XI CONGRESO FORESTAL MUNDIAL

13 a 22 de Octobre de 1997, Antalya, Turquía


 



VOLUMEN 3





    Productos y servicios no madereros

    Los productos forestales no madereros, o productos forestales menores, son un cuerno de la abundancia de bienes útiles para la humanidad. A menudo se los considera como subproductos y el valor económico potencial (monetario o en términos de utilización) es habitualmente desconocido o inapreciado por los gestores forestales. El alto ritmo de desaparición de la vegetación tropical ha inyectado una nota de urgencia para que los investigadores estudien con más detalle el potencial de los bosques como una fuente de productos forestales menores, porque éstos también pueden aportar ingresos en dinero y valores intangibles. Los gestores forestales, en particular, deberían tratar de incrementar la productividad de los bosques en este tipo de productos y, al mismo tiempo, continuar aportando productos y servicios esenciales a la humanidad.

    Los productos forestales no madereros, tal como fueron definidos por Wickens (1994) remiten a bienes y servicios destinados al mercado o a la subsistencia, para el consumo humano o industrial, obtenidos de recursos forestales renovables y que son un punto de apoyo para aumentar los ingresos domésticos reales y el empleo. Estos productos incluyen el uso de las plantas para alimentos, bebidas, forraje, combustible y medicina, de animales, pájaros y peces para alimentación, pieles y cuero, y los servicios de la tierra para conservación y recreación.

    Durante milenios, la población rural y los habitantes de los bosques han dependido de los productos forestales no madereros como fuentes de medios de vida (Meulenhoff & Silitonga 1978). Comparados con otros recursos naturales, los bosques no sólo pueden satisfacer casi todas las necesidades de las poblaciones rurales, incluyendo la provisión de materiales para la vivienda, alimentación, productos medicinales, condimentos, etcétera, sino que también representan una fuente potencial de ganancias pecuniarias.

    La cosecha, procesamiento y marketing de bienes no madereros para la producción local y las industrias de pequeña escala o para los mercados internacionales, pueden crear empleos, ya que la mayor parte de los procesos son intensivos en mano de obra. El empleo en estas industrias puede generar ingresos significativos a los recolectores y procesadores locales. En Belize, Balick & Mendelsohn (1992) encontraron que las plantas medicinales tradicionales permiten a los "hombres de la selva" o recolectores obtener ingresos dos a diez veces más altos que las ganancias de los agricultores. Según el IEA (1989) el ingreso anual medio de una familia en Xapurí, Brasil, por la extracción de goma y frutos para las comunidades locales era de 960 dólares. Si se combinara este ingreso con otras actividades no monetizadas, como la pesca y la caza, el ingreso total podría llegar hasta los 1 500 dólares anuales por familia. Esto es el doble de las ganancias de la población común en la región septentrional de Brasil.

    Los productos forestales no madereros pueden ser un importante capítulo del comercio exterior de algunos países en desarrollo, cuyos productos han entrado en el mercado internacional y son gravados y registrados. Por ejemplo, el 40 % de los ingresos totales del Departamento Forestal de la India en los años 90 fueron recaudados gracias a los productos forestales no madereros (Mukerji 1994). En Malasia, hubo un incremento del 480 % en los ingresos por exportaciones de productos forestales no madereros entre 1986 y 1988. Y entre 1982 y 1987, los ingresos por el mismo concepto de Tailandia aumentaron un 81 % (de Beer & McDermott 1989).

