Seguridad alimentaria

Las proyecciones de la FAO indican que para el año 2050 será necesario un aumento del 60% en la producción de alimentos respecto a los niveles de 2005-2007 para responder a la creciente demanda de los mismos y esto dependerá en gran medida de aumentos en la productividad. Más aún, a medida que la población aumenta y la economía crece, se espera que la demanda mundial de energía y agua aumente también un 40%. Si el mundo quiere cumplir su compromiso de reducir a la mitad el hambre y la pobreza antes del año 2015 y ayudar a los países de ingresos bajos a cubrir sus necesidades básicas energéticas para  el año 2030, tendremos que responder a estos retos relacionados con los alimentos, el agua y la energía.

• En su conjunto, la cadena agroalimentaria consume el 30% de la energía disponible en el mundo- siendo más del 70% de esta energía consumida fuera de la explotación agrícola.
• Cerca de un tercio de la energía utilizada en la cadena agroalimentaria se pierde con el desperdicio de alimentos.

Los sistemas agroalimentarios no solo necesitan energía, sino que también pueden producirla. Por esta razón tienen un rol único que desempeñar a la hora de aliviar la ‘pobreza energética’.

• Casi 3.000 millones de personas tienen acceso limitado a servicios modernos de energía de calefacción y cocina, y 1.400 millones tienen acceso nulo o limitado a electricidad.

Hoy día existe una amplia brecha entre la demanda de energía y el acceso a la misma, y la demanda aumentará sin duda a medida que los países se desarrollen. El uso medio per cápita de energía en los países con bajos ingresos es un tercio de la media en los países con ingresos medios, cuya media representa a su vez un quinto de la demanda media de energía per cápita en los países con ingresos altos.  

Desde la óptica del desarrollo rural, el acceso a la energía es fundamental para la provisión de bienes y servicios que puedan mejorar la productividad agrícola y originar nuevas oportunidades para la generación de ingresos. El aumento de servicios energéticos en las zonas rurales tiene el potencial de impulsar el desarrollo agrícola aumentando la productividad a través, por ejemplo, de la irrigación, y mejorando la elaboración y almacenamiento de alimentos.

Bioenergía y seguridad alimentaria

Hasta la fecha, la premura por desarrollar alternativas de bioenergía a los combustibles fósiles ha propiciado su avance sin tener una comprensión adecuada de todos los costes y beneficios de esta forma de energía. Los impactos de la bioenergía, y especialmente los biocombustibles, sobre los precios de los alimentos, el crecimiento económico, la seguridad energética, la deforestación, el uso de la tierra y el cambio climático son complejos y tienen múltiples aspectos que deben ser considerados. Estos impactos variarán en gran medida dependiendo de la materia prima, los métodos de producción y la localización. Además, los consumidores y los productores se verán afectados de forma distinta.

El Planteamiento sobre Bioenergía y Seguridad Alimentaria (BEFS) apoya a países a desarrollar políticas basadas en la generación de información oriunda del país y a través de una plataforma de dialogo interinstitucional constituida de los actores nacionales pertinentes, a fin de contribuir al desarrollo agrícola y rural de una manera climática responsable.

última actualización:  jueves 7 de febrero de 2013