Nuevos datos sugieren que la COVID-19 está disparando el hambre en los países vulnerables

Nuevos datos sugieren que la COVID-19 está disparando el hambre en los países vulnerables

09/06/2020

Se requieren medidas urgentes para frenar las crisis, advierte el Director General de la FAO en una reunión de alto nivel de la ONU

Las evaluaciones iniciales y en curso de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) aportan indicios claros de que la pandemia de COVID-19 y sus repercusiones están provocando un aumento del hambre en países vulnerables, que ya experimentaban altos niveles de inseguridad alimentaria antes de la aparición de la enfermedad."La pandemia de COVID-19 representa un peligro claro y patente para la seguridad alimentaria y la nutrición, en especial para las comunidades más vulnerables del mundo", advirtió hoy el Director General de la FAO, QU Dongyu, en la inauguración de un evento de alto nivel de la ONU sobre acción humanitaria.

Según explicó Qu en esta reunión virtual, mientras se realizan evaluaciones a nivel nacional a medida que avanzan las temporadas agrícolas en curso, el impacto de la COVID-19 se está ya sintiendo en algunos de los focos de crisis alimentarias en el mundo. Los datos recientes de la Clasificación integrada de la seguridad alimentaria en fases (CIF) -auspiciada por la FAO-, indican que en Afganistán la inseguridad alimentaria, que ya es sumamente elevada, se ha visto agravada por el impacto del coronavirus. Las estimaciones más recientes indican que 10,3 millones de personas se enfrentan allí a niveles de crisis de hambre aguda, o aún más graves. La tendencia es similar en la República Centroafricana, donde según la CIF unos 2,4 millones de personas padecen ahora niveles de crisis o a peores de inseguridad alimentaria aguda, lo que supone un aumento del 11 por ciento en comparación con el período previo a la pandemia.

En Somalia, se prevé que 3,5 millones de personas se enfrenten igualmente a una situación de crisis o peor en los próximos meses, es decir, el triple que a principios de año. "Nos arriesgamos a una crisis alimentaria inminente a menos que se tomen rápidamente medidas para proteger a los más vulnerables, mantener operativas las cadenas de suministro agrícola globales y mitigar los efectos de la pandemia en los sistemas alimentarios", añadió el Director General de la FAO. Las mujeres rurales se encuentran entre las más vulnerables, subrayó.

El Segmento de Asuntos Humanitarios del Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC), que se celebra hoy, tiene como objetivo reforzar la ayuda humanitaria en el momento en que las Naciones Unidas celebran su 75º aniversario en un contexto de necesidades cada vez mayores. La reunión ha congregado a los países miembros, organizaciones de la ONU, socios humanitarios y de desarrollo, el sector privado y a las comunidades afectadas. El mensaje de Qu llegó antes de que el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, hiciese pública una nueva nota de orientación, advirtiendo que los sistemas alimentarios no están funcionando para las personas más vulnerables del mundo y que la pandemia de COVID-19 está empeorando en gran medida la situación.

Apoyar a los medios de subsistencia salva vidas

La FAO y otros organismos de las Naciones Unidas están preocupados ya que los múltiples efectos de la COVID-19 en la actividad económica y las cadenas de suministro, limitando la capacidad de la población para acceder a los alimentos, reduciendo la liquidez en dinero de los agricultores y, cada vez más, dificultando su capacidad de producir y vender alimentos, lo que a largo plazo podría deteriorar gravemente sus medios de subsistencia. Qu dijo que la disponibilidad local de alimentos se está ya convirtiendo en un problema grave, ya que muchos agricultores han visto mermar sus ingresos y recursos para invertir en la próxima temporada de siembra. Sin embargo, hasta ahora, la necesidad de apoyar a los medios de subsistencia ha sido ignorada en gran medida al responder a la pandemia, advirtió, aunque la relación coste-beneficio de esas intervenciones es positiva. El año pasado, por ejemplo, la distribución de semillas de emergencia por la FAO hizo posible una cuarta parte de los cereales producidos en Sudán del Sur. Sin esa inversión relativamente barata, millones de sursudaneses dependerían ahora de una ayuda alimentaria humanitaria mucho más costosa.

Respuesta a las crecientes necesidades

Antes de la pandemia, 135 millones de personas en todo el mundo se enfrentaban ya al hambre aguda causada por conflictos, crisis climáticas y recesiones económicas, según la edición de 2020 del Informe mundial sobre las crisis alimentarias, elaborado por la FAO, la Unión Europea y otros 13 asociados. Otros 183 millones de personas corren el riesgo de caer en el hambre extrema, si se enfrentan a algún factor de estrés adicional. Como parte del llamamiento humanitario actualizado de las Naciones Unidas para la COVID-19, la FAO ha solicitado 350 millones de dólares EEUU para apoyar una serie de actividades destinadas a ayudar a los agricultores pobres a seguir produciendo, salvaguardar la continuidad de las cadenas de suministro y los mercados alimentarios y evitar que el sector se convierta en vector de transmisión de la enfermedad.