    Los bosques pluviales tropicales también contienen muchas plantas frutales silvestres, algunas de las cuales son los ancestros y parientes de especies cultivadas, y muchas tienen propiedades medicinales reales o en potencia (Collins, citado por McDermott 1988). Actualmente, existen unas 12 000 plantas de interés alimenticio, pero sólo unas 2 000 han sido domesticadas y sólo 150 se cultivan comercialmente. De todas ellas, actualmente, unas 30 especies suministran cerca del 90 % de la oferta mundial de alimentos (Mukerji 1997). En muchas aldeas de la región Asia­Pacífico, pueden encontrarse árboles frutales domesticados, como Nephelium, Mangifera, Sandoricum y Eugenia, plantados por los aldeanos (Wee & Rao 1980). Casi todas ellas tienen parientes en el bosque. Por ejemplo, el petai (Parkia speciosa) ha generado entre 336 000 y 900 000 RM por año, dependiendo de la localidad en el mercado interior (Aminuddin & Abd. Latif 1996). Woon et al(1995) han encontrado que una combinación de petai y durian (Durio spp.) es un uso de la tierra que presenta las mejores opciones de aumentar el valor por hectárea (42 461 RM), comparado con el bosque primario ( 266 RM). Las nueces de Brasil (Bertholletia excelsa), uno de los pocos productos no madereros que se comercializan en los mercados internacionales, aportaron en 1988 40 millones de dólares en exportaciones a Brasil (CGBD 1989).

    Los productos no madereros pueden ser un sustituto potencial para los combustibles fósiles. El tronco de Coparifera langsdorfii, una leguminosa arbórea del Amazonas, produce un aceite inflamable que es extraído y usado localmente en reemplazo del kerosene (Whitmore 1990). La leña y el carbón vegetal son importantes para las comunidades locales en los países en desarrollo, como su principal fuente de energía. La producción mundial de leña y carbón vegetal creció un 28 % entre 1975/77 y 1985/87 (WRI 1990). En 1985/87, la producción de leña y carbón vegetal en Sudamérica, Asia y África fue equivalente al 67%, 75% y 88%, respectivamente, de la producción de madera en rollo.

    Durante milenios, el bosque ha sido la fuente principal para cubrir las necesidades medicinales del hombre. Este es un hecho bien documentado en numerosas publicaciones antiguas que detallan el uso de varias partes de las plantas para muchas dolencias (Burkill 1966). La demanda de productos medicinales sigue siendo fuerte y estable en muchos países, especialmente en los países en desarrollo, donde hasta el 80 % de la población continúa dependiendo de los remedios tradicionales, según la Organización Mundial de la Salud (WHO 1977). América, según Whitmore (1990) es la

    fuente de un relajante muscular usado en cirugía mayor. Los componentes del veneno conocido como curare son extraídos de la raíz de una planta trepadora (Chondrodendron tomentosum) y la quinina es obtenida de la corteza de Cinchone. También la cocaína originaria de Sudamérica es preparada con las hojas de Erythroxylum coca. El Diosgenin, un esteroide usado como molécula precursora de la que están hechos los anticonceptivos orales y la cortisona, se origina en extractos de tubérculos del yam (Dioscorea), que puede encontrarse en estado silvestre tanto en América como en África. Extractos de las especies Rauvolfia, un arbusto de África y Asia, pueden producir reserpina, un glicosido cardíaco que reduce la alta presión sanguínea y es usada también para tratar enfermedades mentales. Y así podríamos continuar.

    En la región Asia ­ Pacífico, el roten (o rattan), procedente de bosques naturales, es el principal producto forestal después de la madera. Su cultivo ha demostrado ser rentable tanto para los pequeños propietarios y las plantaciones en Indonesia y Malasia. En 1983, las exportaciones de roten produjeron a Indonesia unos ingresos de 127 millones de dólares, equivalentes al 4 % del valor total de las exportaciones madereras del país (Repetto & Gillis 1988). Indonesia provee el 80 % del abastecimiento mundial de roten, y obtiene un 90 % de bosques primarios. Cada mes, el valor bruto total del roten puede llegar a 5 millones de RM (2 millones de dólares) en Malasia peninsular. Este valor puede aumentar entre 21 y 25 veces si el roten es procesado como muebles o encordados (Abd.Latif 1989, Abd.Latif & Aminuddin 1996). El valor total de las exportaciones de muebles de roten en Malasia aumentó un 1 929 % entre 1985 y 1994, llegando a 111,6 millones de RM (44 millones de dólares) (Chew 1996). La producción en Sarawak saltó desde las 533,7 toneladas en 1979 a las 2 574 toneladas en 1987 (Pearce 1989).

