De la huerta a la mesa


Las frutas y hortalizas son elementos básicos en toda canasta básica familiar. La OMS recomienda un consumo de 400 gr/capita/día, y estudios muestran el enorme impacto potencial del aumento de la ingesta de frutas y verduras como medida de reducción de la incidencia de numerosas enfermedades no transmisibles que provocan aproximadamente 2.8 millones de muertes cada año. Sin embargo, y a pesar de las campañas de promoción en muchos países de la región, el consumo de este grupo de alimentos no alcanza siquiera la cuarta parte de lo recomendado. Las causas que acompañan la baja preferencia de las familias por las frutas y vegetales a la hora de pensar en su alimentación son variadas, y van desde aspectos económicos relacionados con el acceso hasta aspectos culturales y hábitos relacionados con prejuicios y desconocimiento. Uno de los componentes que han generado buena recepción entre la población y éxito a la hora de promover el consumo de frutas y vegetales es la implementación de huertas familiares, tanto con campesinos como con residentes urbanos. Estas huertas implementadas considerando tecnologías de producción sostenible, producen hasta 32 especies de alimentos entre frutas y vegetales, y pueden incluir hojas, tallos, raíces, flores, bulbos, frutos, plantas medicinales y aromáticas, entre otras. Hoy en día las huertas familiares florecen en muchos países de la Región, pero la promoción del consumo de los alimentos que allí crecen sigue siendo un desafío. Los proyectos e iniciativas públicas y privadas de huertos familiares de FAO siempre incorporan campañas de promoción del consumo de frutas y vegetales, incluyendo actividades como talleres de educación nutricional, ferias de alimentos saludables y recetarios, que son las que mejor acogida tienen entre la población. Sin embargo, estos esfuerzos no son suficientes y es necesario fortalecer todas las alternativas.

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