Afganistán: donde el agua significa alimentos


Reconstruir redes hídricas centenarias para una mejor producción alimentaria

Vista del río Hari. @AFP Image Forum Jane Sweeney/Robert Harding Heritage/ robertharding

La agricultura supone más de un tercio de la economía de Afganistán y emplea a alrededor de tres cuartas partes de su población.

Hasta el 85 por ciento de los alimentos del país proviene de la agricultura de regadío.

Los campesinos han confiado durante siglos en el Hari Rud (“Rud” significa “río” en persa) para regar sus tierras. Fluye a lo largo de más de 1 000 kilómetros, atravesando las montañas de roca roja del centro y oeste de Afganistán, y continuando hacia Turkmenistán.

Los márgenes y cuencas hidrográficas de los ríos han sufrido mucho a causa de la explotación incontrolada del agua, el pastoreo excesivo, la deforestación y la degradación gradual del medio ambiente.

Décadas de desorden social han hecho igualmente imposible mantener y reparar de forma adecuada las redes hídricas del país.

Recuperar el Shaflan: uno de los principales y más antiguos canales del río Hari Rud

Para abordar esta cuestión, la FAO, el Gobierno afgano y sus asociados han estado trabajando para restaurar y mejorar diecisiete canales para el riego, que dan agua a 10 000 hectáreas de tierras en el distrito de Pashtun Zarghun, al oeste de Afganistán.

Un acueducto canaliza el agua a través de un estrecho valle. Un divisor de agua con protección para los márgenes del río. @FAO/Wahidullah Iodin.

Uno de los canales se llama Shaflan, una de las principales y más antiguas conducciones de agua del Hari Rud. Más de 60 000 personas de 26 aldeas dependen de él para producir sus alimentos.

Como parte de la rehabilitación del canal Shaflan, el proyecto permitió la construcción de una estructura de admisión, con 23 divisores de agua, siete tomas de agua, dos acueductos, tres muros de protección y trece sistemas de goteo.

Esto permitió a los agricultores ampliar la superficie de sus campos de 3 600 a 4 200 hectáreas, cultivando más trigo, cebada y especias como el azafrán. Las mujeres también pudieron establecer huertos para obtener hortalizas. Ambos logros conllevan una mayor seguridad alimentaria y cohesión social.

El doble de agua y con menor coste

Agricultores afganos de Herat trabajando en su campo de trigo, irrigado gracias al proyecto. ©FAO/Shah Marai

Afganistán cuenta con un sistema tradicional de gestión del agua de riego llamado “Mirab”, compuesto por agricultores y los ancianos de las aldeas.

Se capacitó a más de 500 campesinos para mantener y operar los 17 canales, y tomar medidas para evitar daños futuros. Entre ellos se encontraba Habibulah.

“Antes –explica- teníamos que contratar trabajadores, comprar pilas de madera y bolsas de plástico para reparar las partes erosionadas del canal y desviar el flujo del río hacia el canal principal. Era costoso Cada año, pagábamos más de 500 000 afganis: el equivalente a 7 000 dólares EEUU (los agricultores ganan un promedio de 1 440 dólares anuales). No podíamos controlar las fugas de agua, y siempre había disputas a causa de ello entre las aldeas, ya que nos faltaba agua constantemente”.

“Ahora la estructura de admisión permanente permite un flujo de agua controlado y regulado en el canal principal para regar por completo las tierras durante todo el año”, añade Habibulah.

En pocas palabras, los campesinos tienen ahora el doble de agua y a un coste más reducido. Más agua significa más alimentos para comer y vender para lograr ingresos adicionales y, en última instancia, una vida mejor.

Este proyecto fue posible gracias al apoyo del Banco Islámico de Desarrollo.

En conjunto, los proyectos hídricos de la FAO han rehabilitado cerca de 800 000 ha de tierras de regadío, beneficiando a más de 800 000 familias de agricultores.

Más información sobre la labor de la FAO en Afganistán.


Video: Amansar las aguas de Afganistán. Otro proyecto de rehabilitación del sistema de agua fue posible gracias a Japón y al Banco Mundial.