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En Turquía, las mujeres solas disfrutan sus primeras ganancias
Nació en la pobreza y lo normal hubiera sido que
muriera igual. Gulustan Ircap, "viuda por temporadas", explica
que ahora tiene una esperanza en su vida, en el caserío
de Sahgeldi, situado entre las suaves colinas y los escarpados
farallones de la remota región oriental de Turquía.
Porque ahora tiene tres ovejas que le ha donado TeleFood.
Espera poder vender pronto leche y queso para ganar dinero por
primera vez en su vida. Gulustan, madre de cuatro hijos, es una
"viuda de temporada" común de Anatolia, que no posee nada
ni gana nada. Kutbettin, su marido de 36 años de edad,
busca trabajo todos los días en Istambul, a unos dos mil
kilómetros de distancia, todo un mundo de por medio.
"Lo que gana cuando encuentra trabajo apenas le alcanza -explicó
Gulustan recientemente, rompiendo la tradición y hablando
con un extraño-. Cuando logra ahorrar algo, lo trae a casa
y se queda con nosotros durante el invierno".
La diminuta Gulustan y sonriente sus niños viven sobre
todo de la leche y el queso de una vaca que la familia ha heredado,
y un poco de pan y en ocasiones de carne que adquieren de los
vecinos, en ese caserío de 375 habitantes muy unidos (el
80 por ciento son mujeres y niños), donde no hay tiendas
porque nadie puede permitirse comprar nada. Ahí, se cultivan
árboles para que hagan las veces de techos de las chozas
de barro y piedra; se obtiene calor y se cocina con estiércol
de vaca; se comparte el agua que se extrae con una bomba única.
El proyecto de TeleFood ha proporcionado cuatro ovejas por persona
a Gulustan y a otras 29 mujeres de Sahgeldi (ya se ha muerto una
de las ovejas de Gulustan). No sólo las crian y las aparean,
sino que van a engordarlas cultivando forrajes en terrenos condominiales
cercanos. Los problemas de Gulustan son la excepción y
no la regla en Turquía, país conocido por su capacidad
y gran potencial agrícola. Turquía está,
con los Estados Unidos, la India, Canadá y Francia, entre
los productores mundiales de trigo, y es el primer productor mundial
de avellanas. La mitad de la mano de obra turca se dedica a la
agricultura, y produce una gran variedad de alimentos. El hambre
no existe más que en determinadas bolsas de pobreza.
A mil kilómetros de Sahgeldi, el panorama es distinto en las aldeas de Kupluce y Dulgerler, al sur de la histórica Konya. Pero el problema de las aldeas del bosque en los Montes Toros es el mismo: pobreza rural con "viudas de temporada".
Ahí, con una pequeña contribución de apenas
2 000 dólares EE.UU. de TeleFood, unas 160 familias
han obtenido semillas y vástagos para cultivar cerezos,
melocotones y manzanos. Están aprendiendo a cultivarlos
en un vivero y los venderán obteniendo el equivalente a
casi 20 dólares EE.UU. por árbol, a otros agricultores
que se llevarán los arbolitos para sembrarlos y explotarlos
con ganancias posibles de 300 dólares anuales por cerezo.
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