 | Los países que han logrado una mayor seguridad alimentaria para las
familias y la nación suelen tener una historia de vigoroso énfasis político en la
agricultura, cuidadosa consideración de los incentivos económicos para la
producción agrícola, e inversión económica y de recursos humanos en
investigación, extensión y capacitación. Para dar inicio a una nueva revolución verde, las autoridades públicas de los
países necesitarán colaborar con la sociedad civil y el sector privado en
diversas zonas claves, entre ellas:
Normatividad. Establecer sistemas fiscales razonables y descentralizados, y
dar apoyo a las disposiciones que proporcionen un acceso más abierto a los
mercados, así como precios justos y previsibles para los productos.
Asegurar que se conceda prioridad a la seguridad alimentaria de las familias
y el país en la política de desarrollo. Crear un entorno donde los pequeños
propietarios, en particular las mujeres, puedan obtener acceso al crédito, a
los mercados y a las instituciones, y disfrutar de seguridad en la tenencia de
la tierra.
Investigación. Trabajar para garantizar que las actividades internacionales
de investigación se concentren en reducir la pobreza. Dar prioridad a la
investigación y la inversión en materia de control biológico de las plagas y de
la maleza, y al control integrado de las plagas, capaces de proporcionar
rendimientos sostenibles desde el punto de vista ecológico y más altos con
pocos insumos, y a los métodos adaptados a las zonas vulnerables y
marginales. Otras prioridades tienden a impedir el despliegue de la
investigación agrícola. El gasto anual de investigación de los Estados Unidos,
por ejemplo, es de 35 000 millones de dólares en el sector militar, 14 000
millones de dólares para el espacio, 12 000 millones en el sector de la salud,
pero apenas 1 200 millones en el agrícola.
Extensión. Mejorar los servicios de extensión, capacitación e investigación,
inclusive las universidades nacionales, dirigiendo las actividades a quienes
carecen de acceso seguro a los alimentos. La investigación ha demostrado
que el extensionismo puede desempeñar una función esencial en la
promoción de nuevos métodos y tecnología. La mayor parte de los países
asigna menos de la mitad del 1 ó 2 por ciento recomendado del producto
interno bruto agrícola a las actividades de extensión. La FAO ha indicado
que serán necesarios cerca de 1 250 000 extensionistas a principios del siglo
XXI, más del doble que en 1989.
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