que entre la mitad y los dos tercios de los aumentos de productividad obtenidos gracias al programa de investigación sobre el arroz hay que atribuirlos al mejoramiento genético.

El Grupo Internacional de Evaluación Agrícola, un grupo asociado con el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional, ha llevado a cabo recientemente un estudio sobre el mejoramiento genético agrícola en los países en desarrollo. El estudio llega a las siguientes conclusiones:

Los programas de mejoramiento genético de los CIIA complementan los de los SNIA, suministrando líneas y variedades avanzadas que los SNIA han utilizado ampliamente como progenitores.

El ritmo de desarrollo de nuevas variedades de arroz, trigo y papa se intensificó desde el decenio de 1960 hasta el de 1980 y se ha mantenido constante en los años noventa. En el caso de otros cultivos, el desarrollo de nuevas variedades en los CIIA ha continuado aumentando durante los años noventa.

La complementariedad de los programas de mejoramiento genético de los CIIA y los SNIA ha impulsado un mayor nivel de inversión en los programas de los SNIA.

Las repercusiones de la introducción de nuevas variedades sobre la productividad agrícola han seguido siendo elevadas, ya que las variedades mejoradas distribuidas recientemente han sustituido a otras anteriores. No obstante, se ha observado que la tasa de difusión de variedades mejoradas varía entre los diferentes cultivos y regiones. Algunas regiones se encuentran desfavorecidas por el hecho de que las condiciones edáficas y climáticas hacen que la introducción de nuevas variedades tenga un efecto escaso o nulo. Este es uno de los factores que explica la falta de uniformidad en el aumento de la productividad.

El rendimiento de las inversiones en programas de fitomejoramiento ha sido muy elevado.

Contabilización de las contribuciones al crecimiento de la productividad. Los estudios estadísticos que se resumen en el Cuadro16 pueden utilizarse también para explicar el aumento de la PPF y la PTF. Para cada variable (investigación, extensión, etc.) del modelo estadístico existe un coeficiente estimado (o varios coeficientes). Dichos coeficientes indican en qué grado el aumento de la PPF y la PTF guarda relación con una determinada modificación de la misma variable. Es posible, pues, calcular la contribución de cada uno de los factores al aumento de la productividad en un período determinado. En el Cuadro 17 se presentan los cálculos relativos al aumento de la productividad basándose en estudios realizados sobre los Estados Unidos, la India y el Brasil. En el caso de la India, se determina la contribución de las variedades de alto rendimiento, que fueron un factor importante de crecimiento en los años setenta, Cabe señalar que esta estructura de contabilización identifica varias fuentes de crecimiento de la PTF, a saber, los programas de investigación, las actividades de extensión y enseñanza y la evolución del mercado. Esta contabilización no indica que cada una de esas fuentes de crecimiento sea independiente de las demás; antes bien se complementan.

Recuadro 25

LA PRODUCTIVIDAD Y LOS RECURSOS GENÉTICOS

Antes de la introducción de los métodos de la biotecnología moderna, que permiten transformar material genético de una especie en otra, los genetistas se veían obligados a buscar mejores combinaciones genéticas dentro de las especies vegetales y animales. En la mayor parte de esas especies, los mejoradores disponen de gran diversidad de especies. Esta diversidad se manifiesta en forma de variedades locales en los cultivos y de razas en el ganado. La diversidad la consiguieron los agricultores en los siglos anteriores al seleccionar nuevos tipos que se adaptaran a las condiciones de los nuevos lugares, a medida que aumentaban las poblaciones.

Este patrimonio, constituido por la biodiversidad seleccionada por los agricultores, además de los mutantes y las especies silvestres, representa un enorme valor para los mejoradores actuales. En gran medida, el aumento de la productividad agrícola cabe atribuirlo a la mejora genética. Para las principales especies cultivadas se han constituido colecciones de bancos de genes ex situ de esos recursos genéticos. Las colecciones contienen una gran proporción de material coleccionable y hasta la fecha se ha practicado una política de intercambio de este material.

Se han efectuado varios estudios sobre el valor de los recursos genéticos, principalmente sobre el arroz1, que han llegado a la conclusión de que los recursos genéticos tienen un gran valor económico y que la continuación de la labor de recolección, evaluación e identificación de valores parentales se justifica desde el punto de vista económico. Los estudios indican también que los recursos genéticos tradicionales tendrán cada vez mayor valor en la era de la biotecnología.

1 R.E. Evenson y D. Gollin. 1997.Genetic resources, iternational organizations and improvement in rice varieties. Economic Development and Cultural Change, 45: 471-500.

