
VOLUMEN 3
Productos y servicios no madereros
Los productos forestales no madereros, o productos forestales menores, son un cuerno de
la abundancia de bienes útiles para la humanidad. A menudo se los considera como subproductos y
el valor económico potencial (monetario o en términos de utilización) es habitualmente
desconocido o inapreciado por los gestores forestales. El alto ritmo de desaparición de la vegetación tropical
ha inyectado una nota de urgencia para que los investigadores estudien con más detalle el potencial
de los bosques como una fuente de productos forestales menores, porque éstos también pueden
aportar ingresos en dinero y valores intangibles. Los gestores forestales, en particular, deberían tratar
de incrementar la productividad de los bosques en este tipo de productos y, al mismo tiempo,
continuar aportando productos y servicios esenciales a la humanidad.
Los productos forestales no madereros, tal como fueron definidos por Wickens (1994)
remiten a bienes y servicios destinados al mercado o a la subsistencia, para el consumo humano o
industrial, obtenidos de recursos forestales renovables y que son un punto de apoyo para aumentar los
ingresos domésticos reales y el empleo. Estos productos incluyen el uso de las plantas para
alimentos, bebidas, forraje, combustible y medicina, de animales, pájaros y peces para alimentación, pieles
y cuero, y los servicios de la tierra para conservación y recreación.
Durante milenios, la población rural y los habitantes de los bosques han dependido de
los productos forestales no madereros como fuentes de medios de vida (Meulenhoff & Silitonga
1978). Comparados con otros recursos naturales, los bosques no sólo pueden satisfacer casi todas
las necesidades de las poblaciones rurales, incluyendo la provisión de materiales para la
vivienda, alimentación, productos medicinales, condimentos, etcétera, sino que también representan una
fuente potencial de ganancias pecuniarias.
La cosecha, procesamiento y marketing de bienes no madereros para la producción local y
las industrias de pequeña escala o para los mercados internacionales, pueden crear empleos, ya que
la mayor parte de los procesos son intensivos en mano de obra. El empleo en estas industrias
puede generar ingresos significativos a los recolectores y procesadores locales. En Belize, Balick
& Mendelsohn (1992) encontraron que las plantas medicinales tradicionales permiten a los
"hombres de la selva" o recolectores obtener ingresos dos a diez veces más altos que las ganancias de
los agricultores. Según el IEA (1989) el ingreso anual medio de una familia en Xapurí, Brasil, por
la extracción de goma y frutos para las comunidades locales era de 960 dólares. Si se combinara
este ingreso con otras actividades no monetizadas, como la pesca y la caza, el ingreso total podría
llegar hasta los 1 500 dólares anuales por familia. Esto es el doble de las ganancias de la población
común en la región septentrional de Brasil.
Los productos forestales no madereros pueden ser un importante capítulo del comercio
exterior de algunos países en desarrollo, cuyos productos han entrado en el mercado internacional y
son gravados y registrados. Por ejemplo, el 40 % de los ingresos totales del Departamento Forestal
de la India en los años 90 fueron recaudados gracias a los productos forestales no madereros
(Mukerji 1994). En Malasia, hubo un incremento del 480 % en los ingresos por exportaciones de
productos forestales no madereros entre 1986 y 1988. Y entre 1982 y 1987, los ingresos por el
mismo concepto de Tailandia aumentaron un 81 % (de Beer & McDermott 1989).
Los bosques pluviales tropicales también contienen muchas plantas frutales silvestres,
algunas de las cuales son los ancestros y parientes de especies cultivadas, y muchas tienen
propiedades medicinales reales o en potencia (Collins, citado por McDermott 1988). Actualmente, existen
unas 12 000 plantas de interés alimenticio, pero sólo unas 2 000 han sido domesticadas y sólo
150 se cultivan comercialmente. De todas ellas, actualmente, unas 30 especies suministran cerca
del 90 % de la oferta mundial de alimentos (Mukerji 1997). En muchas aldeas de la región
AsiaPacífico, pueden encontrarse árboles frutales domesticados, como
Nephelium, Mangifera, Sandoricum y
Eugenia, plantados por los aldeanos (Wee & Rao 1980). Casi todas ellas
tienen parientes en el bosque. Por ejemplo, el petai
(Parkia speciosa) ha generado entre 336 000 y
900 000 RM por año, dependiendo de la localidad en el mercado interior (Aminuddin & Abd.
