Departamento de Desarrollo Económico y Social

Informes de Política

 
agosto 2009
La mujer y el empleo rural
Combatir la pobreza redefiniendo los roles de género

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Alrededor de tres cuartas partes de los pobres del  mundo viven en zonas rurales. Entre ellos, la mujer constituye un grupo especialmente vulnerable pero de importancia decisiva para el desarrollo económico y social. Invertir en la mujer rural, por tanto, no es sólo un imperativo moral, sino también una estrategia prometedora para combatir la pobreza y el hambre de forma eficaz.

Menos dinero por más trabajo
Las economías rurales están caracterizadas por roles de género muy distintos. La mujer generalmente prepara o crea productos alimenticios básicos para consumo en el hogar, mientras que el hombre se dedica a cultivos dirigidos al mercado. La mujer tiende a administrar parcelas más pequeñas y en general a trabajar en condiciones más precarias y con valor estacional que el hombre. Además, una gran cantidad de mujeres participa en las actividades económicas con trabajo familiar no remunerado y sin poder de decisión sobre el uso de los medios de producción.

Sin embargo, en términos específicos de empleo productivo no se logra demostrar la importancia real de la mujer en las economías rurales. En muchos países en desarrollo, la mujer es la principal productora de alimentos. Al estar limitada al cultivo de alimentos y a la cría de aves de corral y al ganado, la mujer es responsable del 60 al 80% de la producción alimentaria y juega un papel importante en la provisión de agua y combustible. Cría los niños y atiende a enfermos y a ancianos y se dedica asimismo a las actividades comunitarias.  El rol de la mujer es, por tanto, de vital importancia para el bienestar de su familia y de toda la sociedad.

Teniendo en consideración todas sus actividades adicionales, estudios internacionales revelan que la mujer residente en las áreas rurales pasa mucho más tiempo trabajando que el hombre,  hasta 14 horas laborales más cada semana en Tanzania. En Benin esta diferencia alcanza incluso las 17 horas.

Obstáculos para el empleo femenino
Además de las responsabilidades domésticas, existen varios factores adicionales que impiden a la mujer dedicarse al trabajo remunerado. Utilizando el enfoque de medios de vida, dichos factores pueden ser clasificados según el acceso insuficiente a cinco recursos cruciales.

En concreto, la mujer en las economías rurales a menudo no tiene acceso ni control sobre los recursos naturales como la tierra y el agua; lo que reduce su posibilidad de obtener préstamos o de guardar los ingresos generados por dichos recursos. De hecho, aunque se cuente con información limitada, los datos disponibles sugieren que en los países en desarrollo sólo un quinto de los propietarios de tierras son mujeres. Además el porcentaje de mujeres propietarias de tierra es muy bajo, lo que impide el acceso necesario a los recursos financieros, como el crédito y el ahorro.

La mujer también carece de acceso a recursos sociales como redes y asociaciones, lo que debilita su influencia en los procesos políticos de toma de decisiones y representación colectiva. El acceso insuficiente a recursos físicos como la energía, la tecnología y el transporte disminuye ulteriormente la productividad de la mujer y sus oportunidades de dedicarse al trabajo remunerado.

Aun más importante, la mujer rural se enfrenta a graves desigualdades en cuanto al acceso a recursos humanos como la educación y los servicios sanitarios. A pesar de los  progresos llevados a cabo en los últimos años, sólo el 63% de la mujer de los países menos desarrollados sabe leer y escribir, comparado con el 73% de los hombres y el 99% de la mujer en las regiones más desarrolladas. La mortalidad materna, un indicador clave del estado de salud de la mujer y uno de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, es todavía 100 veces más alta en el África Sub-Sahariana que en las regiones más desarrolladas. Los problemas de salud, los niveles bajos de educación y la falta de capacidades técnicas adecuadas reducen drásticamente las posibilidades para la mujer en el mercado laboral.

Ganancias rápidas y beneficios de largo plazo
La dedicación exclusiva de la mujer a las tareas domésticas y reproductivas disminuye los ingresos familiares y el crecimiento económico en general. La explotación de su potencial puede producir efectos muy significativos en el desarrollo de las economías rurales. A fin de obtener resultados sostenibles, los hacedores de política tendrán que encontrar un buen equilibrio entre las medidas dirigidas a lograr mejoras inmediatas y los intentos de promover cambios fundamentales de forma más gradual.

Los programas públicos de trabajo pueden ser una herramienta efectiva para integrar a la mujer en el mercado laboral de forma inmediata. Dichos programas pueden también fortalecer el empleo potencial de la mujer en el futuro, si se consiguen reducir los obstáculos que le impiden incorporarse a la fuerza laboral, superando asimismo la carencia de formación técnica y de capacitación profesional. Por la misma razón, hay que garantizarle el acceso a recursos clave como tierra, agua, crédito, información, y tecnología.

Redefiniendo los roles de género
Un punto aun más importante es que las medidas deben dirigirse hacia un cambio gradual de los roles de género, especialmente  informando a los hombres acerca de los beneficios del empoderamiento de la mujer. La igualdad de género no debe ser percibida como una amenaza sino como una oportunidad. Hasta el momento, las sociedades rurales se han visto fuertemente influenciadas por normas tradicionales que predeterminan la vida de la mujer como madres y amas de casa y le impiden perseguir una carrera profesional, limitando su acceso a importantes recursos productivos.

La promoción del desarrollo rural a través de la mejora de la igualdad de género necesita una redistribución de responsabilidades. Con la incorporación de la mujer al trabajo remunerado, se necesitará la activación de otros recursos para llevar a cabo las numerosas tareas de la mujer, eventualmente con una mayor participación de los hombres. Además, los gobiernos podrían mejorar las estructuras para el cuidado infantil, o proporcionar protección social y pensiones públicas a fin de dar a la mujer la oportunidad de participar de forma más activa y productiva en las economías rurales.

Los sistemas de cuotas para la representación de la mujer en las organizaciones patronales, campesinas y sindicales representan otro elemento importante en el marco de esta estrategia. Esto incrementará el poder de negociación de la mujer y levantará su voz para recordar a los políticos que el desarrollo de la mujer es una estrategia efectiva y sensata para combatir la pobreza y mejorar los medios de vida de las poblaciones rurales.

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