Datos empíricos sobre la función del capital tecnológico

En la Figura 22, se definen conceptualmente los desfases de la productividad respecto de las distintas clases de capital tecnológico (CT). En el Recuadro 26, se ofrece una metodología empírica para clasificar a los países en diferentes clases en función del capital tecnológico, sobre la base de ocho indicadores de este concepto. Utilizando este método de clasificación, se distribuyeron a 89 países en desarrollo en una de las cuatro clases de capital tecnológico establecidas para tres períodos distintos (1961-76, 1971-86 y 1981-96). La mayor parte de los países consiguieron mejoras importantes en este aspecto durante los tres períodos, según se indica en el Recuadro 27, en el que se identifica a los países por el nivel de capital tecnológico que poseían en cada uno de esos períodos. La Figura 27 muestra las distribuciones de la tasa de crecimiento de la PTF en relación con las clases de cambio del capital tecnológico.

Considérese en primer lugar a los 21 países que no han superado la fase CT-II (es decir, 112 y 122). Estos países heredaron un nivel escaso (CT-I) o deficiente (CT-II) de capital tecnológico y no consiguieron mejoras importantes durante el período comprendido entre 1961 y 1996. La muestra no incluye a varios países que probablemente han permanecido en el nivel CT-I durante el período, especialmente Somalia, el Congo y Etiopía. Diecisiete de los 21 países se encuentran situados en el África subsahariana. En este grupo, la dispersión en cuanto al crecimiento de la PTF es elevada, con siete tasas de crecimiento negativo, debido posiblemente al agotamiento del suelo, pero también a problemas de estabilidad social, incluidas las contiendas civiles. Muchos de esos países tienen una capacidad limitada para suministrar servicios básicos a su población y ninguno de ellos ha sido industrializado. Cinco países del grupo registraron una tasa de crecimiento de la PTF superior al 1 por ciento, pero el promedio para el conjunto del grupo fue solamente del 0,2 por ciento. Parecería razonable deducir que estos países se rigen todavía por condiciones maltusianas.

La segunda casilla de la Figura 27 muestra las tasas de crecimiento de la PTF en 24 países que pasaron de la fase CT-II en el primer período a la fase CT-III en el segundo o tercer períodos (14 de esos países se encuentran en el África subsahariana). Este grupo de países presenta un aumento de la PTF del 0,6 por ciento. Dieciocho de los 24 países muestran un crecimiento positivo de la PTF, y en tres de ellos el crecimiento se sitúa entre el 1 y el 2 por ciento. Por consiguiente, en promedio, los países de este grupo obtienen aproximadamente un crecimiento suficiente de la PTF para impedir que disminuya la producción per cápita y algunos países consiguen una tasa de crecimiento económico favorable.

El tercer grupo de 29 países figuraba en la categoría CT-III durante el primero y segundo períodos. Doce pasaron al nivel CT-IV durante el tercer período. En este grupo, el crecimiento medio de la PTF fue del 1,53 por ciento, un porcentaje notable. Sólo un país registró un crecimiento negativo de la PTF, y en 9 países el aumento fue superior al 2 por ciento anual.

El cuarto grupo de 14 países comprende países que se encontraban ya en el nivel CT-IV o que ascendieron a él en el segundo período. En este grupo figuran China, la India y el Brasil. Los resultados de este grupo han sido extraordinariamente positivos: el aumento medio de la PTF fue del 2,3 por ciento y cuatro países registraron un crecimiento superior al 3 por ciento. Este grupo de países cuenta con una capacidad de I+D en la industria.

Aunque estas mediciones de la PTF son aproximadas y las categorías establecidas respecto del CT son un tanto arbitrarias, lo cierto es que las correlaciones PTC-CT son muy significativas11. Ponen de relieve claramente que en los países de la categoría CT-I la PTF apenas experimenta crecimiento alguno. En la CT-II, en la que existen instituciones estatales básicas y una cierta capacidad de investigación agrícola, se registra un crecimiento modesto. Por su parte, los países de la categoría CT-III pueden conseguir tasas elevadas de crecimiento de la PTF. Estos países poseen unos sistemas bien desarrollados de investigación agrícola y de extensión. Por último, los países CT-IV están en condiciones de alcanzar un crecimiento extraordinario de la agricultura. Dado que en la fase CT-IV existe una capacidad de I+D en el sector del suministro agrícola, una parte de ese crecimiento extraordinario de la PTF es un efecto derivado del crecimiento de la PTF en el sector industrial.

OTROS ASPECTOS DE LA MODIFICACIÓN DE LA PRODUCTIVIDAD AGRÍCOLA

La modificación de la productividad y la degradación de los recursos

La tendencia al desarrollo sostenible que se ha manifestado en los dos últimos decenios llama la atención sobre la posibilidad de que el aumento de la productividad se haya conseguido en muchos países a expensas de la degradación de los recursos. Sin embargo, lo cierto es que con frecuencia no se reconoce que también mejoran los recursos, ya sea a través de la inversión en los sistemas de avenamiento y de riego o mediante las prácticas agrícolas (rotación de cultivos, fertilización y encalado).

