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El reconocimiento de la función fundamental de la mujer para responder a situaciones de conflicto

© FAO/M. Linton

En octubre de 2010 se conmemoró el 10.º aniversario de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que recalca la importancia de que las mujeres participen en todos los aspectos del mantenimiento y consolidación de la paz para conservar la paz, la seguridad y los medios de subsistencia.

Roma, 1 de noviembre de 2010 – Aprobada por unanimidad durante la presidencia namibia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en octubre de 2000, la Resolución 1325 promueve la participación plena y equitativa de las mujeres en la prevención de conflictos, el mantenimiento de la paz y la reconstrucción de comunidades arrasadas por la guerra. Asimismo, la resolución insta a las partes en conflicto a reconocer las necesidades tanto de hombres como de mujeres en el momento de planificar misiones de mantenimiento de la paz, y a proteger a las mujeres y las niñas de actos de violencia por razón de género, en especial violaciones, en situaciones de emergencia.

Para celebrar el aniversario de esta memorable resolución, la semana pasada algunos ministros de alto nivel – incluyendo la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton y la nueva Secretaria General Adjunta de la ONU Mujeres, Michelle Bachelet, asistieron a un debate público sobre Mujeres, paz y seguridad celebrado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York.

Con ocasión de esta conmemoración, el Consejo reafirmó su compromiso para incrementar la participación de las mujeres en todas las etapas del proceso de paz y elogió los esfuerzos para desarrollar un conjunto de indicadores que ayuden a realizar un seguimiento de la ejecución de la Resolución 1325. Estos indicadores prácticos, que han sido elaborados por algunos organismos de las Naciones Unidas entre los que figura la FAO, medirán el progreso hacia la protección y el empoderamiento de la mujer durante los conflictos y con posterioridad a ellos.

El conflicto afecta a hombres y mujeres de maneras diversas

A nivel mundial, las mujeres y las niñas representan el 47 % de los refugiados y solicitantes de asilo, así como la mitad de todos los desplazados internos y ex refugiados. Los hombres y las mujeres sufren de manera distinta los efectos de los conflictos armados: mientras que los hombres están, en general, más expuestos al riesgo de ser reclutados por grupos militares o asesinados, las mujeres tienden a estar más expuestas a la violencia física, la intimidación y la discriminación.

Durante disturbios civiles, las mujeres pueden convertirse en la única fuente de ingresos para sus familias en el caso de que sus maridos e hijos se encuentren ausentes o incapacitados. A menudo, las mujeres deben asumir la entera responsabilidad de encontrar formas alternativas para alimentar a sus hijos y cuidar a los enfermos y los heridos. Como consecuencia de ello, las mujeres desplazadas tienen que recorrer mayores distancias para buscar combustible o guardar cola para asegurar el agua y los alimentos procedentes de fuentes externas.

La falta de opciones de medios de subsistencia, a menudo agravada durante situaciones de conflicto, también puede forzar a las mujeres a relaciones de explotación, como por ejemplo los matrimonios forzados o el comercio sexual, a cambio de alimentos, medicinas, insumos agrícolas y otros bienes de primera necesidad. La movilización de soldados de sexo masculino a las zonas de conflicto puede provocar un aumento rápido de la prostitución alrededor de las bases y los campamentos militares, colocando de esta manera tanto a hombres como a mujeres a un mayor riesgo de exposición al VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.

Una oportunidad

La participación tanto de hombres como de mujeres en todas las etapas de la resolución de conflictos, su prevención así como la reconstrucción posterior a los conflictos puede proporcionar una oportunidad para el empoderamiento de la mujer, e incrementar la resistencia global de las comunidades ante situaciones de emergencia. Cuando los hombres emigran en búsqueda de trabajo o participan en operaciones militares como consecuencia de la guerra, las mujeres suelen ampliar sus funciones en la producción económica y agrícola. Las mujeres deben asumir nuevas funciones para garantizar la supervivencia de sus familias y pueden realizar labores que, de otra forma, en tiempos de paz estarían reservadas a los hombres.

Durante la Guerra civil de Sri Lanka, por ejemplo, las mujeres desempeñaron una importante función llevando a cabo actividades de comercialización, dado que los hombres tenían una mayor probabilidad de ser retenidos en puestos de control del ejército o detenidos por el grupo rebelde. Mujeres desplazadas internas que fueron reubicadas en zonas agrícolas también desempeñaron trabajos asalariados, mientras que las mujeres de comunidades pesqueras se integraron en diversas actividades productivas: desde la captura, el procesamiento y la comercialización del pescado hasta la fabricación y reparación de redes.

Puede parecer que las cuestiones de género tengan poca importancia en el contexto de una crisis urgente, pero hay estudios que demuestran que las estrategias para salvar vidas son más eficientes y oportunas cuando existe una verdadera comprensión de las distintas funciones y responsabilidades que tienen los hombres y las mujeres en la seguridad alimentaria y la agricultura. En consecuencia, la estrategia de la FAO para la gestión del riesgo de catástrofes pone especial énfasis en integrar perspectivas de género en sus operaciones de socorro de urgencia y rehabilitación.

Después del terremoto de Haití, la FAO, en colaboración con el Programa Mundial de Alimentos y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, encaminó sus esfuerzos para rehabilitar infraestructuras agrícolas, establecer programas de alimentos o efectivo a cambio de trabajo, y poner a disposición de los pequeños agricultores asesoramiento y capacitación agrícola. Las medidas inmediatas comprendieron la distribución de semillas, fertilizantes, insumos ganaderos y otras herramientas agrícolas para las familias más vulnerables, incluyendo los hogares encabezados por mujeres.

En situaciones de emergencia, la FAO proporciona una respuesta rápida decisiva para ayudar a las comunidades a satisfacer sus necesidades de subsistencia inmediatas, y reconstruir pequeñas infraestructuras agrícolas comunitarias. Como elemento fundamental para reanudar las actividades agrícolas y cubrir la diferencia entre la ayuda alimentaria y el desarrollo agrícola a largo plazo, la FAO reconoce la necesidad de garantizar a las mujeres el mismo acceso a los bienes y recursos de los que dependen su patrimonio y sus medios de subsistencia.

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