Celebrando la diversidad en frutas y verduras


Respetar -y no juzgar-, nuestros alimentos

Nicole Klaski, fundadora de THE GOOD FOOD, encuentra una papa con forma de corazón mientras examina productos desechados en una granja local. El año pasado, la explotación tuvo que descartar cerca de la mitad de su cosecha de papas. ©FAO/Gregory Beals

Las zanahorias tienen forma de patas de gallo. Los pepinos están torcidos. Las papas tienen forma de corazón o son demasiado pequeñas. A la mazorca de maíz le faltan unos cuantos granos. Para la mayoría de los supermercados alemanes, estas hortalizas de aspecto peculiar no merecen estar los estantes. Muy a menudo terminan en el contenedor de la basura.

Pero para Nicole Klaski -una cruzada en la lucha contra el desperdicio de alimentos-, representan algo hermoso y valioso. Hace dos años, Klaski fundó el primer supermercado alemán que recupera hortalizas con formas extrañas de los campos y las pone en los estantes para que la gente las compre. “Imagínate si todas las personas en el planeta fueran exactamente iguales. Sería aburrido”, asegura. “Lo mismo ocurre con las hortalizas. Deberíamos estar celebrando su diversidad”.

Alemania desperdicia cada año cerca de 11 millones de toneladas de alimentos y Klaski está decidida a hacer algo al respecto. Hace dos años, esta joven de 35 años fundó THE GOOD FOOD (“Los buenos alimentos”), un supermercado dedicado a combatir el desperdicio alimentario. Cada semana, Klaski y un grupo de voluntarios salen a visitar granjas para rescatar productos que han sido rechazados por su forma demasiado extraña o por ser excesivamente pequeños para las grandes cadenas de supermercados.

Los voluntarios de THE GOOD FOOD trabajan hasta altas horas de la madrugada trayendo productos frescos. Mientras tanto los clientes siguen comprando. ©FAO/Gregory Beals

Además de recolectar hortalizas del campo, el grupo recupera también alimentos que pueden estar llegando a su fecha de caducidad en los supermercados locales, muchos de los cuales a menudo pueden aprovecharse. Luego estos productos se venden en su establecimiento de Colonia al precio que los clientes consideren justo.

El proceso de recolección y venta de alimentos da oportunidad para que más de 70 voluntarios y miles de clientes se reúnan para conversar sobre cómo apreciar realmente los alimentos y todo lo que se necesita para producirlos, así como la mejor manera de reducir el desperdicio alimentario. Pero este movimiento positivo no termina en la tienda, ¡está creando una comunidad anti desperdicios de alimentos! La heladería de la calle utiliza bananas de THE GOOD FOOD, y las personas mayores interactúan con los jóvenes, compartiendo su amor por los alimentos. Además, el restaurante indonesio de la esquina elabora comidas con productos olvidados recolectados en los campos de las cercanías de Colonia.

Nicole Klaski, de 35 años de edad, es la fundadora de THE GOOD FOOD, una organización con sede en Colonia que busca combatir el desperdicio de alimentos trabajando con los agricultores para recuperar alimentos que las cadenas de supermercados consideran demasiado feos para vender. ©FAO/Gregory Beals

Heinrich Hannen, propietario de la granja Lammertzhof, en Kaarst, lleva suministrando hortalizas a THE GOOD FOOD desde sus inicios. Considera que estos esfuerzos son solo un grano de arena en la lucha global contra el desperdicio de alimentos, pero así es como comienzan todas las grandes ideas. “Si quieres cambiar el mundo, debes comenzar contigo mismo”, explica. “Eso es lo que estamos haciendo”.

Las causas de las pérdidas y el desperdicio de alimentos en los países de ingresos medios y altos se asocian a menudo con el comportamiento del consumidor y con la falta de coordinación entre los diferentes actores en la cadena de suministro. Por ejemplo, las frutas y hortalizas con frecuencia se desechan porque no cumplen con los estándares comerciales de calidad. Las que no alcanzan la perfección en su apariencia –a nivel de forma, color, tamaño o presentan defectos y/o golpes- son muchas veces rechazadas por los compradores.

Sin embargo, cuando desechamos frutas y hortalizas, también estamos desperdiciando los recursos preciosos (semillas, tierra, mano de obra, agua e insumos) que se utilizaron para producirla y la energía y la mano de obra empleadas para recolectarla, prepararla para su venta y transportarla hasta los mercados o supermercados.

Desperdiciar menos, comer mejor y adoptar un estilo de vida sostenible son claves para construir un mundo sin hambre. Las decisiones y las medidas que adoptemos hoy son vitales para nuestro futuro de #HambreCero.


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