Ahora bien, es importante señalar que las mediciones de la PTF a las que se han hecho referencia en la sección anterior tienen en cuenta la degradación o mejora de la base de recursos. Es perfectamente plausible que los países cuya tasa de crecimiento de la PTF es baja experimenten una degradación neta y que aquellos cuya tasa de crecimiento es elevada registren una mejora neta de la base de recursos. En la medida en que esto ocurre, la degradación de los recursos es inversamente proporcional a la capacidad tecnológica y los ingresos per cápita.

Recuadro 26

ÍNDICES DE CAPITAL TECNOLÓGICO

Los países en desarrollo se clasificaron según el nivel de capital tecnológico (CT) en tres períodos distintos (1961-76, 1971-86, 1981-96). Se establecieron cuatro clases de CT, sobre la base de ocho indicadores que se reproducen más adelante. Los datos de los indicadores procedían de la base de datos de los indicadores de desarrollo del Banco Mundial. Los criterios de inclusión permiten una clasificación singular respecto del CT en cada período. La mayor parte de los países han conseguido mejoras en cuanto al CT durante los últimos decenios.

Indicadores1

CT-I

CT-II

CT-III

CT-IV

Analfabetismo de varones adultos

50%

<50%

<50%

<35%

Proporción de la fuerza de trabajo en la industria

<10%

<15%

>15%

>15%

Inversión extranjera directa/PNB

Poca o ninguna

<0,5%

=0,5%

0,25% o más

+D en empresas manufactureras/valor añadido en la manufactura

Ninguna

Ninguna

<0,25%

=0,25%

Regalías y derechos de licencia pagados

Ninguno

Ninguno

Escasos

Elevados

Regalías y derechos de licencia percibidos

Ninguno

Ninguno

Ninguno

Escasos

Nivel de inversión en investigación agrícola

Escasa, <0,25% de la producción agrícola

Niveles moderados de inversión: 0,25-0,5%

Fuerte inversión en investigación: =0,25%

Fuerte inversión en investigación: =0,5%

Derechos de propiedad intelectual

Ninguno

Ninguno

Protección escasa

Protección moderada

1 Los datos de los indicadores están tomados de la base de datos de indicadores de desarrollo del Banco Mundial.

 

La erosión del suelo es, ciertamente, un fenómeno permanente. Mientras que algunas zonas se benefician de la erosión, otras sufren sus efectos. La erosión de algunos suelos se traduce en una disminución de la productividad natural pero en otros no ocurre lo mismo. La erosión del suelo se puede controlar, y así se ha hecho en muchos lugares, en particular en países en los que existe una seguridad en relación con los derechos de propiedad de la familia. (Crosson12 ha hecho un estudio de gran utilidad sobre la erosión del suelo y sus efectos sobre la productividad.)

Recuadro 27

DINÁMICA DE LA ACUMULACIÓN DEL CAPITAL TECNOLÓGICO

Durante los últimos decenios, la mayor parte de los países han modificado el nivel de CT gracias a las inversiones y al desarrollo institucional. A continuación se enumeran los países según su clasificación por el nivel de CT en tres períodos distintos: 1961-76, 1976-86 y 1986-96 (por ejemplo, 112 indica el nivel CT-I durante los dos primeros períodos y el nivel CT II en el tercer período). La mayor parte de los países que figuran en las categorías 111, 112 y 222 heredaron un nivel CT-I en los años cincuenta. En 1970, aproximadamente, los países de la categoría 222 habían pasado al nivel CT-II, pero han permanecido en él desde entonces. Sólo algunos países han conseguido aumentar más de un nivel en CT durante los 40 años comprendidos, y más de la mitad de ellos han conseguido aumentar solamente un nivel.

CLASIFICACIÓN POR PAÍSES (1961-76, 1976-86, 1986-96)

111

112

222

223

233

333

334

344

444

Zaire

Angola

Burkina Faso

Bangladesh

República Dominicana

Barbados

Argelia

Bahamas

Argentina

Congo

Benin

Côte d'Ivoire

Botswana

Gabón

Chipre

Bolivia

Belice

Brasil

Etiopía

Burundi

Guatemala

Camerún

Ghana

Guadalupe

Ecuador

Chile

Costa Rica

Somalia

Camboya

Rep. Dem. Pop. Lao

Guyana

Kenya

Indonesia

Egipto

China

Rep. de Corea

 

Chad

Malawi

Madagascar

Nigeria

Rep. Islámica del Irán

El Salvador

Colombia

Singapur

 

Gambia

Sudán

Malí

Paraguay

Iraq

Honduras

India

 
 

Guinea

Togo

Mongolia

Perú

Jordania

Jamaica

Malasia

 
 

Guinea-Bissau

Uganda

Namibia

Senegal

Jamahiriya Árabe Libia

Arabia Saudita

México

 
 

Haití

 

Nicaragua

Sierra Leona

Martinica

Túnez

Marruecos

 
 

Mauritania

 

Swazilandia

Sri Lanka

Mauritania

Turquía

Tailandia

 
 