    Además del roten, muchas otras especies de plantas son ampliamente utilizadas en industrias de tipo artesanal: bambú, kapok y otras especies de palmeras utilizadas también como alimento, envoltorios, cestas, trampas para pescar y esteras (Pearce 1989). El bambú normalmente se produce en pequeñas cantidades en sitios perturbados. La producción de bambú es actualmente de más de 10 millones de toneladas anuales (Sharma 1980). En la India, se estima que unas 2 millones de toneladas (peso en seco) de bambú suministran 600 000 toneladas de pasta de papel cada año (Lessard & Chouinard 1980). Abdul Razak & Abd. Latif (1988) estimaron que el bambú cubría una superficie de unas 320 000 hectáreas en Malasia peninsular, con una existencia en pie estimada en torno a los 7 millones de toneladas. El mercado local para productos de bambú en Malasia peninsular representa un valor de 3 millones de RM (1,2 millones de dólares) anualmente (Aminuddin & Abd.Latif 1994). En Sarawak, las esteras y cestas trenzadas localmente se han hecho populares entre los turistas (Pearce 1989). Las orquídeas y sarracenias son especialmente apreciadas en Malasia. La orquídea Paphiopedilum niveum. Confinada a la isla Langkawi, ha sido saqueada por los recolectores (Kiew et al 1985); las sarracenias, especialmente la Nepenthes rajah, que puede cotizarse hasta en 1 000 dólares por planta en los mercados extranjeros, sólo puede hallarse en las montañas de Sabah y Sarawak, y algunos recolectores emplean helicópteros para llegar a picos remotos (Briggs 1985).

    Los bosques son un almacén bioquímico. Un gran número de productos químicos están presentes en varias partes de las plantas. La lignina es utilizada para la fabricación de plásticos, resinas por intercambio iónico, estabilizadores del suelo, refuerzo del caucho, fertilizantes, vainillina, agentes curtientes, estabilizadores de las emulsiones asfálticas y dispersantes para la perforación petrolera y el procesamiento de la cerámica (Whitmore 1990). La celulosa puede utilizarse para el rayón y plásticos, y como materia prima para la hidrólisis del azúcar que, si se añade levadura, puede convertirse en alcohol y en proteínas comestibles (Whitmore 1990). Un buen ejemplo es el látex del árbol del caucho, que ha demostrado su importancia comercial. En el pasado, la madera de Caesalpinia sappan fue usada en Malasia para producir un tinte rojo (Burkill 1966). La Rhizophora mucronata, que tiene un alto porcentaje de tanino en la madera, es usada en la industria de la

    curtiembre (Burkill 1966). Los habitantes del bosque en Malasia recolectan resinas de los viejos y nuevas incisiones en algunos árboles dipterocarpáceos. El alcanfor, que se extrae de la Dryobalanops aromatica, es usado como medicina, incienso y perfumes, con una exportación importante desde Sarawak (Han 1985). Los pobladores de las selvas amazónicas usan árboles de Copaifera spp., Couma spp.y Manilkara spp. para producir resinas comerciales o aceites resinosos (Dubois 1996). A escala industrial, el aceite extraído de la pepita de la palma babassu (Attalea speciosa) es usada para fabricar jabón y margarina (Balick 1988). Una situación similar se produce con la melia o neem (Azadirachta indica) en la India (Tewari 1992). Látex, resinas, cosméticos, condimentos y otros productos bioquímicos que son explotados por sus propiedades químicas exclusivas, pueden ofrecer un alto potencial de valor añadido cuando se los recolecta y procesa en estado silvestre. Sin embargo, una vez que su valor en el mercado internacional supera un cierto umbral, la industria de los países desarrollados probablemente los reemplazará por sustitutos sintéticos, como ya ocurriera con los tintes naturales extraídos de Caesalpinia sappan (Burkill 1966).

