Estudio  temático de FRA 2005 sobre los bosques y el agua

Por ser rara la  información cuantitativa y las estadísticas disponibles sobre el papel de los  bosques en la protección de los suministros de agua, se realizó como parte de  FRA 2005 un estudio temático cualitativo sobre los bosques y el agua. El  estudio destaca los siguientes puntos principales:Forests and water - FAO Forestry Paper 155

Reducción de la erosión del suelo por la acción del agua
Una de las funciones protectoras de los bosques más efectivas es la reducción de la erosión del suelo por la acción del agua, lo que degrada la calidad del agua. La erosión del suelo en laderas suele presentar dos formas principales: erosión superficial y derrumbes. Los bosques desempeñan un papel benéfico en ambos tipos.
Erosión superficial es la que ocurre en llanuras, arroyos y pequeñas torrenteras, y es mínima en los bosques, con su sotobosque, sus matorrales y su tapiz vegetal, así como sus residuos forestales. En efecto, son los arbustos, el sotobosque y los residuos lo que protege el suelo del impacto de la lluvia torrencial (corrimientos de tierras y erosión por chaparrón), y retienen el exceso de agua de lluvia como una capa, o la canalizan hacia arroyos y torrenteras.  Es la retirada de esta protección del suelo, más bien que la retirada de la cubierta arbórea por encima de 10 m de altura, lo que acelera la erosión. Estos suelos forestales permeables tienen además los mayo­res índices de infiltración y capacidad de almacenamiento, lo que reduce la frecuencia y la intensidad de las inundaciones. Toda actividad que desnuda y compacta el suelo reduce la función protectora de los bosques en alguna medida, por ejemplo la extracción de madera, la recogida de desechos, el pastoreo en los bosques y los incendios. Cuanto más intensivo sea el uso del bosque, mayores son las posibilidades de erosión. Cuando se explota un bosque, una buena ordenación puede minimizar las consecuencias perjudiciales.
Derrumbes son desprendimientos de tierras, hundimientos y deslizamientos o corrimientos; también los bosques son la mejor cubierta vegetal para minimizar estos movimientos del suelo, en particular deslizamientos superficiales y hundimientos. Los mecanismos son la fuerza cortante de las raíces y el rebajamiento de la presión intersticial. Al planificar el uso de la tierra se pueden identificar las zonas expuestas a deslizamientos, y en esos lugares se justifica el mantenimiento de los bosques.
Sedimentos. El producto de la erosión es el sedimento, que tiene efectos negativos durante el transporte por las corrientes de agua y como depósito en canales o aguas estancadas (estanques, lagos y albercas). Los sedimentos pueden dañar o matar la vida acuática valiosa; perjudicar la calidad del agua destinada a la bebida, el uso doméstico o la industria; reducir la capacidad de los embalses para controlar las inundaciones, para la producción de energía eléctrica, para el riego o la regulación de los caudales; obstaculizar la navegación; acortar la vida útil de turbinas o bombas hidráulicas; y elevar los lechos de los ríos canalizados, agravando las inundaciones. De ahí que la función protectora de los bosques al reducir la erosión local tenga un efecto considerable más allá del ámbito local al reducir la sedimentación.

Influencia en el régimen de aguas
La influencia de los bosques y de sus alteraciones en el ciclo del agua y su ritmo es compleja. Donde los bosques son la cubierta original de la tierra, los efectos protectores consisten en mantener en lo posible el régimen de aguas ‘natural’, que consiste inevitablemente en inundaciones y estiajes a los que se ajustan las corrientes de agua y la biota asociada. Con la intervención y la ocupación humanas, es necesario entender mejor la interacción bosque/agua. En cuanto a las inundaciones, está hoy muy claro que los bosques reducen las riadas tormentosas y las frenan mejor que otra cubierta forestal, pero que este efecto ocurre cerca de un bosque y disminuye río abajo en la cuenca fluvial. En los grandes ríos, los bosques en las cabeceras tienen poco o ningún efecto reductor de la intensidad de las crecidas en el curso inferior. Pero cerca del bosque protector son reducidos los efectos de las tormentas frecuentes y de baja intensidad en comparación con otras cubiertas o usos de la tierra, en beneficio de las poblaciones locales.
Los bosques absorben más humedad del suelo que otra vegetación, gracias a la mayor evaporación por el follaje y a la mayor profundidad de las raíces. En la mayoría de los casos, la tala de árboles hace que corra más agua durante la estación seca, pero los demás valores protectores se pierden si se cortan los árboles “para hacer más agua”. A veces se ha propiciado la tala de bosques para aumentar la disponibilidad de agua. De hecho, cuando se han hecho reforestaciones en praderas o zonas semiáridas, en algunos casos la demanda de agua de los bosques ha tenido una consecuencia nociva y no buscada, lo que ha hecho que se escriban artículos populares exagerados contra el uso de los árboles para regular el régimen de aguas.

