Departamento de Desarrollo Económico y Social

Informes de Política

 
agosto 2010
La lucha contra el hambre y la pobreza
¿Cual es el papel de la agricultura urbana?

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Los pueblos y ciudades crecen con rapidez en los países en desarrollo. Este proceso va acompañado a menudo de niveles elevados de hambre y pobreza, lo que conduce a muchos residentes urbanos a ocuparse en actividades agrícolas para ayudar a cubrir sus necesidades alimentarias. Los responsables de las políticas deben admitir esta realidad y aprovechar de forma activa las oportunidades que ofrece la agricultura urbana.

El hambre: una preocupación creciente en las áreas urbanas

El reciente aumento del hambre en el mundo ha afectado de forma desproporcionada a la población urbana pobre. Al dedicar un porcentaje importante de sus ingresos disponibles a alimentos, la crisis de los precios alimentarios de 2007-2008 la golpeó de forma particularmente fuerte. Ella sufrió también las consecuencias de la recesión económica del pasado año, que redujo sus oportunidades de empleo e ingresos.

La agricultura puede ayudar a amortiguar los efectos de estas crisis. Si bien la agricultura es en su mayor parte un fenómeno rural, la agricultura urbana puede ayudar a incrementar la capacidad de resistencia a los impactos externos de parte de la población urbana pobre y mejorar su acceso a las frutas y hortalizas frescas y a los productos animales. Este mecanismo tendrá particular importancia en zonas en las que la infraestructura inadecuada y las elevadas pérdidas durante el transporte se añaden a la escasez y alto coste de los productos agrícolas. Algunos agricultores urbanos podrían además ofrecer sus productos en los mercados locales, generando ingresos para ellos mismos y sus familias.

¿Que es la agricultura urbana?
La agricultura urbana comprende la producción agrícola y ganadera dentro de ciudades y pueblos y en sus zonas aledañas. Incluye desde pequeños huertos de hortalizas en la parte trasera de las viviendas a actividades agrícolas en tierras comunitarias por asociaciones o grupos vecinales.

En las áreas periurbanas, la producción es a menudo intensiva y de tipo comercial, mientras que la actividad agrícola dentro de las ciudades se da en general a pequeña escala. Se practica normalmente en terrenos baldíos públicos y privados, humedales y zonas poco desarrolladas, pero rara vez en tierras destinadas específicamente a la agricultura. En muchos países la agricultura urbana es informal y a veces incluso ilegal. La competencia por la tierra es con frecuencia fuente de conflictos. Otras cuestiones problemáticas incluyen el impacto ambiental de la agricultura urbana y las relacionadas con la inocuidad de los alimentos, en particular respecto a la producción pecuaria.

A pesar de que escasean los datos, la agricultura urbana representa una realidad importante para muchos países en desarrollo. Hasta un 70 por ciento de las familias urbanas participan en actividades agrícolas, según la primera cuantificación sistemática de la agricultura urbana realizada por la FAO, basada en datos obtenidos en 15 países en desarrollo y con economías de transición en los que existen estadísticas comparables (de la base de datos de las Actividades Generadoras de Ingreso Rural).

La agricultura urbana goza de particular importancia en países de bajos ingresos como Malawi, Nepal y Viet Nam. Pero incluso en economías más desarrolladas como Panamá, un porcentaje elevado de familias urbanas se dedica a actividades agrícolas. Es más, en tres cuartas partes de los países analizados, el porcentaje de familias urbanas que participan en la producción agrícola y—en menor medida—ganadera, sobrepasa el 30 por ciento. En otros países, como Indonesia, el porcentaje es mucho menor, pero no está claro si estas diferencias se deben a factores económicos o normativos diversos, o a diferencias en la medición de la agricultura en áreas urbanas.

La agricultura urbana tiene particular importancia para los grupos de menores ingresos. Con muy escasas excepciones, los residentes urbanos pobres tienden a participar más en actividades agrícolas y ganaderas que las familias más adineradas. En muchos países, más de la mitad de todas las familias urbanas incluidas en el quintil de menores gastos contaban con las actividades agrícolas para satisfacer en parte sus necesidades alimentarias.

Más y mejores alimentos
La producción agrícola urbana se orienta en general hacia el consumo dentro de la familia. Tan sólo en algunos países –entre los que se incluyen Bangladesh, Madagascar y Nepal- más de un tercio de la producción se vende en el mercado. Por ello la agricultura urbana no es en primer lugar una fuente de ingresos en efectivo, aunque en algunos países (en especial Magadascar y Nigeria) el porcentaje de ingresos derivados de la agricultura urbana excede el 50 por ciento en el quintil de menores ingresos.

Los beneficios para la seguridad alimentaria derivados de la agricultura urbana se encuentran en su mayor parte en un mejor acceso a alimentos adicionales y más nutritivos. Es más, los hogares urbanos involucrados en actividades agrícolas suelen consumir una mayor cantidad de alimentos, a veces hasta un 30 por ciento más. También parecen tener una dieta más diversificada, como indica el incremento en el número de grupos de alimentos consumidos. Un mayor consumo relativo de hortalizas, frutas y productos cárnicos se traduce en su conjunto en un mayor insumo de energía y una mayor disponibilidad calórica.

Aprovechar las oportunidades
La agricultura urbana puede por tanto aportar beneficios importantes a la seguridad alimentaria. Aunque el impacto sería pequeño, puede resultar crucial para algunos grupos sociales, como los pobres urbanos, las mujeres en edad reproductiva y los niños.

Las políticas utilizadas varían de acuerdo a los países –o incluso dentro de una misma ciudad- en función a las condiciones locales específicas. Pueden también variar dependiendo de las diversas actividades, ya que la producción ganadera en centros urbanos implica mayores dificultades que mantener un huerto familiar.

En algunos casos los beneficios de la agricultura urbana sobrepasan claramente las consecuencias negativas potenciales, tales como la polución ambiental o la competencia por recursos escasos. En estos casos, los responsables de las políticas deben promover de forma activa la agricultura urbana y encontrar formas de integrarla en la planificación del uso del suelo urbano. Por ejemplo, suministrar orientación y formación sobre las técnicas de producción adecuadas puede minimizar los riesgos para la salud o los relacionados con la contaminación del agua o la inocuidad de los alimentos.

En otros casos puede haber formas más eficaces de aumentar la seguridad alimentaria de los pobres, como promover actividades alternativas que generen ingresos, ampliar las oportunidades de empleo no agrícola o mejorar el funcionamiento de los mercados alimentarios urbanos.

Los diseñadores de políticas deben por ello sopesar con atención todas las opciones disponibles. La simple prohibición de las actividades agrícolas en las ciudades –como ha ocurrido a menudo en el pasado- no es necesariamente la mejor alternativa. Las respuestas normativas podrían en vez de ello centrarse en mejorar los derechos al uso de la tierra y en especificar qué actividades se permiten y dónde. Sin un cuidadoso análisis de las oportunidades y riesgos existentes, los responsables políticos perderán una valiosa oportunidad de integrar mejor las actividades agrícolas en el desarrollo urbano y de garantizar que ayude a alcanzar la sostenibilidad social, económica y ambiental.

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