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Diagrama de las regiones oceánicas
Diagrama de las regiones oceánicas
FAO, Departamento de Pesca y Acuicultura

El hábitat

Las profundidades marinas son el mayor hábitat de la Tierra. La superficie que se encuentra a más de 4 000 metros de profundidad cubre un 53% de la superficie marina que, a su vez, abarca un 71% de la superficie del planeta. Los taludes continentales ocupan por si solos un 8,8% de la superficie del mundo, en comparación con un 7,5% de la plataforma continental y los mares poco profundos. Se trata de un entorno bastante oscuro y frío, mucho menos productivo que los mares menos profundos.

La masa acuática marina profunda se puede dividir en cuatro zonas:

  • mesopelágica (150 -1 000 m);
  • batial (1 000 – 3 000 m);
  • abisal (3 000 – 6 000 m);
  • hadal (más de 6 000 m de profundidad)

Desde una perspectiva demersal, o del lecho marino, la zona de las profundidades se compone de los taludes continentales (que comienzan en el límite de la plataforma y corresponden a las zonas mesopelágica y batial), la elevación continental, que desciende hasta la planicie abisal, a unos 6 000 m, y los fosos. Las montañas marinas se levantan desde la planicie abisal.

La luz no penetra a más de 1 000 m, e incluso a profundidades de 150 m los niveles de luz se reducen a un 1% de los de la superficie, insuficientes para sostener la fotosíntesis. Por tanto, el material orgánico ha de ser trasladado a las aguas profundas, lo que sucede de distintas maneras. El fitoplancton y el necton muertos se hunden y, aunque buena parte se consume a medida que se deposita, suficientes cantidades llegan a las aguas profundas para sostener a gran parte de la biomasa que se encuentra en ellas.

Muchas especies realizan una vasta migración vertical para alimentarse, se nutren en aguas de superficie y se sumergen durante el día, reduciendo con ello la depredación. De esta forma, la producción de superficie desciende en cascada a través de capas progresivamente más profundas. Tiene una importancia relativamente menor la materia orgánica procedente de cadáveres grandes que se hunden hasta el lecho marino como, por ejemplo, las ballenas muertas y la producción orgánica basada en sulfatos relacionada con los manantiales de agua caliente del fondo del mar. No obstante, la concentración de material orgánico disminuye exponencialmente con la profundidad.

En contraste con ideas anteriores, ahora se sabe que los efectos estacionales en las capas superficiales se transmiten a las regiones oceánicas aún más profundas de manera que, a pesar de la uniformidad física de las profundidades oceánicas, existe una señal de producción anual que se traduce en migraciones estacionales y en ciclos reproductivos de la fauna de aguas profundas.

Peces de aguas profundas

Los peces se reparten en tres grupos principales: peces pelágicos, que viven fundamentalmente en la superficie o en profundidades medias, migran con frecuencia en sentido vertical, pero no dependen en absoluto del fondo; peces demersales, que viven cerca del fondo y dependen en gran medida del mismo, a menudo a pesar de las migraciones verticales, y peces bentopelágicos, que viven cerca del fondo pero realizan breves migraciones en la masa acuática (p. ej. para alimentarse). En general, los peces demersales de aguas profundas proceden de grupos mucho más antiguos desde el punto de vista filogenético que las especies pelágicas (las primeras especies demersales existían hace unos 80 millones de años). Aunque la mayor parte de las familias demersales de aguas profundas se encuentran en todo el mundo, la existencia de cuencas aisladas de aguas profundas delimitadas por los continentes y las dorsales situadas en medio de los océanos han dado lugar a diferencias regionales que se considera son consecuencia de la deriva continental y de la posterior formación de los océanos.

