FAO>Pesca y Acuicultura
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agriculturapara un mundo sin hambre
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Hay seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso material y económico a los alimentos básicos que requieren. La pesca y la acuicultura realizan una contribución importante a los suministros de proteínas animales de muchas comunidades, tanto en el mundo industrializado como en el mundo en desarrollo. Sin embargo, es en los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos (PBIDA) donde algunas comunidades dependen de los peces no solo para las proteínas animales, sino también como fuente de micronutrientes, minerales y ácidos grasos esenciales. Aunque, en teoría, las proteínas y nutrientes podrían proceder de otras fuentes, en las comunidades aisladas dependientes de la pesca las alternativas posiblemente resulten más caras, si es que existen.

Las existencias mundiales de pescado se mantuvieron entre los 13 y los 16 kg per cápita en el decenio de 1990, con una leve tendencia al alza ocasionada por la contribución en rápido crecimiento de la acuicultura. Estos agregados ocultan la variabilidad en los niveles de consumo dentro de los países, entre los países y entre los continentes. En los PBIDA el consumo per cápita declarado de pescado se ha incrementado en las últimas décadas. Sin embargo, este rápido incremento es en gran medida reflejo del rápido incremento en el consumo declarado de China. En contraste, los suministros per cápita en el África Subsahariana cayeron de los cerca de 9 kg en 1990 a unos 7 kg en 1997, como consecuencia del estancamiento del suministro procedente de la pesca de captura, de la acuicultura incipiente y del aumento de las exportaciones.

Para fortalecer la seguridad alimentaria es necesario utilizar mejor la producción pesquera, reducir las pérdidas postcaptura e incrementar el porcentaje del pescado utilizado para el consumo humano directo. Las pérdidas postcaptura ocasionadas por deterioro ascienden a unos 10 a 12 millones de toneladas anuales y, además, unos 20 millones de toneladas de pescado se tiran al mar, lo que constituye otra forma de pérdida postcaptura. La conversión de los recursos de bajo valor a productos destinados al consumo humano directo, en lugar de reducirlos a alimento para peces, también contribuiría a una mayor seguridad alimentaria.

 
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