Historias desde el terreno: Georgette, campesina en Akkar, Líbano

Georgette llega a casa y pone sobre la mesa varios tipos de quesos y bebidas frías de la explotación agrícola que lleva su nombre. En la aldea de Halba, una tradición agrícola arraigada ha transmitido de generación en generación el arte de fabricar productos lácteos y derivados para proporcionar proteínas esenciales a la dieta. La bebida de yogur (laban), el queso de yogur (labneh), el queso halloumi y el queso chanklish se venden ahora en toda la región y en ciudades importantes del país como Trípoli, Sidón y Beirut.

Pero la mesa no siempre ha estado tan bien surtida.

Historia de éxito

Tras una evaluación en 2006 a raíz de la devastación causada por la guerra, los proyectos de emergencia se completaron en un tiempo récord y Líbano recibió 45 millones de dólares EEUU para la reconstrucción. Durante los dos primeros años, una revisión de los proyectos hortícolas y ganaderos en el sur del país identificó necesidades adicionales en el sector agrícola.

Para satisfacer estas necesidades, el Gobierno del Líbano solicitó la ayuda de la FAO para el sector lácteo, de gran importancia para esta región, famosa por sus excelentes quesos. Esta petición se materializó en el Fondo de Recuperación del Líbano (LRF) –Proyecto lechero de la FAO: Activos conservados y medios de subsistencia sostenibles de los pequeños agricultores en el Líbano, financiado por la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo. Las encuestas de campo de la FAO habían identificado las necesidades reales de los agricultores en una zona que se extiende desde la Bekaa occidental (localidad de Rashaya) hasta el norte del Líbano (Akkar) y que incluye muchos pueblos en el Valle de la Bekaa, en torno a la ciudad de Zahle, la ciudad romana de Baalbek y Hermel.

Los precios de la leche perjudican a los agricultores

Las conclusiones de una consulta de seis meses a miles de agricultores fueron un verdadero shock: los precios de la leche eran demasiado bajos y las condiciones de higiene eran peligrosas para los pequeños agricultores y los consumidores.

Antes del proyecto, la mayoría de los agricultores transportaban su leche en vehículos o furgonetas inadecuadas expuestas a las inclemencias del tiempo. Como no eran capaces de evitar que la leche se echara a perder, se veían obligados a venderla barata a la más mínima queja de la fábrica, ya que la leche solamente se conservaba cuatro horas después de ser ordeñada. Por otra parte, estos pequeños agricultores prácticamente no tenía poder de negociación, porque las tres cuartas partes tenían menos de 15 vacas (dos tercios poseían entre una y 6 vacas).

Para dar una respuesta armonizada a esta situación, el equipo del proyecto comenzó agrupando a los agricultores en cooperativas con la condición de que todos los miembros vivieran en el pueblo y fueran productores locales de leche. Los agricultores más motivados recibieron formación en higiene e inocuidad alimentaria y se les proporcionó el equipo necesario.

A pesar de este buen comienzo, los comerciantes de leche continuaron dictando las condiciones y podían imponer el precio que deseaban porque tenían un monopolio. Así, después de mejorar las condiciones de trabajo de los agricultores, reorganizar la recogida de leche resultaba esencial. Para aumentar el poder de negociación de las asociaciones lecheras sobre los precios de la leche, el proyecto proporcionó centros de recogida con camiones refrigerados para ayudar a la distribución. Las mujeres de las pequeñas lecherías fueron iniciadas en la fabricación y comercialización de productos lácteos tradicionales cumpliendo con las nuevas normas de higiene.

Las cooperativas no solo han equipado a campesinas como Georgette, sino también a más del 80 % de los comerciantes y vendedores ambulantes de leche que ahora han pasado a formar parte del proyecto de la FAO.

Ahora todo es mejor

Los agricultores pobres de esta región tienen ahora tanques de leche, latas de acero inoxidable, máquinas de ordeñar y equipos de inspección. La leche se analiza en el laboratorio para comprobar su pH, contenido de agua y grasa, y su calidad antes de ser vertida de las latas a los tanques para su almacenamiento. Por último, se bombea a camiones cisterna refrigerados para su transporte a las fábricas, donde se transforma en productos lácteos.

“Solíamos trabajar hasta 20 horas al día para ganar dinero suficiente para sobrevivir y empezar todo de nuevo al día siguiente. Vendíamos nuestra leche cruda a las fábricas, que fijaban el precio a su antojo. Siempre muy bajo. A veces nos hacían llorar. Pero el proyecto de la FAO ha cambiado todo eso. Ahora podemos llevar a nuestros hijos a la escuela local y verlos crecer. Ya no damos abasto para satisfacer la demanda de los pueblos de los alrededores y la capital. A través del boca a boca, la gente viene de todas partes para comprar nuestros quesos", dice Georgette, y añade: "Pascal no ve el momento de deshacerse de la camioneta, incapaz de circular por las estrechas carreteras de montaña cubiertas de nieve. Si no ha regresado a casa al anochecer, me pongo a rezar. Nos gustaría comprar un camión refrigerado para distribuir la leche. Esto le permitiría viajar por la región de forma segura, incluso hasta Beirut”.
 
Agradecimiento a Nasser Brahimi
09/12/2014