Mozambique

 

Tanzanía, Rep. Unida

Suriname

Pakistán

Uruguay

   
 

Nepal

   

Viet Nam

Panamá

Zimbabwe

   
 

Níger

   

Zambia

Filipinas

     
 

Rwanda

     

Reunión

     
 

Yemen

     

Rep. Árabe Siria

     
         

Trinidad y Tabago

     
         

Venezuela

     

 El uso de fertilizantes y otros productos químicos, así como de variedades mejoradas para conseguir rendimientos elevados, perjudica, según algunos, la productividad de la tierra. Existe la inquietud de que la agricultura de rendimientos elevados en los trópicos pueda tener efectos ambientales negativos que no se producen en las zonas templadas, pero la experiencia en estas últimas indica que con una buena gestión incluso los suelos naturales pobres pueden ser mejorados. Para ello es necesario realizar inversiones, de las que no se han beneficiado la mayor parte de los suelos de las regiones tropicales, especialmente en África y que, por consiguiente, poseen un potencial de mejora aún por explotar.


Figura 27

La productividad y la distribución de los ingresos

Los beneficios derivados del aumento de la productividad se pueden distribuir de forma distinta entre productores y consumidores y en diferentes lugares según las circunstancias. El aumento de la productividad reduce los costos y ello, a su vez, incrementa la oferta. En una economía pequeña, abierta al comercio internacional, los precios internos se establecen en función de los precios del mercado internacional, de manera que no disminuyen al reducirse los costos de producción. En este caso, los consumidores no se benefician del aumento de la productividad, porque son los productores quienes acaparan todos los beneficios. En cambio, en una economía cerrada al comercio internacional (o cuyos productos no son objeto de comercio), los precios descienden cuando el aumento de la productividad hace bajar los costos y ello beneficia a los consumidores. Los productores obtendrán beneficios cuando sus costos se reduzcan más que los precios, en promedio, y resultarán perjudicados si se da el caso contrario.

Las pautas de adopción de nuevas técnicas pueden ser diferentes según los agricultores y quienes las introduzcan temprano conseguirán reducir los costos antes que los demás. De igual forma, quienes tienen facilidad de acceso al crédito verán reducidos sus costos antes que los que tienen dificultades para conseguirlo. Estos factores parecen haber sido importantes en los países en desarrollo, pero los programas de extensión y de construcción de infraestructura han contribuido a reducir los efectos de estos factores.

El factor que incide más notablemente en la reducción de los costos en una economía es la naturaleza de la tecnología biológica y su interacción con las condiciones edáficas y climáticas. Durante la revolución verde, las primeras variedades modernas de arroz sólo se introdujeron en el 30 por ciento de los arrozales de regadío y de secano de la India. Aunque resultaban muy productivas en determinadas condiciones (con un buen aprovechamiento del agua), las ventajas que comportaban se reducían o desaparecían cuando no se daban esas condiciones en relación con el suelo, el clima y las plagas o patógenos. La aplicación de los métodos de selección genética durante varias generaciones para desarrollar la resistencia de la planta hospedante a las plagas y enfermedades y su tolerancia a los factores de estrés abióticos (por ejemplo, la sequía) permitieron obtener variedades de arroz que se plantan ahora en el 90 por ciento de la superficie de regadío y de secano del país. Sin embargo, muchos agricultores que cultivan el arroz en tierras altas, en aguas profundas y en otras condiciones de producción desfavorables no pueden acceder a esta tecnología de obtención de variedades de alto rendimiento.

Las reducciones de los costos de producción determinados por la tecnología podrían beneficiar solamente a algunos agricultores, y perjudicar a los que no tengan acceso a dicha tecnología.

Esta diferenciación entre entornos productivos favorables y desfavorables ha sido un elemento importante en la mayoría de las economías en desarrollo. Provoca graves desigualdades y unas condiciones en las que la tecnología mejorada beneficia a todos los consumidores y a algunos productores, pero de hecho perjudica a los productores que por razones geográficas no tienen acceso a la tecnología que permite reducir los costos. Aunque se pueden adoptar medidas para remediar esta situación, no redundarán en todos los casos en un aumento de la productividad. La medida más importante es el fomento de la investigación, creando centros de investigación que atiendan a todas las regiones. Como lo demuestra el ejemplo de la India, los programas de fitogenética permiten adaptar las mejoras genéticas a las condiciones locales. También se puede recurrir al desplazamiento de la población. Un estudio reciente del IRRI13 llegaba a la conclusión de que la movilidad permite a los trabajadores evitar los efectos desfavorables del medio ambiente sobre los salarios.