El granadero abisal (Coryphaenoides armatus) tiene una vasta distribución. Con la especie C. yaquinaen, presenta una biomasa estimada de 15 millones de toneladas
El granadero abisal (Coryphaenoides armatus) tiene una vasta distribución. Con la especie C. yaquinaen, presenta una biomasa estimada de 15 millones de toneladas
FAO, Departamento de Pesca y Acuicultura

Mucho sigue sin saberse sobre los peces de aguas profundas y los descubrimientos continúan, tales como el tiburón de boca ancha (un tiburón de 4,5 m. y 750 kg.) y la raya de seis branquias, que suponen la aparición de nuevas familias. Dado que las especies demersales están distribuidas según la profundidad, las que habitan el talud continental y las elevaciones se encuentran repartidas a lo largo de zonas profundas en forma de franjas por los perímetros de los océanos. Cuando las especies pelágicas de aguas profundas y las demersales coexisten, suelen alimentarse las unas de las otras.

Vida, historia, características y productividad

Como los peces epipelágicos, las especies de aguas profundas tienen que desovar, crecer y regresar a la zona del hábitat adulto. Las condiciones extremas de la zona de mar profundo se reflejan en la variedad de estrategias reproductoras que existen. A pesar de las poblaciones reducidas, se dan tanto el hermafroditismo como el dimorfismo sexual extremo y los desequilibrios en la proporción entre los sexos. El Sebastes spp., determinados ofidioides y los tiburones de aguas profundas pueden ser vivíparos y el pseudotriaquida, Pseudotriakis microdon, es ovífago.

A pesar del menor número de especies en los mares profundos, las que existen presentan una variedad de métodos reproductivos que van desde aquellas con una fuerte selección K, que pueden recurrir a la semelparidad (p. ej. el Coryphaenoides armatus , un abundante macrourida), pasando por especies ovovivíparas y ovíparas, hasta aquellas que presentan una fuerte selección r. Y, en la oscuridad perpetua de los abismos, muchas especies dependen de los fotóforos y de la producción de sonido para el reconocimiento dentro de la especie que es necesario a efectos de una buena reproducción.

Muchas especies de aguas profundas crecen lentamente, tan lentamente que la determinación de sus edades verdaderas resulta difícil y es materia de discusión. De algunas especies, en particular el reloj anaranjado (Hoplostethus atlanticus), todavía no se ha demostrado convincentemente la validez de ninguna técnica concreta de estimación de la edad basada en la interpretación de la microestructura de los otolitos. En función de las hipótesis que se formulen, esta especie puede tener una longevidad variable entre 21 y más de 100 años. En razón de estas características biológicas, la mayor parte de las especies marinas de aguas profundas son muy frágiles y muy poco resistentes a la pesca intensiva.

Pesca en aguas profundas

La gran profundidad del mar ha dificultado la explotación hasta hace muy poco tiempo, y debido a la existencia de recursos relativamente más abundantes en mares menos profundos había pocos incentivos para la pesca en zonas de tan difícil aprovechamiento. Hay muy pocas pesquerías antiguas de aguas profundas y las que hay ‒la pesquería portuguesa (Madeira) con línea para el sable negro (Aphanopus carbo), la de las islas del Pacífico para los escolares (Gempylidae) y los peces sable (Trichiuridae) o las pesquerías del África occidental para los tiburones de aguas profundas (destinadas a la extracción del escaleno)‒ fueron en sus comienzos artesanales.

La pesca de reloj anaranjado (Hoplostethus atlanticus) se ha desarrollado recientemente
La pesca de reloj anaranjado (Hoplostethus atlanticus) se ha desarrollado recientemente
FAO, Departamento de Pesca y Acuicultura

Al disminuir las oportunidades de desarrollo de la pesca litoral y la mejora de la tecnología de las artes de pesca y de los instrumentos de navegación, la pesca en aguas profundas creció en el decenio de 1990. Un ejemplo bien conocido de pesquería en aguas profundas recientemente desarrollada es la del reloj anaranjado, una especie que vive en las aguas de los taludes y las de los montes submarinos (así como el lecho marino), especialmente en torno a Nueva Zelandia y el sudeste de Australia, donde se inició esta pesquería comercial. Posteriormente, se extendió a la Cresta de Walvis en el Atlántico sudoriental (Namibia) y al Índico sudoccidental. Incluso existe una pequeña pesquería en el Golfo de Vizcaya. Este pez longevo se acerca a los 40 cm. y 2 kg., aunque su tamaño máximo varía en función de la región. Se desarrollaron unas técnicas de arrastre específicas después de que las primeras capturas masivas en concentraciones de desove, realizadas en cuestión de minutos, dieran lugar a la ruptura de las redes de saco.

