Los bosques y la atmósfera

Los gases de efecto invernadero son un fenómeno natural por medio del cual gases presentes en la atmósfera capturan el calor, que de lo contrario, se dispersaría en el espacio. Sin el efecto invernadero, la temperatura promedio de la Tierra sería inferior de 30 C respecto a la actual.

Sin embargo, la proporción de los gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre, sobre todo de dióxido de carbono (CO2), está aumentando debido a las actividades humanas. La emisión de combustibles fósiles produce cerca del 65 por ciento del dióxido de carbono (CO2) adicional presente en la atmósfera, mientras que el restante 35 por ciento proviene de la deforestación y de la conversión de los ecosistemas naturales a sistemas agrícolas.

Si los gases de efecto invernadero siguen aumentando al mismo ritmo de los últimos decenios, el recalentamiento del planeta podría tener consecuencias catastróficas tales como la sequía, las epidemias, las inundaciones, la pérdida de ecosistemas y especies, y el aumento del nivel del mar.

Los bosques desempeñan un papel importante en el ciclo global del carbono y ayudan a proteger la atmósfera y mitigar el cambio climático. Los bosques jóvenes actúan como un enorme pozo de carbono porque el dióxido de carbono (CO2) es sustraído de la atmósfera y es utilizado a través de la fotosíntesis, para producir los carbohidratos, grasas, y proteínas que hacen crecer a los árboles. La absorción de carbono es mucho mayor cuando el ritmo de crecimiento de los árboles está en su ápice, sucesivamente los bosques actúan como grandes depósitos de carbono.

Sólo en el ámbito forestal, los investigadores consideran que el calentamiento del planeta producirá drásticos y rápidos cambios en la producción forestal y en la composición de las especies en grandes áreas, restando así la sostenibilidad a los bosques de muchas regiones. Estos cambios producirían un impacto considerable en la biodiversidad, en el suministro de madera, en la industria forestal, en la recreación, disminuyendo el suministro de agua y aumentando el crecimiento de los ritmos de erosión.

Pero son precisamente los bosques, quienes pueden contribuir a mitigar estos efectos a través de la planificación ambiental y de las prácticas de ordenación forestal sostenible que reduzcan las fuentes de gases de efecto invernadero y que mantengan y expandan la cantidad de pozos para capturar dichos gases.

Entre estas prácticas figuran: los métodos de aprovechamiento sostenibles para remplazar la tala destructiva; la conservación de bosques antiguos y primarios, así como de reservas de biomasa; la reducción de las prácticas de quema y corta; la utilización de reservas para la producción y aprovechamiento sostenible de la madera y de los productos no maderables a través del manejo integrado de los recursos y de los proyectos de desarrollo, el incremento de la eficiencia durante el aprovechamiento forestal, mediante el aprovechamiento diversificado de las especies, con medios que no dañen a los árboles en pie y que utilicen un porcentaje más alto de la biomasa total. Asimismo, a través de la expansión de las plantaciones para la producción de leña a fin de suministrar energía y reducir la presión que recae sobre los bosques naturales.

Además, se cuenta con instrumentos jurídicos que han venido evolucionando desde la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992. Esta reunión condujo a los países a reconocer que era necesario adoptar una serie de medidas destinadas a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Este compromiso se convirtió en un acto vinculante a través de la adopción delProtocolo de Kyoto, de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Diciembre de 1997. Según el acuerdo, los países industrializados y los países con economías en transición (Anexo I países) acuerdan en adoptar los compromisos vinculantes para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2008-2012, a fin de alcanzar un nivel promedio del 5.2 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Tras la firma de ratificación por parte de la Federación Rusa, el Protocolo de Kyoto entró en vigor el pasado 16 de febrero de 2005.

última actualización:  lunes 28 de febrero de 2005