Los fondos para luchar contra la langosta en Madagascar se acaban

Los fondos para luchar contra la langosta en Madagascar se acaban

21/01/2015

En Madagascar, la batalla contra la actual plaga de langostas corre el riesgo de perderse a medida que se agotan los fondos para combatir a estos voraces insectos, que han infestado amplias zonas y amenazan gravemente la seguridad alimentaria de 13 millones de personas. 

De no llevarse a cabo el programa conjunto de lucha contra la langosta 2013-16 de la FAO y el gobierno malgache, se verían comprometidos los más de 28,8 millones de dólares EEUU movilizados hasta ahora y podría desencadenarse una crisis de seguridad alimentaria en gran parte del país. Para completar el programa contra la langosta son necesarios ahora 10,6 millones de dólares, que incluyen el monitoreo y las operaciones de fumigación previstas hasta el final de la temporada de lluvias en mayo de 2015.

La plaga de langostas que comenzó a propagarse a través de Madagascar en 2012 fue detenida con éxito el año pasado, pero el riesgo de que se reinicie es alto durante la temporada lluviosa, que ofrece condiciones de crecimiento ideal para los insectos. "Es fundamental actuar ahora para garantizar que los grandes esfuerzos realizados hasta el momento, a nivel financiero y técnico, se aprovechen y no se pierdan", advirtió Dominique Burgeon, Director de la División de Emergencias y Rehabilitación, de la FAO.

"La campaña en curso –añadió- es esencial para reforzar la reducción de la plaga, evitando cualquier repunte, y continuar luego hacia la eliminación completa de la langosta”.

"El coste de cesar las actividades de lucha contra la langosta sería mucho mayor que el dinero gastado hasta ahora. Por ello es indispensable que la comunidad internacional mantenga el rumbo y complete el Programa de respuesta de emergencia contra la langosta", subrayó por su parte Patrice Takoukam Talla, Representante de la FAO en Madagascar.

No hay tiempo que perder

El primer trimestre del año es especialmente importante, ya que corresponde a la segunda generación de crías y a la formación de bandas de insectos jóvenes sin alas (denominados saltamontes o tolvas). Son más fáciles de combatir, ya que son más sensibles a los plaguicidas y se mueven más lentamente que los adultos alados.

Como durante un año ya se han llevado a cabo con éxito las operaciones de control, estos saltamontes son propensos a formar a grupos más pequeños, que sin embargo hace que sean más difíciles de encontrar y requiere más vigilancia terrestre y aérea. Biológicamente, incluso una breve interrupción de dos meses en la vigilancia y las operaciones de fumigación podría anular gran parte de los avances logrados hasta el momento.

La producción alimentaria desciende en el sur

Hasta un 40 por ciento de los cultivos del sur de Madagascar se ven amenazados por la plaga de langosta, combinada con las sequías y los ciclones a los que la isla es propensa, según la FAO.

Más de tres cuartas partes de la población en las regiones meridionales de Atsimo-Andrefana y Androy -donde la producción de maíz y de yuca han disminuido drásticamente y la de arroz está muy por debajo de la media- se enfrentan actualmente la inseguridad alimentaria, sobre todo en comparación con un año antes (Más información).

Programa exitoso

La FAO, en colaboración con el gobierno malgache, diseñó un programa trienal de 39.4 millones de dólares iniciado en 2013, que ya ha controlado más de 30 millones de hectáreas -un área casi tan grande como Japón- y tratado más de 1,3 millones de hectáreas infestadas de langosta con plaguicidas y plaguicidas biológicos, todo ello sin provocar ningún impacto en la salud humana y el medio ambiente.

La FAO también ha invertido recursos en la capacitación de personal para que Madagascar tenga la capacidad nacional adecuada para vigilar y combatir los insectos

Los 29 millones de dólares recaudados hasta ahora en apoyo de esta campaña proceden de los gobiernos de Austria, Bélgica, Francia, Italia, Japón, Madagascar (a través de un préstamo del Banco Mundial), Noruega y Estados Unidos, así como de la Unión Europea, el Fondo Central para Emergencias de las Naciones Unidas y del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Argelia, Mauritania y Marruecos también donaron los plaguicidas.