Las abundantes prácticas insostenibles de pesca han hecho reducirse la base de recursos pesqueros, lo que se traduce en una disminución de su aportación a la seguridad alimentaria. La FAO calcula que 11 de las 15 principales zonas pesqueras y el 69 por ciento de las principales especies de peces del mundo están disminuyendo, y requieren una ordenación urgente. La pesca de bacalao del Atlántico, por ejemplo, se desplomó un 69 por ciento entre 1968 y 1992. Las existencias de atún común del Atlántico Occidental disminuyeron más de 80 por ciento entre 1970 y 1993. En general, el estado de explotación de las principales reservas de peces (en pesquerías de las que se cuenta con información) ha seguido más o menos igual desde principios de los años 90. Estudios recientes confirman que, de las principales reservas de peces de las que hay información, alrededor del 44 por ciento se explota plenamente y está proporcionando, por tanto, una producción que ha llegado muy cerca de su límite máximo, sin espacio para desarrollarse. Cerca del 16 por ciento se pesca en exceso y, por lo tanto, no puede aumentar esta actividad. Es más, cada vez es más probable que disminuya la pesca si no se pone remedio para reducir o eliminar su explotación excesiva. Conforme se pescan en exceso las reservas y merma el producto, los pescadores recurren a especies de menor valor. Los pescadores del Atlántico Medio que en los años 60 pescaban atún común, un decenio después estaban sacando pez espada, y a mediados de los años 80 habían cambiado a la pesca del atún de aleta amarilla. El reto consiste ahora en lograr que siga aumentando la pesca para satisfacer las necesidades cada vez mayores de proteínas de una población mundial que no deja de crecer, a la vez que se permita recuperarse a las poblaciones de peces explotados en exceso y se evite que otras especies se incorporen en la lista de éstos. Se trata de un gran desafío. La acuicultura es el sector de producción alimentaria que está creciendo más aceleradamente en el último decenio, y tiene muchas posibilidades de seguir expandiéndose. Se ha demostrado que la acuicultura y la pesca continental ha sido y seguirá siendo importante para la nutrición humana y para mitigar la pobreza de muchas zonas rurales, mediante los sistemas agrícolas integrados que incorporan la acuicultura con los cultivos y utilizan masas de agua pequeñas y medianas. La acuicultura además afronta el problema del desarrollo sostenible. Para reducir las repercusiones de la acuicultura en el medio ambiente y evitar los efectos de otras actividades, debidos a una gestión deficiente, hace falta empeñarse en mejorar el aprovechamiento de los recursos y lograr una ordenación ambiental apropiada. Con todo, es probable que las prácticas extensivas y semiintensivas sigan siendo por un tiempo las más importantes.
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