Apoyar a la población de la República Democrática del Congo cuando más lo necesita


Entrevista a Alexis Bonte, Representante interino de la FAO en la RDC

El Representante en funciones de la FAO en la República Democrática del Congo (RDC), Alexis Bonte (en azul, al frente) acompañado de sus colaboradores y personas que huyen de la violencia en un campo para desplazados internos apoyado por la FAO en Kalemie, en la región de Tanganyika, en la RDC. ©FAO/Frank Ribas

Alexis Bonte es el Representante en funciones de la FAO en la República Democrática del Congo. Explica cómo es la vida de millones de personas afectadas por el conflicto y el hambre, y qué debe hacerse para abordar esta situación extrema.

P: La RDC se ha visto duramente golpeada por la violencia y la inestabilidad política. ¿Cuál es ahora la situación? ¿Cómo se las arregla la población?

R: Durante los últimos dos años, hemos visto a más y más personas huir de sus hogares, sobre todo en las zonas rurales de las regiones de Tanganyka, Kasaï, Kivu Sur y Maniema, y de forma más reciente en Ituri. Estas personas no están huyendo sin motivo. Están huyendo a causa de la violencia.

A pesar de la increíble solidaridad de las comunidades, la situación humanitaria ha empeorado debido a una combinación de tensiones políticas, presiones económicas y un aumento de los conflictos locales.

Gracias a la generosidad de las familias locales que acogen a aquellos que se encuentran desarraigados, lo más probable es que nunca lleguemos a una situación de hambruna, pero la cantidad de personas hambrientas nunca ha sido tan elevada. Unos 7,7 millones de personas padecen hambre aguda (agosto de 2017, datos más recientes), lo que supone un aumento del 30 por ciento desde el año anterior.

Todas las mujeres que conocí en Kasaï y Tanganyika cuentan la misma historia: sus maridos han sido asesinados o han desaparecido, no saben dónde están algunos de sus hijos y perdieron todas sus pertenencias cuando huyeron de sus aldeas.

Mujeres y niños desarraigados por la violencia se sientan junto a su cabaña en un campo para desplazados internos apoyado por la FAO in Kalemie, Tanganyika (izqd). Una mujer desplazada en Kananga, en la región de Kasaï central (dcha). “Todas las mujeres que conocí en Kasaï y Tanganyika cuentan la misma historia: sus maridos fueron asesinados o desaparecieron, no saben dónde están algunos de sus hijos y perdieron todas sus pertenencias cuando huían de sus aldeas", explica el Representante interino de la FAO en la RDC Alexis Bonte. ©FAO/Frank Ribas

Una mujer que conocí la semana pasada en Miabi (región de Kasaï Oriental) me explicó que tenía que trabajar más junto con la persona desplazada que tiene acogida para poder atender ahora las necesidades de dos familias.

Cuando las comunidades resultan desplazadas, todos sufren. Algunas familias me dijeron no habían podido comer una fuente de proteínas animales desde hace más de dos meses.

Unos 4,6 millones de madres y niños necesitan apoyo nutricional.

Más de 4 millones de personas –de los que más de dos tercios son mujeres y niños-, luchan por sobrevivir en su situación de desplazados, con familias de acogida o en campamentos. Se trata del mayor número de personas desplazadas en el continente africano.

Además, ha existido un flujo constante de refugiados desde las vecinas Burundi, República Centroafricana y Sudán del Sur, pero también de congoleños hacia Uganda y Angola.

En conjunto -según la comunidad humanitaria-, más de 13 millones de personas necesitan ayuda urgente, lo que equivale a una de cada cinco personas en las áreas rurales.

P: ¿Qué debe hacerse para mejorar esta situación?

R: Le hice la misma pregunta a una mujer desplazada. Y me contestó: "nin taka kula na Amani" - "Solo quiero comer en paz".

Lo más importante es terminar con la violencia; afecta a millones de personas y beneficia solo a unos pocos.

Para las organizaciones de ayuda como la FAO, la financiación es el problema más grave. En algunas áreas, también lo es el acceso.

La mayor parte de la región de Kasaï está ahora en calma, y tenemos la oportunidad de ayudar a las personas necesitadas. Nuestro próximo gran objetivo es apoyar a la población durante la temporada de siembra de septiembre.

En las áreas afectadas, la agricultura es el único sector que puede producir alimentos, y al mismo tiempo generar empleos e ingresos y devolver las esperanzas a la gente.

Hasta la fecha, la FAO necesita alrededor de 100 millones de dólares EEUU para garantizar que las familias puedan reanudar la producción de alimentos. Tenemos solamente el 20 por ciento de lo que necesitamos para 2018. La falta de fondos sigue representando una seria preocupación.

Para las mujeres desplazadas por la violencia, la agricultura es una forma de volver a levantar la cabeza y enfrentarse de nuevo al futuro con dignidad y esperanza. Mujeres desplazadas trabajando en su huerta in Kalemie, región de Tanganyika, gracias al apoyo de la FAO. ©FAO/Frank Ribas

P: Existe el temor de que el país pueda caer en más conflictos, similares a los de 1997-2003 que provocaron la muerte de 5 millones de personas. ¿Todavía hay esperanza a pesar del sufrimiento permanente y el deterioro de la situación humanitaria?