    La fauna es otro producto forestal no maderero. Animales salvajes, aves, peces, reptiles e insectos son recursos potenciales por su valor para la caza y la alimentación así como pieles que despiertan gran interés comercial. La vida silvestre resulta esencial para las economías locales y regionales. Para la población rural, los animales salvajes y los peces son la única proteína no vegetal (Clay 1988). En Africa, países como Camerún, Ghana, Costa de Marfil, Liberia, Zaire y Nigeria dependen de la vida silvestre (entre el 20 y el 90 %) como fuente de proteínas animales (de Vos 1977, Asibey 1978, Ajayi 1979). Estos animales van desde los elefantes hasta pequeños ungulados, así como roedores, reptiles y aves. Afolayan (1980) estimó el valor total del consumo de carne silvestre en Nigeria en unos 30 millones de dólares. En Ghana, el consumo de ese tipo de carne fue evaluado en 7,36 millones de dólares (de Vos 1977). En Perú, la pesca en el río Amazonas es la mayor fuente de proteínas animales (Prance & Lovejoy 1985). La vida silvestre y la pesca no sólo proveen alimento sino también fuentes de ingresos a la población de Sarawak (Caldecott 1987). El puerco barbudo (Sus barbatus) representa el 32 % del consumo total de carne y pescado. Otras carnes silvestres, como los venados Tragulus sp., Muntiacus sp. y Cervus unicolor contribuyen con el 7 %, los pescados con el 18 % y los cerdos, vacas y pollos domésticos conforman el restante 43 %. En 1984, un valor total de 4 millones de RM (1,6 millones de dólares) de puerco barbudo (10 200) y de venados (1 400) era despachado aguas abajo del río Rajang, mientras que las carcasas de 6 400 puercos y 2 300 venados eran compradas para consumo local. En Kapir, Sarawak, los exportadores de pescado pesaban 3 456 kilos por mes, siendo el tenggadak (Puntus scwhanenfelddii) de lejos el más valorado (Caldecott 1987). Unos 100 millones de RM (40 millones de dólares) serían necesarios para reemplazar las 20 000 toneladas de carne silvestre consumida cada año en Sarawak por carne doméstica (Caldecott 1987).

    En Tailandia, más del 60 % de la población rural depende de los peces como su principal fuente de proteínas animales (Brennan 1981). Pierret & Dourojeanni (1966) informaban que a pesar de la disponibilidad de ganado y de cerdos domésticos, la dieta de las poblaciones rurales del Amazonas está constituida en un 85 % por pescado y carne silvestre (pecarí, venado y tapir). Las especies raras pueden proveer un ingreso local significativo y contribuir al comercio exterior. Las mariposas, por ejemplo, generaron cerca de 100 millones de dólares de exportaciones en todo el mundo en los años 80 (Collins & Morris 1985). Malasia, Filipinas, India y Taiwan son los mayores exportadores (Sayer 1990).

    El turismo es también una fuente de ingresos importantes, especialmente para los países de la sabana africana. Kenya recauda anualmente entre 350 y 450 millones de dólares gracias a la industria del turismo (Dixon & Sherman 1990). El turismo orientado a la naturaleza en Costa Rica genera entre 3 y 10 millones de dólares anuales (Laarman 1987). Sólo las entradas a los parques puede

    generar 200 000 dólares anuales para la economía de Ruanda (Weber & Vedder 1984). Los bosques pluviales tropicales de África generan comercio exterior, principalmente por la exportación de animales vivos. En 1985, Ghana exportó 16 especies de animales salvajes por valor de 5 millones de dólares. Según el WRI (1990), Tanzania exportó en 1986 84 000 papagayos por un valor estimado de aproximadamente 2,5 millones de dólares. Mundialmente, las pieles animales parecen tener un enorme potencial como materia prima para las industrias artesanales. Sin embargo, el procesamiento final de pieles y cueros se hace en los países importadores (Panayotou & Ashton 1992).

