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Los repatriados recogen una buena
cosecha
Tras 14 años de ausencia, debido al conflicto armado,
una comunidad regresa a su tierra de origen en los Andes peruanos
y está aprendiendo a cultivar la tierra de nuevo. La campaña
TeleFood de la FAO les está ayudando.
VILCABAMBA, Perú -- La población de este
distrito situado en un fértil valle de los Andes peruanos
ha pasado momentos difíciles. Después de más
de un decenio de exilio debido al conflicto armado que hubo en
la zona, muchos regresaron a sus lugares de origen en los años
90 y afrontaron el reto de comenzar desde cero.
"El distrito de Vilcabamba tiene una tierra muy fértil
explica Francisco Díaz, Director de CEPRODER (Centro
de Promoción y Desarrollo Rural), ONG local-. Pero el valle
sufre con intensidad los efectos del fenómeno metereológico
El Niño, que hace variar las lluvias y produce inviernos
muy fríos. La población local es muy pobre".
Una helada muy prolongada destruyó la mayor parte de los
cultivos en 2002, y se pudrieron toneladas de papas tipo chuño,
base de la dieta andina, que estaban preparadas para secarse.
En 2001, TeleFood, la campaña de la FAO dirigida a crear
conciencia en la opinión pública y a recaudar fondos
para combatir el hambre, ha financiado un proyecto, un pequeño
huerto y un proyecto de porcicultura para las mujeres de Vilcabamba,
a fin de contribuir en la lucha contra la pobreza y la malnutrición.
Con ayuda del CEPRODER, el proyecto está activo en cuatro
comunidades campesinas: Vilcabamba, Muyurina, Huancansayhua y
Colcabamba. Inicialmente, se ha centrado en 22 familias consideradas
entre las más pobres y vulnerables.
Aprendiendo de las antiguas costumbres
Dado que la región no se había cultivado desde hacía
14 años, los aldeanos afrontaron una gran labor de preparación
de la tierra antes de poder utilizar las semillas, los aperos
y los cerdos proporcionados por TeleFood. Primero construyeron
terrazas en las empinadas pendientes, como hicieron sus antepasados
en el periodo inca. CEPRODER formó las mujeres participantes
para cultivar las tierras, producir fertilizantes con lombrices
y residuos de los cultivos, y atender a pequeños animales
de granja. Muy pronto comenzaron a crecer las primeras hortalizas,
con gran satisfacción por parte de las participantes.
Los huertos están bien atendidos, son muy verdes y en algunos
también producen flores y frutales. La mayor parte tiene
una parcela destinada a las plantas medicinales y las hierbas
aromáticas. Pedro Bravo, residente del pueblo, durante
un recorrido reciente por los huertos interpretó con su
flauta para los visitantes las melodiosas canciones con que ameniza
las faenas agrícolas.
"Antes no sabíamos cultivar nuestras tierras afirma
Felicitas Arsega-. Ahora ya sabemos producir hortalizas, transplantarlas
y preparar nuestros propios fertilizantes".
"Nuestros productos son 100 por ciento naturales, no contienen
un gramo de sustancias químicas añade Nelly
Vargas, coordinadora del Comité local del proyecto TeleFood-.
¡Y hasta la fecha no ha habido enfermedades!. Mire estas
lechugas, ¡están preciosas!"
Todas las mañanas sale un autobús a las 5 de la
mañana rumbo a Chuquibambilla, un pueblo que está
a media hora de distancia, donde los aldeanos venden sus productos.
Los modestos ingresos les permiten comprar lo básico: azúcar,
aceite, pan, arroz y, a veces, medicinas para los niños.
Todos participan
Lo que comenzó como un proyecto de mujeres se ha convertido
en un proyecto familiar. Las mujeres cuidan las plantas y los
hombres preparan las tierras, construyen las terrazas y preparan
los fertilizantes. Los niños, que van a la escuela, ayudan
cuando han terminado sus tareas, lo que hace a sus padres sentirse
muy orgullosos ya que ven en la educación la clave de un
futuro mejor. Todos los integrantes de la familia están
satisfechos de su huerto. "Poco a poco estamos mejorando
nuestras vidas", dice Honorata Cruz.
Quienes crían cerdos necesitan invertir más tiempo
y dinero, especialmente en piensos, pero los resultados son muy
estimulantes. Jacinta, la cerda de Edith Alvarez, está
preñada. Para satisfacción de Edith, Jacinta ha
engordado tanto que ya no puede saltar la cerca del corral y escaparse
al pueblo.
María Contreras también está muy contenta
porque su cerda va a parir pronto. Sabe que tendrá que
dar dos lechones, un macho y una hembra, al fondo de rotación
para que otra familia también se beneficie, pero también
sabe que podrá vender algunos de los animales e invertir
el dinero que consiga. "Quiero comprar más animalitos
con ese dinero, y alimentos y ropa para mis hijos explica-.
Quiero poder comprarles libros y lápices para la escuela.
Es una buena inversión para el futuro."
La familia de Isabel Ferrel está pensando en ampliar su
actividad y ya ha comenzado a invertir. Vendieron su cerdo semental
cuando quedó preñada la hembra y compraron 12 pollos.
Ahora también pueden vender los huevos en el mercado.
Todas las familias también tienen una pequeña parcela
para cultivar hortalizas. Cultivan alfalfa para alimentar a los
cerdos y venderla como forraje. "Queremos cultivar más
frutales y hortalizas para diversificar nuestra producción
explica Pedro Bravo, interrumpiendo sus canciones-. Queremos
comenzar elaborando derivados como mermeladas y jugos, para venderlos
más caros. Queremos exportar más, y más lejos".
Vilcabamba todavía no figura en el mapa, ni siquiera en
los regionales, pero los aldeanos están impacientes por
hacerlo aparecer gracias a su empeño. Con la fertilidad
del valle, el compromiso de la comunidad y la ayuda de TeleFood,
deberían lograrlo y servir de ejemplo a comunidades que
se encuentren en condiciones similes.
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