El reloj anaranjado es particularmente sensible a los objetos que se le aproximan (quizá se trate de una adaptación para protegerse de los depredadores), de forma que las evaluaciones acústicas mediante el empleo de cuerpos remolcados que contienen un transductor han resultado vanas en algunas áreas. Los niveles máximos sostenibles de aprovechamiento del reloj anaranjado pueden llegar a encontrarse tan solo entre el 5 y el 10% de la biomasa no pescada, lo que corresponde a una mortalidad natural de un 0,04 anual, aproximadamente. Los datos que se recopilan de la disminución de las poblaciones señalan que ninguna de estas pesquerías se explota sosteniblemente y que los rendimientos futuros se aproximarán al 5% de los que se obtenían al principio.

Una pesquería de peces Trichuridae que explota el Aphanopus carbo en el Atlántico es un ejemplo infrecuente de una pesquería de aguas profundas que, por su utilización tradicional del anzuelo y la línea, ha resultado sostenible por un período de unos 150 años. Los adultos de esta especie son bentopelágicos y viven en profundidades de 400 a 1 600 m. La especie se encuentra desde Groenlandia hasta las islas Canarias y a ambos lados de la dorsal del Atlántico medio. Contrariamente a lo habitual para especies de aguas profundas, el A. carbo crece con rapidez y tiene una longevidad de unos 8 años. Sin embargo, al igual que para el reloj anaranjado, hoy se observan los habituales signos desfavorables en esta pesquería. Las capturas crecieron de 1 100 t en 1980 a 3 000 t en 1992. La eficacia de las artes de pesca ha mejorado con la introducción de líneas de monofilamento y con el gran incremento en el número de anzuelos por línea, fijado ahora entre 4 000 y 5 000.

Los Macroudidae son otro grupo de extensa distribución y, en determinados lugares, son abundantes. Son los típicos nadadores pelágicos y viven en la zona media-alta del talud continental. En el Atlántico septentrional existen pesquerías de Macrourus berglax y Coryphaenoides rupestris con redes de fondo en profundidades iniciales de 600 a 800 m, y más recientemente a una profundidad mayor de hasta 1 500 m. Sin embargo, la experiencia de estas pesquerías en las costas de Terranova pone de manifiesto la pauta ya demasiado familiar de un total de capturas permitidas inferior a las decrecientes cantidades desembarcadas de este grupo, según las cifras declaradas. El Coryphaenoides rupestris tiene una longevidad potencial de 70 años, aunque en el Atlántico nordeste la edad de los peces se suele situar entre los 20 y los 30 años. Por tanto, al igual que para las especies de altura, los Macrouridae presentan las características de muchas pesquerías de altura que las hacen vulnerables a la explotación excesiva.

El fletán negro (Reinhardtius hippoglosoides) ha disminuido de tamaño en el último decenio
El fletán negro (Reinhardtius hippoglosoides) ha disminuido de tamaño en el último decenio
FAO, Departamento de Pesca y Acuicultura

Los Pleuronectidae son un grupo muy evolucionado que no suele asociarse con la pesca en aguas profundas, pero existen importantes pesquerías de miembros de este grupo tanto en el Atlántico septentrional como en el Pacífico sur. En el Atlántico, la más conocida ha sido la del fletán negro (Reinhardtius hippoglosoides), en las profundidades del talud continental. Este pez tenía un peso medio de 1 kg, aproximadamente, hasta la mitad del decenio de 1980, pero desde entonces ha disminuido hasta unos 200 g a principios del decenio de 1990.

 
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