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La protección de las niñas y los niños del trabajo infantil: conferencia mundial

© FAO/K. Pratt

La FAO participó en una conferencia mundial sobre trabajo infantil, en La Haya, Países Bajos, para poner de manifiesto la función clave que la agricultura debe desempeñar en la eliminación de toda forma de trabajo que comporte peligro y explotación para los niños y las niñas.

Roma, 10 de mayo de 2010 – El encuentro de los días 10 y 11 de mayo, Hacia un mundo sin trabajo infantil – Pasos hacia 2016, tuvo lugar 10 años después de que entrase en vigor el Convenio 182 de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil (PFTI), y un mes antes de la conmemoración anual del Día mundial contra el trabajo infantil.

El Convenio sobre las PFTI, el más ampliamente ratificado en el ámbito de la legislación laboral internacional, estableció un objetivo para librar al mundo, de aquí a 2016, de las peores formas de trabajo infantil, es decir, de aquellas actividades que exponen a los niños a entornos peligrosos, la esclavitud y otras formas de trabajos forzados, tráfico de drogas, prostitución y participación en conflictos armados.

La agricultura, incluyendo la pesca, se sitúa entre las tres primeras profesiones más peligrosas. Más de 132 millones de niños con edades entre los 5 y los 14 años trabajan en la producción agrícola y ganadera, la pesca y la silvicultura.

Muchos niños son forzados a trabajar en actividades agrícolas peligrosas, en las que trabajan con horarios prolongados, utilizan instrumentos afilados y maquinaria peligrosa diseñados para adultos, cargan un peso excesivo para su cuerpo, que no ha terminado de desarrollarse, y practican técnicas peligrosas, como el buceo.

Los menores que trabajan en la agricultura también se exponen al riesgo de plaguicidas tóxicos, temperaturas extremas, mar agitado, polvo, humo, enfermedades y condiciones insalubres.

La Conferencia mundial sobre trabajo infantil de 2010, organizada por el Ministerio neerlandés de Asuntos Sociales y Trabajo, en colaboración con la OIT, reunió a más de 80 países, además de grupos de trabajadores y patronos, organizaciones internacionales, ONG y el mundo empresarial.

La Conferencia se diseñó en parte para promover la ratificación universal de los Convenios 182 y 138 de la OIT, que establece la edad mínima para trabajar en 15 años, o en 14 en casos excepcionales. Asimismo, la Conferencia tuvo por objeto cumplir el compromiso de adoptar medidas inmediatas y eficaces para acabar con las peores formas de trabajo infantil, y alcanzar un acuerdo con el fin de intensificar considerablemente los esfuerzos para alcanzar el objetivo de 2016 establecido en el Convenio sobre las PFTI.

Los participantes tomaron conocimiento de las nuevas tendencias en el trabajo infantil, debatieron sobre estrategias para impulsar la eliminación del trabajo infantil, y compartieron buenas prácticas y experiencias adquiridas.

Cinco sesiones temáticas se centraron en el debate sobre los retos y las oportunidades en cuestión, y permitieron a los participantes aprender mutuamente de sus respectivas experiencias. Las sesiones y los talleres paralelos analizaron la necesidad de incrementar la concienciación política y mantener el trabajo infantil como tema prioritario en los programas normativos nacionales; financiar las necesidades y los métodos eficaces para la financiación; integrar las cuestiones del trabajo infantil en las políticas, y en el diálogo social y las alianzas entre organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Asimismo, se incluyó un debate sobre África.

“En su labor para eliminar el hambre a través del desarrollo agrícola y rural, la FAO ha comprobado que mejorar la seguridad alimentaria, elaborar políticas y programas para promover el empleo rural decente y oportunidades de educación y formación pertinentes para adultos, jóvenes y niños de zonas rurales resulta fundamental para luchar contra el trabajo infantil”, afirmó Eve Crowley, Asesora Principal de la División de Género, Equidad y Desarrollo Social de la FAO, antes de participar en la conferencia.

“Con frecuencia, las familias pobres de zonas rurales dependen de los ingresos y el esfuerzo laboral proporcionados por los niños. Sin embargo, el trabajo infantil en la agricultura priva a muchas decenas de millones de niñas y niños de recibir una educación, una salud y una recreación adecuadas, y a menudo expone su salud y sus vidas a un considerable riesgo”, afirmó Crowley.

“La FAO colabora con los Estados Miembros, la OIT y otros asociados para mejorar las prácticas laborales en la agricultura, que representan aproximadamente el 70 % del trabajo infantil a nivel mundial. Parte del proceso consiste en sensibilizar a comunidades, gobiernos y asociados acerca de la distinción entre actividades económicas aceptables realizadas por niños y el trabajo infantil, tal como se define en los convenios de la OIT,” afirmó Bernd Seiffert, Oficial de medios de subsistencia e instituciones locales rurales.

“Las niñas soportan a menudo una doble carga de trabajo en el campo o en los puertos pesqueros, acompañada de obligaciones domésticas. Si las actividades económicas privan a las niñas y los niños de recibir una escolarización obligatoria, se considera en estos casos que se trata de trabajo infantil”, sostiene Seiffert.

En la reunión de La Haya, Crowley ofreció una visión general del prevalencia del trabajo infantil en la agricultura, la pesca y la cría de ganado, y analizó algunas de las opciones para abordar el problema. Asimismo, Crowley subrayó la importancia de las asociaciones para abordar la complejidad y la magnitud del problema.

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