R: Trabajé en la RDC desde 1998 hasta 2005. Desafortunadamente, más de 10 años después, la situación no ha cambiado realmente en algunas áreas, como Kasaï, Tanganyka e Ituri, especialmente en términos de derechos humanos.

Pero en otras áreas como Kindu y Kisangani, observamos mejoras. El país tan solo necesita paz y estabilidad para salir adelante. La naturaleza y la población rural son tan generosas que la situación puede mejorar rápidamente si se logra la estabilidad.

A pesar de la complicada situación, hay grandes oportunidades para la recuperación temprana y el desarrollo a más largo plazo; la RDC posee una enorme riqueza natural y la resiliencia de su población.

En Bulongo (región de Kasaï), 800 lugareños, liderados por un ingeniero agrónomo del Ministerio de Agricultura, han puesto en marcha una plantación de 2 500 hectáreas (un cuadrado de 5 km x 5 km). Todo esto usando solo azadas. Ese es el campo no mecanizado más grande que he visto en mi vida. Ahora llaman a su aldea "Bulongo Paris", porque les está yendo bien.

Siempre hay esperanza, y siempre hay razones para seguir confiando.

Acabo de regresar de una visita a la región de Kasaï, a Tshimbulu, donde la gente ha sufrido de forma inimaginable. Conocí mujeres que perdieron a sus maridos o a sus hijos en los combates. Para ellos, la agricultura es una forma de volver a ponerse de pie y enfrentarse de nuevo al futuro con dignidad y esperanza.

Está claro que la paz, el fin de la violencia son primordiales. Pero también lo es la ayuda continua. Debemos apoyar a la población de la RDC en el momento en que más lo necesitan. No podemos abandonar a la gente en el año de su búsqueda de la democracia.

P: ¿Cómo está ayudando la FAO a la población de la RDC? ¿Qué podría hacer la FAO si su respuesta se lograse financiar por completo?

R: En zonas afectadas por conflictos -como las regiones de Kasaï y Tanganyika- donde los niveles de hambre son más elevados, la FAO suministra semillas de hortalizas y herramientas manuales para impulsar la producción alimentaria y aumentar la disponibilidad de alimentos nutritivos entre las comunidades desplazadas y de acogida.

Rising needs in the Democratic Republic of the Congo

Trabajamos codo a codo con el Ministerio de Agricultura y otras organizaciones como el PMA y el FIDA, complementando el trabajo de los demás. Una familia que recibe ayuda alimentaria de emergencia del PMA, por ejemplo, recibe también semillas y aperos de la FAO. De esta forma tienen alimentos y no recurrirán a comerse las semillas que están destinadas a plantar y producir alimentos a largo plazo. Debemos además reconocer el trabajo de las ONG, nacionales e internacionales. Están en primera línea.

En regiones como Kivu -afectadas por crisis prolongadas-, estamos revitalizando la economía y la agricultura. Ofrecemos capacitación e insumos como semillas, herramientas, tecnologías aptas para pequeños campesinos y equipos de procesado para desarrollar la capacidad de los agricultores de producir más alimentos y almacenar y comercializar mejor sus productos. También vinculamos a los agricultores con los mercados para que puedan vender sus productos y tengan más ingresos y estables.

En otras regiones, damos dinero en efectivo a los campesinos que se dedican a prácticas agrícolas o ambientales sostenibles, como la reforestación. Este dinero fortalece los planes de ahorro y crédito basados en las aldeas (VSLA, por sus siglas en inglés), brindando a las comunidades rurales acceso al crédito para diversificar sus fuentes de ingresos.

Trabajamos con socios con experiencia en consolidación de la paz para sentar las bases de resultados económicos duraderos. Estas actividades incluyen poner en marcha un diálogo comunitario y mecanismos participativos para alcanzar la paz y la reconciliación.

Nos centramos en ayudar a las mujeres. Las mujeres y los niños son siempre los primeros objetivos de los responsables de la violencia, por lo tanto, son nuestra primera prioridad.

En 2018, si la financiación lo permite, la FAO pretende ayudar a alrededor de 3 millones de personas a combatir el hambre, restaurar la producción alimentaria y crear medios de vida más resilientes. Para ello, la FAO necesita urgentemente 100 millones de dólares EEUU.

P: Además de la falta de fondos, ¿cuáles son los desafíos a los que se enfrenta la FAO en la RDC?

R: El acceso constituye un problema grave en algunas provincias, como Ituri y Tanganyka, y en zonas de Kivu Norte. Es más difícil contar con personal en estas áreas. Confiamos mucho en los socios locales para implementar las actividades. Solo a través de las ONG congoleñas y del personal local del Ministerio de Agricultura podemos llegar a estas poblaciones aisladas.

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