El conocimiento tradicional asegura un futuro para los jóvenes agricultores de Tanzania


La 'kihamba' protege el futuro de los bosques y los agricultores de las laderas del Kilimanjaro

Para la comunidad chaga que vive en las laderas del Monte Kilimanjaro, el Kihamba (terreno con una casa y un huerto) es una parte esencial y tradicional de la vida de los jóvenes. © FAO/Felipe Rodríguez

06/12/2019

En las laderas del monte Kilimanjaro, en la aldea de Shimbwe Juu de la comunidad chaga, gran parte de la zona está dividida en "Kihamba", parcelas de tierra con una casa y un jardín tradicionales. Aquí, el Kihamba ayuda a formar un sistema agroforestal de múltiples capas que cuenta más de 500 tipos de plantas y es rico en biodiversidad. El café, el ñame, el plátano, el jengibre, el taro y la mandioca crecen entre árboles frutales que son irrigados incluso en la estación seca por una red de canales de agua que fluyen a lo largo de 17 kilómetros por la ladera de la montaña. Este sitio está reconocido por la FAO como un Sistema Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), un lugar que ejemplifica cómo conocimientos tradicionales preservan, protegen y gestionan de forma sostenible los recursos naturales de la zona.

Según la tradición chaga, el kihamba se transmite de generación en generación y se considera el centro de la vida familiar. Sin embargo, a pesar de que la agricultura proporciona empleo a la mayoría de la población de Tanzania y de que este sector representa el 26,7% del Producto Interior Bruto del país, muchos jóvenes no ven la agricultura como una carrera profesional viable.

Diomedes Kalisa, Oficial de Programa de la FAO en Tanzania, explica: "Los jóvenes están empezando a mostrar poco o ningún interés en buscar oportunidades de empleo en el sector agrícola. Han visto a sus familias pasar apuros, por lo que no creen que ser agricultor siempre significa poder alimentar a tu familia e incluso mejorar tus ingresos cuando las condiciones son adecuadas".

Sin embargo, la agricultura puede proporcionar más oportunidades de las que los jóvenes se imaginan, y el programa de la FAO sobre SIPAM ayuda a maximizar el potencial de la agricultura de proporcionar formación especializada a los agricultores locales. 

Remy Temba, que ha vivido en su kihamba desde que era pequeño, describe: "Antes de recibir la formación de la FAO no producíamos tantas frutas y verduras. Me enseñaron a usar fertilizantes orgánicos, podar bien los cafetos y cultivar más verduras y una mayor variedad de frutas que nunca había pensado en cultivar". Esto ha mejorado la seguridad alimentaria de los agricultores de la zona y les ha permitido cultivar productos adicionales, que pueden vender, aumentando también su seguridad financiera.

Izda: Los kihamba y el sistema agroforestal del que forman parte son vitales para preservar la increíble biodiversidad de la zona. Decha: Elizabeth Kilewo con su familia. El kihamba es el centro de la vida familiar. ©FAO/Felipe Rodríguez

James, el hijo menor de Remy, tiene 18 años y está orgulloso del kihamba de su familia. Habla sabiamente, lo que no siempre es común en los jóvenes.

"Veo tres beneficios principales en nuestro cultivo tradicional: estamos protegiendo el medio ambiente; estamos comiendo alimentos nutritivos y orgánicos, y tenemos algunos ingresos a través de la venta de productos y animales".

Los aldeanos de Shimbwe Juu y sus alrededores están orgullosos de su cultura y su patrimonio. Sin embargo, debido a la escasez de tierras y al crecimiento de la población, los hermanos que no heredarán tierras pueden mudarse a ciudades u otros terrenos agrícolas más alejados, pero los kihamba siguen siendo fundamentales para su identidad.

La vecina de Remy, Elizabeth Kilewo, que ganó una beca para ir a la escuela secundaria y sueña con ser abogada, describió cómo el Kihamba siempre será su casa. Ella regresa cada día de fiesta no para relajarse, sino para trabajar en la tierra.

El "kihamba" de la comunidad Chaga está reconocido como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). Al combinar biodiversidad y ecosistemas resistentes, los SIPAM han resistido la prueba del tiempo y pueden proteger la seguridad alimentaria de muchas comunidades, incluso en un clima cambiante. ©FAO/Felipe Rodríguez

Los jóvenes se sienten obligados a preservar su kihamba, que a su vez protege el agrobosque, del que es una pequeña parte. Los árboles y la densa vegetación del kihamba contribuyen significativamente al almacenamiento de carbono tanto en la superficie como en el subsuelo y protegen la tierra en las laderas del Monte Kilimanjaro. Las comunidades urbanas y las granjas comerciales de las tierras bajas dependen en gran medida del Monte Kilimanjaro, que propoprcuiona agua dulce a toda la región.

Hay muchos beneficios en las prácticas agrícolas tradicionales del kihamba. Ambos son respetados por sus propias comunidades y celebrados globalmente como un SIPAM. Por esta razón, la aldea de Shimbwe Juu fue seleccionada para formar parte del programa SIPAM de la FAO, cuyo objetivo es preservar, mejorar, promover y celebrar las técnicas agrícolas y los sitios del patrimonio agrícola en todo el mundo. Combinando biodiversidad y ecosistemas resistentes, los sitios SIPAM han resistido la prueba del tiempo y garantizan la seguridad alimentaria de muchas comunidades, incluso en un clima cambiante.

En Tanzania, donde casi un 50% de la población es menor de 15 años, es fundamental garantizar oportunidades de subsistencia decentes para la juventud rural. El apoyo y la promoción de la FAO al empleo de los jóvenes en el sector agrícola han dado lugar a la revisión de la Política Agrícola Nacional de Tanzania, que ahora incluye disposiciones sobre la participación de los jóvenes en la agricultura y el empleo rural decente. Estas políticas son la base para proporcionar a los jóvenes oportunidades para el futuro y lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 8, que consiste en garantizar un trabajo decente para todos.


Más información:

1. No poverty, 2. Zero hunger, 15. Life on land