Latif 1996). Woon et al(1995) han encontrado que una combinación de petai y durian
(Durio spp.) es un uso de la tierra que presenta las mejores opciones de aumentar el valor por hectárea (42 461
RM), comparado con el bosque primario ( 266 RM). Las nueces de Brasil
(Bertholletia excelsa), uno de los pocos productos no madereros que se comercializan en los mercados internacionales,
aportaron en 1988 40 millones de dólares en exportaciones a Brasil (CGBD 1989).
Los productos no madereros pueden ser un sustituto potencial para los combustibles fósiles.
El tronco de Coparifera langsdorfii, una leguminosa arbórea del Amazonas, produce un
aceite inflamable que es extraído y usado localmente en reemplazo del kerosene (Whitmore 1990).
La leña y el carbón vegetal son importantes para las comunidades locales en los países en
desarrollo, como su principal fuente de energía. La producción mundial de leña y carbón vegetal creció un
28 % entre 1975/77 y 1985/87 (WRI 1990). En 1985/87, la producción de leña y carbón vegetal
en Sudamérica, Asia y África fue equivalente al 67%, 75% y 88%, respectivamente, de la
producción de madera en rollo.
Durante milenios, el bosque ha sido la fuente principal para cubrir las necesidades
medicinales del hombre. Este es un hecho bien documentado en numerosas publicaciones antiguas que
detallan el uso de varias partes de las plantas para muchas dolencias (Burkill 1966). La demanda de
productos medicinales sigue siendo fuerte y estable en muchos países, especialmente en los países
en desarrollo, donde hasta el 80 % de la población continúa dependiendo de los remedios
tradicionales, según la Organización Mundial de la Salud (WHO 1977). América, según Whitmore (1990) es la
fuente de un relajante muscular usado en cirugía mayor. Los componentes del veneno
conocido como curare son extraídos de la raíz de una planta trepadora
(Chondrodendron tomentosum) y la quinina es obtenida de la corteza de
Cinchone. También la cocaína originaria de Sudamérica
es preparada con las hojas de Erythroxylum coca.
El Diosgenin, un esteroide usado como
molécula precursora de la que están hechos los anticonceptivos orales y la cortisona, se origina en
extractos de tubérculos del yam
(Dioscorea), que puede encontrarse en estado silvestre tanto en
América como en África. Extractos de las especies
Rauvolfia, un arbusto de África y Asia, pueden
producir reserpina, un glicosido cardíaco que reduce la alta presión sanguínea y es usada también para
tratar enfermedades mentales. Y así podríamos continuar.
En la región Asia Pacífico, el roten (o
rattan), procedente de bosques naturales, es el
principal producto forestal después de la madera. Su cultivo ha demostrado ser rentable tanto para los
pequeños propietarios y las plantaciones en Indonesia y Malasia. En 1983, las exportaciones de
roten produjeron a Indonesia unos ingresos de 127 millones de dólares, equivalentes al 4 % del
valor total de las exportaciones madereras del país (Repetto & Gillis 1988). Indonesia provee el 80
% del abastecimiento mundial de roten, y obtiene un 90 % de bosques primarios. Cada mes, el
valor bruto total del roten puede llegar a 5 millones de RM (2 millones de dólares) en Malasia
peninsular. Este valor puede aumentar entre 21 y 25 veces si el roten es procesado como muebles o
encordados (Abd.Latif 1989, Abd.Latif & Aminuddin 1996). El valor total de las exportaciones de muebles
de roten en Malasia aumentó un 1 929 % entre 1985 y 1994, llegando a 111,6 millones de RM
(44 millones de dólares) (Chew 1996). La producción en Sarawak saltó desde las 533,7 toneladas
en 1979 a las 2 574 toneladas en 1987 (Pearce 1989).
