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Información general

Los ecosistemas acuáticos continentales son una variedad de masas de agua naturales (arroyos, ríos, llanuras inundadas, lagos, pantanos, etc.) y formadas por el hombre (embalses, arrozales, canales de irrigación, etc.). No obstante que sólo cubren alrededor del 1% del total de la superficie terrestre, en las aguas continentales viven unas 100 000 especies acuáticas, entre las cuales, por ejemplo, 10 000, o el 40%, de todas las especies de peces.

Los ciclos de producción en los ecosistemas acuáticos continentales siguen muy de cerca los cambios estacionales de la temperatura y las lluvias en el entorno terrestre circundante que crea un medio ambiente dinámico, donde la disponibilidad de hábitats acuáticos se modifica constantemente, y los nutrientes se liberan intermitentemente. Para los organismos acuáticos esto divide el año en un período de producción intensa y otro de mortalidad elevada. Los nexos estrechos con los ecosistemas terrestres también significan que los ecosistemas acuáticos continentales reciben con fuerza los efectos de las prácticas de uso de las tierras y son vulnerables a las actividades humanas. Como el agua es necesaria para una variedad de propósitos, los asentamientos humanos siempre han estado situados cerca de las masas de agua continentales.

Pero estas masas de agua han ofrecido mucho más que agua, por ejemplo: alimentos, medicamentos y materiales de construcción, muy accesibles por la ubicuidad de los recursos acuáticos vivos. Pero el agua cada vez se necesita más para una serie de usos que compiten entre sí y como la población forma parte integral de estos ecosistemas, muchas actividades humanas repercuten directa o indirectamente en los ecosistemas acuáticos continentales, que sufren más presiones de estas actividades que los sistemas marinos. Los peces y otros recursos acuáticos vivos de las aguas continentales, no obstante, siguen desempeñando una función esencial en los medios de subsistencia rurales de muchas partes del mundo, especialmente en los países en desarrollo.

Con todo, las actividades humanas también han creado nuevos hábitats acuáticos, como los canales de irrigación, los arrozales y los embalses, que en grados distintos proporcionan los servicios que ofrecen los ecosistemas naturales.

Nexos entre los ecosistemas continentales y los marinos

Los ecosistemas acuáticos marinos y continentales están interconectados. Algunos ecosistemas acuáticos continentales están conectados con los ecosistemas oceánicos en los que repercuten, por ejemplo mediante los vertidos de nutrientes que causan una elevada productividad en numerosas pesquerías costeras, pero también negativamente por los contaminantes que lleva el agua. Además, una serie de recursos pesqueros marinos (especies anádromas y catádromas, salmones, anguilas, esturiones y camarones) necesitan los ecosistemas continentales, comprendidos los estuarios y lagunas, para completar sus ciclos biológicos.

Condiciones

En los países desarrollados la industrialización ha incrementado las presiones que reciben las aguas continentales y los hábitats acuáticos degradados, con consecuencias negativas para los ecosistemas asociados. Muchos países en desarrollo ahora están siguiendo esa misma vía. El drenaje, la protección contra inundaciones y la extracción de agua han causado la desaparición y fragmentación de hábitats acuáticos. Es probable que se haya perdido en todo el mundo alrededor del 50% de la superficie acuática continental (menos los grandes lagos). La reducción de esta superficie, aunada a la contaminación y la eutroficación, ha hecho desaparecer especies y ha modificado la composición de las especies en muchas partes. La biodiversidad de las aguas continentales ahora parece estar en peores condiciones que la de cualquier otro ecosistema. Las fuentes de contaminación y degradación de procedencia terrestre también son de las principales fuentes de cambios negativos en las zonas costeras. El exceso de fertilizantes y desechos del ganado en los escurrimientos de las explotaciones agrícolas han causado eutroficación y floraciones nocivas de algas. La deforestación en las montañas costeras es una fuente importante de excesiva sedimentación en las zonas costeras, nociva para los arrecifes coralinos y los lechos de algas marinas.

Sin embargo, esta situación está cambiando gradualmente y muchos países en desarrollo están tratando de invertir los efectos negativos que se producen desde hace mucho tiempo, y la comunidad internacional y el Código de conducta de la FAO para la pesca responsable han reconocido el valor de entender los procesos del ecosistema, las propiedades biológicas, físicas y químicas de los hábitats acuáticos, los ciclos de los nutrientes y la interacción de las especies que no son objeto de la pesca en el mantenimiento de la productividad pesquera.

 
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