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La pesca utiliza recursos renovables y de otro tipo como materias primas de las que depende el sector. Entre los recursos renovables se cuentan las especies acuáticas, la tierra y el agua. Otros recursos se generan artificialmente, como es el caso de las semillas de vivero, los piensos y los fertilizantes. Los recursos pesqueros son finitos y el sector necesita competir por ellos con otros tipos de uso, especialmente porque la producción mundial sigue creciendo. La producción mundial de pescado llegó a un nuevo máximo de 133 millones de toneladas en 2002.
Los recursos de la pesca de captura se suelen considerar, utilizar y gestionar sobre la base de cada población. La pesca y otras actividades económicas que contaminan y deterioran tienen consecuencias adversas sobre ellos. La decadencia de los recursos marinos ha suscitado preocupación, ya que más del 50 por ciento está plenamente explotado. De acuerdo con estadísticas recientes, hay nuevas poblaciones sobreexplotadas (16 por ciento), agotadas (7 por ciento) o en recuperación desde una situación de agotamiento (1 por ciento), que necesitan una reconstitución. Algunas están ya sometidas a sistemas estrictos de control.
Siete de las primeras diez especies de peces marinos, que suponen en conjunto cerca de un 30 por ciento de toda la producción de la pesca de captura, están plenamente explotadas o sobreexplotadas. Esto significa que no pueden esperarse de las mismas grandes incrementos y que cabe esperar serios inconvenientes biológicos y económicos si se sigue incrementando la capacidad de pesca para tales poblaciones. Entre las regiones con poblaciones de peces que presentan una mayor necesidad de recuperación se encuentran el Atlántico nororiental, el Mar Mediterráneo y el Mar Negro, seguidos del Atlántico noroccidental, el Atlántico sudoriental, el Pacífico sudoriental y el Océano Meridional.
La situación de la pesca de captura continental es mal conocida pero merece una igual preocupación en la mayor parte de las regiones y supone unas consecuencias ambientales mucho mayores en algunos casos.
La acuicultura utiliza y genera una gran variedad de especies de animales y plantas como los peces de aleta, los camarones, cangrejos, almejas, ostras y mejillones, así como las algas y otras plantas acuáticas. En los últimos años las especies más explotadas han sido el ostión del Pacífico (Crassostrea gigas) y la carpa plateada (Hypophthalimichthys molitrix).
Aunque suele ser aconsejable el uso de las especies locales, las introducidas (o exóticas) generan aproximadamente un 17 por ciento de la producción mundial de peces de aleta y tienen importantes efectos sociales y económicos. Los recursos genéticos son el fundamento en el que se basan las especies, las poblaciones y las cepas mejoradas genéticamente.
El cultivo de varias especies importantes sigue dependiendo de la recolección de reproductores o semillas procedentes de las poblaciones naturales (p. ej. para el cultivo del camarón). La producción de piensos de origen acuático es una de las agroindustrias de más rápida expansión en el mundo, con unas tasas de crecimiento superiores al 30 por ciento anual. La acuicultura ha crecido a un 10 por ciento anual desde finales del decenio de 1980, en comparación con un 3 por ciento para la ganadería en el mismo período. La proporción de la producción pesquera mundial atribuible a la acuicultura creció de un 25,8 a un 29,9 por ciento entre 1998 y 2002. Y una cuarta parte del pescado consumido en el mundo procede ahora de la acuicultura, que produjo cerca de 40 millones de toneladas en 2002.