Además del roten, muchas otras especies de plantas son ampliamente utilizadas en industrias
de tipo artesanal: bambú, kapok y otras especies de palmeras utilizadas también como
alimento, envoltorios, cestas, trampas para pescar y esteras (Pearce 1989). El bambú normalmente se
produce en pequeñas cantidades en sitios perturbados. La producción de bambú es actualmente de más de
10 millones de toneladas anuales (Sharma 1980). En la India, se estima que unas 2 millones de
toneladas (peso en seco) de bambú suministran 600 000 toneladas de pasta de papel cada año (Lessard
& Chouinard 1980). Abdul Razak & Abd. Latif (1988) estimaron que el bambú cubría una
superficie de unas 320 000 hectáreas en Malasia peninsular, con una existencia en pie estimada en torno a
los 7 millones de toneladas. El mercado local para productos de bambú en Malasia peninsular
representa un valor de 3 millones de RM (1,2 millones de dólares) anualmente (Aminuddin & Abd.Latif
1994). En Sarawak, las esteras y cestas trenzadas localmente se han hecho populares entre los
turistas (Pearce 1989). Las orquídeas y sarracenias son especialmente apreciadas en Malasia. La
orquídea Paphiopedilum niveum. Confinada a la isla Langkawi, ha sido saqueada por los recolectores
(Kiew et al 1985); las sarracenias, especialmente la
Nepenthes rajah, que puede cotizarse hasta en 1
000 dólares por planta en los mercados extranjeros, sólo puede hallarse en las montañas de Sabah
y Sarawak, y algunos recolectores emplean helicópteros para llegar a picos remotos (Briggs 1985).
Los bosques son un almacén bioquímico. Un gran número de productos químicos están
presentes en varias partes de las plantas. La lignina es utilizada para la fabricación de plásticos, resinas
por intercambio iónico, estabilizadores del suelo, refuerzo del caucho, fertilizantes, vainillina,
agentes curtientes, estabilizadores de las emulsiones asfálticas y dispersantes para la perforación
petrolera y el procesamiento de la cerámica (Whitmore 1990). La celulosa puede utilizarse para el rayón
y plásticos, y como materia prima para la hidrólisis del azúcar que, si se añade levadura,
puede convertirse en alcohol y en proteínas comestibles (Whitmore 1990). Un buen ejemplo es el
látex del árbol del caucho, que ha demostrado su importancia comercial. En el pasado, la madera
de Caesalpinia sappan fue usada en Malasia para producir un tinte rojo (Burkill 1966). La
Rhizophora mucronata, que tiene un alto porcentaje de tanino en la madera, es usada en la industria de la
curtiembre (Burkill 1966). Los habitantes del bosque en Malasia recolectan resinas de los viejos
y nuevas incisiones en algunos árboles dipterocarpáceos. El alcanfor, que se extrae de la
Dryobalanops aromatica, es usado como medicina, incienso y perfumes, con una exportación importante
desde Sarawak (Han 1985). Los pobladores de las selvas amazónicas usan árboles de
Copaifera spp., Couma spp.y Manilkara
spp. para producir resinas comerciales o aceites resinosos (Dubois
1996). A escala industrial, el aceite extraído de la pepita de la palma
babassu (Attalea speciosa) es usada para fabricar jabón y margarina (Balick 1988). Una situación similar se produce con la melia
o neem (Azadirachta indica) en la India (Tewari 1992). Látex, resinas, cosméticos, condimentos
y otros productos bioquímicos que son explotados por sus propiedades químicas exclusivas,
pueden ofrecer un alto potencial de valor añadido cuando se los recolecta y procesa en estado silvestre.
Sin embargo, una vez que su valor en el mercado internacional supera un cierto umbral, la industria
de los países desarrollados probablemente los reemplazará por sustitutos sintéticos, como ya
ocurriera con los tintes naturales extraídos de
Caesalpinia sappan (Burkill 1966).