CAUSAS DEL AUMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD

Los estudios económicos sobre el aumento de la productividad en la agricultura ponen de manifiesto una variabilidad considerable entre países y períodos por lo que respecta al incremento de la productividad. Sin embargo, se pueden establecer algunas pautas. Los estudios sobre la modificación de la productividad (y las correlaciones PTF-CT a las que se ha hecho referencia anteriormente) indican que el capital tecnológico es uno de los factores esenciales para conseguir incrementos de productividad. El capital tecnológico se acumula durante largos períodos de tiempo, y los países en desarrollo se encontraron en situaciones muy diferentes en cuanto a la capacidad heredada de los regímenes coloniales en la primera parte de la segunda mitad del siglo XX. También presentan grandes diferencias en cuanto a las inversiones destinadas a mejorar la capacidad durante este medio siglo.

El modelo maltusiano de los recursos era el que prevalecía en un grupo de países en desarrollo. Las economías que no invirtieron para conseguir un nivel mínimo de capital tecnológico consiguieron un aumento reducido (o nulo) de la productividad y experimentaron una disminución de los ingresos per cápita, salvo cuando disponían de recursos de tierra abundantes. Ninguno de los 21 países en desarrollo que no consiguieron pasar a la fase CT-II durante el último medio siglo ha intentado resolver sus problemas aplicando la solución maltusiana clásica del control de la población. No parece, sin embargo, que pudieran haber conseguido un aumento importante de los ingresos mediante ese procedimiento sin invertir en capacidad tecnológica. De todas formas, algunos estudios sostienen que una densidad de población elevada estimula la inversión en capital tecnológico14.

Algunos países de la categoría CT-II intentaron aumentar la productividad haciendo hincapié en el modelo de las prácticas óptimas. En este modelo, la inversión en extensión agraria es la principal estrategia en relación con el CT. Sólo han conseguido un éxito limitado. Cuando los países alcanzan un nivel moderado de alfabetización, las actividades de extensión (véase la Figura 22) encaminadas a aumentar la productividad agrícola utilizando más eficazmente la tecnología existente sólo producen un crecimiento limitado durante un período de tiempo reducido.

Es el modelo de invención adaptativa el que permite a los países conseguir aumentos importantes de productividad. Este modelo implica fomentar la capacidad de investigación y desarrollar la capacidad de instruir a los investigadores. La creación de centros internacionales de investigación que apoyaban programas nacionales de investigación agrícola en la fase CT-III ha permitido conseguir aumentos importantes de la productividad. La eficacia de estos programas es mayor cuando se complementan con inversiones institucionales en los mercados y la infraestructura.

Sin embargo, sólo se consigue un aumento extremadamente alto de la productividad en la agricultura cuando también se registra en el sector industrial, y ello ocurre en los países de la categoría CT-IV. En tales casos, es posible conseguir una gran reducción de la pobreza. No existen ejemplos de un salto desde la fase CT-I a la CT-IV. En particular, los países no alcanzan la fase CT-IV sin pasar antes por la fase CT-III. Esto indica que el sector agrícola actúa como un catalizador importante para alcanzar la fase CT-IV.

Durante los últimos 50 años los precios reales de la mayor parte de los cereales han descendido aproximadamente en un 50 por ciento.

ENSEÑANZAS EXTRAÍDAS EN MATERIA DE POLÍTICA

Los resultados alcanzados por los países en desarrollo en lo que respecta a la producción y productividad del sector agrícola durante los últimos decenios han sido extraordinarios y desiguales. Extraordinarios, por la magnitud de los aumentos de producción y productividad conseguidos, y desiguales porque se alcanzaron a ritmos distintos en los diferentes países y regiones. Los resultados extremadamente positivos en materia de producción en la economía actual, relativamente abierta y globalizada, es uno de los factores que ha permitido que los precios de los alimentos sean bajos. De hecho, el precio real de la mayoría de los cereales en 1999 era aproximadamente la mitad del nivel de 1950.

En cuanto a las inversiones, la experiencia del último medio siglo ha sido muy diferente en las inversiones en la producción de auténticos bienes públicos para la agricultura (investigación, enseñanza y extensión) y en las inversiones en la mayoría de empresas estatales. Las inversiones en la producción de bienes públicos han dado rendimientos elevados a los contribuyentes, a diferencia de lo que ha ocurrido con la inversión en la mayor parte de las empresas estatales. Los gobiernos de los países en desarrollo y los organismos dedicados al desarrollo no siempre han podido distinguir entre inversiones productivas en bienes públicos esenciales e inversiones improductivas en bienes no esenciales, en las que el sector privado es la forma eficaz de organización económica.

De la experiencia de este último siglo se pueden extraer numerosas enseñanzas. Las experiencias son distintas según los países, el período y el producto, pero hay algunas pautas generales que deben ser tomadas en consideración para la planificación futura.

Para conseguir un aumento de la productividad es necesario realizar inversiones. No es posible aumentar la productividad mediante la difusión tecnológica sin invertir en capital tecnológico.

