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Gender and Land Rights Database

Colombia

De acuerdo con el censo de 2005, la población total se estimaba en  42 888 592 habitantes (14). De esta, 51,2 por ciento eran mujeres y 48,8 por ciento hombres (19). Del total de la población, se estimaba en 2004 que 74 por ciento vivía en el área urbana y 26 por ciento en el área rural  (1). La mujer rural representa aproximadamente 20 por ciento de la población total. En ese mismo año, en la zona rural, 51 por ciento de los habitantes eran mujeres y el 49 por ciento hombres (2). Existe en el país gran diversidad étnica y cultural; de acuerdo con el censo de 2005, 3,4 por ciento de la población se reconoció como indígena –del cual 49,6 por ciento eran mujeres - y 10,6 por ciento de la población se reconoció como afro-colombiana —del cual 50,5 por ciento eran mujeres (19). 

El Producto Interno Bruto (PIB) estimado en 2008 era de 240,7 mil millones  de USD –a precios corrientes del 2008 y usando el tipo de cambio oficial (15). La composición del PIB fue de 9 por ciento por el sector agricultura,  38,1 por ciento por el sector industria y 52,9 por ciento del sector servicios (15). El PIB per cápita en términos de paridad de poder adquisitivo era de 8 800 USD en 2008 (15).  En 2006, el PIB per cápita era de 2 317 USD – a precios corrientes de 2000 -  mientras que el PIB per- cápita agrícola  era de 1 355 USD – a precios corrientes de 2000 (16). En 2006, las importaciones agrícolas representaron 9 por ciento del total de las importaciones, mientras que las exportaciones agrícolas fueron del orden de 19,4 por ciento del total de las exportaciones (17).

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) alcanzó en 2007 el valor de 0,807, lo que sitúa a Colombia en el lugar 77 de 182 países con datos (18). El porcentaje de la población viviendo con menos de 2 USD al día era 27,9 por ciento (18). Las personas con índices de desnutrición, en el período 2001-2003, representaban 8 por ciento de la población total y la esperanza de vida en 2003 era de 72 años (1). Hombres y mujeres alcanzan niveles similares en la educación, registrándose en el 2000, 10,2 por ciento de analfabetismo.

Las mujeres rurales mayores de 35 años tienen un nivel de analfabetismo de 7,8 por ciento, pero el porcentaje disminuye a 5 por ciento entre las más jóvenes (5). El conflicto armado, existente desde 1964, tiene repercusiones sobre la población rural, especialmente en las mujeres rurales quienes, por desplazamientos forzados, además de perder sus tierras y/o emigrar deben, en muchas ocasiones, asumir la jefatura del hogar (5).  Las mujeres conforman un porcentaje significativo de la población desplazada, En el año 2000 , el porcentaje de mujeres jefas de hogar, entre la población desplazada era 27 por ciento, el porcentaje total de mujeres en la población desplazada del campo ascendía a 24 por ciento, siendo 46 por ciento menores de 15 años (5).

Estas cifras hablan del fuerte impacto que ha tenido el conflicto armado en la situación de la mujer rural y cómo, progresivamente, las convierte en jefas de hogares urbanos con una gran vulnerabilidad en relación con la miseria (5).  Los datos de la Red de Solidaridad Social revelan que 49 por ciento de la población desplazada en 2001 estaba conformada por mujeres. Los hogares desplazados reportan, además, una proporción mayor de jefatura femenina en contraste con el promedio de la población. Cerca de 45 por ciento de las familias registradas en el SUR durante el 2001 eran encabezadas por mujeres (10).

En 2006, la Población Económicamente Activa (PEA) se estimaba en 69,1 por ciento (20). El porcentaje de mujeres participando activamente en la economía era 56,6 por ciento mientras que para los hombres alcanzaba 82,3 por ciento (20). La PEA agrícola era 20,9 por ciento en 2006 (20). En dicho año, la PEA femenina se constituía de 7,4 por ciento en el sector agrícola, 16,7 por ciento en el sector industria y 75,9 por ciento en el sector servicios (20). La mujer se dedica a la producción y comercialización de alimentos, también desarrolla actividades de producción agropecuaria y de comercio. En el sector del cultivo de flores para exportación, 80 por ciento de la fuerza laboral es femenina. Sin embargo, este trabajo tiende a realizarse en condiciones precarias, con contratos temporales y recibe menores ingresos con respecto al hombre (3). El porcentaje de mujeres con ingresos inferiores al salario mínimo entre 1992 y 2001 fue de 90 a 92  por ciento  y para hombres de 80 a 85 por ciento (4). 

La ley de reforma agraria de 1961 proponía un amplio proceso de redistribución de tierras, disponiendo expropiaciones de posesiones no explotadas, para re-asignarlas a unidades agrícolas familiares primero y luego, a empresas comunitarias.  En 1970 se dispuso la entrega de títulos de tierras baldías a colonos que las ocupaban, restableciéndose las unidades agrícolas familiares. Hasta 1986 sólo 11,2 por ciento de los adjudicatarios eran mujeres(6).

Con la ley de reforma agraria de 1988, se reconoció por primera vez, el derecho de la mujer a la tierra. Desde 1994 un programa de redistribución de tierras, a través del mercado, pone énfasis en el acceso individual del campesino a la tierra y en la titulación conjunta de la pareja, priorizando a la mujer jefa de hogar.  Se otorgan subsidios de hasta 70 por ciento del valor de la propiedad a los desplazados por el conflicto armado. La adjudicación de tierra a parejas en el período 1995-1998 fue del 57,1 por ciento  del total de beneficiarios, las mujeres fueron beneficiarias en un 13,4 por ciento y los hombres en 29,5 por ciento (6).

El actual Estatuto de Desarrollo Rural de 2007, considera en el acceso a la tierra a hombres y mujeres campesinas, comunidades indígenas y negras y minorías étnicas, prioriza a las personas de escasos recursos y a las mujeres campesinas jefas de hogar. Además dispone la titulación conjunta a nombre de los cónyuges o compañeros permanentes. Sin embargo, y a pesar de su importancia, la Ley por sí misma no ha logrado garantizar el acceso efectivo de las mujeres a la propiedad de la tierra. Su impacto se ha visto muy limitado por los arraigados patrones culturales que benefician a los hombres en las prácticas de herencia, en el mercado de la tierra, en el acceso al crédito y en la asistencia técnica (11).


Sources: numbers in brackets (*) refer to sources displayed in the Bibliography