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Gender and Land Rights Database

Honduras

La población en 2007 era de 7 536 952 habitantes, de los cuales aproximadamente 50,2 por ciento correspondía a la población rural (13). En 2007, 50,68 por ciento de la población total eran mujeres, y 49,16 por ciento de la población rural eran mujeres (13). Existen nueve pueblos indígenas y negros, cuya población actual podría alcanzar entre el 5 y el 10 por ciento del total nacional (9).

En 2008 el Producto Interno Bruto - millones de USD a precios constantes de 2008- era 33 720 000 (14). La contribución del PIB agrícola en el PIB total fue del 13,1 por ciento, mientras que los sectores de industria y servicios representaron 30 y 56,9 por ciento respectivamente (14). El PIB per capita en 2006 fue de 1 080 USD a precios constantes de 2000 y el PIB  per capita de la población agrícola 509 USD a precios constantes de 2000 (1).  En el 2006, el porcentaje de las exportaciones agrícolas fue de 43,2 por ciento con respecto a las exportaciones totales, mientras que las importaciones agrícolas representaron 15,1 por ciento de las importaciones totales (1).

El índice de desarrollo humano alcanzó en 2007 el valor de 0,732, lo que sitúa a Honduras en el lugar 112 de 182 países con datos (15). El número de personas sub-nutridas llegaba a 800 000 en el período 2003-2005, representando 12 por ciento de la población total (1). La esperanza de vida en 2007 era de 69,6 para los hombres y de 74,4 para las mujeres (15). En 2006 la tasa de mortalidad infantil 27 sobre cada mil nacidos (1). En 2005 las mujeres tenían un nivel de analfabetismo de 21,7 por ciento y los hombres 22,4 por ciento (2). El índice de pobreza nacional en 1999 era 66 por ciento y de extrema pobreza 49 por ciento (1). El porcentaje de la población viviendo con menos de 2 USD al día era 29,7 por ciento (15).

La Población Económicamente Activa -PEA- total en 2005 era 2 509 000 personas de las cuales 1 722 000 eran hombres—68, 7 por ciento- y 786 000 eran mujeres –31,3 por ciento (2).   En 2006, la PEA en la agricultura fue estimada en 26 por ciento de la PEA total (1). La tasa de participación de la mujer en la actividad económica en el 2005 fue del 37,4 por ciento, comparada con la del hombre que fue del 84,3 por ciento(2). En 2007, 9,8 por ciento de la población ocupada femenina trababa en el sector agrícola, 21,8 por ciento trabaja en el sector industrial, y 68,4 por ciento trabajaba en el sector de servicios (2).  En 2004 la PEA femenina rural era de 36 por ciento (3). En el sector agro exportador, según datos de la Secretaría de Agricultura la participación laboral femenina en los dos rubros que generan el 60 por ciento de las divisas -café y banano, representa aproximadamente el 60 por ciento de la fuerza de trabajo en labores de manejo, transplante, fertilización de viveros y recolección del grano, y el 45 por ciento en el beneficio (16). En el banano significa el 40 por ciento de la fuerza de trabajo en las empacadoras. En el caso del camarón la mano de obra femenina supera el 90 por ciento en las plantas empacadoras (16).

Existe una gran desigualdad en la distribución de tierra: 15 por ciento de los propietarios detentan 50 por ciento de la tierra agrícola utilizable y sólo 20 por ciento de la superficie agrícola es trabajada por grupos campesinos. En la actualidad prácticamente no hay disponibilidad de tierras dado el alto nivel de concentración. Las mujeres, en contraste con el aporte que en forma individual o colectiva realizan a la producción agrícola, y como apoyo al trabajo agrícola del esposo o compañero, tienen condiciones de vida muy inferiores a la de los hombres. Las tareas en el hogar son de su exclusiva responsabilidad por causas de índole ideológica, cultural y de esta forma su aporte a la producción agrícola es invisible (4).

Con la reforma agraria iniciada en 1962 las mujeres sólo eran beneficiarias directas si tenían familia a su cargo. A pesar de su trabajo en la tierra las mujeres no fueron vistas como agricultoras en la ley de reforma agraria de 1975. Factores socio culturales e ideológicos influyeron en ello por lo que en 1978 de los 33 203 beneficiarios de la reforma agraria  resultaron adjudicatarias sólo como 3,8 por ciento (4). En 1992, la Ley para la Modernización y Desarrollo del Sector Agrario, reconoce la posibilidad de ser  adjudicatarios/as a campesinas/os casados o en unión de hecho con o sin familia a cargo. La ley da por terminadas a las cooperativas de la reforma agraria y crea el mercado de tierras. Se fomenta así la propiedad privada individual de la tierra que se superpone a formas tradicionales y colectivas de apropiación.  La titulación conjunta es posible sólo si la pareja lo solicita, con lo cual la decisión pasó a depender de normas culturales o patriarcales, lo que no ayudó a la igualdad de género. En 1996-1997 se beneficiaron de la adjudicación 43 por ciento de mujeres frente a 57 por ciento de hombres (4).

La Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer del 2000 declaró patrimonio familiar los inmuebles, urbanos o rurales, financiados por el Estado debiendo inscribirse a nombre de ambos cónyuges o de quienes convivan en unión de hecho inscrita en el Registro Civil.  En 2004 la Ley de Propiedad establece nuevos procedimientos para la adquisición, adjudicación, regularización y transmisión, registro y administración de inmuebles. Se posibilitan las titulaciones individuales de áreas adquiridas comunalmente pudiendo regularizarse para las comunidades garífunas, títulos de propiedad o de dominio útil legalmente expedidos.

Sources: numbers in brackets (*) refer to sources displayed in the Bibliography