Las inversiones pueden hacerse de dos formas distintas. La primera es establecer un marco institucional y normativo que incentive las inversiones del sector privado, incluida la inversión extranjera directa. La segunda consiste en fomentar la inversión pública y, en muchos casos, la realización por el sector público de actividades en las que no invierte el sector privado (y en las que no es posible incentivarle para que lo haga). El equilibrio entre la inversión pública y privada es difícil de conseguir y exige una evaluación y planificación cuidadosas.

Los programas de control de la población de corte maltusiano no permiten por sí solos conseguir un mayor bienestar. Es necesario complementarlos con inversiones en capital tecnológico.

En su mayor parte, las invenciones de los países en desarrollo son invenciones adaptativas, es decir, adaptaciones de invenciones realizadas en países desarrollados. En los programas de investigación agrícola del sector público, los centros internacionales de investigación agrícola facilitan invenciones adaptativas, cosa que también hacen las empresas privadas multinacionales. Los países en desarrollo podrán explotar las fuentes internacionales de productividad si están abiertos a ellas y si han invertido para fomentar la capacidad interna.

Sólo se pueden conseguir plenamente los efectos del aumento de la productividad en un contexto de cambios económicos más amplios. El incremento de la productividad agrícola no deja sentir sus efectos de forma exclusiva en los productores agrícolas. Los mercados distribuyen los beneficios entre productores y consumidores y permiten que se beneficie también la población general.

Para alcanzar el nivel CT-IV, los países en desarrollo deben superar primero los niveles CT-I, CT-II y CT-III. En la mayor parte de los países de los niveles CT-I y CT-II, la agricultura es el sector dominante de la economía y tiene una importancia primordial para el desarrollo. Las inversiones en capital tecnológico que deben hacerse en la agricultura para alcanzar el nivel CT-III deben dirigirse a la investigación y extensión agrarias del sector público.

Los pronósticos sugieren que la productividad de la agricultura continuará creciendo en los próximos 25 años.

PERSPECTIVAS DE LA EVOLUCIÓN AGRÍCOLA

En estos inicios del siglo XXI existen factores favorables y desfavorables que influirán en la evolución de la agricultura. Varios estudios recientes del Banco Mundial, la FAO y el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Política Alimentaria (IIPA) han realizado proyecciones sobre la producción, el comercio y los precios mundiales de los productos agrícolas. Todos ellos concuerdan en que durante los próximos 25 años los factores favorables superarán a los factores desfavorables y que la producción de alimentos per cápita aumentará lo suficiente como para impedir un aumento de los precios de los alimentos. De hecho, los tres modelos proyectan un descenso del precio real de los productos alimenticios. Es probable, pues, que se prolonguen durante algún tiempo los resultados extraordinarios del sector alimentario y agrícola.

Los factores favorables

Prácticamente todos los países en desarrollo experimentaron un índice elevado de crecimiento demográfico en los decenios de 1950 y 1960. En los años cuarenta y cincuenta se había registrado un descenso de la tasa de mortalidad, especialmente infantil, que propició un gran auge demográfico y que comportó también una carga demográfica al aumentar más rápidamente la población que la fuerza de trabajo (han de transcurrir 15 años hasta que un recién nacido alcance la condición de trabajador), es decir, aumentó la relación de familiares a cargo.

FAO/20216/L. DEMATTEIS

La revolución verde
Actualmente, en el 90 por ciento de las zonas arroceras
de regadío y de secano de la India se siembran variedades
de arroz de alto rendimiento

- FAO/19480/G. BIZZARRI

En parte por razones de política (los programas de planificación familiar, los avances en materia de salud en el medio rural, etc.) y en parte por razones económicas, las familias comenzaron a reducir la tasa de fecundidad y a iniciar la segunda fase de la transición demográfica. Este fenómeno se manifestó en países distintos y momentos diferentes, iniciándose en Taiwan Provincia de China, Singapur, Hong Kong y la República de Corea, los «tigres asiáticos». En el decenio de 1970, también descendió la tasa de fecundidad en los países de América Latina y en otros países de Asia, y en el decenio de 1990 el proceso se extendió a prácticamente todos los países en desarrollo. En 1995, la tasa de fecundidad era en casi todos ellos inferior al nivel de reemplazo de la población.

Existe todavía un considerable impulso demográfico, que guarda relación con el hecho de que un número mayor de niños en la última generación comporta un mayor número de madres en esta generación, pero el mayor incremento de la población mundial tuvo lugar hace algunos años y el crecimiento demográfico será cada vez más reducido. Al disminuir la fecundidad y el crecimiento de la población, se produce una prima demográfica en forma de un índice menor de familiares a cargo. La fuerza de trabajo aumenta más rápidamente que la población. Este fenómeno es muy favorable para la agricultura, porque los trabajadores son esenciales para la producción agrícola.

Al comenzar el período de medio siglo que se está analizando, el capital tecnológico de los países en desarrollo era muy limitado. Sólo algunos de ellos poseían capacidad de investigación productiva (CT-III) en 1950. En 1990, la mayor parte de los países en desarrollo habían alcanzado los niveles CT-III o CT-IV.