    Mientras que los párrafos precedentes indican los valores obtenidos y el potencial de los productos forestales no madereros, persiste el hecho de que aún queda mucho por hacer para desarrollar el recurso de una manera económica sostenible, de modo que pueda jugar un papel a largo plazo en la vida económica de la población rural. Con algunas excepciones, casi todos los recursos son recogidos de la naturaleza y no hay seguridad de suministro, ni control sobre la calidad. Con la disminución y degradación de los bosques, los problemas de un abasto continuado de productos forestales no madereros se hacen reales. Por otra parte, hay muy poco conocimiento científico generado a través de investigaciones sobre la biología, la fisiología y la genética de estos recursos. La iniciativa del International Development Research Council (IDRC) de Canadá, de promover la I+D del bambú y el roten es elogiable y su esfuerzo ha culminado con la formación del INBAR (International Network of Bamboo and Rattan). Sin embargo, el bambú y el roten son los únicos productos forestales no madereros que cuentan con una institución internacional dedicada a ellos. Mientras que muchos programas nacionales existentes se ocupan de los productos medicinales de los bosques, son las grandes multinacionales de los países desarrollados quienes se apoderan de las cosechas de estos recursos. Muchos más esfuerzos de I+D son necesarios, pero ¿quién debería hacerlos y de dónde saldrán los fondos para financiarlos?

    Una estrategia internacional global debería desarrollarse y los recursos reorientarse desde programas menos relevantes o menos urgentes. La tarea es urgente y requiere un esfuerzo concertado de los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales. La primera tarea urgente es asegurar que los recursos no se extinguirán. Una iniciativa concertada debería lanzarse para identificar los recursos que están en peligro debido al exceso de uso o la destrucción del ecosistema, y consecuentemente debería desarrollarse un programa de conservación. Las modernas técnicas científicas que usan la criopreservación y otras aplicaciones de la biotecnología deberán usarse para conservar esos recursos identificados. Las instituciones con capacidad para llevar adelante esas actividades debe estar adecuadamente financiadas, especialmente las de alcance nacional.

    La segunda tarea urgente es identificar las áreas potenciales para desarrollar programas dedicados. Por ejemplo, el mundo necesitará encontrar un combustible económico, renovable u respetuoso con el medio ambiente para sustituir los combustibles fósiles. Es, por supuesto, una estrategia de largo alcance. Mientras que Malasia ha tenido éxito con sus productos a partir del aceite de palmera para motores de automóvil, los potenciales de otras alternativas, como la Copateira langsdorfii del Amazonas, deben ser investigados. Otros recursos potenciales de energía reclaman atención urgente. En tanto el mundo depende de la energía para todas las actividades humanas, la búsqueda de fuentes alternativas de energía es un reto que la comunidad forestal, especialmente los investigadores, debe asumir. A través de la plantación de árboles y como custodios de los recursos globales, la comunidad forestal tiene ante sí una tremenda oportunidad de crear auténticamente un impacto sobre las vidas humanas mediante el desarrollo de una fuente de energía ambientalmente segura, renovable y sostenible. No obstante, no podemos sentarnos en nuestros laureles sino que debemos movilizar nuestras capacidades en esa dirección. Hay muchas otras áreas potenciales que reclaman urgentemente nuestra atención, como es el campo de los productos farmacéuticos obtenidos del

    bosque. Los productos de alto valor tienen la clave del uso económico de nuestros bosques y hay aquí otra necesidad urgente, la de identificarlos y desarrollarlos.

    Finalmente, está el área de Investigación y Desarrollo. La investigación y la ciencia forestales van muy rezagadas en comparación a otras disciplinas. La tecnología de la información y la ciencia de la electrónica se han desarrollado a saltos durante las últimas décadas, y también las ciencias agrícolas han progresado significativamente. Sin embargo, las ciencias forestales se han estancado y, en consecuencia, se quedan atrás. ICRAF y CIFOR son ahora miembros del CGIAR (Grupo Consultivo Internacional sobre la Investigación Agrícola), pero llevamos 20 años de retraso detrás de IRRI, CIAT y otras instituciones internacionales que se ocupan de la investigación agrícola. En términos financieros y de mano de obra entrenada, la investigación forestal está lejos del nivel de la agrícola. La misma falta de apoyo se refleja en los programas nacionales de todo el mundo y en la propensión a reducir los programas forestales en los países desarrollados, lo que sin duda es un motivo de preocupación.

    Por ello, en tanto que los productos forestales no madereros pueden ser la clave de la supervivencia de la silvicultura como una disciplina y como una profesión, hay todavía mucho que hacer en la comprensión de los sistemas de producción de esos productos. Hasta que sean bien comprendidos, hay pocas probabilidades de que su pleno potencial llegue a ser apreciado.




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