La fauna es otro producto forestal no maderero. Animales salvajes, aves, peces, reptiles e
insectos son recursos potenciales por su valor para la caza y la alimentación así como pieles que
despiertan gran interés comercial. La vida silvestre resulta esencial para las economías locales y
regionales. Para la población rural, los animales salvajes y los peces son la única proteína no vegetal
(Clay 1988). En Africa, países como Camerún, Ghana, Costa de Marfil, Liberia, Zaire y Nigeria
dependen de la vida silvestre (entre el 20 y el 90 %) como fuente de proteínas animales (de Vos 1977,
Asibey 1978, Ajayi 1979). Estos animales van desde los elefantes hasta pequeños ungulados, así
como roedores, reptiles y aves. Afolayan (1980) estimó el valor total del consumo de carne silvestre
en Nigeria en unos 30 millones de dólares. En Ghana, el consumo de ese tipo de carne fue evaluado
en 7,36 millones de dólares (de Vos 1977). En Perú, la pesca en el río Amazonas es la mayor fuente
de proteínas animales (Prance & Lovejoy 1985). La vida silvestre y la pesca no sólo proveen
alimento sino también fuentes de ingresos a la población de Sarawak (Caldecott 1987). El puerco
barbudo (Sus barbatus) representa el 32 % del consumo total de carne y pescado. Otras carnes
silvestres, como los venados Tragulus sp.,
Muntiacus sp. y Cervus unicolor contribuyen con el 7 %,
los pescados con el 18 % y los cerdos, vacas y pollos domésticos conforman el restante 43 %.
En 1984, un valor total de 4 millones de RM (1,6 millones de dólares) de puerco barbudo (10 200)
y de venados (1 400) era despachado aguas abajo del río Rajang, mientras que las carcasas de 6
400 puercos y 2 300 venados eran compradas para consumo local. En Kapir, Sarawak, los
exportadores de pescado pesaban 3 456 kilos por mes, siendo el
tenggadak (Puntus scwhanenfelddii) de
lejos el más valorado (Caldecott 1987). Unos 100 millones de RM (40 millones de dólares)
serían necesarios para reemplazar las 20 000 toneladas de carne silvestre consumida cada año en
Sarawak por carne doméstica (Caldecott 1987).
En Tailandia, más del 60 % de la población rural depende de los peces como su principal
fuente de proteínas animales (Brennan 1981). Pierret & Dourojeanni (1966) informaban que a pesar de
la disponibilidad de ganado y de cerdos domésticos, la dieta de las poblaciones rurales del
Amazonas está constituida en un 85 % por pescado y carne silvestre (pecarí, venado y tapir). Las
especies raras pueden proveer un ingreso local significativo y contribuir al comercio exterior. Las
mariposas, por ejemplo, generaron cerca de 100 millones de dólares de exportaciones en todo el mundo en
los años 80 (Collins & Morris 1985). Malasia, Filipinas, India y Taiwan son los mayores
exportadores (Sayer 1990).
El turismo es también una fuente de ingresos importantes, especialmente para los países de
la sabana africana. Kenya recauda anualmente entre 350 y 450 millones de dólares gracias a la
industria del turismo (Dixon & Sherman 1990). El turismo orientado a la naturaleza en Costa Rica
genera entre 3 y 10 millones de dólares anuales (Laarman 1987). Sólo las entradas a los parques puede
generar 200 000 dólares anuales para la economía de Ruanda (Weber & Vedder 1984). Los
bosques pluviales tropicales de África generan comercio exterior, principalmente por la exportación
de animales vivos. En 1985, Ghana exportó 16 especies de animales salvajes por valor de 5
millones de dólares. Según el WRI (1990), Tanzania exportó en 1986 84 000 papagayos por un valor
estimado de aproximadamente 2,5 millones de dólares. Mundialmente, las pieles animales parecen tener
un enorme potencial como materia prima para las industrias artesanales. Sin embargo, el
procesamiento final de pieles y cueros se hace en los países importadores (Panayotou & Ashton 1992).
Mientras que los párrafos precedentes indican los valores obtenidos y el potencial de
los productos forestales no madereros, persiste el hecho de que aún queda mucho por hacer
para desarrollar el recurso de una manera económica sostenible, de modo que pueda jugar un papel
a largo plazo en la vida económica de la población rural. Con algunas excepciones, casi todos
los recursos son recogidos de la naturaleza y no hay seguridad de suministro, ni control sobre la
calidad. Con la disminución y degradación de los bosques, los problemas de un abasto continuado de
productos forestales no madereros se hacen reales. Por otra parte, hay muy poco conocimiento
científico generado a través de investigaciones sobre la biología, la fisiología y la genética de estos
recursos. La iniciativa del International Development Research Council (IDRC) de Canadá, de promover
la I+D del bambú y el roten es elogiable y su esfuerzo ha culminado con la formación del
INBAR (International Network of Bamboo and Rattan). Sin embargo, el bambú y el roten son los
únicos productos forestales no madereros que cuentan con una institución internacional dedicada a
ellos. Mientras que muchos programas nacionales existentes se ocupan de los productos medicinales
de los bosques, son las grandes multinacionales de los países desarrollados quienes se apoderan de
las cosechas de estos recursos. Muchos más esfuerzos de I+D son necesarios, pero ¿quién
debería hacerlos y de dónde saldrán los fondos para financiarlos?