Si en 1950 no se había desarrollado todavía el sistema de CIIA del GCIAI, en el decenio de 1990 varios CIIA habían conseguido resultados importantes en los ámbitos de la investigación y la tecnología. Los CIIA llevaron a término numerosos programas encaminados a la obtención de variedades modernas de alto rendimiento. Los bancos de genes de los CIIA y los sistemas de viveros internacionales propiciaron el intercambio de recursos genéticos, incluso líneas de mejoramiento avanzadas. Ello permitió que los sistemas nacionales de investigación agrícola (SNIA) resultaran más productivos.

Las ciencias biológicas, que constituyen el fundamento científico de las ciencias agronómicas, han hecho un progreso extraordinario en los últimos decenios. Se está realizando a un ritmo sin precedentes el descubrimiento de los fundamentos científicos en los campos básicos de la ciencia. No es exagerado afirmar que los últimos años han conocido una auténtica revolución científica, que ha impulsado la revolución tecnológica, en forma de la biotecnología. La revolución tecnológica se encuentra todavía en su etapa formativa y ha suscitado muchas críticas. Han sido empresas privadas las que más han invertido para desarrollar productos de biotecnología. Actualmente, los productos transgénicos se han difundido ampliamente en una serie de países desarrollados. El reforzamiento de los derechos de propiedad intelectual es fundamental para los inversores privados de esos países.

El sistema de investigación del sector público de los países desarrollados está tratando de responder a las presiones derivadas de los adelantos científicos, el reforzamiento de los derechos de propiedad intelectual y la rápida expansión de las actividades de investigación y desarrollo en el sector privado. La respuesta estriba en la elaboración de programas de estudio y en la selección y diseño de proyectos de investigación, así como en la cultura del sistema de investigación, en el que posiblemente se está restringiendo el libre intercambio de información científica. Los sistemas públicos de investigación advierten esas dos amenazas y son conscientes del potencial de la revolución de las ciencias biológicas.

Hasta la fecha, la respuesta de los sistemas de investigación agrícola de los países en desarrollo ha sido sumamente lenta y para ellos el acceso a los productos biotecnológicos del sector privado será más difícil que en los países desarrollados. En el momento presente, los países en desarrollo de la categoría CT-IV obtienen ya algunos de los beneficios de la biotecnología. Los países CT-III (e incuestionablemente los de las categorías CT-I y CT-II) necesitan conseguir una mayor capacidad para poder beneficiarse de estos adelantos científicos.

La evolución de la productividad durante los últimos decenios pone de manifiesto que, tanto en los países desarrollados como en desarrollo, al sector agrícola le beneficia un proceso de crecimiento y desarrollo vigorosos en el sector industrial. En los países desarrollados, el sector agrícola está experimentando un proceso de cambio estructural (en lo que respecta al tamaño de las explotaciones, la especialización, los sistemas de contratación etc.) como consecuencia de la industrialización, proceso que se manifiesta en cambio con menos fuerza en los países en desarrollo. El desarrollo industrial redunda en una mejora de los factores de producción de la agricultura, y al mismo tiempo perfecciona el funcionamiento del mercado de trabajo y propicia un aumento de los ingresos que estimula la eficiencia de los mercados. En los países en desarrollo, en particular en Asia oriental y sudoriental, la industrialización ha avanzado a un ritmo acelerado. La crisis registrada en las postrimerías del decenio de 1990 en Asia sudoriental parece estar remitiendo y todo parece indicar que en los próximos decenios se registrará una industrialización acelerada.

Los factores desfavorables

Algunos países han sufrido en los últimos decenios un fenómeno intenso de degradación de la tierra, aunque también es cierto que se ha registrado el fenómeno contrario. Prácticamente en todos los países la utilización de sistemas adecuados de explotación de la tierra redunda en una clara mejora en este aspecto. Sin embargo, durante los próximos decenios no todos los países aplicarán sistemas adecuados de gestión. Este punto reviste especial importancia para aquellos países en los que el largo proceso de desarrollar prácticas que permitan aumentar la productividad del suelo se encuentra en sus primeras etapas.

En los países desarrollados, se ha interrumpido casi totalmente la expansión de la superficie cultivada (que, de hecho, ha disminuido en casi todos ellos). Las inversiones encaminadas a establecer sistemas de avenamiento y adoptar medidas de conservación del suelo han permitido que la tierra sea ahora más productiva que hace medio siglo. En los países en desarrollo con un bajo nivel de capital tecnológico, una situación deficiente desde el punto de vista institucional y un índice elevado de crecimiento demográfico está aumentando la superficie cultivada y se está reduciendo el período de barbecho. Sin embargo, también se están haciendo inversiones destinadas a mejorar la tierra, en especial en sistemas de riego.