Bosques higrofíticos captadores de agua
Los bosques higrofíticos nubosos de montaña desempeñan un papel especial de protección respecto a los recursos hídricos; captan la humedad de la niebla en su movimiento horizontal en zonas de nubes persistentes movidas por el viento. Esta captura de agua y la baja evapotranspiración de los bosques higrofiticos añaden agua a la cuenca hidrográfica, además de la recibida por precipitacio­nes verticales normales. Estos bosques se encuentran en zonas tropicales y subtropicales de nubes y vientos frecuentes, a alturas desde 2 000–3 000 m en montañas continentales hasta solo 500 m en islas oceánicas y entornos costeros. La captación adicional de agua oscila entre 15–20 por ciento de las lluvias ordinarias en zonas húmedas    (2 000–3 000 milímetros al año) y hasta el 50–60 por ciento en cumbres de cordilleras y zonas de menores precipitaciones. En ambientes de niebla o nubes en estaciones o tierras secas, se han registrado adiciones del 100 por ciento y más.

Bosques ribereños
La protección de las orillas de ríos y arroyos contra la erosión horizontal es solo una de las funciones de una zona arbolada a ambos lados de una corriente de agua. Esa zona interpuesta actúa también como filtro y depósito de sedimentos, plaguicidas y fertilizantes procedentes del uso de la tierra aguas arriba. Puede reducir además la temperatura del agua al dar sombra, mejorando así las condiciones para muchas formas de vida acuática. Varios países consideran esta función protectora tan imperativa que han establecido ‘pasillos fluviales verdes’ o protegen tales pasillos mediante reglamentaciones, en especial respecto a la extracción de madera. Esta tendencia merece ser continuada y acelerada.

Bosques que mitigan la salinidad
Una salinidad secundaria, distinta de la natural o primaria, puede derivarse de la deforestación. La reducción de la evapotranspiración de árboles de raíces profundas hace que se eleve la capa freática. En las zonas donde hay sales en las capas inferiores del suelo, esa elevación del nivel del agua puede llevar las sales hasta las raíces y perjudicar el crecimiento de las plantas, resultando incluso tóxica. Este efecto es especialmente grave cuando se pretende desmontar el bosque para establecer cultivos. Se calcula que hasta el 7 por ciento de la zona agrícola de Australia occidental padece esta salinización secundaria en tierras antes boscosas. Además, el agua salina que fluye de esas zonas puede repercutir negativamente más abajo sobre la utilidad del agua. La reforestación en esas zonas ha devuelto la utilidad a las tierras salinizadas. Los bosques desempeñan pues un papel de protección en zonas propensas a la salinización. La extracción de madera, seguida de regeneración, no debería producir salinidad mientras las zonas taladas no sean extensas.

Conclusiones
Vista la importancia crítica del agua en cantidad y calidad adecuadas para las necesidades humanas, y las funciones directas e indirectas de los bosques para protegerla, administradores y planificadores deben considerar cuidadosamente los efectos de la supresión o alteración de los bosques y de la forestación sobre los recursos hídricos. Con este fin, el estudio temático de FRA 2005 sobre los bosques y el agua presenta orientaciones para cada una de las principales situaciones en que hay una fuerte interacción bosque/agua.

Vea también: www.fao.org/forestry/site/36255/en

última actualización:  martes 4 de noviembre de 2008