Lo que el agua se llevó

Lo que el agua se llevó

20/03/2009

En Noviembre de 2008, la vereda Puerto Venecia del Municipio de Achí en Bolívar, Departamento ubicado en la costa norte colombiana, fue arrasada por las aguas del Río Cauca. Tal fue la creciente, que hasta perros y gallinas buscaron refugio en los árboles.

El paso furioso de las aguas, acabó con casas, muebles, animales y cultivos. Tuvieron que pasar 9 meses, para que los habitantes de esta remota vereda, a la cual solo se puede llegar cruzando el río en una rústica ancha y tras un duro recorrido por una prolongada trocha de 110 kilómetros, vieran bajar el nivel del agua y pudieran regresar a lo que quedó de sus casas en medio del lodo para comenzar de nuevo.

Ante la magnitud de la inundación y el gran número de damnificados, resultaron insuficientes las ayudas que el municipio pudo otorgar. Las raciones de comida se agotaron, y con el pasar del tiempo, la gente que en su momento fue solidaria, comenzó a olvidar esta tragedia, que sigue cobrando con más pobreza y hambre a los pobladores de esta zona.

La población de Pie de Pató, un remoto municipio del Departamento del Chocó, en el pacífico colombiano corrió con la misma suerte. En este municipio, afrodescendientes e indígenas de la etnia embera, conviven en medio de la selva chocoana, con el desabastecimiento de alimentos, medicamentos e insumos en general.

Para llegar hasta Pie de Pató, se debe viajar 6 horas por difíciles caminos desde Quibdó, la capital del Departamento, para luego tomar una lancha en Puerto Maluk que, dependiendo del caudal del río, llega a su  destino luego de 3 horas más. La de ellos es una tragedia anunciada cada invierno. Tan anunciada, que sus habitantes han aprendido a vivir con el agua.

Dentro de su indumentaria no faltan las botas pantaneras, y las casas están construidas mas arriba del nivel del suelo, para evitar que la constante entrada del río a su municipio afecte sus viviendas. Igual sucede con las huertas. Estas familias, siembran en las alturas para evitar que los animales o el agua se lleven sus hortalizas. Sin embargo, durante el último invierno, también en Noviembre de 2008 de nada sirvieron estas precauciones, pues fue tal el nivel que alcanzó el agua del Rió Baudó, que ni casas ni huertas se salvaron de la creciente.

Para atender a estas personas y otras de diferentes poblaciones que, como ellas, han perdido sus viviendas, medios de vida y cultivos en medio de las aguas, la Organización de Las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación - FAO, a través de su Unidad de Coordinación de Emergencias – UCER-, ha llevado a sus técnicos hasta las zonas afectadas para entregar a la comunidad las semillas, las herramientas, algunos animales para la cría y pautas técnicas para recuperar su capacidad de producir alimentos.

Estas personas, aisladas en territorios lejanos y con una tragedia en común, han recibido a la FAO con entusiasmo y agradecimiento. Ya comenzaron a reconstruir sus huertas en algunos casos y a sembrar de nuevo el arroz en otros. Esperan que con esta ayuda, mas el apoyo brindado por otras Agencias de Naciones Unidas, puedan recuperar, en parte, todo lo que el agua se llevó. Ellos continúan esperando que con el tiempo y la construcción de nuevas barreras de protección, el agua no les vuelva a arrebatar lo que la ONU les trajo de vuelta esta vez.