El agua escasea en algunas regiones y es abundante en otras. A lo largo del último medio siglo los sistemas de riego se han extendido en la mayor parte de los países en desarrollo, pero probablemente en muchas regiones ya no existe la posibilidad de realizar nuevas inversiones en esta materia. La escasez de agua es similar a la escasez de tierra. Los incrementos de la productividad, especialmente la mejora genética, permiten obtener una mayor producción por unidad de tierra, y también propician una mayor producción por unidad de agua.

La carencia de capital y de instituciones favorables en los países pobres obstaculiza la aplicación de soluciones para los problemas de degradación de los recursos.

La mayor parte de los países en desarrollo de los niveles CT-I y CT-II han visto incrementar sus diferencias con respecto a los países desarrollados durante los últimos 50 años. Estos países deben hacer frente a una difícil situación política y normativa, tanto a nivel nacional como internacional. La revolución acaecida en el campo de la biotecnología les hará perder aún más terreno, dado el entorno político y normativo actual y la ausencia en estos países de inversiones necesarias para aumentar la productividad.

Los países en desarrollo que han llegado al nivel CT-III han reducido las distancias que les separaban de los países desarrollados durante estos últimos 50 años. Han conseguido disminuir el desfase tecnológico mediante la aplicación de programas de invención adaptativa y en esa tarea han podido contar con la ayuda de los CIIA. Sin embargo, su situación se ha deteriorado durante el último decenio como consecuencia de las invenciones realizadas en el campo de la biotecnología. La hostilidad política hacia la biotecnología ha contribuido a ello al impedir la adopción de las reformas de los derechos de propiedad intelectual y otras medidas necesarias para poder acceder a esta tecnología.

Sin embargo, muchos países en desarrollo que han alcanzado el nivel CT-IV cuentan con la estructura institucional necesaria para poder beneficiarse de los adelantos de las ciencias biológicas y las invenciones conexas en el campo de la biotecnología, y es menos probable que pierdan terreno ante los países desarrollados como consecuencia del retraso en la adopción de esos adelantos.

NOTAS

1 En el conjunto de los países desarrollados, la utilización total de pienso en 1997 representó el 60 por ciento de la demanda interna de cereales, frente a sólo el 21 por ciento en los países en desarrollo.

2 Thomas Robert Malthus (1766-1834) analiza en su Ensayo sobre el principio de la población tal como afecta a la futura mejora de la sociedad la interacción entre el crecimiento demográfico exponencial y el aumento lineal de los recursos naturales, los cuales, si no se impusiera un freno al crecimiento de la población, conducirían a un empeoramiento constante de los niveles de vida.

3 J. Simon. 1977. The economics of population growth. Princeton, Nueva Jersey, Estados Unidos, Princeton University; E. Boserup. 1981. Population and technological change: a study of long-term trends. Chicago, Illinois, Estados Unidos, University of Chicago Press.

4 D.E. Bloom y J.G. Williamson. 1998. World Bank Economic Review, 12: 419-456.

5 Los bienes públicos son aquellos que no es posible negar a algunas personas sin negárselas a todo el mundo (como ejemplos típicos se pueden citar la defensa nacional, la protección policial y la iluminación pública). Por ello, no cabe esperar que los suministren empresarios privados, que no podrían imponer un pago por el bien público a sus beneficiarios y que, por consiguiente, no tendrían incentivos para suministrarlos, por lo cual debe aportarlos el sector público.

6 Z. Griliches. 1957. Hybrid corn: an exploration in the economics of technological change. Econometrica, 25: 501-522.

7 El coeficiente de variación, la desviación típica dividida por la media para cada decenio, es un indicador estadístico del grado en que las diferentes obervaciones en una muestra se dispersan en torno a la media. Cuanto menor es el coeficiente de variación, más próximas a la media están las observaciones, y cuanto mayor es el coeficiente, mayor es la dispersión que muestran en torno al valor medio de la muestra.

8 El valor actual es el valor presente de una suma o flujo de dinero futuros. Se calcula descontando al valor de esa suma futura el tipo de interés equivalente al que se habría invertido de haberse destinado a otra finalidad.

9 R.E. Evenson. 1999. Economic impact studies of agricultural research and extension. New Haven, Connecticut, Estados Unidos, Yale University.

10 Ibid.

11 Obsérvese, no obstante, que las categorías relativas al CT se corresponden muy claramente con los indicadores en los que se basan. La utilización de menos indicadores o de otros indicadores o criterios para establecerlos no modificaría significativamente la composición de los diferentes grupos en la Figura 27.

12 P. Crosson. 1995. Soil erosion and its on-farm productivity consequences: what do we know? Resources for the Future Discussion Paper No. 95/20;
P. Crosson. 1997. Will erosion threaten agricultural productivity? Environment, 39: 4-9, 29-31.

13 C.C. David y K. Otsuka, eds. 1994. Modern rice technology and income distribution in Asia. Los Baños, Filipinas, IRRI.

14 Boserup, op. cit., nota 3.


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