
VOLUMEN 1, TEMA 3
1 Danish Forest and Landscape Research Institute, Hørsholm Kongevej 11, 2970 Hørsholm, Dinamarca.
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4. Amenazas para las areas verdes
Hay una gran presión sobre los recursos de espacios urbanos. El porcentaje de la población
que vive en zonas urbanas viene creciendo rápidamente desde 1950 y la falta de espacio hace
tentador utilizar las áreas verdes para construcción. Incluso cuando se trata de edificios públicos, como
museos, en que la zona verde sigue accesible al público, ello restaría valor en muchos casos a la
calidad recreativa total del área. En la Ciudad de México, la participación de las áreas verdes en la superficie
de la ciudad está disminuyendo alrededor del 3,7% anual. Las zonas verdes son sustituidas con
frecuencia por edificios, especialmente en los barrios más pobres de la ciudad (Chacalo
et al., 1996). La mayor presión se encuentra en la orla urbana donde la ciudad planificada da paso a los asentamientos
de desarrollo espontáneo. Es en estas áreas donde la tasa de crecimiento de la población es máxima y
la planificación controlada por los órganos municipales es mínima (Tewari & Muthoo, 1997).
Las instalaciones de tráfico y el ruido son otras amenazas para las zonas verdes. Las
carreteras pueden aislar unas zonas verdes de otras lo que reduce su valor recreativo y el de corredores para
la propagación de la flora y la fauna. La molestia ocasionada por el ruido es más indirecta.
Estudios holandeses indican que el ruido de las carreteras molesta a un 20% de la población
aproximadamente mientras que un 11% sufre molestias por el tráfico aéreo (Stanners & Bourdeau, 1995). En
Copenhague, alrededor de la cuarta parte de los habitantes están expuestos a una carga importante de ruido
de 65dB(A) y más. En Barcelona, alrededor del 40% de los habitantes están expuestos a un nivel de
ruido superior a 70 dB(A) (A. Skovbro, com. pers.). Estas cifras se aplican a la molestia en el interior de
las viviendas. Al aire libre, la gente está expuesta a un ruido incluso mayor, especialmente porque parte
de las áreas verdes urbanas consisten en "áreas residuales" a lo largo de las construcciones de tráfico.
Las condiciones urbanas para el desarrollo de la vegetación son bastante diferentes de las
condiciones rurales. Es muy expresivo que el paisaje urbano esté caracterizado por el pavimento y los
edificios. Esto modifica el mesoclima urbano de forma que disminuye la velocidad del viento,
aumenta las temperaturas, aumentan las precipitaciones, se reduce la humedad relativa y se aumenta la
cantidad de contaminantes por un factor próximo a 25 en comparación con el paisaje rural (Flint,
1985; Harris, 1992).
En las plantaciones urbanas, la aspereza del suelo y las condiciones del aire son problemas que
no desempeñan el mismo papel que en el paisaje rural. Los suelos que contienen productos de
desecho, abandonados por la industria de la construcción, pueden carecer de nutrientes suficientes y
con frecuencia están compactados (Randrup, 1996). Las condiciones vegetativas pueden ser
también difíciles debido a los efectos del sombreado, a los usuarios de carácter recreativo, etc. (Harris,
1992; Bradshaw et al., 1995). El hecho de que el 50% de los árboles plantados en un ambiente urbano
mueran en el primer año pone de manifiesto este punto (Gilbertson & Bradshaw, 1985). Nowak
et al. (1990) comprobaron que el 34% de 480 árboles murieron en los dos años siguientes a la plantación. Miller
& Miller (1991) encontraron que la tasa de mortalidad variaba entre el 25 y el 50% para una serie
de especies plantadas en Wisconsin, EUA.
Otro factor importante de estrés urbano es el vandalismo. El vandalismo es predominantemente
un problema social. El paisajismo y la jardinería de carácter comunitario que tienen éxito en
barrios densamente poblados del interior de la ciudad, han demostrado que un freno para el vandalismo es
el desarrollo de un espíritu de propiedad en los residentes (Flint, 1985). Nowak
et al. (1990) encontraron la máxima mortalidad de árboles en áreas de bajo nivel socioeconómico. El porcentaje de mortalidad
de árboles estaba fuertemente correlacionado con el porcentaje de desempleo. Como ha demostrado
la historia, los conflictos sociales respecto a los bosques urbanos suelen ser frecuentes e
intensos (Kronijnendijk, 1997). Por ello, una silvicultura urbana con éxito tiene que hacer participar a la
población local en la elaboración de la política, en la planificación y la gestión.
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