La crisis del HIV/SIDA

En las últimas dos décadas el síndrome de inmuno deficiencia (SIDA) ha llevado a más de 20 millones de personas a la muerte en todo el mundo. Para el a ñ o 2020, otros 68 millones enfrentan una muerte prematura en los 45 países más afectados. En 1990, un total de 27 millones reportaron casos del virus de immunodeficiencia (SIDA). De éstos, 7 millones o el 25 por ciento se encontraron en África. En dos décadas, el número de casos en África se ha elevado a 25.3 millones o 70 por ciento de la población mundial afectada por el HIV/SIDA. El SIDA hace inestimablemente más difícil la recuperación del proceso de desarrollo, más allá del logro del tan anhelado progreso. El SIDA debilita las capacidades humanas e institucionales que alimentan el desarrollo sostenible ya que les roba a las comunidades y las naciones de su más preciada riqueza, es decir, su gente. Al afectar negativamente los recursos humanos, la epidemia distorciona los mercados de trabajo, altera la producción y consumo, y finalmente disminuye la riqueza nacional. El HIV/SIDA reduce la capacidad de los jefes de familia, comunidades, instituciones y naciones de enfrentar los efectos socio-económicos de la epidemia.

La FAO reconoce que los resultados de una agricultura familiar-vital para la seguridad alimentaría en cualquier país en vías de desarrollo-no puede ser sostenible si el SIDA continúa sin ser revisado y atendido. Una reducida capacidad laboral conlleva a la reducción del territorio cultivado, ocasiona cambios en los patrones de cultivo y vuelve ineficiente el manejo del tiempo en las operaciones de cosecha. Todo esto inevitablemente ocasiona un decline del rendimiento general del proceso de producción y desarrollo. El trabajo de mantenimiento, tales como, drenaje y establecimiento de cercos se abandonan, afectando así la sostenibilidad al largo plazo. Los extensionistas y otros trabajadores caen enfermos, y una consecuente ruptura de los servicios de apoyo agrícola empeoran el problema. Otros aspectos que agravan aún más las espiral decresiva del impacto del SIDA son una menor seguridad en la propiedad de tierras de las familias afectadas, los patrones de migración se ven succionados por la epidemia y la capacitación formal e informal de ni ñ os se ven reducidas drásticamente. Las emergencias alimentarías que atraviesan en África del Sur hacen notar cuán vulnerables son muchos países a los desabruptos que afectan la capacidad de producción y consumo de alimentos. La prevalencia del HIV es también alarmantemente alta cuando falta un adecuado abastecimiento de alimentos o un acceso justo en términos de costos. Esta tragedia que se desenvuelve progresivamente delínea la necesidad de enfrentar el desarrollo rural, la seguridad alimentaría y las políticas agrícolas de una manera concertada en la lucha contra la epidemia del SIDA.

Campaña pública en un afiche ubicado al pie de una carretera, Malawi. (Foto: S. Kolberg)

Los sectores de agricultura y recursos naturales podrían ser desarrollados de tal manera como para facilitar el incremento de mecanismos de resistencia de las poblaciones rurales y contribuir significativamente a la prevención del HIV/SIDA. Además de las estrategias actuales de salud para combatir esta epidemia, las estrategias multisectoriales de desarrollo, en particular aquellas que responden al sector de agricultura y recursos naturales, pueden jugar un rol innovativo y esencial en el control de las epidemias en general. A pesar de que el problema es más agudo en África del Sur, la influencia de esta epidemia necesitará acciones concertadas a través de varias regiones.

En ese sentido, los esfuerzos para mobilizar a las instituciones de agricultura, las forestales y las de agroforestería, tanto las públicas como las privadas, son esenciales para atender las urgencias de la epidemia actual del HIV/SIDA.


última actualización:  sábado 19 de noviembre de 2005