Una estrategia internacional global debería desarrollarse y los recursos reorientarse
desde programas menos relevantes o menos urgentes. La tarea es urgente y requiere un esfuerzo
concertado de los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales. La primera tarea urgente es
asegurar que los recursos no se extinguirán. Una iniciativa concertada debería lanzarse para identificar
los recursos que están en peligro debido al exceso de uso o la destrucción del ecosistema,
y consecuentemente debería desarrollarse un programa de conservación. Las modernas
técnicas científicas que usan la criopreservación y otras aplicaciones de la biotecnología deberán
usarse para conservar esos recursos identificados. Las instituciones con capacidad para llevar
adelante esas actividades debe estar adecuadamente financiadas, especialmente las de alcance nacional.
La segunda tarea urgente es identificar las áreas potenciales para desarrollar programas
dedicados. Por ejemplo, el mundo necesitará encontrar un combustible económico, renovable u
respetuoso con el medio ambiente para sustituir los combustibles fósiles. Es, por supuesto, una estrategia
de largo alcance. Mientras que Malasia ha tenido éxito con sus productos a partir del aceite de
palmera para motores de automóvil, los potenciales de otras alternativas, como la
Copateira langsdorfii del Amazonas, deben ser investigados. Otros recursos potenciales de energía reclaman
atención urgente. En tanto el mundo depende de la energía para todas las actividades humanas, la búsqueda
de fuentes alternativas de energía es un reto que la comunidad forestal, especialmente los
investigadores, debe asumir. A través de la plantación de árboles y como custodios de los recursos globales,
la comunidad forestal tiene ante sí una tremenda oportunidad de crear auténticamente un
impacto sobre las vidas humanas mediante el desarrollo de una fuente de energía ambientalmente
segura, renovable y sostenible. No obstante, no podemos sentarnos en nuestros laureles sino que
debemos movilizar nuestras capacidades en esa dirección. Hay muchas otras áreas potenciales que
reclaman urgentemente nuestra atención, como es el campo de los productos farmacéuticos obtenidos del
bosque. Los productos de alto valor tienen la clave del uso económico de nuestros bosques y
hay aquí otra necesidad urgente, la de identificarlos y desarrollarlos.
Finalmente, está el área de Investigación y Desarrollo. La investigación y la ciencia
forestales van muy rezagadas en comparación a otras disciplinas. La tecnología de la información y la
ciencia de la electrónica se han desarrollado a saltos durante las últimas décadas, y también las
ciencias agrícolas han progresado significativamente. Sin embargo, las ciencias forestales se han
estancado y, en consecuencia, se quedan atrás. ICRAF y CIFOR son ahora miembros del CGIAR
(Grupo Consultivo Internacional sobre la Investigación Agrícola), pero llevamos 20 años de retraso
detrás de IRRI, CIAT y otras instituciones internacionales que se ocupan de la investigación agrícola.
En términos financieros y de mano de obra entrenada, la investigación forestal está lejos del nivel de
la agrícola. La misma falta de apoyo se refleja en los programas nacionales de todo el mundo y en
la propensión a reducir los programas forestales en los países desarrollados, lo que sin duda es
un motivo de preocupación.
Por ello, en tanto que los productos forestales no madereros pueden ser la clave de la
supervivencia de la silvicultura como una disciplina y como una profesión, hay todavía mucho que hacer en
la comprensión de los sistemas de producción de esos productos. Hasta que sean bien
comprendidos, hay pocas probabilidades de que su pleno potencial llegue a ser apreciado.
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