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Re: Focusing on Rural Women in a Sustainable Development Goals (SDG) Framework

Ms. Miren Larrea Foro Rural Mundial -FRM-, Spain
26.02.2014
Miren

Estimadas amigas y amigos del FSN, me gustaría compartir con ustedes unas informaciones recopiladas de documentos de la FAO, del Consejo de Derechos Humanos y del Relator Especial para el Dereacho a la Alimentación.

El discurso sobre la importancia de la mujer y concretamente de la mujer agricultora en el desarrollo sostenible está muy avanzado. Me pregunto porqué la práctica queda tan lejos de la teoría.

Las mujeres agricultoras responden a la doble jornada laboral de cada día (en el hogar y en el campo) con el lastre de las múltiples discriminaciones a las que deben hacer frente, entre ellos el hambre. A pesar de ello, son responsables de la producción de al menos la mitad de los cultivos alimentarios. Ellas son la clave para enfrentar eficazmente el hambre y la pobreza en el mundo.

Por ello es crucial identificar y dignificar su rol como agentes prioritarios para el cambio de rumbo de las políticas y acciones a favor de un desarrollo sostenible e integrador del sistema alimentario mundial.

Según De Schutter, la discriminación de la mujer agricultora afecta directamente el derecho de las mujeres y las niñas a la alimentación pero también incide en el derecho a la alimentación del resto de la población de tres maneras.

En primer lugar, la discriminación que sufren las mujeres embarazadas y las mujeres en edad de procrear tiene consecuencias intergeneracionales. La subnutrición materno infantil menoscaba la capacidad de aprendizaje de los niños, de modo que condiciona su proyección profesional en la edad adulta. La desventaja de haber tenido una alimentación deficiente en el vientre materno o la primera infancia se transmite además de una generación a la siguiente: los hijos de las mujeres mal alimentadas en la primera infancia suelen tener bajo peso al nacer

En segundo lugar, las mujeres, al desempeñar el papel que la sociedad les asigna y al no tener sino un escaso poder de negociación en el hogar, se ven en una situación en que no pueden decidir a qué prioridades destinar el presupuesto familiar. Ahora bien, los hombres no son suficientemente conscientes de la importancia de cuidar a los niños y en particular de satisfacer sus necesidades en materia de nutrición. Algunas investigaciones revelan que las posibilidades de supervivencia de un niño se incrementan en un 20% cuando el control del presupuesto familiar está en manos de la madre.

En tercer lugar, la discriminación contra las mujeres en el ámbito de la producción de alimentos no solo atenta contra sus derechos, sino que tiene consecuencias que afectan a toda la sociedad, porque causa considerables pérdidas de productividad. El acceso a recursos productivos como la tierra, los insumos, la tecnología y los servicios es un factor determinante para explicar las diferencias de rendimiento de las explotaciones agrícolas según que estén en manos de hombres o de mujeres; también hay que tener en cuenta la mayor capacidad que tienen los hombres de hacer trabajar a sus familiares (no remunerados) o a otros miembros de la comunidad. Los datos indican que en los países en que las mujeres no tienen derecho de propiedad sobre la tierra o no tienen acceso al crédito el porcentaje de niños mal nutridos es un 60% y un 85% mayor, respectivamente.

Además, según un informe reciente, el 79% de los estudios existentes sobre la utilización de fertilizantes, variedades de semillas, herramientas y plaguicidas llegan a la conclusión de que los hombres tienen mayor acceso a esos insumos. De un estudio realizado en Burkina Faso se desprendió que, en un mismo hogar, la productividad de las parcelas de las mujeres era un 30% más baja que la de los hombres, porque en estas se utilizaban más mano de obra y más fertilizantes. Ahora bien, también se ha constado que en igualdad de condiciones respecto del acceso a insumos, la productividad de hombres y mujeres es prácticamente igual.

Tal como recoge un reciente informe de la FAO, si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, el número de personas hambrientas en el mundo se reduciría entre un 12% y un 17%.

Recomendaciones

La emancipación de la mujer debería protagonizar toda estrategia de desarrollo rural y agrario sostenible. La obligación de los Estados de eliminar todas las disposiciones discriminatorias de la legislación y luchar contra la discriminación que se origina en las normas sociales y culturales es una obligación ineludible que debe cumplirse sin demora.

Los Estados deben: a) hacer las inversiones necesarias para aligerar la carga de trabajo doméstico que soportan actualmente las mujeres; b) reconocer la necesidad de tener en cuenta las restricciones específicas de tiempo y movilidad que tienen las mujeres a consecuencia de su papel en la economía "asistencial", y al mismo tiempo redistribuir las funciones de los géneros según un enfoque transformador del empleo y la protección social; c) incorporar una perspectiva de género en todas las leyes, políticas y programas creando, cuando proceda, incentivos que recompensen a aquellas administraciones públicas que fijen y alcancen objetivos en la materia; d) adoptar estrategias multisectoriales y plurianuales tendentes a lograr la plena igualdad para las mujeres, bajo la supervisión de un órgano independiente que haga el seguimiento de los avances, sobre la base de datos desglosados por género en todas las esferas relacionadas con el logro de la seguridad alimentaria.

La participación de las mujeres en la formulación, la ejecución y la evaluación de todas esas políticas podría transformar profundamente nuestro concepto mismo del papel de la agricultura familiar. La participación es la única garantía de que las mujeres tengan verdaderas posibilidades de elegir.

El fortalecimiento de las cooperativas de mujeres o el fomento de las actividades agrícolas de grupos de mujeres también son importantes por el mismo motivo. Las mujeres no solo deben poder superar los obstáculos que les impiden ser igual de productivas que los hombres, sino que también deben tener la posibilidad de redefinir las prioridades del sistema de agricultura a pequeña escala, del que se están convirtiendo en protagonistas.

“La equidad de género es más que un objetivo en sí mismo. Es una precondición para responder al reto de la pobreza, promover el desarrollo sostenible y edificar una gobernanza adecuada”. Kofi Annan

Fuentes: FAO, Consejo de DDHH y Documentos del Relator Especial para el Derecho a la Alimentación.

¿A qué estamos esperando?

Saludos,
 
Miren Larrea