Misión EWEA en Colombia - día 3

Misión EWEA en Colombia - día 3

09/07/2019

Tercer día, Montelara, municipio de Maicao (La Guajira, Colombia)

Hoy salimos aún más temprano de Riohacha, son las 6.30 y como todas las mañanas, la cita es en nuestro hotel. El hotel no es mal, aunque el aire acondicionado no siempre funcione y que el agua este fría, o tibia, cuando tenemos suerte. El hotel donde queríamos quedarnos estaba lleno… ¡no pudimos competir con Angelina Jolie!

Bromas aparte, en el carro, como casi siempre, molesto a unos de los colegas colombianos para que nos cuente más y hoy le ha tocado a Luis Carlos Álvarez Ramos, ingeniero agrónomo especialista en formulación de proyectos con énfasis en agroecología. Unas 300 familias viven en la comunidad de Montelara, de las cuales 78 son beneficiarias del proyecto: colombianos retornados, venezolanos y wayúu.

Es talvez una de las comunidades donde tenemos una mayor representatividad de los tres grupos que la FAO está apoyando. Estamos a cien metros de la frontera con Venezuela. Los colombianos retornados que viven en esta zona de la Guajira se fueron de varias partes de Colombia hace muchos años, durante la violencia, y regresaron desde Venezuela hace poco, pero se quedan en la Guajira para no alejarse mucho.

Hasta hace pocos años vivían sobretodo de una economía muy informal, basada sobre el contrabando, la comercialización de combustible, de alimentos, de licor. Debido a la crisis económica de Venezuela, y a la política llevada por las autoridades colombianas, este tipo de negocio ha decaído generando mucho menos ingresos. Así que han retomado la agricultura.

En la parte agrícola, la acción de FAO se centró en la distribución de semillas, la rehabilitación de medios de vida con sistema de riego por goteo, la adecuación de puntos de agua y capacitaciones con los centros de demostrativos de capacitación y producción (CDC) comunitaria — si bien recuerdan vamos a hablar de estos más allá. En la parte pecuaria, FAO se dedicó sobretodo a brigadas de salud animal y a capacitaciones. Mientras que la parte nutricional del proyecto se enriqueció mucho con la diversidad cultural representada en la comunidad de Montelara a través de intercambios de saberes nutricionales.

Hace mucho calor, por suerte toda la comunidad está reunida debajo de un hangar, y empieza Luis Carlos explicando el propósito de nuestra visita. Y Luis Carlos empieza con las preguntas. Anicia llegó a la comunidad de Montelara porque siendo wayúu tenía familiares viviendo aquí. Empieza a contar: “nos cayó todo encima así que me toco irme. Yo soy campesina pero nunca había aprendido a cultivar la tierra. Ahora he aprendido a sembrar hortalizas de manera orgánica. Ya me sé todas las etapas que existen entre la preparación de la tierra, la siembra, el abono, el riego, y la cosecha. Estamos aprendiendo a vivir todos juntos, cultivando juntos en el CDC”. Anicia espera que un día podrá vivir de sus cultivos, y vender lo que le sobre, también quiere pasar sus conocimientos a su familia. Termina diciéndonos que el trabajo de la FAO ha sido una bendición.

José, antes de ser colombiano o venezolano es wayùu, “nosotros los wayúu no tenemos fronteras”. Nos dice que la preparación del terreno fue difícil, que la vida de ellos es bien dura. “Hay escasez de alimentos, hay poca comida para las familias. En una familia a veces somos siete pero a veces también somos 15”. Antes de las capacitaciones, el terreno donde se hizo el CDC era una selva, pero ahora ya todo empezó a crecer, las berenjenas, el ají, el cebollín. Y termina con unas palabras que hemos oído muchas veces desde que empezó la misión: “estamos trabajando, y esto nos da autoestima y dignidad”.

Luego todo el equipo de la FAO se divide, y cada uno de nosotros saca su tablet para las encuestas individuales. Alina tiene 50 años, es colombiana del departamento de Córdoba, y vivió 30 años en Venezuela, retornó a Colombia hace cinco o seis años, ahora vive en Montelara. Tiene cinco hijos y dos nietos chiquitos.

Alina extraña mucho a la vida que tenía antes. Sus ojos me miran con tanta tristeza cuando empieza a hablar de su nietecito, Matías quien nació con discapacidad probablemente debido al virus Zika que infectó a su mama durante el embarazo. El chiquito no camina. La casa donde vive aquí en Colombia lleva solo un cuarto, así que aunque sus hijos quieran vivir con ella, pues a veces tienen que regresar a Venezuela porque no hay cupo para tanta gente.

En Venezuela tenía un negocio de comida y vivía bien, quisiera despertase en su casa. Pero sus últimas palabras son palabras de mucha esperanza: “el cultivo ayudó a arroparse debajo de la misma sabanita. Estar aquí es a pesar de todo un alivio. La FAO ha sido un soplo de aliento”.